El Tarot

El Tarot


tarotLa historia del Tarot, como la del pueblo bohemio al cual está tradicionalmente asociado, es tan misteriosa como incierta. Sucesivamente se le ha dado como origen la India, Grecia, Egipto, Caldea, la Judea, China… Se ha ensayado relacionarlo con todas las grandes tradiciones que han marcado al Occidente. En efecto, la ausencia total de pruebas – que se ha justificado por la ley del secreto – y una documentación extremadamente magra, no permiten ninguna conclusión seria. Todas las hipotesis formuladas hasta ahora son más el fruto de intuiciones personales que de descubrimientos históricos reales. Esta incertidumbre, lejos de perjudicar su valor, sin duda ha enriquecido su contenido. Los escritores y los místicos del siglo XIX que se han dedicado al estudio del Tarot, han ido consecutivamente aclarando evidencias de múltiples tradiciones. Sus interpretaciones, que se podrían juzgar hoy día como fantásticas por su exceso, han contribuído a la amplificación del simbolismo de las cartas. Ellas han conseguido, gracias a todo un sistema de relaciones y correspondencias, hacer más claro el acceso a las enigmáticas láminas, las que constituyen actualmente una base para comenzar toda investigación a su respecto.
En lugar de querer dar arbitrariamente un origen único a las cartas, parece más justo abordarlas como el producto de un sincretismo. Las cartas, o mejor dicho, lo que nos ha llegado de ellas, son en efecto el resultado de empréstitos diversos, de la yuxtaposición y del maridaje de elementos de todo tipo, fundidos en un conjunto original. Las referencias egipcias, zíngaras, hebráicas o alquímicas, citadas en sus interpretaciones, no deben ser tomadas en cuenta como referencias históricas, sino como simples indicaciones para aclarar su sentido.

El origen del nombre, Tarot, ha sido objeto de innumerables tesis, las que, sin haber logrado imponerse definitivamente, han ayudado a la comprensión general del asunto, Sucesivamente, se ha supuesto que era una corrupción de los nombres de dos dioses egipcios Ptah y Rá; el primero Maestro de la Creación y el segundo, el Dios Sol, al que los bohemios han adorado siempre como su principal divinidad masculina. También que la palabra era un anagrama de Rota que significa Rueda o Círculo y que se había agregado una T a fin de mostrar que el principio y el fin son semejantes. Que era una deformación de Thot, nombre
del dios de las ciencias esotéricas del antiguo Egipto, cuyo equivalente griego es Hermes, y a quien se ha tomado como inspirador y patrón de las cartas. Que se derivaba del hebreo Thora, la Ley, palabra que designa los cinco primeros libros de la Biblia, identificando así las cartas a un texto sagrado. 0 todavía que venía del sanscrito Tar-ó, la Estrella polar, el guía. 0 del latín, Orat, él reza invertido.

Si uno se atiene a los diferentes usos que les son atribuidos, puede percibir que las cartas podrían ser consideradas en tres niveles diferentes:

a) Pueden ser un simple juego de sociedad, antecesor de nuestros modernos naipes. Habrían sido introducidas en Europa por los árabes en medio del siglo XIII y habrían mantenido su popularidad hasta hoy.

b) Son un sistema adivinatorio de origen desconocido en uso en casi toda la zona del Mediterráneo, realmente popularizado por los bohemios. Toma prestados sus elementos principales a fuentes mitológicas o alegóricas antiguas; por consiguiente, a un simbolismo eterno y universal (Arcanos mayores y menores).

c) En fin, para algunos, sus poderes adivinatorios provienen de su naturaleza sagrada. Ellas son enteramente una especie de clave resumida de todas las tradiciones esotéricas occidentales. La Alquimia, la Cábala, la Astrología están allí contenidas. Su sucesión y su orden ocultan un proceso de iniciación. Ellas pueden ser leídas como un libro. Cada carta es una especie de jeroglífico, el que, correctamente interpretado, puede revelar los secretos de la ciencia eterna (Arcanos mayores únicamente).

Para ciertos autores, la tiara pontificia de la lámina V (el Papa) simboliza, por los tres frisos que la adornan, los tres mundos que engloban las cartas.

El Viaje del Neófito:

El neófito está representado por la lámina 0, el Loco.

El es el vagabundo, el hombre extraviado que marcha sin fin, como si fuera su destino el de ser menos atraído por una meta (la que significaría un eventual reposo), que el de avanzar así, mirando al vacío, hacia la eternidad. No tiene más que un bastón para defenderse y para que le sirva de guía. Transporta todo su haber (y todo su saber) en un pequeño hatillo. Sus vestimentas son andrajosas y los perros le persiguen; pero él continúa su camino infinito, empujado tal vez por el hecho de que no puede hacer otra cosa que existir.

El neófito encuentra un día a un ilusionista (Arcano l), es decir, a un mago hábil que lo deslumbra con las riqueza, que exhibe ostensiblemente, y los conocimientos que despliega. Tiene respuestas para todas las preguntas, posee todo lo que el loco jamás se ha atrevido a soñar. Y le dice insidiosamente: Quieres llegar a ser como yo? Quieres saber quién eres, de dónde vienes, quieres tener una meta en la vida? Deseas la fortuna, la gloria, el poder? Quieres saber? Entra en el templo del Tarot y todo te será revelado.

Todavía deslumbrado, el neófito penetra en una sala oscura, austera. Hay ahí una mujer bella e inquietante (Arcano ll, la Papisa). Ella está sentada sobre un trono y lo tienta. Le dice: Contempla este libro, él contiene la verdad sobre todos los hombres, la moral, la ley. Mira ese velo detrás de mí, él oculta las verdades que conducen por encima de todos los hombres.

Quieres ver entreabrirse el velo? Para ello tendrías que conquistarme. Pero, mirar detrás del velo es ya pasar al otro lado. Y el neófito se une a la Papisa y con ella pasa al otro lado.

Es como un viaje a contrapelo del tiempo, como viajar al origen de las cosas. Los seres se metamorfosean ante sus ojos, dos personajes avanzan hacia él: la Emperatriz y el Emperador (Arcanos III y IV) quienes le hablan respectivamente del tiempo y del espacio. El reconoce a su Madre y a su Padre, se identifica con ellos, comprende el secreto del Génesis, los poderes de lo masculino y los poderes de lo femenino. Se une
a ellos y los iguala.

Se le conduce entonces delante del Papa (Arcano V). Este le dice. Al presente tú eres adulto. Ya no andas errabundo sobre la tierra sin razón y sin meta. Puedes escojer. Qué vía tomarás? La del mago? El es hábil, pero la fortuna que te ofrece, el poder y la gloria no son más que ilusiones, se sirve de ellas para atraerte. 0 la del conocimiento? Tú conoces los secretos de los hombres, pero no así los de la Tierra. Deseas ir más lejos? 0 deseas regresar, propagar la ilusión, a tu vez, entre los hombres?

