Hacia una Psicología de la Salud.

Hacia una Psicología de la Salud.

Hoy día está emergiendo una nueva concepción de enfermedad y de salud humana, una psicología que encuentro tan emocionante y llena de hermosas posibilidades que cedo a la tentación de presentarla públicamente aún antes de que sea verificada y confirmada, y antes de que pueda ser llamada un conocimiento científico digno de confianza.

Las suposiciones básicas de este enfoque son:

1.-  Tenemos, cada uno de nosotros, una naturaleza interior esencialmente basada en la biología, la que es hasta cierto grado natural, intrínseca, conocida en cierto limitado sentido, invariable, o a lo menos, estable.

2.-  La naturaleza interior de cada persona es en parte única para sí misma y en parte propia de la especie humana.

3.-  Es posible estudiar esta naturaleza interior científicamente y descubrir a que se parece (no inventar – descubrir).

4.-  Esta naturaleza interior, hasta donde sabemos de ella, parece no ser intrínseca o primaria o necesariamente perversa. Las necesidades básicas (de supervivencia, de resguardo y seguridad, de pertenencia, de afecto, de respeto y auto-respeto y de realización), las emociones humanas básicas y las capacidades humanas básicas pueden ser todas ellas ya sea neutrales, pre-morales o positivamente buenas. La destructividad, el sadismo, la crueldad, la malicia, etc. parecen lejos no ser intrínsecas, sino más bien reacciones violentas en contra de la frustración de nuestras necesidades, emociones y capacidades intrínsecas. La ira en sí misma no es mala, ni lo es el temor, ni la pereza ni incluso la ignorancia. Por supuesto, eso puede (y lo hace) conducir a un mal comportamiento, pero no necesariamente. La naturaleza humana no es tan mala como se ha pensado que es. De hecho, puede decirse que las posibilidades de la naturaleza humana generalmente han sido subestimados.

5.-  Desde el momento que esta naturaleza interior es más bien buena o neutral que mala, es mejor sacarla a la superficie y alentarla que suprimirla. Si se le permite dirigir nuestras vidas creceremos saludables, productivos y felices.

6.-  Si este núcleo esencial de la persona es negado o suprimido, él se enferma a veces de maneras obvias, a veces de maneras sutiles, a veces inmediatamente, a veces tardíamente.

7.-  Esta naturaleza interna no es fuerte ni super poderosa ni infalible, como los instintos de los animales. Es débil y delicada, fácilmente subyugada por los hábitos, la presión cultural y las actitudes equivocadas hacia ella.

8.-  Aunque débil, raramente desaparece en la persona normal, quizás ni siquiera en la persona enferma. Aunque negada, persiste subyacente siempre presionando para realizarse.

9.-  De algún modo, estas conclusiones deben coordinarse con la necesidad de disciplina, privación, frustración, dolor y tragedia. Hasta donde estas experiencias revelan, nutren y hacen plena nuestra naturaleza interna, son experiencias deseables. Cada vez es más claro que ellas tienen algo que ver con un sentido de realización y fortaleza del ego, y por lo tanto, con un sentido de saludable auto-estima y auto-confianza. La persona que no ha conquistado, resistido ni vencido, continúa sintiéndose llena de dudas sobre su capacidad de hacerlo. Esto es verdadero no sólo para los peligros externos, sino también para la habilidad de controlar y postergar los propios impulsos y, en consecuencia, no sentir temor de ellos.

Observemos que si estas suposiciones se demuestran como ciertas, prometen una ética científica, un sistema de valores naturales, una Corte de Apelaciones en última instancia para la determinación de lo bueno y lo malo, de lo correcto y lo equivocado. Mientras más aprendemos acerca de las tendencias naturales del hombre, más fácil será decirle cómo ser bueno, cómo ser feliz, cómo ser productivo, cómo respetarse a sí mismo, cómo amar, cómo desarrollar sus potencialidades más elevadas. Esto ayuda a la automática solución de muchos de los problemas de la personalidad a futuro. Parece que lo que hay que hacer es encontrar lo que uno es realmente en su profundidad, como un miembro de la especie humana y como un individuo particular.

