El guerrero aprende a matar porque él cree que todos quieren tomar su vida y que esta es la única manera de preservarla. Después, aprende a proteger su vida sin atacar la de otros, luego a proteger la vida de los demás y, por fin, a dar la vida. Desde un combatiente sangriento ha llegado a ser un sanador. Esta es la Vía.

El aikido es la “Vía de la unidad de las energías” o La Vía de la Amistad. Quien elige esta práctica se define generalmente como un hombre no violento, pero que resiente su no violencia como un factor en contra frente a una agresividad que él entiende mal. Para resolver esta desigualdad, al comienzo sentirá la tentación de volverse hacia disciplinas como el judo, el kárate, el jui-jitsu, cuya finalidad está dirigida sobre todo a reducir al agresor a la impotencia. Dicho de otra forma, llegar a ser el más fuerte procede de la cultura occidental, la que no concibe más que dos posibilidades en caso de conflicto: vencer o ser vencido.

Pero el no violento no se siente cómodo en esta perspectiva. Él no desea ni vencer ni ser vencido, y su natural respeto del otro le da el sentimiento de ser definitivamente una víctima. Se esforzará, por lo tanto, en vivir lejos de los conflictos y de las realidades físicas dentro de estructuras protegidas. Pero esto no lo hace dichoso. El no ha resuelto el problema de su temor, que toma equivocadamente por pereza, Hasta el día en que oye hablar del aikido.

El aikido es un budo: el arte de defenderse por el espíritu. He aquí una fórmula seductora para quien lo ignoraba, o no ha tenido la ocasión de colocar su cuerpo en primer plano en un enfrentamiento físico.

Esto es sin duda el debate y el recorrido por el cual todo practicante de aikido deberá pasar. Pero es también un momento extremadamente delicado que puede conducir al practicante hacia un temor más grande todavía, y un deseo sin esperanza de resguardarse en una situación protegida.

Allá está el peligro, esa fascinación de los no violentos por un mundo que ellos quisieran que fuera no violento, pero que nunca lo será. Será su tendencia a huir en ilusiones a menudo mantenidas por maestros que se comportan como gurúes que no ejercen sino en lugares irreales.