Al desarrollarse la compasión comenzamos a ofrecer y a entregar nuestro corazón. Ni siquiera nos importa si el otro reconoce nuestra actitud o nuestras acciones; tal vez ni siquiera se percate de ellas. Al disminuir nuestro apego a nosotros mismos sentimos una más profunda satisfacción que puede aumentar y dar gran significado a nuestra vida Qué otra cosa en la existencia humana tiene tanto valor?

Es posible que seamos muy inteligentes, poderosos, cultos y que hayamos viajado mucho, pero qué valor tiene eso? Es tan fugaz como un sueño nocturno. Toda experiencia imaginable tiene la misma naturaleza transitoria; sólo la compasión proporciona una felicidad duradera. A diferencia de los fugaces momentos de alegría que experimentamos habitualmente, la felicidad que resulta de la compasión no es sentimental ni romántica. Es una felicidad sin distinción entre el que da y el que recibe.

Es provechoso que por lo menos una vez al día pensemos en la soledad, confusión, sufrimiento e ignorancia que todos experimentamos. Hacerlo conduce a la comprensión de cómo se originaron todas estas dolorosas circunstancias, desde el nacimiento hasta el momento presente. Cuando lo comprendemos nos relajamos. Nuestros problemas no parecen tan graves y podemos disfrutar de la vida e incluso reírnos de nosotros mismos, porque lo comprendemos y apreciamos todo como lo que es.

La compasión se siente en el chacra del corazón, y la fuente de la compasión es el conjunto de nuestros sentimientos, nuestra experiencia de vivir. Hasta que la energía positiva de la compasión fluya a través de nuestros corazones, logramos pocas cosas valiosas. Es posible que sólo estemos llenando nuestra mente de palabras e imágenes huecas. Puede ser que dominemos varias ciencias o filosofías, pero sin compasión no somos más que vanos eruditos atrapados en círculos viciosos de deseo, apego y ansiedad. En nuestras vidas hay poco significado real. Pero cuando despertamos la energía de la compasión, las relaciones con los demás se vuelven sanas y agradables; no tenemos ninguna sensación de deber porque naturalmente todo lo que hacemos está bien. De manera análoga al sol que emite incontables rayos, la compasión es la fuente de todo crecimiento interior y acción positiva.