El estudio de la gente auto-realizada puede enseñarnos mucho acerca de nuestros propios errores, nuestras deficiencias, y la dirección apropiada para crecer. Toda época, excepto la nuestra, ha tenido su modelo, su ideal. Todos estos han sido abandonados por nuestra cultura: el santo, el héroe, el gentilhombre, el caballero andante, el místico. A todos ellos los hemos reemplazado por el hombre bien adaptado y sin problemas. Un muy pálido y dudoso sustituto. Quizás deberíamos pronto ser capaces de usar a un ser humano emocionalmente maduro y auto-realizado como nuestro guía y modelo, en quien todas sus potencialidades estén dirigidas hacia el completo desarrollo. Aquel cuya naturaleza interna se exprese libremente en vez de ser desviada, suprimida o negada.

El asunto importante para cada persona es reconocer vivida e intensamente, cada una para sí misma, que toda decadencia de las virtudes de la especie humana, todo crimen en contra de nuestra propia naturaleza, todo acto malévolo, cada uno sin excepción, se graba en nuestro inconsciente y nos hace despreciarnos. Karen Horney describía apropiadamente esta percepción inconsciente llamándola registros. Si hacemos algo de lo que nos avergonzamos, queda registrado para nuestro descrédito, y si hacemos algo honesto, o excelente, o bueno, se registra para nuestro crédito. Los resultados netos, ya sean a favor o en contra, hacen que nos respetemos y aceptemos o que nos despreciemos y nos sintamos abominables, inútiles o antipáticos. Los teólogos acostumbraban a usar la palabra accidie para describir el pecado de no ser capaz de hacer con la propia vida todo lo que uno sabía que podía hacer.

Este punto de vista de ninguna manera niega el usual cuadro Freudiano, sino que se añade a él y lo complementa. Para simplificar, es como si Freud nos facilitara la mitad enferma de la psicología y ahora nosotros tendríamos que agregar la parte sana. Quizás esta psicología del sano nos dé más posibilidades para controlar y enriquecer nuestras vidas y hacernos mejores personas. Quizás esto sea más provechoso que preguntarse: cómo estar no enfermo?

Cómo podemos fomentar este libre desarrollo? Cuáles son las mejores condiciones educacionales para esto? Sexuales? Económicas? Políticas? Qué clase de mundo necesitamos para el crecimiento de tales personas? Qué clase de mundo crearán esas personas? La gente enferma ha sido hecha por una cultura enferma; la gente sana será posible gracias a una cultura saludable. Pero también es verdad que los individuos enfermos hacen una cultura más enferma y que los individuos sanos hacen la suya más saludable. Mejorar la salud individual es un enfoque para hacer un mundo mejor. Para expresar esto de otra manera, el estímulo para el crecimiento personal es una posibilidad real; la cura de los síntomas neuróticos es muy poco posible sin ayuda externa. Es relativamente fácil tratar deliberadamente de volverse un hombre más honesto; es muy difícil tratar de curar nuestras propias compulsiones u obsesiones.

El enfoque clásico a los problemas de la personalidad es considerarlos como problemas indeseables. Peleas, conflictos, culpabilidad, cargos de consciencia, ansiedad, depresión, frustración, tensión, vergüenza, auto-castigo, sentimiento de inferioridad o inutilidad, todos ellos causan dolores psíquicos. Alteran la eficiencia del desempeño y son incontrolables. Por esto son mirados automáticamente como enfermedades indeseables y se procura curarlos lo más pronto posible.

Pero todos estos síntomas se encuentran también en la gente saludable, o en gente que está yendo hacia un estado de salud. Supongamos que usted debiera sentirse culpable y no lo hace. Supongamos que ha logrado una buena estabilización y está adaptado. Quizás la adaptación y la estabilización sean buenas, porque suprimen el dolor; pero puede ser que sean también malas porque impiden el avance hacia un ideal más alto.

Erich Fromm, en un libro muy importante, ataca la noción clásica Freudiana de un superego porque este concepto era enteramente autoritario y relativista. Es decir, tu superego o tu conciencia, según Freud, son primariamente la internalización de los deseos, exigencias e ideales del padre y de la madre, cualquiera de ellos que sea. Pero y si suponemos que ellos son criminales? Entonces qué clase de consciencia tienes? O si suponemos que tienes un padre rígido, moralizante, que odia la diversión? O un psicópata? Esta conciencia existe; Freud estaba en lo correcto. Obtenemos nuestros ideales predominantemente de tales modelos en la etapa temprana de nuestra existencia, y no de libros de escuela dominical leídos más tarde en la vida. Pero también hay otro elemento en la conciencia, o, mejor dicho, otra clase de conciencia que todos tenemos, ya sea ésta débil o fuerte. Es la conciencia intrínseca.

