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El Cuerpo Físico

Algo más que Memoria Emotiva

La astrología considera al cuerpo físico y sus eventuales estados de salud/enfermedad desde diversos ángulos. Por una parte, el cuerpo físico para la astrología es, en cuanto disposición energética, asimilable al elemento Tierra, la sustancia misma de la percepción a través de los sentidos corporales, siendo el nivel más tangible y objetivo de nuestro ser. Por otra parte, cada división del zodíaco, o signo zodiacal, gobierna una zona u órgano físico, y también la actividad de algunas Casas astrológicas o divisiones horarias del zodíaco se relacionan con el cuerpo físico. Y por último, cada planeta del sistema astrológico rige una función orgánica o un conjunto de ellas.

Normalmente se considera a los signos y planetas astrológicos desde el punto de vista de las características y tendencias anímicas, psicológicas, y a las aptitudes en cuanto a habilidades motrices, intelectuales y emocionales. Cuando se piensa en una persona como un todo, inevitablemente se llegará a establecer la correspondencia entre las características intangibles en cuanto a aptitudes o disposición en ciertas áreas, y el comportamiento orgánico y/o las características físicas de esa misma persona. El antiguo adagio La materia es el grado inferior del espíritu, y éste es el grado superior de la materia (El Toque Sanador, Alcione, Diciembre de 2007) encuentra completa correspondencia en la relación de la carta natal de un individuo con respecto a sus características tanto anímicas como físicas.

Pongamos un ejemplo simple, como una persona de Signo Natal Sagitario, regido por Júpiter, y por lo tanto, con una inclinación innata a ir a lo lejano, a abarcar cada vez más en forma permanente, ya sea en cuanto a conocimientos, viajes, experiencias, personas, o todos ellos a la vez. El signo de Sagitario rige a su vez, dentro del cuerpo, los muslos, los que normalmente son bastante desarrollados en este nativo, fuertes o al menos muy activos, pudiendo ser en ocasiones incluso un poco anchos de caderas y prominentes de glúteos, tal como si la naturaleza los dotara de las cualidades físicas para cumplir con esa tendencia a recorrer a grandes trancos los vastos mundos que aspiran conocer. Se puede comprender entonces que una patología que afecte a los muslos de un nativo de Sagitario, dificultándole o incluso impidiéndole los desplazamientos, tiene una connotación simbólica mucho más amplia, dentro de su vida, que lo que la tendría para una persona sin elementos importantes en este signo solar.

Para el nativo de Sagitario una afección invalidante en sus muslos afecta directamente la misión que como ser total tiene en su vida, acarreando consecuencias a todos los demás niveles. Es decir, la connotación simbólica es mucho más amplia que para otros nativos, aunque no se deba deducir de este ejemplo una consecuencia negativa, pues todo depende del contexto personal y las otras características y relaciones dentro de su carta. Bien podría ser una señal de su ser profundo para que desarrolle más la amplitud mental y no tanto la física o geográfica, por ejemplo.

Pero cuando hablamos de un nativo de, estamos hablando del signo natal, es decir, de la posición del Sol dentro de la carta, un núcleo central de integración y consciencia de una persona. Siguiendo con el mismo ejemplo, el nativo de Sagitario sabe que le gusta conocer, viajar, explorar, etc. Pero esta consciencia es una conquista relativamente tardía en nuestro desarrollo como individuos. Mucho antes aparece el impulso energético básico conocido como Signo Ascendente, determinado por la hora del nacimiento, y la reacción lunar a nuestra llegada al mundo, eventos que ocurren desde que asomamos a la vida.

Desde el nacimiento, nuestro cuerpo físico es la experiencia más temprana, directa e inmediata de nosotros mismos, de nuestra existencia, de nuestra inobjetable realidad. En él se expresa no sólo la evidencia irrefutable de nosotros mismos como seres existiendo, sino también un sinnúmero de características anímicas, impulsos y tendencias, antecedentes raciales, el tiempo transcurrido y todo el conjunto de particularidades que nos constituyen tanto en un momento particular como en una época determinada.

En términos de tendencia energética, el cuerpo se muestra en el Signo Ascendente, que es la primera Casa astrológica o Casa del yo en cuanto recién nacido, en cuanto producto de ese cruce extraordinario entre la mera posibilidad y el instante en el que aparecemos como un cuerpo físicamente independiente de la madre que nos concibió. Si esa primera Casa cae en un signo de tierra, nuestra tendencia energética será predominantemente perceptiva; si cae en un signo de agua, la tendencia energética será reservada y emotiva, y así sucesivamente. La Casa I, por analogía con el primer signo zodiacal de Aries, representa al recién nacido del zodíaco, el primer impulso por existir que se expresa en ese cuerpo que en medio de adultos y gemidos, representa el primer acto, casi totalmente pasivo (e incluso resistido), de individualidad. En este momento no tenemos más lenguaje que el cuerpo, y apenas aparecemos ante los espectadores como poco más que un conjunto de imperiosas necesidades fisiológicas.

