Economizando Nuestra Energía

Economizando Nuestra Energía

El cuerpo humano es una máquina capaz de realizar trabajo, y la energía para realizarlo se deriva de los alimentos, el aire y las impresiones. Comemos comida, respiramos aire y recibimos impresiones a través de los órganos de los sentidos. El intercambio entre estas tres formas de nutrición crea la variedad de energías que manifestamos.

Estas energías son de tres tipos: física, emocional y mental, y para cada uno de estos gastos de energía es necesario crear los recursos en nosotros. Por supuesto que no podemos gastar más que nuestros ingresos, No sólo no podemos hacer físicamente más de lo que nuestra alimentación lo permite, sino que tampoco podemos sentir o pensar más de lo que nos permitan los correspondientes ingresos. Estaremos cansados de pensar y no pensaremos más; estaremos cansados de las sensaciones y no sentiremos más, tal como nos cansamos dell ejercicio físico. La fatiga en cualquiera de estos aspectos significa la misma cosa, esto es, que hemos agotado temporalmente nuestra energía almacenada. Luego de dormir, o comer, o cambiar de aire o situación, podemos nuevamente actuar, sentir o pensar; pero por el momento estamos vacíos.

Hay, sin embargo, dos tipos de fatiga: imaginaria y real. Es bastante común que la gente piense que está cansada cuando en realidad no lo está. Dada una nueva motivación, la persona se sorprende de la energía que encuentra disponible. Este fenómeno en términos físicos, se suele llamar el segundo aliento, y es como si fuera una segunda reserva de energía a la que se puede echar mano sólo cuando la primera está exhausta. El mismo fenómeno puede ocurrir respecto del sentir y el pensar, aunque generalmente desistimos después de agotado el primer aliento. Pero podemos, por así decir, proponernos pasar de la primera fatiga al segundo aliento o reserva.

La fatiga real, muy distinta de una mera primera fatiga, sucede cuando la segunda o, quizás, la tercera reserva ha sido agotada. Entonces es necesario el descanso y la recuperación, o la máquina se derrumbará. Nuestra máquina está construída de modo tal que prácticamente todos los días creamos dentro de nosotros uno a uno los tres tipos de energía. No invertimos más que una pequeña parte de nuestros ingresos en las tareas que realizamos. Sin embargo, nos acostamos cansados, extenuados. Por qué ocurre eso?

La máquina humana puede ser comparada con una fábrica de tres pisos, cada uno de los cuales está dedicado a una forma de trabajo particular. En la planta baja está nuestra vida física, en el segundo piso la emocional, y en el tercer piso nuestra vida intelectual. Cuando estamos trabajando en uno de los tres pisos, no es necesario que los otros estén también en actividad. No encendemos las luces de toda nuestra casa cuando estamos en una sola habitación, sería un desperdicio de electricidad. De igual forma no debemos estar usando energía de los tres compartimentos de nuestro organismo cuando en realidad sólo estamos usando uno de ellos. Por ejemplo, si estamos pensando, no es necesario que el cuerpo esté también gastando energía; o si estamos trabajando físicamente, no es necesario que la mente vagabundee y gaste energía haciendo nada. Debemos aprender a interrumpir la energía en cada piso a voluntad para que que la máquina no funcione cuando no estamos en esa habitación para guiarla.

Toda acción inconsciente desperdicia energía; sólo la acción consciente la ahorra. Así, el primer principio de economía es el actuar en forma consciente y voluntaria, sin permitir que cualquier actividad escape a nuestra atención y derroche la energía por su cuenta. Las tres principales fuentes de pérdida corresponden a los tres compartimentos de nuestro organismo y pueden ser definidas como: esfuerzo muscular inconsciente, vagancia mental y preocupación o lamentación.

Examine el estado de sus músculos en este instante. Note que lo más probable es que esté sentado con un esfuerzo completamente innecesario. Sus piernas están trabadas, los músculos de su cuello están tensos, su mandíbula está apretada, sus brazos están en actitud de levantar un peso. Esto significa que usted tiene las luces encendidas en las habitaciones de la planta baja, aunque de hecho no las necesita puesto que está leyendo en el tercer piso. El medidor está corriendo inútilmente en desmedro de su bolsillo. El remedio es relajar el cuerpo cuando no esté en uso. Siempre que no lo esté usando, déjelo suelto. A causa de haber vivido constantemente en tensión, el cuerpo no se relaja por su cuenta, pero puede ser entrenado para ello. El consecuente ahorro de energía es enorme.

El pensamiento sin propósito es dejar la luz encendida en el tercer piso cuando ella no es necesaria. Pero todo el mundo lo hace. Observe a sus compañeros de viaje en un bus o en el metro. Ellos no están abocados a la solución de un problema definido. Su mente sólo se está paseando por los incidentes del día, los de ayer o los del año pasado. No están tratando de llegar a ninguna conclusión. De hecho, no están pensando; pero su mecanismo mental está siendo ocupado por asociaciones de ideas; y como está procesando sucesos, recuerdos, imágenes, consume energía. Cuando más tarde quieramos realmente pensar, usando nuestro cerebro con un propósito definido, encontraremos que nuestra cuota diaria de energía mental se ha agotado. El remedio es nunca pensar sin objetivo. Cuando sorprenda a su mente girando por su cuenta, ya sea soñando de día, sumergida en imaginaciones, perdida en recuerdos, hágala pensar en forma precisa. Diga las tablas de multiplicar al revés, recite algunos versos. Redacte una carta o un discurso. Elabore claramente su plan de acción para el día de mañana. Enumere con exactitud los sucesos del día. Haga cualquier cosa que usted intente hacer, pero no permita que lo haga su mente por su cuenta. Este esfuerzo puede parecer agotador, pero en realidad es refrescante. Emplea sangre que es llevada al cerebro. El pensar en forma inconsciente es, por el contrario, una mera hemorragia que lleva al agotamiento.

La preocupación, o los sentimientos involuntarios, son la tercera causa de nuestra fatiga, aún más común que la producida por el desperdicio mental y el corporal. Como Shelley dijo: Miramos el pasado y el presente y suspiramos por lo que ya no está. Acerca de los acontecimientos de ayer y de mañana es absurdo que sintamos y nos lamentemos por ellos, ya que no están presentes y sólo existen en la memoria o en la imaginación. Este hábito nos roba la energía con la que debiéramos sentir lo que sucede hoy. Llamamos sentimentales a aquellos que acostumbran habitar en los eventos del pasado o del futuro. Las luces de su segundo piso están siempre encendidas. Al mismo tiempo es notorio que los sentimentales no sienten con intensidad las situaciones del presente inmediato. Ellos viven intensamente el ayer o el mañana, nunca el hoy. El remedio consiste en concentrar la atención en la persona o situación inmediatamente presente. Aquí, justo enfrente de nosotros, y no en la memoria o la imaginación, es donde está aquello acerca de lo cual tendríamos que sentir, simpatizar, ayudar. Deje que el mañana y el ayer se cuiden a sí mismos.

Los que practiquen estos tres métodos se encontrarán muy pronto con más energía porque ahora ellos saben que hacer con ella. Les será difícil cansarse.

A.R. Orage

Traducido y extractado por Farid Azael de
A. R. Orage.- “Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.

