A semejanza del gato, el practicante observa dentro de sí y percibe el mundo. El mundo se mueve, él se mueve con el mundo armoniosamente, ha llegado a ser uno de los elementos dinámicos del mundo, una energía en un universo de energía donde él no es superior ni inferior a nada ni a nadie. El es libre.

Observando en sí mismo, él ha tocado el infinito y encontrado la paz, una paz que no tiene nada que ver con la pasividad, sino que – al contrario – lo vuelve más vivo y más alegre que nunca.

El que tiene el dominio del movimiento y de las formas
sabe permanecer en cualquier circunstancia en el centro
de su esfera, que puede volver dinámica.

Michel Piédoue

 

Traducido y extractado por Pablo Véliz de
Question de
Editions Retz
París

Más información:
Protin, André.- Aikido, un Arte Marcial.- Ibis