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	<description>En el camino de la Evolución</description>
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		<title>NUEVO ARTICULO: Amor, Culpa y Reparación</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Apr 2012 20:22:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alcione</dc:creator>
				<category><![CDATA[Psicoterapia]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Las dos partes de este texto tratan aspectos muy diferentes de las emociones humanas. La primera, Odio, voracidad y agresión, considera los poderosos impulsos de odio que constituyen una parte fundamental de la naturaleza humana.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>Amor, Culpa y Reparación</strong></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://alcione.cl/?attachment_id=2189" rel="attachment wp-att-2189"><img class="aligncenter size-medium wp-image-2189" title="reparación2" src="http://alcione.cl/wp-content/uploads/2012/04/reparación22-218x300.jpg" alt="" width="218" height="300" /></a></p>
<p>Las dos partes de este texto tratan aspectos muy diferentes de las emociones humanas. La primera, Odio, voracidad y agresión, considera los poderosos impulsos de odio que constituyen una parte fundamental de la naturaleza humana. La segunda, en la que intento describir las fuerzas igualmente poderosas del amor y el impulso de reparación, complementa la primera, pues la aparente división implícita en este método de exponerlas en realidad no existe en la mente humana. Al separar así nuestro enfoque tal vez no logremos transmitir una idea clara de la constante &#8220;interacción&#8221; de amor y odio, pero se impone la división en este vasto tema, pues el modo como los sentimientos de amor y las tendencias de reparación se desarrollan en conexión con los impulsos agresivos y a pesar de ellos, sólo podrá demostrarse cuando se haya tenido en cuenta el papel que aquellas fuerzas destructivas desempeñan en la interacción de odio y amor.</p>
<p>El artículo de Joan Riviere demostró que estas emociones aparecen por primera vez en la temprana relación del niño con el seno materno y que se dirigen fundamentalmente hacia la persona deseada. Es necesario retomar la vida mental del niño para estudiar la interacción de las diferentes fuerzas que se congregan en el más complejo de todos los sentimientos humanos: el que llamamos amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La situación emocional del lactante </strong></p>
<p>El primer objeto de amor y odio del lactante, su madre, es deseado y odiado a la vez con toda la fuerza e intensidad características de las tempranas necesidades del niño. Al principio ama a su madre cuando ésta satisface sus necesidades de nutrición, calmando sus sensaciones de hambre y proporcionándole placer sensual mediante el estímulo que experimenta su boca al succionar el pecho. Esta gratificación forma parte esencial de su sexualidad, de la que en realidad constituye la primera expresión. Pero cuando el niño tiene hambre y no se lo gratifica, o cuando siente molestias o dolor físico, la situación cambia bruscamente. Se despierta su odio y su agresión y lo dominan impulsos de destruir a la misma persona que es objeto de sus deseos y que en su mente está vinculada a todas sus experiencias, buenas y malas. Además, como lo ha señalado Joan Riviere, el odio y los sentimientos agresivos del lactante dan origen a los más penosos estados, como la sofocación, el ahogo y otras sensaciones similares que, al ser sentidas como destructivas para su propio cuerpo, aumentan nuevamente la agresión, la desdicha y los temores.</p>
<p>El medio primario e inmediato de aliviar al lactante de la dolorosa situación de hambre, odio, tensión y temor es la satisfacción de sus deseos por la madre. La temporaria seguridad obtenida al recibir gratificación incrementa grandemente la gratificación en si; de este modo la seguridad se transforma en un importante componente de la satisfacción de recibir amor. Esto se aplica a las formas de amor más simples y a sus manifestaciones elaboradas, tanto al niño como al adulto. Nuestra madre desempeña un papel duradero en nuestra mente porque ella fue la que primero satisfizo todas nuestras necesidades de autopreservación y nuestros deseos sensuales, proporcionándonos seguridad, aunque los diversos modos en que esta influencia actúa y las formas que a veces toma no resulten muy obvios en una etapa ulterior. Por ejemplo: una mujer puede aparentemente haberse apartado de su madre, y sin embargo buscar inconscientemente algunos aspectos de aquel primer vínculo en su relación con el marido o con el hombre que ama. La parte importante que desempeña el padre en la vida emocional del niño influye también en todas las relaciones de amor posteriores y en todas las asociaciones humanas. Pero el primer lazo infantil con él, como figura gratificante, amistosa y protectora, está parcialmente basado en la relación con la madre.</p>
<p>El lactante, para quien la madre es primariamente sólo un objeto que satisface todos sus deseos, un pecho bueno (1), pronto comienza a responder a sus gratificaciones y cuidados desarrollando sentimientos de amor hacia ella como persona. Pero este primer amor se encuentra ya perturbado en su raíz por impulsos destructivos. Amor y odio luchan en su mente y, en cierto grado, esta lucha persiste durante toda la vida, pudiendo constituirse en fuente de peligro en las relaciones humanas.</p>
<p>Los impulsos y sentimientos del lactante se acompañan de un tipo de actividad mental que considero como la más primitiva: es la elaboración de la fantasía, o más familiarmente, el pensamiento imaginativo. Por ejemplo, el niño que anhela el pecho materno, al no tenerlo imagina que lo tiene, es decir, evoca la satisfacción que deriva de él. Este primitivo fantasear es la forma inicial de una capacidad cuyo desarrollo posterior se observa en los trabajos más elaborados de la imaginación.</p>
<p>Las fantasías tempranas que acompañan los sentimientos del lactante son variadas. En la que acabamos de mencionar imagina la gratificación que le falta. Con todo, las fantasías placenteras también coexisten con la satisfacción real, y las destructivas vienen con la frustración y los sentimientos de odio que ésta despierta. Cuando se siente frustrado por el pecho lo ataca en sus fantasías, pero si el pecho lo gratifica lo ama y fantasea agradablemente con él. En sus fantasías agresivas desea morder y destrozar a la madre y a sus pechos, y destruirla también en otras formas.</p>
<p>Un rasgo muy importante de la fantasía destructiva, equivalente al deseo de muerte, es el del lactante que cree que sus deseos fantaseados tienen efecto real, es decir, que siente que sus impulsos destructivos han destruido realmente al objeto y seguirán destruyéndolo; esto tiene consecuencias sumamente importantes para su desarrollo mental. Se defiende de tales temores mediante fantasías omnipotentes de tipo reparador, lo que también influye grandemente en su desarrollo. Si en sus fantasías agresivas el niño ha dañado a su madre mordiéndola y destrozándola, pronto puede fantasear que une de nuevo sus pedazos para repararla (2), sin embargo, ello no aplaca del todo su recelo de haber destruido al objeto que, ya lo sabemos, es el que más ama y necesita, del que depende enteramente. En mi opinión estos conflictos básicos actúan profundamente sobre el curso y la fuerza de la vida afectiva de los adultos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Sentimiento inconsciente de culpa </strong></p>
<p>Todos sabemos que al captar en nosotros impulsos de odio hacia la persona amada nos sentimos afligidos y culpables. Como dice Coleridge:</p>
<p align="center">&#8230; El enojo contra el ser amado</p>
<p align="center">tortura al seso como la demencia.</p>
<p>Como los sentimientos de culpa son muy dolorosos, solemos relegarlos muy al fondo de la mente. Sin embargo, se expresan disfrazados en distintas formas y constituyen una fuente de perturbación en nuestras relaciones personales. Ciertas personas, por ejemplo, se desazonan muy pronto cuando notan falta de aprecio, aun en quienes poco signifiquen para ellas; la razón es que en su inconsciente consideran que no merecen la atención de nadie, y una actitud fría les confirma la sospecha de no ser dignos. Otras están insatisfechas de si mismas (sin base objetiva) en las más variadas formas, sea en relación con su apariencia, su trabajo o su capacidad en general. Algunas de estas manifestaciones son comúnmente reconocidas y suelen ser llamadas vulgarmente &#8220;complejo de inferioridad&#8221;.</p>
<p>Las investigaciones psicoanalíticas demuestran que las actitudes de esta naturaleza tienen raíces mucho más profundas de lo que habitualmente se supone y siempre están relacionadas con sentimientos inconscientes de culpa. Muchas personas tienen intensa necesidad de alabanza y aprobación general, precisamente porque necesitan la prueba de que son dignas de ser amadas. Esto se origina en su temor inconsciente de ser incapaces de brindar amor suficiente y genuino y, en particular, de no poder dominar los impulsos agresivos hacia los demás; temen ser un peligro para los que aman.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El amor y los conflictos en relación con los padres </strong></p>
<p>La lucha entre el amor y el odio, con todos los conflictos a que da lugar, aparece, como he tratado de demostrar, en la primera infancia y opera activamente durante toda la vida. Comienza en la relación del niño con ambos padres. En el vínculo del lactante con su madre ya están presentes los sentimientos sensuales, que se expresan a través de sensaciones placenteras en la boca durante la succión. Pronto aparecen sensaciones genitales y el anhelo por el pecho materno disminuye. No desaparece del todo, sin embargo, sino que permanece activo en el inconsciente y también, en parte, en la mente consciente. En el caso de la niña, su atracción hacia el pecho materno se transforma en interés, en gran parte inconsciente, por el genital paterno, el cual se convierte en el objeto de sus deseos y fantasías libidinales. A medida que prosigue el desarrollo, la niña desea al padre más que a la madre y tiene fantasías conscientes e inconscientes de ocupar el lugar de ésta, conquistándolo y transformándose en su esposa. Cela también a los niños de su madre y quisiera tener hijos con el padre. Estos sentimientos, deseos y fantasías provocan rivalidad, agresión y odio contra la madre y vienen a agregarse a anteriores agravios originados en las primeras frustraciones causadas por el pecho. No obstante, los deseos y fantasías sexuales hacia la madre permanecen activos en la mente de la niña. Bajo esa influencia, quisiera también reemplazar al padre en su relación con la madre; en ciertos casos este anhelo puede incluso ser más intenso que los que siente hacia él. De ese modo, su amor por los padres coexiste con sentimientos de rivalidad hacia ambos, y esta mezcla afectiva incluye también a los hermanos y hermanas. Los deseos y fantasías vinculados a la madre y a las hermanas constituyen la base de futuras relaciones homosexuales directas, ya sea como sentimientos homosexuales que se expresarán indirectamente en forma de amistad y afecto entre mujeres. En el desarrollo normal de las cosas, los deseos homosexuales quedan relegados al segundo plano, se modifican y subliman, y predomina la atracción hacia el otro sexo.</p>
<p>Una evolución similar ocurre en el niño, que pronto experimenta deseos genitales hacia su madre y odio hacia el padre rival. Pero también en él se desarrollan deseos genitales hacia el padre, y ésta es la raíz de la homosexualidad masculina. Estas situaciones suscitan conflictos: la niña, aunque odie a su madre, también la ama y el niño ama al padre y querría evitarle el peligro que emana de sus impulsos agresivos. Además, el principal objeto de todos los deseos sexuales -para la niña, el padre, para el niño, la madre- también despierta odio y rencor, porque defrauda estos deseos.</p>
<p>El niño cela intensamente a sus hermanos y hermanas, porque son sus rivales en el amor de los padres. Sin embargo, también los ama, y aquí de nuevo surgen fuertes conflictos entre los impulsos agresivos y los sentimientos de amor. Esto provoca culpa y origina nuevos deseos de hacer reparaciones, mezcla los sentimientos que tienen gran influencia no sólo en la relación entre hermanos sino también, ya que las relaciones humanas obedecen al mismo patrón, en la actitud social, el amor, la culpa y los futuros deseos de reparar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Amor, culpa y reparación </strong></p>
<p>Como lo expresé antes, los sentimientos de amor y gratitud surgen directa y espontáneamente en el niño, como respuesta al amor y cuidado de su madre. El poder del amor, que es la manifestación de las fuerzas tendientes a preservar la vida, está presente en el niño, así como los impulsos destructivos, y encuentra su primera expresión fundamental en el vínculo con el pecho de la madre; al evolucionar, se transforma en amor por ella como persona. Mi labor psicoanalítica me ha convencido de que se produce una etapa muy importante en el desarrollo cuando surgen en la mente infantil los conflictos de amor y odio y se activa el temor de perder al ser amado. Los sentimientos de culpa y congoja entran en acción como un nuevo elemento de amor, del que forma parte integrante, influyendo profundamente sobre su cualidad y cantidad.</p>
<p>Hasta en el niño pequeño se observa cierta preocupación por el ser amado, que no es, como podía pensarse, tan sólo un signo de su dependencia del adulto benévolo y útil. Junto con los impulsos destructivos existe en el inconsciente del niño y del adulto una profunda necesidad de hacer sacrificios para reparar a las personas amadas que, en la fantasía, han sufrido daño o destrucción. En las profundidades de la mente el deseo de brindar felicidad a los demás se halla ligado a un fuerte sentimiento de responsabilidad e interés por ellos, que se manifiesta en forma de genuina simpatía y de capacidad de comprenderlos tales como son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Identificación y labor de reparación </strong></p>
<p>La simpatía genuina consiste en poder colocarse en el lugar del otro, esto es, de &#8220;identificarse&#8221; con él. La capacidad de identificación es un importantísimo elemento en las relaciones humanas en general, y una condición del amor intenso y auténtico. Sólo si tenemos capacidad de identificación con el ser amado llegamos a descuidar y hasta cierto punto sacrificar nuestros propios sentimientos y deseos, anteponiendo así temporariamente a los nuestros los intereses y emociones ajenos. Puesto que al identificarnos con otro ser compartimos la ayuda o la satisfacción que le proporcionamos, recuperamos por una vía lo que sacrificamos por otra (3). Los sacrificios por la persona amada y la identificación con ella nos colocan en el papel de un padre bueno, y nos comportamos con ella como nuestros padres a veces lo han hecho con nosotros, o como hemos deseado que lo hicieran. A la vez desempeñamos el papel del niño bueno hacia sus padres, realizando en el presente lo que hubiéramos querido hacer en el pasado. Así, al invertir la situación, es decir, al actuar hacia otros como padres bondadosos, nos recreamos y gozamos en la fantasía del amor y la bondad que anhelamos en nuestros padres. Esto puede también constituir un modo de manejar los sufrimientos y frustraciones del pasado. Mediante la fantasía retrospectiva de desempeñar simultáneamente el papel del buen hijo y del buen padre eliminamos parte de nuestros motivos de odio, logrando así neutralizar las quejas contra los padres frustradores, el furor vindicativo que ellos nos han provocado y los sentimientos de culpa y desesperación provenientes de este odio que dañaba a los que eran al mismo tiempo objeto de nuestro amor. A la vez, en el inconsciente reparamos nuestros agravios fantaseados (producto de nuestra fantasía) que nos causaban aún gran dosis de culpa. Este mecanismo de &#8220;reparación&#8221; es, a mi juicio, un elemento fundamental en el amor y en todas las relaciones humanas; lo mencionaré, pues, a menudo en las páginas siguientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Una relación amorosa feliz </strong></p>
<p>Teniendo presente lo que expuse sobre los orígenes del amor, consideraremos ahora algunas relaciones adultas, tomando como primer ejemplo una relación de amor estable y satisfactoria entre hombre y mujer, como la que puede existir en un matrimonio feliz. Involucra un vínculo profundo y capacidad para el sacrificio mutuo y para compartir tanto el dolor como el placer, tanto los intereses como los goces sexuales. Una relación de esta índole abre un extenso ámbito para las más diversas manifestaciones del amor (4). Si la actitud de la mujer hacia el hombre es maternal, satisface, en la medida posible, los tempranos deseos de él de recibir gratificaciones de su propia madre. En el pasado esos anhelos nunca fueron completamente satisfechos, y tampoco han sido abandonados del todo. Es como si él ahora tuviese a su madre para sí, con sentimientos de culpa relativamente escasos (cuya razón se detallará más adelante). Si la mujer tiene una vida emocional ricamente desarrollada, además de abrigar sentimientos maternales, conservará algo de su actitud infantil hacia su padre, y ciertas características de la antigua relación matizarán su vínculo con el marido. Por ejemplo, le brindará admiración y confianza, viendo en él una figura protectora y útil, tal como antes lo fuera su padre. Estos sentimientos forman la base de una relación que permitirá la plena satisfacción de los deseos y necesidades de la mujer como persona adulta. A su vez, esta actitud de la mujer proporciona al hombre la oportunidad de protegerla y cuidarla de mil maneras, es decir, de desempeñar hacia su madre, en su inconsciente, el papel de un buen marido.</p>
<p>Cuando una mujer es capaz de amar intensamente a su marido y a sus hijos podemos deducir que muy probablemente su relación infantil con sus padres y hermanos ha sido buena, o sea, que pudo manejar en forma satisfactoria sus tempranos impulsos de odio y venganza contra ellos. He mencionado anteriormente la importancia del deseo inconsciente de la niña detener un hijo con su padre, y los impulsos sexuales involucrados en tal deseo. La frustración sexual que le inflige el padre suscita intensas fantasías agresivas, que tendrán gran influencia sobre su capacidad de obtener gratificación sexual en la vida adulta. En la niña pequeña las fantasías sexuales están, pues, conectadas con el odio que, específicamente, va dirigido contra el pene del padre, pues este órgano le niega la gratificación que proporciona a la madre. Su odio y sus celos la llevan a desear que el pene sea algo peligroso y malo que tampoco pueda gratificar a su madre; así en su fantasía el pene adquiere cualidades destructivas. A causa de sus deseos inconscientes, centrados alrededor de las gratificaciones sexuales de los padres, algunas de sus fantasías atribuyen a los órganos y placeres genitales un carácter peligroso y dañino. Estas fantasías agresivas son de nuevo neutralizadas en su mente por el deseo de reparar: más específicamente, de curar el genital paterno, al que mentalmente ha dañado o investido de maldad. También las fantasías de índole restauradora están conectadas con sentimientos y deseos sexuales. Todo este fantasear inconsciente tendrá gran influencia sobre los sentimientos de la mujer hacia su marido. Si éste la ama y además la gratifica sexualmente, sus fantasías sádicas inconscientes se debilitarán. Pero, aunque en la mujer normal nunca alcancen un grado que inhiba la tendencia a mezclarlas con impulsos eróticos más positivos o amistosos, estas fantasías jamás desaparecen del todo, sino que estimulan a las otras de naturaleza reparadora; vuelve así a actuar el impulso de reparación. Las gratificaciones sexuales no sólo le proporcionan placer, sino que también la apaciguan y protegen contra los temores y sentimientos de culpa derivados de sus primeros deseos sádicos. A su vez, el apaciguamiento acrecienta su gratificación sexual y despierta en ella gratitud y ternura, al mismo tiempo que acentúa su amor. Debido a que en las profundidades de su mente perdura la idea de que su genital es peligroso y podría dañar el del marido -noción que proviene de sus fantasías agresivas contra su padre- parte de la satisfacción que obtiene deriva del hecho de comprobar que sus genitales son buenos, puesto que proporcionan a su marido placer y felicidad.</p>
<p>Las fantasías de la niña pequeña sobre la peligrosidad de los genitales paternos conservan cierta vigencia en el inconsciente de la mujer. Pero si tiene con su marido una relación feliz y sexualmente gratificadora siente que los genitales de aquél son buenos, lo cual disipa su miedo. La gratificación sexual actúa así como doble garantía: de su propia bondad y de la de su marido, y la seguridad que esto le brinda incrementa a su vez el goce sexual, ampliando el círculo propicio a la paz íntima. Los celos y odios tempranos de la mujer hacia su madre considerada como rival en el amor del padre, han desempeñado un papel importante en sus fantasías agresivas. La felicidad mutua proveniente de la gratificación sexual y de la relación feliz y amorosa con su marido será parcialmente interpretada como indicio de que sus deseos sádicos contra la madre han sido inoperantes o anulados por la reparación.</p>
<p>También la actitud emocional y la sexualidad del hombre en su relación con la mujer sufren por supuesto la influencia de su pasado. La frustración de sus deseos genitales por su madre, en la niñez, despertó en él la fantasía de que su pene se transformaba en un instrumento capaz de herirla y dañarla. También contra su padre alentó fantasías sádicas a raíz de los celos y el odio que sentía contra ese rival en el amor materno. En la relación sexual con su compañera entran en juego, en cierto grado, sus tempranas fantasías agresivas, que lo llevaron a temer la destructividad de su pene. Y, por una transmutación de naturaleza similar a la que se produce en la mujer el impulso sádico, cuando no es excesivo, estimula las fantasías de reparación. Sentirá entonces que su pene es un órgano bueno y curativo, que proporciona placer a la mujer, repara su genital dañado y le da hijos. Una relación feliz y sexualmente gratificadora le prueba la bondad de su pene y también, inconscientemente, el éxito de sus intentos de reparación. Esto no sólo aumenta su placer sexual, su amor y ternura por la mujer, sino que propicia sentimientos de gratitud y seguridad, los que a su vez incrementan sus poderes creadores en otros campos e influyen favorablemente sobre su capacidad para el trabajo y otras actividades. Al compartir sus intereses (así como su amor y su placer sexual), la mujer le prueba el valor de su trabajo. Su primitivo deseo de ser capaz de hacer por su madre lo que su padre hacía en el terreno sexual y en otros de recibir de ella lo que él recibía, con ella produce también el efecto de disminuir su agresión contra el padre, intensamente estimulada por su fracaso en obtener a la madre como esposa. Esto le tranquiliza en cuanto a las consecuencias de sus prolongadas tendencias sádicas contra el padre.</p>
<p>Puesto que su odio y su rencor contra el padre han matizado sus sentimientos hacia los hombres que lo representan y los resentimientos contra su madre han igualmente afectado su relación con las mujeres que la simbolizan, una experiencia amorosa satisfactoria cambia su perspectiva vital y su actitud hacia la gente y las actividades en general. El amor y el aprecio de su esposa le dan el sentimiento de haber alcanzado plena madurez y de ser igual a su padre. Se atenúa la rivalidad hostil y agresiva contra éste, cediendo el lugar a una competencia más amistosa con él -o más bien con símbolos paternos admirados- en las realizaciones y tareas productivas y es muy probable que aumente o mejore su creatividad.</p>
<p>Del mismo modo, una mujer que establece una relación amorosa feliz con un hombre se siente inconscientemente a la altura del lugar que la madre, ocupaba junto a &#8220;su&#8221; marido y capaz de obtener las satisfacciones de que aquélla disfrutaba y que le fueron negadas en su niñez. Puede entonces equipararse a su madre y gozar de la misma felicidad, derechos y privilegios, pero sin dañarla ni robarla. Los efectos sobre su actitud y el desarrollo de su personalidad son análogos a los cambios producidos en el hombre cuando, mediante un matrimonio feliz, se considera igual a su padre.</p>
<p>De esta manera ambos cónyuges experimentan la relación de amor y gratificación sexual mutua como una feliz recreación de sus primeros años familiares. Muchos deseos y fantasías nunca pueden ser satisfechos en la niñez (5), no sólo porque son irrazonables sino también porque en el inconsciente coexisten simultáneamente deseos contradictorios. Parece una paradoja, pero en cierta forma el cumplimiento de muchos deseos infantiles sólo es posible cuando el individuo ha crecido. En la relación feliz entre adultos el temprano deseo de tener a la madre o al padre para sí permanece aún inconscientemente activo. Por supuesto, la realidad no permite que la gente se case con su madre o con su padre; si ello fuera factible, los sentimientos de culpa hacia terceros interferirían en la gratificación. Pero sólo quien en el inconsciente pudo fantasear tales relaciones y, hasta cierto punto, vencer los sentimientos de culpa inherentes a estas fantasías y gradualmente logró desprenderse de los padres a la vez que permanecer vinculado a ellos, estará capacitado para transferir sus deseos a personas que representarán los anhelados objetos del pasado, sin ser idénticos a ellos. Es decir, que sólo el individuo que ha &#8220;crecido&#8221;, en el verdadero sentido de la palabra, podrá realizar sus fantasías infantiles en la vida adulta; y por añadidura, con el alivio de la culpa sentida antaño por sus deseos infantiles. En efecto, una situación fantaseada en la niñez se ha hecho ahora real, pero lícita y en forma tal que le demuestra que los diversos males que su fantasía asociaba con dicha situación en realidad no han ocurrido. Una relación adulta feliz como la que he descrito puede significar, según lo expresé antes, una recreación de la temprana situación familiar, que será ahora más completa, ampliando el ámbito de apaciguamiento y seguridad mediante la relación del hombre y la mujer con los hijos. Esto nos lleva al tema de la paternidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los padres: ser madre </strong></p>
<p>Consideraremos primero una auténtica relación de afecto entre la madre y el hijo, tal como la que se desarrolla si la mujer ha alcanzado una personalidad plenamente maternal. Muchos lazos vinculan la relación de una madre con su hijo a la que en la niñez mantuvo con su propia madre. En todos los niños existe un fuerte deseo consciente e inconsciente de tener hijos. En las fantasías inconscientes de la niña el cuerpo de su madre está lleno de hijos; se imagina que han sido puestos allí por el pene del padre, que para ella es símbolo de toda creatividad, poder y bondad. Su actitud predominantemente admirativa hacia su padre y sus órganos sexuales como creadores y capaces de dar vida se acompaña de un intenso deseo de poseer hijos propios y tenerlos dentro de si como la posesión más preciosa.</p>
<p>La observación cotidiana nos muestra que las niñas pequeñas juegan con las muñecas como si éstas fueran sus hijos. A menudo hacen alarde de apasionada devoción, tratando a esos juguetes como a niños reales, compañeros, amigos que forman parte de su vida. No sólo no dejan las muñecas sino que constantemente se ocupan de ellas desde que comienza el día y presentan dificultad en abandonarlas cuando deben hacer otra cosa. Estos deseos de la niñez persisten hacia la edad adulta y contribuyen a cimentar la fuerza del amor que una mujer embarazada siente por el hijo que crece en sus entrañas y luego por el que ha dado a luz. La gratificación de tenerlo al fin alivia el dolor de su frustración infantil, cuando deseaba un hijo de su padre y no podía tenerlo. El cumplimiento de un deseo tan importante y largamente postergado tiende a disminuir su agresión y aumentar su capacidad de amor hacia su hijo. Además, el desamparo del niño y su gran necesidad de cuidados maternales demanda más amor que el que puede proporcionarse a cualquier otra persona, brindando así un cauce a todas las tendencias afectuosas y constructivas de la madre. Nadie ignora que algunas madres sacan partido de esta relación para gratificar sus propios deseos, es decir, su sentido posesivo y la satisfacción de tener quien dependa de ellas. Tales mujeres quieren conservar a sus hijos adheridos a ellas y detestan la idea de verlos crecer y adquirir personalidad. En otras, el desamparo del niño hace aflorar todos sus fuertes deseos de reparación, que derivan de varias fuentes y pueden ahora aplicarse al hijo largamente deseado, que representa el cumplimiento de sus tempranas aspiraciones. La gratitud hacia el niño que le proporciona el goce de poder amarlo aumenta estos sentimientos y puede conducirla a subordinar su propia gratificación al bienestar de su hijo, que se constituirá en su interés primordial.</p>
<p>La naturaleza de las relaciones de la madre con sus hijos cambia, por supuesto, a medida que ellos crecen. Su actitud hacia los hijos mayores estará más o menos bajo la influencia de la actitud que tuvo en el pasado hacia sus hermanos, hermanas, primos, etc. Ciertas dificultades en las relaciones pasadas pueden interferir en sus sentimientos hacia su propio hijo, especialmente si éste revela reacciones y rasgos que tienden a reactivar en ella los antiguos problemas. Los celos y la rivalidad fraterna le han despertado deseos de muerte y fantasías agresivas, y en su mente creyó dañar y destruir a sus hermanos. Si los sentimientos de culpa y conflictos derivados de estas fantasías no son demasiado fuertes, la posibilidad de reparar gana así mayor alcance y sus afectos maternales pueden manifestarse de un modo más completo.</p>