Ella está basada en la percepción inconsciente y preconsciente de nuestra propia naturaleza, de nuestro propio destino o nuestras propias capacidades, de nuestro propio llamado en la vida. Ella insiste en que seamos fieles a nuestra propia naturaleza interior y que no reneguemos de ella por debilidad, por conveniencia o por cualquiera otra razón.

Aquel que contradice su talento, el pintor nato que vende calcetas en lugar de hacer lo suyo, el hombre inteligente que vive una vida estúpida, el hombre que ve la verdad y mantiene su boca cerrada, el cobarde que renuncia a su hombría, toda esta gente percibe de una manera profunda que han actuado dañándose a ellos mismos y se desprecian por eso. De este auto-castigo sólo puede venir neurosis; pero, igualmente, podría venir un renovado valor, una justa indignación, un aumento del auto-respeto, ante la posibilidad de actuar luego correctamente. En una palabra, el crecimiento y el progreso pueden surgir a través del dolor y el conflicto.

En esencia, estoy deliberadamente rechazando nuestra actual y fácil distinción entre enfermedad y salud, al menos en lo que a síntomas superficiales se refiere. La enfermedad significa tener síntomas? Yo mantengo hasta ahora que la enfermedad puede consistir en no tener síntomas cuando se debiera tenerlos. La salud significa estar libre de síntomas? Yo lo niego. Cuáles de los nazis de Auschwitz o de Dachau eran saludables? Aquellos con una conciencia herida o aquellos con una conciencia bella, clara y feliz? Era posible para una persona profundamente humana no sentir allí conflicto, sufrimiento, depresión, ira, etc.?

Un ejemplo es la cambiante actitud de los psicólogos hacia la popularidad, la adaptación, e incluso, la delincuencia. Populares entre quiénes? Probablemente para un jovencito es mejor ser impopular entre sus vecinos snobs o en el club de campo local. Adaptado a qué? A una mala conducta? A un padre dominante? Qué opinaría de un bien adaptado esclavo Un bien adaptado prisionero? Incluso el niño con problemas de conducta está siendo mirado ahora con una nueva tolerancia. Por qué es delincuente? Lo más frecuente es que lo sea por alguna psicopatología; pero, ocasionalmente, es por buenas razones, y el chico está simplemente resistiéndose a la explotación, dominación, negligencia, desprecio, atropello.

Claramente, lo que sería llamado problema de personalidad depende de quién está nominándolo así. El propietario de los esclavos? El dictador? El padre patriarcal? El marido que quiere que la esposa siga siendo una niña? Parece que los problemas de personalidad algunas veces pueden ser fuertes protestas en contra de la trituración del propio esqueleto psicológico, de nuestra verdadera naturaleza interna. Lo que sería enfermedad es no protestar mientras este crimen está siendo cometido.

Lamento tener que decir que la mayoría de la gente no protesta bajo tal tratamiento. Lo aceptan y pagan años más tarde en síntomas neuróticos y psicosomáticos de variadas clases. O quizás, en algunos casos, jamás llegan a darse cuenta de que están enfermos, de que han perdido la verdadera felicidad, la verdadera realización de las expectativas, una rica vida emocional y una serena y productiva vejez, reaccionar estéticamente y encontrar la vida emocionante.

La cuestión de la aflicción y el dolor deseables, o la necesidad de ello, también debe ser enfrentada. Son posibles el crecimiento y la auto-realización sin dolor y aflicción, pena e inquietud? Si éstas son, hasta cierto punto, necesarias e inevitables, entonces hasta qué límites?

Si el dolor y la aflicción algunas veces son útiles para el crecimiento de la persona, entonces debemos aprender a no proteger a la gente de ellos en forma automática, como si siempre fueran malos. Algunas veces pueden ser buenos y deseables, en vista de las últimas buenas consecuencias. No permitir a la gente pasar a través de su dolor, y protegerla siempre de él, puede convertirse en una clase de sobre-protección que implica una cierta carencia de respeto por la integridad y la naturaleza intrínseca y el desarrollo futuro del individuo.