Semblanza de Fontainebleau

Semblanza de Fontainebleau

1928

Durante este invierno me percaté de un deseo creciente de ir al Prieuré y realizar un trabajo verdadero con Gurdjieff. No podía formular claramente lo que quería hacer allí; pero a medida que transcurría el tiempo, el deseo de ir se hizo tan intenso que no pude resistirme. No era un deseo por escapar de la vida y sus responsabilidades, pues en este momento la fortuna me favorecía como no lo había hecho antes. Tenía todo lo que la vida ordinaria, el mundo, me ofrecía amigos y conocidos interesantes, una casa en el campo y un piso en Nueva York, automóviles, un trabajo satisfactorio que daba dinero; especialmente, Orage y el grupo -; pero todo esto tenía poco peso en la balanza frente al hecho de ir donde Gurdjieff.

El Prieuré
Este anhelo de ser lo que uno debía ser, de tener un ser, de ser capaz de hacer, de comprender, ha sido expresado por poetas y místicos hindúes, sufíes y cristianos – desde el punto de vista de un exiliado que añora el hogar, o más a menudo, el amante que añora a la amada. El dolor en el plexo solar que acompaña este anhelo de perfección es similar al que siente el exiliado o el amante.

Finalmente, después de mucha lucha interna, abandonamos nuestra vida en Nueva York y partimos hacia Francia. Antes de partir le dije a Orage: confío en que no pase demasiado tiempo antes de que nos encontremos de nuevo. Él respondió: somos del tipo de personas que siempre se encontrarán. No iré al Prieuré este año. En realidad, empiezo a sentir que mi trabajo aquí está llegando a su fin; quizá otros dos o tres años más, y entonces podremos encontrarnos en Inglaterra.

Llegamos a Fontainebleau-Avon a comienzos de Junio. En el coche que tomamos en la estación mis sentimientos estaban sensibles, como siempre, a los paisajes, sonidos y olores familiares: el tren que pasaba bajo el puente, el ruido del tranvía, el aroma del pino aserrado, la llegada al portón y el sonido del timbre con el letrero: Sonnez fort, y el chapoteo de la fuente del patio. No tenía idea de lo que iba a suceder, pero sentía que era algo muy importante para mí.

Gurdjieff nos dio una calurosa bienvenida, al igual que los demás. No expliqué por qué había venido en realidad, como ya dije, no podía formular claramente la razón -; pero, como lo probaron los acontecimientos, él sí lo comprendía.

G. I. Gurdjieff
Durante las primeras semanas trabajamos como de costumbre, dentro de la casa o en los jardines, y salíamos con Gurdjieff en su auto. En julio nos llevó, a la señora de Hartmann y a mí, a Biarritz y a Lourdes. En el camino comencé a pensar en lo que mi idiota significaba para mí, pues hasta entonces no tenía la menor idea. Me decidí a preguntárselo tan pronto como tuviera una oportunidad. Sabía que si podía descubrir su significado tendría una clave para mi estado y mi conducta para eso tan simple para otros pero oculto para mí mismo -. Hasta entonces, cada vez que le había preguntado sobre mi idiota él había desviado el tema o ni siquiera me había respondido.

Un día nos detuvimos en un restaurante en la carretera y comimos a la sombra de un agradable jardín arbolado. Hacía bastante calor, la comida y el armagnac estuvieron particularmente buenos, y el sudor corría por nuestros rostros. Cuando, durante el ritual del brindis por los idiotas, llegamos a mi categoría, le pedí que me dijera lo que significaba. Al comienzo no quiso. Pero insistí y casi le rogué para que me diera siquiera una pista. Poco después comenzó a hablar, y entonces me lo dijo en una frase de cinco palabras. Me sorprendí de la claridad y sencillez de sus palabras, y bajo la influencia de su presencia y del clarividente efecto del armagnac vi mi rasgo principal, algo que nunca había siquiera sospechado.

Cuando partimos y nos pusimos en camino pensé en ello, y vi cómo esta cosa había sido mi peor enemigo incluso desde mi niñez. Era quizá el factor principal entre las causas que formaron el patrón de mi vida y que me habían traído tantas dificultades y echado a perder tantas cosas en mis relaciones con otras personas. También me di cuenta de que si no hubiera sido por Gurdjieff y su método, yo habría podido ser siempre el mismo, repitiendo y comportándome de la misma manera. No puedo recordar el nombre del lugar en donde almorzamos, pero tengo una imagen vívida de cuando estábamos sentados en la enramada aquel cálido día, enjugando la transpiración de nuestros rostros.

Es sorprendente y hasta espantoso que uno pueda vivir durante años con una falsa imagen de sí mismo; y aún poseyendo un deseo de saber, no tener una imagen verdadera de cómo uno se manifiesta. Cómo pueden saberlo los muertos cuando hasta para los que están comenzando a despertar del sueño les es tan difícil?

Desde ese día algo comenzó a cambiar en mí.

En Biarritz, Gurdjieff empezó a ponernos dificultades. Nos reunimos con su hermano Dimitri y su esposa, y ellos, con uno de sus hijos, entraron al auto. Gurdjieff hizo sentar a su hermano en el asiento delantero, junto a él, y yo entre ellos entre esos dos hombres robustos -. Era un auto pequeño, con espacio para cuatro personas solamente. Con el equipaje en la parte posterior y nosotros seis apiñados, estábamos muy incómodos, y a medida que transcurría el día esto se volvió una verdadera tortura, pero decidí no dejarme llevar por la situación. Al final Dimitri Ivanich y su esposa Astra Gregorievna no pudieron aguantar más, y regresaron a Fontainebleau por tren; Gurdjieff, la señora de Hartmann y yo seguimos nuestro camino; yo seguía sentado en la parte delantera.

En Lourdes fuimos al lugar donde estaban los lisiados, los mutilados y los enfermos. Filas y filas de pobres criaturas esperando ser curadas, algunas de ellas casi monstruosas. Poco después nos encontramos con un largo cortejo fúnebre; conducían a un obispo a su tumba. Era impresionante, con el tañido de las campanas, el incienso, el canto de los sacerdotes y de los monjes mientras recorrían el camino bordeado por la gente la ceremonia pomposa de la religión organizada -.

A menudo, mientras continuábamos nuestro camino, Gurdjieff creaba mentalmente pasajes de Relatos de Belcebú, y se los dictaba en ruso a la señora de Hartmann, sentada en la parte posterior, lista con un cuaderno y un lápiz. Cuando nos ganaba el sopor y comenzábamos a divagar, o si Gurdjieff mismo necesitaba un choque para mantenerse despierto mientras conducía, armaba una escena, y a veces nos gritaba con lo que parecía ser cólera. Nos despertábamos rápidamente. Luego nos deteníamos en un café, o para tomar armagnac y comer sándwiches a un lado del camino, y entonces él nos hablaba. Al recorrer el campo, Gurdjieff parecía ser capaz, casi literalmente, de descubrir con su olfato la mejor comida, el mejor producto local, de manera que cada día comíamos algo nuevo y sabroso.

Gurdjieff y alumnos contemplando Danzas”
A veces me sonsacaba, me hacía decir cosas, y luego, con una mirada de compasión, sacudía su cabeza; y yo me daba cuenta de que había expuesto alguna de mis debilidades o imperfecciones. Estos incidentes, estos choques constantes que sacaban a relucir uno y luego otro de mis aparentemente innumerables enemigos interiores, permanecieron en mi memoria.