<p>Uno de los elementos de esta actitud materna parece ser la capacidad de ponerse en el lugar del niño y ver la situación desde su punto de vista. El ser capaz de hacerlo con amor y simpatía está íntimamente asociado, como lo hemos visto, con los sentimientos de culpa y el impulso de reparación. Sin embargo, si la culpa es muy fuerte esta identificación puede llevar a una actitud extremada de autosacrificio, sumamente desventajosa para el niño. Es bien sabido que un niño educado por una madre que lo inunda de amor y no le pide nada a cambio, a menudo se transforma en una persona egoísta. La falta de capacidad de amor y consideración en un niño es en cierta medida un velo que encubre sentimientos de culpa excesivos. La indulgencia materna exagerada tiende a fomentar un clima de quietud y, además, no da campo suficiente para el ejercicio del impulso infantil de hacer reparación, sacrificios a veces, y desarrollar una verdadera consideración hacia los demás (6). Con todo, si la madre no está demasiado envuelta en los sentimientos del niño ni excesivamente identificada con él, puede hacer uso de su sensatez para guiar al hijo del modo más provechoso. Disfrutará entonces plenamente de la posibilidad de fomentar su desarrollo, satisfacción ésta que se refuerza con las fantasías de hacer por su hijo lo que logró o deseó que su madre hiciera por ella. Salda así su deuda y repara los daños que en su fantasía hizo a los hijos de su madre, lo cual contribuye a aplacar sus sentimientos de culpa. La capacidad materna de amar y comprender a sus hijos se pone a prueba especialmente cuando éstos llegan a la adolescencia. En este período los chicos tienden normalmente a separarse de sus padres y a liberarse en cierta medida de sus antiguos vínculos con ellos. Sus esfuerzos para abrirse camino hacia nuevos objetos de amor crean situaciones que quizá resulten muy dolorosas para los padres. La madre que tiene fuertes sentimientos maternales puede permanecer firme en su amor, ser paciente y comprensiva, proporcionar ayuda y consejo cuando sean necesarios y permitir, con todo, que los hijos elaboren sus propios problemas, todo ello sin pedir mucho. Sin embargo, esto sólo es posible si su capacidad de amar se ha desarrollado en forma tal que le permita una doble identificación, con su hijo y con la madre sensata que su mente evoca.</p>
<p>La relación de la madre con sus hijos volverá a cambiar de carácter, y su amor buscará nuevas formas de manifestarse cuando ellos hayan crecido y tengan su propia vida, liberados ya de sus antiguos lazos. La madre advierte ahora que no desempeña un papel muy amplio en sus vidas. Pero puede experimentar cierta satisfacción al conservar disponible su amor para cuando sus hijos lo necesiten. Inconscientemente siente que les proporciona seguridad: sigue siendo la madre de antes, cuyo seno les dio gratificación plena y que satisfizo sus necesidades y deseos. En esta situación se identifica completamente con su propia madre protectora, cuya influencia benigna jamás se ha desvanecido en su mente. Al mismo tiempo se identifica con sus propios hijos. En su fantasía vuelve, por así decirlo, a la niñez y comparte con ellos la posesión de una madre buena y protectora. El inconsciente de los niños a menudo responde al de la madre y, al margen del grado en que utilice el acopio de amor que le está destinado, frecuentemente derivan un gran aliento y apoyo interior del hecho de que este amor exista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los padres: ser padre </strong></p>
<p>Aunque los hijos no signifiquen tanto para el hombre como para la mujer, desempeñan en su vida un papel importante, especialmente si él y su mujer viven en armonía. Para remontarnos a los orígenes profundos de esta relación reitero lo que ya expuse sobre la gratificación que obtiene el hombre al proporcionar un hijo a su mujer, en la medida en que esto representa una compensación de sus deseos sádicos hacia su madre y una reparación de ello. Este mecanismo aumenta la satisfacción real de crear un hijo y de realizar los deseos de su esposa. La gratificación de sus deseos femeninos al compartir el goce maternal de su mujer constituye una fuente adicional del placer. En la niñez deseó intensamente tener hijos con su madre y estos deseos incrementaron sus impulsos de robarle sus niños. Como hombre, &#8220;puede&#8221; dar hijos a su mujer, verla feliz con ellos; puede ahora, sin sentimientos de culpa, identificarse con ella en el parto y el amamantamiento, así como en la relación con los hijos mayores.</p>
<p>De todos modos, el ser un &#8220;buen padre&#8221; para sus hijos da al hombre muchas satisfacciones. Todos sus impulsos protectores, que han sido estimulados por sentimientos de culpa en relación con su temprana vida familiar infantil, encuentran ahora expresión plena. Además, se produce una identificación con un padre bueno, ya sea su padre real o un padre idealizado. Otro elemento más en la relación con sus hijos será su identificación con ellos, pues en su mente comparte sus goces. Asimismo, al ayudarles en sus dificultades y promover su desarrollo reedita su propia niñez de una manera más satisfactoria. Mucho de lo expuesto sobre la relación de la madre con sus hijos en las diferentes etapas se aplica también al padre. Si bien desempeña un papel distinto del de ella, las actitudes de ambos se complementan mutuamente. Si (como lo damos por sentado en este capitulo) la vida matrimonial se apoya en el amor y la comprensión, el marido también disfruta de la relación de su mujer con los hijos, mientras ella siente placer de la comprensión y ayuda que el marido les presta.</p>
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<p><strong>Dificultades en las relaciones familiares. </strong></p>
<p>Sabemos que una vida familiar plenamente armoniosa como la que he descripto no es un caso corriente. Depende de una feliz coincidencia de circunstancias, de factores psicológicos y, primordialmente, de una capacidad de amor bien desarrollada en ambos cónyuges. Pueden acaecer dificultades de todo tipo en la relación entre marido y mujer, y en la de éstos con sus hijos; daré algunos ejemplos.</p>
<p>La individualidad del niño tal vez no corresponda a lo que los padres desearían. Cada uno de ellos pudo inconscientemente haber querido que el hijo se pareciera a uno de sus propios hermanos; y naturalmente, uno de los dos será defraudado, si no ambos. Asimismo, si ha habido en ellos una fuerte rivalidad e intensos celos en relación con los hermanos y hermanas, esta situación puede repetirse ante el desarrollo y las realizaciones de sus hijos. Otro problema se produce cuando los padres son muy ambiciosos y utilizan los logros de sus hijos para obtener seguridad y disminuir sus propios temores. Hay además mujeres incapaces de amar y de gozar el hecho de tener hijos porque se sienten, en la fantasía, demasiado culpables de ocupar el lugar de sus propias madres. Una mujer de este tipo tal vez no pueda atender a sus hijos, debiendo entregarlos al cuidado de niñeras o de otras personas que, en su inconsciente, representan a su madre. De este modo le devuelve los hijos que deseó quitarle. Este temor de amar al hijo, que naturalmente perturba la relación con él, puede ocurrir también en los hombres y es muy probable que afecte las relaciones mutuas entre marido y mujer.</p>
<p>He dicho que los sentimientos de culpa y el impulso de reparación están íntimamente ligados a la emoción amorosa. Sin embargo, si el primitivo conflicto entre amor y odio no ha sido satisfactoriamente resuelto, o si la culpa es demasiado fuerte, puede producirse una reacción de alejamiento ante el ser amado, e incluso de rechazo hacia él. En último análisis, el temor de que la persona amada -originalmente la madre- pueda morir a causa de los agravios que en la fantasía se le han infligido, torna intolerable el depender de ella. Podemos observar la satisfacción de los niños pequeños ante sus primeras realizaciones y todo lo que aumente su independencia. Ello se debe a muchas razones obvias, pero, según mi experiencia, hay una muy importante y profunda: el niño se siente impulsado a debilitar sus lazos con la persona más importante, su madre. Originariamente ella preservó su vida, satisfizo todas sus necesidades, le brindó protección y seguridad; en consecuencia, es para él fuente de toda bondad y vida. En su fantasía inconsciente, ella forma parte inseparable de si mismo y, por lo tanto, su muerte implicaría también la del niño. Si tales sentimientos y fantasías son muy intensos, el apego a las personas amadas puede llegar a ser una carga abrumadora.</p>
<p>Muchas personas buscan solución a estas dificultades mediante el recurso de reducir su capacidad de amor, &#8220;negándola&#8221; o suprimiéndola, y evitando toda emoción fuerte. Otras escapan a los peligros del amor desplazándola predominantemente de las personas a los objetos. El desplazamiento del amor a las cosas e intereses (que he tratado en relación con el explorador y el hombre que lucha contra las fuerzas de la naturaleza) forma parte del crecimiento normal. Pero en algunos, se transforma en el método principal para manejar los conflictos, o mejor, para evitarlos. Todos conocemos al individuo que se rodea de animales, al coleccionista apasionado, al científico, al artista y otros seres capaces de un gran amor y hasta de sacrificios por los objetos de su devoción o por su tarea favorita, pero que escatiman su interés y amor hacia los demás seres humanos.</p>
<p>Una evolución muy distinta se produce en los que pasan a depender enteramente de las personas con quienes establecen vínculos intensos. El miedo inconsciente a la muerte del ser amado fomenta esa dependencia excesiva. Los temores de esa naturaleza incrementan la voracidad, que viene a constituir uno de los elementos de tal actitud y se expresa a través de la utilización exagerada de la persona de quien se depende. El eludir responsabilidades es otro componente de la dependencia excesiva; el otro se hace responsable de nuestros actos y a veces hasta de nuestras opiniones y pensamientos. (Esta es una de las razones de la adopción indiscriminada de las ideas de un líder y de la obediencia ciega a sus mandatos). Para los que son tan dependientes, el amor se hace sumamente necesario como apoyo contra el sentimiento de culpa y los distintos temores. El ser amado debe probarles, con manifestaciones de afecto siempre reiteradas, que no son malos ni agresivos y que sus impulsos destructivos no se han hecho efectivos.</p>
<p>Estas ligaduras extremadas son especialmente perturbadoras en la relación de la madre con su hijo. Como lo he señalado antes, la actitud materna ante el hijo tiene mucho en común con los primeros sentimientos de la niña hacia su propia madre. Ya sabemos que esta primera relación se caracteriza por el conflicto entre amor y odio. Al tener un hijo, la mujer transfiere sobre él los deseos inconscientes de muerte que de niña sintió hacia su madre.</p>
<p>Los problemas afectivos entre hermanos y hermanas en la niñez, intensifican estos sentimientos. Si a causa del conflicto no resuelto en el pasado, la madre se siente demasiado culpable en relación con el hijo, puede necesitar su amor tan intensamente que utilizará varios recursos para mantenerlo estrechamente ligado a ella y dependiente; o quizá se dedique a él hasta el punto de transformarlo en eje de toda su vida.</p>
<p>Consideremos ahora, aunque sólo desde un aspecto básico, una actitud mental muy diferente: la infidelidad. Las múltiples manifestaciones y formas de infidelidad (resultado de los más variados modos de desarrollo y expresión: en algunas personas, principalmente de amor; en otras, de odio, con todos los matices intermedios), tienen un fenómeno en común: el repetido alejamiento de una persona (amada) motivado en parte por el temor a la dependencia. He descubierto que, en las profundidades de la mente, el típico Don Juan se siente acosado por el miedo a la muerte de sus amadas, el que se abriría paso y provocaría depresión y grandes sufrimientos mentales, si no fuera por su defensa específica: la infidelidad. Por este medio se está probando constantemente a sí mismo que su objeto, &#8220;uno&#8221; y muy amado (originariamente su madre, cuya muerte temía porque su amor hacia ella era voraz y destructivo), no le es, después de todo, indispensable, ya que siempre podrá volcar en otra mujer sentimientos apasionados, aunque superficiales. En contraste con los que por temor a la muerte del ser amado, lo rechazan, o bien sofocan y niegan el amor, el Don Juan, por varias razones, toma el camino opuesto. Pero su actitud con las mujeres involucra una transacción inconsciente. Al abandonar y rechazar a algunas mujeres se aleja inconscientemente de su madre salvándola de sus deseos peligrosos y liberándose de su penosa dependencia, mientras que al buscar a otras y proporcionarles placer y amor, en su inconsciente retiene a la madre amada o vuelve a re-crearla.</p>
<p>En realidad se siente impulsado hacia una y otra porque pronto todas ellas se transforman en imagen de su madre. Su objeto original de amor es así reemplazado por una sucesión de objetos diversos. En la fantasía inconsciente, recrea o repara a su madre por medio de gratificaciones sexuales (que realmente brinda a otras mujeres), pues sólo en un aspecto siente su sexualidad como peligrosa; en otro, la siente reparadora y susceptible de hacerla feliz. Esta doble actitud forma parte de la transacción inconsciente que origina la infidelidad y es condición de ese tipo particular de desarrollo.</p>
<p>Esto me lleva a considerar otra clase de dificultad en las relaciones amorosas. A veces un hombre vuelca sus sentimientos afectuosos, tiernos y protectores en una mujer, quizá su esposa, pero es incapaz de obtener goce sexual con ella y debe reprimir sus deseos sexuales o satisfacerlos con otra. Los temores de que su sexualidad sea de naturaleza destructiva, el miedo al padre como rival y los resultantes sentimientos de culpa son otras tantas razones profundas de la separación entre los afectos tiernos y los específicamente sexuales. La mujer amada y altamente valorizada, que se erige como su madre, tiene que ser preservada de su sexualidad, que en la fantasía siente como peligrosa.</p>
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<p><strong>Elección del compañero de amor </strong></p>
<p>El psicoanálisis nos muestra que profundos motivos inconscientes participan en la elección de la pareja y determinan la atracción sexual y el placer de la mutua compañía. Los sentimientos de un hombre hacia una mujer sufren la influencia de su vínculo temprano con la madre. Pero tal situación puede ser más o menos inconsciente y presentar manifestaciones muy enmascaradas. Quizás un hombre elija como compañera a una mujer que tenga algunas características completamente opuestas a las de su madre: tal vez la apariencia de la amada sea muy distinta, pero su voz o ciertos rasgos de su personalidad que le resultan especialmente atractivos, concordarán con las primeras impresiones que él recibió de su madre. O tal vez, precisamente con el propósito de desligarse de un vínculo demasiado fuerte con la madre, venga a elegir una compañera que presente un contraste absoluto con aquélla.</p>
<p>Muy a menudo, a medida que se produce el desarrollo del niño, una hermana o una prima ocupan el lugar de la madre en sus fantasías sexuales y en su amor. Es obvio que la actitud basada en estos sentimientos será distinta de la del hombre que busca fundamentalmente rasgos maternos en la mujer. Con todo, la elección resultante de sentimientos experimentados hacia una hermana, puede tender también a la búsqueda de aspectos de índole maternal en la compañera. La temprana influencia que sobre el niño ejercen las personas de su ambiente, crea una gran variedad de posibilidades: una niñera, una tía, una abuela, pueden desempeñar un papel muy importante. Naturalmente, al considerar la influencia de las primeras relaciones sobre la elección posterior, no debemos olvidar que lo que el hombre desea recrear en sus relaciones amorosas es su impresión infantil ante la persona amada y las fantasías que tuvo con ella. Además, el inconsciente establece asociaciones sobre bases muy distintas de las que rigen en la mente consciente. Toda suerte de impresiones completamente olvidadas -reprimidas- contribuye así para que una persona resulte para determinado individuo, más atractiva que las demás, en el terreno sexual y en otros.</p>
<p>Factores similares actúan en la elección femenina. Las impresiones que conserva de su padre, sus sentimientos hacia él -admiración, confianza, etc.-, pueden desempeñar un papel predominante en la elección del compañero. Pero quizá su temprano amor hacia su padre haya sufrido serias alteraciones. Tal vez se haya alejado de él muy pronto debido a fuertes conflictos o graves decepciones. En este caso, un hermano, un primo o un compañero de juegos puede haber asumido gran importancia, tornándose en el receptáculo de sus deseos y fantasías sexuales, así como de sus sentimientos maternales. Buscará entonces un amante o un marido que configure la imagen de ese hermano, de preferencia el que tenga cualidades de tipo paterno. En una relación de amor feliz el inconsciente de la pareja se corresponde. En el caso de la mujer que tiene marcados sentimientos maternales, las fantasías y los deseos del hombre que busca una mujer predominantemente maternal corresponderán a los suyos. Si permanece muy ligada a su padre, inconscientemente buscará a un hombre que necesite desempeñar ante la mujer el papel de un buen padre.</p>
<p>Aunque los vínculos amorosos de la vida adulta están fundados en las primeras relaciones emocionales con los padres, hermanos y hermanas, los nuevos lazos no son necesariamente meras repeticiones de la temprana situación familiar. Los recuerdos, sentimientos y fantasías inconscientes entran en la nueva ligazón de amor y amistad en formas completamente disfrazadas. Pero además de las primeras influencias, muchos otros factores actúan en los complicados procesos que cimientan una relación amorosa o amistosa. Las relaciones normales adultas siempre contienen nuevos elementos derivados de la nueva situación: las circunstancias, la personalidad del otro, y su respuesta a las necesidades emocionales y a los intereses prácticos del adulto.</p>
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<p><strong>Logro de independencia </strong></p>
<p>Hasta aquí me he referido principalmente a las relaciones íntimas entre los seres. Entraremos ahora en las manifestaciones más generales del amor y las formas en que éste participa de intereses y actividades de todo tipo. El vínculo primario del niño con el pecho y la leche de su madre constituye la base de todas las relaciones de amor en la vida. Pero si consideráramos la leche materna simplemente como un alimento saludable y adecuado, concluiríamos que seria fácil reemplazarlo por otro igualmente conveniente. Sin embargo, la leche de la madre, la primera que aplaca los tormentos del hambre en el niño y que proviene del pecho que llega a amar cada vez más, adquiere para él un inestimable valor emocional. El pecho y su producto, primeras gratificaciones de su instinto de autopreservación y de sus deseos sexuales, se erigen en su mente en símbolos de amor, placer y seguridad. Es por lo tanto de suprema importancia el saber hasta qué punto puede &#8220;psicológicamente&#8221; reemplazar este primer alimento por otros. La madre logra, con mayor o menor dificultad, que el niño se acostumbre a ingerir otras sustancias. Con todo, quizás él no abandone su intenso deseo del alimento primitivo; quizá no olvide sus quejas y su odio por haber sido privado de él, ni se adapte, en el verdadero sentido, a esta frustración; y si ello ocurriera, no podrá adaptarse a ninguna frustración de su vida futura.</p>
<p>Si llegamos a comprender, mediante la exploración del inconsciente, la fuerza y profundidad del primer apego a la madre y a su alimento así como la intensidad con que éste persiste en el inconsciente del adulto, nos sorprenderá ver que el niño logre paulatinamente desprenderse de ella y conquistar independencia. Es cierto que ya en el lactante existe un agudo interés por lo que ocurre a su alrededor, una creciente curiosidad y placer en aumentar su ámbito de personas, cosas y realizaciones, todo lo cual parece facilitarle nuevos objetos de amor y de interés. Pero esto no basta para explicar su posibilidad de desligarse de la madre con quien tiene un vínculo inconsciente tan fuerte. La índole misma de este intenso apego lo impulsa a separarse de ella porque (dada la inevitabilidad de la avidez frustrada y del odio) despierta en él el miedo de perder a esta persona tan importante y, por lo tanto, el temor a depender de ella. Existe así, en el inconsciente, la tendencia a abandonarla, contrarrestada por el apremiante deseo de tenerla para siempre. Estos sentimientos contradictorios, juntamente con el crecimiento emocional e intelectual del niño, que le permite encontrar otros objetos de interés y placer, conducen a la capacidad de transferir el amor, reemplazando al ser amado por otras personas y cosas. Precisamente la cantidad de amor que el niño experimenta hacia su madre le proporciona una gran disponibilidad para sus vínculos futuros. El proceso de desplazar amor es de suma importancia para el desarrollo de la personalidad y para las relaciones humanas y podríamos decir, incluso, para el desarrollo de la cultura y de la civilización.</p>
<p>Junto con el proceso de desplazar el amor (y el odio) de la madre a otras personas y cosas, distribuyendo así estas emociones en un círculo más amplio, hay otra manera de manejar los primitivos impulsos. Las sensaciones sensuales que el niño experimenta en relación con el pecho materno se transforman en amor hacia la madre como persona integral; los sentimientos de amor se funden desde el comienzo con los deseos sexuales. El psicoanálisis ha subrayado el hecho de que los impulsos sexuales hacia los padres, hermanos y hermanas no sólo existen, sino que pueden ser observados en cierta medida en los niños muy pequeños. Con todo, sólo la exploración del inconsciente permite aquilatar su fuerza y su enorme importancia.</p>
<p>Ya hemos visto que los deseos sexuales están íntimamente ligados a impulsos y fantasías agresivas, a la culpa y al temor de que mueran las personas queridas. Todo ello impulsa al niño a disminuir su apego hacia los padres. El tiene, además, tendencia a reprimir estos sentimientos sexuales, que se vuelven inconscientes y quedan enterrados en las profundidades de la mente. Los impulsos sexuales se deslizan también de los primeros objetos de amor y el niño adquiere así la capacidad de amar a otros de modo predominantemente afectuoso.</p>
<p>El proceso descripto arriba, consistente en reemplazar a la persona amada por otras, en disociar parcialmente la sexualidad y la ternura y reprimir los impulsos y deseos sexuales, viene a integrar la capacidad del niño para establecer relaciones más amplias. No obstante, para lograr un desarrollo total exitoso es esencial que la represión de los deseos sexuales hacia los primeros seres queridos no sea demasiado fuerte (7), ni demasiado completo el desplazamiento de los sentimientos de los padres a otras personas. Si el niño conserva bastante amor para los que se hallan próximos, si sus deseos sexuales hacia ellos no están muy reprimidos, amor y deseo sexual podrán, más tarde en la vida, revivir, unirse y desempeñar una parte vital en sus relaciones amorosas. En una personalidad realmente bien desarrollada, el amor por los padres subsiste, pero se le sumará el amor por otros seres y objetos, no como mera extensión del primero, sino, como lo he señalado, mediante una difusión de las emociones que disminuye el peso de los conflictos y de la culpa derivada del apego y dependencia en relación con las primeras personas que ama.</p>
<p>Al volcar sus conflictos en otras personas, el niño no los suprime, sino que los transfiere en forma menos intensa: de los primeros y más importantes, a nuevos objetos de amor (y odio) que parcialmente representan a los antiguos. Como sus sentimientos hacia estas nuevas personas no son tan fuertes, sus impulsos de reparación, que una culpa excesiva hubiera obstaculizado, pueden manifestarse ahora más plenamente.</p>
<p>Es bien sabido que la existencia de hermanos y hermanas favorece el desarrollo. El crecer juntos ayuda al niño a desprenderse más de los padres y elaborar con sus hermanos un nuevo tipo de relación. Sabemos, con todo, que no sólo los ama, sino que también tiene hacia ellos fuertes sentimientos de rivalidad, odio y celos. Por esta razón las relaciones con los primos, compañeros de juego y otros niños más alejados de la situación familiar permiten nuevas alternativas a la relación fraterna, variaciones éstas que son de gran importancia como fundamento de los futuros vínculos sociales.</p>
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<p><strong>Relaciones en la vida escolar </strong></p>
<p>La escuela brinda la oportunidad de desarrollar la experiencia ya adquirida en materia de relaciones humanas y proporciona campo propicio para nuevos experimentos en este terreno. Entre un gran número de chicos el niño puede congeniar con uno, dos o varios mejor que con sus hermanos. Estas nuevas amistades le dan, entre otras satisfacciones, la posibilidad de corregir y mejorar, por así decirlo, las primeras relaciones con aquellos, que tal vez hayan sido insatisfactorias. El niño puede haber sido realmente agresivo con un hermano más débil o menor; o quizá su sentimiento inconsciente de culpa debido al odio y a los celos fuera la causa principal que perturbó la relación, con trastornos susceptibles de persistir en la vida adulta. Este desagradable estado de cosas puede ejercer más adelante una profunda influencia sobre sus actitudes emocionales respecto de la gente en general. Sabemos que hay niños incapaces de hacerse de amigos en la escuela. Esto ocurre porque trasladan al nuevo ambiente sus primitivos conflictos. Entre los que logran liberarse suficientemente de sus primeras dificultades afectivas y hacer amistades entre los compañeros de escuela se observa a menudo una mejoría en la relación con sus hermanos. El nuevo compañero prueba al niño que es capaz de amar y ser amado y que el amor y la bondad &#8220;existen&#8221;, lo que también inconscientemente significa que puede reparar el daño que en su imaginación o de hecho ha infligido a otros. Así las nuevas amistades colaboran para la solución de las primeras dificultades emocionales, sin que se tenga conocimiento de la naturaleza exacta de los primitivos trastornos o del modo como van siendo allanados. Todos estos medios proporcionan otras tantas válvulas a las tendencias de reparación, el sentimiento de culpa disminuye, y aumenta la confianza propia y en los demás.</p>
<p>La vida escolar también da oportunidad de establecer entre el odio y el amor una separación mayor que lo que es posible en el pequeño círculo familiar. En la escuela algunos niños son detestados o simplemente no gozan de simpatía, mientras que otros son queridos. En esta forma las emociones de amor y odio, reprimidas debido al conflicto que surge al odiar a la persona amada, pueden encontrar plena expresión en cauces más o menos aceptados socialmente. Los niños se unen de varias maneras y desarrollan ciertas normas que regulan hasta dónde pueden llevar sus manifestaciones de odio o disgusto por los demás. Los juegos y el espíritu de compañerismo implícito en ellos constituyen un factor moderador en estas alianzas y en el despliegue de la agresión.</p>
<p>Aunque los celos y la rivalidad por el amor y el aprecio del maestro pueden ser muy fuertes, se desarrollan en un marco distinto al de la vida de hogar. Los maestros están más alejados de los sentimientos del niño, aportan a la situación menos emoción que los padres y además reparten sus afectos entre varios niños.</p>
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<p><strong>Relaciones en la adolescencia </strong></p>
<p>A medida que el niño avanza hacia la adolescencia, su tendencia al culto del héroe frecuentemente se expresa a través de sus relaciones con algunos maestros, mientras que otros le inspiran aversión, odio o desprecio. Aquí de nuevo se manifiesta el proceso de separar el odio del amor que proporciona alivio, porque permite preservar a la persona &#8220;buena&#8221; y brinda además la satisfacción de odiar a alguien que a nuestro juicio se lo merece. El padre amado y odiado, la madre odiada y amada son originariamente, como ya lo he expuesto, los objetos tanto de admiración como de odio y desvalorización. Pero estos sentimientos que mezclados resultan, como sabemos, demasiado contradictorios y gravosos para la mente del niño y son, por lo tanto, probablemente soterrados, encuentran expresión parcial en las relaciones con otras personas: niñeras, tíos y parientes en general. Más tarde, en la adolescencia, la mayoría de los niños tiende a alejarse de sus padres. Esto se debe en gran parte a que sus deseos sexuales y conflictos en relación con aquellos están reforzándose una vez más. Los primeros sentimientos de rivalidad y odio contra el padre o la madre, según el caso, reviven y adquieren todo su vigor, aunque su origen sexual permanezca inconsciente. Los jóvenes suelen ser muy agresivos y desagradables con sus padres y con otras personas que se presten a ello, tales como sirvientes, un maestro débil o compañeros de escuela por los que sientan aversión. Pero cuando el odio ha llegado a esa intensidad, la necesidad de preservar el bien y el amor en el mundo interno y externo se hace muy urgente. El joven agresivo se siente, por lo tanto, impulsado a buscar seres a quienes pueda idealizar y reverenciar. Los maestros admirados pueden servir para ese fin y los sentimientos de amor, admiración y confianza hacia ellos le dan seguridad interior. Entre otras razones, porque para el inconsciente parecen confirmar la existencia de padres buenos con los cuales hay una relación positiva, lo que refuta así el odio intenso, la ansiedad y la culpa, que en este período se han vuelto muy fuertes. Hay, por supuesto, niños que pueden sentir amor y admiración por los propios padres mientras atraviesan estas dificultades, pero no son muy comunes. Creo que lo que se ha dicho explica en parte la posición especial que suelen ocupar en la mente las figuras idealizadas, como hombres y mujeres famosos, autores, atletas, aventureros, personajes imaginarios recogidos de la literatura, seres sobre quienes se vuelca la admiración y amor, sentimientos sin los cuales todo se matizaría de odio y desamor, lo cual se experimenta como peligroso para el yo y para los demás.</p>
<p>Simultáneamente con la idealización de ciertas personas se produce el odio hacia otras que son vistas bajo un cristal muy oscuro, especialmente seres imaginarios, como algunos villanos del cine o de la literatura, o bien individuos reales pero algo remotos, como los caudillos políticos del partido opositor. Odiar a la gente irreal o lejana resulta mucho menos peligroso para todos los interesados que odiar a los que nos son muy próximos. Hasta cierto punto esto es aplicable también al odio hacia algunos maestros o directores: la disciplina escolar y el conjunto de la situación interpone entre maestro y alumno una barrera mayor que la que existe entre padre e hijo.</p>
