Como Desarrollar La Voluntad.

Como Desarrollar La Voluntad.

La voluntad es aquella función psicológica más directamente relacionada con nuestro ser. El psiquiatra Rank decía: el ser humano experiencia su individualidad en términos de su voluntad, y esto significa que su existencia personal es idéntica a su capacidad para expresar su voluntad en el mundo. Como, en general, la persona no está consciente de su ser, tampoco lo está de la más directa función de este ser: la voluntad.

Hay comúnmente dos concepciones unilaterales de la voluntad. La primera es la de reprimir o inhibir impulsos instintivos, usando la fuerza, tal como se doma a bestias salvajes. La segunda es la de empujar con fuerza, como hace un hombre al tratar de mover un vehículo cuyo motor no funciona.

En realidad, un análisis de la voluntad revela varias fases o estados, que detallaremos más adelante. Pero lo que más nos interesa es presentar sugerencias prácticas para el desarrollo y entrenamiento de la voluntad en su completa, efectiva y exitosa actuación.

 

Aplicaciones prácticas:

El propósito de desarrollar la voluntad es evidente por sí mismo, porque la voluntad se necesita primero para decidir y después para perseverar – haciéndose el tiempo. necesario y dándose la correspondiente molestia – en la práctica de una determinada técnica, o sea, primero hay que tener la voluntad de entrenar la voluntad. Aquellas personas que dicen que no tienen voluntad, siempre tienen algo de voluntad porque es una cualidad inherente al ser, aunque gran parte de ella esté en estado latente. Esta gente tiene que aprender a usar su pequeño capital – esta módica cuota de voluntad – con miras a fortalecerla e incrementarla hasta que llegue a ser una habilidad organizada, teniendo siempre en cuenta que no hay límites en lo que pueda alcanzar una potente voluntad.

Es conveniente colocarse en una posición cómoda, relajarse, e imaginar lo más vívidamente posible diferentes situaciones en las que se vean actuar con plena asertividad, en forma decidida, persistente, concentrada, resistiendo cualquier intimidación; disfrutando emocionalmente de los beneficios y satisfacciones que les traería este estado de cosas.

Ayuda mucho leer textos especialmente dedicados a cultivar y reforzar el optimismo y la decisión para actuar. Son útiles las biografías de personajes exitosos, quienes han demostrado las mejores cualidades de una fuerte y constructiva voluntad.

En la vida cotidiana es posible dejar algunos momentos para ejercitar la voluntad en pequeñas cosas, como levantarse unos veinte minutos más temprano para hacer unos pocos ejercicios físicos; irse a la cama a una hora fijada de antemano, a pesar de un atractivo programa en la televisión, por ejemplo. Cada uno podrá idear el hacer un par de cosas diariamente en contra de las ganas de no hacerlas.

Una advertencia importante: no hablar de esto con otras personas, ni aún con la laudable intención de inducirlos a seguir este camino. El hablar del tema descarga las energías que se necesita acumular para el esfuerzo. Además, esto puede provocar fácilmente reacciones escépticas o cínicas que pueden hacerlos dudar o desalentarse. Hay que trabajar en silencio. Es indispensable insistir en este punto.

 

 

Las fases o estados de la voluntad son seis, todos necesarios para su completa y efectiva expresión:

1.     Meta – evaluación – motivación:

Como estamos tratando con voluntad consciente, el próposito o meta es esencial como primer paso, porque sin una meta consciente no puede haber voluntad. Después de haber decidido la meta viene la intención de obtenerla y la evocación de la motivación.

Debemos tener en cuenta que tras de nuestra motivación consciente pueden haber móviles inconscientes que sería oportuno desenmascarar. No se trata de condenar o reprimir esos impulsos; la función de la voluntad es la de utilizarlos y asegurarse su cooperación para obtener el propósito elegido. El orgullo, la vanidad, el deseo de complacer a una persona amada, el impulso de competir con éxito en un deporte, etc., pueden ser empleados para reforzar una voluntad débil al comienzo. Resulta útil preguntarse sobre lo que más se desea obtener, cualquiera sea la motivación que haya detrás de ello. Lo que importa es poner a nuestro servicio la potente energía que pueda haber tras ese deseo.

La motivación inevitablemente implica evaluación, y esta es esencial. Una verdadera evaluación implica a su vez una escala de valores, los que a su turno son la expresión de un concepto o filosofía de vida y de una concepción del mundo. Toda persona lo tiene, aunque raras veces se lo formula a sí misma; a veces es vago, confuso, o aun contradictorio. La clarificación, el llegar a ser conscientes de la posición o actitud que tenemos frente al mundo, es un valioso fruto de este análisis. Es evidente que el propósito o meta hacia donde la voluntad será dirigida debe tener una intensa evaluación positiva.

2.     Deliberación:

Es la consideración, el sopesar los pro y los contra. En algunos casos particulares parecería que no hay mucho que deliberar, y que la elección sería ir inevitablemente hacia la más alta meta o propósito concebible; pero el asunto no es tan simple. El propósito o meta no sólo debe ser de alto valor sino también obtenible. Podemos visualizar metas muy ambiciosas, y reconocer al mismo tiempo en forma realista que son imposibles, al menos en las condiciones psicológicas y ambientales existentes. Por lo tanto, la deliberación o consideración que nos llevará a la siguiente etapa – la decisión o elección – no puede ser hecha automáticamente eligiendo la más alta meta, porque uno debe tomar en consideración las varias condiciones y circunstancias. Aunque una meta alternativa pueda ser menos ambiciosa, por varias razones debería tener prioridad. Se necesita sabiduría en la deliberación y la consideración de los factores en juego en una situación dada, porque cada una es siempre única.

3.     Decisión:

Esta es una etapa difícil porque involucra elección, y va contra la fuerte tendencia que existe en todo ser humano de guardar la torta sin privarse de comerla. En términos psicoanalíticos sería seguir el principio del placer, el cual es irracional. El hacer una elección deliberada significa, en cambio, el uso del principio de la realidad, el cual es un principio de relatividad: no podemos tenerlo todo, debemos elegir entre alternativas. Se podría expresar en términos negativos como renunciamiento; pero, para propósitos prácticos, es mucho mejor poner énfasis en el término positivo de preferencia. Cuando escogemos, cuando formulamos una decisión, esto significa que preferimos algo que consideramos más deseable y obtenible que las otras alternativas que descartamos. La dificultad en una decisión voluntaria está en que el individuo, ya sea clara o subconscientemente, se da cuenta de que una decisión es un acto de Iibertad que inevitablemente involucra responsabilidad. Este dilema de libertad versus responsabilidad – ya se trate de individuos o comunidades – ha sido estudiado en profundidad por Fromm y otros. El escapar de la responsabilidad se hace al costo de sacrificar el más precioso de los dones humanos: el de la libre voluntad.

