Por ejemplo, si somos orgullosos debido a nuestra educación, necesitamos entonces comprender que todos nuestros conocimientos se deben al amable esfuerzo de nuestros profesores. Cuando nacimos éramos completamente ignorantes e incapaces, siquiera de alimentarnos a nosotros mismos, o de pedir lo que necesitábamos. Todo lo que sabemos –incluso saber hablar o poder atarnos los zapatos- lo debemos a la amabilidad de otros que nos han enseñado. Entonces, ¿por qué sentirse orgulloso? Sin el cuidado y la atención de los demás, sabríamos muy poco y tan sólo habríamos desarrollado unas pocas habilidades. Pensar de este modo nos libera del orgullo.

Del mismo modo, si nos sentimos orgullosos porque tenemos dinero, podemos recordar que el dinero no ha sido siempre nuestro. Si proviene de nuestra familia, o de una herencia, resultará más adecuado mostrar gratitud hacia esas personas que alimentar nuestro propio orgullo. Aunque nosotros hayamos ganado ese dinero, de cualquier modo estos ingresos provienen de otros, ya sea de nuestros empresarios, o bien de nuestros empleados, o quizá de nuestros clientes. Gracias al empresario que nos dio el empleo, o a nuestros empleados que ayudaron a que el negocio prosperara, tenemos ahora dinero. En este sentido, estas personas han sido muy amables con nosotros.

Puede que no estemos acostumbrados a recordarla amabilidad de los demás de este modo, pero si pensamos en ello veremos que es razonable. Aunque sintamos que hemos triunfado a pesar de los deseos insanos de algunos otros, de hecho nuestro solo esfuerzo no ha sido suficiente para procurarnos el éxito. Dependemos de los demás. Sabiendo esto, las personas sienten gratitud –no orgullo- hacia los demás.

Podemos sentirnos orgullosos de nuestra juventud, belleza, fuerza, o valor, pero estas cualidades son impermanentes. Quizá pensemos que seremos jóvenes, bellos y fuertes o atléticos durante un largo tiempo, pero estos son atributos fugaces. Aunque las arrugas no aparezcan de repente, vamos envejeciendo segundo a segundo, vamos perdiendo los dientes uno a uno, y gradualmente nuestros cuerpos pierden su belleza.