<p>La división entre amor y odio está dirigida hacia los menos íntimos; sirve también para salvaguardar mejor a las personas amadas, tanto en la realidad como en la mente. No sólo aquéllas se hallan físicamente lejos y son por lo tanto inaccesibles, sino que la división entre la actitud de amor y odio fomenta el sentimiento de que se puede conservar incólume el amor. El sentimiento de seguridad que proviene de la capacidad de amar está íntimamente ligado en el inconsciente al de conservar sana y salva ala persona amada. Parecería que la creencia inconsciente rezara así: &#8220;puedo mantener intactos algunos de los seres que amo, por lo tanto no he dañado a ninguno, y los conservo a todos para siempre en mi mente&#8221;. En último análisis, el inconsciente preserva la imagen de los padres amados como la posesión más preciosa, porque protege a su poseedor del dolor de la desolación total.</p>
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<p><strong>El desarrollo de las amistades </strong></p>
<p>Las primeras amistades del niño cambian de índole durante la adolescencia. La fuerza de los afectos e impulsos, tan característica de esta etapa de la vida, favorece amistades intensas entre la gente joven, principalmente entre los del mismo sexo. Las tendencias y sentimientos homosexuales están subyacentes a estas relaciones, que frecuentemente conducen a verdaderas actividades homosexuales. Estos vínculos constituyen en parte una huida del impulso hacia el sexo opuesto, que en este período es a menudo ingobernable por varias razones internas y externas: sus deseos y fantasías se encuentran aún muy conectados con su madre y hermanas, y la lucha por alejarse de ellas y encontrar nuevos objetos de amor está en su punto culminante. Tanto las niñas como los muchachos en esta etapa sienten cargados de tantos peligros los impulsos hacia el otro sexo, que intensifican los que se dirigen hacia el mismo sexo. El amor, la admiración y la lisonja que puedan entrar en estas amistades constituyen también, como lo he señalado antes, una salvaguardia contra el odio, y por todos estos motivos los jóvenes se apegan más a tales vínculos. En este período del desarrollo las tendencias homosexuales intensificadas, sean conscientes o inconscientes, desempeñan también un papel importante en la adulación al maestro del mismo sexo. Las amistades de la adolescencia son, como sabemos, frecuentemente inestables; una de las razones es que la fuerza de los sentimientos sexuales (inconscientes y conscientes) las invaden y perturban. El adolescente aún no se ha emancipado de las fuertes ligaduras emocionales de la infancia y está todavía -más de lo que se imagina- dominado por ellas.</p>
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<p><strong>Las amistades de la vida adulta </strong></p>
<p>Aunque en la vida adulta las tendencias homosexuales inconscientes tienen su parte en la amistad con el mismo sexo, ésta se caracteriza, a diferencia del vínculo homosexual (8), por la disociación parcial entre los sentimientos afectuosos y los sexuales, que pasan a segundo plano, y aunque activos en cierta medida en el inconsciente, en la práctica desaparecen. También en la separación entre sentimientos sexuales y afectivos. Pero como este amplio sector es sólo una parte de mi tema, me limitaré a hablar de las amistades entre personas del mismo sexo, y aun entonces sólo haré unas pocas observaciones generales.</p>
<p>Tomemos como ejemplo la amistad entre dos mujeres que no dependen demasiado una de otra. A favor de las circunstancias, una u otra puede necesitar protección o ayuda. La capacidad de dar y recibir afectivamente es esencial en la verdadera amistad. Aquí los elementos de situaciones tempranas se expresan en forma adulta. Inicialmente, protección, ayuda y consejo nos fueron proporcionados por nuestras madres. Si logramos madurez emocional y autosuficiencia, no dependeremos demasiado del apoyo y consuelo maternal, pero el deseo de recibirlos en los momentos difíciles y penosos perdura hasta la muerte. En la relación con una amiga podemos a veces recibir y dar algo del amor y cuidado de una madre. Una combinación exitosa de actitud maternal y filial parece constituir una de las condiciones de una personalidad femenina emocionalmente rica y capaz de amistad. (Una personalidad femenina completamente desarrollada involucra la capacidad de mantener buenas relaciones con los hombres en lo que concierne a sentimientos afectuosos y sexuales. Pero al hablar de la amistad entre mujeres me refiero a las tendencias y sentimientos homosexuales sublimados). Quizás en las relaciones con nuestras hermanas hayamos tenido oportunidad de experimentar y expresar a la vez cuidados maternos y respuestas filiales. Podremos entonces fácilmente trasladarlos a la amistad adulta. Pero tal vez no existió una hermana o alguien con quien viviésemos estos sentimientos. En este caso, si llegamos a desarrollar una amistad con otra mujer, ésta traerá la realización, modificada por las necesidades adultas, de un fuerte e importante deseo de la niñez.</p>
<p>Con una amiga compartimos intereses y placeres, pero también somos capaces de alegrarnos por su felicidad y éxitos, aun cuando carezcamos de ellos. Los sentimientos de envidia y celos pueden permanecer soterrados si nuestra capacidad de identificarnos con ella y compartir así su felicidad es bastante fuerte. El elemento de culpa y reparación no está ausente nunca en tal identificación. Si hemos manejado con éxito nuestros odios, celos, insatisfacciones y resentimientos contra nuestra madre; si hemos logrado ser felices al verla feliz, al sentir que la hemos agraviado o que podemos reparar el daño hecho en la fantasía, seremos capaces de una verdadera identificación con otra mujer. Los sentimientos posesivos y reivindicatorios que originan grandes exigencias son elementos perturbadores de la amistad. En realidad, todas las emociones exageradamente intensas pueden socavarla. Cuando esto ocurre, la investigación psicoanalítica revela que han interferido las tempranas situaciones de deseos insatisfechos, rencor, voracidad o celos, o sea, que aun cuando los episodios actuales hayan desencadenado la perturbación, un conflicto infantil no resuelto desempeña un papel importante en la ruptura de una amistad. Un clima emocional equilibrado, lo cual no excluye para nada la fuerza del sentimiento, constituye la base del éxito de una amistad. No es muy probable que lo logremos si esperamos demasiado de ella, es decir, si esperamos que el amigo compense nuestras primeras privaciones. Tales exigencias son, en su mayor parte, inconscientes y, por lo tanto, no pueden ser manejadas de manera racional. Nos exponen necesariamente al desengaño, al dolor y al resentimiento. Si las exageradas demandas inconscientes ocasionan trastornos en la amistad, han acaecido repeticiones exactas -por muy distintas que sean las circunstancias- de situaciones tempranas, cuando la voracidad intensa y el odio perturbaron el amor hacia los padres, causándonos sentimientos de insatisfacción y soledad. Si el pasado no pesa demasiado sobre el presente seremos más capaces de hacer una adecuada elección de amigos y de satisfacernos con lo que ellos nos den.</p>
<p>Mucho de lo que he dicho sobre la amistad entre mujeres se aplica al desarrollo de las amistades entre hombres, por más que también haya desemejanzas derivadas de la diferencia entre la psicología masculina y la femenina. La separación entre los sentimientos afectuosos y los sexuales, la sublimación de las tendencias homosexuales y la identificación constituyen igualmente la base de la amistad entre hombres. Aunque los elementos y las nuevas gratificaciones que corresponden a la personalidad adulta entran renovados en la amistad masculina, también los hombres, en parte, buscan la repetición de sus relaciones con el padre o los hermanos, o tratan de hallar una nueva afinidad que satisfaga deseos pasados, o mejorar las relaciones insatisfactorias que antaño mantuvieron con quienes los rodeaban.</p>
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<p><strong>Aspectos más amplios del amor </strong></p>
<p>El proceso por el cual desplazamos el amor de los primeros seres queridos hacia otros se extiende, desde la primera infancia en adelante, a todas las cosas. De este modo desarrollamos intereses y actividades en los que ponemos algo del amor que originariamente se dirigía a las personas. En la mente infantil una parte del cuerpo puede representar otra, y un objeto puede representar partes del cuerpo o personas. De esta manera simbólica, cualquier objeto redondeado puede en su inconsciente representar el pecho de su madre. Por un proceso gradual, todo lo que emana bondad y belleza, todo lo que causa placer y satisfacción en sentido físico o más amplio, vendría a tomar en el inconsciente el lugar de este seno generoso y el de la madre como persona total. Así, al referirnos a la patria la llamamos &#8220;la madre tierra&#8221;, porque en el inconsciente el país natal puede simbolizar a nuestra madre, y por lo tanto, ser amado con sentimientos matizados por nuestro vínculo con ella.</p>
<p>Para ilustrar la forma en que la primitiva relación invade intereses que parecen serle muy ajenos tomemos el ejemplo de los exploradores que parten en busca de nuevos descubrimientos, sobrellevando las más penosas privaciones y encontrando a su paso grandes peligros y quizá la muerte. Además del estímulo de las circunstancias externas, muchos elementos psicológicos se hallan detrás del interés y el atractivo de la exploración. No mencionaré aquí más que uno o dos factores inconscientes específicos. En su voracidad el niño pequeño desea atacar el cuerpo de su madre, al que considera como una extensión de su pecho bueno. También tiene fantasías de robarle el contenido de su cuerpo, entre otras cosas, los hijos, preciosa posesión, que también ataca por celos. Estas fantasías agresivas de penetrar en su cuerpo pronto se enlazan con sus deseos genitales de tener un coito con ella. El trabajo psicoanalítico ha descubierto que las fantasías de explorar el cuerpo de la madre, que surgen de los deseos sexuales y agresivos del niño, de su voracidad, curiosidad y amor, contribuyen a fomentar el interés del adulto en explorar nuevos países.</p>
<p>Al discutir el desarrollo emocional del niño pequeño he señalado que sus impulsos agresivos dan lugar a fuertes sentimientos de culpa y al temor de que la persona querida muera, todo lo cual forma parte del amor, lo refuerza e intensifica. En el inconsciente del explorador, un nuevo territorio representa una nueva madre que compensará la pérdida de la madre real. Busca la &#8220;tierra prometida&#8221;, la &#8220;tierra de la que mana leche y miel&#8221;. Y hemos visto que el temor a la muerte de la persona más amada lleva al niño a alejarse de ella en cierta medida; pero al mismo tiempo lo conduce también a re-crearla y encontrarla nuevamente en cualquier tarea que emprenda. De ese modo, tanto el impulso de apartarse como el de mantener el vínculo original encuentran plena expresión. La temprana agresión del niño estimula la tendencia a restaurar y compensar, a devolver a su madre los bienes robados en su fantasía, y estos deseos de resarcimiento se unen más tarde a la vocación de explorador: encontrar una nueva tierra es dar algo al mundo en general y a algunas personas en particular. Su actividad expresa tanto su agresión como su deseo de reparar. Sabemos que al descubrir una nueva tierra la agresión se utiliza en la lucha con los elementos y con toda suerte de dificultades. Pero a veces se manifiesta más abiertamente. Ocurría en otras épocas, cuando los exploradores, que además conquistaban y colonizaban, dieron muestras de despiadada crueldad contra las poblaciones nativas. Con esta actitud concretaban los tempranos ataques fantaseados contra los niños imaginarios en el cuerpo de la madre y el odio real contra los hermanos recién nacidos. El deseo de restauración, sin embargo, encontró plena expresión al repoblar el país con elementos de su propia nacionalidad. Podemos ver cómo, a través del interés por la exploración, varios impulsos y emociones -la agresión (manifiesta o no), los sentimientos de culpa, el amor y el impulso de reparar- pueden transferirse a otra esfera, alejada de su objeto original.</p>
<p>La vocación de explorar no tiene que manifestarse necesariamente a través de la exploración física del mundo, sino que puede extenderse a otros campos, como cualquier tipo de pesquisa científica. Los primeros deseos y fantasías de explorar el cuerpo materno forman parte de la satisfacción que el astrónomo, por ejemplo, deriva de su trabajo. El anhelo de redescubrir a la madre de los primeros tiempos, real o afectivamente perdida, es también de gran importancia en el arte creador y en la forma de apreciarlo y disfrutar de él.</p>
<p>Para ilustrar algunos de los procesos que acabo de exponer transcribiré la conocida composición de Keats, On First Looking into:</p>
<p>Mucho viajé por comarcas de oro, y</p>
<p>he visto países y reinos esplendentes;</p>
<p>muchas islas recorrí del occidente</p>
<p>donde los poetas guardan lealtad a Apolo.</p>
<p>Frecuentemente oí de una vasta extensión</p>
<p>donde ejerce su imperio el soñador Homero,</p>
<p>pero jamás respiré su pura exaltación</p>
<p>hasta escuchar de Chapman el verbo altanero.</p>
<p>Entonces fui como un explorador del cielo inmenso</p>
<p>cuando un nuevo planeta nada en las alturas</p>
<p>o como el fue Cortés, cuyos ojos de halcón</p>
<p>contemplaron el Pacífico, y su tripulación</p>
<p>se miraba con salvaje conjetura</p>
<p>sobre una cima del Darién, en profundo silencio.</p>
<p>Keats habla aquí con el enfoque del que goza ante una obra de arte. Compara la poesía con &#8220;países y reinos esplendentes&#8221; y &#8220;comarcas de oro&#8221;. Al leer a Homero traducido por Chapman se siente al principio como un astrónomo que observa los cielos cuando &#8220;un nuevo planeta nada en las alturas&#8221;. Pero luego se vuelve el explorador que descubre &#8220;con salvaje conjetura&#8221; nuevas tierras y mares. En este perfecto poema de Keats el mundo representa el arte, y es evidente que para él el goce y la exploración científicos y artísticos provienen de la misma fuente: del amor por las hermosas tierras, las &#8220;comarcas de oro&#8221;. La exploración del inconsciente (precisamente, un continente desconocido descubierto por Freud) demuestra que, como lo he señalado antes, las hermosas tierras representan a la madre amada y el anhelo hacia ésta. Volviendo al poema, se puede sugerir, sin llegar al análisis detallado, que el &#8220;soñador Homero&#8221; que gobierna la tierra de la poesía representa al padre admirado y poderoso, cuyo ejemplo sigue el hijo (Keats) cuando penetra, él también, en el país de su deseo (arte, belleza, el mundo: en esencia, su madre).</p>
<p>Del mismo modo el escultor que da vida a su objeto de arte, ya sea que éste represente una figura humana o no, inconscientemente está restaurando y re-creando a las personas a quienes amó primero y a las que destruyó en su fantasía.</p>
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<p><strong>Sentimientos de culpa, amor y creatividad </strong></p>
<p>Los sentimientos de culpa, como traté de señalar, constituyen un incentivo fundamental para la creación y el trabajo en general, aun en sus formas más simples. No obstante, si son demasiado intensos tienen el efecto de inhibir las actividades e intereses productivos. Estas complejas conexiones se tornaron claras en primer término a través del psicoanálisis de niños pequeños. En los niños los impulsos creadores que habían permanecido latentes despiertan y se expresan mediante actividades tales como el dibujo, el modelado, la construcción y la palabra cuando el psicoanálisis reduce sus diversos temas. Estos incrementan los impulsos destructivos y, por consiguiente, al disminuir los impulsos demostrativos también se debilitan. Simultáneamente con estos procesos, los sentimientos de culpa y de ansiedad por la muerte de la persona amada, que la mente infantil no pudo superar por ser demasiado abrumadores, disminuyen gradualmente, pierden intensidad, haciéndose por lo tanto más fácil su manejo. Como resultado aumenta el interés del niño por la gente, se estimula la piedad y la identificación con los demás, y así se acrece su caudal de amor. El deseo de reparar, tan íntimamente ligado al interés por el ser amado y a la ansiedad por su muerte, puede ahora expresarse en formas creadoras y constructivas. También en el psicoanálisis de adultos pueden observarse estos procesos y cambios.</p>
<p>He sugerido que cualquier fuente de alegría, belleza y enriquecimiento (externo o interno) representa para el inconsciente el pecho generoso y amante y el pene creador que en la fantasía posee cualidades similares: en esencia, los dos padres buenos y dadivosos. La relación con la naturaleza, que despierta fuertes sentimientos de amor, reverencia, admiración y devoción, tiene mucho en común con la relación con la madre, como siempre lo han reconocido los poetas. Los múltiples dones naturales son equiparados a los que hemos recibido de nuestra madre en los primeros tiempos de la vida. Pero no siempre nos han satisfecho. Muchas veces nos pareció mezquina y frustradora, aspectos que también se reviven en la relación con la naturaleza, que a menudo no está dispuesta a dar.</p>
<p>La satisfacción de las necesidades de autoconservación y la gratificación del deseo de amor permanecen eternamente ligados entre sí, ya que al principio ambas provenían de una misma fuente. La primera seguridad nos fue proporcionada por nuestra madre, que no sólo nos calmó los tormentos del hambre, sino que también nos satisfizo emocionalmente y alivió nuestra ansiedad. Por lo tanto, la seguridad derivada de la satisfacción de nuestras necesidades básicas se vincula a la seguridad afectiva, y la importancia de ambas se agranda, pues contrarrestan los primeros temores de perder a la madre amada. Tener asegurada la subsistencia en la fantasía inconsciente significa también no estar privado de amor y no haber perdido a la madre. El hombre que se queda sin trabajo y lucha por encontrar empleo tiene en mente, por sobre todo sus necesidades materiales. No trato de subestimar los sufrimientos y penurias reales, directos e indirectos, que la pobreza provoca, pero la situación auténticamente dolorosa se hace más acerba por el infortunio y la desesperación que resurgen de tempranas experiencias emocionales, cuando lo acosaba el hambre porque la madre no satisfacía sus necesidades, y temía perderla y verse privado de amor y protección (9). La falta de trabajo le impide también expresar sus tendencias constructivas que constituyen un método fundamental de manejar temores inconscientes y sentimientos de culpa, o sea, de hacer reparación. La dureza de las circunstancias -aunque pueda ser en parte consecuencia de un sistema social insatisfactorio que justificaría que el miserable achacara a otros la culpa de su situación- tiene algo en común con la inexorabilidad que los niños, bajo la presión de la ansiedad, atribuyen a los padres temidos. En cambio, la ayuda material o moral proporcionada a los pobres o a los desocupados, además de su valor real, inconscientemente les prueba la existencia de padres cariñosos.</p>
<p>Volvamos a la relación con la naturaleza. En algunas regiones del mundo la naturaleza es cruel y destructiva. Sin embargo, los habitantes no renuncian a su suelo, sino que desafían los elementos, sequías, inundaciones, heladas, calor, terremotos, plagas. Es cierto que las circunstancias externas desempeñan un papel importante, pues esta gente tenaz tal vez no pueda marcharse del lugar donde ha nacido. Sin embargo, no me parece que esto baste para explicar por qué se soportan tales penurias para conservar la tierra natal. Para los que viven en condiciones naturales tan arduas la lucha por la subsistencia sirve también para otros propósitos (inconscientes). La naturaleza representa para ellos una madre exigente y regañona cuyos dones deben serle extraídos a la fuerza, lo cual reedita las primeras fantasías violentas (aunque en forma sublimada y socialmente adaptada). Habiendo sentido culpa inconsciente por la agresión contra su madre, el hombre comprendía que ella fuera ruda con él; lo comprende aún ahora inconscientemente, en relación con la naturaleza. Este sentimiento de culpa actúa como incentivo para la reparación. La lucha contra la naturaleza se siente en parte como una lucha &#8220;para preservar la naturaleza&#8221;, porque expresa también el deseo de reparar a la madre. De este modo, los que luchan contra los rigores naturales no sólo lo hacen en su propio beneficio sino que también sirven a la naturaleza. Al mantener su conexión con ella mantienen viva la imagen de la madre de antaño. En la fantasía, la protegen y se protegen permaneciendo unidos a ella. En la realidad, mediante el apego a su país. En cambio, el explorador busca en la fantasía una nueva madre para reemplazar a la real, de la que se siente apartado o que inconscientemente teme perder.</p>
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<p><strong>Relaciones consigo mismo y con los demás </strong></p>
<p>He tratado en estos capítulos algunos aspectos del amor y de las relaciones con los demás. No puedo, con todo, concluir sin intentar echar alguna luz sobre la más complicada de todas las relaciones: la que mantenemos con nosotros mismos. Pero, ¿qué somos nosotros? Todo lo bueno y lo malo que hemos pasado desde los primeros días; todo lo que hemos recibido del mundo externo, y sentido en el mundo interno; experiencias felices y desdichadas, vínculos con la gente, actividades, intereses y pensamientos de todo tipo, es decir, todo lo que hemos vivido forma parte de nosotros y construye nuestra personalidad. Si algunas de nuestras relaciones pasadas, con todos los recuerdos que traen, con la riqueza de sentimientos que suscitan, pudieran ser súbitamente barridas de nuestra mente ¡qué pobres y vacíos nos sentiríamos! ¡Cuánto se perdería del amor, confianza, placer, consuelo y gratitud que hemos brindado y recibido! Muchos no quisiéramos siquiera haber evitado las experiencias dolorosas, porque han contribuido al enriquecimiento de nuestra personalidad. Me he referido ya varias veces en este artículo a la influencia de nuestras primeras relaciones sobre las siguientes. Quisiera ahora demostrar la fundamental gravitación de las tempranas situaciones emocionales sobre nuestras relaciones con &#8220;nosotros mismos&#8221;. Nuestra mente guarda como reliquias a los seres que amamos. En momentos difíciles sentimos a veces que ellos nos guían. De pronto se nos ocurre preguntarnos cómo habrían actuado &#8220;ellos&#8221; y si aprobarían o no nuestros actos. Por lo que he dicho podemos concluir que las personas a quienes así consideramos representan en esencia a los padres admirados y amados. Hemos visto, no obstante, que de ningún modo es fácil para el niño establecer con ellos relaciones armoniosas y que los primeros lazos de amor se ven seriamente inhibidos y perturbados por el odio y el concomitante sentimiento inconsciente de culpa. Es cierto que los padres pueden haber carecido de amor y comprensión, lo cual tendería a aumentar todas las dificultades. Los impulsos y fantasías destructivos, los temores y la desconfianza, que en cierta medida se hallan siempre activos, aun en las circunstancias más propicias, se incrementan innecesariamente si las condiciones son desfavorables y las experiencias desagradables. Además, lo que es también muy importante, es que si al niño no se le da bastante felicidad en la primera etapa de su vida, quedará perturbada su capacidad para desarrollar una actitud optimista, amor y confianza en los demás. No debe, sin embargo, deducirse que la capacidad de amar y ser feliz responde en proporción directa a la cantidad de amor que se haya recibido. En realidad, hay niños que configuran en su inconsciente imágenes paternas extremadamente duras y severas (lo que perturba su relación con los padres reales y con la gente en general) aunque hayan tenido padres buenos y cariñosos. Por otra parte, las dificultades mentales del niño no están frecuentemente en proporción con el trato desfavorable que puedan haber sufrido. Si por razones internas, que desde el principio varían en cada individuo, existe escasa capacidad para tolerar la frustración, y si la agresión, temores y sentimientos de culpa son muy intensos, la mente infantil puede exagerar y deformar grotescamente los defectos de los padres y en especial la intención que determina sus errores. De este modo, los padres y otras personas de su ambiente serán juzgados predominantemente duros y severos. Nuestro propio odio, temor y desconfianza tienden a crear en el inconsciente figuras paternas terribles y exigentes. Estos procesos se encuentran, en diverso grado, activos en todos, ya que todos tenemos que luchar, con mayor o menor intensidad y en un sentido o en otro, con sentimientos de odio y temor. Vemos así que las &#8220;cantidades&#8221; de impulsos agresivos, temores y sentimientos de culpa (que parcialmente surgen de razones internas) guardan una relación importante con la actitud mental predominante que asumimos.</p>
<p>En contraste con niños que, en respuesta a un trato desfavorable, desarrollan en su inconsciente figuras paternas duras y severas, que afectan desastrosamente su perspectiva mental, en muchos otros los errores o la falta de comprensión de los padres producen consecuencias menos adversas. Los niños que, por razones internas, son desde el comienzo mucho más capaces de soportar las frustraciones (ya sean evitables o inevitables), es decir, que puedan hacerlo sin exceso de odio y sospechas, serán más tolerantes con los errores que los padres cometan al tratarlos. Podrán confiar más en sus propios sentimientos amistosos y, por lo tanto, al tener más autoseguridad serán menos susceptibles a lo que provenga del mundo externo. Ninguna mente infantil se encuentra libre de temores y sospechas, pero si la relación con los padres está basada sobre todo en la confianza y el amor, éstos podrán ser establecidos firmemente en la mente como figuras mentoras y benéficas, las que serán fuente de bienestar y armonía y prototipo de todas las relaciones amistosas de la vida futura.</p>
<p>He tratado de aclarar algo sobre las relaciones adultas señalando que, con ciertas personas, nos conducimos como nuestros padres lo hacían con nosotros, o bien como hubiésemos deseado que se comportasen, invirtiendo de esta manera las primeras situaciones. Asimismo, en algunos casos, nuestra actitud es la del niño afectuoso con sus padres. Esta relación recíproca niño-padre, que manifestamos frente a los demás, también es experimentada internamente ante las figuras benéficas y mentoras que conservamos en la mente. Inconscientemente, consideramos a los seres que forman parte de nuestro mundo interno como padres afectuosos y protectores y les retribuimos su amor; nos sentimos hacia ellos como padres. Estas relaciones fantaseadas, basadas en experiencias y recuerdos reales, integran nuestra continua y activa vida afectiva e imaginativa y contribuyen a darnos felicidad y fuerza mental. En cambio, si las figuras paternas que conservamos en los sentimientos y en el inconsciente son predominantemente duras, no lograremos estar en paz con nosotros mismos. Es harto sabido que una conciencia demasiado severa ocasiona desdicha y preocupación. Es menos sabido, pero comprobado por los descubrimientos psicoanalíticos, que la presión de las fantasías de lucha interna y los temores con ellas conectados, se hallan en el fondo de lo que reconocemos como conciencia vindicativa. Incidentalmente, estas tensiones y temores pueden expresarse en profundas perturbaciones mentales y conducir al suicidio.</p>
<p>He utilizado la extraña frase &#8220;relación con nosotros mismos&#8221;. Quisiera ahora agregar que ésta es la relación de todo lo que apreciamos y amamos, con todo lo que odiamos en nosotros. He tratado de aclarar que la parte nuestra que apreciamos es la riqueza que hemos acumulado a través del contacto con otros seres, pues estos vínculos y las emociones que los acompañan han llegado a constituir una posesión interna. Odiamos en nosotros las figuras duras y severas que también forman parte de nuestro mundo interno y que son en gran medida el resultado de nuestra propia agresión hacia nuestros padres. Sin embargo, en el fondo, lo que más violentamente odiamos es el odio interno en si. Lo tememos tanto que nos vemos llevados a emplear una de nuestras más fuertes medidas de defensa, que consiste en ubicarlo en otros, o sea, proyectarlo. Pero también desplazamos amor hacia el mundo externo, y sólo podemos hacerlo genuinamente si hemos establecido buenas relaciones con figuras amistosas en nuestra mente, creando así un circulo benigno: en primer lugar brindamos amor y confianza a nuestros padres; luego los incorporamos a nosotros, por así decirlo, con todo ese caudal, y podemos de nuevo dar al mundo externo parte de esta riqueza de sentimientos positivos. El odio configura un círculo análogo pues, como hemos visto, erige figuras aterradoras en nuestra mente y entonces dotamos a los demás de cualidades desagradables y malas. Incidentalmente, esa actitud mental produce el efecto real de suscitar sospechas y desagrado en los demás, mientras que una actitud confiada y amistosa de nuestra parte tiende a provocar la confianza y la benevolencia ajenas.</p>
<p>Observamos que algunas personas, especialmente a medida que envejecen, se vuelven cada vez más desagradables. Otras en cambio, se suavizan y se hacen más comprensivas y tolerantes. Es bien sabido que tales variaciones no corresponden simplemente a las experiencias adversas o favorables que hayan tenido en la vida, sino que se deben a las diferencias de actitud y de carácter. De lo expuesto, podemos llegar a la conclusión de que la amargura, ya sea hacia la gente o hacia el destino -y por lo general abarca a ambos- se establece fundamentalmente en la niñez y puede reforzarse o intensificarse más tarde.</p>
<p>Si el amor no ha sido ahogado por el resentimiento, los pesares y el odio, sino que se ha consolidado internamente, la confianza en los demás y en nuestra propia bondad soporta como una roca los embates de la vida. Cuando surge el infortunio, la persona que se ha desarrollado de ese modo es capaz de preservar en sí a aquellos padres buenos cuyo amor constituye una ayuda infalible en la desdicha y volver a encontrar en el mundo personas que en su mente los reemplacen. La capacidad de invertir situaciones en la fantasía e identificarse con los demás -importante característica de la mente humana- permite al individuo otorgar a otros la ayuda y el amor que él mismo necesita, obteniendo de ese modo bienestar y satisfacción para sí.</p>