A este punto, conviene recalcar que la indecisión es uno de los más notorios síntomas en personas depresivas. El verse obligadas a tomar una decisión les despierta una intensa ansiedad que puede convertirse en angustia. Como su autoestima es baja, pueden tomar decisiones en las que subvaloren su capacidad verdadera, limitando sus expectativas en perjuicio suyo.

El caso opuesto se encuentra en personas fuertemente autocentradas y muy asertivas, que se niegan a renunciar a lo que sea, y luchan por tenerlo todo, aunque se trate de cosas incompatibles entre sí, como sería una carrera absorbente y una feliz vida familiar.

4.    Afirmación:

Una afirmación efectiva involucra varios factores: el primero es fe: no simplemente una creencia sino
una fe viviente y dinámica; aún más, una convicción arraigada. Si esto falta, la afirmación tendría que basarse en la intención de probar, de arriesgarse valientemente en una aventura.

El acto de afirmación consiste en una orden o declaración que nos hacemos a nosotros mismos. Es un imperativo expresado como la palabra latina Fiat o Hágase. La intensidad o voltaje psicológico de la afirmación determina el grado y la extensión de su efectividad.

En muchos casos es necesario repetir, o más bien renovar, la afirmación a intervalos, con miras a intensificar su potencia para superar factores oponentes. Es bueno estar consciente del hecho de que una afirmación a veces provoca reacciones internas en su contra. Esto debe ser comprendido de modo de no sorprenderse o desalentarse, sino de resistir en calma mientras estas reacciones persistan, para más adelante superarlas en forma apropiada, una de las cuales es – como ya dijimos – renovar la afirmación.

5.    Planificación:

Se refiere a organizar la actividad de acuerdo a un plan claramente delineado. Esto requiere una previsualización de las varias etapas, o pasos a seguir, entre el punto inicial y la meta última de realización del propósito. En algunos casos esta meta puede estar muy distante, entonces es conveniente fijar metas intermedias que se irán alcanzando sucesivamente. Por ello es necesario hacerse – con claridad y discernimiento – un programa bien organizado de tareas parciales y logros consecutivos.

Hay dos errores contrapuestos que deben ser evitados. Uno es mantener la atención y la dirección de la voluntad tan exclusivamente enfocada en la meta última que la persona pierde de vista el suelo bajo sus pies. El otro, y el más común, es llegar a interesarse tanto y sobrevalorar las metas secundarias, colocando un énfasis indebido en las maneras de obtenerlas, que se olvida la meta última.

También existe gente demasiado segura de sí misma que se impacienta por la cuidadosa – e inevitablemente lenta – planificación. Tienden a poner en marcha un plan en el que falta afinar detalles, o peor aún, corren alocadamente hacia su meta, sin considerar obstáculos, tiempo, posibilidades realistas, reacciones negativas de otras personas, etc.

6.    Dirección de la Ejecución:

Aquí se necesitan dos de las más importantes cualidades de la voluntad: primero, su dinamismo y poder energético enfocado hacia la meta, y segundo, la persistencia o perseverancia. Es obvio que una voluntad perfecta combina el máximo del poder dinámico con el máximo de persistencia; pero tipológicamente – encontramos que hay personas que tienen más de una cualidad que de la otra. Además, ciertas tareas requieren el aspecto dinámico, mientras que otras de naturaleza más prolongada piden paciencia y perseverancia. Por lo tanto, es un problema subjetivo no sólo qué características de la voluntad prevalecen en una determinada persona, sino además cuál de ellas es más necesaria para una tarea o meta en particular. Obviamente, en el entrenamiento de la voluntad tenemos que acentuar aquella que esté relativamente menos desarrollada.

La manera en que el dinamismo de la voluntad se manifiesta es a través de la afirmación y el comando, en el Fiat. En contraste, el aspecto perseverante es necesario para una de las más efectivas técnicas de educación de la voluntad: mantener un claro cuadro mental en el foco de atención, visualizando persistentemente las ventajas de poseer una fuerte voluntad y las desventajas y frustraciones que produce el que ella sea débil. El poder de las imágenes sostenidas es enorme.

Otra cualidad necesaria en esta etapa final de ejecución es mantener la dirección. Esto requiere excluir o descartar todo obstáculo que pudiera interferir con la aplicación de la voluntad en la realización de la tarea.

 

Indicaciones Generales:

Es importante que la persona sea consciente del nivel de su voluntad en cada una de esas fases. A menudo sucede que la voluntad está más desarrollada – y aun tiene la fuerza que se requiere – en alguna de ellas y sea débil – o muy poco desarrollada – en otras. Hay gente que decide con rapidez, pero le falta la persistencia para llevar a cabo sus decisiones. En otros casos, lo más difícil es tomar una decisión, pero, una vez hecha, el resto funciona adecuadamente.

Es evidente la necesidad de equilibrar armoniosamente estas seis fases de la voluntad que hemos detallado, sin dejar de lado el sentido ético: la responsabilidad que nos atañe por nuestras acciones en relación con otras personas. Existen individuos dominantes, que tratan de alcanzar sus metas a toda costa, sin consideración hacia los derechos de los demás, lo que provoca tanta resistencia a su alrededor, que fracasan en su intento. No debemos luchar por nuestras metas explotando o pasando a llevar a otras personas. Esto debe tomarse en cuenta en la etapa de Planificación.

Roberto Assagioli

Traducido y extractado por Sonia Ramírez de
Psychosynthesis
Penguin Books
New York.

Más Información:
Assagioli, Roberto.- Ser Transpersonal.- Gaia.

 

 

El desarrollo de la intuición

El desarrollo de la intuición

El yo del estado de vigilia recibe del estrato más profundo de la mente, en especiales circunstancias, repentinas intuiciones y espontáneas inspiraciones. La intuición es un destello espontáneo, pasivo, receptivo e involuntario, que no guarda relación con algún pensamiento anterior. Es por eso que revela un horizonte nuevo sobre un tema particular. La mente tiene el poder de actuar según su propia manera misteriosa que le permite prescindir del pensamiento y enviar sus resultados a la consciencia superficial.

La intuición tiene mucha fuerza cuando toma una dirección negativa, por ejemplo, para prohibirnos un determinado acto. Se anula, cuando predomina en nosotros los prejuicios y deseos relacionados con el asunto. Pasado un tiempo puede reaparecer y allí nos recuerda el error de haber seguido el impulso de nuestros sentimientos personales en lugar de haberla captado en su fugaz manifestación.

Hay un tipo de intuición que tiene toda la humanidad y que no se manifiesta de un modo extraordinario. Es una facultad que a veces se presenta teñida de emociones, deseos, egoísmos que confunden sus contornos. Es lo que comúnmente se llama conciencia o voz interior. Es la destilación de muchas experiencias vitales acumuladas, que asume la forma de conciencia moral, juicio crítico y sentido artístico. Es el resultado de esta encarnación y de las anteriores. Estas experiencias están acumulados en los estados más profundos de la memoria y dejan como herencia esas intuiciones.