Sí el neófito persevera sobre la Vía, pasa por una segunda prueba, (la primera era la Papisa) e inaugura un segundo ciclo de estudios y búsqueda. Llega a ser el Enamorado (Arcano VI) delante del cual se abren dos vías simbolizadas por dos mujeres tan bellas como diferentes. Las dos lo atraen. El permanece frente a ellas indeciso, en tanto que un ángel armado de un arco y flechas se mantiene por sobre su cabeza, como una espada de Damocles presto a aniquilarlo si él se equivoca en su elección.

Y bruscamente comprende que él es el ángel, el arco y la flecha, que es las dos mujeres y las dos vías todo junto, y une ese todo bajo el yugo de su propia voluntad. Se acepta por entero: es ahora el Rey triunfante sobre su carro (Arcano VII) tirado por dos caballos que son las dos faces de su personalidad, el Bien y el Mal. Ha unido los contrarios, ha resuelto los problemas de la dualidad. Entonces comienza su ascensión hacia las esferas superiores.

Encuentra a la Justicia (Arcano VIII), una mujer fría que pesa y que decide. Ella le enseña el equilibrio: los dos platillos de su balanza no oscilan jamás, nada en el mundo se pierde, nada es creado, no hay más justicia que injusticia, sino un orden secreto que nos rige sin que lo sepamos. La acción ocasiona la reacción y todo movimiento termina siempre por anularse.

Y el neófito comprende que no es más que el juguete de un destino. Es indudable que siente desesperanza, y se retira a un desierto como otros lo han hecho antes de él. Se aisla y se observa. En su noche, dispone de una linterna, es el Ermitaño (Arcano IX). Comprende la vanidad de todo deseo de cambio, las cosas siguen su curso sin que sea posible interferir. Aprende a medir sus pasos, a evitar la imprudencia, a evitar lo inútil. Se sumerge en lo más profundo de sí mismo. Y en este desierto se le aparece una visión (Arcano X). Como una rueda gigantesca que gira sin que nadie la mueva, algunos se elevan, otros caen. La rueda gira, insensible a los gritos y a los llantos. En su cima hay una figura monstruosa coronada (ni hombre, ni, bestia, ni Dios), que lo observa con curiosidad. El neófito piensa: No hay medio de evitar al destino, no
se puede ser otra cosa que lo que se está condenado a ser?.

Aprende a dominarse, a tener el control total de su ser, aprende a domar al león que hay en él y a usarlo como una montura (Arcano XI).

Aprende a sacrificarse, es decir, a sacrificar una parte de sí mismo, un aspecto de su vida, para que alguna cosa cambie. El se sutiliza, se purifica (Arcano XIl). Se cuelga él mismo de un árbol, cabeza abajo, crucificado al revés, él es su propio amo, busca la vía de las Transformaciones.

Llama a la Muerte (Arcano XIII), que significa el cambio. Llega a ser su propia muerte. Se corta un pie. Es decir, se libera de sus orígenes. Anula su vida pasada. Está presto a renacer.

La luces pueden por fin ser reversadas (Arcano XIV, la Temperancia). Ahora puede comunicarse libremente con las esferas superiores, pasar a voluntad de un mundo a otro, Tiene entre sus manos los dos poderes y los mezcla. Lleva una existencia celeste paralelamente a su vida terrestre. Ha franqueado los límites del tiempo y del espacio.

Con el Arcano XV (el Diablo), aprende las maneras de utilizar energías que no son destinadas a los hombres. Obtiene el control de las fuerzas de la naturaleza y la inmunidad total contra sus estragos. He aquí que ha llegado a ser capaz no sólo de transformarse a sí mismo, sino además de actuar sobre los otros. (La Casa de Dios, Arcano XVI). Está presto a tomar a su cargo la conducción de sus contemporáneos. Arrasa con los templos, con las instituciones anacrónicas, que han llegado a ser incapaces de cumplir sus funciones. Destruye los vestigios asfixiantes de culturas muertas, a fin de construir nuevas. Tiene casi cumplida su misión. Contempla los vasos que contienen los dos poderes y se dice que ya no los necesitará. El se despoja y sin lamentarlo ofrece al mundo todo lo que jamás había poseído, conocido o sido. Vacía el agua de los vasos en un río, bien poca agua en verdad, pero ya que ella tiene su lugar, por mínimo que sea, en el orden de las cosas, es tan importante como el resto del universo (Arcano XVII, la Estrella).

Y ofreciéndose al mundo, él se ha identificado con el mundo. Llega a ser la Luna (Arcano XVIII) y el Sol (Arcano XIX),, es decir, indiferentemente los más altos poderes masculinos o femeninos, la matriz de los seres, los poderes del alumbramiento.

No ha encontrado todavía la divinidad (el primer principio), pero sí todos sus atributos. Si el Juicio le es favorable (Arcano XX), entonces solamente será llevado a su presencia y podrá contemplar la reunión de los cuatro elementos, la imagen misma de la perfección, el Ser, la Unidad (Arcano XXI).

El amor es el Camino de Unidad

El amor es el Camino de Unidad

Qué es la Unidad desde el punto de vista sufí y como realizarla?

Los sufíes consideran que no hay más que una sola Existencia, y todo lo que existe es una manifestación de esa Existencia.   Este principio que se llama comúnmente el Principio de la Unicidad de la Existencia no se origina simplemente en el campo de la fe o de la doctrina sino en el campo de la experiencia directa.  No se puede comprender verdaderamente la Unicidad de la Existencia más que por la experiencia de esta Unidad al nivel más profundo del ser; una experiencia que revela la naturaleza divina que hay en nosotros, y nos hace descubrir que cada partícula del universo es la manifestación de la Presencia divina.   La única aproximación que hace posible realizar esta experiencia es la del amor.   En efecto, el amor es el principio unificador del universo y el único guía en el cual la humanidad puede confiar en su búsqueda de la verdad.

ElAmorEsElCamino-1Si en su nivel más elemental el amor puede traducir la unión afectiva y sentimental entre dos seres, en su nivel más sublime él engloba de manera incondicional toda la creación divina, y conduce a la experiencia de la Unicidad de la Existencia.   Según los sufíes, la experiencia de la Unicidad anula todas las distinciones convencionales entre las diferentes religiones, y hace saltar en pedazos todos los principios, reglas y leyes que dividen a los hombres. Quien ama a Dios descubre entonces que no hay más que una sola Existencia que se manifiesta a través de formas diferentes y variadas.

Al desaparecer la ilusión de la realidad individual, no se puede menos que constatar que no hay nada más que Dios, y como Hallâj, el sufí mártir, gritar lo que nos parece una expresión blasfema:  Yo soy la Verdad .

