El Sufismo

El Sufismo

Origen del Sufismo:

El Sufismo se origina en la tercera época de los Jalifas Abbasíes, en plena edad media.
En sus principios fue perseguido encarnizadamente por la rama ortodoxa islamita, llegando incluso al martirio de sus seguidores y aún, como en el caso de Al Hallaj, a la cruxifixión (año 922).

Las conclusiones acerca del origen de la palabra sufí son variadas, pero la mayoría coincide en que este término se adoptó porque los seguidores de esta doctrina usaban vestiduras de lana blanca (suf). Esta especie de túnica talar los diferenciaba de los musulmanes con sus ropajes negros. Más tarde el uso del color blanco fue abandonado.

Las fuentes de donde proviene esta disciplina mística son inciertas, y es muy extraño que haya venido a instalarse en el islamismo, el que desde el comienzo de su creación ha sido la menos mística de las religiones. Entre las teorías planteadas se supone que haya sido traído de la India; que no sea más que una parte de las doctrinas de Zoroastro; que se haya originado simplemente en la filosofía de la antigua Grecia, y, por último, que el movimiento ascético místico del Sufismo esté inspirado en el primitivo cristianismo, como lo sostienen algunos estudiosos.

Aunque todas estas teorías se aproximan en alguna forma, no ha sido posible confirmarlas, pero sí puede hablarse con certeza de las distintas influencias perceptibles en la doctrina sufí:

a)  Influencia del cristianismo. Se evidencia que las tendencias ascéticas y quietistas del Islam armonizan con la teoría cristiana, y se alimentan y nutren en ella. En los escritos sufíes son importantes las citas de los Evangelios y la presencia de muchos dichos apócrifos de Jesús en las biografías sufíes más antiguas.

b) Influencia del Neoplatonismo. Aristóteles fue una figura dominante en la filosofía islamita a través de los comentarios de los neoplatónicos. También fue muy difundida la Teología de Aristóteles, de la cual apareció una traducción árabe en el siglo IX.

c) Influencia del Gnosticismo. Hay testimonios del contacto del Sufismo con el Gnosticismo cristiano, el que se define a sí mismo como la ciencia del conocimiento de Dios.

d) Influencia del Budismo. Más tardíamente, con la conquista de la India por los musulmanes en el siglo XI, las enseñanzas de Buda ejercieron considerable influjo en la Persia Oriental; de ellas los sufíes aprendieron el uso del rosario para orar, y hubo algunas contribuciones importantes al método sufí de auto-educación ética, meditación y abstracción mental. A juicio de algunos, la concepción sufí de arrobo o aniquilación (faná), que es la anulación del yo individual en el Ser Universal, procede de la India.

Qué es el Sufismo ?

Aunque hay numerosas definiciones en los libros persas o arábigos que nos ofrecen cierta aproximación histórica, hay una que lo define exactamente: el Sufismo es una cosa indefinible.

El célebre poeta Yalal Eddin Rumi, fundador de los Maulawi o derviches danzantes, quien consagró su vida
a la música, danza y poesía, escribió un cuento que nos servirá para entender lo indefinible del Sufismo:

Unos indúes mostraban un elefante en una habitación oscura. Se congregó mucha gente para verlo, pero, como la habitación estaba envuelta en densas sombras, nadie podía ver nada. Entonces los espectadores
lo palparon a fin de hacerse una idea de lo que era un elefante. Tocó uno la trompa y dijo que se parecía a
un caño; otro palpó la oreja y concluyó diciendo que era un abanico; otro pasó su mano por una pierna y afirmó que era una columna; otro palpó el lomo y declaró que era un trono, aún otro cogió su cola y aseguró que era un plumero para espantar moscas. Así pasa con los que pretenden definir el Sufismo. Sólo aciertan a expresar lo que han sentido, y no se puede concebir una fórmula que comprenda todos los matices del íntimo y personal sentimiento religioso.

Hay modelos que ilustran brevemente aspectos y características del Sufismo: que le acontezcan a uno acciones que sólo Dios conoce y que esté siempre con Dios de una manera que sólo Dios conoce. Todo el Sufismo es una autodisciplina; no es un sistema de reglas y preceptos, sino una disposición conforme al dicho.Formaos en el molde de la naturaleza moral de Dios, y eso no se alcanza ni con reglas ni con ciencias.

El Sufismo es libertad, generosidad, dejar de violentarse y reprimirse. El Sufismo es apartar lo que tienes en la cabeza, dar lo que llevas en las manos, y no rehusar nada que te acaezca. El Sufismo es que Dios te haga morir en tí mismo a fin de que vivas en El.

