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La Danza y los Movimientos Expresivos




Los seres humanos se encuentran atados y ligados por sus imágenes corporales. Uno de los motivos de la transformación y del recubrimiento con el vestido es el deseo de superar la rigidez de la imagen corporal. Así es posible transformarla mediante el uso de ropas, adornos o joyas y también podemos cambiar el cuerpo mismo como tal. Según las costumbres de las tribus primitivas, el individuo no sólo emplea pinturas y tatuajes sino que perfora las orejas, la nariz, los labios, las mejillas, insertando trozos de madera o metal en distintas partes del cuerpo.

También podemos tratar de modificar la imagen corporal de manera menos violenta mediante cualquier clase de gimnasia. El contorsionista lleva al extremo este juego con el propio cuerpo, y el placer que nos produce observar sus pruebas se basa en nuestro deseo de franquear las limitaciones corporales. Sin embargo, ese placer no se encuentra exento de cierto miedo y desagrado. Nosotros deseamos, ante todo, la integridad y la totalidad de nuestro cuerpo, y tememos cualquier cambio que pueda privarnos de una parte de él (complejo de castración); pero, a pesar de eso, constantemente hacemos experimentos con nuestro cuerpo. El placer que sentimos al imaginarnos otros seres con un gran número de miembros constituye un ejemplo. Personalmente recuerdo la profunda impresión que me hizo una función de variedades en la que el cuerpo de un actor se hallaba tan bien disimulado tras el cuerpo de otro, que sólo aparecían a la vista sus brazos y sus piernas, de tal modo que se tenía la impresión de ver un individuo con cuatro brazos y cuatro piernas. No es esta sino la explotación del placer que provoca la multiplicación de los miembros. Y el mismo tema aparece en los dioses y diosas de la India con sus innumerables miembros. Cosa que se repite en los dibujos infantiles.

Hay otra manera de disolver o debilitar la imagen rígida del modelo postural del cuerpo, y ella es el movimiento y la danza. Siempre que nos movemos cambia el modelo postural del cuerpo. El esquema previo permanece en segundo plano y sobre él se construye el nuevo esquema. El movimiento, y en especial la danza, expresan reflejos posturales a medias conscientes. Constituye un fascinante problema indagar qué es lo que se expresa en la imagen corporal y qué no lo hace.

La imagen óptica que se produce en los movimientos rápidos de la danza tiende a la multiplicación. Cuando miramos a los bailarines girar rápidamente en torno a su eje vertical pueden verse dos cabezas en vez de una. Estos movimientos también ejercen influencia sobre la percepción del cuerpo. Todo movimiento rápido, sobre todo si es circular, modifica la sensación de liviandad o pesadez del cuerpo. La tensión y la relajación de los músculos que mueven el cuerpo a favor o en contra de la ley de gravedad, en los movimientos centrífugos, pueden ejercer una gran influencia sobre la imagen corporal. El fenómeno de la danza es, por lo tanto, un aflojamiento y alteración de esta imagen. El hecho de que sean tantas las danzas que hacen uso del movimiento circular tiene un profundo sentido vinculado con la mayor libertad en lo concerniente al peso del cuerpo. Es notable en las danzas rituales donde a menudo se ingieren ciertas drogas, las que afectan el equilibrio central, cambiando la imagen del cuerpo y aflojando su forma rígida. Conviene agregar la importancia de las ropas, en el caso de las bailarinas, las que proporcionan una sensación más intensa de libertad en lo relacionado con la gravedad y cohesión del modelo postural. No hay duda de que este aflojamiento de la imagen corporal trae consigo un cambio de actitud psíquica.

Hablemos ahora de los movimientos expresivos en relación con el modelo postural. Todo cambio efectuado en la actitud psíquica provoca un cambio en la situación dinámica, el que se experimenta como una modificación de la tensión muscular, bajo la forma de un esfuerzo o un aflojamiento. Existen secuencias específicas que tiene lugar en un movimiento, como sería el de súplica, de amenaza o de tristeza. Con la tensión se halla vinculada una sensación de despliegue de energía; en cambio, el aflojamiento y la relajación de los músculos nos hacen sentir una pérdida de energía y una sensación de pesadez en diferentes partes del cuerpo. La tensión y el relajamiento son los componentes elementales de la secuencia dinámica. Existe una relación tan estrecha entre la secuencia muscular y la actitud psíquica, que se modifica la disposición interna, provocando sentimientos imaginarios que se adaptan a la situación muscular.

En los movimientos que expresan desafío aparece una resistencia y un volverse hacia un lado, que se hallan vinculados con una tensión repentina. Dicha tensión se dirige hacia la resistencia y tiene, por lo tanto, una dirección determinada. La tensión alcanza, entonces, una gran intensidad y luego disminuye con igual rapidez, de modo de retornar a su posición anterior. En la actitud correspondiente a la tristeza, los miembros se sienten más pesados a causa de la relajación de los músculos. Esta sensación es difusa y se extiende a todo el cuerpo, al mismo tiempo que se experimenta una tendencia a caer hacia atrás.