Al alba del siglo XXI, somos testigos de un mundo que está llegando a ser más y más consciente de su multiplicidad, y que rechaza la unidad artificial y a menudo ilusoria con que algunos han querido investir diferentes momentos de la historia, ya sea por la dominación racial, religiosa, ideológica o cultural.   En esta sociedad global debemos admitir un principio en el cual han insistido siempre los maestros sufíes, a saber que hay tantos caminos hacia Dios como individuos hay, y que todos esos caminos diferentes llevan al mismo punto:  la Verdad absoluta que es una y la misma para todos. Toda otra aproximación parcial o reductiva no podrá sino agravar los conflictos y los desequilibrios del mundo de hoy.

Rumi, el gran poeta y maestro sufí, ilustra este punto con una historia: Se le dio a cuatro hombres de países diferentes, que no hablaban la misma lengua, con qué comprar en común lo que desearan. Cada uno de ellos quería comprar uvas, y lo dijo en su lengua que era incomprensible para los otros.   Pensando en que querían cosas diferentes, cada uno intentó imponer su voluntad y terminaron en una disputa sobre aquello que había que comprar. Finalmente, pasó uno que hablaba todas esas lenguas, les compró uvas y puso fin a la querella. Así, según Rumi, sólo los hombres de Dios conociendo el lenguaje del corazón pueden salvar a la humanidad de sus divisiones y antagonismos.

En realidad, esta visión global que más allá de las palabras y de las apariencias abraza el sentido verdadero de las cosas, no es el patrimonio del sufismo sino que constituye la esencia de toda espiritualidad verdadera. Krishna expresaba en la Bhagavad-Gita: Liberados de la pasión, del temor y del odio, colmados de Mí y tomando refugio en Mí, purificados por el fuego de la sabiduría, son numerosos aquellos que s unen a Mi Ser. Cualquiera que sea la manera en que ellos vengan a Mí, Yo los recibo con los brazos abiertos, porque cualquiera que sea el camino que ellos emprendan, estarán en Mi Camino.

El amor es la sola vía que puede conducir a los seres humanos a esta comprensión. Es solamente por la fuerza unificadora del amor que la humanidad puede sobrepasar sus discordancias y llegar al estado de Unidad.  Aquellos que conciben la espiritualidad a través de otro camino que el amor provocan inevitablemente desorden y conflicto en el mundo.

Es solamente a través del amor que se puede por fin ver que todas las prácticas espirituales, cuando son cumplidas con la sinceridad del corazón, llegan a la misma meta y remontan a la misma fuente. Y es otra vez Rumi quien ha ilustrado este punto con su maravillosa historia de Moisés y del pastor:

Moisés, en el curso de uno de sus numerosos viajes a través del desierto, sorprendió a un pastor dirigiéndose a Dios: Oh, tú que comandas todas las cosas imploraba el pastor yo desearía tanto llegar a ser tu servidor para reparar tus sandalias y peinar tus cabellos; besar tus pequeñas manos delicadas, masajear tus piececitos, y barrer el polvo de tu habitación. Oh, tú a quién ofrezco mis cabras en sacrificio, tú, cuyo recuerdo es la causa de mis llantos.

Al escuchar todo ese parloteo, Moisés reprendió al pastor y le hizo saber que estaba dando pruebas de ser un infiel al pronunciar esas absurdidades blasfematorias e irrespetuosas. Después agregó: Las sandalias, los cabellos, y cosas parecidas, tienen que ver con alguien como tú y no con Dios. El quería hacer entender al pastor ignorante: Cómo tales palabras pueden ser dirigidas al Muy Alto? Dios no tiene necesidad de tales servicios. A quién crees que estás hablando? A uno de tu familia? Cumplir tales tareas puede ser valedero y meritorio frente a otro como tú, y no frente a la santidad de Dios, que es el Creador y que no ha sido creado como nosotros lo hemos sido. Oh, hombre ignorante ! tus pseudo plegarias son irreverentes y perjudiciales a la pureza de tu alma.

Cuando el pastor escuchó esos reproches viniendo de un profeta de Dios, profundamente avergonzado, se arrepintió por las blasfemias que había proferido. Luego, con el corazón quemante de dolor, desgarró sus vestiduras y huyó al desierto.   Fue entonces cuando Moisés recibió una revelación que venía de Dios:    Tú has alejado de Mí a Mi devoto!  Has sido enviado para conducir a los hombres a la Unión, o para empujarlos en el camino de la separación de Dios y del desequilibrio? Yo he otorgado a cada uno una manera particular de comportarse y una manera personal de expresarse. Lo que para uno es meritorio, puede ser censurable para otro. A cada cual sus prácticas y costumbres. El amor de Dios está más allá de toda pureza o impureza. Yo no he ordenado la adoración de lo divino para tener un beneficio personal, pues Mi amor es una gracia que concedo a los que me aman. Su glorificación no agrega nada a Mi gloria; son ellos lo que devienen benditos y glorificados por esta gracia. Debes saber que Yo no contemplo la forma exterior de los discursos sino lo que ellos ocultan en su interior. Poco importa que las palabras pronunciadas sean poco respetuosas si el corazón es humilde y puro, pues el corazón es la sustancia que es el solo objeto de Mi atención. Yo deseo un corazón ardiente y no palabras y conceptos. Alumbra un fuego de amor en tu alma, Moisés, y quema toda expresión y todo pensamiento. Porque preocuparse de la forma exterior de las convenciones y de las prácticas es una cosa, privilegiar a aquellos cuyo ser interior arde de amor, es otra.

ElAmorEsElCamino-2El credo de amor precisa Rumi está más allá de todas las religiones. Para los verdaderos amantes, la sola religión, la sola fe es Dios. Moisés, presa de remordimientos, pero transportado fuera de sí porque Dios iluminó su corazón con misterios divinos, partió a la búsqueda del pastor para hacerle saber que él podía adorar a Dios como su corazón ardiente lo deseara y que su aparente blasfemia era en el hecho una religión verdadera. Cuando lo encontró y se lo dijo, el pastor exclamó que él había sobrepasado tales preocupaciones y que estaba sumergido desde ahora en el amor divino. El pastor agregó que el impacto de los reproches que Moisés le había dirigido, lo había propulsado más allá del cielo, y que había alcanzado un estado que las palabras no podrían jamás expresar.

 

Rumi termina la historia aconsejándonos no olvidar que la imagen que se contempla en un espejo no es otra que nuestra propia imagen reflejada en él, y no la imagen del espejo.

En lo que a Dios se refiere insiste Rumi -, cualesquiera sean las palabras utilizadas para glorificarlo, siempre serán tan inadecuadas y poco convenientes como las del pastor de la historia. Si pudiéramos ver las cosas tal como son en realidad, lo comprenderíamos inmediatamente. Así, burlarse o rechazar la adoración que otro profesa a Dios, es dar prueba de arrogancia y de ignorancia.

Esta historia es notable en varios puntos: se puede encontrar allí una descripción de la esencia de la búsqueda espiritual del hombre. Rumi nos dice tres cosas: primero, que las solas condiciones necesarias en el camino hacia Dios son el amor y la sinceridad. Segundo, que aquellos que conciben la espiritualidad a través de otro camino que el amor, como Moisés en esta historia, provocan inevitablemente desorden y conflicto en el mundo. Tercero, que el lenguaje del amor es el más profundo y mucho más universal que cualquier otro lenguaje conocido del hombre. Es verdad que Moisés era un profeta de Dios, pero aún para él, le era indispensable estar iniciado a los misterios del amor a fin de comprender el lenguaje del pastor.