<p>Comencé por describir la situación emocional del lactante en su relación con la madre, fuente primera y fundamental de la bondad que recibe del mundo externo. Afirmé también que es un proceso extremadamente doloroso para el niño el privarse de la suprema satisfacción de ser alimentado por ella. Con todo, si su voracidad y su resentimiento ante la frustración no son excesivos, puede éste desprenderse gradualmente de la madre y al mismo tiempo obtener satisfacción de otras fuentes. En su inconsciente los nuevos objetos de placer se eslabonan con las primeras gratificaciones recibidas de la madre. Puede por consecuencia, aceptar otros goces como sustitutos de los originales. Podría decirse que retiene la bondad primaria a la vez que la reemplaza, y cuanto más exitoso es ese proceso, menos apoyo tendrán en su mente la voracidad y el odio.</p>
<p>Pero, como lo he señalado frecuentemente, los sentimientos inconscientes de culpa que derivan de la destrucción fantaseada del ser amado, desempeñan aquí un papel importante. Hemos visto que los sentimientos de culpa y pesar, provenientes de la fantasía agresiva y voraz de destruir a la madre, activan el impulso de curar estos daños imaginarios y repararla. Estas emociones actúan grandemente sobre el deseo y la capacidad infantiles de aceptar sustitutos maternos. Los sentimientos de culpa provocan el temor a depender de esta persona querida, cuya pérdida se recela, pues no bien surge la agresión el niño siente que está causándole daño. Este temor es un incentivo para desligarse, para volcarse en otras personas y cosas y agrandar así su círculo de intereses. Normalmente el impulso de reparar logra mantener a raya la desesperación suscitada por los sentimientos de culpa. En este caso, prevalecerá la esperanza; el amor y el deseo de reparación del niño serán inconscientemente extendidos a los nuevos objetos de amor e interés. Estos, como ya sabemos, se asocian en su mente con la primera persona amada, a quien vuelve a descubrir o crear a través de sus nuevas relaciones e intereses constructivos. En esta forma, la reparación -que es en parte inherente a la capacidad de amar- ensancha su ámbito, consolidando la posibilidad infantil de aceptar amor y de hacer suya, por varios medios, la bondad proveniente del mundo externo. Un equilibrio satisfactorio entre &#8220;dar&#8221; y &#8220;recibir&#8221; es condición primordial para la felicidad futura.</p>
<p>Si en nuestro temprano desarrollo hemos podido transferir interés y amor de nuestra madre a otras personas y hemos obtenido nuevas gratificaciones, entonces y sólo entonces, podremos en el futuro obtener placer de otras fuentes. Esto nos permite compensar, mediante un nuevo vínculo afectivo, los fracasos o desengaños que sufrimos, bien como aceptar sustitutos para lo que no hemos logrado conseguir o conservar. Si la voracidad frustrada, el resentimiento y el odio no perturban la relación con el mundo externo, hay infinidad de modos de extraer de él belleza, bondad y amor. Al hacerlo, acrecentamos continuamente nuestro acervo de recuerdos felices y este acopio de valores nos da una seguridad difícil de vulnerar y un bienestar íntimo que aleja la amargura. Además del placer que proporcionan, estas satisfacciones tienen el efecto de mitigar las frustraciones (o mejor, el sentimiento de frustración) pasadas y presentes, incluso las primeras y fundamentales. Cuanto más satisfacción auténtica logremos, menor será nuestro resentimiento ante las privaciones y menos nos dominarán la voracidad y el odio. Seremos entonces realmente capaces de aceptar de otros amor y bondad, de brindárselos y, en retribución, de recibir más aun. En otras palabras, la capacidad esencial de &#8220;dar y recibir&#8221; se desarrolla de tal manera que nos asegura satisfacciones y contribuye al placer, al bienestar o a la felicidad de otras personas.</p>
<p>Y para terminar, una buena relación consigo mismo condiciona el amor, la tolerancia y la buena disposición hacia los demás. En parte esta buena relación deriva, como intenté demostrar, de una actitud amistosa, comprensiva y afectuosa hacia los demás, o sea hacia aquellos que tanto significaron para nosotros en el pasado y cuyo vínculo con nosotros integra nuestra mente y personalidad. Si en lo más hondo del inconsciente logramos superar los rencores contra nuestros padres y perdonarles las frustraciones que debimos sufrir, podremos entonces vivir en paz con nosotros mismos y amar a otros en el verdadero sentido de la palabra.</p>
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<p><sup>1 </sup>Con el objeto de simplificar la descripción de los fenómenos complicados y poco conocidos que presento en este artículo, al hablar de la alimentación del lactante me referiré sólo a la lactancia de pecho. Mucho de lo que expongo y deduzco en relación con la lactancia, se aplica también a la alimentación con biberón, aunque con algunas diferencias. En relación con esto, citaré un pasaje de mi artículo &#8220;El destete&#8221; (1936): &#8220;El biberón es un sustituto del seno materno, pues permite al lactante el placer de succionar y establecer así cierto grado de relación con el biberón dado por la madre o la niñera. La experiencia nos enseña que, muy a menudo, los niños que no han sido amamantados se desarrollan muy bien. Sin embargo, descubrirnos en el análisis que tales personas sienten por el seno un profundo anhelo que nunca ha sido satisfecho, y aunque la relación con el pecho de la madre se ha establecido en cierto grado, es enorme la diferencia en el desarrollo psíquico si la gratificación primera y fundamental se obtuvo por medio de un sustituto en lugar de la cosa real deseada. Podemos decir que, aunque los niños se desarrollen bien sin ser amamantados, el desarrollo hubiera sido mejor y diferente si hubieran tenido una lactancia satisfactoria al pecho. Por otra parte, deduzco de mi experiencia que los niños amamantados, aun cuando se desarrollen mal, hubieran estado peor sin la lactancia de pecho&#8221;</p>
<p><sup>2 </sup>El psicoanálisis de los niños pequeños, que me permitió también llegar a conclusiones en lo que se refiere al trabajo de la mente en una primera etapa, me ha convencido de que tales fantasías se encuentran activas ya en los lactantes. El psicoanálisis de adultos me ha demostrado que los efectos de estas fantasías primitivas son duraderos e influyen profundamente en la mente inconsciente de éstos.</p>
<p><sup>3 </sup>Como he dicho al comienzo, es constante en todos nosotros la interacción de amor y odio. No obstante, el tema que enfoco es el modo como los sentimientos de amor se desarrollan, se consolidan y estabilizan. Puesto que no trataré la agresión, debo, de todos modos, declarar que permanece activa aún en las personas que poseen gran capacidad de amor. En general en éstas, la agresión y el odio (disminuido éste y parcialmente contrarrestado por la capacidad de amar), se encauzan en gran parte hacia fines constructivos, lo que llamamos &#8220;sublimación&#8221;. En realidad, no hay actividad constructiva en la que no entre algo de agresión, en una u otra forma. Tomemos, por ejemplo, el trabajo del ama de casa: la limpieza y demás menesteres atestiguan su deseo de crear un ambiente grato para si y para los demás, lo que constituye una manifestación de amor hacia los seres y objetos que cuida. Al mismo tiempo, libera su agresión contra el enemigo, o sea la suciedad, que para su inconsciente representa las cosas &#8220;malas&#8221;. El odio y la agresión originales, provenientes de las fuentes más tempranas, pueden resurgir en las mujeres para quienes la limpieza se vuelve obsesiva. Todos conocen al tipo de mujer que amarga la vida de la familia con su constante &#8220;manía de limpieza&#8221;: en estos casos, el odio se vuelca precisamente contra las personas que ama y cuida. Odiar a los seres y cosas que se consideran odiosas, ya sean personas que nos disgusten o principios (políticos, artísticos, religiosos o morales) que se oponen a los nuestros, es una manera general de desahogar sentimientos de odio, agresión, desdén y desprecio en forma permitida e incluso, a veces, muy constructiva, si no se la lleva a extremos. Si bien utilizadas en forma adulta, estas son, en el fondo, las emociones de nuestra infancia cuando odiábamos a las personas que eran al mismo tiempo, objeto de nuestro amor: los padres. Aún entonces intentábamos dirigir el amor hacia ellos y volcar el odio hacia otros seres y cosas, proceso que resultará más afortunado cuando hayamos desarrollado y estabilizado nuestra capacidad de amor, así bien como extendido nuestro ámbito de intereses, amores y odios en la vida adulta. Daré otro ejemplo: el trabajo de los abogados, políticos y críticos involucra enfrentar contrincantes, pero de modo tal que resulta permisible y útil. Aquí vuelven a aplicarse las conclusiones que preceden. Una de las muchas maneras en que la agresión puede expresarse legítima y loablemente es en los juegos en que se ataca al adversario temporariamente -y esta transitoriedad ayuda a disminuir la culpa- con sentimientos que, otra vez, derivan de las primeras emociones infantiles. Existen, pues, varias formas sublimadas y directas, en que las personas cordiales y capaces de amar pueden expresar su odio y agresión.</p>
<p><sup>4 </sup>Al considerar las emociones y las relaciones adultas me referiré en este artículo principalmente a la influencia que tienen sobre las manifestaciones posteriores del amor, los primeros impulsos, sentimientos inconscientes y fantasías del niño. Esto lleva necesariamente a una presentación algo unilateral y esquemática, pues no me permite hacer justicia a los múltiples factores que ejercen durante toda la vida una interacción entre las influencias del mundo externo y las fuerzas internas del individuo y que actúan conjuntamente para elaborar una relación adulta.</p>
<p><sup>5 </sup>Cuando se trata de un niño, por ejemplo, éste desea tener a la madre para sí las veinticuatro horas del día, tener con ella relaciones sexuales, darle hijos, matar al padre del que está celoso, despojar a sus hermanos y hermanas de todo lo que poseen y apartarlos si se interponen en su camino. Es obvio que si estos deseos imposibles se cumplieran, le causarían un profundo sentimiento de culpa. Hasta la admisión de deseos destructivos de mucho menor alcance le despierta conflictos agudos. Por ejemplo, muchos niños se sentirán culpables al ser favoritos de la madre, porque su padre y hermanos quedarán perjudicados. Esto es lo que quiero dar a entender cuando menciono deseos simultáneos contradictorios en el inconsciente. Los deseos del niño son ilimitados, lo mismo que sus impulsos destructivos en relación con estos, pero al mismo tiempo tiene también, inconscientes y conscientemente, tendencias opuestas; desea también dar amor y reparar. En realidad, quiere que los adultos que lo rodean repriman sus agresiones y egoísmos, porque si les diera rienda suelta, sufriría el dolor del remordimiento y del desprecio; cuenta con esta ayuda de los adultos, como con cualquier otra cosa que necesite. En consecuencia, es psicológicamente inadecuado intentar solucionar las dificultades de los niños mediante el sistema de no frustrarlos de ninguna manera. Naturalmente, la frustración que es en realidad innecesaria o arbitraria y que no demuestra sino falta de amor y comprensión, es muy perjudicial. Es importante darse cuenta de que el desarrollo del niño depende, y hasta cierto punto está formado, de su capacidad de encontrar medios de soportar las frustraciones inevitables y necesarias y los conflictos de amor y odio que son en parte ocasionados por ellas: es decir, manejarse entre el odio que aumenta con las frustraciones, y el amor y el deseo de reparación impulsado por d dolor del remordimiento. El modo como el niño se adapta a estos problemas de su mente constituirá la base de todas sus relaciones sociales posteriores, su capacidad adulta para amar y su desarrollo cultural. Puede ser inmensamente ayudado en la niñez por el amor y la comprensión de los que lo rodean, pero estos profundos problemas no pueden ser solucionados ni eliminados.</p>
<p><sup>6 </sup>Un efecto similarmente perjudicial (aunque esto sucede en forma diferente) es causado por la rudeza o por falta de amor de los padres. Esto se relaciona con el importante problema de cómo el ambiente influye en el desarrollo emocional del niño de un modo favorable o desfavorable, pero esto está más allá del objeto del presente artículo.</p>
<p><sup>7 </sup>Las fantasías y los deseos sexuales permanecen activos en el inconsciente y también se expresar hasta cierto punto en el comportamiento, en los juegos y otras actividades del niño. Si la represión es demasiado fuerte, si las fantasías y deseos permanecen profundamente enterrados y no encuentran expresión, no solamente se inhiben en forma drástica las elaboraciones de su imaginación (y las actividades de toda clase) sino que también la futura vida sexual del individuo quedará seriamente obstaculizada.</p>
<p><sup>8 </sup>El tema de las relaciones de amor homosexual es amplio y muy complejo. Para tratarlo adecuadamente necesitaría mas espacio del que dispongo; por lo tanto, me limito a mencionar que en estas relaciones puede caber mucho amor.</p>
<p><sup>9 </sup>He descubierto frecuentemente, en el psicoanálisis de niños -en grados variables-, temores de que los echen de su casa como castigo por la agresión inconsciente (deseos de echar a otros) y por daños reales que hayan cometido. Esta ansiedad se implanta muy temprano y puede ejercer una intensa presión sobre la mente del niño. Un caso especial es el temor a ser un pobre huérfano o un pordiosero y no tener casa ni comida. Estos temores al desamparo eran en los niños que he observado, completamente independientes de la situación financiera de los padres. Posteriormente en la vida, los temores de esta naturaleza tienen el efecto de aumentar las dificultades reales que surgen de situaciones como pérdida de dinero, de una casa o del trabajo, añadiendo un elemento de desesperación amarga y profunda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right"><strong>Melanie Klein, </strong>1937</p>
<p align="right">(Viena, 30-03-1882 / Londres, 22-09-1960)</p>
<p align="right">Psicoanalista Austríaca</p>
<p align="right"> </p>
<p>Ref.: <em>Amor, Culpa y reparación</em>, Ediciones Paidós Ibérica, 1990.</p>
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		<title>Bien, Mal, Job</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Apr 2012 22:26:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fernanda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Jung]]></category>

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		<description><![CDATA[   El conflicto Humano El entrelazamiento de libertad y esclavitud afecta al hombre de manera profunda en el conflicto del bien y el mal. Soy libre de escoger el bien? Estoy condenado, sin ser responsable por ello, a hacer el mal? Sin el sentido de libertad interior y sin la autonomía del ego la individuación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>  <a href="http://alcione.cl/?attachment_id=2168" rel="attachment wp-att-2168"><img class="aligncenter size-medium wp-image-2168" title="La caída 2" src="http://alcione.cl/wp-content/uploads/2012/04/La-caída-21-241x300.jpg" alt="" width="241" height="300" /></a></strong></p>
<p><strong>El conflicto Humano</strong><br />
El entrelazamiento de libertad y esclavitud afecta al hombre de manera profunda en el conflicto del bien y el mal. Soy libre de escoger el bien? Estoy condenado, sin ser responsable por ello, a hacer el mal? Sin el sentido de libertad interior y sin la autonomía del ego la individuación no sería posible, ni tampoco lo sería la acción ética ni el sentido. Por esta razón, Jung le adjudicó una importancia crucial a la consciencia y a la responsabilidad. La confrontación con la propia oscuridad en el análisis no puede llevarse a cabo sin una consciencia alerta.</p>
<p>Las ideas de Jung acerca de la realidad y el efecto del mal se deslizan como hebras rojas a lo largo de su trabajo. Aunque estudió el mal como realidad psíquica en la vida del individuo y la sociedad, también se interesó mucho en su poder númine y la parte que le toca jugar en la religión. En este contexto debemos limitarnos a aquellos aspectos que atañen a la pregunta del sentido: El mal invalida el sentido? El sentido de la individuación se logra sólo si el mal es condenado, si, de acuerdo con el mandamiento cristiano, el fin es evitar el mal?</p>
<p>Jung no respondió a ambas preguntas expresadas de esta manera absoluta; pues las facultades de la izquierda y la derecha pertenecen a la totalidad y el objetivo de la individuación no es el hombre perfecto sino el hombre completo, con su luz y su penumbra. El mal, así como el bien, le es otorgado al hombre junto con el don de la vida. Jamás puede conquistarse plenamente, sin embargo el hombre tiene la oportunidad de controlarlo a través de la consciencia de sí y la lucha, y también a través de una confrontación directa. Cuanta mayor consciencia tome de su tendencia al mal, estará en mejor posición de soportar las fuerzas destructivas dentro de él.</p>
<p>La individuación comienza por regla general al tomar consciencia de la propia sombra, la obscuridad inconsciente y el mal que aún son parte integral de la propia totalidad. En las sombras habita todo lo que no se adaptará, o no pueda hacerlo, a las costumbres y convenciones así como a las leyes civiles y religiosas. Es la negación mefistofélica, la realidad contraria con su desobediencia, voluntad recalcitrante y rebeldía contra el canon cultural. No obstante, un enfrentamiento con la sombra es inusitadamente difícil por el hecho de que no siempre representa el mal, y no de manera unívoca. La sombra no es sólo destructiva, y la consciencia no está siempre del lado del código moral, de lo que en breve expondremos dos ejemplos.</p>
<p>Debido a esta complicación psicológica, la actitud moral del hombre es precondición indispensable de cualquier confrontación con la sombra. No obstante incluso para la personalidad ética, o quizá para ella en particular, existen situaciones difíciles o trágicas en la vida en las que, contra toda razón y voluntad y en desafío a la consciencia, ésta se pone del lado de la sombra, la personalidad inferior, y cuestiona el valor de conformarse al código moral. En situaciones como éstas la unidad de la personalidad se destruye. En lugar de una afirmación totalmente sincera de la tradición generalmente aceptada, sobreviene un conflicto individual con su consabido sufrimiento. En palabras de Jung, chocamos con las obligaciones. El deber se enfrenta al deber, la voluntad a la voluntad.</p>
<p>Jung se encontró en esta situación cuando abandonó a Freud, su maestro y amigo paternal. Su decisión de separarse de Freud estuvo precedida de intensas luchas internas. Tomó la decisión por obediencia a la voz de la consciencia y de su destino, pero en desobediencia, o rechazo, de las leyes del deber filial, lealtad, respeto y gratitud. Su sufrimiento y desorientación en los años que siguieron a la separación probaron cuán difícil fue esta decisión; equivalía a un sacrificio. Fue sólo mucho más tarde cuando su vida y su trabajo demostraron que éste no había sido en vano.</p>
<p>Otro ejemplo, tomado de la historia religiosa y de significado mucho más profundo, fue la experiencia de Martín Lutero, que como un joven monje desconocido atormentado por la consciencia se lanzó en abierta crítica contra la Iglesia católica. Las famosas palabras que se le atribuyen: Aquí estoy y no puedo hacer otra cosa, que Dios me ampare, Amén, con las cuales concluyó su defensa en la Dieta de Works (1521), son testigo de la agonía de la desobediencia para poder obedecer. Los choques entre deberes son hitos en el camino de la individuación, pues nada ayuda tanto al crecimiento de la consciencia como esta confrontación interna de opuestos.</p>
<p>Presuponen una consciencia responsable que está más diferenciada de lo que la observancia obediente de la ley requiere. La consciencia de sí y la ética de un hombre no se prueban en el logro desapasionado de preceptos seculares y espirituales, sino en la forma en que se comporta y decide cuando se enfrenta con choques de deberes. Aquí es desafiado como hombre total, solo. En su caso la corte se traslada al mundo interior donde el veredicto se emite detrás de puertas cerradas.</p>
<p>Si, a partir de la sutil interpelación de la consciencia exigida por Jung, llegáramos a la conclusión de que él está extendiendo una <em>carte blanche</em> al mal por razones subjetivas, se estaría cometiendo un tremendo error. Ni siquiera en la cima más alta estaríamos más allá del bien y del mal pues, de la misma manera que en el pasado, también en el futuro el mal que se ha hecho, pensado o deseado desatará su venganza en el alma, sin importar si pusimos al mundo de cabeza o no. El efecto retroactivo del mal se hace sentir en un grado supremo cuando no se trata simplemente de hacer mal, sino de un verdadero crimen. Como psiquiatra, más de una vez Jung descubrió que, aún cuando pase desapercibido y no exista arrepentimiento, puede tener un efecto devastador sobre el alma y la vida del que lo llevó a cabo.</p>
<p>Sin embargo, algo cambia en efecto con la ampliación de la consciencia: se pierde la certeza ingenua de emitir juicios de valor. Fuera del ámbito de las exigencias morales evidentes <em>per se</em>, el bien y el mal pierden sus contornos definidos: En última instancia no hay bien que no pueda provocar el mal y mal que no pueda provocar el bien. Asimismo, el bien y el mal no son juicios absolutos sino humanos, que dependen de la cultura y la religión y del sentimiento hacia los valores que cada uno lleva dentro. Como consecuencia de esta relatividad e incertidumbre, la resolución de un conflicto moral ya no puede decidirse sólo a través de la consciencia, ni mediante un código moral tradicional; el individuo también debe escuchar la voz interior y tener muy en cuenta la reacción del inconsciente. De hecho, el mundo exterior exige una responsabilidad individual, aunque de la misma manera la exigen el mundo interior y su autoridad suprema, el sí-mismo.</p>
<p><strong>Buena Voluntad y Mala Voluntad en la Imagen de Dios</strong><br />
La totalidad del hombre se revela en la perseverancia voluntaria y consciente del conflicto y su resolución mediante la decisión de actuar o abstenerse de hacerlo. La razón de estar tironeado en dos direcciones, desgarrado entre el sí y el no, la buena voluntad y la mala voluntad, el bien y el mal, yace en el arquetipo del sí-mismo trascendental, en donde los opuestos se realizan <em>in potentia</em>. Lo que constituye una unidad invisible en el sí-mismo aparece en la consciencia como una dicotomía; escindida en dos partes es factible de ser conocida. Es así como el ego experimenta y sufre la antinomia de la totalidad trans-consciente en forma de opuestos complementarios.</p>
<p>La importancia de la confrontación con opuestos morales sólo puede ser plenamente evaluada cuando se toma en cuenta el aspecto religioso de la totalidad, su condición de indistinguible de la imagen de Dios en la psique, junto con el aspecto psicológico. Aunque esto no altera los hechos, la manera de expresarlo se modifica, pues ahora debe decirse que el sí y el no, la buena voluntad y la mala voluntad, el bien y el mal están contenidos en la propia imagen de Dios. En lenguaje religioso o metafórico, la mala voluntad también es un aspecto de la voluntad de Dios.</p>
<p>En vista del conflicto moral y el requisito desconcertante, de hecho asombroso, de que hay que desobedecer a Dios, la libertad y la esclavitud se relativizan también en el accionar ético. Aquí también el factor operativo es el arquetipo del sí-mismo que intenta ascender a la consciencia para traer sus aspectos antinómicos a la realidad. Aparecen en la imaginería y doctrina religiosa como la ambivalencia moral de la imagen de Dios, en ocasiones también como preceptos que hacen a la actitud del devoto, quien debe tener el mismo respeto para el bien y para el mal. Así, en la psicología rabínica, nos encontramos con la doctrina de las dos inclinaciones (yeser), y el mandato de que el hombre debe amar a Dios con ambas. Zwi Werblowsky escribe: Dos inclinaciones creó el que es Santo, Bendito; una es la inclinación al bien, la otra es la inclinación al mal (B. Berakoth 6 1). El hombre interior no es más que el campo de batalla de estas dos inclinaciones El mandamiento: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón se interpreta en el Misnah como con tus dos inclinaciones. La psicología rabínica reconoce que el Señor es el creador de las inclinaciones al bien y al mal, pues se dice en Isaías 45:7: Yo creo la luz y creo la obscuridad; yo hago la paz y creo el mal; yo el Señor hago todas estas cosas.</p>
<p>La concepción del mal como realidad metafísica en Dios fue expresada y desarrollada aún más en el misticismo de la Cábala. Se dice que el bien y el mal moran en Dios, la severidad brilla junto con su amor. O también, el bien y el mal se entrelazan en Dios, de tal manera que también en el mal brilla una chispa de luz divina. Se dice que la raíz de todo mal yace en la naturaleza de la Creación, de tal manera que todo lo que está oculto en Dios puede manifestarse plenamente (Isaac Luria). Los numerosos intentos del misticismo cabalístico para explicar el misterio del bien y el mal como un problema inherente a la divinidad misma pueden retrotraerse, de acuerdo con Gershom Scholem, a aquella inquietud que el <em>Libro de Job</em> trajo al mundo, con el apasionado y riguroso enjuiciamiento de Dios. En la actualidad, casi dos mil años más tarde, aquel apasionado enjuiciamiento de Dios continúa candente; como se verá, fue la misma inquietud moral la que se apoderó de Jung cuando escribió su <em>Respuesta a Job</em>.</p>
<p>La ambivalencia moral de un Dios que hace la paz y crea el mal también jugó un papel importante en la historia de la cristiandad, sobre todo en Jakob Böhme (1575-1624). Para él, el amor de Dios y la ira de Dios, su luz gloriosa y su fuego ardiente, se pertenecen uno al otro. Ambos son la emanación de la eterna palabra de Dios. Cada uno de los prolíficos escritos de Böhme lleva el sello de esta revelación de la incomprensible polaridad de Dios. Cómo puede ser un Dios celoso e iracundo si él mismo es el amor inmutable? Cómo pueden el amor y la ira ser una sola cosa? Según Böhme, el bien y el mal son necesidades existenciales. La vida sólo puede ser posible cuando el mal existe junto al bien, tanto en Dios como en el hombre.</p>
<p>La psicología del inconsciente expresa la misma idea en otra forma: experimentamos el sí-mismo trans-consciente a través de sus efectos buenos y malos. Los efectos malos se manifiestan como la sombra de la propia psique, aunque también como injusticia y sufrimiento en la vida y el mundo. El bien y el mal son aspectos de la imagen de Dios arquetípica y juntos conforman la totalidad del hombre y de la existencia misma.</p>
<p><strong>Respuesta a Job</strong><br />
La demostración de Jung de la antinomia moral del sí-mismo, en especial cuando se considera en su aspecto religioso como la antinomia moral de la imagen de Dios, indignó a muchos de sus lectores y provocó una resistencia violenta. Las reacciones podrían haber sido menos violentas si hubiese basado sus pruebas simplemente en las manifestaciones del inconsciente en sus pacientes o en obras de literatura profana. De esa manera habría resultado menos provocativo. Sin embargo, él se basó sobre todo en una interpretación del <em>Libro de Job</em> y la <em>Revelación de San Juan</em>. Esto fue malinterpretado como un ataque o desafío. Como desde el punto de vista psicológico las escrituras bíblicas deben considerarse como documentos humanos, como testimonios psíquicos del hombre, y como la experiencia religiosa es una realidad central de la psique, las afirmaciones de Jung permanecían dentro de un marco de referencia psicológico; no invadían, con sus objetivos de investigación específicos, el ámbito de la teología, ni tampoco se referían a la actitud de fe religiosa, de bases muy diferentes.</p>
<p>Jung leyó el texto bíblico como un lego, sin tomar en cuenta los descubrimientos de las Interpretaciones teológicas modernas de la Biblia. Se refirió a este punto en una carta al Dr. Josef Rudin (Abril de 1960), S. J.: Una cosa más! Es acaso un leve tono de reproche que dice que no tengo en cuenta la teología de la Biblia? De haberlo hecho hubiese escrito desde la perspectiva teológica y usted hubiese tenido el derecho de acusarme de blasfemia. Se me ha hecho una acusación similar desde el protestantismo, es decir, que desecho la crítica textual más elevada. Pero, por qué estos caballeros no han editado a Job de tal manera que se lea como es debido, de acuerdo con su propio punto de vista? Soy un lego y sólo tengo ante mí al Job que han presentado al público lego <em>cum consensu autoritatis</em>. El lego reflexiona sobre este Job, y no sobre las especulaciones de la crítica textual, a la que no tiene ningún acceso y que no contribuye en nada al espíritu de este libro.</p>
<p>Para el lector secular, el Dios descrito en el <em>Libro de Job</em> posee un lado oscuro y aterrador. Duda de su piadoso sirviente Job y realiza una apuesta con Satanás para ponerlo a prueba. Lo condena a todo tipo de sufrimientos y tribulaciones y aniquila a toda su familia. Sobre la tempestad de su omnipotencia fulmina con reproches al gusano humano semi-destruido. El Dios del <em>Libro de Job</em> es injusto y cruel. Es un <em>tremendum</em>. El Cristo del Apocalipsis también es un <em>tremendum</em>, impartiendo un castigo devastador a la humanidad en el Día del Juicio. También él posee una terrible dualidad.</p>