Es obvio que toda emoción se expresa en el modelo postural y que toda actitud expresiva se halla relacionada con cambios característicos debidos a la pesadez o liviandad de las diversas partes del cuerpo. De esta manera, el modelo postural varía continuamente, yendo y viniendo desde y hacia las imágenes primarias típicas del cuerpo, las que se disuelven para luego volver a cristalizarse. La imagen de nuestro cuerpo muestra, entonces, rasgos característicos de nuestra vida interna. Hay una perpetua conversión de posturas cristalizadas y más bien cerradas, las que se disuelven en corrientes de situaciones menos estabilizadas para dar origen a modificaciones más adecuadas. Por lo tanto, hablamos de la constante construcción de una forma corporal que se destruye y reconstruye continuamente.

En este incesante proceso no hay nada automático. Hay emociones que influyen, hay tendencias activas en juego, hay motivos instintivos y voluntarios para construir y destruir incesantemente bajo el influjo de objetivos latentes en la personalidad y en el organismo en su totalidad. Existe una necesidad interna de escapar de cada cristalización definitiva por sus consiguientes limitaciones. Toda emoción se relaciona con movimientos expresivos o, por lo menos, por una tendencia hacia ellos. Toda emoción altera la imagen corporal. Cuando sentimos odio, el cuerpo se contrae, se vuelve más firme y los contornos que lo apartan del mundo se hacen más netos. Esto es producido por la acción de los músculos voluntarios, pero también participan los sistemas simpático y parasimpático. En cambio, cuando experimentamos afecto, tendemos a expandirnos, abrimos los brazos como si quisiéramos abarcar a toda la humanidad. Nos dilatamos, y nuestros contornos son menos definidos. En el Entrenamiento Autógeno de Schultz (*) se insiste sobre la importancia de las sensaciones de pesadez y liviandad como factores preponderantes.

Hay una dilatación y una contracción de nuestro modelo postural. Lo reconstruimos incesantemente, fusionamos algunos detalles, agregamos otros nuevos, continuamente estamos experimentando con él. Y cuando las modificaciones que produce el movimiento no nos bastan, agregamos ropas, joyas, máscaras, y toda clase de adornos que expanden, contraen, desfiguran o destacan la imagen corporal, o partes de ellas. Y si eso todavía nos parece poco, buscamos la influencia del tabaco, el alcohol o las drogas.

No debiéramos hablar tanto de crecimiento y de evolución si con ello nos estamos refiriendo a un proceso pasivo y automático. En cambio, debiéramos poner énfasis en la continua actividad y en el continuo ensayar y probar del ser humano, lo que es una tendencia de la energía vital constructiva. Ella está vinculada con las necesidades, afanes y energías de la personalidad total. En las fases de este proceso de construcción y destrucción sobresalen dos tendencias principales: una es la tendencia de asegurar puntos de reposo de carácter definido, con ausencia de toda transformación, o sea, tendencia a la cristalización. La otra es un impulso hacia un flujo continuo, hacia una mutación permanente. Estas diferencias se reflejan en las ideas de eternidad y de transitoriedad. Algo semejante se plantea en la física moderna al hablar de quantum y de flujo continuo de energía. Tanto lo transitorio como lo estable son fases de la construcción creadora.

Nos hemos referido a los cambios de la imagen corporal. Pero los límites del cuerpo no se hallan donde terminan sus ropas. A causa de un accidente automovilístico sufrí una herida bastante seria en una mano, la que me causó sensaciones dolorosas durante un tiempo prolongado. En los primeros días después del accidente, cada auto que se acercaba parecía implicar un peligro latente que sentía introducirse en una especie de esfera que rodeaba mi cuerpo, aun cuando el vehículo estuviera todavía a cierta distancia . Era como si hubiera alrededor de mi cuerpo una zona íntimamente ligada a mi imagen corporal, formando de alguna manera una extensión de ella. Posteriormente disminuyó el tamaño de esa esfera hasta quedar reducida a la pequeña región de la herida. Esta experiencia me hizo comprender que nuestra imagen corporal se halla rodeada de una esfera de sensibilidad especial. Esto se puede observar aun en sentido fisiológico, puesto que nuestro olor corporal llega más allá de los límites de nuestro cuerpo. Desde un punto de vista psicológico, podríamos decir que los alrededores del cuerpo están animados por su vida. Algunos autores han dicho que irradiamos una substancia específica que centellea en la oscuridad. Sea o no verdad, lo cierto es que todo cambio concreto en el modelo postural también modifica la zona circunstante y la vuelve asimétrica, según sea la situación especial cuando alguien intenta acercarse, incluso nos parece que se introduce en nuestra imagen corporal aunque todavía no nos haya tocado. Es como si llegáramos más allá de nuestros límites corporales.

Paul Schilder.

(*) Revista Alcione N 13 y 14.

Traducido y extractado de
Paul Schilder.- The Image and Appearance of the Human Body
International Universities Press Inc.- New York

Marisol Madrid
Pedagoga en Danza
tel 8594820 / 09-7731295
mail: Pepa.Flores@gmail.com