Los sufíes no constituyen una secta, no poseen un sistema dogmático. Las tariqas, o sea los senderos que recorren en busca de Dios, son tantos como las almas de los hombres, al decir del Qorán. La doctrina sufí, o su sistema práctico en busca de la verdad (al Haqiqa), es examinar el alma y pedirle rendición de cuentas y confesión por todo cuanto había hecho antes y después de entrar al camino de la Perfección; el abandono de sí mismo y de sus creencias erróneas, y seguir una conducta moral.

El Lenguaje en la Literatura Sufi

Los sufíes emplean un lenguaje propio, tanto en sus tertulias como en su literatura. Sus términos son claves que aplican en sus diálogos habituales o en las discusiones en que analizan su marcha en la senda de ascensión de grado en grado. Dedican ciertas horas de sus pláticas a explicar el alcance de su lenguaje simbólico y su aplicación según las circunstancias. Usan algunas palabras que se encuentran en los libros ya conocidos y al alcance del lector, y de la gente que asiste a sus tertulias de carácter profano, mientras que otras palabras están vedadas y ocultas, y hasta hoy constituyen un secreto no revelado. Esto explica las dos formas disciplinarias en su culto: una exotérica y la otra esotérica. De todas las órdenes religiosas del Islam, los sufíes son los únicos que crearon un lenguaje o términos simbólicos convencionales propios, con intenciones ocultas. Expondremos algunos ejemplos:

Para los poetas sufíes, la doncella de ojos negros es la Divinidad. La taberna, o masgid es el templo del fuego, o sea, la primera etapa del neófito. El vino con el cual se embriagan, simboliza la Verdad que los hace conocer al Dios Unico y Verdadero. La copa es el cosmos o el corazón del sufí, puesto que ambos contienen el vino de la Verdad. De ahí que la embriaguez que cantan los sufíes sea simplemente el éxtasis producido por la fe religiosa, la contemplación y el misticismo ascético. En ningún caso se trata de lo que comúnmente llamamos embriaguez. Como se puede ver por este ejemplo, la esencia del Sufismo está encubierta por el lenguaje metafórico.

El Yo Universal

Todo el Sufismo descansa en la creencia de que cuando uno se pierde a sí mismo, se encuentra en el Yo Universal, o que el éxtasis ofrece la única manera que el alma posee para comunicarse directamente con Dios y unirse a El. Para expresar esta idea fundamental del éxtasis, los sufíes emplean varias metáforas, como la palabra faná, que significa anulación, desvanecimiento o muerte. El faná comprende varias etapas que pueden resumirse así:

a) Transformación moral del alma mediante la extinción de todas las pasiones y apetitos.

b) Una abstracción mental o desvanecimiento de la mente, apartándola de todos los objetos de percepción, pensamiento, acciones y sentimientos, por virtud de la concentración en el pensamiento de Dios.

c) La cesación de todo pensamiento consciente. Se alcanza la suprema etapa del Faná cuando desaparece hasta la noción de haberlo alcanzado. Esto es lo que los sufíes llaman el tránsito del tránsito, o sea,
faná del faná.

La Búsqueda de Dios

Se puede decir que el sufí que emprende la búsqueda de Dios se denomina a sí mismo un viajero (salik),
o sea un iniciado, que avanza por lentas etapas o jornadas (maqamat) a lo largo de un sendero (tariqat) hacia una meta que consiste en la unión o identificación con la Realidad (Faná fil Haqq).

En el Kitab al Lumá, el más antiguo tratado de Sufismo, vemos expuesto el Sendero, que consta de siete etapas o jornadas:

a) Arrepentimiento.
b) Abstinencia.
c) Renunciación.
d) Pobreza.
e) Paciencia.
f) Confianza en Dios.
g) Satisfacción.

Estas jornadas constituyen la disciplina ascética y ética del sufí, y deben ser cuidadosamente diferenciadas de los llamados estados (ahwal), que no pueden ser adquiridos por el esfuerzo como es el caso de las jornadas, sino que son disposiciones y sentimientos de orden espiritual que no dependen de la voluntad humana, porque descienden de Dios. Estos estados son diez:

a) Meditación.
b) Acercamiento a Dios.
c) Amor.
d) Temor.
e) Esperanza.
f) Aspiración.
g) Intimidad.
h) Serenidad.
i) Contemplación.
j) Certidumbre.

El Sendero del sufí no se acaba hasta que no haya logrado recorrer todas las jornadas y alcanzado la perfección en cada una de ellas, y hasta que no haya experimentado todos los estados espirituales que a Dios le plazca otorgarle. Sólo entonces habrá logrado elevarse de manera permanente a los planos superiores de consciencia, que los sufíes llaman gnosis, donde el investigador (Talib) se convierte en conocedor o gnóstico (Arif) y se percata que el Conocimiento, el Conocedor y lo Conocido son Uno.

El Sufismo Moderno

El Sufismo es una doctrina que viene acompañando al hombre por un milenio, y aunque su origen fue árabe, y en este artículo nos hemos referido preferentemente al Sufismo oriental, éste no pertenece a ninguna raza ni religión determinada. Al hombre que practica esta doctrina podemos llamarlo: brahamanita, budista, hebreo, gnóstico, místico cristiano o sufí islamita.