La fuente de la cual surge la intuición está siempre dentro del hombre, se debe cultivar la atención a aquella fuente. Depende de la voluntad y la frecuencia con que se realice. Si uno desea una respuesta sobre algo y ya ha agotado todos los medios para conseguirlo, lo mejor es comenzar por creer que la respuesta ya existe dentro de la persona que pregunta. Hay que hacerla surgir de los estratos más profundos de su mente para que aparezca ante su consciencia cotidiana.

Dicha confianza es acertada, aunque la respuesta intuitiva no esté completamente libre de la interferencia o ayuda del factor kármico. El próximo paso, consiste en “concentrar” la atención. Esta concentración debe repetirse varios días y, a veces es necesario, durante varias semanas.

El tercer punto es muy importante, el hombre tiene que ayudar para que la respuesta pase del nivel oculto al nivel abierto de la consciencia. Esto se logra paradójicamente, por el proceso de olvidar por completo el tema. Es así porque la intuición no se manifiesta por un acto de voluntad personal. El hombre debe ponerse en estado pasivo, relajar la atención apartándola del tema, aquietar la consciencia, dirigiendo los pensamientos hacia otra cosa. Las respuestas intuitivas se producen en el periodo intermedio de duermevela, entre el dormir y el despertar.

La cuarta fase, consiste en asir nuevamente el tema, justo antes de entregarse a un descanso o justo antes de dormirse. Esto induce a que algo enfoque las antenas al subconsciente, donde se encontrará el conocimiento esperado.

La mente en estado de dormir profundo, de semi sueño o de ensoñación diurna, puede resolver el problema más difícil, aunque en ese momento no se tenga consciencia de su actividad. Esto puede aparecer como idea consciente y auto evidente, como experiencia onírica o como una ocurrencia imaginativa, durante unos momentos de ausencia mental.

El quinto factor importante que se debe tomar en cuenta es que una intuición se evapora y es tan frágil como el recuerdo de un sueño al despertar. A veces el escepticismo, los prejuicios y convencionalismos, hacen que desoigamos su voz.

Es por esta causa que es conveniente anotar inmediatamente lo que se recibe. No es suficiente reconocer una intuición, se la debe comprender y obedecer aunque a veces pueda parecer desagradable.

El sexto punto consiste en esperar pacientemente la respuesta. Si uno se apresura, puede entregarse a una pseudo intuición, teñida con los prejuicios y emociones derivados de su modo de pensar. Además, la intuición puede presentarse de muchas maneras, el mensaje puede venir del exterior, un libro abierto al azar y hasta en una carta recibida a tiempo. La verdad de la respuesta tiene que ser reconocida por el yo interior. Estos hechos extraños no son tales, cuando el estudiante comprende la base mentalista de toda existencia, cuando sabe que el mismo nivel profundo de la mente corre a través de todas las cosas y seres manteniéndolos unidos.

El séptimo punto consiste en verificar toda aparente intuición sometiéndola al juicio crítico de la inteligencia – en donde la razón es la parte más importante y a la autoridad de la experiencia, las que servirán para evitar el auto engaño. El sentimiento de innata convicción no es una prueba de la validez de una intuición porque puede llegarle de una forma impura, si ha ignorado o despreciado la disciplina metafísica.

La voz de la verdadera intuición se recibe en calma interior y no en una condición dominante, apasionada o exigente, La verdadera intuición puede tener un trasfondo emocional pero nunca es dominante. Las características principales de una verdadera intuición son la calma, la claridad, la certidumbre y la infalibilidad.

El factor kármico tiene su incidencia y puede dar lugar a que nunca se manifieste una intuición. En las primeras etapas de desarrollo del estudiante se debe hacer las averiguaciones antedichas. Después de mucha experiencia y observación de los resultados, el hombre se acostumbra al modo de actuar de la intuición. Sólo con esta facultad madura ya no es necesario verificarla.

No debe confundirse intuición con visión interior. Hay planos primarios y secundarios de la mente y también son primarios y secundarios sus productos. La persona que por su evolución ha llegado a tener visión interior y ha adquirido esa facultad, merced a la cual puede atravesar las formas terrenales, manifiesta una consciencia exaltada, pero tranquila, no cambia su estado de ánimo establecido, su luz brilla en forma permanente. La visión sólo tiene que ver con la Fuente eterna de la cual surgen todas las cosas.

Las personas que manifiestan efectos de los planos secundarios de la mente hablan y escriben acerca de esos niveles, la consciencia es excitada, pero exaltada, caen en raptos de éxtasis y ensoñaciones abstractas, su luz brilla en forma discontinua. La misión de la intuición es proporcionar una guía correcta en los asuntos emocionales e intelectuales y no se ocupa de ideas efímeras.

El desarrollo de la intuición constituye un complemento preliminar muy valioso para llegar a la visión interior.

Paul Brunton

Extractado por Elisa Aliaga de
Brunton Paul.- La sabiduría del Yo Superior.-Editorial Kier

Assagioli y El Maestro Tibetano

Assagioli y El Maestro Tibetano

elmaestrotibetano01Dentro del vasto grupo de discípulos e iniciados que el Maestro Tibetano escogió para su gran experimento en beneficio de la humanidad a partir de la década de 1930, se encontraba el eminente psiquiatra italiano Roberto Assagioli, conocido fundador de la Psicosíntesis. La relación del Tibetano con sus Discípulos se estableció principalmente como una respuesta a la gran necesidad mundial de la época, y se efectuaba a través de varios niveles de contacto de acuerdo a la receptividad de cada uno; paralelamente, les envió cartas personales a lo largo de más de diez años a través de su gran colaboradora directa, Alice A. Bailey, las que fueron recopiladas y publicadas en los dos tomos del libro conocido como El Discipulado en la Nueva Era.

No es la primera vez que grandes Maestros se comunican en forma directa a través de algún canal mental particularmente receptivo; dos antecedentes inmediatos se encuentran en Las Cartas de los Mahatmas de M. y K. H. a A. P. Sinnett (1880-1884) y La Doctrina Secreta de Madame Blavastky (1888) dictada por el Maestro Tibetano, además de la mayoría de los otros libros publicados por la misma Alice Bailey, sólo por citar los ejemplos de más difusión en la actualidad.

