En todos los confines y ciudades que visitaba recorría los templos e intentaba depurarlos en cuanto a sus prácticas y liturgia, buscando el retorno a la disciplina y pureza de los rituales en sus sentidos originales. El Tianeo ofreció su orientación y apoyo a sanadores, esenios, terapeutas y otros buscadores de la verdad más esotéricos reunidos en pequeñas comunidades apartadas, instruyendo a sus sacerdotes o instructores en las formas de iniciación y otras disciplinas, y a llevar una vida simple, moderada en las costumbres y en la que imperara la consideración y apoyo mutuo entre los miembros.

Considerando su longevidad, pudo ejercer vasta influencia en su entorno, en particular en el Imperio romano, donde conoció a cinco de sus emperadores: Tito, Domiciano, Nerva, Vespasiano y Nerón. Se le atribuyen numerosas sentencias dichas ante el pueblo o los gobernantes, pero su principal legado fue su ejemplo vivo entre los ciudadanos de las regiones y ciudades que visitaba.

Cuando resucitó a la joven romana, los adinerados padres le habrían otorgado una cuantiosa suma, que Apolonio le habría entregado a la misma doncella como dote. En otra ocasión, en la que se había encontrado a un esclavo con una concubina del emperador, le habrían preguntado a Apolonio cuál era el castigo justo para el culpable: Dejándole la vida había contestado éste-. Si vive, su amor será el mayor de los suplicios. Una vez, el rey de Babilonia le habría pedido consejo para reinar con tranquilidad: Ten muchos amigos y pocos confidentes, le habría respondido el Tianeo.

Su principal tema con la multitud era el de la inmortalidad del alma. A Valerio, un cónsul romano que acababa de perder un hijo, le escribe: No hay muerte de nadie, sino sólo en apariencia, así como no hay nacimiento de ninguno, salvo en lo exterior. El cambio de ser a devenir parece ser nacimiento. El cambio de devenir a ser, parece ser muerte, mas en realidad ninguno realmente nace, así como ninguno realmente muere. Es simplemente el hacerse visible y luego invisible; la primera por la densidad de la materia, y la última por la sutileza del Ser, Ser que es siempre el mismo, siendo su único cambio el movimiento y el reposo.

En Babilonia, además de los sabios, visitó al rey-sacerdote Fraotes, un gobernante humilde que “amaba la paz sobre todas las cosas,” y que recibió a Apolonio con estas palabras: “Yo te veo como superior en virtud, porque de todos los dones que un príncipe puede poseer, yo considero la sabiduría el más brillante.” Las discusiones sobre filosofía llenaron sus días. Cuando partieron, Fraotes le dio una tropa de camellos blancos y leche para el viaje.

Se sabe que el gran Emperador Adriano, en el siglo II, mantenía una colección de las cartas del Tianeo, las que, como sus otros escritos originales, se han perdido.

Lampridio, un historiador del siglo IV, asegura que el emperador del siglo III Alejandro Severo mantenía retratos de Cristo, Orfeo, Apolonio y Abraham en su oratorio personal. Flavio Vopisco, un historiador romano del mismo siglo III, alababa a Apolonio de Tiana como un ser superior de la humanidad acerca de quien esperaba escribir una biografía, la que finalmente fue realizada por Filóstrato según se ha dicho, basado en las notas de Damis, a petición de Julia Domna, esposa del Emperador Septimio Severo. Considerado en las primeras centurias de nuestra era como el filósofo más grande del siglo I, hay referencias directas y comentarios acerca de Apolonio hasta el siglo V, aún entre cristianos, a pesar de que desde el punto de vista estricto de la religión organizada, el filósofo místico se mantuvo como un pagano. Se cree que durante los primeros siglos de nuestra era Apolonio tenía más seguidores que Jesucristo, con quien siempre se le ha comparado. No son pocos, como el ocultista contemporáneo Benjamín Creme, los que aseveran que el Tianeo nació en el año 16 de nuestra era y que sería la reencarnación de Jesús adquiriendo la Quinta Iniciación durante su vida como Apolonio; (incluso entrega la estructura de sus Rayos: 6-1-1-2-7).