<p><center>Tribulaciones de Job</center>En la medida en que el <em>Libro de Job</em> se refiere a la imagen de un dios personal, Jung habla antropomórficamente de su lado amoral. Ésas son palabras duras. Sin embargo, la acusación de blasfemia a él y a su libro no comprenden ni el contenido ni su intención. Jung no estaba hablando de Dios en sí, ni tampoco podía hablar de él. Dios en sí el Dios más allá de Dios de Tillich- está muy alejado de la descripción humana y muy lejos de la comprensión del hombre. Continúa siendo un <em>mysterium</em>. El libro de Jung se refiere a la imagen de Dios específica que surge del <em>Libro de Job</em>, y la imagen de Cristo específica que surge del Apocalipsis. No obstante, la extraordinaria cualidad númine de éstas y otras imágenes religiosas es tal que no sólo dan la sensación de apuntar al <em>Ens realissimum</em>, sino que convencen de que de hecho lo expresan y lo establecen como un hecho. Desde el punto de vista subjetivo, la experiencia de la imagen de Dios arquetípica es una experiencia de Dios. De ahí la dificultad de la discriminación intelectual y la reflexión científica basada en lo psicológico. Sin embargo, si Jung utiliza la palabra Dios o divinidad, ella es tan sólo una imagen verbal, un concepto o símbolo, sin importar si emplea el uso común o las palabras exactas del texto que está interpretando, o bien si tiene en mente la autonomía y la cualidad númine del arquetipo del sí-mismo. Cuando digo Dios me refiero a una imagen de Dios arquetípica antropomórfica y no creo que he dicho nada acerca de Dios, escribió en una carta (abril de 1952). Debe admitirse que este <em>sous-entendu</em> existe para todos los que pronuncian la palabra Dios. El hombre es incapaz de expresar a Dios en sí mismo, pues en el momento en que habla utiliza las imágenes tradicionales del lenguaje. Por ende, todo lo que se dice de Dios es simbólico o mitológico. Más allá de ciertas expresiones a las que ya nos hemos referido, la base de todas las declaraciones de Jung sobre la religión es que Dios mismo no puede captarse mediante ninguna palabra o descripción humana o categoría de valor. El bien y el mal son valores de sentimientos de procedencia humana y no se los puede extender más allá de ese ámbito. Lo que trasciende esto está más allá de nuestro juicio: no puede captarse a Dios con atributos humanos. Las categorías morales de valor y atributos humanos pueden aplicarse únicamente a la imagen de Dios. Para Jung, la superación de la consciencia humana requiere la abolición de la identidad de la imagen verbal y el objeto, de la apariencia y la realidad. La ciencia ya avanzó en este sentido; sin embargo, Jung también se lo exigía al pensamiento religioso y teológico. Deseo esta superación de la consciencia humana con todo mi corazón, escribió a un teólogo protestante (junio de 1955). Es una tarea difícil a la que he dedicado el trabajo de una vida.</p>
<p>Como podrá observarse, la diferenciación de las imágenes arquetípicas en la consciencia desde el arquetipo trans-consciente <em>per se</em>, del fenómeno a partir del noúmeno, de la impronta a partir del impresor, es el fundamento de su psicología del inconsciente.</p>
<p><strong>La Antinomia de lo Sagrado (Paul Tillich)</strong><br />
En comparación con la paradoja del <em>numinosum</em>, aquello que comúnmente se denomina divino, es decir la bondad y la gracia, es algo muy parcial. Tillich coincide con esta visión en su filosofía de la religión: En su sentido original lo sagrado denota tanto lo divino como lo demoníaco. Pero desde el momento en que la dicotomía de la consciencia religiosa caracteriza lo demoníaco como demoníaco, la idea de lo sagrado se equipara con lo divino. Lo sagrado se convierte de inmediato en lo correcto, aquello que se exige.</p>
<p>Tillich declara que la antinomia de lo divino es la precondición necesaria de su realidad. La auto-afirmación del ser sin el no-ser ni siquiera sería auto-afirmación, sino una identidad de sí fija e inamovible. Nada sería manifiesto, nada se expresaría, nada se revelaría Sin el negativo que Dios debe superar en sí mismo y en sus criaturas, su auto-afirmación positiva sería letra muerta. No habría revelación de la esencia del ser, no habría vida Aquí estamos utilizando un lenguaje simbólico. Pero su carácter simbólico no disminuye su verdad. Utilizar un lenguaje no simbólico sobre el ser en sí mismo sería falso.</p>
<p>El <em>Libro de Job</em> utiliza un lenguaje simbólico en el sentido de Tillich y Jung- cuando habla de la esperanza de Job de encontrar en Dios un ayudante y abogado contra Dios. Jung utiliza un lenguaje simbólico cuando describe el deseo de hacer lo contrario como la voluntad de Dios y al Dios de Job, como bueno y malvado. Pero cuando señala la ambivalencia de la imagen de Dios, está utilizando un lenguaje científico, no simbólico. Desde el punto de vista psicológico, sólo una imagen de Dios ambivalente es genuinamente monoteísta, pues en ella coexisten los opuestos moralmente contradictorios; en tanto la identificación de lo divino con el bien desecha un aspecto de la realidad númine: el mal, lo demoníaco de Tillich. Este aspecto creó su propio exponente simbólico en la figura de Satanás, o el diablo. Esto llevó a Jung a rechazar la doctrina católica de Dios como <em>Summum Bonum</em> y jamás se retractó de esta crítica. Una vez más, aquí tomó la doctrina y la definición del mal como una <em>privatio boni</em> (disminución del bien) que se deriva de ésta, literalmente y como laico, de la misma manera que lo hizo con el <em>Libro de Job</em>, interpretándolo desde la perspectiva psicológica sobre esta base. No estaba interesado ni en la exégesis teológica moderna de las doctrinas escolásticas, ni en las incursiones teológicas en la crítica textual científica de la Biblia. Para él lo esencial estaba siempre en el contenido mitológico y arquetípico de las afirmaciones religiosas. Le preocupaban los elementos aborígenes que subyacen a la creencia popular y su trasfondo psicológico. Así, no podría haber ningún acuerdo con la teología católica con respecto a la doctrina de la <em>privatio boni</em>.</p>
<p><strong>El Testamento Subjetivo de Jung</strong><br />
El reproche más común que Respuesta a Job tiene un tono sarcástico y es emocional en su lenguaje- no puede rebatirse. Hay extensos pasajes cargados de emoción, irónicos y agresivos. El propio Jung se dio cuenta de ello. En el comienzo explica su estilo como una reacción puramente subjetiva, que expresa la emoción estremecedora que provoca en nosotros el espectáculo descarnado de la brutalidad y crueldad divinas y por la cuan el Libro de Job sirve de paradigma.</p>
<p>Las raíces personales de la reacción subjetiva de Jung se retrotraen a su infancia cuando, a los doce años, experimentó el mal y lo demoníaco como una realidad sobrecogedora. Durante muchos días y noches luchó contra la obscuridad que lo inundaba hasta que logró superar el miedo. Su coraje para descubrir la verdad sobre el <em>tremendum</em> lo condujo inesperadamente a una experiencia de gracia. Asimismo, debió ser un espectador mientras su padre, clérigo, se derrumbaba debido a problemas irresueltos de la fe. Desde aquel momento el concepto cristiano de un Dios amable y amoroso ya no podría reconciliarse con los sentimientos religiosos de Jung y su propia realidad psíquica. Sin duda, en un niño tan reflexivo e introvertido como él, el hecho de que, además de su padre, ocho de sus tíos eran párrocos, inclinó la balanza hacia el costado obscuro compensatorio.</p>
<p>Sin embargo, <em>Respuesta a Job</em> debe entenderse como algo más que sólo una reacción subjetiva. Toda la obra de Jung es hasta cierto punto autobiográfica. Mi vida es lo que he hecho, mi trabajo científico; uno es inseparable del otro. El trabajo es la expresión de mi evolución interna; pues el compromiso con los contenidos del inconsciente forma al hombre y provoca sus transformaciones. Mis obras pueden considerarse como estaciones a lo largo del camino de mi vida. Como expresión de evolución interna, como estación del proceso de individuación, <em>Respuesta a Job</em> es un enfrentamiento entre el ego y el sí-mismo llevada a los límites de la resistencia; o en otras palabras, lo que más le importaba a Jung era su encuentro con la imagen judeo-cristiana de Dios. Dios es siempre específico y siempre válido localmente, de otro modo sería inefectivo. La imagen de Dios occidental es la válida para mí, ya sea que concuerde con ella o no en el plano intelectual. No me dedico a la filosofía religiosa, pero me veo esclavizado, casi aplastado y me defiendo lo mejor que puedo, escribió Jung a Erich Neumann en una carta (enero de 1952) acerca de <em>Respuesta a Job</em>. Luchó con la inmediatez de la experiencia religiosa. Su esclavitud emocional en la misma carta la llama barbárica, infantil y abismalmente no científica- constituye una expresión del sometimiento del ego ante el poder sobrecogedor del sí-mismo, que se concreta en la imagen de Dios.</p>
<p>El sarcasmo de Jung, por el cual fue ampliamente censurado, debe comprenderse a la luz de su situación psíquica: era un mecanismo de defensa contra el ataque del arquetipo, contra el Dios que lo esclavizó. Tal como escribiera a un teólogo (noviembre de 1951): El sarcasmo no es por cierto una bella cualidad, pero me veo forzado a utilizar incluso medios que me resultan reprobables para deshacerme del Padre El sarcasmo es el medio por el cual escondemos nuestros sentimientos heridos y de allí usted podrá comprobar cuánto me ha herido el conocimiento de Dios y cuánto más hubiese preferido continuar siendo un niño bajo la protección del Padre.</p>
<p>La crítica más común a Respuesta a Job es que es un ataque apasionado y cruel al Dios del Antiguo testamento, aunque desde el punto de vista psicológico constituye un intento de llegar a un acuerdo con la imagen númine del sí-mismo y su realidad estremecedora. La experiencia subjetiva no discrimina y es incapaz de hacerlo. Lo que cuenta a nivel subjetivo es la esclavitud emocional y no la diferenciación y clasificación de aquello que nos esclaviza. Para Jung, por supuesto, la realidad estremecedora se convirtió en ocasión para la reflexión objetiva y la investigación histórica y psicológica. La emoción y la consciencia científica mantenían un equilibrio precario en esta confrontación con los contenidos númines en las capas más profundas de la psique.</p>
<p>Oscilando entre el sentimiento y el pensamiento, la pasión religiosa y la objetividad científica, <em>Respuesta a Job</em> es el libro más dinámico de Jung. El factor humano es lo que más se destaca; el libro es un testamento religioso y personal.</p>
<p>Durante años Jung había evitado el enfrentamiento. Tiene una larga prehistoria que se retrotrae a sus primeros escritos. Tal como él mismo lo admitiera, era necesaria una grave enfermedad para vencer su resistencia. Durante la enfermedad surgieron a la superficie, irresistibles, los contenidos del inconsciente que lo impregnaban. Apenas recuperado, trabajó sobre ellos y escribió el libro de una sola vez. Si es verdad que existe el espíritu que lo coge a uno por el cuello, fue así como este libro se produjo, dice en una carta (julio de 1951).</p>
<p><strong>El Sufrimiento del Mundo</strong><br />
Sin embargo, Respuesta a Job no se explica únicamente como testamento personal. Pues el sí-mismo no es tan sólo una entidad individual, es un arquetipo colectivamente válido y lo mismo puede decirse cuando aparece como imagen de Dios.</p>
<p>Asimismo, el interés de Jung en él no era únicamente personal, ni siquiera histórico, sino que se dirigía también a la situación espiritual del hombre moderno. Hemos experimentado cosas tan desconocidas y asombrosas que la pregunta de si esas cosas pueden de alguna manera reconciliarse con la idea de un Dios bueno se ha vuelto el tópico del momento. Ya no es sólo un problema para los expertos en los seminarios teológicos, sino una pesadilla religiosa universal, donde incluso un lego en teología como yo puede, o quizá debe, hacer una contribución para resolverlo. Así, el elemento autobiográfico queda en un segundo plano y es desde esta posición ventajosa como debe considerarse <em>Respuesta a Job</em>.</p>
<p>Cómo puede Dios permitir estas cosas? Hay un Dios aún? Estas son algunos de los interrogantes desalentadores que surgen del indecible sufrimiento que envuelve a la humanidad. El silencio de la resignación, el hastío con la religión, el nihilismo político y filosófico, el cinismo, la indiferencia, el vacío espiritual, son reacciones típicas del sufrimiento humano. Nadie puede culparlas, aunque no brindan una respuesta a los interrogantes primordiales. Sin embargo, en la psique existe una imagen arquetípica de realidad estremecedora que contiene la respuesta. Es la imagen de Dios con su terrible dualidad. Enfrentado a esta imagen, que incluye en sí misma al mal como un <em>tremendum</em>, existe un nuevo credo, que Jung denomina eterno a diferencia del temporal: se puede amar a Dios, pero debe temérsele. Cuando el temor a Dios del Antiguo Testamento reaparece junto al amor prometido en el Nuevo, ya no precisamos quedar estupefactos ante las atrocidades que la vida y el destino nos deparan ahora y en el futuro. Los abismos y glorias de la vida, del bien y del mal, constituyen la evidencia de una realidad trascendental más allá de nuestra comprensión, aunque sus efectos se experimenten con toda intensidad y la imagen quede grabada en el alma. La psicología se refiere a ello como el sí-mismo, sinónimo de la divinidad que, refractado en el individuo, constituye la totalidad del ser y de la vida, y dispone las experiencias mutuamente antagónicas que la vida arroja a nuestro paso. Son realizaciones de la naturaleza paradójica del sí-mismo. Sin embargo, incluso el nuevo credo y la comprensión del sí-mismo no eliminarán el sufrimiento del mundo, pues el mal es uno de los misterios de la Creación que perdurará tanto como la propia vida. No existe la banalidad del mal, como cree Hannah Arendt; pero en el nadir del tormento, cuando la vida está en penumbras por el sufrimiento, el horror y toda la maldad, todavía apunta a algo más allá de sí mismo.</p>
<p>Trascendiendo la consciencia y en el origen mismo de ella, la imagen de Dios aparece en su terrible dualidad. La posibilidad de trascender, de reunir la obscuridad de la vida con su origen númine, incluso al precio de ser destrozada por el <em>tremendum</em>, puede ser el principio de la liberación interior. Job descubrió un sentido en la ruina trágica de su vida y con él, paz y redención, cuando Dios se le reveló en toda su antinomia monstruosa. Acaso Job dejará de existir alguna vez: el hombre a prueba de Dios, la víctima del mal inexplicable? Jean Améry, escritor judío y miembro de la Resistencia belga que pasó dos años en campos de concentración, incluyendo Auschwitz, y fue torturado, ofrece un relato de una experiencia que jamás creyó le sucedería: en las situaciones límite de extremo sufrimiento, el espíritu que lo había mantenido vivo y en el cual se apoyaba, se convirtió en algo absolutamente irreal. Se derrumbó al enfrentarse a la realidad. Para él y otros intelectuales en los campos, la monstruosidad de la desolación terminó de destruir su inventario filosófico, los sentimientos estéticos y artísticos mermaron hasta desaparecer, todos los intereses espirituales se tornaron en absoluta indiferencia. Qué sentido podían tener sus poemas favoritos de Hölderin en medio de la realidad espantosa de Auschwitz? El espíritu, el espíritu del filósofo y del intelectual refinado, de pronto perdía su cualidad fundamental, la trascendencia.</p>
<p>Pero algo diferente sucedía con la fe. Cuando era fe verdadera, perduraba. Los creyentes poseían algo que les ayudaba a sobrellevar cada sufrimiento, eran capaces de trascenderse a sí mismos y a la realidad, sin importar si era una creencia religiosa o metafísica o una inmanente, por ejemplo en un partido político. Según la experiencia de Améry, una fe viva no era destruida ni siquiera cuando el sufrimiento alcanzaba las profundidades más recónditas. Por el contrario, el creyente pertenece al <em>continuum</em> espiritual que no se interrumpe jamás, ni siquiera en Auschwitz.</p>
<p>Améry, un intelectual y agnóstico confeso, ni siquiera en su sufrimiento pudo declararse creyente de ninguna fe, aunque tuvo frente a sus ojos una imagen convincente de su indestructibilidad y constancia. La razón de esa incapacidad: Todo lo que se pudiera decir acerca de la bondad inagotable de Dios me parecía escandaloso.</p>
<p>Jung no escribió en primer lugar para los creyentes, los <em>beati possidentes</em> como los llamaba, los alegres poseedores de una verdad eterna. Se dirigió a aquellos que eran incapaces de creer aunque deseaban saber, aún cuando el conocimiento, por su propia naturaleza, debe detenerse ante una frontera.</p>
<p>Atrajo sobre sí numerosos ataques de sus críticos pues reconocía el esplendor y la obscuridad de lo númine, la inagotable bondad de Dios y del fuego divino de la destrucción como aspectos antinómicos de una totalidad única, y tuvo el valor de demostrar la condición paradójica del sí-mismo y las imágenes de Dios poniendo de manifiesto la existencia complementaria de un obscuro espíritu infernal junto al espíritu de la luz. No obstante, también despertó innumerables reacciones agradecidas y positivas de personas que se sintieron liberadas. A diferencia de las demás, estas reacciones por lo general provenían de gente que no pertenecía a ningún credo porque eran incapaces de creer o ya no podían hacerlo, desde gente joven hasta el hombre de la calle. Fueron éstas las que más complacieron a Jung.</p>
<p>A pesar de o quizá debido a la ambivalencia de la imagen de Dios, Jung dejó abierto el interrogante del sentido o sin sentido. La intensidad y la condición insondable del mal, reveladas en formas inconfesables por el hombre lo impulsaron tal como estableciéramos en el comienzo- a confesar a una edad avanzada: Abrigo la esperanza de que el sentido prevalecerá y ganará la batalla. Aquí la certidumbre del saber había alcanzado el punto de no retorno.</p>
<div align="right"><strong>Aniela Jaffe</strong></div>
<p>Ref.: <em>El Mito del Sentido en la obra de C. G. Jung</em>, Ed. Mirach, Madrid, 1995.</p>
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		<title>HERNAN DUVAL 1951-2012</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Apr 2012 01:56:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alcione</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pintura]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[En Mayo de 2008, Alcione publicó una biografía realizada por Gonzalo Cienfuegos a Hernán Duval, quién acaba de partir la madrugada de este Domingo 8 de Abril de 2012.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-2148" title="Duvi y Cayoya 2. 02-2005" src="http://alcione.cl/wp-content/uploads/2012/04/Duvi-y-Cayoya-2.-02-2005.jpg" alt="" width="250" height="188" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Mayo de 2008, Alcione publicó una biografía realizada por Gonzalo Cienfuegos a Hernán Duval, quién acaba de partir la madrugada de este Domingo 8 de Abril de 2012.</p>
<p>Sus múltiples intereses se ven reflejados en los artículos que escribiera en este mismo Sitio.</p>
<p>Amigo, camarada, compañero de Camino, gran buscador. Permanece en quienes le conocen.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Se inician los talleres de crecimiento personal Alcione 2012</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Mar 2012 18:00:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alcione</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actividades]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Informamos a todas las personas interesadas en un trabajo de crecimiento personal, que durante los meses de Marzo y Abril, se realizarán las inscripciones para los Talleres del presente año.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><a href="http://alcione.cl/?attachment_id=2126" rel="attachment wp-att-2126"><img class="size-full wp-image-2126 alignnone" title="pleyades16002-619x253" src="http://alcione.cl/wp-content/uploads/2012/03/pleyades16002-619x253.jpg" alt="" width="619" height="253" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Informamos a todas las personas interesadas en un trabajo de crecimiento personal, que durante los meses de Marzo y Abril, se realizarán las inscripciones para los Talleres del presente año.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Requisitos: </strong>  Entrevista personal con el instructor a cargo.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Instructores Alcione:</strong></p>
<ul>
<li>Juan Viveros,   <a href="mailto:jviveros3@yahoo.com">jviveros3@yahoo.com</a> Teléfono: 09-94343537</li>
<li>Angela Valladares , <a href="mailto:avalladaresm@hotmail.com">avalladaresm@hotmail.com</a> Teléfono:  93495594</li>
</ul>
<p style="text-align: left;"><strong>Descripción General:</strong></p>
<p style="text-align: left;">El curso de Crecimiento Personal consta de cuatro niveles de cuatro meses cada uno.    Cada mes incluye cuatro tareas, una por semana.  Se realiza un trabajo práctico de observación en grupos mixtos de 10 a 12 personas.</p>
<p style="text-align: left;">El primer nivel  y segundo nivel, están dedicados al estudio de las Emociones Negativas y a la práctica de la Observación de Sí, que es la manera de librarnos de ellas.   Por lo tanto, comenzamos explicando qué son las Emociones Negativas y qué es la Observación de Sí.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Emociones Negativas y Observación de Sí.</strong></p>
<p style="text-align: left;">Nosotros no nacemos con ellas, las copiamos de la gente mayor que nos rodea. Se alimentan de la identificación con el No-Yo; consumen toda nuestra energía nerviosa, lo que impide que podamos sentir emociones positivas. No nos queda combustible energético para sentir verdadero amor fraterno, verdadera religiosidad. Lo que llamamos amor al prójimo, amor a Dios, son sólo caricaturas.</p>
<p style="text-align: left;">Como son adquiridas, tenemos esperanza de librarnos de ellas. No estamos condenados a seguir sintiendo esa antipatía, ese odio, ese disgusto, ese aburrimiento, esa depresión, que siempre hemos sentido. No estamos obligados a reaccionar a las impresiones como hasta ahora lo hemos hecho. Podemos tener un espacio libre dentro de nosotros donde no entren emociones negativas.</p>
<p style="text-align: left;">Por encima de todas las cosas, buscamos la luz y la luz significa consciencia. Vivimos en la oscuridad debido a la falta de esa luz, que es la luz sobre nosotros mismos. Toda esta lucha con las emociones negativas tiene como meta hacer al hombre más consciente, dejar que la luz se haga en él e ilumine sus zonas oscuras.</p>
<p style="text-align: left;">Las emociones negativas son recurrentes, o sea, se repiten a ciertos intervalos. Cuando una persona tiene práctica en observarse, puede prever lo que ocurrirá más adelante y detener la aparición de una emoción negativa. “‘Esta persona siempre me irrita…” Antes que se dispare una emoción negativa, uno la detiene pensando: ”Tengo derecho a no ser negativo” o ”Es mi culpa y no la del otro si soy negativo”.</p>
<p style="text-align: left;">Para luchar contra las emociones negativas, primero debemos cambiar nuestra actitud mental hacia ellas. Debemos cesar de creerlas necesarias, hermosas, excitantes, etc. Cuando hayamos limpiado algo nuestra mente de estos conceptos errados (metanoia = cambio de mente) poco a poco podemos empezar a conocer cada una separadamente. Uno debe empezar con las más fáciles.</p>
<p style="text-align: left;">Hay personas más inclinadas hacia un grupo de emociones relacionadas entre sí y otras, hacia otro. Siempre esta preferencia tiene por base una especie de auto indulgencia: uno se permite a sí mismo algo. Algunos no se permiten el miedo, pero se permiten la ira, y los que no se permiten la ira, se permiten la autocompasión.  La gente se siente orgullosa de sus emociones negativas. No hay ninguna de ellas que no pueda ser motivo de placer, de satisfacción o de autoafirmación, y eso es lo más difícil de vivenciar.</p>
<p style="text-align: left;">Todas las emociones negativas provocan un estado de atascamiento, esa perturbación interior que nos impide pensar y que nos empuja a hacer lo que no queríamos hacer.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Observación de Sí:</strong></p>
<p style="text-align: left;">Es como una flecha de dos puntas: YO &lt;————–&gt; NO YO, y significa estar atento a un hecho externo y a uno interno a la vez. No se da espontáneamente, salvo en la niñez. Es un esfuerzo consciente, un ”darse cuenta” simultáneo: veo el hecho externo y me veo yo por dentro al mismo tiempo, tomando nota de mis reacciones frente a ese hecho.</p>
<p style="text-align: left;">Para podernos observar, tenemos que comprender que lo que llamamos YO no es de una sola pieza.   Si fuera así, sería imposible observarnos. Para efectuar un trabajo se necesita un sujeto – trabajador – y un objeto u objetos – el material sobre el cual se trabaja – Si yo fuera un Uno indivisible quién observaría a quién? El ojo no puede verse a sí mismo.</p>
<p style="text-align: left;">Tenemos que observarnos sin juzgar, sin criticar, lo más objetivamente posible, como si se observara a un extraño, como si fuéramos un detective al que se le encarga que vigile a un sospechoso y que emita un informe diario de todo lo que haga el sujeto observado. Es obvio que no le corresponde al detective calificar la conducta del sujeto, sólo informar.</p>
<p style="text-align: left;">Al principio todo está en la oscuridad, no se puede discernir nada sobre uno mismo. La observación de sí, consciente y objetiva, deja entrar un rayo de luz y así empezamos a ver confusamente. Es como entrar a una bodega a oscuras, llena de trastos, con una linterna. El haz de luz nos va mostrando de a poco: esta es una mesa, esa es una silla…</p>
<p style="text-align: left;">Esa luz creada por la observación, con la práctica se volverá gradualmente más intensa hasta que nos permita ver con claridad y fuera de toda duda aquellos rasgos negativos que están dentro de nosotros.   No debemos olvidar nunca que esa negatividad la tenemos, no somos nosotros, y es por eso que, con esfuerzo, podemos librarnos de ella.</p>
<p style="text-align: left;">Podemos tenerle antipatía a todo el mundo, si lo deseamos así, odiar a la gente y difamarla y gozar de nuestras emociones negativas. Pero en este trabajo de crecimiento aprendemos que con ello nos autodestruimos. Sencillamente, nos estamos envenenando.</p>
<p style="text-align: left;">Al comienzo de la práctica de observación, cuesta sorprendernos en el momento mismo en que sentimos una emoción negativa; porque ellas son más rápidas que el pensamiento. Pero, es posible recordarlo después, y esto nos sirve para estar sobre aviso la próxima vez. Si llegamos a la conclusión que una determinada circunstancia, o persona, nos gatilla una emoción negativa, estaremos en guardia para cuando vuelva a presentarse.</p>
<p style="text-align: left;">Cuando la autoobservación comienza a instalarse a nuestro lado, advertimos que no es un crítico, una consciencia que juzga, sino sólo percepción. A través de esa percepción vemos simplemente más. Ella no acusa, no hace comentarios valorativos, sino que se contenta meramente con mostrarnos lo que está sucediendo dentro de nosotros.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>BUSCAR Y ENCONTRAR</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Mar 2012 15:39:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fernanda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuarto Camino - Gurdjieff]]></category>

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		<description><![CDATA[1.        OBJETIVOS Y  PROPOSITOS Si en la estación yo pido un boleto, la persona que atiende me dirá: “¿Hacia dónde?”.  Si yo le respondo: “A todas partes”, él sacudirá sus hombros y me dirá que visite a un doctor.  Esta persona puede no saber que está actuando bajo la Ley de Actualización Selectiva, lo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://alcione.cl/?attachment_id=1902" rel="attachment wp-att-1902"><img class="alignleft size-full wp-image-1902" style="margin: 5px;" title="bennett01" src="http://alcione.cl/wp-content/uploads/2010/10/bennett01.jpg" alt="" width="227" height="362" /></a>1.        </strong><strong>OBJETIVOS Y  PROPOSITOS</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Si en la estación yo pido un boleto, la persona que atiende me dirá: “¿Hacia dónde?”.  Si yo le respondo: “A todas partes”, él sacudirá sus hombros y me dirá que visite a un doctor.  Esta persona puede no saber que está actuando bajo la <strong>Ley de Actualización Selectiva</strong>, lo que significa que no se pueden actualizar todas las posibilidades que están abiertas en un momento dado.  Aún, si no hacemos la selección conscientemente, algo la hará por nosotros y al final del viaje, habremos llegado a un destino y todos los otros que eran posibles al momento de la partida, serán ahora ‘podrían haber sido’.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Debemos comprender el significado de la actualización selectiva, si queremos hacer un mejor uso de nuestras posibilidades.  Cuando era joven, descubrí que tenía un don para los idiomas y aprendí una docena o más sin dificultad.  Entonces, comencé a estudiar Chino y puedo recordar vívidamente el momento cuando me quedó claro que si yo quería aprender Chino en forma apropiada, debería abandonar muchas otras cosas que yo deseaba hacer.  Yo abandoné el idioma Chino, diciéndome: “Si yo vivo hasta los cien años, nunca voy a aprender Chino”.  Alrededor de ese mismo tiempo, tuve la posibilidad de entrar en política y viajar al Este y  nuevamente tomé mi decisión, dándome cuenta que nunca llegaría a ser un Ministro de Gobierno.  En ese momento, yo había tomado la decisión que yo quería la transformación más que ninguna otra cosa y estaba preparado para abandonar otras posibilidades para lograrlo.  Había, sin embargo, mucha vaguedad y demasiada imaginación en mi actitud hacia la transformación y no fue hasta muchos años después, que yo comencé a ver por mi mismo que implicaba realmente la elección.  Cuando hice la elección,  yo estaba estudiando con P. D. Ouspensky, quien insistía en clarificar nuestro objetivo. El me destacó que no tenemos base para decidir lo que está ‘bien’ de lo que está ‘mal’ para nosotros.  Yo no puedo decirle a la persona que vende boletos, que me ha dado el boleto ‘equivocado’ a menos, que yo sepa donde quiero ir.  Aún si decimos que existe una moralidad objetiva, que hace que algunas acciones sean buenas y otras malas: Esto me afecta sólo si yo quiero ser un hombre ‘bueno’, o si quiero aparecer bueno a los ojos  de mis vecinos.  Si no tengo ningún objetivo: “Dios y el Demonio no son para tomarlos en cuenta”.</p>
<p style="text-align: justify;">Habitualmente, los principiantes en el camino a la transformación, formulan sus objetivos en términos demasiado elevados y demasiado vagos, para dar una base de elección.  Debemos tener una idea de la conexión entre metas y medios.  Si queremos tener una vejez alegre, es casi seguro que debemos estar preparados para trabajar duro.  Si queremos ser libres, tenemos que sobreponernos a nuestros gustos y aversiones.  Si queremos ser sanos, debemos mantener nuestro cuerpo bajo control.  Si deseamos adquirir un alma, debemos cultivar la unidad de propósito.  Si aspiramos a la perfección, debemos estar preparados para sacrificar ‘todo lo que esté en el camino’, incluyendo a nosotros mismos.  Es mucho mejor elegir un objetivo que podamos comprender y del cual estemos seguros que uno que no sea más que una esperanza piadosa.</p>