Pero cómo alcanzar un tal estado de amor? En relación a esto, los sufíes citan el verso coránico: Dios ama a los hombres, después los hombres aman a Dios (V. 54), para mostrar que el amor de Dios debe siempre preceder al nuestro. En tanto que Dios no ame a un devoto y no se acuerde de él, será difícil para este recordar a Dios y amarlo. Al mismo tiempo, los sufíes citan la tradición sagrada que dice: Mi devoto se acerca más y más a Mí, acordándose de Mí, hasta que Yo lo amo. Y cuando Yo lo amo, él ve con Mis ojos, escucha con Mis orejas, habla con Mi lengua, coge con Mis manos y camina con Mis pies. Es decir, aunque el amor de Dios debe siempre preceder al nuestro, nosotros debemos sin embargo invocar su nombre y recordarlo, tanto como sea posible, si queremos atraer su atención sobre nosotros.

Para los sufíes, los seres humanos aprenderán en último término cómo amar, practicando el recuerdo de Dios. Recordar a Dios es desapegarse del ego a fin de dejar a Dios tomar posesión del ser; desembarazarse del egoísmo y del egocentrismo y servir a la humanidad sin esperar nada en cambio.

Desgraciadamente, vivimos en una época en la que la mayor parte de la gente recuerda más las canciones de moda, las imágenes publicitarias y las seriales televisivas que a Dios. Todos los valores de nuestra sociedad actual están al servicio de la promoción del ego y de sus ídolos. Los hombres ya no son idólatras en el sentido tradicional del término, pero los ídolos antiguos han sido simplemente reemplazados por nuestros bienes materiales y por individuos. Nuestro objetivo no es realizar a Dios en nosotros mismos, alcanzar los atributos divinos, sino satisfacer nuestros deseos y acumular cada vez más. Entonces, no es sorprendente ver cómo se acrecientan los conflictos nacionales, regionales y étnicos en cada rincón del mundo. Es posible que, más que en cualquier otra época, la falta de armonía exterior en el mundo refleje la falta de armonía interior en cada individuo. Esto se deriva del deseo elemental insatisfecho de los hombres que es el de amar y de ser amados. Hemos olvidado como amar y hemos perdido de vista la Unicidad de la Existencia porque en nuestra vida cotidiana nos hemos olvidado cómo recordar a Dios.

Javad Nurbakhsh

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
Dr. Javad Nurbakhsh.- Sufism and Psychoanalysis

Más información:
Shah, Omar Alí.- Sufismo Hoy.- Ediciones Sufí
Shah, Omar Alí.- Sufismo en Occidente.- Editorial Sufí

 

 

El Vacío en el Arte Islamico

El Vacío en el Arte Islamico

arte islamLa prohibición de la imagen, en el Islam, se limita a la imagen de la divinidad; ella se sitúa en la perspectiva del Decálogo, o más exactamente del monoteísmo abrahámico que el Islam renueva. Este monoteísmo se opone directamente al politeísmo idólatra (1), de manera tal que la imagen plástica de la divinidad se presenta, según una dialéctica a la vez histórica y divina, como la marca del error que asocia lo relativo a lo absoluto, lo creado a lo no creado, sometiendo lo primero a lo segundo.

La negación del ídolo, o mejor dicho su destrucción, es la traducción concreta del testimonio fundamental del Islam. La fórmula lá ilaha illa-Llah (no hay otra divinidad que Dios), domina todo y consume todo a la manera de un fuego purificador. La negación del ídolo, efectiva o virtual, tiende a generalizarse: es así como se evita representar a los enviados divinos, rusul, a los profetas, anbiya, a los santos, awliya, no sólo porque sus imágenes podrían convertirse en el objeto de un culto idólatra, sino también por respeto a lo inimitable que hay en ellos. Ellos son los vice-regentes de Dios en la tierra y es por ellos que la naturaleza teomorfa del hombre se vuelve manifiesta; pero este teomorfismo es un secreto cuya aparición en el mundo corporal sigue siendo incomprensible. La imagen inanimada y estereotipada del hombre divino no sería más que una envoltura, un error, un ídolo. Incluso en el medio sunita árabe, se retrocede frente a la representación de cualquier ser vivo por respeto al secreto divino contenido en su creación (2).

Y si la prohibición de la imagen no es tan general en otros grupos étnicos, no es menos observada por todos aquellos que forman parte del cuadro litúrgico del Islam: el aniconismo (3) es en cierta forma coextensivo de lo sagrado, siendo uno de los fundamentos, si no el fundamento del arte sagrado del Islam. Esto puede parecer paradojal, ya que el fundamento de un arte sagrado es el simbolismo; en una religión que se expresa con símbolos antropomorfos, el rechazo a la imagen parece socavar la raíz de cualquier arte visual de carácter sagrado. Sin embargo, es necesario tener en cuenta todo un juego de compensaciones sutiles
y principalmente esto: un arte sagrado no está hecho necesariamente de imágenes, incluso puede ser sólo la exteriorización existencial, por decirlo así, de un estado contemplativo y en ese caso, no reflejará ideas pero transformará cualitativamente el ambiente, integrando un equilibrio espiritual cuyo centro de gravedad es lo invisible.

Esta es la naturaleza del arte islámico: su objeto es ante todo el ambiente del hombre de aquí el rol predominante de la arquitectura y su calidad es esencialmente contemplativa. El aniconismo no aminora esta cualidad, muy por el contrario, ya que excluye toda imagen que invite al hombre a fijar su mente sobre cualquier cosa fuera de sí mismo, de proyectar su alma en una forma individualizante. En cambio, él crea un vacío. Desde este punto de vista, la función del arte islámico es análoga a la naturaleza virgen, en especial el desierto, que favorece igualmente la contemplación; aunque desde otro punto de vista, el orden creado por el arte se opone al caos de la naturaleza desértica.

El ornamento sobre la base de formas abstractas, desarrollado tan ricamente en el arte del Islam, no está allí para llenar este vacío. Su ritmo continuo o su carácter de tejido sin fin, en lugar de captar el espíritu y de conducirlo hacia algún mundo imaginario, disuelve las coagulaciones mentales, tal como la contemplación de un curso de agua, o de una llama o de un follaje agitado por el viento puede apartar a la consciencia de sus ídolos interiores.

La ornamentación islámica presenta dos formas principales, la del arabesco compuesto de formas sinuosas y espiraloides, más o menos similares a motivos vegetales, y el almocárabe geométrico. La primera es todo ritmo, fluidez y melodía continua, mientras que la segunda es de naturaleza cristalina: la irradiación de las líneas a partir de múltiples centros geométricos recuerda a copos de nieve o el hielo, y da la impresión de calma y de frescura. Es en el arte maghrebin que estas dos formas ornamentales aparecen en toda su pureza.