De modo análogo, la recepción del mundo ante nuestra llegada se inscribe en ese mismo cuerpo, ya que no contamos con más elementos de registro. Quien registra, en la carta natal, es la Luna, nuestra mater, nuestra materia más básica. Desde las contracciones del parto, el apremio hormonal, muscular y anímico por darnos a luz hasta los primeros cuidados, la luminosidad, los ruidos y la temperatura del ambiente que nos recibe, y todo el entorno de las primeras semanas y meses de vida, quedan inscritos en la pequeña estructura de un modo que podríamos resumir en ambiente amigable o ambiente hostil. Eso determina en alto grado el estado de relajación del recipiente que nos porta o sus eventuales zonas contraídas o a la defensiva, que de no mediar eventos que los contrarresten, quedarán inscritos reproduciéndose constantemente ante cualquier evento que aunque sea lejanamente parezca similar al de nuestras primeras semanas de vida. Los especialistas han establecido que todas las tendencias psicológicas están ya configuradas antes de los dos años de vida, siendo su punto de partida, la vida intrauterina y el evento natal.

El recién nacido no elucubra ni especula ni racionaliza ni menos comprende las explicaciones, constituido como está tal como una unidad compacta sólo capaz de diferenciar entre amigable y hostil. Sin embargo, no estamos hablando de un cuerpo sólo físico, sino de una falta de diferenciación inicial que origina sólo dos tipos de interpretación a los estímulos diversos de la realidad que lo rodea: placer o displacer. Es un ser humano completo pero aún inmaduro y poco diferenciado, en el que predomina el centro instintivo como mecanismo de reacción e intercambio con el entorno. Los centros emocional e intelectual son aún embrionarios. Hay emotividad, pero ésta se encuentra asociada a la supervivencia, y por lo tanto se trata de una emotividad instintiva. Podría discutirse si el afecto constituye, en esta etapa inicial, una necesidad fisiológica, pero, como sea que se argumente a favor o en contra, el afecto del ambiente proporciona seguridad y tranquilidad a esa criatura aún tan vulnerable, dándole un nicho propicio a su madurez y desarrollo armónicos.



Por el contrario, un entorno adverso, poblado de agresividad, carente de cuidados, o en soledad, condicionará una actitud defensiva del niño, que se expresará en focos de contracción en algunas partes de su cuerpo. Porque, repetimos, el recién nacido es predominantemente instintivo, y por tanto muy sensible a todo aquello que amenace su supervivencia, sin diferenciación entre lo que amenaza su vida física o psicológica. Esta interacción entre el entorno del primer período sobre una vida humana que recién comienza determina en forma fundamental aquello que llamamos la psiquis del individuo, condicionando todas sus reacciones en el futuro.

Cuando decimos reacciones nos referimos a las respuestas automáticas, y por lo tanto inconscientes. Todas estas respuestas se forman antes de que el individuo tenga lenguaje, y se constituyen en verdaderos mecanismos autónomos inscritos en el cuerpo: los engramas. De tal modo, cada vez que sucede algo que remotamente se asocia a la sensación de placer o de amenaza que se experimentó en la primera infancia, surgirá automáticamente una respuesta similar de placer o displacer, lo que, en el individuo adulto reflexivo, puede resultar sorpresivo o asombroso, y hacerle sentir que no se reconoce, al notar que la reacción es desproporcionada al estímulo o que verdaderamente no se ajusta al momento presente. Un engrama es un núcleo de memoria asociativa en el cuerpo vital que funciona automáticamente generando respuestas estereotipadas cada vez que se roza. Estas respuestas, repetidas a lo largo de los años, configuran las actitudes, formas fijas de enfrentar situaciones diversas.