<p style="text-align: justify;">La formulación de un objetivo es la primera prueba de sinceridad.  Yo he citado el ejemplo de la señora que deseaba ser libre de ella misma pero que no podía sacrificar una taza de té. Nosotros constantemente nos mentimos acerca de lo que realmente queremos: Pero es inútil torturarse a uno mismo con auto – acusaciones.  Si no podemos ser sinceros y deseamos serlo, sólo podemos decir que esto es un objetivo a ser alcanzado en el futuro.  No podemos ser sinceros ‘a medida’.</p>
<p style="text-align: justify;">No obstante, debemos estar claros en cuanto a lo que realmente queremos y tratar de decidir si estamos preparados para pagar el precio.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>2.    LINEAS DE TRABAJO</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Mucha gente imagina que su meta (objetivo) en la vida es ‘ayudar a la humanidad’ o ‘hacer la Voluntad de Dios’.  Como ellos no pueden saber qué es lo que necesita la humanidad y cuál es la Voluntad de Dios, estos objetivos son lo suficientemente seguros; pero habitualmente están impregnados de auto – engaño.  Gurdjieff dijo: “Si Ud. desea ser un buen altruista, Ud. debe aprender primero a ser un buen egoísta.”  Si queremos ayudar a los demás, primero que todo debemos aprender a ayudarnos a nosotros mismos.  La verdad es que la naturaleza humana está construida de tal manera que ni el egoísmo ni el altruismo se pueden lograr separadamente.  Nosotros de los demás y ellos necesitan de nosotros.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta no es la historia completa.  Nosotros podemos no saber qué significa ‘la Voluntad de Dios’; pero podemos estar bastante seguros que la humanidad existe para servir a algún propósito y que no llegaremos muy lejos, si ignoramos nuestro propio lugar en ‘esquema de las cosas’.  Así como el egoísmo es limitado en su ámbito, también lo es el perseguir un objetivo estrecho y sectario que aislaría a un grupo del resto de la humanidad.  Esto no es obvio en lo absoluto, ni tampoco aceptable para todos, pero si partimos con la esperanza de transformación, debemos suponer que existe un Gran Propósito en nuestra existencia.  De otra manera, la transformación no tendría significado.</p>
<p style="text-align: justify;">De tales consideraciones, podemos llegar a la conclusión que una meta objetivamente válida en la vida, debe combinar tres objetivos distintos:</p>
<p style="text-align: justify;">
<ol style="text-align: justify;">
<li>Perfeccionarnos hasta donde sea posible.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">
<ol style="text-align: justify;">
<li>Ayudar a los demás.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">
<ol style="text-align: justify;">
<li>Servir el propósito de nuestra existencia.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Gurdjieff llamaba a los objetivos anteriores, ‘Tres Líneas de Trabajo’.  Yo no sé de dónde se originó el esquema, pero durante los ‘cuarenta y tantos’ años en que yo la escuché por primera vez, yo he crecido más y más, en el convencimiento que es la única base sólida para la planificación de nuestra vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Es interesante comparar este esquema con las ‘Tres Disciplinas’ de Shivapuri Baba, que juntas forman o constituyen lo que él llamó <strong>Swadharma</strong> o el Correcto Vivir.</p>
<p style="text-align: justify;">
<ol style="text-align: justify;">
<li>Disciplina Corporal.  Cuidado del cuerpo.  El deber hacia uno mismo, hacia nuestra familia y hacia la sociedad a la que uno pertenece.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">
<ol style="text-align: justify;">
<li>Disciplina Moral.  Práctica de las virtudes inculcadas en el <em>Bhagavad Gita. </em>  Liberarse a uno mismo de la esclavitud del gusto y la aversión.  El fortalecimiento y la purificación de la mente.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">
<ol style="text-align: justify;">
<li>Disciplina Espiritual.  La búsqueda de la Verdad o Dios.  Meditación de la Realidad Última.  Abandono de todos los apegos.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">En este esquema, la  ayuda a los demás y el servicio, ocupan un lugar menor.  “¡Piensen solamente en Dios!  Saquen todo otro pensamiento de su mente”, era el gran precepto del hombre viejo.  Pienso que cuando comparamos con las tres líneas de Gurdjieff, vemos que Oriente y Occidente difieren en su actitud hacia el objetivo de su existencia.  El Oriente ve la vida como un mal del cual debemos buscar la liberación.  Occidente ve la vida como un campo en cual debemos buscar la plenitud.  La contradicción es fuerte, pero no es consecuencia que uno sea válido y que otro sea erróneo.  Existe una diferencia muy pequeña, en la selección de posibilidades, que se pueden hacer de acuerdo con el esquema que uno adopta.</p>
<p style="text-align: justify;">No es la filosofía de la vida de uno la que importa, sino la forma que uno lleva a la práctica esa filosofía.  Una filosofía de egoísmo puro, que se siga en forma consistente e inteligente, nos llevaría a darnos cuenta que el bien de nosotros es inseparable de  aquel de otros y que ni nosotros ni nuestros vecinos podemos encontrar una felicidad duradera que no esté en armonía con el propósito de la existencia.  En el otro extremo, ‘la búsqueda de sólo Dios’, nos va a conducir al descubrimiento que Dios se encuentra en nosotros y nuestros vecinos  &#8212; no ‘en una suerte’ de <strong>Nirvana</strong> abstracto de la mente.</p>
<p style="text-align: justify;">Nosotros, los hombres, estamos dotados de una cantidad limitada de <strong>creatividad libre.</strong>  Debemos servir a un Gran Propósito pero podemos hacerlo, en parte, a través de una auto – plenitud.  Podemos elegir una tarea para cumplir en la vida y una vez que la hemos realizado, tratarla como una obligación sagrada.  Se convierte para nosotros en un test de lo correcto y lo erróneo.  Lo que nos ayude a cumplir nuestra tarea, está bien y lo que la perjudica, está mal.  El Shivapuri Baba llamaba a esto el ‘deber de elección’, es decir, el deber que nos imponemos a nosotros mismos por nuestra propia elección.  Gurdjieff lo llamaba un ‘antojo’ y dijo que su antojo era llevar a los hombres a una nueva comprensión de Dios.  Orage dijo que su antojo era editar (imprimir) la mejor revista literaria de Londres.  Mi antojo es demostrar que es factible llevar todas las experiencias humanas posibles dentro de ‘un esquema consistente’ y yo he intentado esto en <em>El Universo Dramático</em>.  No importa que ‘nos quedemos cortos’ miserablemente en nuestra ambición:  El punto es que tales objetivos o antojos puedan ser consistentes con el esquema tripartita.  Incluso, es posible que un objetivo personal sea una necesidad, sin la cual ‘Las Tres Líneas de Trabajo’ no tomarán forma como un estilo de vida.  El ‘deber de elección’ puede ser simplemente aquel de ser una buena esposa, un buen padre o ser ‘un crédito para nuestra profesión’.  Todo lo que se requiere es que seamos realistas y que lo tomemos con la más absoluta seriedad, como una ‘obligación sagrada’.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>3.    ETAPAS DE LA TRANSFORMACION</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Uno de los aforismos inscritos en la Casa de Estudio del Instituto Gurdjieff para el Desarrollo Armonioso del Hombre era: “Sólo podemos crear condiciones para trabajo, no podemos hacer su trabajo por Ud.”  No era para menospreciar la importancia de las condiciones, sino para darle énfasis a la diferencia entre lo que los demás pueden hacer por nosotros y lo que nosotros debemos hacer por nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: justify;">Nosotros ni siquiera podríamos comenzar si no hubiera evidencias en todo nuestro entorno que gente, antes que nosotros, ha buscado y encontrado formas de auto – perfección y así, han dejado para nosotros la <strong>imagen </strong>del Hombre Perfecto.  Nosotros no somos atraídos por principios morales abstractos, sino por un <strong>Ideal</strong>, como se encarna en héroes y santos de tiempos pasados.  De ellos, las reglas morales derivan su autoridad y no al revés.  Nosotros que somos Cristianos aceptamos la ética Cristiana, no porque sea lógica o científica, o porque se haya demostrado que funcione bien en la práctica  &#8211;  de hecho, muchos podrían afirmar que la ética Cristiana ha sido un terrible fracaso  &#8211;  sino porque lo vemos ejemplificado en la vida y hechos de Jesucristo, sus apóstoles y santos que Lo siguieron.  En la misma forma, los Musulmanes, que están bien conscientes de la ética del <strong>Corán (Qur’an)</strong> no se aplica en las condiciones de la vida moderna, están dispuestos a aceptar a Mahoma  como el Hombre Perfecto  &#8211;  <strong>Insan-i Kamil.</strong>  Los Budistas ven al Hombre Perfecto en Gotama Buddha; los Judíos, en Abraham y Moisés; los Parsees en Zoroastro y los Hindúes en Rama o Krishna.</p>
<p style="text-align: justify;">Estas figuras son lo que Gurdjieff  llamaba <strong>‘Sagradas Imágenes’.  </strong>En torno a cada una de ellas, vemos una doctrina revelada y una forma de vida.  Lo que no vemos es que cada uno de ellos es una Fuente, de la cual fluye un torrente de altas energías que hacen posible la transformación para sus seguidores. Todos los hombres están influidos por estas energías, aún si han rechazado las Sagradas Imágenes de las cuales fluyen, y de ésta forma, el potencial interno para la transformación que existe en todo hombre se forma o toma forma en sus mentes.  Este es el Ideal que llama a cada uno de nosotros, y si la imagen del Hombre Ideal nos urge a responder, nos encontraremos embarcados en el camino a la transformación.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto no es necesario que ocurra conscientemente. En un principio, es seguro que exista mucha fantasía y auto – engaño pero si miramos cuidadosamente, es siempre la atracción del Ideal el que le ha dado una dirección a nuestras vidas.</p>
<p style="text-align: justify;"> El paso siguiente es la transición de una <strong>condición </strong>general a un <strong>camino</strong> específico y particular.  Nosotros leemos o escuchamos acerca de un método.  Estamos impresionados por una persona o un grupo de personas a la que podamos conocer.  Encontramos una serie de condiciones que hacen posible para nosotros el aprender, luchar y recibir ayuda.  Nos enfrentamos a la elección entre seguir el camino que se nos ha abierto y mantenernos en la forma de vida en la cual hemos sido criados.  Esto puede involucrar  lucha y sacrificio.  No estamos lo suficientemente cerca del canal de transmisión de conocimiento y de ayuda para ser capaces de hacer uso pleno de nuestra capacidad de esfuerzo.</p>
<p style="text-align: justify;">Muchas personas se quedan ‘pegadas’ (estancadas) en esta etapa porque les falta la discriminación para distinguir entre enseñanza auténtica y métodos artificiales y poco realistas.  Se requiere valentía (coraje), así como discriminación, ‘empujar’ la búsqueda hacia adelante porque va a significar sacrificio de un tipo no acostumbrado.  Por ejemplo, puede requerir de nosotros, reconocer que hemos cometido un error y estemos dispuestos a buscar de nuevo, separándonos a nosotros de otros que no pueden comprender la causa de nuestra insatisfacción y lo van a asignar a la impaciencia, celos u orgullo herido.  La imagen del Ideal tiene que ser muy fuerte y clara si hemos de tomar el paso siguiente.</p>
<p style="text-align: justify;">Si persistimos, nos podemos encontrar en un nuevo conjunto de condiciones, donde el patrón de oportunidades corresponde al patrón de nuestra propia naturaleza.  La acción se vuelve ahora más específica e incluso más fructífera.  Podemos estar convencidos que hemos ‘encontrado nuestro camino’ y que todo lo que necesitamos es persistir lealmente en la senda que hemos seleccionado.  Hay todavía trampas (escollos) que no son fáciles de reconocer y evitar.  De mi propia experiencia, yo podría decir que los riesgos en esta etapa son, principalmente, los siguientes:</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<ol style="text-align: justify;">
<li>Demasiada dependencia en una persona, antes que se establezca la verdadera relación maestro &#8211; discípulo.  Esta relación pertenece a la etapa siguiente, pero demasiado a menudo, quien realiza la búsqueda imagina que no solo ha encontrado a su ‘verdadero’ maestro, sino que también ha sido aceptado como un discípulo.  La verdad es que, en la etapa de las enseñanzas generales  &#8211;  la etapa <strong>exotérica, </strong>como se la llama a veces  &#8211;  no existe una responsabilidad personal ni hacia el maestro ni hacia quienes realizan la búsqueda.</li>
<li>Métodos que son demasiado limitados en su alcance y, a la vez, aplicados con demasiada rigidez.  El fracaso en comprender que ninguna técnica es de una validez universal y que los resultados que den, van a depender de la etapa que ha alcanzado la persona que realiza la búsqueda y lo apropiado de las condiciones.  Un método puede, por un tiempo dado, dar resultados alentadores, incluso asombrosos y hacer surgir la convicción en la mente de la persona que realiza la búsqueda que es el único y correcto método para él.  Después de un tiempo, dejará de dar resultados y quien realiza la búsqueda frecuentemente va ha ser informado que ésta es su propia culpa  &#8211;  porque no se ha esforzado lo suficiente o porque ha hecho fracasar su trabajo por una falta de lealtad y persistencia.  El puede reconocer la considerable verdad en tales admoniciones y, sin embargo, ‘fallar en ver’ que él <strong>no puede </strong>intentar más esforzadamente y que las dudas que se le ha dicho que suprima, son consecuencias legítimas de su propia discriminación.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">
<ol style="text-align: justify;">
<li>La inhabilidad o la falta de voluntad o la falta de voluntad que está bloqueando el camino.  Esto puede ir desde el sacrificio material de posesiones hasta los más sutiles sacrificios de auto – voluntad o de auto – amor.  Si la primera etapa se ha desarrollado normalmente, la persona que realiza la búsqueda va adquirir suficiente profundidad de visión, dentro de su propia naturaleza y debilidades, para reconocer sus apegos y comprender por qué es necesario un sacrificio.  Este riesgo surge cuando ‘el buscador’ ha encontrado el camino apropiado para él y aparece ante él  la posibilidad de forjar ante él el lazo alumno – maestro y aún él no puede dar el paso mismo que permitirá al maestro ayudarlo.  El maestro, frecuentemente, está obligado a aparecer como exigiendo algo que no es razonable o estar perdiendo interés en quien realiza la búsqueda.   La desilusión y resentimiento pueden segar ‘al buscador’ a la oportunidad que está delante de él.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">Es característico este ‘al revés’ del camino a la transformación, que cuando quien realiza la búsqueda está listo para culparse a sí mismo y se siente obligado a persistir, a pesar del fracaso, él, probablemente, debería cambiarse a un nuevo entorno; mientras que, cuando él siente que la culpa está en el maestro y que él no está siendo bien entendido, es recomendable que él debería sacrificar sus propios sentimientos y someterse, sin ninguna reserva, a lo que se requiere de él.</p>
<p style="text-align: justify;">La cuarta etapa es, creo yo, marcada principalmente por <strong>el tipo de ayuda</strong> que puede recibir ‘el buscador’.  Para comprender esto, debemos volver al concepto de una <strong>Fuente.  </strong>La energía puede fluir de una fuente, pero debe tener un canal o ésta será disipada y perdida.    Los  canales para las energías psíquicas son las personas.  Tales personas son correctamente llamados <strong>Iniciados.  </strong>  Ellos no son, necesariamente, hombres o mujeres perfeccionados y pueden cometer errores, e incluso, extraviar su camino; pero,  porque han permitido que les ocurra una acción específica, ellos se han convertido ‘en canales’ para transmitir energías superiores que pueden ayudar a la transformación de otros.</p>
<p style="text-align: justify;">Existen docenas de formas en las cuales pueden operar los canales de transmisión.  Yo he conocido varias y cada una es distinta.  Esta es una de las características de la cuarta etapa: Ya no hay un patrón estereotipado reconocible.  Todo está hermosamente ordenado y efectivo, pero <strong>es siempre específico a un momento dado, a un lugar determinado y a una serie de circunstancias.  </strong>Cuando éstas cambian, el patrón se disuelve.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Yo les voy a describir un ejemplo inocuo.  En una oportunidad, viajando por el Noroeste de Persia, encontramos con una Comunidad Sufi, de la Orden Jellali, cuyo centro principal está ubicado en Turkestán.  Fuimos bienvenidos y yo no podía dudar que ellos poseían la auténtica cualidad de un ‘canal’ de transmisión y estaban abocados a una tarea específica.  Las circunstancias evitaron que nos quedáramos el suficiente tiempo como para hacer un verdadero contacto, pero en años posteriores, varios de mis amigos, a quienes yo les había contado del encuentro, trataron de ubicarlos nuevamente, pero ellos había desaparecido sin dejar huella.  Con el transcurrir del tiempo, supe que la Comunidad Sufi estaba conectada con una hermandad, muy ampliamente extendida en el Medio Oriente, en la cual, inesperadamente, comencé a interesarme y de quienes yo recibí una ayuda muy valiosa.</p>
<p style="text-align: justify;">Un punto de la historia, es que tales oportunidades están disponibles en un momento en dado y en un lugar en particular y deben tomados en la forma peculiar requerida.  Una vez que ha pasado el momento, la puerta se cierra o más bien, deja de existir.  Un segundo punto es que para reconocer la oportunidad, uno tiene que haber alcanzado la etapa del  propio despertar, en la cual la ayuda puede ser dada.  Estos no son principios teóricos o abstractos: Yo he visto, una y otra vez, cuan cerca la gente ha estado de un maravilloso paso hacia adelante y ha desperdiciado su oportunidad. A menudo, estas mismas personas han estado convencidas de  estar listas para hacer cualquier ‘sacrificio razonable’, para realizar un real paso adelante y, no obstante, <strong>no podían ‘ver’</strong> que lo que se requería de ellos era, no solamente razonable, sino también obviamente necesario para su propio bien.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto no quiere decir que las exigencias que se nos hacen cuando entramos a la cuarta etapa sean fáciles de prever o de prepararse.  Por el contrario, siempre son inesperadas e incluso contrarios a lo que nos enseñaron a buscar.  En el Capítulo 2, me referí a La Ley de Riesgo (Law of Hazard).  Nuestra ‘comprensión’ común nos dice que el riesgo es algo a ser evitado por el cuidado y la previsión.  <strong>En realidad es superado únicamente si la persona toma más riesgos.</strong>  Muy pocas veces la ayuda consiste en hacer las cosas más fáciles sino más bien, en crear lo que parecen dificultades gratuitas e incluso absurdas.  Nosotros nos apoyamos en una ‘muleta’, la cual se nos quita para obligarnos a caminar.  Ponemos nuestra confianza en una persona, la que nos traiciona (delata), para enseñarnos a confiar en nosotros mismos.  Hemos ‘probado y demostrado para nosotros’ que algún método o técnica es confiable y nos ayuda a progresar: Se nos ha dicho que este es un impedimento que debe ser desechado.  Si en cada caso, encontramos la respuesta adecuada, descubrimos que una exigencia ‘no razonable’ era precisamente la forma correcta para proporcionarnos ayuda.  Lo anterior no es difícil de comprender una vez que uno ha visto la operación de las leyes de riesgo.  Solamente la interacción de procesos en conflicto, puede romper el círculo vicioso de repetir lo que ya no está cumpliendo ningún propósito.  En la cuarta etapa todo es nuevo, no ensayado y la ‘creación de condiciones’ es un arte especial que nadie puede dominar, sin la ayuda de una energía muy alta.</p>
<p style="text-align: justify;">No intentaré describir ninguna de las etapas posteriores, porque una vez que se ha pasado la cuarta, el proceso es completamente individual y no hay ningún relato general que tenga algún valor.    He sido muy afortunado en conocer a varios hombres y mujeres que han ido más allá de la cuarta etapa de transformación y he visto que ellos son completamente diferentes.  La gente común es más o menos parecida.  Incluso aquellos que han alcanzado la cuarta etapa, están dentro de distintas categorías o tipos que, aunque son relativamente pocos en número, permiten algún grado de generalización.  Por esta razón, las ‘escuelas’ de cuarto grado seleccionan a sus alumnos para permitir la combinación de tipologías más efectiva.  Más allá de esta etapa, no se aplica ninguna de las reglas anteriores.  Mientras más avanza la persona hacia la perfección, más se vuelve <strong>el mismo </strong>&#8211;  único e individual.  Tiene una tarea a cumplir, que él y solamente él tiene las cualidades necesarias para llevar a cabo.  Si tal persona se hace conocido como Santo o Sabio, su unicidad se pasa por alto, y son recordados como imágenes idealizadas que conforman patrones que la gente común reconocer y emular (imitar).  Nadie más cercano a ellos puede saber, quién o qué realmente era.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>4.    GUIA  Y  PROGRESO</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Todos queremos mejorar de alguna forma u otra: Aún si el ‘progreso’ (progreso interno) no llega a ser una transformación, como ya les he descrito.  Todos, en consecuencia, necesitamos conocimiento y tal vez, ayuda y consejos.  Podemos esperar obtener la ayuda de libros o escuchando charlas pero, cuando se trata, de ayuda y guía, necesitamos una persona real.  ¿Qué tipo de persona es más probable que sea un experto(a) en lo que queremos aprender y cómo hemos de encontrarlo(a)?</p>
<p style="text-align: justify;">Conoceremos varios grados de pericia entre psicólogos profesionales y también entre teólogos y filósofos, pero supongo que buscamos algo que ninguno de los profesionales que mencioné, nos dé.  Queremos un experto en los métodos de auto desarrollo y transformación.  Si viviéramos en Oriente, podríamos encontrar Gurus Hindúes, Sheikhs Musulmanes o Bhikkus  Budistas;  pero también sabemos que la gran mayoría de ellos tienen un repertorio muy limitado y cumplen, más o menos, la misma función que los curas párrocos de siglos pasados en Europa.  Algunos vienen a Occidente, con un prestigio de santidad, sabiduría o poderes mágicos y adquieren una correspondiente cantidad de seguidores pero, ¿Cómo hemos de saber si ellos nos van a dar lo que necesitamos?</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿</strong>Qué <strong>necesitamos?</strong> <strong> </strong>Supongamos que hemos leído varios libros y estamos lo suficientemente interesados como para haber probado algún método descrito o practicado alguna forma de meditación recomendada en alguno de estos libros.  Esto, casi con total seguridad, nos ha llevado al punto de percatarnos que algo falta.  Hemos hecho un buen comienzo y después nos hemos quedado ‘pegados’.  Habiendo escrito una cantidad de libros en estos temas yo mismo y siendo conocido como ‘un pupilo de Gurdjieff’, ‘un miembro de Subud’, ‘un devoto de Shivapuri Baba’ o ‘un seguidor del Sufismo’, yo recibo cartas de todo el mundo de gente que, en su mayor parte, quieren que yo les diga cómo encontrar un maestro o la forma para ser iniciados en algunos de estos caminos.  De alguna forma, este libro es una respuesta general a tales cartas y a  otras que nunca llegaron a ser escritas.</p>
<p style="text-align: justify;">El primer consejo que yo le daría a cualquiera es que se pregunte a sí mismo, qué es lo que realmente busca.  Si desea que alguien más tome sus decisiones por él y que le alivie de esta responsabilidad, él debe buscar un profesional en tales materias  &#8211;  un psicólogo o un sacerdote  &#8211;  de acuerdo a su preferencia, por consejos de índole científica o religiosa.  Sería poco astuto, acudir a una persona no calificada y no sujeta a un código de conducta especificado por un cuerpo profesional o por una iglesia.  Hay demasiados hombres y mujeres sin una experiencia real o una comprensión de la gravedad de tomar de decisiones para o por otros. El verdadero maestro o guía espiritual, se preocupa de ayudar a otros a aprender a tomar sus propias decisiones y aceptar sus propias responsabilidades.</p>
<p style="text-align: justify;">Si el maestro ‘propuesto, dice representar una tradición o una doctrina, entonces, esto debería ser estudiado.  Si dicho profesor o maestro, quita responsabilidad y pide una aceptación ciega o confianza en una persona entonces, yo aconsejaría fuertemente  ’al buscador’ que tenga cuidado.  Solamente la gente fuerte,  con un sentido de discriminación bien desarrollado, puede tomar riesgos de este tipo.  Recuerde que Ud. está todavía en la primera etapa: Ud. no tiene la suficiente la suficiente experiencia para adquirir ningún tipo de compromiso.  Ud. no se conoce a sí mismo o sus verdaderas necesidades y tiene muy poco para guiarle en decidir que grupo de personas en particular o un grupo de gente, puede ayudarle.  Si Ud. prueba algo, prométase a si mismo que no será por un lapso superior a seis meses.  Este es el tiempo suficiente para que Ud. se forme algún tipo de opinión.  Puede que se le exija un período probatorio.  No ponga reparos ante esto: Por el contrario, recíbalo buenamente como una forma de encontrar todo lo que Ud. quiera sin haber adquirido un compromiso.  No desperdicie un momento.  Frecuentemente, he visto gente que trata el período probatorio como una pérdida de tiempo y que no piensan en sí mismos como que han ‘comenzado’ hasta que concluyen el proceso.</p>
<p style="text-align: justify;">Aún si no se le exige un período probatorio, ‘el buscador’ mismo debería fijarlo.  Yo he sugerido seis meses.  Existe una razón fundamental para fijar un tiempo limitado para cualquier operación: Está relacionada (conectada) con la Ley de Riesgo.  Cualquier proceso ‘atemporal’, perderá su dirección, a menos que esté conscientemente regulado.  Un período definido asegura la introducción de un  factor independiente: a saber, una nueva (fresca) decisión.  Esta debe ser, en la medida que Uds. sean capaces, <strong>una decisión verdadera.</strong>  Uds. deben comprender que son libres y están tomando una decisión en forma libre.  Si deciden no comprometerse más, ‘corten del todo’ y prueben nuevamente en algún otro lugar: La experiencia será de gran valor.</p>
<p style="text-align: justify;">La seriedad de tales actos libres de elección, no se aprecia lo suficientemente en nuestro mundo moderno, cuando vivimos en medio de condicionamientos  y el propósito mismo de nuestra sociedad parece ser sacar (remover) de las personas la responsabilidad para su vida y sus actos.  <strong>El camino a la transformación debe ser lo opuesto exacto de esto.  </strong>Adonde sea que nos conduzca, debe convertirnos en individuos libres y responsables, capaces de dirigir nuestras propias vidas, de acuerdo con el bien objetivo máximo.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando el momento de compromiso  &#8211;  todavía provisional y limitado en tiempo  &#8211;  realmente llega y nosotros vamos a aceptar a una persona o un grupo de personas para que nos guíe:  ¿Qué debemos buscar?  No debemos esperar un hombre perfeccionado, totalmente ‘iluminado’ y absolutamente desinteresado.  Tales personas tienen tareas más serias que enseñarles a los principiantes.  Más aún, de acuerdo a mi creencia, incluso el más alto y más perfecto Guía o Maestro es falible:  El universo completo existente está ‘impregnado de lado a lado’ con riesgo e incertidumbre. Debemos mantenernos firme a este principio o nos meteremos en problemas, al esperar de una persona que puede ser manifiestamente superior en sabiduría, poder y bondad, un grado de infalibilidad en juicio y acción que es contrario a la ley universal de riesgo.  En otras palabras, debemos recordar ‘a toda costa’, admitir un margen para los errores y las limitaciones que estamos seguros de encontrar en nuestros maestros.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto pareciera contradecir el principio que uno debe confiar en su maestro y estar preparado para hacer cualquier cosa que él nos pida.  Este principio está relacionado con el sacrificio y con la ayuda: No es una ley universal.  Debemos estar preparados a sacrificar nuestra auto – voluntad y aprender a ‘permitirnos’ ser ayudados.  Debemos hacer lo anterior sin reserva, pero sin embargo, con los ojos abiertos.</p>
<p style="text-align: justify;">En la segunda etapa, debemos estar satisfechos si podemos aprender métodos que son útiles para nosotros y que están puestos en circunstancias que nos ayudan a saber más acerca de nosotros mismos.  Aún esto requiere un grado de compromiso que puede ser difícil de aceptar.  Nosotros estamos demasiado acostumbrados a permitir que seamos empujados de un lado al otro y nunca decidir someternos voluntariamente a disciplinas, con el propósito de ganar fuerza.</p>
<p style="text-align: justify;">Es muy importante recordar que <strong>el tiempo es medido.</strong>  La segunda etapa no nos debe tomar mucho tiempo.  Demasiada gente está contenta con el hecho de continuar aprendiendo las mismas cosas o usar las mismas técnicas, mucho después que estas ya han cumplido su propósito.  En mi opinión, tres años es lo máximo que una persona debería permitir para esta etapa.  Si encontramos que no hemos llegado a una acción muy específica y personal en este período, hay algo que está mal.  Ya sea que hemos estado demasiado pasivos o el entorno no es el apropiado para nosotros.    Puede ser muy agradable y estimulante: Podemos haber hecho buenos amigos y sentir que estamos realizando un trabajo útil.  Ninguna de estas cosas nos conducirá a la tercera etapa, sólo los cuatro factores: El aprendizaje, la lucha, el sacrificio y la ayuda están inequívocamente funcionando.</p>