Abraham H. Maslow

Extractado por Farid Azael de
Abraham Maslow.- El Hombre Autorrealizado.- Kairós

Más información:
Fromm, Eric.- Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea.-
Fondo de Cultura Económica
Horney, Karen.- Neurosis y Madurez.- Psique
Maslow, Abraham.- La Personalidad Creadora.- Kairós

Este artículo fue publicado en el número 5 de la Revista ALCIONE. 

 

Las Experiencias Cumbre

Las Experiencias Cumbre

Intensas Experiencias de Identidad.

Cuando buscamos definiciones de la identidad, debemos recordar que estas definiciones y conceptos no están en algún oculto lugar, esperando pacientemente a que las encontremos. Sólo parcialmente las descubrimos y también las creamos. En parte la identidad es según como la definimos. Previamente, deberíamos aproximarnos en forma sensible y receptiva a los diversos significados que la palabra ya posee. Así encontramos que los distintos autores la usan para diferentes tipos de hechos y de funciones. Y entonces tendríamos que conocer algo de estas funciones para entender lo que el autor quiere decir cuando habla de identidad. Significa algo diferente para diversos terapeutas como sociólogos, psicólogos, psicopedagogos, etc., aun cuando para todos ellos haya también alguna similitud o coincidencia de significado.

En las experiencias-cumbre la identidad tiene diversos significados reales, sensibles y útiles. No pretendemos que ellos sean los únicos verdaderos; sólo que aquí los mostramos desde otro ángulo. Durante las experiencias-cumbre las personas son más que nada su identidad, están más cerca de su verdadero ser, son más auténticas. Gracias a eso parecería que esta experiencia es como una fuente especialmente importante de limpieza y de descontaminación psicológica. Las interpretaciones están reducidas al mínimo, y la vivencia incrementada al máximo.

Durante las experiencias-cumbre la persona se siente más integrada (unificada, total, de una sola pieza) que en otras ocasiones. También se ve más integrada en varias formas, por ejemplo, menos dividida o disociada, menos combativa contra sí misma, más en paz consigo misma, menos separada entre la vivencia de sí y la observación de sí, más concentrada, más armoniosamente organizada, más eficientemente conectada con todas sus partes funcionando suavemente las unas con las otras, más sinérgica, con menos fricción interna, etc.

Al lograr ser más simplemente él mismo, se vuelve más capaz de fusionarse con el mundo – el que anteriormente era un no-yo – como cuando los amantes intiman hasta formar una unidad en vez de ser dos personas. El monismo Yo-Tú se hace más posible, el creador llega a ser uno con su creación, la madre se siente una con su hijo, el entendido en arte se transforma en la música (y ésta en él) o en la pintura, o en la danza, el astrónomo está allá afuera con las estrellas, más que ser un ente separado escudriñando a través del abismo a otro ente separado a través del lente de un telescopio. Así, el, mayor logro de identidad, autonomía o egoidad es simultáneamente la trascendencia de sí mismo, un ir más allá y por sobre la egoidad. Entonces la persona puede volverse relativamente altruísta.

Generalmente en las experiencias-cumbre la persona siente que está en la cima de sus poderes, usando todas sus capacidades de la forma más plena y mejor. En la bella frase de Rogers, él siente estar plenamente funcionante. Se siente más inteligente, más perceptivo, más ingenioso, más fuerte o más armónico que otras veces. Está en su mejor estado en su tono más alto, en su mejor forma. Esto no es sentido sólo subjetivamente, sino que puede ser visto por un observador. El ya no está desperdiciando su esfuerzo peleando y restringiéndose a sí mismo, los músculos no combaten más a los músculos. Normalmente, una parte de nuestras capacidades son usadas para la acción, y otra parte es desperdiciada en la restricción de esas mismas capacidades. Ahora no hay pérdida; la totalidad de las capacidades puede ser usada en la acción. El fluye como un río sin remansos.