En este mundo convulsionado actual, donde se hace notorio el predominio de la materia por sobre el espíritu, la presencia del sufismo moderno, entre otras ideologías, contribuye a suavizar las ambiciones desmedidas y la crueldad despiadada, a la vez que ofrece un sendero real, profundo y lleno de propósito, que puede conducir al hombre a la realización de un destino espiritual. Es necesario el retorno del hombre a las fuerzas vivas del espíritu, al reencuentro de su verdadero Ser. La difusión en occidente de esta corriente moderna del Sufismo comenzó con el maestro G. I. Gurdjieff, quien con la experiencia adquirida en sus continuos viajes de estudio de doctrinas esotéricas, vino desde Rusia a occidente trayendo una nueva enseñanza: el Sufismo.

Gurdjieff abrió el Instituto para el Desarrollo Armonioso del Hombre en Tiflis, más adelante creó Centros de Estudios en Constantinopia, Berlín y Londres, y en 1922 se estableció en Francia, en el Chateau de la Prieuré en Avon, cerca de Fontainebleau. En este castillo vivieron los alumnos y discípulos del maestro. Sus métodos atrajeron la atención general, gran publicidad y muchos adherentes. No había ritual o cursos fijos; los discípulos debían seguir las instrucciones al pie de la letra, estudiar a fondo los escritos de Gurdjieff y aprender los complejos ejercicios de danzas y posturas. A medida que la enseñanza progresaba, era notorio que gran parte de la filosofía se basaba en el ritual oriental, y el mismo Gurdjieff hacía referencias a las prácticas derviches. Sus principales discípulos fueron P. Ouspensky y J. G. Bennett, quienes, además de varios otros, difundieron su enseñanza a través de una nutrida literatura.

Poco después de fallecido Gurdjieff, en 1949, apareció Idries Shah, hijo de un sabio afgano, descendiente directo del profeta Mahoma, y que fue educado en Inglaterra donde reside actualmente. Es Director de estudios del Institute for Cultural Research organismo consagrado a la investigación en antropología cultural, y Jefe actual de la comunidad sufí de la línea de los Sayeds de Pagham, la que ha dado al sufismo de Asia Central durante ocho siglos numerosos maestros de excelencia. El procuró hacer accesible a occidente la enseñanza moral y espiritual del Sufismo traduciendo antiguos textos con analogías, parábolas, apólogos, proverbios, historias, que encierran mensajes de agudo conocimiento del hombre y de la vida.

A quienes buscan el Conocimiento les parece extraño, y un poco pueril, que los hagan leer historias. Según Shah: La historia-enseñanza es capaz de una acción directa que actúa sobre la parte más profunda del
ser humano, donde no llega ni el intelecto ni la emoción, estableciendo una comunicación que va más allá de las limitaciones habituales. Es otra percepción, un modo de aprehensión global de la realidad, sobrepasando las limitaciones del pensamiento lineal como también las fronteras del tiempo.

ldries Shah tiene un hermano menor, Omar Alí Shah, quien tiene a su cargo la tarea de visitar e instruir los grupos sufíes en la línea de Shah que existen en las principales ciudades del planeta. El grupo más importante de América Latina está en Buenos Aires.

Así también el maestro sufí de la India, Pir Zade, introdujo en Europa el Sufismo de la India musulmana. Refiriéndose a la influencia del Sufismo en el mundo actual, él expresa: En todas las religiones existe una esencia común, inmanente a los dogmas y a los ritos, que corresponde a una tendencia profunda del alma humana. Esta tendencia no puede ser conocida sino dentro de una experiencia espiritual que libere y una al mismo tiempo. El Sufismo se arraiga en una tradición que está dispuesta a ser siempre reavivada como un eterno Presente, y que, al mismo tiempo, se adelanta al encuentro de las necesidades religiosas propias del hombre moderno. El Sufismo requiere conocimiento histórico y teológico de las religiones comparadas; busca el sentido profundo de las fórmulas y ceremonias; puede abrir el espíritu a nuevas concepciones del universo y a nuevas formas de relaciones humanas, pero, por sobre todo, supone la existencia de una Consciencia, testimonio de los místicos y maestros.

La Medítación en el Sufismo

El tipo de meditación que se intenta en el Sufismo es el samadhi, que es el despertar desde la consciencia habitual en la que la mayoría de las personas está atrapada. Nuestra condición de vigilia a la que llamamos estar despiertos no es sino una clase de sueño. Hay un despertar donde la persona aleja su consciencia del plano físico, siendo capaz de ver más allá de las cosas porque está en otro plano de consciencia. Entre los sufíes se habla de estar despierto durante cada día de la vida, por eso la práctica de la meditación es un esfuerzo para lograr ese despertar.

