En relación a la hipnosis, es necesario precisar que está lejos de haber acuerdo entre los maestros de esta técnica sobre la posibilidad de hacer realmente resurgir vidas anteriores, aun en trance sonambulístico, con mayor razón, en estado hipnoide poco profundo (estado crepuscular). Hay que hacer notar que el profesor Stevenson ha renunciado por entero a emplear este medio en la profundización de sus investigaciones.

Una herencia de la India, la técnica del Iying.

En dos de sus libros, Denise Desjardins describe en detalle una técnica inédita de regresión hacia el pasado lejano aprendida de su gurú indio. Es la tentativa de remontar conscientemente los recuerdos, en posición tendida en presencia de un gurú, o de un guía atento y de buena voluntad, que haya hecho la experiencia de ese tipo de exploración.

Hay una extraña similitud en el trayecto recorrido por el lying y las técnicas sofrológicas que conducen a un cambio del estado de consciencia. No es hipnosis, pero manifiestamente se pasa a un estado donde la persona deja de ser ella misma, pero donde explora con gran lucidez sus registros secretos de sensaciones, emociones, deseos y odios. Este estado llega a veces hasta el delirio y al borde de la locura. Es de temblar sinceramente por el guía y por el sujeto, si son sobrepasados por los acontecimientos.

En la sofrología, como en toda buena psicoterapia, se comienza por explorar la infancia, En ese estado particular en el que cae el paciente, la regresión permite dejar emerger hechos completamente olvidados de la primerísima infancia, aun del nacimiento, tal como en la hipnosis. Si la regresión remonta, por ejemplo, a los seis años, un sujeto en estado sofrónico revive los acontecimientos y los interpreta desde el punto de vista de un adulto reaccionando exactamente como él se imagina haberse comportado a la edad de seis años. Igual ocurre en los lyings: se ve adultos acurrucados en postura fetal, o transformados en recién nacidos, describir situaciones dolorosas con mentalidad de adultos y palabras de adultos, aun si se lamentan con voz infantil. Si el lactante efectivamente ha sufrido una carencia a ese momento, no es seguro que las cosas hayan tomado las proporciones dramáticas que les adjudica el adulto en su condición hipersensible. Esta pasada por lo vivido en la infancia no refleja por fuerza una realidad existencial. En todo caso, va seguramente a condicionar la continuación de los “lyings”.

El recién nacido y el lactante recuerdan su vida pasada, nos dice Denise. Revivir el nacimiento reactiva las impresiones de vidas anteriores. Se debe entonces esperar la aparición de imágenes de la memoria lejana. Y de hecho, llegan. Pero son sobre todo los recuerdos más dolorosos, aquellos que han marcado el alma
con hierro al rojo vivo. Las pequeñas alegrías no entran de la mano en la habitación del Iying. A veces se oyen desde lejos los aullidos desgarradores que allí se exhalan.

Entre los devotos de la técnica hindú, alrededor de la mitad han revivido su nacimiento y recordado vidas pasadas. El método se demostraría eficaz para recuperar esa memoria o – al menos – para vivir experiencias que aparentan no tener ninguna relación con la existencia actual. Estas experiencias están marcadas con el sello de la autenticidad, el sujeto que gime o que descarga su odio asesinando… un cojin, no está fingiendo. Está plenamente involucrado en un drama real para él. No podría dudarse, es demasiado intensa su emoción.

Cómo interpretar estos fenómenos, es decir, estas apariencias ? Son escenas de vidas pasadas o cine fabricado por los poderes de la imaginación sobre un subconsciente excitado por imágenes traumatizantes? Quién podría responder?. Existen ejemplos dudosos producidos por la hipnosis que nos invitan a una estricta prudencia. Hay una analogía evidente entre los lyings y las sesiones de hipnoterapia del Dr. Kelsey. En ambos casos hay condicionamiento, influencia del guía, preguntas capciosas que llevan implícita la respuesta que permitirá desenredar el hilo de la historia, comentarios sobre lo aparecido en las sesiones en términos de reencarnación. En ambas técnicas los dramas vividos desempeñan un rol de catarsis y, curiosamente, ambas producen un notable enfriamiento del cuerpo físico.