Un aspecto ligeramente diferente del funcionar a pleno es la condición de carencia de esfuerzo y facilidad
al funcionar en plenitud. Lo que normalmente cuesta esfuerzo, tensión y lucha, ahora es realizado sin ningún sentido de contienda, trabajo o deber, sino que se hace sólo. Unido a esto hay una sensación de que todo llega suave, fácil, funcionando plenamente sin esfuerzo, calzando perfectamente, y con el motor a su máxima velocidad.

Se puede ver entonces la apariencia de tranquila seguridad y corrección como si se supiera exactamente
lo que se está haciendo, y se lo estuviera haciendo plenamente, sin dudas, equivocaciones, ni hesitaciones o retrocesos parciales. Así, no hay tiros aproximados al blanco, ni yerros, sólo blancos plenos. Se puede apreciar esta calidad de comportamiento en los grandes atletas, artistas, creadores, líderes y ejecutivos cuando están en la plenitud de su funcionamiento.

Esto es menos relevante para el concepto de identidad, que lo antes expuesto, pero creo que debería ser incluído como una característica de ser verdaderamente uno mismo, porque es suficientemente externo
y público como para ser investigable. También lo creo necesario para la plena comprensión de este tipo de jovialidad – humor, diversión, tontería, simplicidad, juego, hilaridad – la que creo es uno de los más elevados valores de la identidad.

Más que en otras oportunidades, el individuo se percibe a sí mismo en la experiencia-cumbre como más responsable, más activo, centro creador de sus actividades y percepciones. Se siente con más iniciativa, más autodeterminado, en lugar de estar desvalido, dependiente, pasivo, débil, dominado. Se siente siendo su propio jefe, plenamente responsable, plenamente volitivo, con más libre determinación que otras veces, maestro y hacedor de su destino.

También él toma el lugar del observador, por ejemplo, haciéndose más resuelto, observando en forma más crítica, más sincera, más adecuada para descartar o sobrellevar la oposición, más inflexiblemente seguro de sí mismo, más capaz de dar la impresión de que sería inútil tratar de detenerlo. Es como si ahora no tuviera dudas acerca de su valor o de su capacidad para hacer cualquier cosa que decida. Para el observador él parece más íntegro, más confiable, más seguro, más programado para ganador. A menudo es posible distinguir este gran momento – el devenir responsable – en terapia, crecimiento, educación, matrimonio, etc.

Ahora él está más libre de bloqueos, inhibiciones, precauciones, temores, dudas, controles, reservas, autocríticas, freno. Estos pueden ser considerados como los aspectos negativos del sentimiento de valor, de autoaceptación, de amor y respeto hacia sí mismo. Este es un fenómeno tanto subjetivo como objetivo,
y podría ser descrito en ambos sentidos. Por supuesto que éste es sólo un aspecto diferente de las características ya descritas y de las que siguen más adelante.

Probablemente estos sucesos son teóricamente medibles, porque es objetivo que hay músculos luchando contra músculos, en vez de músculos apoyando sinérgicamente a otros músculos.

Por lo tanto, él es más espontáneo, más expresivo, más inocente en su comportamiento: desprejuiciado, ingenuo, honesto, cándido, infantil, sin artificios, ni protecciones, ni defensas, más natural, simple, relajado, seguro, llano, sincero, directo, no susceptible, en algún sentido primitivo, inmediato, más libre de control, fluyendo naturalmente en forma automática, impulsiva, refleja, instintiva, irrestricta, irreflexiva, atolondrada, incauta.

El es también más creativo, en un cierto sentido. Su entendimiento y comportamiento, aparte de su gran autoconflanza y carencia de dudas, puede automoldearse sin interferencias, de manera taoísta, o en aquella actitud flexible que los psicólogos Gestálticos han descrito, respecto de una situación intrínsecamente problemática o no, en el allá afuera: más que actuar en forma autocentrada, hacerlo en términos establecidos por la naturaleza per se de la misión, o del deber (Frankl), o del juego. Es por lo tanto más improvisado, más repentino, más creativo, más inesperado, novedoso, fresco, desusado, directo, autónomo, inhabitual. Es asimismo menos preparado, planificado, diseñado, premeditado, ensayado, prepensado, en la medida que estas palabras implican programación previa de cualquier tipo.