El derviche, que es el sufí más típico, es el que ha permitido que su mente esté totalmente abierta para encarar el significado de las cosas. Esto no es fácil, ya que, por lo general, nos protejemos constantemente del significado profundo de las cosas por medio de nuestros conceptos filosóficos y nuestras construcciones mentales. Esto se produce a causa de que nuestro computador mental es incapaz de enfrentar el poder de la verdad. Así podemos decir que es sufí aquel cuya mente ha sido abierta y cuyo corazón ha sido roto. Ama profundamente al único ser a quien cualquiera debe amar siempre, es decir, Dios. Es aquel ser que cada amante ama en el amado. De algún modo, en la profundidad del alma hay una inmensa nostalgia por lo que los sufíes llaman el Verdadero Ser de quien somos proyección en la Tierra.

La meditación es un proceso de descubrimiento personal. Es en sí un proceso creativo, parte del significado de la vida. El derviche ha llegado a ser sensible al sufrimiento de todos los seres. Esa sensibilidad transforma el corazón de un ser en el corazón del universo.

Según Pir Vilayat Khan, la meditación sufí consta de algunos pasos en su búsqueda de lo que hay detrás de la apariencia. Primero se produce un estado de locura, cuando uno descubre el prodigio de todas las cosas creadas. Los sufíes lo expresan así: la realidad física, o existencia, es un velo sobre el rostro del Amado. Usan a menudo la palabra amor porque se centran más en el amor que en el entendimiento, o, dicho de otro modo, ellos poseen el entendimiento del corazón, característica común a todos los místicos.

Siempre se refieren a la meditación como a una práctica de cada día de la vida. La vida cotidiana es una hermosa oportunidad para que meditemos, no es necesario retirarse del mundo ni encerrarse en una celda. El sufí encuentra en la meditación una pérdida de las fronteras de sí mismo, porque su ego ha sido profundamente aniquilado. Como consecuencia de ello, se experimenta como el sí mismo de todos los seres, lo que le da una visión completamente diferente de las cosas, sin las limitaciones de un punto de vista individual.

En conclusión, podemos decir que el sufí pasa por un tipo de crisis en que ve la Realidad más allá de él y siente que debe dejar de poner límites a la Consciencia de Dios que está pasando a través de él. La actitud del sufí es Yo soy los ojos a través de los cuales Dios ve. Es como si hubiera una consciencia mayor manifestándose a través de nuestra propia consciencia. Esto nos permite entender que hay varias capas de ser, y que la más elevada que uno logra es la más cósmica de ellas y la menos individual. Puede decirse que a cierto nivel uno puede observar su propia consciencia como si fuera la consciencia universal observando a la consciencia personal, la cual sólo es una parte de ella. Al Hallaj dice: mientras seas consciente de tu yo individual, sólo puedes pensar en tí mismo como un instrumento de la mirada divina; pero una vez que eres aniquilado, tú eres la mirada divina. Esto es despertar. Después de la aniquilación se sobrevive, pero transfigurado.

Patricia Zárraga

Más Información:
Bonaud, Christian.- Introducción al Sufismo.- Paidós
Guraieb, José E.- El Sufismo en el Cristianismo y el Islam.- Kier
Shah, Omar Alí.- Sufismo Hoy.- Editorial SUFI

Los Tres Peces

Los Tres Peces

3 fishesHabía una vez tres peces que vivían en un charco. Ellos eran: un pez inteligente, uno semi inteligente y un pez tonto. La vida transcurría para ellos muy a la manera de los peces de cualquier lugar, hasta que un día llegó un hombre.

Llevaba una red, y el pez diestro lo vio a través del agua. Apelando a su experiencia, a los cuentos que había oído y a su habilidad, decidió ponerse en acción.

“Hay pocos lugares para esconderse en este charco – pensó – por lo tanto, fingiré estar muerto.”

Reunió sus fuerzas y saltó fuera del charco cayendo a los pies del pescador, quien quedó bastante sorprendido. Pero como el pez inteligente estaba conteniendo su respiración, el pescador supuso que estaba muerto, y lo arrojó nuevamente al agua. Entonces este pez se deslizó hacia una pequeña cavidad en la orilla.

Ahora bien, el segundo pez, el semi inteligente, no entendía del todo lo que estaba pasando. De modo que nadó hacia el pez diestro y le preguntó detalladamente acerca del asunto. “Simple – dijo el pez inteligente – fingí estar muerto; de ese modo, él me arrojó nuevamente.”

De manera que el pez semi inteligente saltó inmediatamente fuera del agua a los pies del pescador. “Extraño – pensó éste – están saltando todos a mi alrededor”. Y, como el pez semi inteligente había olvidado contener su respiración, el pescador se dio cuenta de que estaba vivo y lo puso en su bolsa.