Que no se me interprete mal, no pretendo negar ni afirmar, sólo me hago preguntas. Si alguien sufre de uno de esos complejos catalogados por los analistas (Edipo, castración, fracaso, etc.), y se siente frustrado, impotente, rechazado por los otros, posiblemente a causa de tempranos traumatismos sufridos en esta vida, no podría ocurrir que se fabricara un psicodrama dónde expiar algún pecado inconfesable u olvidado, por medio de un sufrimiento proyectado en la inaccesibilidad de una vida pasada, para emerger por fin justificado y purificado?

Si se examina todo esto – con un ojo profano, es cierto, pero un ojo objetivo – se constata que las explicaciones proporcionadas por quienes emplean estas técnicas pueden muy bien darse vuelta como un dedo de guante. Si el presente doloroso se explica por el pasado anterior, también podría decirse que este presente es el origen evidente de un pasado fabuloso. Aquí y allá las vidas anteriores resurgen providencialmente para permitir vengarse con frenesí del padre abusivo, para matar a la madre cruel, masacrar al agresor asesino o estrangular a la mujer inalcanzable.

Nuestros puntos de vista sobre la reencarnación son todavía muy vagos y cuestionan en profundidad nuestro conocimiento del ser humano. Según la técnica que se emplee, el desfile de las existencias aparece, ya sea como una repetición – el pasado viene a penarle al presente – de situaciones dolorosas que se repiten obstinadamente, o, al contrario, como un encadenamiento armonioso que corrige sin cesar la trayectoria de la entidad viviente en su órbita actual, como nos sugieren las lecturas de Cayce. Esta flagrante diferencia debería hacernos reflexionar.

Hay realmente una única explicación a todo esto? Psicología? Parapsicología? Reencarnación de una verdadera entidad inmortal? Las hipótesis más simples puede ser que no sean verdaderas en su simplicidad. No ha sido sino al final de una larga gestación de ideas que un fenómeno tan banal como la luz ha podido ser explicado, después del enfrentamento entre dos hipótesis simples, pero a primera vista irreductibles,

La prueba experimental de la reencarnación no es para mañana. Pero el asunto es demasiado serio y nos toca demasiado de cerca, para tratarlo a la ligera, para que nos demos el lujo de menospreciar hechos que podrían aportarnos las evidencias necesarias para consolidar una cierta imagen de la verdad. Lo que está claro es que, hasta ahora, la naturaleza nos ha cortado el acceso a la memoria lejana. Es posible que no
sea razonable forzar el ingreso por vías artificiales. Porque, si hemos vivido ya miles de vidas, podríamos soportar su irrupción brutal en el campo de la consciencia de vigilia si por desdicha -como aprendices de hechiceros – descerrajamos la puerta que las retiene prisioneras?.

Los Sabios del Oriente que han enseñado la reencarnación han dado también la receta para reencontrar las existencias anteriores: es la rigurosa disciplina del monje budista, el sendero del Yoga de Patanjali. Querríamos quemar las etapas?. En los Yoga Sutras se lee que el conocimiento de las vidas pasadas sobreviene cuando el yogui concentra su ojo interior sobre las impresiones que revienen a su mente. Algo me dice que estas palabras no se dirigen al recién llegado, tropezando en el sendero de la Sabiduría, sino
al asceta, maestro de sí mismo, liberado de las angustias que a nosotros nos asaltan, y conservando una medida de equilibrio, aun en el más grande dolor.

Y tengo el sentimiento que si una consciencia humana, desapegada de la flota de emociones, es capaz de elevarse por su voluntad hacia su núcleo íntimo -donde se asimila, vida tras vida, la esencia de cada experiencia – para leer allí el mensaje de todo un pasado integrado, una tal meditación no se puede hacer sino en postura vertical. Al menos simbólicamente.

Esperando la gran revisión susceptible de proporcionar la prueba final de las reencarnación, podría ser, después de todo, que es necesario aprender a tenerse de pie?.

Sigue la Vía, aunque sea débilmente y perdido entre la multitud, como lo hace la estrella de la tarde con los que ven su camino en la oscuridad. Ilumina y reconforta al peregrino que se esfuerza y hazle escuchar
la Ley.

Díle, oh, Aspirante, que la verdadera devoción puede volverle a traer el conocimiento, ese conocimiento
que fue suyo en sus vidas anteriores. La vista del deva y el oído del deva no pueden obtenerse en una sola corta existencia.

Juan Luis Siemons

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
Question de, N 36
Editions Retz.
París.

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