Aproximadamente un día después de nuestro regreso al Prieuré, Gurdjieff me puso a trabajar con otros dos hombres, excavando una trinchera en el bosque. Era agradable trabajar en la sombra, y cuando parábamos para descansar era aún más agradable sentarnos a charlar sobre ideas de altura. Pasaron algunos días en medio de esta labor agradable. Luego, primero uno de los hombres fue encargado de otro trabajo, después el otro, y terminé trabajando solo. Gurdjieff me pidió que cavara hasta encontrar un manantial que decían estaba en algún lugar de los alrededores, el manantial sobre el que había hablado cinco años antes.

Como los días pasaban y nadie se me acercaba y no había ninguna señal de agua, una resistencia comenzó a surgir en mí, una rebelión en contra de lo que mi mente sabía que debía hacerse. No se trataba de la dificultad del arduo trabajo físico. En la Columbia Británica había sido un buen excavador de pozos, haciendo explotar cada centímetro con nitroglicerina un trabajo difícil y peligroso. Lo que ahora tenía que superar era una rebelión una tremenda resistencia del cuerpo y los sentimientos a continuar esta tarea sosa, monótona y aparentemente sin propósito, en medio del calor sofocante -. Después de trabajar durante algunos días tuve que cavar una trinchera larga y profunda y un pozo hondo en la gruesa arcilla. Nadie se acercó a mí, y ya no me llamaban a comer en el comedor inglés. Luego Gurdjieff llevó a mi esposa y otras personas de viaje, en su auto, lo cual aumentó mis dificultades emocionales, ya que no había cosa que yo disfrutara más que viajar con él.

Cuando regresó algunos días después y vino a ver mi trabajo su primera aparición en dos semanas -, le dije: no hay agua aquí; es inútil continuar. Él sólo comentó: debe haber agua aquí. Debe encontrarla. Ahora cave aquí. Señaló hacia otro lugar y se marchó. De manera que comencé nuevamente. Pero un pensamiento insistente me atormentaba. Me preguntaba por qué había abandonado mi vida cómoda e interesante en los Estados Unidos para venir aquí a trabajar como un peón y ser humillado. Era sólo un capricho de Gurdjieff el mantenerme ocupado? Caí en un estado de desilusión y desaliento. Al mismo tiempo había un sentimiento interior de que la tarea debía ser cumplida, y que éste, quizá, era el primer esfuerzo verdadero que yo había realizado jamás.

Aproximadamente un día más tarde, después del té, fui a descansar a mi habitación. La postura física de acostarme boca arriba pudo haber aumentado el sentimiento de desaliento; el hecho es que estaba a punto de abandonar, cuando tomé y abrí el Pilgrims Progress, y leí:

Entonces vi que todos prosiguieron, salvo Cristián que se retrasó, y no siguió hablando sino consigo mismo, a veces entre suspiros, a veces confortablemente; también leía a menudo el Pergamino que uno de los iluminados le había dado, con lo que se reanimó.

Vi entonces que todos continuaron hasta llegar al pie de una Colina, en cuya base corría un Manantial. También en el mismo lugar había dos caminos además del que venía directamente del Portón; uno doblaba a la izquierda, el otro a la derecha al pie de la Colina; pero el camino estrecho conducía directamente a la Colina (y el nombre del que subía por el costado de la Colina es Dificultad). Cristián fue ahora hacia el Manantial y bebió de él para refrescarse, y luego comenzó a subir la Colina, diciendo:

Esta Colina, aunque elevada, deseo subirla;
La dificultad no me perturbará;
Pues percibo que el camino de la vida está aquí;
Ven, Corazón, anímate; no te desalientes y temas;
Aunque difícil, éste es el camino correcto.
Mejor que el equivocado, que es fácil, donde al final está la aflicción.

Los otros dos también llegaron al pie de la Colina. Pero viendo que ésta era empinada y alta, y que había otros dos caminos, suponiendo que podrían encontrarse nuevamente con el que Cristián había tomado, al otro lado de la Colina, resolvieron ir por esos caminos (el nombre de uno de ellos es Peligro y el otro Destrucción). Entonces uno tomó el camino que se llama Peligro que lo condujo a un gran Bosque; y el otro tomó el camino Destrucción, que lo condujo a un vasto campo lleno de obscuras Montañas, y cayó para no levantarse más.

Miré entonces hacia Cristián, que subía la Colina, donde dejó de correr para caminar, y luego de caminar para arrastrarse sobre las rodillas, debido a lo empinado del lugar. A mitad de camino, hacia la cima de la Colina había una agradable Glorieta, hecha por el Señor de la Colina, para que los Viajeros fatigados se refrescaran.

Gurdjieff:  Su vida, su enseñanza.

Gurdjieff: Su vida, su enseñanza.

Su Vida:

George I. Gurdjieff nació en Alexandropol, al sur del Cáucaso, en 1877.  Su madre era armenia y su padre, griego de ascendencia y heredero de una tradición oral muy antigua, marcó su infancia con innumerables relatos y poemas.

Educado en la religión cristiana ortodoxa, el joven Gurdjieff atrajo la atención de sus educadores y por ello recibió una enseñanza privilegiada. Destinado por su ambiente a la medicina o al sacerdocio, dejó muy pronto las opciones que se le ofrecían para seguir otros caminos. El estaba obsesionado por la idea de que debía existir en alguna parte un conocimiento más real que respondiera mejor a su necesidad de encontrar un sentido y una finalidad a la existencia humana,

Desapareció por más de veinte años dedicado incansablemente a su empeño por contactarse con las más antiguas tradiciones. Tendió un velo sobre este período de su vida y es poco lo que se conoce de ella que pueda ser corroborado independientemente de su autobiografía, Encuentros con Hombres Notables. Se debía acaso a algún juramento?

Hacia 1912 apareció en Rusia. Impactaba a quienes se le aproximaban por la profundidad y la coherencia de su enseñanza, donde parecía fundir los conocimientos de oriente y de occidente. Desde entonces Gurdjieff consagraría su vida a tratar de trasmitir todo lo que había adquirido con tanto esfuerzo.

La primera guerra mundial, y después la revolución rusa, lo hicieron desplazarse desde Moscú a San Petersburgo, Essentuki y Tiflis, entre otras ciudades, hasta 1920. Después pasó por Constantinopla y Berlín, y llegó a París en 1922. Sus actividades entre los años 1917 al 1929 pueden ser conocidas gracias a dos obras escritas sobre él. Una es En busca de lo milagroso: Fragmentos de una enseñanza desconocida de P. D. Ouspensky, la que fue publicada póstumamente en 1949. La segunda es Nuestra vida con Mr. Gurdjieff de Thomas y Olga de Hartmann, que fue publicada por primera vez en 1964, y reeditada en 1983 y 1992.

En París arrendó provisoriamente una casa, para mudarse en octubre de 1922 a Fontainebleau, en el castillo del Prieuré, ubicado al sur de París. Allí instaló su Instituto para el Desarrollo Armonioso del Hombre. Numerosos discípulos franceses, ingleses y norteamericanos, vinieron a compartir la vida comunitaria en el Prieuré, colaborando en los trabajos domésticos de la granja, aprendiendo a tejer alfombras y practicando movimientos y danzas , entre otras actividades.

En 1923 Gurdjieff presentó a sus alumnos en el Teatro de los Campos Elíseos en una primera exhibición pública de danzas sagradas y movimientos, con la intención de mostrar al público occidental la importancia de la relación con el cuerpo en un camino de conocimiento integral.

Al año siguiente, en un viaje a Estados Unidos, dio una serie de representaciones con el mismo objeto. A su regreso, en 1924, un grave accidente automovilístico lo obligó a restringir progresivamente sus actividades hasta que, al comienzo de los años 30, abandonó Prieuré y se instaló en París en un pequeño departamento, que no dejaría hasta su muerte, dedicándose casi por entero a la redacción de sus obras.