<p style="text-align: justify;">Desafortunadamente, rara vez podemos encontrar, en el momento preciso, las condiciones adecuadas, para dar un paso adelante.  Podemos estar obligados a esperar; pero no debemos quedarnos estancados. La responsabilidad es propia y de nadie más.  No podemos esperar del maestro o del grupo lo que ellos no son competentes para dar.  Ellos pueden creer, muy sinceramente, que los métodos que ellos transmiten proveen todo lo que requiere y, no obstante, todo puede estar moviéndose en ‘circulo’, sin conducir a ninguna parte.  Yo he visto tanto de esto que puedo escribir sobre ello con sentimiento.  La ilusión de progreso es creada por la realidad de la lucha.  Al alumno se le hace trabajar duro en tareas imposibles y siente satisfacción debido a la energía consciente involucrada en la lucha.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro tipo de auto – engaño viene del aprendizaje.  Existen grupos que se dedican al estudio de temas esotéricos, recurriendo a los casi ilimitados recursos de las diversas tradiciones.  Tales estudios son útiles sólo en la medida en que ellos abren canales en la mente y permiten desarrollar nuevas formas de comunicación.  Si no se entiende esto, el estudio se vuelve un fin en sí mismo y aquellos que están dedicados a él ‘dan vueltas y vueltas en círculo’, sin llegar a ninguna parte y aún así, convencidos que ese aprendizaje les dará poder.</p>
<p style="text-align: justify;">Una tercera trampa está conectada con la iniciación.  En este momento, hay en mundo muchos grupos y hermandades que poseen el secreto de la iniciación;  es decir, de la transmisión de ayuda a través del contacto, alguna ceremonia o ritual.  Uno puede ser, como Subud, contacto con una de las Energías Universales.  Otro, como el Movimiento de Regeneración Espiritual, puede usar <strong>mantras </strong>especiales o frases para repetición.  Yo me refiero aquí a acciones que yo creo son perfectamente genuinas y benéficas y no a ninguna de las iniciaciones mágicas más dudosas, que involucran el secreto y frecuentemente, contacto sexual.  Los sistemas de iniciación genuinos son necesariamente restringidos en ámbito.  Ellos en sí mismos, no transmiten un conocimiento ni proveen la organización de una lucha.  A menudo, ellos repudian la sola idea de sacrificio como innecesario para aquellos que han recibido la iniciación.  El resultado, nuevamente, es que la acción comienza a repetirse a si misma produciendo la ilusión de progreso porque aquellos que la practican en forma honesta, se sienten mejor por ello y pueden observar una mejoría en salud, estabilidad emocional o la desaparición de defectos.  Lo que ellos no notan es que no hay una transformación real, excepto por aquellos pocos que encuentran la forma de combinar lucha y sacrificio, dentro del marco de la iniciación particular que ellos han elegido.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, existen movimientos (grupos – hermandades) casi exclusivamente basados en el sacrificio.  El líder de uno, por ejemplo, diciendo ser una encarnación de Deidad, requiere de sus seguidores el sacrificio completo de posesiones y la devoción completa hacia su persona.  Esto también puede absorber tanto el interés de los devotos,  que ellos no observan que se han vuelto dependientes en la relación con el maestro y, ya que esto no puede progresar, ellos tampoco pueden avanzar.</p>
<p style="text-align: justify;">El punto es que todos estos movimientos pueden ser buenos y honorables.  Los métodos y técnicas son genuinos y efectivos.  Cada uno atrae a cierto tipo de persona que responde a ese enfoque en particular.  Pero el problema es que tienden a ‘fijar a la gente en sus propias características’, en vez de permitirles liberarse de ellos mismos.  Son útiles por un tiempo  &#8211;  es por esta razón que he sugerido un tiempo límite de tres años.  Se produce una terrible pérdida de potencial  porque decenas de miles de hombres y mujeres excelentes, en todo el mundo, están ‘amarrados’ a grupos y movimientos de los cuales reciben un beneficio real al comienzo, pero los cuales, producto de lealtad mal entendida o tal vez simple ignorancia de las leyes de transformación, continúan años después que el proceso de transformación ha llegado a su fin.</p>
<p style="text-align: justify;">Es obvio que se requiere un distinto tipo de conocimiento experto y destreza para permitir la transición de una etapa a otra.  El <strong>guía </strong>que puede crear la situación necesaria para la transformación personal de la cuarta etapa, debe ser, en todo caso, más versátil que el <strong>maestro </strong>que puede producir las condiciones para la tercera etapa.  En un sentido, la demanda crea la oferta.  Existen épocas  &#8211;  y la actual es una de ellas, cuando el mundo necesita gente ‘transformada’ más abundantemente  que lo usual y en tales momentos, <strong>guías </strong>o ‘maestros más elevados’, son enviados desde los centros que los pueden preparar.  Pero también debe existir una demanda de parte de aquellos capaces de ser ayudados.  No es asunto de un guía el convencer a las personas que lo necesitan: Esta necesidad la deben descubrir por sí mismos.  Sólo en esta forma pueden estar preparados para asumir los compromisos que se requiere en las etapas cuartas y posteriores.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta ahora, yo me he referido solamente a maestros y guías que están directamente involucrados en transmitir enseñanza y ayuda.  También hay lo que yo podría llamar ‘Directores Espirituales’, que no enseñan, ni dirigen grupos lideran movimientos.  Son hombres sabios, con experiencia y santos que son canales para la transmisión de la<strong> Energía Unitiva</strong> (E2) y pueden, por ende, hacer una inmensa cantidad de bien en el mundo, generalmente sin ser reconocidos por lo que realmente son.  Yo he conocido dos o tres de tales hombres en mi vida y la deuda que tengo con ellos es inmensa.  Sin embargo, nunca he estado conectado con ellos como un alumno con su profesor o he ‘pertenecido’ al orden espiritual del cual ellos eran miembros.</p>
<p style="text-align: justify;">Al buscar el patrón de nuestras vidas, debemos tomar en cuenta la extrema complejidad de la sociedad invisible de gente ‘transformada’ y personas en proceso de transformación.</p>
<p style="text-align: justify;"> A estos  <strong>(*)  </strong> los he llamado Grupos <strong>Psicoteleios y Psicokinéticos.  </strong>Hay muchos <strong>caminos, </strong>buenos y legítimos, que forman parte de esta compleja estructura.  Frecuentemente, los miembros e inclusive los líderes, de los diversos grupos no saben cuan necesarios son todos ellos.  Existen celos estúpidos que parecen ser la causa de un gran desperdicio y esfuerzo.  En realidad, las tensiones y conflictos son medios necesarios para superar La Ley de Riesgo.  Cualquier cosa, demasiado bien y excesivamente bien organizada, siembra la semilla de su propia destrucción.  Existe una sabiduría ‘muy elevada’, que sabe cómo usar el caos para la creación y como sacar la armonía de un conflicto.  Debemos tener cuidado de no criticar aquello que no nos es posible comprender.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras más nos movemos por el camino de la transformación, más evidente se hace que nuestra pequeña sabiduría y nuestra ciencia moderna, están muy lejos de  ser capaces de comprender cómo la historia humana está siendo dirigida.  No obstante, todos tenemos nuestro lugar en ella y nunca deberíamos estar satisfechos hasta haberla encontrado &#8211;  y <strong>saber </strong>que la hemos encontrado.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>(*)    En <em>El Universo Dramático, </em>Volumen III, Capítulo 41</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>“Una tarde, el Mayor Pinder, un ex oficial de inteligencia Británico que había conocido a Gurdjieff  en Tiflis, 1919, y quien sabiendo el idioma Ruso muy bien, actuaba como su intérprete, anunció que se iba a  realizar una charla.  </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Todos fuimos a la Casa de Estudio, como siempre, pero en vez de practicar los ejercicios, nos sentamos en nuestros cojines, en el hall, expectantes. </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El tiempo transcurrió: Las diez, las once, medianoche.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Finalmente Gurdjieff llegó  &#8212; evidentemente habiendo viajado desde París &#8211;  acompañado de Madame Ostrowska, Madame Ouspensky y el Mayor Pinder.  Nos miró a todos por un largo rato y luego nos dijo en Inglés: “La Paciencia es la Madre de la Voluntad.  ¿Si Ud. no tiene una madre, cómo podrá Ud. nacer?”  Luego, se retiró de la Casa de Estudio.”</strong></p>
<p style="text-align: justify;">                        <strong>TESTIGO (Witness la autobiografía de John Bennett)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
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		<title>“Mi Arbol de Amigos”</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 00:11:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alcione</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Refelexión del mes: Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino…
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://alcione.cl/?attachment_id=2049" rel="attachment wp-att-2049"><img class="size-medium wp-image-2049 alignleft" title="acer" src="http://alcione.cl/wp-content/uploads/2011/10/acer-241x300.jpg" alt="" width="241" height="300" /></a></p>
<p>Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino…</p>
<p>Algunos recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar; a otros, los vemos apenas entre un paso y otro…</p>
<p>A todos los llamamos amigos… pero hay muchos tipos de amigos…</p>
<p>Cada hoja de un árbol simboliza uno de ellos… Las primeras brotaron de nuestros padres… Nos muestran lo que es la vida…</p>
<p>Después los amigos hermanos, los hijos, con los que dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros…</p>
<p>Pasamos a conocer toda la familia de hojas a quienes respetamos y queremos bien…</p>
<p>El destino nos presenta a otros amigos, los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino…</p>
<p>A muchos les llamamos “amigos del alma, del corazón”… Son sinceros y verdaderos…</p>
<p>Saben cuándo estamos bien, saben lo que nos hace felices…</p>
<p>A veces uno de esos amigos del alma se instala en nuestro corazón y entonces lo llamamos amigo enamorado…</p>
<p>Da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, agilidad a nuestros pies….</p>
<p>También están aquellos que son amigos por un tiempo, tal vez unas vacaciones, unos días, unas horas….</p>
<p>Ellos también logran poner muchas sonrisas en nuestras caras durante el tiempo en que estamos juntos…<br />
No podemos olvidar a los amigos distantes… Aquellos que están en las puntas de las ramas del árbol, que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra…</p>
<p>El tiempo pasa, el verano se va y el otoño se aproxima… Entonces perdemos algunas de nuestras hojas… Algunas nacen en otro verano, otras permanecen por muchas estaciones…</p>
<p>Pero lo que nos hace más felices, son aquellas hojas que aún caídas permanecen a nuestro lado, alimentando nuestra raíz con mucha alegría…</p>
<p>…Con recuerdos de momentos maravillosos del tiempo en que se cruzaron en nuestro camino…</p>
<p>Por eso te deseo, hoja de mi árbol… Paz, amor, salud, suerte y prosperidad…. ¡¡¡Hoy y siempre!!!</p>
<p>Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única….</p>
<p>Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros…</p>
<p>Esta… es la mayor responsabilidad de nuestra vida….</p>
<p>…La prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.</p>
<p>Deseo a todos los que cruzaron mi camino durante los años que tengo de vida y que me dejaron un poco de sí, una vida llena de bendiciones, de alegrías y de amigos….</p>
<p>Amigos padres…</p>
<p>Amigos hijos…</p>
<p>Amigos hermanos…</p>
<p>Amigos presentes….</p>
<p>Amigos ausentes…</p>
<p>Amigos… amigos</p>
<p><strong><em> Letra de Jorge Luis Borges</em></strong></p>
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		<title>La vida en relación</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Sep 2011 21:18:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alcione</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[El calor humano permite la apertura.   Simplemente, descubres que todos los seres humanos son como tú. XIV Dalai Lama]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://alcione.cl/wp-content/uploads/2011/08/alcione-agosto-001-300x219.jpg" alt="" width="436" height="317" /></p>
<p>El calor humano permite la apertura.   Simplemente, descubres que todos los seres humanos son como tú.</p>
<p><strong>XIV Dalai Lama</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El Eneagrama y los tipos psicológicos</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Feb 2011 14:47:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fernanda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuarto Camino - Gurdjieff]]></category>

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		<description><![CDATA[El mayor error es creer que el ser humano se mantiene como una unidad constante. Nunca permanece igual durante más de un breve periodo. Continuamente cambia; raramente se mantiene igual durante una hora. G.I. Gurdjieff En época reciente el Eneagrama se ha convertido en un modelo de nueve tipos psicológicos. Esta idea, llevada a cabo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a rel="attachment wp-att-1967" href="http://alcione.cl/?attachment_id=1967"><img class="alignleft size-medium wp-image-1967" style="margin: 5px;" title="El Secreto del Eneagrama" src="http://alcione.cl/wp-content/uploads/2011/02/ElSecretoDelEneagrama-194x300.jpg" alt="" width="194" height="300" /></a>El mayor error es creer que el ser humano se mantiene como una unidad constante. Nunca permanece igual durante más de un breve periodo. Continuamente cambia; raramente se mantiene igual durante una hora.</em></p>
<p style="text-align: right;">G.I. Gurdjieff</p>
<p>En época reciente el Eneagrama se ha convertido en un modelo de nueve tipos psicológicos. Esta idea, llevada a cabo por el psicólogo chileno Óscar Ichazo, contrasta con las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky, quienes consideraron al ser humano dormido y falto de desarrollo, como una colección de múltiples egos diferentes. En realidad los pioneros de la Escuela Arica han adoptado solamente la forma exterior del Eneagrama, sin entrar en su dinámica interna, como lo describía Gurdjieff. Pero no es mi intención discrepar de esta escuela ni de sus sucesores. Ellos han hecho del Eneagrama un modelo útil de psicodiagnóstico, cuya fuerza está en la sencillez de su aplicación. La base de este sistema psicológico eneagramático es que existen nueve tipos fundamentales de personalidad, ni uno más ni uno menos. Los jesuitas, en particular Bob Ochs, enfatizó el hecho de que el Eneagrama nos puede hacer conscientes de nuestros aspectos sombra sin necesidad de moralizar.</p>
<p>Los jesuitas comenzaron a partir de la premisa de que los nueve tipos del Eneagrama representan nueve tipos independientes de mecanismos de defensa, los cuales consideran como pecados. Son pecaminosos porque cada tipo específico no representa su totalidad (la cual radica en el potencial de reacción total de todos los tipos juntos), sino que es egocéntrico. A pesar de todas las diferencias entre los dos puntos de vista, se puede encontrar aquí un claro paralelo con la opinión de Gurdjieff acerca de que la falibilidad y el error humanos son causados por tendencias egoístas. No alcanzamos la totalidad debido a que cultivamos el ego en lugar de ejecutar el deber de “Partkdolg”, es decir, desarrollarse uno mismo a través del sufrimiento consciente. Al igual que Gurdjieff, los jesuitas asumen que vivir plenamente a través del ego significa separarse del mundo y de la totalidad. Esta visión da origen a una visión distorsionada de la realidad y también, por lo tanto, a una autoevaluación falsa. En términos de Gurdjieff, el ego nos impide recordarnos a nosotros mismos.</p>
<p>Una objeción importante a esta tipología, creo, es la visión de Gurdjieff y Ouspensky acerca de los tipos separados, en realidad nunca llegan a ser formadores; de acuerdo con la situación, el impulso exterior o el estado anímico, los diferentes egos obtienen sucesivamente la posición dominante, determinando durante unos momentos nuestros sentimientos, pensamientos y acciones. Pronto caemos bajo la influencia de otros impulsos, y un ego diferente obtiene el control sobre la personalidad. En otras palabras, no es posible sentir una unidad egoica dentro de nosotros.</p>
<p>Todos podemos observar la dinámica de los diferentes egos dentro de nosotros: cuando el sol brilla y todo parece de color rosa, tal vez cuando alguien nos ama, entonces nuestros lados buenos, o egos positivos, pasan a un primer plano. Pero si cambia el tiempo hacia un gris opresivo y frío, si no sabemos cómo podemos pagar los impuestos, o si algo va mal, nuestro humor también cambia de inmediato y toman control los egos negativos. Observe simplemente su estado anímico en relación con los acontecimientos externos y se sorprenderá de ver cuántos egos diferentes habitan en su interior, haciendo que aparezca generoso, exigente, abierto, retraído, amistoso, agresivo, de acuerdo con cada situación particular momentánea. De modo que ¿Dónde está su personalidad en todo esto? Si no somos gente muy desarrollada, nuestra vida se expresa a través de una colección completa de muchos tipos diferentes. Gurdjieff escribe acerca de la persona “normal”:</p>
<p><em>Su ego cambia tan rápidamente como sus pensamientos, sentimientos y estados anímicos, y se encuentra en un gran error si cree que constantemente es la misma persona. En realidad está volviéndose continuamente una persona diferente de la que era un momento antes<a href="#_ftn1">[1]</a>.</em></p>
<p>Poco después, Gurdjieff abunda sobre lo mismo:</p>
<p><em>La marca característica de una persona moderna es la ausencia de unidad en él…<a href="#_ftn2">[2]</a>.</em></p>
<p>Sólo aquellas personas “despiertas”, que han interiorizado las enseñanzas del punto 6 del Eneagrama, pueden llamarse individuos, y es tan sólo a un individuo al que se le puede aplicar la tipología psicológica. La persona “automática” – y estas son la gran mayoría- pasa más o menos rápidamente, a través de todos estos tipos sucesivamente. Puede ser primeramente el “Esforzado”, luego el “Principiante” o el “Planificador”. Si todo marcha bien, puede parecer que asume la personalidad “Optimista” (Punto 7 del Eneagrama), pero si las cosas comienzan a torcerse, éste se retira y se convierte en el sufrido “Observador” (Punto 5 del Eneagrama). Todos pueden observar este proceso que tiene lugar en sí mismos. También me molesta la rigidez de la tipología del Eneagrama. Los nueve tipos le invitan a uno a evaluarse e identificarse con una categoría en particular. Pero esto nos puede hacer caer en un sueño en lugar de despertarnos.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Klausbernd Vollmar</strong></p>
<p>Extractado por George Abufhele de Klausbernd Vollmar <strong>“El Secreto del Eneagrama”</strong></p>
<p>©2003 Edaf</p>
<hr size="1" /><a href="#_ftnref">[1]</a> Gurdjieff citado por Ouspensky, P.D.: <em>In Search of the Miraculous.</em><em> </em></p>
<p><a href="#_ftnref">[2]</a> Ouspensky, P.D.: <em>In Search of the Miraculous.</em></p>
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		<title>La Aceptación</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Dec 2010 13:14:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fernanda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Benoit]]></category>

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		<description><![CDATA[Atención Temporal y Atención Total El Ser se realizará en mí en la medida, en que yo cese de pretender, por mis actitudes interiores, que lo soy ya, que mi aspecto temporal es divino. Cuando me observo, veo que tiendo sin cesar, con todo lo que soy, a modificar mi situación temporal. Que tienda a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> Atención Temporal y Atención Total<br />
</strong><br />
El Ser se realizará en mí en la medida, en que yo cese de pretender, por mis actitudes interiores, que lo soy ya, que mi aspecto temporal es divino. Cuando me observo, veo que tiendo sin cesar, con todo lo que soy, a modificar mi situación temporal. Que tienda a ello es perfectamente legítimo, es el juego incesante y normal del principio conciliador natural que suscita todos mis impulsos naturales. Lo que no es normal en mí, que soy hombre y no animal, es tender hacía esta modificación de mi situación temporal con todo lo que yo soy En efecto, tengo en mí, al lado de la tendencia a ser temporalmente, la tendencia a ser nada más, a ser sin límites, de una manera absoluta. La primera tendencia es limitada, la segunda prolonga la primera al infinito. Cuando la tendencia a ser absolutamente se ejerce también en el sentido de la modificación de mi situación temporal, ella se descarría, cae en la trampa de la ilusión de los sentidos, comete el pecado original.</p>
<p>Mi necesidad de ser no puede encontrar su realización, por el contrario, sino en la plena aceptación de mi situación temporal tal como ella es en cada instante. Yo no puedo salir, yo todo entero, mi Ser virtual, de mi prisión temporal, más que aceptando la condición prisionera de mi parte temporal.</p>
<p>Se ve entonces que las dos tendencias que hay en mí deben tener direcciones que, desde el punto de vista temporal, son exactamente opuestas. La tendencia temporal debe ir naturalmente hacia una modificación constante de mi situación temporal. La tendencia hacia el Ser debe ir hacia la aceptación entera de esta situación en cada instante. Es esta dualidad la que debo comprender bien, bajo pena de caer sea en la reivindicación, instinto de vida temporal sin freno, sin limites, sea en la resignación o instinto de muerte temporal.</p>
<p>La tendencia a modificar mi situación temporal y la tendencia a aceptarla serían evidentemente irreconciliables si ellas debieran actuar en el mismo plano, Pero no es así. La tendencia a modificar juega en el plano espontáneo de mi vida pasional, ella es cronológicamente la primera. La tendencia a aceptar juega en el plano de la reflexión consciente donde me veo yo mismo, donde yo soy sujeto para quien mi vida pasional es objeto.</p>
<p>Cuando vivo sin reflexionar, el sujeto es el yo, el Ser duerme (aunque existiendo siempre); mi deseo juega sin observador. Quiere decir entonces que lo acepto? No. El Ser duerme, él deja hacer en su ausencia, esa no es una aceptación.</p>
<p>Pero cuando el Ser despierta, actúa? Es que cada vez tomo consciencia de mi deseo? No. Todo funcionamiento de la consciencia reflexiva no es necesariamente el Ser. Pues la pasión, sí no hago un esfuerzo interior especial, se embraga sobre mi pensamiento y lo hace actuar. Es así, por ejemplo, que si yo condeno uno de estos  deseos de los que tomo consciencia, es que un deseo contrario y momentáneamente más fuerte está embragado sobre mi pensamiento. Cuando el Ser actúa, es decir, lo hace la inteligencia independiente sin el embrague de las pasiones, ningún juicio es dirigido sobre mi deseo, mí deseo no es condenado ni aprobado. Lo que caracteriza esencialmente el juego del Ser es la sensación interior de una distinción radical entre mi deseo y yo. Yo veo mi deseo como una cosa con la que mi pensamiento no tiene nada en común. El pensamiento puro no tiene nada que mezcle su naturaleza a la del deseo. Él es enteramente otra cosa, está sobre otro plano, no está ni en pro ni en contra de lo que sea, simplemente es.</p>
<p>Se empieza entonces a ver lo que es la aceptación real. No es una aprobación, es una distinción, una separación. Yo acepto mi deseo cuando me separo de él, cuando yo me afirmo existiendo al lado de él, otro que él.</p>
<p>Vamos a ver más netamente todavía lo que es la verdadera aceptación, precisando lo que ella no es. Cuando tomo conocimiento de mi deseo sin hacer el esfuerzo interior especial que me hace distinto de él, estoy necesariamente vis-a-vis del deseo, ya sea en pro o en contra de él. En este caso, acepto el obstáculo del mundo que todo deseo encuentra virtualmente. En el conflicto donde el mundo y yo somos adversarios, yo acepto el adversario mundo, pero no acepto el adversario yo, porque mi condenación de mi deseo refrena su juego, lo rechaza. Yo acepto el mundo, pero no a mí mismo. No soy imparcial, no acepto todo,</p>
<p>Supongamos ahora que estoy por mi deseo, Yo me acepto. Pero esta vez no acepto el mundo-obstáculo. Yo falseo todavía el sentido del combate y me privo de sus efectos.</p>
<p>En qué consiste en los dos casos la ayuda que aporta a uno de los adversarios mi pensamiento reducido y parcial?  Esta ayuda es inmensa, pues el pensamiento lanza en uno de los platillos de la balanza la potencialidad absoluta, infinita, que es su consecuencia. Actuando así, él no se limita a falsear parcialmente el combate, lo vuelve nulo, introduciendo una diferencia cualitativa infinita entre los combatientes.</p>
<p>La verdadera aceptación simultánea de mi deseo y del mundo-obstáculo es mi presencia arbitrando el combate sin intervenir en él. Es una presencia indiferente al resultado; presencia distinta que, aceptando cada uno de los adversarios con su naturaleza propia, rehúsa agregar a la temporalidad del uno o del otro la potencialidad infinita del pensamiento a la cual ellos no tienen ningún derecho. Esta presencia &#8211; es necesario comprenderlo &#8211; no es una actitud interior. En los dos casos de trampa que hemos visto: trampa de reivindicación o trampa de resignación, había una actitud. El pensamiento subordinado por el ser temporal y precipitado en él, tomaba allí forma descriptible, yo me portaba de cierta manera. En la aceptación total, al contrario, donde el pensamiento es puro, donde no hay más trampa, no hay actitud, no hay forma descriptible. Solamente está la forma principal indescriptible que no se deja seducir a vestir lo temporal con una máscara de absoluto.</p>
<p>No hay, pues, actitud en la plena aceptación. Si quisiera decir cómo soy cuando acepto totalmente, debería decir que mi pensamiento se traduce sobre el plano temporal proyectando allí un sí  y un no simultáneos. Es como decir: yo soy otra cosa que<br />
todo esto.</p>
<p>Lo mismo que este pensamiento puro tiene una proyección intelectual en lo temporal, hay allí también una proyección afectiva. Es el sentimiento de que el hecho que exista el combate entre mi yo temporal y el mundo-obstáculo, tal como él pueda ser, está bien. Para el pensamiento puro, para el Ser, poco importa quién gane, lo que importa es que el combate sea sin trampa. En la medida en que el Ser esté presente, él siente que el combate está bien, que está exactamente en el punto en que tendría que estar. Es así como se debe comprender la aceptación del destino, la certidumbre de que lo que me ocurre, sea lo que sea, es exactamente lo que me puede ocurrir para mejor.  La aceptación justa del destino no es la aceptación de todo lo que me podrá venir en el porvenir. Eso sería irreconciliable con la aceptación de mis deseos. La aceptación justa del destino es la aceptación en el instante no en la duración (o si no, se recaería en la resignación). Esto no debe sorprender porque el Ser aceptante es intemporal. Él actúa en el instante que es el punto donde se cortan el tiempo y la eternidad.</p>
<p>En todo esto que precede hemos hablado de deseo sin precisar más. Pero es necesario ahora recordar una distinción muy importante entre dos clases de deseo. Para la primera, que llamo impulso temporal, o más simplemente Impulso, tiendo hacia la simple realización de mi aspecto temporal, hacia la satisfacción de mis funciones. Esto es un deseo natural,  perfectamente lógico y normal.  Para la segunda clase de deseo,  la que llamo<br />
aspiración temporal, tiendo a encontrar en lo temporal la prueba de la realización de mi Ser total. Por ejemplo, puedo experimentar un deseo sexual simple, la necesidad de satisfacer mi función sexual. Pero puedo experimentar el deseo del mismo acto con una mujer apasionadamente amada, buscando allí la sensación de mi existencia divina. En el primer caso se trata de un impulso, en el segundo de una aspiración temporal. 0 bien, puedo tener simplemente hambre (y es un impulso), pero puedo también, siendo muy pobre, reivindicar una de esas comidas que yo veo que otros disfrutan (y eso es una aspiración temporal).</p>
<p>El Ser no aprueba más el impulso que la aspiración temporal. No es propio del Ser aprobar o desaprobar lo que sea en lo temporal. Lo que es preciso comprender es que la presencia del impulso es compatible con la presencia del Ser, en tanto que la presencia de la aspiración temporal es incompatible. Pues el impulso es una tendencia limitada que, partiendo en la dirección del absoluto, se detiene antes de haber equivocado su ruta. Al contrario, la aspiración temporal es una tendencia ilimitada que, comenzando en la dirección del absoluto, describe una parábola y cae a cero.</p>
<p>La presencia del Ser &#8211; ya lo hemos dicho &#8211; es la imparcialidad delante de mi combate contra el mundo. Pero la aspiración temporal supone la parcialidad porque el carácter ilimitado de esta tendencia le viene de la potencialidad infinita que ella roba al pensamiento adormecido. Ella es entonces incompatible con la presencia total imparcial. Cuando yo estoy totalmente presente, acepto por igual mi tendencia y el mundo-obstáculo. Es diferente cuando mi tendencia está constituida precisamente por una negación del obstáculo del mundo.</p>
<p>Pero si la aspiración temporal es incompatible con la presencia total, es, sin embargo, gracias a ella que puedo encontrar esta presencia. Pues el pensamiento puro, adormecido al nacimiento, no puede despertarse más que cuando le ha sido robada su potencialidad absoluta. Es entonces cuando ese robo, suscitando el instinto de muerte, habrá puesto todo mi ser en peligro, y yo lucharé por recuperar mi potencialidad absoluta de la iniciativa usurpadora del mundo. Es trabajando sobre mis aspiraciones temporales, es reduciendo &#8211; gracias a mi comprensión &#8211; sus manifestaciones a la simplicidad de los impulsos subyacentes, que yo puedo liberar la potencialidad absoluta usurpada y alcanzar mi Ser.</p>
<p>La satisfacción de los impulsos no lleva por sí misma al Ser total, sino solamente si es preferida inteligentemente a las aspiraciones temporales que se fundan en ella. Y la obtención del Ser total tiene tanta más posibilidad de efectuarse si la aspiración temporal abandonada era intensa. La angustia que yo siento cuando renuncio a satisfacer mi aspiración temporal mide el grado de mi necesidad de absoluto y mi posibilidad de colmarla. Yo siento la angustia de la divinidad ausente. Me siento tentado a rechazar el impulso y &#8211; si la manifestación positiva de la aspiración temporal es imposible &#8211; a permanecer en una angustia que es todavía una manifestación, pero negativa, de esta aspiración temporal. Gozar simplemente de la vida pasional según las modalidades correspondientes a mi naturaleza temporal no es fácil de consentir para quien ha conocido la vibración violenta, el gusto intenso de la aspiración temporal. La vida pasional es más bien insípida y yo no puedo consentir en ella más que gracias a la certidumbre intelectual &#8211; si es que actúo así &#8211; de llegar a poseer la maravilla que la aspiración me ha hecho entrever. Siempre que esta certidumbre intelectual alcance una fuerza suficiente para engendrar a continuación la esperanza y el amor de lo que me espera en esta vida.</p>