Todo esto puede ser expresado aun de otra manera como el apogeo de la unicidad, individualidad o idiosincrasia. Si en teoría todas las personas son diferentes entre sí, ellas son más puramente diferentes
en las experiencias-cumbre. Si en muchos aspectos – sus roles – los hombres son intercambiables, en las experiencias-cumbre los roles desaparecen y la intercambiabilidad se vuelve ínfima. Lo que ellos sean en
el fondo, lo que signifique la expresión ser único, ellos son más de eso durante las experiencias-cumbre.

En ellas, el individuo está más aquí y ahora, más libre del pasado y del futuro en diversos sentidos, más todo ahí en la experiencia. Por ejemplo, ahora puede oír mejor que en otras ocasiones. Como está mucho menos rutinario y expectante, puede oír plenamente y sin contaminación por el lastre de expectativas basadas en anteriores situaciones (las que no pueden ser idénticas a la presente), o esperanzas, o aprensiones fundamentadas en la planificación del futuro (lo que significa considerar el presente sólo como un medio para ello en vez de un fin en sí mismo). Como también él está más allá del deseo, no necesita rotular lo que ocurra en términos de temor, odio o deseo. El no tiene que comparar lo que está aquí con lo que no lo está con el objeto de evaluarlo.

Ahora la persona se vuelve más una psiquis pura y menos un-ser-del-mundo viviendo bajo las leyes del mundo. Es decir, llega a estar más determinado por leyes intrapsíquicas que por las leyes de la realidad no-psíquica que son tan diferentes. Esto parece una contradicción o paradoja pero no lo es, y aunque lo fuera, tendría que ser aceptado de cualquier modo como teniendo algún tipo de significado. El conocimiento del otro es más posible cuando se produce simultáneamente un dejar ser de sí y del otro; el respetarme
y amarme yo a la vez que respeto y amo al otro permite un apoyarse y fortalecerse mutuo. Puedo aprehender mejor el no-yo si no me aferro a él, dejándolo ser el que es, permitiéndole fluir, dejándole vivir según sus propias leyes más que por las mías, tal como yo llego a ser más puramente yo mismo cuando me emancipo del no-yo, negándome a dejarlo dominarme, rehusando vivir bajo sus reglas, e insistiendo en vivir sólo bajo las leyes y reglas que intrínsecamente son para mí. Cuando esto ha sucedido, resulta que lo intrapsíquico (yo) y lo extrapsíquico (el otro) no son tan terriblemente diferentes después de todo, y ciertamente no son en realidad antagónicos. Sucede que ambos grupos de leyes son muy interesantes y divertidas e incluso pueden ser integradas y fusionadas.

El más fácil paradigma para ayudar al lector a comprender esta confusión de palabras es la relación de amor entre dos personas, pero cualquier otra de las experiencias-cumbre puede ser también empleada. Obviamente a este nivel del discurso teórico, las palabras libertad, independencia, aferramiento, dejar ir, confianza, voluntad, dependencia, realidad, la otra persona, separatividad, etc., asumen significados muy complejos y ricos que no tienen en el dominio de lo cotidiano, de las deficiencias, deseos, necesidades, auto preservación, dicotomías, polaridades y divisiones.

Existen algunas ventajas teóricas en enfatizar ahora el aspecto de no-esfuerzo o no-necesidad y considerarlo como el asunto central, o centro de organización, de este algo que estamos estudiando, De diversas maneras ya descritas, y con ciertos significados delimitados, la persona en la experiencia-cumbre se vuelve inmotivada, o no dirigida, especialmente desde el punto de vista de las necesidades carenciales. En este mismo aspecto del tema tiene un sentido similar el describir la más elevada y auténtica identidad como no-esfuerzo, no-necesidad, no-deseos, como habiendo transcendido las necesidades e impulsos de tipo común. Es justo eso. El gozo ha sido conseguido, lo que significa un fin temporal en la persecución del gozo.

Algo similar ha sido ya descrito con respecto a la persona autorrealizada. Ahora todo viene por sí mismo, fluyendo involuntariamente, sin esfuerzo, sin propósito. El actúa en forma total y eficiente, no por estabilidad fisiológica o por reducir necesidades, no para evitar el dolor, el desagrado o la muerte, no con miras a una meta futura, no por ninguna otra causa sino porque sí. Su comportamiento y experiencia llegan a ser per se, autovalidantes, con el comportamiento y la experiencia como fin último, más que como medios para un fin.