A partir de 1934 se reunieron grupos en torno a él, en especial alumnos franceses. Escritores, artistas, científicos, no dejaron de afluir hacia Gurdjieff, aún durante la ocupación. Después de la guerra retornaron los alumnos ingleses y norteamericanos, quienes lo siguieron hasta su muerte ocurrida el 29 de octubre de 1949. Entonces su nombre y su obra eran todavía desconocidas para el gran público.

Su Enseñanza:

El sistema de ideas de Gurdjieff y sus valores fue tan complejo e interconectado que, volviendo atrás, es difícil seleccionar un aspecto o una idea como la básica. El elemento común fue el principio de que sus ideas necesitaban ser redescubiertas en la experiencia del alumno. Por esto decía que el estudio de la psicología comienza con el estudio de uno mismo.

Para difundir sus enseñanzas, fue creando distintos Centros de estudio e investigación en cada una de las ciudades que visitó antes de llegar a París. El más evolucionado de ellos, llamado El Instituto para el Desarrollo Armonioso del Hombre fue el de Fontainebleau, el que funcionó desde 1922 a 1934 en los terrenos de una mansión que había pertenecido a un miembro de la aristocracia francesa del siglo 18. Una de las actividades características en estos institutos era el estudio de las danzas coreográficas originales de Gurdjieff. Durante los años en Rusia fueron llamadas Gimnasias Sagradas, y después en Francia, Movimientos.

El apoyo financiero para las actividades de Gurdjieff en Europa Occidental vino inicialmente de Inglaterra, donde sus ideas encontraron aceptación, y donde, desde inicios del año 1920 a su muerte en 1947, Ouspensky tuvo su principal residencia. Más tarde, con el viaje de Gurdjieff a Nueva York y Chicago en 1924, un considerable número de americanos lo siguieron, en gran medida gracias a los exitosos esfuerzos de A. R. Orage en atraer a escritores y artistas norteamericanos. Gurdjieff volvió a los Estados Unidos en varias ocasiones durante los períodos de 1929 al 1939.

Gurdjieff estuvo en Francia por más de una década antes de que sus alumnos franceses expresaran interés en sus ideas y métodos. Desde 1925 a 1935, mientras estaba absorto en escribir sus proyectos, sus ideas y movimientos estaban siendo presentados lentamente en círculos franceses por Alexander y Jeanne de Salzmann, dos de sus alumnos que se habían unido a él en Rusia.

Después de la muerte de Ouspensky, su viuda Sophia indicó a los seguidores de su esposo en Inglaterra y América que hicieran contacto directo con Gurdjieff, quien vivía en París. El período final de su vida, en 1948 – 1949, se transformó en años de gran cosecha, cuando tanto éstos como nuevos alumnos venían a París y eran presentados a Gurdjieff, quien a esa altura estaba ya muy enfermo.

Algunos de los alumnos del grupo de John G. Bennett en Londres, fueron invitados a formar parte de la gran familia de Gurdjieff, Un día típico en el concurrido apartamento de Gurdjieff se iniciaba a las 12.30 o 13.00 horas con una o dos horas de lectura de alguno de los manuscritos no publicados de Gurdjieff. La lectura era seguida por una comida de media tarde altamente ritualizada. Después de la comida se iban y sólo retornaban casi a las 21.30 o 22.00 horas para otra lectura y una cena más tarde, y frecuentemente escuchaban música de un armonio tocado por el propio Gurdjieff. Normalmente los invitados se despedían a las 2:30 a.m.

En el año que siguió a la muerte de Gurdjieff en París en octubre de 949, fue publicado el primer volumen de su trabajo de tres volúmenes Todo y todas las cosas. Este fue titulado Cuentos de Belzebú a su nieto: Una crítica imparcial de la vida del hombre. El libro escrito en el formato de una novela de ciencia ficción, trata de la caída del hombre y del surgimiento inicial de civilizaciones y costumbres que evocan en el individuo impulsos y asociaciones transformándolos en criaturas hechas a la Imagen de Dios. El libro busca derribar la visión del mundo que el lector tiene y, al final, esto evoca en él sentimientos de compasión y esperanza por sí mismo, y por toda la humanidad.

El uso que hicieron las Sociedades Gurdjieff de las historias de Belzebú varía. Algunos de los pequeños grupos independientes vieron el libro como un texto canónico que, como el Nuevo Testamento en la Iglesia Cristiana, es objeto de paráfrasis e interpretaciones. Los grupos asociados con las Fundaciones Gurdjieff, sin embargo, generalmente evitaron la discusión del significado de los pasajes de Gurdjieff en su libro principal. Es como si ellos creyeran que el impacto del libro tiene que ser recibido directa e individualmente. Por lo tanto, según este punto de vista, mientras menos se diga acerca de las ideas expresadas en los Cuentos de Belzebú mejor es.

Podría resultar erróneo el concluir que todo intento de aplicar estándares científico-sociales a la interpretación de textos religiosos -incluyendo el que discutimos- esté limitado a reducir lo trascendental a lo mundano. En el capítulo 27 en las Historias de Belzebú, Gurdjieff describe cómo, en un período prehistórico, un gran santo produjo una transformación de la perspectiva político-social y religiosa en su gente. El logra este objetivo reorganizando la psiquis de sus coterráneos, lo cual resulta en que participan más rica y orgánicamente en lo político, social e incluso en las transacciones económicas de la sociedad. Como resultado de este cambio de perspectiva, desaparecieron en breve cargas morales de larga data en la sociedad, tal como la esclavitud y las castas sociales.

En la asimilación de estos hechos el lector es dejado con múltiples impresiones: una es que, en el caso de las relaciones humanas cotidianas, somos gobernados por sentimientos más que por aquellos conceptos típicamente asociados con la presencia (o ausencia) del poder económico y político; entonces tal destacable cambio seguramente tendría que ser el trabajo de un gran santo. Gurdjieff observa al final de este capítulo que la gente contemporánea tiene tan sólo una vaga noción de una remota organización sacerdotal de la sociedad, la cual supone equivocadamente haber sido un período de tiranía religiosa. Tal vez entonces estos fragmentos de información que han sido preservados por algunas antiguas civilizaciones tengan otra interpretación. Finalmente el lector puede interrogarse acerca de cómo en su propia vida aparecen los sentimientos de consciencia.

Por un lado, existen notables diferencias en las interpretaciones dadas a los libros de Gurdjieff por los grupos que lo siguen: y por otro lado, hay consenso en el poco interés mostrado por la biografía del fundador de su movimiento. Generalmente se observa una mínima curiosidad en los detalles de la vida de Gurdjieff. Tal vez porque él decía que la vida era para vivirla en el presente: sólo las ideas, música y gimnasia sacra eran importantes. Si la tendencia de los nuevos movimentos religiosos se dirige al culto de la personalidad, el movimiento Gurdjieff con toda seguridad no comparte tal tendencia.

La forma cómo Gurdjieff interactuó con la sociedad y con individuos de diferente temperamento, resulta sutilmente instructiva. La calidad de su instrucción era indirecta. Aunque ella no puede ser imitada, lo cierto es que lo armonioso de su actitud atrevida y flexible se mantuvo desde los primeros acontecimientos ocurridos en episodios de su vida.