<p>Examinemos un momento la angustia sentida ante el abandono de la satisfacción de la aspiración temporal. Es la que yo experimentaba cuando mi pasión estaba amenazada por cualquier obstáculo, es el terror de perder una ilusión divinizante, de recaer en este mundo sin Dios del que mi pasión me había ilusoriamente sacado. Ella puede ser tan intensa que yo rechace este renunciamiento. Si mi comprensión es tan grande como para hacerme renunciar a ella, esto no impide la angustia. Arriesgo entonces el complacerme en ella, porque ella es todavía una manifestación ilusoriamente divinizante &#8211; en modo negativo &#8211; de mi aspiración temporal. Por lo tanto, esta manifestación negativa debe ser abandonada tanto como la positiva. Ésta angustia no es directamente utilizable para mi realización; ella me impulsa a rehusar la vida pasional ordinaria. La actitud en la que ella me coloca hace reaparecer el instinto de muerte. Su utilidad desde el punto de vista de mi realización reside solamente, de una manera indirecta, en la advertencia temible y salvadora que ella constituye, en el pavor orgánico que ella provoca en mí y en la apertura que me trae a continuación una comprensión más profunda.</p>
<p>Pero, a la inversa de otra angustia que veremos en seguida, no es directamente utilizable y yo debo esforzarme en liquidarla. Por esto, me es preciso evitar la trampa del enojo, del confinamiento en una angustia que me diviniza al revés. Me es preciso aceptar mi vida pasional simple, abandonando mi complejo de castración, aceptar naturalmente la dicha temporal.</p>
<p>Si yo franqueo esta etapa alcanzo una condición donde me será posible conocer una nueva angustia totalmente diferente de la primera, y que esta vez me introduce en el dominio del Ser. Esta angustia no será ya el terror de perder una ilusión divinizante, sino el sufrimiento de no encontrar mi verdadera esencia divina en la expansión de mi naturaleza temporal. Esta angustia no vendrá por sí misma, provocada automáticamente por tales circunstancias temporales. En efecto, la saciedad de la vida pasional engendra el aburrimiento y aun la desesperación, pero no la angustia realizante, porque el hombre que está en este estado sufre de una ausencia, pero de la ausencia de una cosa de la cual no encara la existencia. No basta que la vida pasional plenamente vivida defraude la necesidad de ser absolutamente que tiene el hombre. Es preciso que esta decepción sea interpretada correctamente. Esta interpretación no es posible sino cuando &#8211; en el curso del juego de las pasiones que se satisfacen &#8211; yo tiendo al mismo tiempo que hacia mi fin temporal, hacia un fin intemporal consciente que mi impulso no satisface. La angustia realizante no es una angustia automática, sino una angustia que yo debo merecer conscientemente por un trabajo especial. Ella no me es dada, no es el resultado de un problema a resolver, sino el resultado largamente perseguido y difícilmente obtenido de un trabajo persistente. Este trabajo se hace en el curso de la vida, pero, aunque él es sin cesar paralelo a la vida temporal pasional &#8211; sin la cual no es imaginable &#8211; no está mezclado a ella y permanece siempre interior.</p>
<p>El primer trabajo del cual hemos hablado, aquél por el cual yo autorizo a las pasiones simples por sobre las aspiraciones temporales, se efectúa en el plano temporal: él apunta a una modificación de mi manifestación. Pero este nuevo trabajo del que hablamos ahora no produce una modificación de ningún modo y permanece perfectamente invisible desde el exterior.</p>
<p>El trabajo interior consiste en tender lo más constante e intensamente posible hacia la realidad absoluta que la satisfacción de mis aspiraciones temporales me ha hecho presentir, y de la que he comprendido que sobrepasa infinitamente la realidad de lo temporal. En el curso de las alegrías de la pasión, he sentido muy bien que la realidad que entreveía sobrepasaba infinitamente el objeto temporal de mi pasión.</p>
<p>He sentido que se trataba de una realidad cósmica inmensa que existía independientemente<br />
del objeto temporal particular y <em> vis-a-vis </em>de la cual el objeto temporal no era para mí más que una especie de plataforma contingente de observación. La pasión no me ha conducido a este dominio sobrenatural, pero ella me ha hecho experimentar su existencia, ella me ha dado la certidumbre. Yo debo tener ahora el coraje inteligente de renunciar a la plataforma de observación y al éxtasis ilusorio que encontraba allí. Renunciando a los reflejos exteriores de esta luz, debo volver mi mirada hacia el centro de mí, y allí donde yo no veo todavía sino oscuridad, conjurar por una aspiración ferviente la fuente luminosa misma que yo sé que está virtualmente presente.</p>
<p>Esta aspiración debe hacerse en el curso mismo de la vida pasional ordinaria. Se podría objetar que esto va a desviar mi atención de la vida temporal. Pero no es así, La atención que yo doy a la realidad absoluta no es quitada a la atención temporal. Se trata del despertar de un excedente de atención que dormía, que no estaba en el temporal, y donde este despertar no disminuye en nada la atención temporal. Es importante comprender la relación exacta de estas dos atenciones. La atención temporal es a la atención absoluta lo que el aspecto temporal del hombre es a su Ser total,  lo que la necesidad de ser temporalmente es a la necesidad de ser absolutamente. Las dos atenciones no son divergentes. La atención absoluta prolonga infinitamente la atención temporal sin continuarla en su juego. Una comparación bastante trivial ayudará a comprender esto. Si yo recojo flores para ofrecerlas a alguien, la consciencia que tengo al coger las flores del fin al cual las destino, no me hace distraerme de los gestos que estoy efectuando, pongo atención a la vez al tallo que corto y al sentido lejano de la acción que realizo.</p>
<p>La atención que presto a la realidad absoluta no es robada a la atención temporal. Sin embargo, mi estado de atención total va a modificar el juego de mi atención anterior puramente temporal. En efecto, el excedente de atención que no puede emplearse en el objeto temporal inmediato con el cual estoy en contacto en ese instante, se empleará en el temporal de otra manera. Al estar el Ser dormido y, por lo tanto, sin dirigir mi atención, hacía que ella se gastara imaginativamente en los objetos temporales con los cuales no estaba en contacto inmediato en el instante. Ella se evadía de la prisión estrecha del instante y vagabundeaba en la extensión del pasado y del porvenir. Esto nos hace comprender cómo juega la atención total cuando el Ser está despierto. Ella no considera en el plano temporal más que mi situación temporal actualmente presente, y todo el resto, liberado por esta limitación voluntaria, se lanza por su naturaleza misma hacia una percepción absoluta que ella atrae y conjura en la oscuridad. Nosotros decimos: por su naturaleza misma. Y en efecto, sería inútil y aun erróneo querer encontrar un objeto cualquiera sobre el cual pudiera fijarse esta atención absoluta. Este objeto no es definible, concebible por mí hoy día. Si yo tentara de encontrar uno, caería en una disociación puramente temporal e instalaría en mí una idea fija. Basta que limite mi atención al temporal presente en el instante y que libere por eso todo lo que de mi atención no sabría emplearse allí. Este excedente virtualmente infinito, así desprendido de la prisión temporal, encontrará solo su vía. Él utilizará esta vez todavía mi imaginación, pero ésta trabajará entonces según el modo de pura evocación de mi material psíquico acumulado.</p>
<p>Importa entonces &#8211; y con esto basta &#8211; que yo comprenda y efectúe la modalidad de atención temporal que corresponde al despertar y al juego de la atención total. Esta atención temporal restaurada en su justa modalidad, reintegrada en la atención total, se limita a mi situación temporal actualmente presente. Esto es mucho más que el objeto temporal que esté en ese momento en mi percepción sensorial y mental. Es este objeto, pero considerado en sus conexiones con toda mi vida temporal, es decir, con todos los fines temporales hacia los cuales yo tiendo. La atención ordinaria que doy al mundo cuando no hago ningún esfuerzo especial está como pegada al objeto inmediato. Estoy perdido, identificado con lo que hago sin ser consciente de la razón que determina mi acción. Olvido lo que tengo en vista más allá de mi acción. A menudo tengo consciencia de un fin temporal hacia el cual va dirigida mi acción, pero es un fin muy próximo del cual olvido que es sólo un medio hacia otro fin más alejado. Sin esfuerzo especial, soy como miope, con la mirada fija sobre mi acción. Si vivo en la duración por la imaginación vagabunda, casi no vivo allí en la realidad temporal. Al contrario, si restablezco mi atención temporal según el modo correspondiente al juego de la atención total en el que yo me despego de alguna manera de mi acción &#8211; viéndola desde más alto &#8211; entonces soy consciente, no sólo del objeto particular próximo, sino del objeto temporal más general y más lejano hacia el cual tiende mi acción actual. En suma, mi atención es tanto mejor, desde el punto de vista del Ser, cuanto más consciente soy de que lo que hago es justo &#8211; apropiado a las circunstancias &#8211; y de las razones por las cuales estoy en camino de actuar así. He dicho que mi atención temporal debía limitarse a mi condición temporal actual; pero esto no es decir que ella deba detenerse pronto y a la medida de mi pereza. Quiere decir que ella debe impulsarse en mi vida temporal tan lejos como le sea necesario para reencontrar sus límites reales, los que me impone en realidad mi condición temporal. Ella no debe detenerse hasta no haber agotado todo el curso que mi condición temporal le permite y, si esto es necesariamente limitado, está lejos de ser poca cosa.</p>
<p>Es fácil constatar con qué inmensa pereza repugnamos guardar en el campo de nuestra consciencia la extensión tan completa como sea posible de nuestra vida temporal. Cuando se trata de una acción nueva, me siento obligado entonces a considerar en una cierta medida las conexiones que ligan esta acción al resto de mi vida, a mi porvenir temporal. Pero, desde que la acción se repite, ya no estoy obligado a considerar sus razones de existir. Entonces ella se automatiza, es decir, la atención que pongo allí disminuye de más en más hasta tender hacia un <em> mínimum </em>que bien a menudo es cero. Yo hago lo que sea, sin ser del todo consciente de las razones que tengo para hacerlo. El automatismo es un verdadero dormir de la atención real, un dormir en el curso del cual yo sueño en la imaginación vagabunda. El automatismo del que yo hablo no es el automatismo corporal o mental de ejecución, el cual es necesario y bienhechor. Aquel del que hablo es el olvido, la inconsciencia de mis móviles, es decir, la pérdida de vista del plan general de la modificación temporal hacia la cual tiende mi vida pasional. Es un estado donde ceso de abarcar el conjunto de mi vida temporal y donde, por negligencia de ir hasta los limites reales de mi condición temporal, no acepto estos limites y no puedo efectuar la atención total que supone esta aceptación.</p>
<p>Cuando soy consciente de los móviles de esto que hago, cuando estoy consciente de mi acción en tanto que ella está realmente inserta en el conjunto de mi vida temporal, toda aquella parte de mi atención que no está encerrada en los limites de mi situación temporal se lanza hacia una percepción absoluta que ella demanda y suscita. Pero esta percepción absoluta va a tener un aspecto en el plano temporal, ella va a corresponder a ciertas percepciones temporales. Si ejercito la atención voluntaria, me doy cuenta de que no percibo solamente lo que concierne directamente a mis acciones y sus móviles. No percibo sólo lo que debo percibir para llevar a término lo que deseo. Al mismo tiempo percibo en el mundo que me rodea, cosas que no tienen para mi deseo ninguna utilidad, o bien cosas que observo de una manera desinteresada. Estas percepciones que me ligan a objetos de los que soy efectivamente distinto &#8211; puesto que están al margen de mis deseos a los cuales soy atento &#8211; corresponden a un contacto real, a una participación real con el mundo. Puedo unirme realmente con lo que percibo fuera de los limites de mi vida pasional, y esto es posible porque he llegado , por mi esfuerzo de atención voluntaria, hasta los límites de esta vida afectiva que abarco enteramente en mi consciencia bajo el ángulo de mi acción actual.</p>
<p>Volvamos todavía sobre la modalidad de atención temporal que corresponde a la atención total. He dicho que debía ser consciente no solamente de lo que estoy en vías de hacer, sino además de las razones por las cuales actúo y que &#8211; por intermedio de estas razones &#8211; debo ser consciente de mi acción en tanto que ella se inserta en la totalidad de mi vida temporal. Pero estas razones &#8211; cuando las persigo hasta el fin &#8211; veo que ellas terminan siempre en la afirmación de mí en tanto que estoy en el mundo, a la afirmación de mi aspecto temporal. Cada uno de mis impulsos tiende a querer mi vida. En cambio, mis aspiraciones temporales no tienden hacia mi vida temporal. Ellas no la aman, ellas no la aceptan; pero todos mis impulsos aceptan, quieren, aman la vida a través de todos los objetos que yo amo o detesto. Ser consciente de mis impulsos es, pues, estar consciente &#8211; bajo la circunstancia particular en que estoy &#8211; del amor incondicionado que tengo de mi vida, de la adhesión que le presto con todas las fuerzas que hay en mí. Es percibir &#8211; bajo los objetos particulares que me revelan mis sentidos &#8211; el objeto total que los contiene todos y les da su justa perspectiva: mi vida.<br />
<img src="http://www.alcione.cl/nuevo/var/misc/transpersonal/LaAceptacion.jpg" alt="" align="right" /><br />
Tomemos un ejemplo. Estoy privado de la presencia de un ser que amo, y sufro. Si permanezco interiormente dormido, mi atención queda adherida a esta circunstancia particular y mi imaginación teje sin cesar variaciones dolorosas. Un solo objeto está en el campo de mi consciencia, ese ser ausente, y yo no tengo nada donde apoyar mi afirmación de mí. Busco en vano este punto de apoyo, me hundo, tengo miedo, desespero. Pero si interiormente me despierto, entonces mi atención se desplaza de la circunstancia particular. Ella no la pierde de vista, pero, la contempla como a distancia, en otra perspectiva, abarcando la totalidad instantánea de mi vida, de mi situación en el mundo. Ella percibe no solamente el contenido de mi situación sino su continente. Esto es que yo estoy en el mundo en este instante y que estoy aquí por intermedio de mi sufrimiento actual. Entonces mi sufrimiento deja de ser sólo una falta, una ausencia. Saliendo del plano inferior donde él estaba afectado del signo menos, se integra en un volumen donde no reina la bipolaridad, donde todo es afirmación. Cuando lo veo así, me afirmo en él. En tanto que él es la sustancia actual de mi vida, él me es un punto de apoyo legítimo y eficaz.</p>
<p>Se ve que una tal atención no constituye una disociación, más bien al contrario, una síntesis. Es la atención pasiva ordinaria la que es una disociación. Mi presencia está pegada a la circunstancia particular acompañándose, a causa de mi ausencia a mi vida total, de representaciones imaginarias que me niegan al instante presente.</p>
<p>No hay allí entonces disociación de todas mis potencias actuales, sino al contrario, una síntesis de estas potencias. Pero esa síntesis produce en mí una disociación de otro orden. Se trata de la diferencia que existe entre el estado de realización donde estoy actualmente y el estado &#8211; que yo concibo más o menos intensamente &#8211; donde yo debería estar para cumplir mi verdadero destino infinito. Pues, cuando yo soy consciente de la totalidad instantánea de mi vida temporal, cuando yo ocupo toda su extensión hasta sus límites que yo siento y acepto, el excedente de mi atención, liberado, se lanza, en alas de la imaginación creadora, hacia mi fin absoluto. Supera así mi realización presente, haciéndome sentir la insuficiencia de esta realización. Mientras más voy por esa vía, más estoy adaptado y dichoso en mi vida temporal, y más, al mismo tiempo, siento la desdicha de haber realizado tan poco de mi Ser total. Alejándome de mi angustia de muerte debida a mi no aceptación de mi condición temporal, yo progreso en mi angustia de vida que no puede ser calmada por la conquista de la totalidad de mi vida temporal. Ella no sería suficiente para compensarme. Y esta angustia de una clase totalmente nueva debe profundizarse poco a poco hasta que se produzca la iluminación, lo que el budismo Zen llama el Satori o apertura del tercer ojo.</p>
<div><strong> Hubert Benoit.</strong></div>
<p>Traducido y extractado por  Carmen Bustos de<br />
H. Benoit.- <strong> La Doctrine Suprême.-</strong> Le Courrier du Livre.</p>
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		<title>Serge Raynaud de la Ferriére</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Dec 2010 17:32:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fernanda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Maestros Espirituales]]></category>

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		<description><![CDATA[Fundador de la Gran Fraternidad Universal En el advenimiento de la Era de Aquarius, la humanidad marcha con grandes transformaciones de todo orden, algunas aparentes, otras muy claras y otras más sutiles. En los últimos 50 años la sociedad ha vivido enormes y profundos cambios vertiginosos y trascendentales, ya sea en las comunicaciones, en los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Fundador de la Gran Fraternidad Universal</strong><br />
<img src="http://www.alcione.cl/nuevo/var/misc/maestrosespirituales/SergeRaynaud.jpg" alt="" align="right" /></p>
<p>En el advenimiento de la Era de Aquarius, la humanidad marcha con grandes transformaciones de todo orden, algunas aparentes, otras muy claras y otras más sutiles. En los últimos 50 años la sociedad ha vivido enormes y profundos cambios vertiginosos y trascendentales, ya sea en las comunicaciones, en los medios de transporte, en la electrónica empresarial u hogareña, en la educación, en las grandes religiones<br />
y en su acercamiento entre ellas, en los sistemas de gobierno, la arquitectura, etc. Una psicología colectiva va gestándose, la que coincide con el cambio de vibraciones que ahora recibirá la tierra de la constelación de Aquarius durante 2160 años. Esto debido a la inclinación de su eje que determina los movimientos de precesión equinoccial.</p>
<p>Muchos Maestros han irrumpido en Occidente en las últimas décadas, recordando milenarias enseñanzas, entregando técnicas de perfeccionamiento, métodos de autorrealización, etc. Pero hay un Maestro que se destaca por su misión, por su mensaje de la Nueva Era: el sabio francés Dr. Serge Raynaud de la Ferriére, Mahatma Chandra Bala. Su figura arquetípica y sobresaliente requería una extensa biografía.</p>
<p>Nace en París, Francia, a las 2,45 A.M. del 18 de enero de 1916. Desde temprana edad demuestra altas dotes intelectuales y cualidades innatas hacia el estudio de lo paracientífico, disponiendo para ello de una excelente biblioteca, legada a través de generaciones, desde los tiempos de los iniciados Templarios, por su familia de antiguo linaje.</p>
<p>En 1928, a la edad de 12 años, en un concurso a nivel continental, obtiene el premio Ernest Rousille, calificándosele como el mejor alumno de Europa.</p>
<p>A los 14 años comienza sus estudios universitados y es absorbido por la índole concreta de éstos. En el año 1935 obtiene el titulo de Ingeniero de Minas, en Bruselas.</p>
<p>Manifiesta su Interés por la Psicología; hace investigaciones acerca de las interrelaciones del hombre y el cosmos, sobre las culturas antiguas, y se interesa también por los estudios lingüísticos. Se inclina por la Filosofía, la Medicina y la Teología, lo mismo que por el esoterismo en general, escudriñando todas las teorías sin adherir a ninguna. A la edad de 20 años su curiosidad intelectual lo lleva a interesarse por la Yoga.</p>
<p>En 1937, a los 21 años, se doctora en Medicina en Bruselas con la tesis: Los depósitos caseínicos en las suprarrenales. Es nombrado en Francia Oficial del Mérito Sanitario, con el título de Especialista en Endocrinología, con el diploma número 1. 170.</p>
<p>Se doctora en Filosofía en Londres, en 1937.</p>
<p>Durante 1937 y 1938 es alumno de la Escuela de Dibujo de Bruselas y, trabajando al estilo de lngres, forma una colección de acuarelas sobre los puentes de Brujas, los monumentos de Gantes, algunas vistas de Malines, Amberes, y, en fin, numerosas plazas populares de Bruselas. Ejecuta numerosos cuadros de edificios con ricas arquitecturas: la catedral de Lille (norte de Francia), el Hotel de la Villa de Bruselas, las calles tortuosas en Ruan con las fachadas decoradas, etc. Cambia de estilo pictórico al desligarse de la línea textual y dirigirse más hacia lo subjetivo, lo abstracto y la composición simbólica.</p>
<p>Recibe felicitaciones del gran artista holandés Reymaker por una serie de doce trabajos hechos a la sanguina. Compone su último gran formato a la pluma: La Herrería (90 x 60 cm), sin ningún trazo mayor de 3 cm en cuanto a las grandes líneas de armazones, trabajo meticuloso que fue como su adiós a la paciencia con la que trabajaba su arte.</p>
<p>En París se doctora en Teología en el año 1939 a los 23 años.</p>
<p>Durante la Segunda Guerra Mundial fija su residencia en París, desempeñándose como psicólogo. Adquiere cierta fama por la resonancia de la prensa europea y americana y por las emisiones radiales de la confirmación de sus predicciones, las cuales, en sí, constituyen profundas conclusiones de sus predicciones científicas. Paralelamente el Dr. de la Ferrière expone en los medios académicos y de la Alta Cultura la Antigua Ciencia Cósmica de los Sabios, insuflándola de un carácter más acorde a los tiempos contemporáneos y usando el nombre más apropiado de Cosmobiología.</p>
<p>Sin embargo, la Yoga persiste siempre como el punto central de su interés y sin dejar de lado sus actividades sociales va iniciándose, poco a poco, en la Ciencia de los Grandes Rishis y Yoguis de La Tradición.</p>
<p>1944-1947 son años de una asombrosa actividad; organiza asociaciones científicas y da grandes conferencias en las que expone sus teorías de avanzada.</p>
<p>En 1946 obtiene el título de Doctor en Medicina Natural. En ese mismo año, siendo Presidente de la Federación lnternacional de Sociedades Científicas, solicita al Gobierno de Francia una subvención para llevar a cabo una expedición de investigaciones sobre las civilizaciones antiguas en América del Sur. La política del Gobierno no es favorable en ese momento y su petición es desatendida.</p>
<p>En febrero de 1947 funda la Agrupación Mundial de Cosmobiología. En ese memorable año tiene entrevistas con el Digno Maestre S. W. K., debido a las cuales su vida toma una forma definida para el cumplimiento de su elevada misión. La prensa anuncia por ese entonces que el doctor Serge Raynaud de la Ferrière, conocido sanador del cuerpo físico y psicólogo, se retiraba de la vida pública e iba a terminar sus días en meditación en las grutas del Tibet Central.</p>
<p>Deja Europa antes del 12 de noviembre de 1947 y como Misionero Universal del Aquarius comienza su Misión, que habría de realizarse en el Continente Americano. Llega a Nueva York, pasa luego a Guatemala, donde establece un primer centro de la Gran Fraternidad Universal. El 17 de enero de 1948 arriba a Caracas y al día siguiente, el 18 de enero, funda la Institución, quedando esa ciudad como la Sede Central del Movimiento. Principia así la vulgarización del Saber lniciático de la Nueva Era en gran escala, exponiéndolo en todos los lugares donde le es posible.</p>
<p>Por esa misma época reúne un grupo de personalidades científicas, y como Muy Ilustre y Venerable de la Gran Fraternidad Universal comienza una etapa de contacto con el público en general.</p>
<p>Una vez bien establecido el Centro de Caracas, el Maestro funda en un hermoso paraje en El Limón, Maracay, Estado Aragua, un Ashram &#8211; lugar donde vive un gurú con sus discípulos &#8211; y en él brinda a un grupo escogido de discípulos una educación que abarca el estudio y práctica de las formas más perfectas y tradicionales para ascender espiritual, psíquica y artísticamente.</p>
<p>Después de una estada ininterrumpida de 17 meses en Venezuela, en 1949 viaja a Norteamerica a presidir la Conferencia lnternacional de la Paz, celebrada en el mes de junio en Nueva York. De allí sale rumbo al Asia, pasando por Bruselas y Francia.</p>
<p>En la India se le da el nombre de Mahatma Chandra Bala Guruji.</p>
<p>Como participante de la Suprema categoría asiste al Kumbha Mela Gran Reunión del Aquarius, en Haridwar, el 13 de abril de 1950.</p>
<p>Continúa su peregrinaje al Tibet, donde es conocido como Tdashi Sisgan Cakya Rimpocheh, alcanzando en el plenilunio de mayo de ese mismo año la casi inaccesible cumbre del Monte Kailas.</p>
<p>Luego de su visita a los Himalayas viaja por Birmania, Siam y otros países del Extremo Oriente, y se detiene en Australia.</p>
<p>Como Místico de conceptos, universales también peregrina a La Meca y a Palestina. En diciembre de 1953 funda el Centro de Argel.</p>
<p>Recorre incansablemente los cinco continentes visitando 43 países, estableciendo la Gran Fraternidad Universal, G.F.U., y sus secciones de Centros de Estudios de Sabiduría Universal, Ashrams, Colegios de Iniciación, Institutos de Perfeccionamiento, Institutos de Yoga, Servicios Sociales, etc.; dando más de 2.500 conferencias y charlas en Universidades, Facultades de Medicina, Colegios, Clubes Rotarios, Cruz Roja, Centros Culturales, Aulas Públicas, Iglesias, Templos Masónicos, Capítulos Rosacruces, Sectores de la Sociedad Teosófica, etc. Se presenta en televisión, en numerosas emisoras radiales, escribe artículos para periódicos y revistas, y aparecen sus primeras obras. Hace estudios de costumbres, razas, idiomas y especialmente de las civilizaciones antiguas.</p>
<p>En su categoría de Alto Dignatario de la Cofradía Blanca, es aceptado y recibido en todas partes con entusiasmo, permaneciendo en un perfecto equilibrio: ni orientalista ni occidentalista. El presenta una enseñanza clara, tanto científica como metafísica, orientada hacia las materias más diversas, desde el budismo hasta el estudio de la Biblia, disertando con igual facilidad sobre Filosofía, Ontología, Geofísica, Cosmobiología, Meta-Astronomía, Medicina, y dando respuestas a los más delicados problemas de la Ciencia Hermética. Las universidades y las más doctas sociedades le confieren frecuentemente títulos y honores, y los cientificos de todas partes adhieren a sus teorías.</p>
<p>Retorna a Europa, abandona sus vestiduras blancas que lo acompañaron durante sus años de Misión Pública y vive diluído entre la multitud. Se establece en Niza, en lós Alpes Marítimos Franceses, donde nadie pueda reconocerlo y atenderlo como Maestro; ejemplifica así el símbolo viviente de la Impersonalidad. De allí surgen, fruto de una labor bibliográfica suprahumana, sus 36 Propósitos Psicológicos, sus 61 Cartas Circulares, una multitud de cartas particulares y otros varios textos.</p>
<p>Dejando planteada para la Nueva Era todas las proyecciones de la Institución Mundial por él fundada, muere físicamente el 27 de diciembre de 1961. En memoria de su excelsa individualidad, coincidiendo con su natalicio el 18 de enero, se celebra continentalmente una semana de homenaje.</p>
<p>Sus escritos &#8211; 100 obras &#8211; son textos de estudio a nivel de diferentes lectores, desde el más exigente hasta el más simple, y contienen una síntesis de la Sabiduría Universal, permitiendo apreciar su gran calidad de pedagogo y de hombre de ciencia. En ellos están trazadas las reglas del Sendero a seguir hacia una mayor amplitud de consciencia.</p>
<p>Por su alta calidad pedagógica, poseedora de una síntesis fundamental del conocimiento ancestral y contemporáneo, adecuada para las nuevas generaciones de hombres, se ha determinado que todas las obras del Dr. Serge Raynaud de la Ferrière sean declaradas textos oficiales de la Universidad lnternacional de la Gran Fraternidad Universal. Esta es la primera Universidad Mundial de la Historia, fundada el 24 de mayo de 1970 en Lima, Perú, durante el año Internacional de la Educación declarado por la UNESCO. La Gran Fraternidad Universal fundada por él está registrada en la UNESCO desde el 23 de septiembre de 1958.</p>
<p>Estos textos se publicaron en América bajo el respaldo rectoral académico dado por la Universidad de Trujillo, Perú, a las obras del Maestro, el que a su vez se aplica a los Colegios lniciáticos, Escuelas Iniciáticas, Escuelas Superiores de Cosmobiología y de Yoga, Liceos de Síntesis, Centros de Estudios Generales, Institutos de Yoga y Cultura Psicofísica, así como en la cadena de Ashrams (Colonias de Perfeccionamiento) que a través de las Américas se instalan conforme a las indicaciones dejadas por él para la magna obra de la G.FU.</p>
<p>La literatura del Maestro puede ser para todos una fuente esencial de realización integral, de autorrealización ontológica. Cada libro es como una iniciación, son los pilares que constituyen una guía derivada directamente del Maestro. Son el fruto de una monumental labor profusamente documentada en la que sintetiza los más variados y profundos temas, desde los cultos primitivos hasta las grandes religiones, constituyendo un inapreciable legado para la humanidad.</p>
<p>El Maestro vino á establecer un mundo unido por la Sabiduría, la Armonía y la Luz, en función de todo lo cual su literatura podrá ayudar ciertamente en gran medida a quienes aspiren a la Verdad, permitiéndoles comprender muchas enseñanzas que hasta entonces estuvieron oscuras.</p>
<p>El ejemplo arquetípico de su vida consagrada a su Alta Misión como Mensajero de la Nueva Era ha quedado grabada. indeleblemente en la Historia de los Grandes Maestros de la Humanidad.</p>
<div><strong>Federico Kutz S</strong></div>
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