Alice Bailey también tuvo relación directa con Assagioli. En su Autobiografía (2) se refiere al encuentro: El primer verano que pasamos en Ascona paramos en la casa de Olga, pero después ocupamos una pequeña casa sobre el lago que estaba en su propiedad. Allí se reunían personas de todas las nacionalidades; vivíamos todos juntos durante semanas, llegando a conocernos muy bien. Las barreras nacionales parecían no existir y todos hablábamos el mismo idioma espiritual. Allí fue donde conocimos al Dr. Roberto Assagioli, nuestro representante en Italia durante varios años, y el contacto con él y los muchos años de labor en común, constituyó uno de los hechos más felices y dignos de destacar en nuestra vida. En una época fue un destacado especialista del cerebro en Roma; cuando lo conocimos por primera vez se lo consideraba como el psicólogo más renombrado de Europa. Posee muy buen carácter. No puede entrar a una habitación sin que su presencia resalte de inmediato por sus cualidades espirituales extraordinarias. Frank D. Vanderlip en su libro What Next in Europe hace un sorprendente comentario sobre el Dr. Assagioli. Lo llama el moderno San Francisco de Asís, y dice que la mañana que pasó con él en Europa, marcó uno de los acontecimientos más sobresalientes de su viaje. Las charlas del Dr. Assagioli constituían sucesos de gran trascendencia en las conferencias de Ascona. Daba sus conferencias en francés, italiano e inglés, y la fuerza espiritual que de él emanaba fue un estímulo para que un gran número de personas renovara su consagración a la vida.

assagioliDr. R. Assagioli……………………Alice. A. Bailey

En las cartas que El Maestro Tibetano transmitía a través de A. Bailey a su grupo de discípulos, se refiere sistemáticamente a los conflictos de cada uno de ellos, conflictos derivados de desarmonías en la personalidad, taras debidas a razones kármicas, o a la dificultad para integrar adecuadamente cuerpos constituidos por Rayos muy disímiles entre sí, o de éstos con respecto al Rayo del Alma. Para aclarar someramente estos aspectos, digamos que en las personas no iniciadas, los Rayos de cada cuerpo son siempre los mismos: Séptimo rayo para el cuerpo vital, Sexto Rayo para el cuerpo emocional o astral y Quinto Rayo para el cuerpo mental. El rayo emocional siendo como el medio de ligazón entre el cuerpo vital y el mental. La principal tarea para estas personas, si realizan un trabajo consciente y están próximas a un contacto con el Alma (Yo Superior) , es la mayor o menor dificultad que puedan tener para integrar la personalidad, en cuyo caso se adquiere un nuevo Rayo que gobierna al conjunto de esta personalidad. Entonces se presenta una nueva tensión entre el Rayo de la personalidad y el Rayo del Alma, al que la personalidad debiera subordinarse. Así pues, en un discípulo con su personalidad integrada, son cinco los rayos que operan activamente en lo que el Maestro Tibetano llama el equipo: los rayos del cuerpo físico, del cuerpo emocional, del cuerpo mental, de la personalidad integrada y del Alma.

En los iniciados, en cambio, los Rayos de cada uno de los cuerpos presentan múltiples variaciones, dadas por la necesidad de realizar tareas específicas, o de compensar excesos en vidas anteriores, o producto de estas mismas vidas. Así pues, cada cual debe esforzarse por sacar adelante la tarea de integrar lo más adecuadamente posible estos cuerpos con el Rayo de la personalidad, para ponerlos al servicio del Alma y de las necesidades tanto de progreso personal como de servicio colectivo que se requieran.

Sintéticamente, los siete Rayos o emanaciones producen los siete tipos psicológicos principales, y son:

– El primer Rayo de Voluntad o Poder. Muchos grandes gobernantes del mundo, como Julio César, pertenecen a este rayo.
– El segundo Rayo de Amor-Sabiduría. Cristo y Buda pertenecen a este rayo, el gran rayo de la enseñanza.
– El tercer Rayo de Inteligencia Activa, a la que pertenece la masa humana inteligente.
– El cuarto Rayo de Armonía a través del Conflicto. Los aspirantes, las personas de buenas intenciones, los que se esfuerzan y luchan, los que trabajan por la unidad, los artistas que buscan superar sus conflictos internos a través de su expresión creativa, surgen de esta línea.
– El quinto Rayo de Conocimiento Concreto o Ciencia. Los científicos, los intelectuales, y las personas regidas únicamente por la mente.
– El sexto Rayo de Devoción e Idealismo. Muchos cristianos, los fanáticos y los sinceros devotos de todas las religiones del mundo.
– El séptimo Rayo de Orden Ceremonial o Magia. Los masones, los financistas, los grandes hombres de negocios y los organizadores de todo tipo. Los ejecutivos poseen las energías de este rayo en su equipo.

Cartas del Maestro Tibetano a Roberto Assagioli

En general, la correspondencia del Maestro Tibetano hacia Assagioli es particularmente afectuosa, especialmente si se la compara con aquella dirigida a otros de sus discípulos. Le hace ver los orígenes de sus problemas y, como a todos los demás, le sugiere vías para resolverlos, desde asuntos puramente domésticos como la alimentación o las horas de sueño, hasta las visualizaciones o actividades que le podrían hacer progresar dentro de los diferentes rayos que componen su equipo personal, y de este conjunto respecto del rayo del Alma. Además, como a cada discípulo, le sugiere las líneas de acción para brindar un mejor servicio a la humanidad dentro de sus esferas de influencia, uno de los asuntos centrales para el Tibetano en el origen de su experimento. El enorme esfuerzo de formar este grupo avanzado de discípulos, inspirarlos y mantenerlos en el tiempo tenía el propósito fundamental de que cada uno de ellos se constituyera a su vez en un núcleo irradiante y fluido de luminosidad en su entorno a través del servicio; de este modo tanto el progreso personal como el grupal y global se ven catalizados.

Una de las cartas fundamentales del Maestro Tibetano a R. Assagioli es aquella en la que le explicita los rayos constituyentes de su equipo:

Al considerar los rayos que controlan y dominan su vida, le recordaré que su mente de primer rayo le proporciona indiscutible influencia mental. Esto lo sienten muy fuertemente los que establecen contacto con usted. Estando definidamente en contacto con su Alma (que pertenece al segundo rayo), posee una combinación de fuerzas decididamente útil, tanto para usted como para los demás. Su cuerpo mental está pues regido por el primer rayo.

Su cuerpo astral es definidamente un conglomerado de energía de segundo rayo, de allí la influencia del amor que ejerce en todas partes. No obstante, le recordaré que cuando el Alma y el cuerpo astral pertenecen al mismo rayo, se presenta un absorbente problema de equilibrio. En tales casos habrá tendencia al desequilibrio en el efecto general del equipo y con el cual debe luchar constantemente.

Su cuerpo físico pertenece al séptimo rayo, pero está tan controlado por su personalidad de cuarto rayo, en sentido muy peculiar, que casi no tiene vida propia. Es negativo en grado asombroso, lo cual constituye también un problema definido.

Por lo tanto sus rayos son:
– El rayo del Alma, o Yo Superior, el segundo de Amor-Sabiduría.
– El rayo de la personalidad, el cuarto de Armonía a través del Conflicto.
– El rayo de la mente, el primero de Poder o Voluntad.
– El rayo del cuerpo astral, el segundo de Amor-Sabiduría.
– El rayo del cuerpo físico, el séptimo de Orden Ceremonial o Magia.

Me imagino que lo antedicho le traerá mucha iluminación y le permitirá un verdadero progreso.