Gurdjieff preparó a seis o siete personas claves, quienes como discípulos hicieron duraderas contribuciones a la preservación de su enseñanza. Estos primeros discípulos fueron en gran medida responsables de la transmisión de sus ideas, música, movimientos y textos sagrados.

El mejor conocido en Occidente es P.D. Ouspensky, quien expuso el sistema en Inglaterra y América desde los inicios de 1920 hasta su muerte en 1947. Su libro En busca de lo milagroso, que abarca los años 1915 al 1924, fue publicado póstumamente con la autorización de Gurdjieff. Ouspensky logró expresar por escrito el sistema expuesto por Gurdjieff y, en alguna medida, su poder para trabajar con personas a través de las ideas. Ouspensky fue el discípulo clave en diseminar estas ideas en EEUU, donde él y su esposa se refugiaron durante la segunda guerra mundial,

Un segundo discípulo clave fue Thomas de Hartmann, un compositor que había trabajado para la aristocracia rusa antes de la primera guerra mundial. Gurdjieff trabajó con de Hartmann en 1920, componiendo lo que más tarde se publicara como la música de Gurdjieff/Hartmann, en la que se puede ver el marco musical dentro del cual se desarrollan los Movimientos Gurdjieff.

Es dudoso que las gimnasias sagradas de Gurdjieff pudieran ser preservadas sin la participación de Jeanne de Salzmann, coreógrafa y bailarina. Ella, por propia iniciativa, continuó enseñando los movimientos cuando, a fines de los 20 e inicios de los 30, Gurdjieff había puesto su atención en otros propósitos, Sólo al final de los años 30, Madame de Salzmann tuvo éxito en que Gurdjieff renovara su interés en la enseñanza de sus singulares ejercicios para el desarrollo de aptitudes interiores.

Los escritos de Gurdjieff en 3 volúmenes no podrían haberse materializado sin la colaboración administrativa y editorial de Olga de Hartmann, la aristócrata esposa del compositor ruso, y gran seguidora de Gurdjieff, y de Alfredo R. Orage, un prominente editor inglés. La señora de Hartmann fue la persona a la cual Gurdjieff dictó la mayoría de sus escritos y quien trabajó con Orage y otros en la traducción del texto ruso al francés y al inglés.

Orage, de nacionalidad inglesa y fallecido en 1934, fue un reconocido autor, editor y estudiante de filosofía. Estuvo residiendo en el Instituto de Gurdjieff de Fontainebleau a principio de los 20, antes de quedarse en New York como el primer representante de Gurdjieff en los EEUU. Trabajó como el principal editor a cargo de la traducción del texto ruso de Belzebú y de Encuentros con Hombres Notables al inglés.

Otro discípulo importante de Gurdjieff fue Sophia Ouspensky, quien estuvo asociada con él desde el período ruso y que ejerció especial influencia en el desarrollo de las enseñanzas de Gurdjieff en América. La Sra. Ouspensky vivió en los EEUU desde la segunda guerra mundial hasta su muerte a inicios de los 60. Ella dirigió los estudios de Gurdjieff en Mendham, Nueva Jersey.

Todos estos discípulos fueron europeos. En Estados Unidos existió un grupo de escritores y editores dirigidos por Jean Heap, que estuvieron en contacto con Gurdjieff principalmente en Francia.

Jane Heap (1887-1964), nació en Kansas, leyó el libro de Ouspensky “Tertium Organum” cuando apareció la edición americana en 1920, conoció a Orage, y después a Gurdjieff en 1923-24, y visitó por primera vez el Instituto Gurdjieff cerca de París en 1925. Durante el período de 1927-1936 ella vivió en Montparnasse, distrito de París, donde fue el centro de un grupo de mujeres que incluyó a Georgette Leblanc, Kathryn Hulme y Margaret Anderson. En 1936, a solicitud de Gurdjieff, la Sra. Heap se trasladó a Londres y dirigió grupos hasta poco antes de su muerte en 1964.

A mitad de los años 5O, la Fundación Gurdjieff de Nueva York se estableció formalmente bajo la guía de los principales discípulos americanos de Ouspensky y de Gurdjieff, enfrentándose con la difícil tarea de juntar a los seguidores de Orage, Ouspensky y del mismo Gurdjieff. Pronto otros Centros Gurdjieff se establecieron en ciudades tales como San Francisco, Los Angeles y Washington DC.

Jeanne de Salzmann generó mundialmente la estructura y dirección de los Centros de Gurdjieff. Como un aspecto de sus actividades, está su participación en el planteamiento de un filme conocido como Encuentros con Hombres Notables, con la dirección de Peter Brook el que fue presentado en 1978 y que está basado en ese libro. La película es destacable por dar al espectador una impresión de la energía de la búsqueda espiritual de Gurdjieff. El actor que lo representa logra trasmitir gran parte de ese arrollador empuje característico suyo. También Madame de Salzmann, ya muy anciana, aparece en un filme de exhibición privada dedicado a las danzas y movimientos.

Varios discípulos de Gurdjieff se mantienen aún participando activamente en los centros que llevan su nombre, aunque la mayoría de las responsabilidades cotidianas de estos centros con orientación Gurdjieffiana está en manos de discípulos de segunda generación, quienes estudiaron con discípulos de Gurdjieff, pero no trabajaron directamente con él. En adición, existe un número de organizaciones que invocan el nombre de Gurdjieff pero que no tienen conexión alguna con la Fundación o con algún discípulo que haya trabajado directamente con él.

Las numerosas entrevistas efectuadas a seguidores de Gurdjieff acerca de la naturaleza de sus enseñanzas, producen la impresión de que creen que las ideas contenidas en la tradición oral de Gurdjieff no pueden ser comunicadas en detalle fuera de las condiciones indicadas por las actividades de las Fundaciones.  Es como que si los seguidores creyeran que el término “trabajo interior”, tal como se usa en la tradición oral, no tuviera nada que ver con el término “trabajo interior” usado por el público en general. Ellos creen que se gana muy poco en la discusión con otros acerca de las ideas y actividades del trabajo de Gurdjieff en los términos que son comunes en su tradición oral. Por el contrario, tales discusiones podrían poner en riesgo la especificidad de los significados del lenguaje de Gurdjieff.  Ellos citan el uso del término eneagrama que Gurdjieff usó por primera vez con discípulos occidentales en el período de 19l6 al 17, y que más adelante, en el año 1970, fue indiscriminadamente incorporado en la psicología y espiritualidad de la New Age. Por eso creen que la incorporación de la terminología de la tradición oral de las enseñanzas de Gurdjieff al uso público en general, podría tener el efecto indeseado de crear nuevas y superfluas confusiones acerca de las ideas mismas.

Su Enseñanza empieza con el estudio de las condiciones que subyacen a una vida desde el punto de vista de la posibilidad de unidad interior. En su libro Belzebú, Gurdjieff observa que aunque el hombre tiene una conciencia que debiera servirle como una especie de brújula en su vida, esta función es sólo raramente activa en la vida diaria de los individuos. Cómo entonces intensificar el ritmo y la vida del individuo de tal forma que su conciencia pueda participar en los intercambios ordinarios que la existencia le trae?

Durante una cantidad de lecciones, el estudio del Camino comienza definiendo lo que no es el Camino, Gurdjieff dijo que en la vida de cada uno, en el momento del contacto inicial con su Trabajo (como él lo llamaba), se ofrece el mejor material para el estudio de los temas centrales de la condición humana. A diferencia de otras tradiciones que requieren que el individuo realice un quiebre, ya sea real o ceremonial con su pasado (como es el rito del Bautismo en el mundo Cristiano), según Gurdjieff, la vida presente es exactamente lo que el individuo necesita para encontrar su camino interior.