La ornamentación, por más rica que sea, no destruye jamás la simplicidad o la sobriedad del conjunto arquitectónico; esta es al menos la regla observada en todas las épocas y en todos los medios no decadentes. De un modo general, el conjunto arquitectónico manifiesta el equilibrio, la calma y la serenidad.

Mientras que el interior de una basílica románica progresa en dirección al altar, y el presbiterio de una iglesia gótica tiende hacia lo alto, el interior de una mezquita no contiene ningún elemento dinámico. Sea cual sea su tipo de construcción, desde las mezquitas primitivas de techo horizontal sobre pilares hasta las mezquitas turcas con cúpulas, el espacio está siempre ordenado en forma tal que reposa enteramente sobre sí mismo. No hay una extensión que espera ser recorrida; su vacío es como el molde o la matriz de una plenitud inmóvil e indiferenciada.

Los arquitectos turcos como Sinan, que han retomado el tema constructivo de Santa Sofía para desarrollarlo en un sentido típicamente islámico, han buscado una síntesis perfectamente estática y plenamente inteligible de sus dos grandes formas complementarias: el hemisferio de la cúpula y el cubo de la construcción. Ellos lo lograron de varias maneras que sería largo de exponer, basta mencionar un detalle arquitectónico que caracteriza su concepción del espacio. Sabemos que las cúpulas bizantinas así como las cúpulas románicas se apoyan sobre pechinas que prolongan vagamente su curva y reúnen,
deslizándose, los cuatro ángulos de los muros de soporte.

Este paso algo irracional entre la base circular de la cúpula y el cuadrado de los soportes, se trata de evitar en la arquitectura turca. Esta reemplazará los colgantes por un elemento netamente articulado, llamado muqarnas en árabe, comparado a menudo con estalactitas, aunque se trata más exactamente de un alveólo de nichos que se entrelazan los unos a los otros. Por su juego geométrico, el paso de la forma continua y fluida de la cúpula a la forma rectangular y sólida de los muros de soporte, aparece como una cristalización gradual. El cubo de la construcción se coagula a partir de la unidad indiferenciada de la cúpula. Ya que esta última representa siempre el cielo, es el movimiento continuo de la esfera celeste que se presenta.

Esta concepción arquitectónica es típica en el Islam y ella se encuentra muy alejada de la concepción greco romana. Esta es siempre más o menos antropomorfa en el sentido de que invita al espectador a participar subjetivamente en el drama de las fuerzas constructivas; la columna clásica hecha a la medida del hombre, así como el arquitrabe, las consolas y las cornisas, hacen sentir las cargas y las fuerzas que la sostienen. En la arquitectura románica y gótica este drama es traspasado al orden espiritual; las columnas de una catedral gótica están animadas por una irresistible voluntad de ascensión. Nada de esto pasa en la arquitectura musulmana que permanece objetiva.

Este vacío que crea el arte islámico por su calidad estática, impersonal, anónima, y sobre todo por la ausencia de cualquier imagen antropomorfa, permite al hombre ser enteramente él mismo, reposar en su centro ontológico, donde es a la vez el esclavo de Dios y su representante en la tierra. Por cierto, la imagen sagrada es a su vez un soporte de contemplación, allí donde su empleo se impone por la naturaleza de la doctrina (4) y a condición de que su simbolismo y su lenguaje formal estén garantizados por la tradición. Pero el arte religioso de formas antropomorfas es de naturaleza eminentemente precaria, a causa de las tendencias psíquicas individuales y colectivas que se deslizan allí muy fácilmente con el riesgo de conducirlo en una evolución naturalista con las reacciones ya conocidas. El Islam corta de raíz este problema excluyendo de su cuadro litúrgico cualquier imagen del hombre. Por lo mismo, mantiene en cierta forma en un plano espiritual y superior, la posición del hombre nómade no implicado en la evolución turbulenta de un mundo hecho completamente de proyecciones mentales y de reacciones frente a estas proyecciones.

El aniconismo del arte islámico contiene en suma dos aspectos: por una parte, preserva la dignidad primordial del hombre, cuya forma hecha a imagen y semejanza de Dios (5) no será ni imitada ni usurpada por una obra de arte, necesariamente limitada y unilateral; por otra parte, nada que pudiera ser un ídolo, aunque lo fuera de una manera relativa y provisoria, debe interponerse entre el hombre y la invisible presencia de Dios. Lo que prima es el testimonio de que no hay divinidad fuera de Dios. Esto disuelve cualquier objetivación de lo divino incluso antes de que pudiera producirse.

Titus Burckhardt.

Notas:
(1) No es más que un pleonasmo el hablar de politeísmo idólatra, así como lo muestra el Hinduismo que
es politeísta pero en modo alguno idólatra, ya que reconoce a la vez la naturaleza provisoria y simbólica de los ídolos y la relatividad de los dioses, devas, como aspectos de los Absoluto. Los esotéricos musulmanes, los Sufíes, comparan los ídolos con los nombres divinos, de los cuales los paganos habrían olvidado el significado.

(2) Según una palabra del Profeta, los artistas que buscan imitar la obra del Creador serán condenados, en el más allá, a dar vida a sus obras, y su impotencia de hacerlo los conducirá a los peores tormentos. Esto puede ser comprendido de diferentes maneras, pero de hecho, no ha impedido el nacimiento, en ciertos medios musulmanes, de un arte figurativo libre de pretensiones naturalistas.

(3) El aniconismo puede tener un carácter espiritualmente positivo, mientras que la iconoclasia sólo tiene un sentido negativo.

(4) Como en el Cristianismo donde Dios se hizo hombre para que el hombre se vuelva Dios, según la fórmula de San Ireneo.

(5) Según una palabra del Profeta, Dios creó a Adán a Su forma. Desde el punto de vista islámico, la forma divina de Adán está constituida esencialmente por las siete facultades universales, atribuidas igualmente a Dios, éstas son: la vida, el conocimiento, la voluntad, el poder, el oído, la vista y la palabra; ellas están limitadas en el hombre pero no así en Dios.

Traducido y extractado por Paula May de
Question de
Editions Ritz
París.

El Camino de Consumación

El Camino de Consumación

El autor, Sheikh de la Orden Mevlevi, es fundador, director y representante de Threshold Society en U. S. A. En 1996 visitó Chile para formar un grupo de derviches Mevlevis.

Se presenta como primicia la traducción de un capítulo de su próximo libro, que se titulará The Knowing Heart.

Una espiritualidad adecuada a nuestros tiempos debe basarse, antes que nada, en la realidad de la consumación humana propiamente tal. Si por el contrario se basa en cualquier interpretación parcial del aspecto humano, será insuficiente. Por mucho que busquemos cómo complementar esta insuficiencia, si el punto de partida es cualquier cosa menos que la cabalidad del ser humano, el resultado sólo será una versión distorsionada del aspecto humano.