En la astrología, estos son los conceptos contenidos en la Luna astrológica (ver La Luna en la Astrología, en la sección Astrología de la Revista Alcione). Todos tenemos una Luna astrológica, una forma de reaccionar automática, lo que lleva a la siguiente interrogante: Porque tiendo a reaccionar así es que tengo esa Luna (en Acuario, en Tauro, etc.) o reacciono así porque tengo esa Luna? Aquí podría discutirse ampliamente el punto, pero desde luego que la respuesta será diferente, o más o menos convincente, para aquellos que consideren la continuidad de la vida, encarnación tras encarnación, respecto de quienes rechazan esta idea. Porque para aquellos que suscriben la vida como continua a lo largo de múltiples encarnaciones, la Luna astrológica es también el pasado, es decir, una forma de reaccionar que traemos y que atraerá cierto tipo de experiencias de modo de actualizarlas para si tenemos éxito – trascenderlas. Para quienes la muerte es el fin de una única posibilidad, la Luna astrológica es también el pasado pero reducido sólo a la encarnación presente, al ser la primera impronta natal.

En la visión evolutiva, lo lunar es lo que debe ser trascendido en cuanto reacción inconsciente para hacer crecer el polo consciente en la manifestación. Todo aquello oculto, mecánico, automático, inconsciente, es lo que se debe observar, conocer, integrar y hacer consciente para incremento del polo solar. La reacción automática es contraria a la consciencia, a la libertad, a la capacidad de escoger, al libre albedrío. Y evidentemente, es contraria también al tiempo presente, al momento real que estamos viviendo, que no es idéntico a lo que ocurrió cuando éramos incapaces de comprender y asimilar una situación y por lo tanto sólo pudimos reaccionar con una contracción. La reacción automática, tal como la Luna inicial, es el pasado, la inercia, el no estar ahí para evaluar objetivamente la situación presente. Y eso es propio de lo instintivo, no de lo consciente. Es la única posibilidad para el recién nacido, pero puede y debe quedar atrás en el adulto que busca progresar en su crecimiento y alcanzar una madurez psicológica.

En suma, la Luna astrológica muestra la forma de reaccionar, la que, como toda reacción se basa en un instinto o en un aprendizaje previo, determinando así las emociones de las que somos presa. Por tanto, las emociones, como manifestación de los engramas, son inconscientes, corresponden a un pasado que ya no está, y reflejan una contracción que produce distancia con el presente, o con el otro; por su misma naturaleza, son repetitivas, persistiendo en el tiempo cada vez que se presente un estímulo similar, determinando actitudes. Es decir, son el polo emotivo opuesto de los sentimientos, que son conscientes, diversos y acordes a la realidad presente.

Así pues, podemos hacer la analogía de lo lunar en la carta natal con el sistema nervioso autónomo en la fisiología humana, el que también funciona por debajo del nivel de nuestra consciencia determinando respuestas automáticas de huida, sudoración, motilidad intestinal, cambios en el ritmo respiratorio y cardíaco, acidez gástrica, variaciones en la temperatura corporal, etc., etc. Una parte voluntaria de nosotros quiere hacer algo, saludar a una persona conocida que ve desde la acera de enfrente, emitir una opinión en público, expresar un sentimiento, pero el cuerpo se resiste, le burbujea el estómago, le da taquicardia, tartamudea, no puede, o lo logra con mucha dificultad. Es decir, un sistema fisiológico que funciona en forma paralela e independiente de nuestra decisión, voluntad o deseos, dificultándonos o incluso impidiendo que logremos nuestros objetivos.

Este sistema evidentemente es el reflejo especular orgánico de los elementos lunares de la carta natal, de modo que, aunque no sea más que por atenuar la oposición fisiológica a nuestros propósitos, parece del todo conveniente trascender a un sistema que se manifiesta como un auténtico quinta-columnista. La asociación directa es que el evento que se intenta vivir roza con un recuerdo no consciente de un evento que de algún modo aparece como traumático, porque derivó en un rechazo, en una crítica, en un dolor, en una sensación física desagradable, en un enojo o en indiferencia. Y quedó ahí instalado como un engrama. En alguna parte de la estructura corporal. Dónde? Habitualmente en la zona corporal regida por el signo zodiacal en el que la Luna se encuentre.

Escenas como las descritas se repiten centenares de veces a lo largo de la vida de las personas, que en casos extremos las sienten como imposibles de superar. Muchas personas son completamente dominadas por estas reacciones, provocando gran sufrimiento. Cada evento refuerza esa misma forma de reaccionar, sin que resulte explicable la causa que se encuentra en el olvido-, lo que lleva incluso a aceptarla como parte de uno mismo: es que soy tímido, soy ulceroso, soy asmático, etc. Se llega a aceptar la dominación del sistema nervioso autónomo que se ha constituido en parte de la identidad, permitiéndose resignadamente la limitación impuesta.