Uno de sus ejercicios era el YO SOY, Gurdjieff instruía al alumno que cuando él dijera la palabra YO debía tomar consciencia de su estado total de sentimientos, y al decir la palabra SOY tomar consciencia de su estado total de sensaciones. Decía a sus alumnos que deberían hacerlo al menos una vez cada hora, Este ejercicio, como la mayoría de los ejercicios de Gurdjieff, es incomprensible o imposible de comprender fuera del contexto único que se da en la relación maestro-alumno, Por esta razón los discípulos de Gurdjieff generalmente se refieren a los ejercicios, pero insisten en que sólo en el contexto de la tradición oral puede ser comunicado el sentido interno.

Otro ejemplo es la radical posición de Gurdjieff sobre la voluntad humana. Gurdjieff insistía en que un individuo, excepto en muy raros momentos, no puede “hacer”, porque no tiene voluntad propia. Por el contrario, todo es “hecho” a través de él, como resultado de las impresiones de la infancia, el condicionamiento cultural, las necesidades instintivas del adulto y los funcionamientos de la personalidad. Sólo raramente algo es sentido o hecho por el individuo de una manera que logre expresar auténticamente su cuerpo, emociones y mente.

Es importante abordar estos estudios en compañía y asociación con otros. El grupo sirve como un foro para verificar las experiencias de cada cual con las ideas y ejercicios espirituales de Gurdjieff. El creía que el grupo es benéfico para el buscador individual y para la persona responsable de guiar las actividades grupales, que no se refieren sólo al estudio de estas materias. En los Centros Gurdjieff de EEUU, Canadá y México se presta especial atención a la práctica de oficios tradicionales y disciplinas tales como tejido, alfarería, carpintería, jardinería y traducciones.

Finalmente las Fundaciones Gurdjieff dan importancia al estudio de lo que debería ser llamado la presencia del cuerpo. Para los seguidores de Gurdjieff, la antigua paradoja filosófica del problema cuerpo-mente es dirigida en forma práctica a través del estudio multiestratificado de la atención, o presencia del cuerpo humano. El darse cuenta de la presencia del cuerpo es, según Gurdjieff, un tema profundamente rico para la experimentación individual y para la discusión. Para que el cuerpo humano sirva como un eslabón de comunicación entre el cosmos y la psicología humana debe ser sentido y filtrado de una nueva manera, y sus partes y elementos deben estar en correcta relación unos con los otros.

Cuando Gurdjieff hablaba del desarrollo armonioso del hombre, se refería evidentemente a la posibilidad de un estado de equilibrio o alineamiento entre mente, sentimientos y presencia del cuerpo. Gurdjieff decía que, para estar disponible en cualquier momento a la recepción de influencias superiores o divinas, se requiere de un conocimiento progresivamente más sensitivo hacia los matices de la propia existencia física.

Una expresión común usada en los círculos de Gurdjieff es el recordarse a sí mismo, lo cual significa que ocurre un momento en el cual pensamientos, sentimientos y sensaciones de la presencia física de uno están en una inequívoca relación. Gurdjieff dijo que un problema central en la vida moderna es que la gente no se recuerda a sí misma. Esto es, tener experiencia de ellos mismos en este estado de integración. Sus enseñanzas intentaban en gran medida proveer a la gente de las condiciones especiales necesarias en las cuales tales momentos pudieran ser posibles con más frecuencia; lo que podía suceder con el ejercicio del yo soy. Esto nos hace pensar en los momentos cumbre (peak experiences) de Maslow.

Todos los sistemas religiosos dicen que el hombre vive de dos fuentes de energía: natural y divina. Para usar el lenguaje contemporáneo podemos decir que el hombre vive tanto de una fuente química como de una fuente alquimica de energía. La energía química viene del comer, del dormir y de las impresiones de nuestra vida cotidiana. El gran debate en la religión parece ser la naturaleza y mecanismo de activación de la energía alquímica. Los cristianos nos advierten que la energía alquímica es totalmente diferente de la energía química normal. Los cristianos hablan de la Gracia de Dios y del Espíritu Santo para recordarnos que tal energía no puede nunca considerarse como algo que pueda adquirirse en un supermercado.

Lo más interesante acerca de las enseñanzas de Gurdjieff es su inusual tranquilidad, quietud y silenciosa aproximación en torno a las esperanzas del buscador espiritual. Qué es lo que tengo que hacer? Qué cosas dependen de mí? De qué soy yo responsable? Frente a estas preguntas, la meta de las enseñanzas de Gurdjieff puede ser expresada en dos o tres puntos esenciales:

Primero, el individuo está en una profunda necesidad de purificación de su entendimiento de las diferencias entre el flujo energético químico y alquímico en su vida. El necesitará años de observación de sí para descubrir cómo la energía química puede engañarlo, seduciéndolo con formas sugestivas que ofrecen la presencia de energía alquímica.

Segundo, el individuo tiene la responsabilidad de buscar y mantener relaciones de trabajo con otros quienes también buscan aquel contacto con la energía alquímica.  La probabilidad de que un individuo logre éxito en obtener incluso una discriminación parcial entre los dos ríos de la vida, como Gurdjieff los llamaba, variará directamente con la intensidad de su asociación con otras personas embarcadas en forma similar en el camino de la búsqueda.

Es difícil saber entonces cuál es la gravitación específica del fenómeno Gurdjieff.  Los seguidores de Gurdjieff acostumbran decir que su enfoque ofrece una nueva base para el interés espiritual, una nueva razón para vivir, que no había existido previamente en sus vidas. Gurdjieff parecía anticiparnos mucho de este presente estado de confusión religiosa en Occidente. Sus enseñanzas invitan a los buscadores a desarrollar una sensibilidad moral que es alimentada, no por respuestas metafísicas o técnicas, sino por una inefable apertura a sí mismos y a otros.

Tatiana Reyes

 

Más Información:
Bennett, J, G.- Profundidad del Hombre.- Sirio.
De Ropp, Robert S.- El Juego Supremo.- Yug.
Gurdjieff, G. – Perspectivas desde el Mundo Real.- Hachette.
Gurdjieff, G. – Encuentros con Hombres Notables.- Solar.
Gurdjieff, G. – La Vida es Real sólo cuando YO SOY.- Sirio.
Gurdjieff, G. – Relatos de Belcebú a su Nieto, 3 tomos.- Hachette
Lefort Rafael.- Los Maestros de Gurdjieff.- Editorial Sufi.
Nicoll, Maurice.- Comentarios Psicológicos sobre las Enseñanza de Gurdjieff y Ouspensky Kier.
Nott C. S.-Teachings of Gurdjieff.- Routledge & Kegan.
Ouspensky, P, D.- En Busca de lo Milagroso.- Kier.
Ouspensky, P, D.- Psicología de la Posible Evolución del Hombre.- Hachette
Peters, Fritz.- Recordando a Gurdjieff.- Sirio
Reyner, J. H.- Gurdjieff en Acción.- Sirio
Walker, Kenneth.- Enseñanza y Sistema de Gurdjieff.- Dédalo
Wilson, Colin.- G. I Gurdjieff.- Urano

 

 

Llegar a Ser un Mejor Compañero para Sí Mismo

Llegar a Ser un Mejor Compañero para Sí Mismo

Es descubrir que la soledad puede ser fecunda y plena. Que es posible no aburrirse con la propia compañía. Ser capaz al enfrentar a otro, de prolongar la mirada más allá de las primeras impresiones y tener también una mirada benevolente y estimulante para sí mismo.