El Sufismo puede considerarse como un camino de consumación en dos sentidos fundamentales. Primero, es una vía que viene de, y lleva a, la consumación humana, el Ser Humano Completo (Insani Kamil). Segundo, es una vía integrada que usa todos los medios efectivos posibles para orquestar la transformación de un ser humano. Estos dos factores – lo completo del método y lo completo del resultado – son de la mayor importancia.

Lo completo del método
Lo completo del método Sufi se deriva de lo cabal que es su percepción de la naturaleza humana. La forma en que un ser humano será transformado dependerá de nuestra comprensión de lo que el ser humano es y de lo que está diseñado para ser.

El Ser Humano Completo no puede ser vislumbrado desde la perspectiva del ser humano promedio; ni es adecuadamente teorizado o descrito por la ciencia, o la sociología, filosofía, o psicología; es entregado por el Creador del ser humano. Es una propuesta proveniente del Corazón de la Naturaleza a través de su acción reveladora. Cuando la Naturaleza produce su fruto final, éste es el Humano Completo, quien habla con la voz de la inteligencia de la propia Naturaleza, describiendo los atributos de la Consumación. Lo que podemos saber acerca del aspecto humano proviene de aquellos que se han perfeccionado y tienen un oído capaz de escuchar la voz del Poder Creativo.

No puede existir un método completo sin la posibilidad preexistente del Ser Humano Completo. El ser humano implica su propia capacidad de perfeccionamiento, tal como una planta implica la existencia del
sol, y un hombre implica la existencia de una mujer. El Sufismo recibió el conocimiento implícito de la Consumación primero a partir del Corán, el que se describe a sí mismo como un don y guía para la humanidad, como un recordatorio – que confirma y clarifica revelaciones previas hechas a la humanidad – y que fuera revelado al Profeta Muhammad, paz y bendiciones para él. El Sufismo también se apoya en la comprensión cada vez más explícita de este proceso de perfeccionamiento según el testimonio de vida y enseñanzas de sus numerosos modelos, comenzando con Muhammad y siguiendo por más de catorce siglos.

La Metodología de la Consumación
El proceso Sufi existe esencialmente sobre la base de la relación mentor-estudiante, y esta relación típicamente es apoyada y realzada dentro del contexto de una familia espiritual. Ha habido muchas metáforas para describir el rol de un sheikh: el pastor de un rebaño, guía del camino, padre (o madre) de una familia.

Un sheikh es como un conductor de orquesta. El conductor es responsable de armonizar a los diferentes miembros y sus instrumentos. También es responsable de mantener el repertorio clásico e introducir nuevos elementos al repertorio de la orquesta. Es, entonces, tanto el guardián de la tradición como el continuo creador de la misma. El sheikh incluso es más que un conductor, pues la vía Sufi utiliza cada aspecto de la existencia humana para lograr su propósito.

Dentro de la vía Sufi, algunos de los principios y métodos usados para la orquestación de la transformación humana son:

El recuerdo de Dios en toda circunstancia
La remembranza implica dos dimensiones: el estado de presencia en el cual una persona es consciente de sí misma, y el estado del ser dentro de la presencia de Dios, reconocido, sostenido, guiado y amado.

Adoración
Entendida como la integración de todas las facultades de una persona en el acto de expresar amor y respeto por el Absoluto.

En su sentido más específico la adoración es una acción humana cabal, que incluye lo ritual y ceremonial sin estar limitado a ello, destinada a armonizarnos con el Ser Divino. En su sentido general, es el propósito de nuestra vida en la tierra.

Sometimiento
El que consiste en permitir que lo Divino sea el Centro de nuestra Realidad.

El resultado efectivo de este sometimiento es la trascendencia personal y la capacidad de sacrificio. El sometimiento es de lo condicionado hacia lo Incondicionado, del ser compulsivo hacia el Ser esencial, de
lo finito hacia lo Infinito.

La Etica
En especial aquellos principios morales directos y fáciles de entender revelados en el Corán y en otras revelaciones auténticas.

La ética, percibida por un corazón que ama, contribuye a un sentido de armonía y confianza mediante relaciones adecuadas y discernimiento de los límites apropiados.

Hermandad
Lazo conscientemente aceptado por aquellos que han emprendido juntos el viaje de la vida.

La hermandad es la caballería Sufi que reconoce lo central del amor, la interdependencia y el sacrificio heroico.

El arte de la conversación espiritual
Cuando las mentes se unen y se comunican con un propósito espiritual, se produce y mantiene una activa receptividad, hay intercambio de energía, y se profundiza la percepción de los significados.

Razonamiento; reflexión consciente
La razón permite el ordenamiento inteligente de las ideas en torno a la verdad general de la existencia: la Unicidad de Todo Ser. La razón, en este contexto, es el trabajo del intelecto consciente para descondicionar, recondicionar y finalmente incondicionar toda la mente, incluyendo el subconsciente.

Lectura de textos sagrados
La comprensión de la palabra de Dios y del lenguaje inspirado de los amigos de Dios despierta el alma y purifica el corazón.

Trabajo con el Corazón, el Inconsciente, lo Invisible
El corazón humano es la puerta de entrada a la mente infinita de Dios. Al desarrollar nuestras facultades más finas de percepción, incluyendo el trabajo con los sueños y la percepción de imágenes, los velos son levantados y se nos revelan nuevas dimensiones de la realidad.

Ayuno
Tal como la mente debe vaciarse y acallarse para llegar al estado de recordación, los principios de purificación y vaciamiento deben aplicarse al cuerpo para que los velos del deseo y la compulsión puedan ser levantados.

Movimiento y Trabajo Corporal
La oración ritual, hecha cinco veces al día, es un perfecto yoga que mantiene la salud y el equilibrio del cuerpo.

Adicionalmente, desde el giro sublime de los Mevlevis hasta el hadras de otras órdenes que involucran vigorosas formas de adoración corporal, los Sufis han acostumbrado incluir el ejercicio del cuerpo en sus ceremonias. La oración ritual ha provisto una sobriedad fundamentada y digna, y las reuniones de zhikr (ejercicio de recordación) han permitido un grado de auto trascendencia a través del éxtasis de la expansión.

El Ser Humano Completo
Los atributos del ser humano completo son los atributos de Dios reflejados apropiadamente en el contexto humano. Se dice en el Corán que Dios tiene innumerables cualidades, de las cuales noventa y nueve son mencionadas en el propio Corán. Algunas de estas cualidades son las del día a día de cualquier ser humano: ver, oir, hablar, la voluntad, la vida, la consciencia. El Sufi reconoce que estas cualidades son reflejos del Absoluto a través del ser humano, Volverse totalmente humano es ser capaz de reflejar cada vez más cualidades divinas en la vida.