Se dio vuelta para observar atentamente dentro del agua, y, como había quedado algo confuso por los peces que saltaban a tierra junto a él, no cerró la solapa de su bolso. El pez semi inteligente, cuando se dio cuenta de esto, aprovechó para liberarse, y moviéndose a sacudidas una y otra vez volvió al agua. Buscó al primer pez y se echó jadeante a su lado.

Mientras tanto el tercer pez, el tonto, no comprendió nada de esto, aun cuando había oído la versión del primero y del segundo pez. De manera que ellos repasaron cada detalle con él, poniendo de relieve la importancia de no respirar con el objeto de fingirse muerto.

“Muchísimas gracias. Ahora entendí”, dijo el pez tonto. Diciendo estas palabras se arrojó fuera del agua y cayó junto al pescador.

Entonces el pescador habiendo perdido ya dos peces, puso a éste en su bolsa sin molestarse en mirar si estaba respirando o no. Tiró su red una y otra vez en el charco, pero el primero y el segundo pez estaban agazapados en una hondonada de la orilla, y la solapa del bolso del pescador en esta ocasión estaba bien cerrada.

Finalmente el pescador se dio por vencido. Abrió su bolso, comprobó que el pez tonto no respiraba y lo llevó a su casa para el gato.

Historia sufi

El sufi y el tesoro escondido.

El sufi y el tesoro escondido.

Una voz celestial resonó en el sueño de un sufi y dijo: Has sufrido muchas dificultades en tu vida y te mereces una recompensa. Ve a buscar entre las hojas sueltas de los manuscritos que tu vecino ha vendido al librero. No permitas que vea lo que haces. Reconocerás un rollo de pergamino por sus colores y formas, llévatelo a un sitio recóndito y léelo en privado, no busques la compañía de nadie en este asunto. Sin embargo, no te preocupes excesivamente, pues aún cuando alguien viese el rollo no entendería su significado. Y si te lleva mucho tiempo desplegarlo, no desesperes y resiste todas las fatigas que te sucedan.

De vuelta de la visión, el joven cayó preso de una gran emoción y excitación, no solo por la promesa de aquel tesoro especial, sino por haber oído la palabra de Dios y por haber cruzado el velo del sufrimiento hacia la iluminación. Así que salió corriendo hacia la tienda del librero y durante un buen rato estuvo revolviendo entre los rollos y los papeles. Al cabo de un tiempo encontró, por casualidad, el escrito que la voz de su visión le había descrito, lo deslizó debajo del brazo y abandonó la tienda discretamente, diciéndole al librero que volvería en breve.

Se llevó el rollo a un escondrijo y allí sentado se maravilló y se quedó estupefacto, incapaz de creer que semejante tesoro hubiese estado perdido entre las hojas sueltas de una papelería. Pero entonces pensó:

Dios es el guardián de todas las cosas,
cómo puede el guardián liberar algo imprudentemente?
Aunque el escrito estuviese lleno de oro,
ni una sola pizca podría recogerse
sin Su consentimiento.
Y aunque leas cientos de libros al día,
ni una sola palabra se grabará en tu mente
sin la aprobación divina.

Escritas en el rollo estaban estas palabras: Fuera de la ciudad hay un tesoro enterrado. Ve al sepulcro del mártir, en el edificio con la cúpula, que tiene una puerta que mira al desierto. Ponte de espaldas a ella en dirección a La Mecca. Dispara una flecha con tu arco y, donde caiga, cava.

El joven siguió las instrucciones y disparó la flecha al aire, luego corrió con una picota y excavó donde la flecha se había clavado. Cavó y cavó por todo alrededor sin encontrar nada salvo su propio agotamiento. Todo los días hizo lo mismo, lanzaba flechas hacia todos los sitios desde el lugar establecido, pero nunca encontró el menor rastro del tesoro.

Finalmente, después que la situación se alargara, un rumor empezó a circular por la ciudad, que no tardó en llegar a los oídos del rey: un joven había encontrado el rollo del tesoro. Este que no era tonto del todo, entendió que no podía seguir lanzando flechas y cavando, y por miedo a ser castigado, le llevó el rollo al rey y le contó toda la historia.

Desde que encontré el rollo no he descubierto tesoro alguno, sólo he tenido problemas infinitos. Ya llevo más de un mes de angustias y esfuerzos sin resultado. Quizá vuestra fortuna descubra esta maravillosa mina de riqueza, oh gran monarca y guerrero!

Así que el rey fue también al sepulcro y disparó flecha tras flecha al aire, repitiendo durante seis meses lo que el joven había hecho. Cavó hoyos por todo el desierto en busca del tesoro en todas las direcciones posibles. El resultado fue nada, excepto frustración, pena y futilidad.

Al fin el rey enfermó de agotamiento y le devolvió al joven el rollo, diciendo que era un objeto inútil, concediéndole para siempre todos los derechos del tesoro, añadiendo que ya no quería saber nada más del asunto.