Es poder salir de una relación de privación consigo mismo causada por el no reconocimiento de las propias necesidades, de los propios deseos, pues a menudo somos, en lo que a nosotros se refiere, un padre crítico y exigente, poco gratificante y poco alentador.

La peor de las pobrezas no está en lo que nos falta, sino en la ignorancia profunda de todo lo que tenemos.

Ser un buen compañero para sí, es aceptar desarrollar una mayor plenitud, no suprimiendo o colmando las carencias, sino que no manteniendo la herida que las rodea. Pues demasiado a menudo corremos el riesgo de mantener nuestro propio sufrimiento ligado a las carencias, buscando compensarlas desde el exterior, atribuyendo así al otro el poder de restaurarnos. En esta actitud nuestra sobrevive la dependencia infantil en la que hemos vivido durante numerosos años, desde el comienzo de nuestra vida extrauterina cuando esperábamos satisfacción a través de los hechos, gestos y palabras de otro. Todo sucede implicita o explícitamente como si yo tratara de poner al otro al servicio de mis deseos y de mis temores.

Yo he encontrado en estos últimos años algunos puntos de referencia que me han permitido ser un mejor compañero para mí mismo. He aprendido a definirme mejor y a aceptar ser para mí el buen padre y la buena madre que hubiera querido tener.

Para definirme mejor en una relación, he aceptado aprender a decir no para poder después decir sí de verdad.

He aprendido a decir sí atreviéndome a decir no.

Conociendo mejor mis zonas de tolerancia, he podido descubrir más pronto lo que es bueno o malo para mí en una situación dada y así evitar mantener aquello que no sea beneficioso para mí.

He podido aprender a estar más en el presente, en el aquí y el ahora, y no atrapado entre el pasado y el futuro, ya sea, fijado o perdido en un pasado que me persigue, o encerrado en la dependencia de un futuro siempre incierto o amenazante.

He aprendido que poniendo incondicionalmente en las manos de otro mi placer o la satisfacción de mis necesidades, corro el riesgo de producirme muchas frustraciones.

Puedo establecer mi ritmo en la realización de un proyecto, definir mejor mi territorio, afirmar y desmalezar mi espacio, darme tiempo, sin tener que rendir cuenta de lo que pienso o siento, de lo que hago o no hago.

Puedo desarrollar en mí la capacidad de pasar del deseo al proyecto, de inscribir mis sueños en la realidad asociándolos a mis posibilidades. Nos quedamos demasiado a menudo pegados en un nivel de dudas, de remordimientos, de amargura, de impotencia, sin imaginar que es posible confrontar con la realidad lo que somos, sentimos o ensayamos.

Es cuando estoy comenzando uno o dos proyectos sobre mí que yo me inscribo en la vida.

Ser un buen compañero para sí es aceptar ser solicito, benevolente, aun indulgente, respecto al propio cuerpo y a ciertas necesidades vitales: nutrición, sueño, vestimenta, habitación.

Doy muestras de respeto, de atención, por ejemplo, a mis comidas? Si tengo que cenar solo, puedo darme la molestia de adornar la mesa y de colocar buena música.

Puedo cuidar mi vestimenta y mi bienestar. Puedo darme el tiempo de pasar un buen momento en mi propia compañía. Puedo también volver a introducir la risa en mi vida, el sentido del humor sobre mí mismo.

Puedo cambiar la manera como me contemplo en el espejo en las mañanas. Puedo tener gestos plenos, armoniosos. Saber gozar del placer de no tener que preocuparse de otro durante un espacio de tiempo. Salir, leer, relajarse en un baño tibio. Entrar en el bienestar de sí para después ofrecer esto a otros.

Cuántos se privan de una relación viviente con ellos mismos por estar buscando sin cesar la aprobación o el control de los otros.

El que no soporta estar solo intentará sin descanso huir de sí en citas, teléfono, salidas, fiestas… Si no se basta a sí mismo, en la noche impondrá su presencia, o su cuerpo, a una pareja. Va a jugar lo que nosotros llamamos relevo relacional>>. Traspasará su insatisfacción, su desvalorización, o su angustia a un (a) otro (a) quien la pasará o intentará pasarla a un tercero (a).

Aceptando reconocer como suyas las insatisfacciones o los malestares, reconociendo sus necesidades y sus sentimientos reales, cada uno puede confirmarse en lo que es, en lo que él experimenta y buscar en sí lo que le es necesario para cambiar su estado. Le será posible también emprender una acción para afrontar o disminuir esta necesidad, este anhelo de compañía: pero tiene que ser un acto nítido, claro, un llamado que pueda ser percibido, no un llamado indirecto, compulsivo, inaudible. En caso contrario, aceptar la soledad como una parte y no como la totalidad de la vida.

Si la necesidad o el anhelo de compañía no son satisfechos en lo inmediato, habré al menos podido reconocerlo, nombrarlo, acogerlo en mí en lugar de dejarlo desarrollarse bajo una forma indeterminada de angustia, de malestar, de autocompasión.

Ser un buen compañero para sí no será vivir como un autista, en un universo cerrado, reacio a todo cambio. Será entrar en diálogo, en relación con diferentes aspectos de sí mismo para conocerse y comprenderse mejor, justamente para llegar a ser más sensible, más congruente y por lo mismo más atractivo, más viviente, para sí y para otros.

Jacques Salomé.

Traducido y extractado por Mónica Pérez de
Question de, N 76
Editions Retz
París

Filosofía y Religion de los Hombres Nº 1, 2, 3 y 4.

Filosofía y Religion de los Hombres Nº 1, 2, 3 y 4.

Salvo el Hombre Nº 4, no son libres, ni tienen consciencia ni voluntad propia, sino la impuesta vegetativamente por su cuerpo.

La filosofía y religión del hombre Nº 1. 

Es la correspondiente al hombre fundamentalmente instintivo, que puede basarse, tanto en las apariencias de los fenómenos naturales meramente observables y convencionales, como conformarse sin fundamento de manera completamente caprichosa y fantasiosa. Corresponde a una preponderancia del primario sistema cerebral reptiliano.

La filosofía y religión del hombre Nº 2.

Es la propia del hombre fundamentalmente emocional y por ello es más idealista que racionalista. No hay excesiva preocupación por la contradicción o congruencia que ésta pueda tener respecto a los fenómenos naturales. Es completamente dualista puesto que separa la mente del cuerpo o las cosas del cielo y la tierra sin solución de continuidad. Corresponde a una preponderancia del hemisferio cerebral derecho y a las intuiciones o visiones que éste puede proporcionar por medio de la oración o la meditación-contemplación.

La filosofía y religión del hombre Nº 3.

Es la correspondiente al hombre básicamente intelectual, dualista y pragmático de corte cartesiano, aristotélico, kantiano o nietzcheano. Es una filosofía y religión muy limitada puesto que está basada en formalismos, especulaciones teóricas, puros convencionalismos y prejuicios intelectuales y científicos de su época. Representa la preponderancia del hemisferio cerebral izquierdo y su funcionalidad lógico-reduccionista.