Y esa limitación impide o dificulta vivir plenamente todo lo demás de la carta natal que, en la concepción gurdjieffiana, constituye la esencia, es decir, nada menos que lo que le es propio, no impuesto ni condicionado, y que es lo que expresa a la verdadera persona: su forma genuina de enfocar los desafíos, su forma de dar y recibir cariño, su forma de expresarse, su sensibilidad estética, sus anhelos espirituales, su deseo de saber, la forma en la que asume responsabilidades, etc., todo esto, si no estuviera limitado por esas reacciones automáticas o lunares que lo restringen en su desarrollo o al menos lo perturban con un puñado de reacciones fisiológicas establecidas en un remoto pasado. La vida siempre nos está impulsando y desafiando a vivir nuestra totalidad, a ampliar nuestra visión, y cuando no logramos comprender en un nivel sutil, el mensaje desciende hasta el nivel más denso, la materia, nuestro cuerpo físico, expresándose como enfermedad.

Así pues las cosas, todo camino de evolución de la consciencia debe pasar, al menos en alguna etapa de su desarrollo, por el cuerpo físico, pues ahí se encuentran inscritos gran parte de los elementos que atornillarán al revés respecto de nuestros propósitos libremente escogidos. Revivir esos engramas con una visión y capacidad de comprensión adulta es lo que libera al cuerpo de sus reacciones automáticas, a menudo desproporcionadas a la realidad presente, y que nos debilitan al hacernos sentir que ni siquiera somos capaces de controlar nuestra respiración en un momento dado.

Todas las terapias físicas alternativas trabajan estos puntos, desde la respiración holotrópica de Groff a la eutonía, pasando por el Rolfing, la bioenergética, el hatha yoga, la antigimnasia, la danza consciente, etc. Cada una de estas terapias nos invita a vivir el territorio total y no sólo aquella parte de nuestro cuerpo o nuestra psique que reconocemos como nuestra. La proposición es volver al cuerpo, como sus plenos habitantes, y no relegados a un rincón en el que apenas se nos permite malamente subsistir, sometidos a lo que nos autorice el funcionamiento orgánico autónomo. El mensaje es que es posible superar este nivel, pero que debe mediar un trabajo, que no ocurre espontáneamente, en la gran mayoría de los casos. Si el cuerpo físico es nuestro elemento Tierra, debe serlo: Tierra, presente, percepción directa de la realidad actual a través de los sentidos.

A un célebre maestro zen le preguntaron cierta vez: Hacéis algún esfuerzo para disciplinaros en la verdad?

– Sí, por supuesto.
– Y cómo os instruís?
– Cuando tengo hambre, como; cuando estoy cansado, duermo.
– No es lo que hacen todos?
– No. Porque cuando yo como, sólo como, y cuando duermo, sólo duermo.

Podemos ver, a esta altura, las dimensiones que pueden alcanzar nuestras tempranas decisiones de ambiente amigable y ambiente hostil, condicionando enormemente nuestra vida futura. Ahí está el trabajo personal, fundamental e intransferible de cada uno; la contracción es involución, y nos lleva a aumentar nuestra densidad; la descontracción es evolución, y nos sutiliza. La descontracción extiende el mapa y nos permite experimentar el y con todo el territorio. Si la forma lunar de reaccionar se plasma en la forma de actuar del sistema nervioso autónomo, que controla todas las reacciones orgánicas, se puede evidenciar que esta forma de actuar, repetida miles de veces a partir de una contracción inicial producto del instinto de supervivencia, puede llevar a una patología orgánica. Si cada vez que se me presenta un desafío o me enfrento a lo desconocido secreto gran cantidad de ácido clorhídrico y tengo acidez porque tengo la Luna en Cáncer, es obvio que esta acción orgánica reiterada puede llevar a una úlcera gástrica. Hay, por así decir, un sustrato susceptible. Simbólicamente, la Luna en Cáncer, signo regente del estómago, frente a un ambiente interpretado como hostil, no es capaz de digerir el acontecimiento, por más que lo intente secretando más jugos gástricos. Se va constituyendo así una persona que va a tener problemas psicológicos con incorporar experiencias nuevas, con dejar entrar algo a lo que instintivamente se considera como lo interno por oposición a lo extraño o ajeno. Y evidentemente, va a tener problemas físicos con las gastritis.



