La sombra del miedo está siempre ocultándose en el espacio que hay entre el mundo subjetivo y el mundo objetivo. Tenemos el miedo de perdernos a nosotros mismos, de perder nuestra identidad. Tenemos tal apego a nuestros conceptos de quién y qué somos que nos sentimos aterrorizados de su posible desaparición.

Podemos librarnos de gran parte del poder que el miedo tiene sobre nosotros a través de la meditación. Ella relaja nuestra acostumbrada orientación sujeto-objeto, el diálogo interno es aquietado, y cuando aparecen pensamientos, no los seguimos ni les añadimos interpretaciones. Entonces, cuando el miedo – o cualquier otra emoción- aparece, simplemente lo dejamos venir y alejarse, permaneciendo relajados y en calma. Podemos dejar que él pase a través nuestro mientras el estado meditativo se mantiene sin ser perturbado.

También la meditación puede abrir varios bloqueos, de modo que consigue liberar una poderosa energía. No acostumbrados a tal situación, podemos pensar que ella implica una amenaza. Entonces, etiquetamos esa manifestación energética como miedo y le damos una forma. Ahora tenemos que irrumpir a través del pensamiento miedo para descongelar esa energía.

Nos ayuda recordar que el miedo es sólo una asociación de ideas. El miedo no existe hasta que una sensación no es adjetivada como tal. Cuando dejamos caer nuestros conceptos y expectaciones, vemos que no hay nada que temer. Reconociendo que todo eso no es una parte esencial de nuestra naturaleza, podremos comprender que hemos sido atrapados por una ilusión. Entonces, podemos relajarnos y abrirnos
a la energía dentro de nuestro corazón. Ella ya no está restringida y nos capacita para descubrir el verdadero dinamismo de nuestra consciencia lúcida. Nada en el mundo físico podría protegernos de aquello que nos da miedo; trascenderlo a través de la meditación, es nuestra verdadera protección.

El que tengamos que morir no es un hecho agradable, pero si superamos nuestra reluctancia a pensar en ello, desarrollando una atención cuidadosa a su respecto, podemos protegernos del temor y de la confusión mental que ocurre cuando la muerte nos toma por sorpresa. Llegará el tiempo en que nos separaremos de nuestros cuerpos y nos encontraremos solos en nuestra consciencia. Al final, nuestra vida nos parecerá el sueño de una noche, un sueño muy largo. con toda clase de peripecias, pero aún sólo el sueño de una noche.