Se puede notar que el Maestro Tibetano es muy explícito en algunos puntos, dejando amplias áreas de sugerencia entre medio, las que indican al menos dos orientaciones posibles: por una parte, que el discípulo debe esforzarse para captar los asuntos implícitos, por medio de la intuición y/o la reflexión, y por otra parte, que el Maestro utilizara otros medios, como la impresión directa en el cuerpo mental del discípulo, de mensajes o símbolos que pudieran ayudarle a esclarecer los aspectos oscuros cuando la primera vía no resultara satisfactoria. Desde luego, ninguna de estas formas es excluyente, y bien pueden haber sido utilizadas de manera complementaria.

En varias de las cartas aconseja a Assagioli acerca de sus relaciones con el entorno y le señala los efectos que en su salud física tienen esas relaciones. Extractamos algunos párrafos de cartas diversas.

A mi condiscípulo que trabaja en esa tan insoportable soledad del discípulo de segundo rayo, le diré: su problema es doble, y una vez resuelto extenderá aún más su ya amplio campo de servicio. Su cuerpo etérico está desvitalizado y su corazón se ha entregado a muchas personas, que lo apremian y obligan, y se aprovechan demasiado de su amabilidad. Cuando cumpla cincuenta años habrá logrado convertirse en un sannyasin en el mundo occidental. Los problemas del cuerpo etérico cederán si controla y regula cuidadosamente la dieta. En esta etapa usted adolece imprescindiblemente de los vicios y las virtudes de segundo rayo. Sufre porque se apega a las cosas y se identifica con demasiada rapidez con otras personas. Esto puede ser corregido si se mantiene firme como alma y no se centra como personalidad al tratar a otras personas Debe tener en cuenta que la relación se establece con las almas y no con las formas transitorias, por eso debe vivir sin apegarse a las personalidades, sirviéndolas, pero viviendo siempre en la consciencia del alma.

Absténgase de prestar tanta atención a las vidas de quienes lo rodean, porque esta forma de trabajar les resulta fácil a los discípulos de segundo rayo. Poseen un sentido de responsabilidad muy grande y es tan fuerte su deseo de cobijar y proteger, que estiman excesivamente a aquellos con cuyas vidas están en contacto cotidianamente y se hallan también vinculados por obligaciones kármicas. Siga su propio camino con fortaleza y en silencio, y haga lo que su Alma le dicte. No deje que las voces menores de los seres queridos y cercanos, desvíen su progreso en la senda de servicio. Pertenece ahora al mundo y no a un puñado de sus semejantes. Esta lección no es fácil de aprender, hermano mío, pero todos los discípulos deben aprenderla algún día, y es adecuada para usted. Se hizo un llamado para más servidores, y los discípulos consagrados deben ser los primeros en responder. Implica sacrificio, y se confía en que usted lo hará.

Su salud ha mejorado Quizás descubra que en los años venideros disminuirán sus horas de sueño. Esto será bueno, hermano mío, porque el dormir demasiado disminuye la fuerza etérica. Una insinuación es suficiente para el discípulo inteligente. En el futuro deberá ajustarse a la regla siguiente: tomar más aire y sol; dormir menos y no hacer tantos contactos humanos. Debe leer el significado oculto en estas palabras.

Autorealizacion y Perturbaciones Psicológicas Autorrealizacion

Autorealizacion y Perturbaciones Psicológicas Autorrealizacion

assagioliEl desarrollo espiritual es un arduo y largo viaje, una aventura a través de territorios extraños llenos de sorpresas, alegrías y belleza, dificultades y también peligros. Implica el despertar de potencialidades hasta entonces dormidas, la apertura de la consciencia a nuevos campos, una drástica transformación de los elementos normales de la personalidad, y un funcionamiento conforme a una nueva dimensión.

Utilizo el término espiritual en su connotación más amplia, y siempre referida a la experiencia humana empíricamente observable. En este sentido, espiritual abarca no sólo las experiencias tradicionalmente consideradas como religiosas, sino también todos los estados de consciencia, todas las funciones y actividades humanas que tienen como denominador común el poseer valores superiores a la media: valores como los éticos, estéticos, heroicos, humanitarios y altruistas.

 

En la Psicosíntesis, consideramos que dichas experiencias de valores superiores proceden de niveles supraconscientes del ser humano. El supraconsciente puede conceptualizarse como la contrapartida superior del inconsciente inferior, tan bien cartografiado por Freud y sus sucesores. Sirviendo de centro superior unificador del supraconsciente y del individuo como un todo se encuentra el Yo transpersonal o Yo Superior. Así pues, las experiencias espirituales pueden limitarse al terreno del supraconsciente o incluir la toma de consciencia de este Yo, que gradualmente desemboca en la autorrealización: la identificación del yo con el Yo transpersonal.

No nos podemos sorprender de encontrarnos con que una transformación tan esencial esté marcada por varias fases críticas, que pueden ser acompañadas por diversas perturbaciones mentales, emocionales, e incluso físicas. Para la observación objetiva y clínica del terapeuta, éstas pueden parecer de la misma naturaleza que las debidas a causas más habituales. Pero de hecho tienen otra función y otro significado, y requieren ser tratadas de manera diferente.

La incidencia de las perturbaciones de origen espiritual está creciendo rápidamente hoy día, a medida que un creciente número de personas se empieza a encaminar, consciente o inconscientemente, hacia una vida más plena. Por otra parte, el mayor desarrollo y complejidad de la personalidad del ser humano actual y su mente cada vez más crítica, han hecho que el desarrollo espiritual sea más rico, más gratificante, pero también lo ha convertido en un proceso más difícil y complicado. En el pasado, bastaba frecuentemente con una conversión moral, la devoción de corazón a un maestro o a un salvador, o la entrega a Dios, para abrir las puertas de acceso a niveles superiores de consciencia y a un sentimiento de unidad y de plenitud internas. Actualmente, sin embargo, se hallan implicados aspectos demasiado diversos y complejos de la personalidad del ser humano contemporáneo, que requieren ser armonizados entre sí y transmutados: sus acciones básicas, sus emociones y sentimientos, su imaginación creativa, su mente curiosa, su voluntad enérgica, y también sus relaciones interpersonales y sociales.

Por estas razones es útil tener una descripción general de las perturbaciones que pueden surgir en fases diferentes del desarrollo espiritual, así como algunas indicaciones sobre la mejor manera de enfrentarse a ellas. En este proceso reconocemos cuatro etapas o fases críticas:

-Las crisis que preceden al despertar espiritual.
-Las crisis causadas por el despertar espiritual.
-Las reacciones posteriores al despertar espiritual.
-Las fases del proceso de transmutación.

He utilizado la expresión simbólica despertar porque ésta sugiere claramente la toma de consciencia de un nuevo campo de experiencia, la apertura de los ojos hasta entonces cerrados a una realidad interna previamente desconocida.

