Nuestra sociedad intenta impedir el envejecimiento ocultándolo; pero, de hecho ese que hoy es un vigoroso deportista irá envejeciendo poco a poco hasta llegar el día en que ya anciano se sentará en la grada apoyándose en un bastón. La que hoy es una hermosa reina llegará inevitablemente a convertirse en una dama encorvada. ¿De qué podemos sentirnos orgullosos cuando vemos que nuestros cuerpos van envejeciendo paulatinamente?

Si nuestros cuerpos son capaces y atractivos, podemos apreciar estas cualidades sin ser presuntuosos. Del mismo modo, podemos alegrarnos de corazón de cualquier talento, buena fortuna o conocimiento que poseamos, pero sin ser altivos ni presuntuosos. En vez de ser orgullosos, utilizaremos cualquier cualidad que poseamos para beneficiar a los demás.

Con el fin de dominar el orgullo con respecto a nuestra propia inteligencia, basta, tan sólo, con que contemplemos cualquier materia compleja que no conocemos. Al hacerlo reconoceremos nuestras limitaciones y automáticamente el orgullo se disipará. Con una visión más equilibrada de nosotros mismos, utilizaremos nuestra energía para mejorarnos y ayudar a los demás.

 

Thubten Chödron

Ref.: Corazón Abierto, Mente Lúcida, Ed. Dharma