El joven juró que había aprendido del rollo que nada venía a alguien a menos que se esforzara. Dicho esto se volvió a su casa para olvidarse también de todo, pero le rogó a Dios que le concediera algo de entendimiento para que pudiese comprender lo sucedido. También se acordó de lo que el rey le había dicho:

El amor imprudente no tiene miedo de explotar,
mientras la razón busca el beneficio.
Mientras el amor sufre,
ella permanece constante, sólida y fuerte,.
Mientras arriesgas todo,
ella descansa más allá del egoísmo, sin buscar nada,
apostando cada glorioso obsequio que la vida le regala.
Sin razones, la vida da vida.
Sin razones la restituye.

Una noche, la inspiración volvió de nuevo inesperadamente. El rollo le había enseñado a tomar el arco y la flecha, pero nada estaba escrito sobre la fuerza que había de usar o la distancia que debía alcanzar. Decía que dispusiera la flecha en el arco y que dispara simplemente. Había sido él, el joven, a través de la culpa de su ego y el orgullo de su fuerza, el que había decidió lanzar la flecha lo más lejos posible.

Corrió rápidamente al sepulcro y disparó suavemente. La flecha cayó unos pocos metros más adelante, y allí, por supuesto, estaba el tesoro.

Lo real está más cerca de ti que tu cabeza,
más si lanzas la flecha de tus pensamientos lejos,
cuanto más allá llegue
a más distancia estará el tesoro.
El filósofo se inmola con el pensamiento,
déjalo que hable a su aire,
pues está de espaldas al tesoro.
Cuanto más tenses el arco,
la suerte te negará el hallazgo.

Jalaludin Rumí
La Vaca y La Isla

La Vaca y La Isla


LaVacaylaIsla
En una isla exuberante de verdor vivía una vaca en soledad. Pastaba allí hasta la caída de la noche y así engordaba cada día. Por la noche, al no ver ya la hierba, se inquietaba por lo que iba a comer al día siguiente y esta inquietud la dejaba tan delgada como una pluma. Al amanecer, el prado reverdecía y ella se ponía de nuevo a pacer con su apetito bovino hasta la puesta del sol. Estaba de nuevo gorda y llena de fuerza. Pero, en la noche siguente, volvìa a lamentarse y a adelgazar.

Por mucho tiempo que pasara, nunca se le ocurria que el prado no disminuía y que no tenía por qué inquietarse de aquel modo.

Tu ego es esa vaca y la isla es el universo. El temor del mañana adelgaza a la vaca. No te ocupes del futuro. Más vale mirar el presente. Tú comes desde hace años y los dones de Dios, sin embargo, no han disminuído nunca.

Historia Sufí
La historia de Mushkil Gusha

La historia de Mushkil Gusha

Había una vez, a menos de mil millas de aquí, un pobre leñador viudo que vivía con su hija pequeña. Todos los días iba a la montaña a cortar leña para hacer fuego, que traía a casa y ataba en haces. Después de tomar el desayuno, caminaba hasta el pueblo más cercano, donde vendía la leña y descansaba un rato antes de regresar.

Un día, al volver ya tarde a casa, la niña le dijo:
Padre, a veces deseo tener mejor comida, más cantidad y diferentes clases de cosas para comer.
Muy bien mi niña, dijo el viejo, mañana me levantaré más temprano que de costumbre, iré más lejos en la montaña donde hay más leña y traeré una cantidad mucho mayor que la habitual. Llegaré a casa más temprano y así podré atar la leña más rápido y luego iré al pueblo a venderla para que tengamos más dinero, y te traeré toda clase de cosas ricas para comer.

A la mañana siguiente, el leñador se levantó antes del alba y se fue las montañas. Trabajó duramente cortando leña, e hizo un enorme haz que acarreó sobre su espalda hasta la pequeña casa. Cuando llegó, todavía era muy temprano. Puso la carga en el suelo y golpeó la puerta diciendo:
Hija, hija, abre la puerta que tengo hambre y sed, y necesito comer algún alimento antes de ir al mercado.

Pero la puerta permaneció cerrada. El leñador estaba tan cansado que se acostó en el suelo y pronto se quedó dormido al lado del atado de leña.

La niña, que había olvidado la conversación de la noche anterior, estaba profundamente dormida. Cuando el leñador se levantó, unas horas después, el sol ya estaba alto. Golpeó nuevamente la puerta y dijo:
Hija, hija, ven pronto. Debo comer algo e ir al mercado pues es mucho más tarde que los otros días.

Como la niña había olvidado aquella conversación de la noche anterior, mientras tanto, se había levantado, arreglado la casa, y había salido a caminar . Dejó la casa cerrada suponiendo en su olvido que su padre estaba todavía en el pueblo. Fue así que el leñador se dijo:
Ya es demasiado tarde para ir a la ciudad, regresaré a las montañas y cortaré otro haz de leña, que llevaré a casa y mañana tendré doble carga para llevar al mercado.