Las crisis que preceden al despertar espiritual

Con objeto de comprender mejor las experiencias que suelen preceder al despertar, debemos revisar algunas de las características del ser humano normal.

Podría decirse de éste que se deja vivir en lugar de vivir. Toma la vida como viene sin preguntarse su significado, su valor y su propósito; se dedica a la satisfacción de sus deseos personales; busca el disfrute de los sentidos, placeres emocionales, seguridad material o la consecución de la ambición personal. Si está más maduro, subordina sus satisfacciones personales al cumplimiento de las diversas obligaciones familiares y sociales que le son asignadas, pero sin buscar la comprensión de los fundamentos en que éstas se basan ni de las fuentes de las que proceden. Probablemente se considera a sí mismo como religioso y creyente, pero normalmente su religión es externa y convencional, y una vez que se ha adaptado a los mandatos de su iglesia y compartido sus ritos, cree haber hecho todo lo que se exige de él. En resumen, su fe operativa tiene como objeto una única realidad, que es la del mundo que puede ver y tocar y, por ello, está fuertemente apegado a los bienes materiales. Así pues, a todos los efectos, considera esta vida como un fin en sí mismo. Su creencia en un cielo futuro, si es que lo concibe, es teórica y académica, como lo prueba el hecho de que hace todo lo que puede para posponer lo más posible su partida para disfrutarlo.

Pero puede suceder que este hombre normal sea sorprendido, y también perturbado, por un cambio súbito o lento – en su vida interior. Puede ser que ello ocurra después de una serie de desengaños; no es raro que suceda tras un shock emocional, como el producido por la pérdida de un familiar querido o de un amigo muy cercano. Pero a veces tiene lugar sin ninguna causa aparente, y en pleno gozo de buena salud y abundante prosperidad. El cambio comienza frecuentemente con un sentimiento creciente de insatisfacción, de carencia, de que falta algo. Pero esto que falta no es nada concreto y material; es algo vago y huidizo, algo que es incapaz de describir.

A esto se añade paulatinamente un sentimiento de irrealidad y de vacío de la vida ordinaria. Los asuntos personales, que previamente absorbían gran parte de su interés y de su atención, parecen retirarse psicológicamente a un plano posterior; pierden su valor y su importancia. Surgen nuevos problemas. La persona comienza a preguntarse, por ejemplo, por el sentido de sus propios sufrimientos y los de los demás, y por la justificación que puede existir para tanta desigualdad en el destino de los seres humanos.

Cuando una persona ha alcanzado este punto, le falta poco para comprender e interpretar de manera equivocada su propio estado. Muchas personas que no entienden el significado de estos nuevos estados de la mente los consideran como fantasías y divagaciones anormales. Alarmadas por la posibilidad de un desequilibrio mental, se esfuerzan por combatirlos de varios modos, haciendo desesperados intentos para volverse a implicar en la realidad de la vida diaria, que les parece que se les está escapando. Con frecuencia, se lanzan con renovado ardor a la agitación de las actividades externas, buscando nuevas ocupaciones, nuevos estímulos y nuevas sensaciones. Mediante éstos y otros medios tal vez puedan lograr por un tiempo aliviar su estado alterado, pero no pueden librarse de él de manera permanente. Continúa fermentando en el fondo de su ser, socavando los cimientos de su existencia ordinaria, y siendo susceptible de irrumpir de nuevo con renovada intensidad, tal vez después de mucho tiempo. El estado de incomodidad y de agitación se hace cada vez más doloroso y la sensación de vacío interior se vuelve insoportable. La persona se siente distraída; la mayor parte de las cosas que constituían su vida le parece que se desvanecen como un sueño, y no surge mientras tanto ninguna nueva luz. Es claro que todavía ignora que ésta existe o no puede creer que alguna vez le iluminará.

Con frecuencia sucede que este estado de agitación interior se vea acompañado por una crisis moral. Su conciencia ética se despierta o se vuelve más sensible; aparece un nuevo sentido de la responsabilidad y puede ser que la persona se vea abrumada por un fuerte sentido de culpa. Se juzga a sí misma con severidad y se convierte en presa de un profundo desánimo, que puede llegar al extremo de considerar la posibilidad de suicidarse. Es como si la aniquilación física le pareciera la única conclusión lógica de su creciente sentido de impotencia y desesperanza, de desmoronamiento y desintegración.

Lo hasta aquí expuesto es desde luego una descripción generalizada de tales experiencias. En la práctica, los individuos difieren ampliamente en sus experiencias y reacciones. Existen muchas personas que nunca alcanzan este estado agudo, mientras que otras llegan a él casi de repente. Algunas se ven más acuciadas por dudas intelectuales y problemas metafísicos; en otras, el rasgo más pronunciado es la depresión emocional y la crisis moral.

Es importante reconocer que estas diversas manifestaciones de la crisis tienen grandes similitudes con algunos de los síntomas que se consideran como característicos de los estados neuróticos y de los estados cercanos a la psicosis. En algunos casos, la intensidad y la gravedad de la crisis producen también síntomas físicos, como tensión nerviosa, insomnio y otros desórdenes psicosomáticos.

Por eso es esencial determinar el origen básico de las dificultades para enfrentarse correctamente con la situación. Normalmente no es difícil hacerlo. Los síntomas observados pueden ser idénticos, pero un examen cuidadoso de sus causas, la consideración de la personalidad global del individuo y, lo que es más importante de todo, el reconocimiento de su situación existencial real, revelan la naturaleza y el nivel diferentes de los conflictos subyacentes. En los casos ordinarios, estos conflictos se producen entre los comportamientos normales, entre éstos y el yo consciente, o entre el individuo y el mundo exterior (en especial con las personas más cercanas, como los padres, la pareja, o los hijos).

En los casos que estamos considerando, sin embargo, los conflictos se producen entre algún aspecto de la personalidad y las tendencias y aspiraciones que están paulatinamente emergiendo, de carácter moral, religioso, espiritual o humanitario. No es difícil detectar la presencia de dichas tendencias, una vez que su realidad y validez han sido reconocidas, en lugar de haber sido explicadas como simples fantasías y sublimaciones. De manera general, la emergencia de las tendencias espirituales puede considerarse como el resultado de coyunturas decisivas en el desarrollo o crecimiento de una persona.

Existe la posibilidad de una complicación: a veces estas nuevas tendencias emergentes hacen revivir o exacerban viejos conflictos latentes entre diversos elementos de la personalidad. Dichos conflictos, que por sí mismos serían regresivos, son de hecho progresivos, porque facilitan el logro de una nueva integración personal, más amplia y a un nivel superior, una integración a la que la misma crisis preparó el camino. Así, las crisis son preparaciones positivas, naturales y, con frecuencia, necesarias para el progreso del individuo. Hacen emerger a la superficie elementos de la personalidad que tienen que ser examinados y cambiados en interés del crecimiento posterior de la persona.