En el siglo V, Sidonio Apolinar, obispo de Auvernia, luego de leer la biografía de Filóstrato, y muy impresionado, comenta que sólo le habría faltado ser cristiano para ser perfecto. Pero ya en el siglo IV el cristianismo había comenzado una campaña de descrédito de Apolonio de Tiana, calificándolo de charlatán, mago negro y anti-Cristo. La historia podría haber sido muy distinta, quizás, de no mediar la conversión de Constantino y su adopción del cristianismo como religión oficial del Imperio en el siglo IV.

Apolonio de Tiana siempre mantenía una división regular del día. En las mañanas, ejercicios religiosos y enseñanza de sacerdotes e iniciados en los Misterios Sagrados. En las tardes con el pueblo, haciendo curaciones e instruyéndoles en la ética de la vida práctica. Tres veces al día meditaba al Sol o al Señor del Mundo. Insistía mucho en las prácticas y rituales.

De su obra Núctameron, referida por Filóstrato, y en la que cada hora está presidida por un genio, existe el siguiente extracto:

Primera hora: en la unidad, los demonios cantan los méritos de Dios y pierden su malicia y su cólera.
Segunda hora: por el binario los peces del zodíaco cantan los méritos de Dios, las serpientes de fuego se enlazan en torno al caduceo y se tornan armoniosas.
Tercera hora: la serpiente del caduceo de Hermes se entrelazan tres veces, el cancerbero abre su triple boca y el fuego canta los méritos de Dios con las tres lenguas de rayos.
Cuarta hora: el altar vuelve a visitar las tumbas. Es entonces cuando se encienden las mágicas lámparas en los cuatro rincones de los círculos, es la hora de los encantamientos y los prodigios.
Quinta hora: el espíritu permanece inmóvil, ve que los monstruos infernales marchan contra él pero no les teme.
Sexta hora: la voz de las grandes aguas cantan al Dios de las esferas celestes.
Séptima hora: un fuego que da vida a todos los seres animados es dirigido por la voluntad de los hombres puros. El iniciado extiende la mano y los sufrimientos se apaciguan.
Octava hora: las estrellas hablan; el alma de los soles corresponden al suspiro de las flores, cadenas de armonía que hacen que todos los seres de la naturaleza se correspondan.
Novena hora: el número que no debe ser revelado.
Décima hora: es la llave del ciclo astronómico y del movimiento circular de la vida de los hombres.
Décima primera hora: las almas de los grandes genios se agitan con un ruido misterioso, vuelan de una esfera a otra y llevan de mundo en mundo a los mensajeros de Dios.
Décima segunda hora: aquí se consumen por el fuego de las obras de la luz eterna.

Resumen:

Apolonio de Tiana, un gran desconocido en la actualidad, vivió para la enseñanza y la práctica espiritual, viajó y compartió con todos los grupos y sectas tanto religiosas como políticas de su época, desde los más poderosos hasta los más humildes, apoyando las buenas prácticas y combatiendo aquellas contraproducentes a la vida del espíritu. Llevó una vida de extrema simplicidad, basada en la austeridad, la disciplina y las prácticas rituales, y renunciando a toda posesión material. A pesar de que reunió numerosos seguidores en todo el mundo conocido, nunca formó organización alguna ni dejó sucesores más que las almas individuales y colectivas a las que tocó, lo que habla por sí solo de su nivel como sabio y maestro.

“Cuando os diga por ejemplo que el divino Apolonio de Triana fue concebido sin operación de hombre alguno, y que una de las más altas Salamandras descendió para inmortalizarse con su madre, diréis que esta Salamandra era un demonio (…). Apolonius no nació de un hombre, conoce el lenguaje de los pájaros (…) resucita a una muchacha con la virtud de la onomancia (…)” Conde de Gabalais.

Loreto Morán

Referencias:
-Mead, G.R.S (colaboradora de Helena Blavatsky).- Apolonio de Tiana.
-Berwick, E.- Vida de Apolonio de Tiana.

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