Trabajó duramente ese día en las montañas cortando leña y atándola en fardos. . Era ya de noche cuando llegó a su casa con la leña sobre los hombros.
Puso el atado detrás de le casa, golpeó la puerta y dijo:
Hija, hija, abre que estoy cansado y no he comido nada en todo el día. Tengo doble cantidad de leña que espero llevar mañana al mercado. Esta noche tengo que dormir bien para sentirme fuerte.

Pero no hubo respuesta, pues la niña, como sintió mucho sueño al regresar a su casa, se preparó la comida y se fue a la cama. Al principio estuvo preocupada por la ausencia de su padre, pero luego se tranquilizó pensando que se había quedado a pasar la noche en el pueblo.

Nuevamente el leñador al ver que no podía entrar en su casa, cansado, hambriento y sediento, se acostó junto a la leña y de inmediato se quedó dormido. Le fue imposible permanecer despierto a pesar de la preocupación de lo que hubiera podido pasarle a su pequeña hija.

Despertó muy temprano a la mañana siguiente, aun antes de que hubiera luz.
Se sentó, miró a su alrededor, pero no pudo ver nada. Entonces ocurrió algo extraño. Le pareció escuchar una voz que decía:
Rápido, rápido, deja tu leña y ven aquí. Si lo necesitas mucho y deseas poco, tendrás una comida deliciosa.

El leñador se puso de pie y caminó en dirección hacia donde venía la voz. Anduvo, anduvo y anduvo, pero no encontró nada.

Entonces sintió más cansancio, frío y hambre que antes, y además se había perdido. Había tenido muchas esperanzas, pero eso no parecía haberlo ayudado. Ahora se sintió triste, con ganas de llorar, pero se dio cuenta de que llorar tampoco le ayudaría. Así que se acostó y se durmió. Muy poco después despertó nuevamente, tenía demasiado frío y hambre para poder dormir. Fue entonces cuando se le ocurrió relatarse a sí mismo, como si fuera un cuento, todo lo que había ocurrido después de que su hija le hubiera pedido una clase de comida diferente.

Tan pronto como terminó su historia, le pareció oír otra voz, en algún lugar por encima de él, como saliendo del amanecer, que decía:
Viejo hombre, viejo hombre, qué haces sentado aquí?
Estoy contándome mi propia historia, respondió el leñador.
Y cuál es?
El leñador repitió su narración.
Muy bien, dijo la voz.
Y a continuación le indicó que cerrara los ojos y subiera un escalón.
– Pero yo no veo ningún escalón. dijo el viejo.
No importa, haz lo que te digo ordenó la voz.

El hombre hizo lo que se le indicaba. Tan pronto hubo cerrado los ojos, descubrió que estaba parado y, levantando el pie derecho, sintió que había algo como un escalón debajo de él.

Comenzó a subir lo que parecía ser una escalera. De repente los escalones empezaron a moverse, se movían muy rápidamente, y a voz le dijo:
No abras los ojos hasta que yo te lo indique.

No había pasado mucho tiempo cuando le ordenó abrirlos. Al hacerlo, se encontró en un lugar que parecía un desierto, con el sol quemante sobre él. Estaba rodeado de cantidades y cantidades de pequeñas piedras de todas clases: rojas, verdes, azules y blancas, pero parecía estar solo; miró a su alrededor y no pudo ver a nadie. Pero la voz comenzó a hablar de nuevo:
Toma todas las piedras que puedas, cierra los ojos y baja nuevamente los escalones.

El leñador hizo lo que se la decía y, cuando abrió los ojos por orden de la voz, se encontró delante de la puerta de su propia casa. Toco la puerta y su hija le abrió. Ella le preguntó dónde había estado y el padre le contó lo ocurrido; aunque la niña apenas entendió lo que él decía porque todo le sonaba muy confuso.

Entraron en la casa, y la niña y su padre compartieron lo último que les quedaba para comer: un puñado de dátiles secos. Cuando terminaron, el leñador creyó oír nuevamente la voz, una voz como la otra que le había dicho que subiera los escalones. La voz dijo:
A pesar de que quizá tú aún no lo sabes, has sido salvado por Mushkil Gushá. Recuerda: Mushkil Gushá siempre está aquí. Asegúrate de que todos los jueves por la noche comerás unos dátiles, y darás otros a alguna persona necesitada y contarás la historia de Mushkil Gushá.. Asegúrate de que la historia de Mushkil Gushá nunca, nunca sea olvidada. Si tú haces esto y otro tanto hacen las personas a quienes tú cuentes esta historia, los que tengan verdadera necesidad siempre encontrarán su camino.