La psiquis, como reiterara innumerables veces Jung, funciona en forma simbólica, de ahí que conversar estos temas tenga importancia para las personas. El que cada cual conozca sus territorios físico-anímicos susceptibles, que los pueda trabajar hasta llegar a los engramas fundacionales, puede tener enormes consecuencias en el desenvolvimiento cotidiano de las personas. Hemos mencionado las terapias físicas con efectos psicológicos, para tratar estos problemas, debido al enfoque que hemos adoptado en esta oportunidad, relacionando la salud física con el esquema astrológico.

Pero evidentemente que el camino inverso de la observación objetiva de las propias emociones y reacciones en cada momento o frente a diversas situaciones, como se promueve en el Curso de Crecimiento Personal de nuestra Revista Alcione, cumple con los mismos propósitos, y aunque requiere de mucha más dedicación y atención al tratarse de un método bastante más activo que los físicos, también es cierto que su alcance puede ser mucho mayor que el simplemente llegar a habitar en forma plena el cuerpo físico. En el esquema humano de Gurdjieff, no es posible llegar a constituir un Testigo o Yo Observante sin haber tomado posesión previamente del nivel de la esencia, es decir, las tendencias genuinas de la persona, más allá de lo lunar/reactivo/autónomo.

El camino descendente desde la consciencia, como el propuesto por la Observación y el Recuerdo de Sí, puede poner en evidencia las zonas contraídas del cuerpo y su correlato con las emociones, lo que al cabo tendrá consecuencias orgánicas y físicas. En el camino ascendente como el de las terapias físicas, la descontracción de ciertos núcleos puede originar dolorosos recuerdos o emociones olvidadas que liberan las áreas contraídas. En ambos casos aumenta nuestra comprensión y puede así desaparecer el síntoma que nos mostraba la parte incompletamente vivida de nuestro territorio. La invitación, repetimos, es siempre a experimentar nuestra totalidad, y no sólo la imagen que tenemos o hemos construido de nosotros.

Como ya se dijo, la astrología simboliza en cada uno de los doce signos astrológicos, tanto una parte del cuerpo, como sus constituyentes energéticos en cuanto elementos. Desde Aries en la cabeza hasta Piscis en los pies. Bastante literatura se ha dedicado a interpretar la patología simbólica, en libros como La Enfermedad como Camino o la reciente Medicina del Alma, que el lector puede consultar como ayuda a la comprensión del significado de dolencias específicas. Cada enfermedad trae un mensaje que puede ayudar a incrementar nuestra comprensión.

El trasfondo, en los dos libros mencionados, es que aquello que no hemos sido capaces de comprender, por falta de atención o por haberse originado en épocas muy tempranas de nuestra existencia, termina por expresarse en el cuerpo, el peldaño más bajo de la manifestación, a través de una lesión orgánica o patología. Si hacemos el recorrido inverso y desentrañamos el significado no aparente de la dolencia, de la enfermedad, del traumatismo físico, a través de la simbología corporal, podremos llegar a comprender el mensaje original. En gran número de casos, esta comprensión, por si sola, suprime la dolencia, que se ha vuelto innecesaria. Porque la dolencia física, la enfermedad, el traumatismo, simbólicamente, vienen a constituir el último alarido de aquella parte de nosotros mismos que no se puede expresar, que no le permitimos ser, que está contraída para defenderse instintivamente de la hostilidad. Evidentemente, los mensajes serán más fundamentales en cuanto se asocien con órganos o funciones más destacados en nuestra carta natal: posición del Sol, de la Luna, del Signo Ascendente.

En la astrología, los Signos más relacionados con el cuerpo físico como un todo son Aries y Virgo, y sus Casas astrológicas asociadas: la Casa I (Signo Ascendente) y la Casa VI.

Aries – según se dijo es como el cuerpo recién nacido, como el impulso inicial a existir, más que en la materia, en la acción. Sabido es que aquellos individuos que tienen elementos importantes de su carta natal en Aries contactan poco con su cuerpo, porque para ellos es principalmente el vehículo que les permite actuar y lograr sus propósitos, siempre relacionados con la acción y el futuro. Virgo, por el contrario, es el signo que más dedicación presta al cuerpo como a toda la materia, a lo creado, y según los aspectos que tengan los planetas ubicados en este signo de tierra o en su Casa asociada esa dedicación será constructiva y depuradora o no.