Las crisis causadas por el despertar espiritual

La apertura del canal entre los niveles consciente y supraconsciente, entre el yo y el Yo superior, y el torrente de luz, energía y gozo que le acompaña, producen una maravillosa liberación. Los conflictos y sufrimientos anteriores, junto con los síntomas físicos y psicológicos que generaron, se desvanecen a veces con una espontaneidad sorprendente, confirmando así el hecho de que no se debían a ninguna causa física, sino que eran el resultado directo de la lucha interna. En estos casos, el despertar espiritual equivale a una resolución real.

Pero en otros casos, bastante frecuentes, la personalidad es incapaz de asimilar correctamente el flujo de luz y de energía. Esto sucede, por ejemplo, cuando el intelecto no está bien coordinado y desarrollado; cuando las emociones y la imaginación están descontroladas; cuando el sistema nervioso es demasiado sensible; o cuando la irrupción de energía espiritual es abrumadora por su intensidad y su carácter repentino.

Una incapacidad de la mente para soportar la iluminación o la tendencia a centrarse excesivamente en sí mismo o al engreimiento pueden producir que la experiencia sea interpretada de manera errónea o, por así llamarlo, una confusión de niveles. En este caso, se desdibuja la distinción entre verdades absolutas y verdades relativas, entre el yo y el Yo superior; entonces, las energías espirituales que irrumpen pueden producir el desafortunado efecto de alimentar e inflar el ego personal.

Rigidez Muscular: Mal de Muchos

Rigidez Muscular: Mal de Muchos

Françoize Mezières, una Revolución.

Al otro lado de la casa había algunos coches con matrícula de todas las regiones de Francia, Suiza, Bélgica. Una decena de cursillistas trabajaremos aquí durante un mes, todos especialistas en gimnasia médica.

Ya estamos reunidos en la planta baja, en una gran sala. Absolutamente vacía. Ni una sola máquina. Ni un solo aparato especial. Ni siquiera una mesa de masaje. Únicamente una pequeña alfombra. Sorprendidos, tal vez un poco desconfiados, lo que veremos y oiremos a continuación nos desconcertará mucho más todavía.

Françoise Mézières ocupa su lugar en el centro de la habitación y nos invita a sentarnos en el suelo en torno a ella.

– Amigos míos, quieren ustedes recordarme cuál es la causa principal de las deformaciones que van ustedes a tratar?

Algo que nos es familiar, tranquilizador. Varias voces responden a la vez: la gravedad, la debilidad de los músculos posteriores, el reumatismo, la artrosis, la artritis, la astenia, la descalcificación

Françoise Mézières nos mira fijamente con sus ojos claros.

– Amigos míos, si hace veinticinco años me hubieran formulado la misma pregunta, hubiera sacado a relucir las mismas estupideces que acaban ustedes de pronunciar.

Un pesado silencio en la sala. Tormentoso. Françoise Mézières continúa:

– La enseñanza clásica inhibe. Nos enseña a medir con hilos de plomo, de espirómetros, a diagnosticar y después a tratar, sirviéndonos de una rica panoplia de máquinas científicas, corsés, escayolas, las deformaciones consideradas como curables por los métodos de la kinesiterapia. En cuanto a los físicos ingratos, desproporcionados, torcidos, hemos de aceptarlos como normales, bien porque son clasificables entre los tipos morfológicos reconocidos, porque la fealdad no se incluye en nuestra lista oficial de enfermedades. Para las deformaciones llamadas fijas a causa de su extremada rigidez, aunque en realidad continúan siempre agravándose, se nos ruega que las abandonemos a Doña Cirugía o a su triste destino.

– Pero yo les digo que nuestra mirada no puede detenerse en cada zona de crispación. No podemos cerrar los ojos ante la realidad para mejor obligarla a conformarse a los conceptos académicos. Es preciso que sólo tengamos ojos para la morfología perfecta y que nos dejemos guiar únicamente por la elegancia de las formas.

El asombro que planea en el aire no rompe, sin embargo, el silencio.

– Voy a pedirles algo nuevo. Voy a pedirles que observen. Voy a pedirles que palpen con sus manos y no a través de instrumentos. Y luego les pediré que crean, no en lo que han leído, sino en lo que han percibido.

Para entrenar nuestras facultades de observación, nos dijo que considerásemos en primer término la sacrosanta verdad de la gravedad, que nos atrae, se dice, hacia delante y a la cual resistimos, se dice también, gracias a la acción intensa de los músculos de la espalda. Todas nuestras desdichas proceden, pues, al parecer de esta fuerte acción que nuestros débiles músculos están obligados a ejercer para sostener la columna vertebral, para impedirnos caer hacia delante. Fortificar esos músculos para ayudarnos a cumplir su tarea principal debería ser, por lo tanto, una de las funciones más importantes de nuestro trabajo.

– En resumen, eso es precisamente lo que les han enseñado, no?

Asentimientos con la cabeza. Después, un silencio lleno de desconfianza.

– Para comenzar, voy a hacerles una breve pregunta: por qué esa famosa gravedad ha de atraernos hacia delante y no hacia atrás?

Nadie respondió.

– Ahora voy a pedirles que se levanten y adopten la postura que se acostumbra llamar vertical, pero que es simplemente bípeda. Bien. Cómo nos mantenemos en equilibrio? Traten de observarse a sí mismos. Quizá consigan darse cuenta de nuevo de lo que descubrieron la primera vez en que se sostuvieron de pie sin ayuda.

Así, observando el movimiento de mi propio cuerpo, comprendí que conseguía el equilibrio al desplazar el peso del cuerpo. Mantenía la cabeza y el vientre hacia delante y arqueaba los riñones hacia atrás. Porque en realidad se trataba no sólo de no caer hacia atrás, sino de no caer tampoco hacia delante.

Sin embargo, ese desplazamiento de las masas del cuerpo cabeza, vientre, espalda – acentúa las curvaturas vertebrales. Con la cabeza hacia adelante, los músculos insertos en las vértebras cervicales se repliegan y mantienen las vértebras en un arco cóncavo. Como el cerrar un acordeón de un lado hace que el otro abra ampliamente sus pliegues en arco de círculo. Lo mismo ocurre con los músculos de la parte inferior de la espalda en relación con las vértebras lumbares. Y esta curvatura y replegamiento de la musculatura posterior el precio de nuestro equilibrio – se agrava lógicamente en el curso de la vida.

Consecuentemente, el problema no reside en la insuficiencia de la musculatura posterior, sino en su exceso de fuerza. No se trata, pues, de fortificar los músculos de la espalda, ya excesivamente contraídos, ni de ayudarles a sostener mejor las vértebras. Al contrario. Hay que estirar los músculos posteriores para que dejen de tirar de las vértebras, mantenidas en arco cóncavo.