Este mundo se ve como el espejo de las cualidades divinas, el emplazamiento para su manifestación. Reconocer estas cualidades en el corazón es al mismo tiempo reconocerlas en la vida. No hay separación en el campo de la Unicidad, que en lenguaje Sufi es llamada Tawhid. No hay, por tanto, antagonismo entre
la vida humana y la vida espiritual. Sólo cuando la vida humana ha sido moldeada por las demandas e ilusiones del aislado ego está ella reducida a una caricatura, a una distorsión particularizada de su totalidad. Aparte de eso, ser cabalmente humano es cumplir nuestro destino espiritual.

Lo que el Sufismo Esencial no es
La idea de consumación es tan importante debido a que sin ella podemos conformarnos con algo menos que la madurez humana. Sin ella podemos tomar una parte como si fuera el todo. Así como el egoísmo puede reducir nuestra humanidad, diferentes distorsiones de la espiritualidad pueden provocar logros humanos que impresionan pero son incompletos, restrictivos, desequilibrados o incluso patológicos.

El Sufismo Esencial no es una especialización aparte de la vida que requiera de la renuncia a los intereses
y deseos humanos. En otras palabras, no apunta a la trascendencia absoluta de la condición humana.

El Sufismo no pone su atención primordial en lograr una concentración interior centrada únicamente en lo Divino, a través de la cual todo el mundo de la creación desaparece.

No está preocupado de desarrollar una micro atención concentrada en las minucias de la consciencia para derrumbar el ego.

Tampoco está preocupada especialmente de los estados alterados de consciencia, o de los viajes del alma, ni éxtasis shamánicos. Aun cuando un ser humano maduro puede tener la facilidad de entrar a voluntad en otros reinos de consciencia y estados del ser, su sometimiento y confianza en la Compasión Absoluta reducen significativamente la necesidad y preocupación por tales exploraciones.

Tampoco se caracteriza el Sufismo por el asombro y la embriaguez o intoxicación, aun cuando uno pueda pasar por dichos estados antes de alcanzar la sobriedad que abarca y trasciende toda intoxicación.

El Sufismo no es una forma de lograr que lo ordinario parezca milagroso, sino de integrar lo verdaderamente milagroso a la vida humana corriente.

Iluminación y Madurez
Muchos de nosotros hemos observado y experimentado varias decepciones y experiencias desilusionantes en nuestra búsqueda de una espiritualidad adecuada a nuestros tiempos. Además de aquellos falsos maestros, que no merecen realmente ser analizados, están aquellos guías espirituales que claramente tienen algún tipo de iluminación y sin embargo no cumplen siquiera con lo que uno esperaría de un ser humano corriente, decente. Tales personas pueden tener carisma, habilidad para leer la mente de otras personas, poder alterar el estado de consciencia de otros, etcétera. Y luego, en algún momento, podemos descubrir que son inmaduros en ciertos aspectos, Puede ser factible crear lo que podríamos llamar una iluminación de invernadero, en otras palabras una iluminación teórica que es deficiente en importantes aspectos. Si, por ejemplo, fuera posible entregarle a un mono en un laboratorio la experiencia de iluminación simiesca, dicho mono no tendría necesariamente la sabiduría de un mono que ha madurado en la selva.
Peor aún es el caso del maestro iluminado, cuya iluminación ha sido usada con fines egoístas, que manipulan a otros, que son incapaces de mantener una relación sexual madura con una contraparte igualitaria, o tienen adicciones que no pueden controlar.

El error consiste en asumir que por tener dichas personas ciertos atributos de iluminación son seres humanos perfectos.

En Sufismo, el fenómeno de iluminación inmadura es bien conocido. Esta iluminación es un tipo de transformación biológica en la cual los velos entre la mente consciente y la mente inconsciente son removidos, pero no necesariamente luego de haber adquirido todo un rango de cualidades, experiencia y virtud que podría ser descrita como madurez.

En Sufismo, el asunto no es iluminar a todos lo más rápido posible, sino ir paso a paso desarrollando los atributos de la madurez sin los cuales la iluminación sería una maldición. Se debe pasar por cierta educación previa antes de que uno tenga el privilegio de recibir el tipo de ayuda que podría incrementar las probabilidades de la iluminación biológica.

El Sufismo es la reconciliación de todos los opuestos: lo externo y lo interno, lo material y lo espiritual, lo finito y lo infinito, el aquí y el más allá, la libertad y la servidumbre, lo humano y lo divino. La iluminación del Sufi no le impide a él o ella funcionar de manera práctica y humilde en la vida, no le da derecho a un trato especial, no le excluye de las inevitables penas y alegrías de la vida. La unión del Sufi con Dios no cancela la servidumbre.

Dinámica de la Fuerza

Dinámica de la Fuerza

La experiencia de paz y el pasaje de la Fuerza

1.- Relaja plenamente tu cuerpo y aquieta la mente. Entonces imagina una esfera transparente y luminosa que, bajando hacia ti, termina por alojarse en tu corazón. Reconocerás al momento que la esfera deja de aparecerse como imagen para transformarse en sensación dentro del pecho.

2.- Observa cómo la sensación de la esfera se expande lentamente desde tu corazón hacia fuera del cuerpo al tiempo que tu respiración se hace más amplia y profunda. Al llegar la sensación a los límites del cuerpo puedes detener allí toda operación y registrar la experiencia de paz interior. En ella puedes permanecer el tiempo que te parezca adecuado. Entonces haz retroceder esa expansión anterior (llegando, como al comienzo, al corazón) para desprenderte de tu esfera y concluir el ejercicio calmo y reconfortado. A este trabajo se le llama experiencia de paz.

3.- Pero, en cambio, si quisieras experimentar el pasaje de la Fuerza, en lugar de retroceder en la expansión deberías aumentarla dejando que tus emociones y todo tu ser la sigan. No trates de poner tu atención en la respiración. Deja que ella actúe por sí sola mientras sigues la expansión fuera de tu cuerpo.

4.- Debo repetirte esto: tu atención, en tales momentos, debe estar en la sensación de la esfera que se expande. Si no puedes lograr esto conviene que te detengas y lo intentes en otra oportunidad. De todas maneras, si no produces el pasaje podrás experimentar una interesante sensación de paz.

5.- Si, en cambio, has ido más lejos comenzarás a experimentar el pasaje. Desde tus manos y otras zonas del cuerpo te llegará un tono de sensación diferente al habitual. Luego percibirás ondulaciones progresivas y al poco tiempo brotarán con vigor imágenes y emociones. Deja entonces que se produzca el pasaje…

6.- Al recibir la Fuerza percibirás la luz o extraños sonidos dependientes de tu particular modo de representación habitual. En todo caso, será importante la experimentación de la ampliación de la consciencia. Uno de cuyos indicadores deberá ser una mayor lucidez y disposición para comprender lo que ocurre.

7.- Cuando lo desees puedes terminar con ese singular estado (si es que antes no fue diluyéndose por el simple transcurrir), imaginando o sintiendo que la esfera se contrae y luego sale de ti del modo en que había llegado al comenzar con todo aquello.

