nav-left cat-right
cat-right

Buenos días, mi cuerpo

Es a ti a quien quiero decir hoy día cuánto te agradezco el haberme acompañado por tan largo tiempo sobre los múltiples caminos de mi vida. Yo no siempre te he otorgado el interés, el afecto o simplemente el respeto que te mereces. Incluso, a menudo te he ignorado, maltratado, aporreado con miradas indiferentes, con silencios plenos de duda, de reproches violentos, Tú eres el compañero de quien más he abusado, al que más he traicionado,

Y hoy día, en la mitad de mi vida te descubro, un poco emocionado, con tus cicatrices secretas, con tu laxitud, con tus maravillas, con tus posibilidades.

Me sorprendo de amarte con deseos de darte mimos, caricias, bienestar.

Quisiera hacerte regalos únicos, diseñar flores sobre tu piel, por ejemplo, ofrecerte a Mozart, darte las risas del sol, o introducirte a los sueños de las estrellas.

Cuerpo mío, hoy te quiero decir que te soy fiel. No a pesar mío, sino en la aceptación profunda de tu amor.

Sí, yo he descubierto que tú me amas, cuerpo mío, que tú cuidas de mí, que estabas vigilante y asombrosamente presente en todos los actos de mi vida. Cuántas violencias has afrontado para dejarme nacer, para dejarme ser, crecer contigo? Cuántas enfermedades me has evitado? Cuántos accidentes has atravesado para salvarme la vida? Cuántos abandonos has aceptado para dejarme entrar en el placer? Bien seguro que a veces sucede que lo comparto contigo y que te dejo ser amado por otros, por una que yo conozco y que te conquistaría si yo la dejara hacer…

Cuerpo mío, ahora que te he encontrado, no te dejaré más… Iremos hasta el final de nuestra vida en común y, suceda lo que suceda, envejeceremos juntos.

Jacques Salomé.

Traducido y extractado por Luisa Riquelme de
Question de
Editions Ritz.
Paris.