Françoise Mézières explicó que el acortamiento de los músculos posteriores no se debía solamente al esfuerzo por mantenerse en equilibrio, sino a todos los movimientos de media y gran amplitud ejecutados por los brazos y las piernas, solidarios de la columna vertebral. Cada vez que levantamos los brazos por encima de los hombros, cada vez que apartamos las piernas más de cuarenta y cinco grados, los músculos de la espalda se acortan todavía más. El acortamiento, la contracción de los músculos posteriores, se acompaña siempre de la rotación interna de los miembros y asimismo del bloqueo del diafragma.

– Por lo tanto, es contra ese acortamiento contra lo que hay que luchar, amigos míos. Si, sabiendo eso, continúan queriendo fortificar la espalda de sus enfermos, volverla más tensa, serán ustedes peligrosos e irresponsables.

Pero lo esencial de su descubrimiento radica en que, al eliminar la incurvación de un segmento de la columna vertebral, se la desplaza a otro segmento. Por ejemplo, corrigiendo la curvatura de las vértebras lumbares se hunde la nuca, y viceversa. Alargando un músculo posterior cualquiera se provoca el acortamiento de los músculos posteriores en su conjunto, que se comportan como si formaran un solo músculo extendido desde la cabeza hasta la planta de los pies. De ahí la inanidad de un trabajo segmentario que se ocupa del cuerpo como se ocuparía de un objeto industrial formado por piezas separadas. Es absolutamente necesario considerar y tratar el cuerpo como una unidad, tomando en cuenta, no una multitud de síntomas, sino la única causa de sus deformaciones: el acortamiento de toda la musculatura posterior, efecto inevitable de los movimientos cotidianos del cuerpo.

Nos comunicó esta conclusión con una perfecta certidumbre, nacida, no del orgullo, sino de veinticinco años de experiencia profesional. Porque, una vez realizado su descubrimiento, no vio jamás una deformación que no se debiese a ese exceso de contracción de la musculatura posterior. Por lo demás, en los dos años que siguieron a su descubrimiento, que se oponía a todo lo que ella misma había aprendido y enseñado durante años, trató de probarse que sus nuevas observaciones eran falsas. Pero eran ciertas. Por eso no le quedaba más que forjar un método de trabajo, no solamente basado en la observación de los hechos, sino confirmado por un conocimiento más profundo de la anatomía, del mecanismo articular, de la neurología, un método irrefutable, de un rigor perfecto, que parece extremadamente sencillo, pero que es extraordinariamente matizado y se adapta a las necesidades particulares de cada enfermo Un método que le ha valido su exclusión de los bastiones oficiales.

Mientras ella hablaba, yo pensaba que no sólo el individuo tiene de su cuerpo una impresión parcial. Los especialistas de la gimnasia, los médicos, los cirujanos consideran el cuerpo humano por segmentos. Y si no fuera solamente su formación profesional lo que inhibe sus percepciones, sino también su manera fragmentaria de vivir su propio cuerpo?

Y ese acortamiento, que se agrava indefectiblemente con los años, no tendrá, paralelamente a las deformaciones físicas que engendra, un efecto nefasto sobre el psiquismo del individuo? Sentirse comprimido, físicamente reducido, no es exactamente lo contrario de la sensación de plenitud? Sentirse aplastado por la propia musculatura, no da la impresión de ser aplastado por la vida? Liberarse no quiere decir literalmente liberar la musculatura para alcanzar las dimensiones a que aspiramos, las dimensiones que nos corresponden? No es preferible poder prolongar la imagen que nos forjamos de nosotros mismos mediante la elasticidad de los músculos y los gestos que contar tan sólo con el efecto de la ropa, de los adornos?

La voz de uno de los que seguían el curso interrumpió mis pensamientos.

– Pero señorita Mézières, habla usted como si el cuerpo estuviese formado únicamente de músculos. Y las deformaciones de los huesos, de las articulaciones?

Françoise Mézières nos explicó que, a excepción de las fracturas y de ciertas deformaciones congénitas, son los músculos los responsables de las deformaciones en los huesos y las articulaciones. Acortados, los músculos tiran de los huesos sobre los que se insertan y hacen que, a la larga, las superficies articulares dejen de corresponderse con la exactitud necesaria. El cartílago que rodea los extremos de los huesos se desgasta.

En la medida en que son los músculos los responsables del movimiento de los segmentos, Françoise Mézières nos aconsejó desconfiar de las radiografías, que parecen mostrar una articulación fijada para siempre y que es, por lo tanto, del exclusivo dominio de la cirugía. Ahora bien, si conserva al menos un esbozo de movimiento posible y si el enfermo siente dolor al ejecutar ese movimiento, sus articulaciones, a pesar de las apariencias, no se hallan soldadas y pueden tratarse relajando la contracción de los músculos periféricos.

– El cuerpo no se compone sólo de músculos, pero sólo los músculos determinan la forma del cuerpo.

Y a continuación nos contó la historia de una señora muy anciana que había vivido en su pueblo. Padeciendo la enfermedad de Parkinson, con numerosas complicaciones, su cuerpo se había encorvado hasta doblarse por la mitad y su cabeza permanecía siempre en el mismo ángulo. Dormía doblada, no se había enderezado desde años atrás. El día en que murió, Françoise Mézières pasó por delante de su casa. Entró y encontró a la difunta extendida sobre su lecho. Perfectamente recta !

– Naturalmente, una vez muerta, los músculos habían soltado su presa sobre los huesos y se había conseguido extenderla sin dificultad. En el cementerio, saben?, todos los esqueletos se parecen.

Antes de comentar más ampliamente la muy rara facultad que posee Françoise Mézières de ver con una claridad que ningún prejuicio oscurece, quisiera exponer algunos de sus otros conceptos, entre ellos, la búsqueda de la elegancia en las formas.

La Morfología Perfecta

La gimnasia médica clásica se contenta con analizar y clasificar los diferentes tipos de morfología que se consideran como constitucionales y, a causa de ello, como irreversibles. Ya sea uno longuilíneo, brevilíneo, redondeado, plano o curvo, uno es como es. Por el hecho de ser corriente, se juzga como normal nuestra estructura imperfecta. Acaso la belleza de las justas proporciones no constituye, como la salud, un don raramente acordado por la ingrata naturaleza? La belleza, al ser la excepción, se estima entonces como anormal.

Françoise Mézières afirma que la morfología no debería ser la ciencia que clasifica los dismorfismos, sino el arte de reconocer la forma perfecta, la única morfología normal. Ella nos enseñó a no aceptar ningún trabajo que no tienda hacia esa forma perfecta. Porque ni la importancia de la desviación del sujeto ni su edad le impiden aproximarse sensiblemente a ella. Ante la estupefacción de sus cursillistas, Françoise Mézières declaró que ni el tipo morfológico, aún hereditario, ni las deformaciones adquiridas ( a excepción de las fracturas y mutilaciones) son irreversibles. Incluso había comprobado que el cuerpo de las personas de edad (el decano de sus pacientes tenía ochenta y cinco años) es más maleable que el de los jóvenes y que podía obtener de ellas resultados asombrosos.