8.- Interesa comprender que numerosos estados alterados de consciencia han sido y son logrados, casi siempre, poniendo en marcha mecanismos similares a los descriptos. Desde luego que revestidos de extraños rituales o a veces reforzados por prácticas de agotamiento, desenfreno motriz, repetición y posturas que, en todos los casos, alteran la respiración y distorsionan la sensación general del intracuerpo. Debes reconocer en ese campo a la hipnosis, la mediumnidad y también la acción de las drogas que, actuando por otra vía, producen similares alteraciones. Y, por cierto, todos los casos mencionados tienen por signo el no control y el desconocimiento de lo que ocurre. Desconfía de tales manifestaciones y considéralas como simples trances por los que han pasado los ignorantes, los experimentadores y aún los santos, según cuentan las leyendas.

9.- Si has trabajado observando lo recomendado puede suceder, no obstante, que no hayas logrado el pasaje. Ello no puede convertirse en foco de preocupación sino en indicador de falta de soltura interior, lo que podría reflejar mucha tensión, problemas en la dinámica de imagen y, en suma, fragmentación en el comportamiento emotivo… Cosa que, por otra parte, estará presente en tu vida cotidiana.

Proyección de la Fuerza

1.- Si has experimentado el pasaje de la Fuerza podrás comprender cómo, basándose en fenómenos similares pero sin ninguna comprensión, distintos pueblos pusieron en marcha ritos y cultos que luego se multiplicaron sin cesar. Por medio de experiencias del tipo ya comentado, muchas personas sintieron a sus cuerpos desdoblados. La experiencia de la Fuerza les dio la sensación de que a esta energía podían proyectarla fuera de sí.

2.- La Fuerza fue proyectada a otros y también a objetos particularmente aptos para recibirla y conservarla. Confío en que no te será difícil entender la función con que cumplieron ciertos sacramentos en distintas religiones e, igualmente, el significado de lugares sagrados y de sacerdotes supuestamente cargados con la Fuerza. Cuando algunos objetos fueron adorados con fe en los templos y se los rodeó de ceremonia y rito, seguramente devolvieron a los creyentes la energía acumulada por oración repetida. Es una limitación al conocimiento del hecho humano, el que casi siempre se hayan visto estas cosas por la explicación externa según cultura, espacio, historia y tradición, cuando la experiencia interna básica es un dato esencial para entender todo esto.

3.- Este proyectar, cargar y restituir la Fuerza, volverá a ocuparnos más adelante. Pero desde ya te digo que el mismo mecanismo sigue operando aún en sociedades desacralizadas donde los líderes y los hombres de prestigio están nimbados de una especial representación para aquél que los ve y quisiera hasta tocarlos, o apoderarse de un fragmento de sus ropas, o de sus utensilios.

4.- Porque toda representación de lo alto va desde el ojo hacia arriba de la línea normal de la mirada. Y altas son las personalidades que poseen la bondad, la sabiduría y la fuerza. Y en lo alto están las jerarquías y los poderes y las banderas y el Estado. Y nosotros, comunes mortales, debemos ascender en la escala social y acercarnos al poder a toda costa. Qué mal estamos, manejados aún por esos mecanismos que coinciden con la representación interna, con nuestra cabeza en lo alto y nuestros pies pegados a la tierra. Qué mal estamos, cuando se cree en esas cosas (y se cree porque tienen su realidad en la representación interna). Qué mal estamos, cuando nuestra mirada externa no es sino proyección ignorada de la interna.

Pérdida y represión de la Fuerza

1.- Las mayores descargas de energía se producen por actos descontrolados. Estos son: la imaginación sin freno, la curiosidad sin control, la charla desmedida, la sexualidad excesiva y la percepción exagerada (el mirar, oír, gustar, etc., de manera desbordada y sin objetivo). Pero debes reconocer también que muchos proceden de ese modo porque así descargan sus tensiones, que de otro modo serían dolorosas. Considerando esto y viendo la función con que cumplen tales descargas, convendrás conmigo en que no es razonable reprimirlas sino más bien ordenarlas.

2.- En cuanto a la sexualidad debes interpretar correctamente esto: tal función no debe ser reprimida porque en este caso crea efectos mortificantes y contradicción interna. La sexualidad se orienta y concluye en su acto pero no es conveniente que siga afectando la imaginación o buscando nuevo objeto de posesión de modo obsesivo.

3.- El control del sexo por una determinada moral social o religiosa sirvió a designios que nada tenían que ver con la evolución sino más bien con lo contrario.

4.- La Fuerza (la energía de la representación de la sensación del intracuerpo), se desdobló hacia lo crepuscular en las sociedades reprimidas y allí se multiplicaron los casos de endemoniados, brujos, sacrílegos y criminales de todo tipo, que gozaron con el sufrimiento y la destrucción de la vida y la belleza. En algunas tribus y civilizaciones, los criminales estuvieron repartidos entre los que ajusticiaron y los ajusticiados. En otros casos, se persiguió a todo lo que era ciencia y progreso porque se oponía a lo irracional, a lo crepuscular y a lo reprimido.

5.- En ciertos pueblos primitivos existe aún la represión del sexo así como en otros considerados de civilización avanzada. Es evidente que, en unos y otros, el signo destructivo es grande aunque en los dos casos el origen de tal situación sea distinto.

6.- Si me pides más explicaciones te diré que el sexo es en realidad santo y es el centro desde el cual se impulsa la vida y toda creatividad. Así como desde allí también se impulsa toda destrucción cuando su funcionamiento no está resuelto.

7.- Jamás creas las mentiras de los envenenadores de la vida cuando se refieren al sexo como algo despreciable. Por el contrario en él hay belleza y no en vano está relacionado con los mejores sentimientos del amor.

8.- Sé cuidadoso entonces y considéralo como una gran maravilla que debe tratarse con delicadeza, sin convertirlo en fuente de contradicción o en desintegrador de la energía vital.

Acción y reacción de la Fuerza

Te expliqué anteriormente: Cuando encuentres una gran fuerza, alegría y bondad en tu corazón, o cuando te sientas libre y sin contradicciones, inmediatamente agradece en tu interior.

1.- Agradecer, significa concentrar los estados de ánimo positivos asociados a una imagen, a una representación. Ese estado positivo así ligado permite que en situaciones desfavorables, por evocar una cosa, surja aquella que la acompañó en momentos anteriores. Como, además, esta carga mental puede estar elevada por repeticiones anteriores, ella es capaz de desalojar emociones negativas que determinadas circunstancias pudieran imponer.

2.- Por todo ello, desde tu interior volverá ampliado en beneficio aquello que pidieras, siempre que hubieras acumulado en ti numerosos estados positivos. Y ya no necesito repetir que este mecanismo sirvió (confusamente) para cargar afuera objetos o personas, o bien entidades internas que se externalizaron, creyéndose que atenderían ruegos y pedidos.

SILO

Extractado de
Silo.- Humanizar la Tierra.-Plaza y Janés