No pretendemos hacer aquí una descripción completa, sólo son ejemplos explicativos. En el mismo ejemplo de Virgo, que rige los intestinos, (los órganos que separan y discriminan aquello que ingresa al organismo y aquello que es desechado) la energía concreta y a la vez racional del zodíaco, no será la misma según en qué elemento astrológico se encuentre este signo. Si es el Sol, y si se encuentra bien aspectado, su esencia debería poner atención a los detalles concretos y materiales de la creación para perfeccionarla, clasificarla, conservarla, analizarla. Entre estos detalles se encuentra en lugar principal el cuidado del cuerpo físico, su propia materia. Pero si es la Luna, esta atención a los detalles concretos podrá ser una reacción para evitar la intimidad, para evadirse de la angustia que le causa una determinada situación o para huir de la sensación de caos. Las situaciones adversas para la Luna en Virgo se manifestarán a nivel físico en problemas intestinales. Todo esto puede impedirle vivir otros aspectos de su carta natal, mucho más propios de su verdadera esencia.

Por otra parte, si es el Nodo Lunar Norte el que se encuentra en Virgo o en la Casa de Virgo (Casa VI), los aspectos concretos y materiales y su forma de abordarlos será un camino de crecimiento de su alma encarnada como un todo, a través de la atención en los detalles y del servicio desinteresado. Aquí el cuerpo físico experimenta las consecuencias de sus avances y detenciones en su proceso evolutivo, siendo a la vez instrumento del mismo, para sí mismo tanto como para los demás. Es el camino del alma del sanador, que avanza y ayuda a avanzar a otros depurando la materia y eliminando las impurezas. Así pues, las personas con el Nodo Lunar Norte en la Casa VI somatizan los mensajes provenientes de niveles más sutiles de su ser con más facilidad que cualquier otra posición zodiacal de los Nodos Lunares, de modo de transformarlos y devolverlos purificados a su verdadero nivel original.



Todos tenemos algún porcentaje, aunque sea ínfimo, de todos los Signos zodiacales, que es la eclíptica estelar que se encuentra sobre todas nuestras cabezas. Del mismo modo, todos nosotros debemos desarrollar actividades relacionadas con todas las Casas astrológicas, dado que la carta natal es un mandala que representa nuestra totalidad, aunque con diferentes énfasis de acuerdo a la distribución de los distintos elementos dentro de la carta. Pero mirado en forma lineal, y simbólicamente, el primer cuadrante de la carta representa lo más personal que tenemos, desde Aries o la Casa I, que, como dijimos, es el primer impulso a ser, casi como pura energía vital, la que se materializa abruptamente en la inercia de Tauro o la Casa II, donde ya poseemos un cuerpo real que percibe el entorno. En Géminis ese cuerpo entra en movimiento y actúa, para recién constituirse en un cuerpo con sensibilidad afectiva en Cáncer. Sólo en Leo, o la Casa V, ya somos un ser completo capaz de expresarse.

La relación de una persona con su cuerpo físico, que determina en gran medida su salud, se observan analizando la Casa VI de la carta natal, Casa de Virgo, y la disposición y relaciones de sus planetas regentes (en algunas interpretaciones modernas, el regente de Virgo no sería Mercurio sino Quirón, el mítico sanador herido). Esta es la disposición inicial, pero se puede comprender que los tránsitos de los planetas actuales por sobre los de la carta pueden modificar las condiciones basales, originando tensiones que produzcan enfermedades repentinas, accidentes, u otros cambios. La salud física y su interacción con los estados psicológicos y los períodos de cambio, es una relación dinámica y en constante ajuste y cambios, como todo lo que está vivo, pero debemos partir de nuestra carta natal como predisposición o tendencia energética basal con sus territorios vulnerables.

La interpretación efectiva de esta dinámica y su dependencia con estados internos del ser ayudan mucho a comprender el significado de lo que en un momento dado nos sucede, dándole un sentido, lo que facilita mucho la superación de los períodos difíciles, no sólo en el sentido de dejarlos atrás, sino de ordeñarles el significado que los preña y que puede ampliar nuestro horizonte. Nunca debemos olvidar la función simbólica de la enfermedad, de acuerdo a lo que hemos hablado, por lo que descifrar su significado tiene, en su relación recíproca, la misma importancia para la evolución de la consciencia que para la salud del cuerpo físico.

Por último, brindamos el panorama simbólico de la astrología respecto de los diferentes órganos corporales, de modo de alentar a aquellos de nuestros lectores que conozcan su carta natal a empezar a hacer sus propias asociaciones y reflexiones para conocer sus territorios vulnerables (Luna, aspectos desafiantes entre planetas) y los posibles significados que puedan extraer de sus dolencias, al relacionarlas con sus elementos astrológicos natales. Dijimos que cada signo astrológico rige una región del cuerpo desde la cabeza a los pies. Pero a la vez, estos extremos corporales representados por Aries (cabeza) y Piscis (pies) son una síntesis del organismo entero. En la cabeza se encuentra representado el resto del cuerpo (en la cara, en el iris de los ojos, en las orejas), como asimismo en los pies (reflexología). Pero también, según se mencionó, hay regencias para los planetas, que gobiernan sobre las funciones más que sobre los órganos físicos.