Todas estas personas Nº 1, 2 y 3 así como sus filosofías y religiones, representan fundamentalmente un funcionamiento cerebral desequilibrado, prejuicioso, subjetivo y apenas unificado; que, por lo tanto, reacciona impuesta e instintiva, emocional o intelectualmente de modo preponderantemente conductista y tan automático como cualquier otra función cerebral de las llamadas convencionalmente vegetativas como la respiración, digestión, etc.:

De tal modo, la persona no puede elegir ni dirigir libremente sus instintos, gustos o modos de pensamientos, e igualmente no puede dominarlos ni modificarlos significativamente. Por ello no tiene ni libertad, ni voluntad ni consciencia realmente personal sino impuesta por su cuerpo y circunstancias. Así, su visceral filosofía, religiosidad, sensatez, vanidad, egoísmo, etc, permanecen y se imponen a su libertad y voluntad hoy como antaño, cambiando sus formas y apariencias, pero no su contenido esencial.

No hace falta, pues, ser muy perspicaz para comprender que durante el correr de los siglos no se puede traspasar esa barrera evolutiva de modo natural-vegetativo o automático por el simple vivir. Y ello es lógico, ya que la consciencia, voluntad y libertad no se pueden dar, transmitir o imponerse. Pues así como hay músculos involuntarios y otros mixtos que sí permiten su ejercitamiento por propia voluntad neuromuscular, como por ejemplo la respiración, igualmente tenemos que lo que llamamos convencional y erradamente libre voluntad, funciona siempre de modo automático y condicionado. Como lo demostró el Premio Nobel Roger Sperry, funciona de tal modo que cuando un hemisferio cerebral está muy activo, el otro está muy lento, sin ofrecer la necesaria interacción mutua que se traduciría en un contrapunto fusionado de regulación libre.

Pero tal situación vegetativa puede cambiar, ya que tenemos un cerebro que además de ser mixto o contradictorio, con dos hemisferios cerebrales opuestos, tiene capacidad y posibilidad de auto-regulación por medio del sistema Límbico – vía cuerpo calloso cerebral – que hace de conciliador de la emoción y la razón. Esto permite que la razón y la emoción puedan dominarse, modificarse y evolucionar libremente de modo conjunto y contrapunteado. Por lo tanto, a menos que se haga uso constante y adecuado de esta capacidad de auto-regulación, la persona no evoluciona de su condición N 1, 2, o 3 – que es vegetativa – hacia la 4, que no lo es. Y así continúa siendo creyente o atea, egoísta, vanidosa, etc, sin que pueda remediarlo significativamente.

La filosofía y religión del hombre Nº 4. 

Sólo cuando un hombre se ha dado cuenta de que su lamentable situación emocional e intelectual es fundamentalmente vegetativa, por muy lúcida o erudita que sea, y comienza a comprender que su cerebro con gran esfuerzo podría llegar a funcionar de un modo más propio y libre, se enfrenta a la posibilidad real de dominar y modificar sus pensamientos y emociones. Entonces inicia el camino de su posible evolución personal, vertical o cualitativamente distinta a la del caminar coyuntural de los hombres Nº 1, 2 y 3.  Empieza ahí el cambio hacia el Cuarto Camino o de su evolución personal.

Evolución personal posible pero muy difícil de alcanzar, por cuanto todo su sistema vegetativo conspira diariamente, de modo natural, instante tras instante, por retomar y mantener las riendas involuntarias tanto de su respiración, gustos, necesidades, y hasta hábitos genéticos, circunstancialmente vegetativos. Toda su naturaleza interna y externa conspira para que le sea desagradabilísimo y terriblemente dificultoso y somnoliento tomar las riendas que se imponen a las tendencias naturales de su naturaleza.

Así como el sueño nos vence todos los días, la actividad de nuestro estado de vigilia se realiza también de modo vencidamente vegetativo todos los días sin que escapemos a este solapado modo de sueño. Siempre nos es más cómodo dejar que nuestro sistema vegetativo nos lo haga todo y hasta piense y decida por nosotros, que tomarnos el dificultoso trabajo de hacerlo al modo personal que he descrito.   Es tal como ocurre en el sueño, en el que los ensueños se producen vegetativamente sin que la consciencia personal se dé cuenta que no está interviniendo para nada en ellos. Igualmente, cuando despertamos de nuestro sueño físico, todo lo que pensamos y sentimos nos es impuesto por nuestras vísceras sin que podamos contrariarlas.

¿Cuál es la filosofía y religión del hombre Nº4?

No es fácilmente explicable ni comprensible para los hombres Nº 1, 2 y 3.   Para ello se requiere una serie de prácticas intensas y estudios apropiados.   No es transferible, como lo puedan ser las matemáticas u otras ciencias.  El hombre Nº 4 no nace sino que se hace.   Un Einstein o un Mozart, o un místico, ya nacen con su genialidad en bruto, pero no un hombre Nº 4. ya que tiene que construirse por su propio esfuerzo, siempre que sea guiado por la ayuda adecuada.

No olviden el concepto que diferencia y define la inteligencia, con su razón y emoción libre y voluntaria, de la corporal vegetativa que se nos impone.

La inteligencia libre, consciente y voluntaria, es la capaz de superar el egoísmo, vanidad, etc, y de conciliar el punto de vista contradictorio de nuestra razón respecto a nuestra emoción e intuición; o la funcionalidad del hemisferio izquierdo y el derecho, que son contradictorios.

Alguien puede pensar que su razón y emoción no están en contradicción y que, por lo tanto, es un individuo relativamente unificado, autorregulado y libre con voluntad propia y capacidad propia de elección. Pues entonces que examine si no es egoísta, vanidoso, vicioso, etc. O si su ciencia convencional altamente desarrollada, le dice lo mismo que su emocionalidad analógica, intuitiva, contemplativa, lograda por cientos de horas de meditación. Entonces verá que su ciencia le dice que no hay Dios ni ética universal demostrable por el intelecto. Y a su vez verá que su hemisferio derecho analógico, meditador, contemplador – le estará diciendo que sí existe Dios, ética universal, amor universal. Y aun entonces, le quedará pendiente el esfuerzo de ponerse de acuerdo en esa propia disparidad cognitiva.

Esta contradicción inter-hemisférica es así, aunque a alguien le pueda parecer lo contrario, debido a que un hemisferio nos permite conocer las cosas por fuera, y por el contrario, el otro nos permite conocer como son las cosas por dentro y su conexión interdependiente subyacente. Por ello sus puntos de vista y emociones parecen del todo incompatibles. A menos que, de modo no natural y no propiciado por los dos hemisferios, se utilice una tercera función cerebral que haga de Conciliador de tal par de opuestos cognitivos. Esta es la desempeñada por el sistema límbico, la parte del hipocampo y cuerpo calloso, pues son susceptibles de crecimiento y auto adaptación constante.

Un requisito para poder lograr esto, es el hacer funcionar al cerebro en estado de auto-observación, en el que el Observador, además de observar, se observa a sí mismo de modo constante. Esto detiene el funcionamiento naturalmente vegetativo y el discurrir e imaginar intelectual y emocional del cerebro, el que se encuentra así en un estado fusionado o híbrido, entre el estado de meditación y el de no meditación o normal. Tal estado, a la larga, reconfigura el hipocampo y cuerpo calloso para que funcionen con posibilidad de regulación inter-hemisférica cerebral.

Porque no sólo es necesario desarrollar el intelecto y la meditación/contemplación sino más importante o imprescindible, la fusión o superposición coherente de ambos opuestos que nos dice a la vez como son las cosas por dentro y por fuera.

Paulino M. Iñigo