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Supera los obstáculos que te hacen difícil escuchar

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“Escuchar, un tema interesante que  junto al Observar me apasionó desde muy temprana edad”.

Usted se pasa más de la mitad de su día de trabajo escuchando, y el porcentaje aumenta a medida que va ocupando cargos más altos en la empresa.  Si es uno de los ejecutivos de mayor responsabilidad, es probable que se pase desde un 70 hasta un 80% del día escuchando, a partir de el desayuno inicial con un cliente o un grupo de empleados hasta una serie interminable de reuniones, conferencias, almuerzos, recepciones y otras.

Lo mal que saben escuchar muchas personas llega a niveles de escándalo nacional, y les cuesta millones de dólares al año en disminución de la productividad, y en un sin número de frustraciones y fracasos en el campo de  las relaciones humanas.

Cabe preguntarse, en términos generales, hasta que punto escuchamos mal.

La investigación demuestra que:

  •  Sólo usamos aproximadamente un cuarto de nuestra capacidad de escuchar.
  • Además usamos un décimo de nuestro potencial de memoria.
  • Al término de ocho horas nos olvidamos de la mitad de lo que hemos oído.
  • Finalmente, no recordamos el noventa y cinco por ciento del total escuchado, a menos que alguna situación o alguien nos obligue a recordar.  Y..….
  • Lo poco que recordamos, lo deformamos.

Las empresas que logran el éxito comprenden lo importante que es “escuchar”.   Según los autores  de “En Busca De La Excelencia”,  nos dicen que los directivos de las empresas mejor administradas de Estados Unidos incorporan a sus sistemas corporativos de comunicación, programas para escuchar mejor, tanto a sus clientes como a sus empleados.

Como dicen estos autores, “la capacidad de escuchar, es el principal ingrediente que diferencia a las compañías excelentes (tanto grandes como pequeñas) de sus competidores”.

Y porque no decirlo a la ligera, como este análisis que escribió un bromista:

“Oímos la mitad de lo que se dice, escuchamos la mitad de lo que oímos, y de eso entendemos la mitad; creemos la mitad de lo que entendemos, y de eso no recordamos más que la mitad.”  Pues bien, si trasladamos este cálculo a la ligera, en un día laboral de ocho horas, tenemos que:

Usted se pasa como cuatro horas recibiendo estímulos auditivos; oye aproximadamente el equivalente  a dos horas; en realidad escucha el equivalente a  una  hora; de esa hora, entiende el equivalente a treinta minutos; de los treinta minutos  sólo se  cree quince;  y lo que recuerda  no  llega a los ocho minutos.

Ocho minutos representan menos del dos por ciento (2%) de un día laboral de ocho horas.

Se han dado muchas explicaciones y excusas sobre el porque escuchamos tan mal.  Cada explicación tiene algo de verdad, de las cuales hay una que podríamos citar como la siguiente:

  • La atención del ser humano dura menos de cuarenta y cinco segundos, pasado los cuales, nuestra mente empieza a divagar y a concentrarse en otros estímulos.
  • Nadie nos enseña formalmente a escuchar, tal como nos han enseñado a hablar, leer y escribir, y sin embargo, nos pasamos escuchando más tiempo que en las otras tres capacidades o habilidades.
  • Pensamos de tres a cinco veces más rápido de lo que hablamos.   De modo que mientras escuchamos a los demás, nos queda libre mucho tiempo para pensar,?suficiente como para que nos tomemos varios descansos mentales.
  • Usamos toda clase de coladores o cedazos socioeconómicos, culturales, raciales y otros para filtrar, lo que las personas nos dicen; de modo que es difícil, mientras se escucha, evitar la deformación y los prejuicios.

Afortunadamente, escuchar es algo que, como las otras habilidades comunicativas se pueden mejorar con el esfuerzo y la práctica.

He aquí algunas recomendaciones que les permitirán enriquecer su estilo o manera de escuchar:

  1. Distinga a la persona de las palabras, reaccione ante las ideas y  no ante la persona.
  2. Encuentre una necesidad de  escuchar.
  3. Sea descriptivo, no valorativo.
  4. Acepte los aspectos malos  y  buenos del mensaje.
  5. Sea flexible
  6. Controle sus reacciones
  7. Preste atención al ambiente.
  8. Siéntese en un lugar apropiado.
  9. Busque un terreno común.
  10. No se distraiga.
  11. Disminuya el estrés.

Escuchar bien es, ofrecer al que habla, una realimentación  precisa y oportuna, tanto verbal como no verbal.

Otros buenos consejos para escuchar en forma activa y positivamente.

  1. Salga de su oficina o su hogar y vaya hacia donde está su gente.
  2. Emita preguntas y espere respuestas.
  3. Este atento a los mensajes.
  4. Escuche también lo que no se dice (haciendo uso de su mente).
  5. Escúchese asimismo.

Los beneficios que trae saber escuchar son tanto de relaciones interpersonales como económicos.

La gente que se siente escuchada, se  entiende mejor con sus semejantes y así se produce una interrelación muy enriquecedora, de la misma manera tienden ellos a cooperar mucho más y a trabajar en equipo.

Suelen desempeñarse mejor y plantear menos problemas laborales.

En resumen:  La gente que sabe escuchar tiende a ser de criterio más amplio, porque oye y entiende más hechos y más puntos de vista. Por este motivo  son más  innovadores y porque consideran los problemas sin prejuicios y combinan de mejor manera lo que aprenden; es más probable que acierten con ideas sorprendentes por lo novedosas.

En última instancia, alguien que sabe escuchar sintoniza mejor con el mundo y sabe hacia dónde va éste, y además conoce mejor los productos, talentos y técnicas que son necesarios para llegar allí.

Escuchar no debe ser nuestra habilidad olvidada, puesto que es uno de los atributos más importantes no sólo de un profesional sino de todo ser humano.

Saber escuchar  es algo que contiene poder, un poder curativo, de levantar el ánimo y hacer que los otros se sientan valorados y apreciados. Y con ese poder podemos escuchar con eficacia para observar y controlar de mejor manera las interacciones entre las personas.

R.G. Nicholls, especialista en la habilidad de escuchar decía:

“ESCUCHAR   ES  UNA  ACCION   Y   UN  TRABAJO INTERIOR,   ES  LA  CAPACIDAD DE SENTIR  NO SOLAMENTE  CON LOS OIDOS,? SINO CON LOS  OJOS  Y  EL  CORAZON

                                                                       

AGAPITO  CORTEZ   B.

Santiago, Agosto de 1996