Signos:
– Aries (aspiración): Cabeza, cara, cerebro
– Tauro (integración): Garganta, cuello, laringe, amígdalas, carótida, yugular, cerebelo
– Géminis (vivificación): Pulmones, brazos, hombros, dedos, costillas superiores
– Cáncer (expansión): estómago, plexo solar, diafragma, pechos, sistema linfático
– Leo (seguridad): Corazón, espalda, aorta, médula espinal, cuero cabelludo
– Virgo (asimilación): Intestinos, páncreas
– Libra (equilibrio): Riñones, equilibrio, la piel
– Escorpión (creatividad): Órganos genitales y excretores (recto, uretra), nariz, sangre
– Sagitario (administración): Muslos, caderas, hígado, región sacra
– Capricornio (discriminación): Huesos, dientes, todo lo rígido, rodillas.
– Acuario (lealtad): Tobillos, pantorrillas, sistema circulatorio
– Piscis (aprecio): Pies, dedos de los pies, filtrado de fluidos corporales

Si bien esta enumeración puede ayudar a orientar, la interpretación no es mecánica, pues debe verse la relación entre las distintas partes de la carta y sus planetas regentes, además de los elementos. El elemento Fuego se relaciona con enfermedades o dolencias agudas, fulminantes, de aparición súbita y de igual resolución, a menudo con fiebre alta o fugaz. El elemento Tierra produce enfermedades de tendencia crónica, arraigada, de lenta evolución y recuperación. El elemento Aire manifiesta la enfermedad con un fuerte compromiso mental, tendiendo a agregar tensión, o a sufrir colapsos nerviosos, alteraciones respiratorias y/o circulatorias. La fantasía sobre la enfermedad puede alterar mucho su curso, que es de evolución más imprevisible. Por último, el elemento Agua, de tendencia melancólica, favorece las enfermedades misteriosas, de difícil diagnóstico, cuyo curso está influido por reacciones inconscientes, siendo así más difícil establecer su curso o un pronóstico preciso.

Planetas:

– Sol: vitalidad, irradiación, voluntad, ganas de vivir, glándula hipófisis, circulación de la sangre arterial, el tórax, la mitad derecha del cuerpo del hombre y la izquierda del cuerpo de la mujer, la columna vertebral, el pelo como corona de poder e irradiación.

– Luna: todo lo automático, lo rítmico, lo cíclico, lo instintivo, lo intuitivo, el sistema nervioso simpático y parasimpático, las aguas corporales, el equilibrio acuoso, la transpiración, lo nutritivo (pechos, leche), lo femenino del cuerpo, los órganos de gestación, la maternidad, la sensibilidad, el sistema digestivo, la memoria, la entrega.

– Mercurio: rige todo lo que vibra, la comunicación, el intelecto, el entendimiento, las cuerdas vocales, la lengua, la expresión o destreza de las manos, los impulsos nerviosos, la agilidad, la flexibilidad, el sistema nervioso central, los desplazamientos, las jornadas de viaje, el vello, los cilios respiratorios, el pestañear. Es el planeta regente del sentido de la vista.

– Venus: rige todas las formas redondeadas del cuerpo, de la disposición de la adiposidad, de la capacidad de atracción o magnetismo, el coqueteo, el rubor, la voz, la armonía, algunas glándulas de secreción interna como la tiroides, la actividad renal, los sentidos en general, pero en particular el tacto.

-Marte: rige la actividad muscular estriada del cuerpo, los glóbulos rojos de la sangre, como todo lo que sea abrupto, fugaz, veloz, impulsivo, como la excitación, la fiebre, los nervios motores, los genitales masculinos, los tejidos con capacidad eréctil, la adrenalina, la agresividad. En los sentidos, rige el gusto.

– Júpiter: Rige todo lo que crece y se expande, el optimismo, la confianza, la fe, la jovialidad, el crecimiento corporal, la coordinación motriz, la asimilación de los alimentos y sus mecanismos de control, el hígado, la producción y disposición de las grasas, los excesos, la capacidad de recuperación de las enfermedades. Se lo asocia a la escala de valores, a los ideales, al sentido de vida, la capacidad de vinculación. En los sentidos, rige al olfato.