El leñador puso todas las piedras que había traído del desierto en un rincón de su casa. Parecían simples piedras y no supo qué hacer con ellas. Al día siguiente llevó sus dos enormes atados de leña al mercado y los vendió muy fácilmente, a muy buen precio. Al regresar a su casa, llevó a su hija toda clase de ricos manjares, que ella hasta entonces jamás había probado. Cuando terminaron de comer, el viejo leñador dijo:
Ahora te voy a contar toda la historia de Mushkil Gushá. Mushkil Gushá significa El disipador de todas las dificultades. Nuestras dificultades han desaparecido gracias a Mushkil Gusha, y debemos siempre recordarlo.

Durante una semana el hombre siguió como de costumbre. Fue a las montañas, trajo leña, comió algo, llevó la leña al mercado y la vendió. Siempre encontró un comprador sin dificultad.

Llegó el jueves siguiente y, como es común entre los hombres, el leñador olvidó contar la historia de Mushkil Gushá. Esa noche, ya tarde, se apagó el fuego en casa de los vecinos. Los vecinos no tenían nada con qué encenderlo y fueron a casa del leñador y le dijeron:
Vecino, vecino, por favor, danos un poco de fuego de esas maravillosas lámparas tuyas que vemos brillar a través de la ventana.
Qué lámparas? preguntó el leñador.
Ven afuera y verás, le respondieron.

El leñador salió y vio claramente toda clase de luces que brillaban, desde adentro, a través de su ventana. Entró a la casa y vió que la luz salía del montón de pequeñas piedras que había colocado en un rincón. Pero los rayos de luz eran fríos y resultaba imposible emplearlos para encender fuego, así fue que salió y les dijo:
Vecinos, lo lamento, no tengo fuego.
Y cerró la puerta golpeándola en sus narices. Los vecinos se sintieron molestos y sorprendidos, y volvieron a su casa refunfuñando. Y aquí ellos abandonan nuestra historia.

El leñador y su hija, rápidamente, taparon las brillantes luces con cuanto trapo encontraron, por miedo de que alguien viera el tesoro que tenían. A la mañana siguiente, al destapar las piedras, descubrieron que eran luminosas piedras preciosas.

Una por una, las fueron llevando a las ciudades de los alrededores, donde las vendieron a un enorme precio. El leñador resolvió entonces construir un espléndido palacio para él y su hija. Eligieron un lugar que quedaba justamente frente al castillo del rey de su país. Poco tiempo después había tomado forma un maravilloso edificio.

Ese rey tenía una hija muy bella, que al despertar una mañana vio un castillo que parecía de cuento de hadas frente al de su padre y se quedó muy sorprendida. Preguntó a su servidumbre:
Quién ha construido ese castillo? Con qué derecho hacen algo así tan cerca de nuestro hogar?
Los sirvientes salieron e investigaron y al regresar le contaron a la princesa la historia, hasta donde pudieron saberla.

La princesa entonces mandó llamar a la hija del leñador, pues estaba muy enojada, pero cuando las dos niñas se conocieron y hablaron, pronto se hicieron buenas amigas. Se veian todos los días e iban juntas a nadar y a jugar a un arroyo, que había sido hecho para la princesa por su padre.

Algunos días después del primer encuentro, la princesa se quitó un hermoso y valioso collar, y lo colgó en un árbol próximo al arroyo. Al volver, olvidó llevárselo y al llegar a casa pensó que lo había perdido. Mas la princesa, recapacitando, decidió que la hija del leñador se lo había robado. Se lo dijo a su padre, quien hizo arrestar al leñador, confiscó el castillo y le embargó todos sus bienes; el leñador fue puesto en prisión, y su hija internada en un orfelinato.

Como era costumbre en ese país, después de cierto tiempo, el leñador fue sacado de su celda y llevado a la plaza pública, donde se le encadenó a un poste, con un letrero alrededor del cuello que decía:
Esto es lo que les ocurre a aquellos que roban a los reyes.
Al principio, la gente se reunía a su alrededor, burlándose de él y tirándole cosas. El leñador se sentía muy desdichado. Pero, como es común entre los hombres, pronto se acostumbraron a ver al viejo sentado junto al poste y le prestaban cada vez menos atención. A veces le tiraban restos de comida, a veces no.

Un día escuchó decir a alguien que era jueves por la tarde. Repentinamente, llegó a su mente el pensamiento de que pronto sería la noche de Mushkil Gushá, El disipador de todas las dificultades, y que había olvidado conmemorarlo desde hacía tanto tiempo. Tan pronto como este pensamiento llegó a su mente, un hombre caritativo que pasaba por allí le arrojó unas monedas. El leñador lo llamó:
Generoso amigo, me has dado un dinero que para mí no es de ninguna utilidad, si de alguna manera tu generosidad alcanzara para comprar uno o dos dátiles y venir a sentarte conmigo para comerlos, yo te quedaría eternamente agradecido.