– Saturno. Rige todo lo rígido o duro del cuerpo, lo que solidifica, y los límites, como la piel en cuanto barrera, las callosidades, los tendones, el tejido óseo, las uñas, la asimilación de calcio y fósforo. Participa en la regulación de la temperatura (enfría, a diferencia de Marte, que calienta). El bazo y el sistema inmunológico también es saturnino como barrera defensiva frente a lo que se interpreta como extraño. Saturno rige la disciplina, la resistencia, lo inexorable como la vejez y las arrugas, el paso del tiempo, los cambios lentos, la conservación de la fuerza. Se le asocia el sentido del oído.

– Urano. Rige los desórdenes repentinos, como los calambres, las convulsiones, lo sorpresivo o imprevisto, la actividad cerebral y los nervios, todo lo eléctrico, las emanaciones magnéticas del cuerpo, las intuiciones repentinas, las crisis nerviosas, lo que desorganiza, la parálisis, todos los cambios bruscos, como un Mercurio pero de una octava superior en cuanto voltaje.

– Neptuno. Rige el sueño, la anestesia, la amnesia, la hipnosis, la ensoñación, la percepción extrasensorial, lo onírico, las alucinaciones, los espejismos, los delirios, la confusión mental; también la iluminación, por su asociación con la glándula pineal. Participa en la actividad de los sistemas vegetativos y automáticos, tal como la Luna, porque ambos funcionan independientemente de la voluntad, normalmente por debajo de la consciencia. Por eso se asocia también a las adicciones, a las enfermedades de diagnóstico difícil o curso cambiante, a los secretos, a los venenos.

– Plutón: rige el código genético y su transmisión (ADN), el cáncer, la vida y la muerte, el inconsciente más profundo, el suicidio y todos los procesos radicalmente transformadores, como los que producen las enzimas digestivas y metabólicas en general, la actividad o motivación sexual, los procesos al interior del colon.

Los límites de las regencias, como puede observarse, no son netos, y en el funcionamiento armónico de un sistema cualquiera participan normalmente más de un signo o planeta. De hecho, los signos opuestos son complementarios, y de alguna manera todo lo que afecta a un órgano en particular influye en cierto grado a aquello que rige el signo opuesto a él, lo que es particularmente notorio en los signos que constituyen la cruz Fija del zodíaco (Tauro, Leo, Escorpio, Acuario). Por ejemplo, el despertar sexual de la pubertad (Escorpio) conlleva cambios en la voz (Tauro). Y cada órgano no es sólo su constitución física, sino también sus funciones e interacción con otros órganos. Un ejemplo sencillo como las uñas, en las que participa la dureza saturnina, pero también la agresividad marciana, o la belleza venusina. En cualquiera de los órganos o sistemas mencionados, la enfermedad puede provenir de la cualidad del signo/planeta con dificultades para expresarse, o por exceso de esa expresión, o por necesidad de expresión de lo opuesto. Debemos recordar que siempre intenta desarrollarse y expresarse la totalidad de nuestro ser.

Nuestro vehículo físico, fuente de grandes experiencias dolorosas y placenteras, instrumento de interacción y relación, puede ser una inacabable herramienta de aprendizaje, pues, siguiendo a T. Dethlefsen y R. Dahlke (La enfermedad como Camino), cada enfermedad simboliza algo que trasciende a lo orgánico, o, dicho de otro modo, cada experiencia no vivida en la consciencia se manifiesta a través de una dolencia corporal. Se puede trascender el cuerpo y sus mensajes, pero lo que no se puede es evitarlo, obviarlo. La única forma de trascenderlo es partir por habitarlo, plenamente, sin zonas contraídas, sin elásticos engramáticos a un pasado que ya no está.

El cuerpo es, debe ser, repetimos, como el elemento Tierra, tiempo presente. Mientras no lleguemos plenamente a ese presente, habitando el cuerpo como un camarada que nos permite una vasta gama de experiencias reales y actuales, el cuerpo puede mantenerse como una permanente molestia o limitación a lo que queremos para nuestras vidas, o para alcanzar cualquier meta más allá de él. Se puede alcanzar ese presente tanto a través de terapias corporales como a través de la observación consciente de las propias reacciones. Así, el cuerpo puede convertirse, de refugio contra la hostilidad o adversidad, en un verdadero hogar desde donde irradie el ser. Dice Krishnamurti que la inteligencia es la percepción de lo que es; y esa percepción se obtiene mediante la atención, no mediante el esfuerzo de atención. Un esfuerzo de atención es ego, no es atención, concluye.

María Maya