A este nivel la persona sería parecida a un dios porque la mayoría de los dioses han sido considerados como no teniendo necesidades o deseos, ni deficiencias, ni carencias, complaciéndose en todo. Las características, y especialmente las acciones de los dioses más elevados, mejores, han sido entonces deducidas sobre la base del no desear. Estas deducciones me han parecido muy estimulantes al tratar de entender las acciones de los seres humanos cuando ellos actúan desde el no-desear. Por ejemplo, me parece ésta una base muy iluminadora para la teoría del humor y entretención joviales (de Jove), para la del aburrimiento, de la creatividad, etc.

El Cambio de Vida

El Cambio de Vida

El cambio de vida, o proceso de individuación, es una posibilidad psíquica innata, pero su desarrollo representa tanto una bendición como una pesada tarea. Es una bendición porque la persona aprende a vivir más armoniosamente sobre la base de una mayor comprensión; pero es una pesada tarea porque ese enriquecimiento interno hay que ganarlo muy duramente. Según la Dra. Jacobi, la consecuencia inicial es que el individuo se libera premeditada e inevitablemente de no ser más que un rostro entre la gente-masa, inconsciente de sí misma. Esto conlleva el aislamiento, pero también la fe en el propio camino. Se convierte en un solitario, es una individualidad que, consciente de su destino interior, emprende su camino de un modo positivo.

No resulta sorprendente que la mayoría de las personas se atemorice ante las tensiones y las dificultades inevitables asociadas con este proceso y elijan, por lo tanto, la línea del menor esfuerzo limitándose a enfrentarse a sus necesidades biológicas y materiales. Muchos se dejan absorber por la búsqueda de la felicidad sin pensar que ella considerada como sensaciones placenteras tan continuas e intensas como sea posible no es la finalidad destinada al hombre al ser creado. El verdadero propósito de la vida es una tarea que continúa hasta el final: el desarrollo del ser humano del modo más completo posible. Esto produce algo de valor inestimable e imperecedero, es la paz interior, y con ella, la forma más alta de felicidad.

Quienes han prestado la atención debida a sus impulsos interiores, sienten con claridad en un momento dado que necesitan convertirse en ellos mismos. Hasta entonces se han preocupado de su profesión, su familia, la educación de sus hijos; en suma, de las necesidades de la vida cotidiana. Esta es una fase esencial del desarrollo humano, ante todo tenemos que saber actuar adecuadamente en el mundo externo. La profundización de la vida interior se produce después, en la segunda mitad de la vida. La edad en la que se inicia este anhelo de encontrarse consigo mismo es alrededor de los treinta y cinco a cuarenta años. Es la época en que las dificultades y fallas inherentes al modo de vida adoptado hasta entonces se dejan sentir, habiendo que superar barreras levantadas en años anteriores. También es la época en que problemas que han sido ignorados (consciente o inconscientemente) exigen alguna solución.

Estos problemas pueden estar tanto en la casa como en el trabajo. Pueden surgir dificultades en la familia porque los hijos ven poco al padre, que se halla bajo una constante presión de trabajo; continuar con la actividad laboral que se tiene puede traer muchos dolores de cabeza. Hay que hacer un intento para llegar a las fuentes psíquicas de las tensiones y sopesar circunstancias que hasta entonces se han subestimado, buscando alguna esperanza de comportarse mejor en el futuro. Resulta necesario eliminar todo lo que no pueda tener un buen uso en el entorno y todo lo que resulte decadente en la psiquis. En esta época, algunas personas pueden tener una crisis nerviosa. Sin embargo, para muchas otras es la oportunidad de ampliar su gama de actividades.

Se siente la necesidad de un cambio, de romper con lo viejo a fin de saborear lo nuevo y también de poner de relieve la propia individualidad. Jung describe así el proceso de crisis que conducirá a un cambio de vida: Entre los treinta y cinco y los cuarenta años observamos los preparativos para un cambio significativo en la psiquis humana. Al principio, este cambio tiene lugar de un modo inconsciente y apenas perceptible. Incluso síntomas indirectos del cambio se hacen apenas presentes, porque él surge gradualmente del inconsciente humano. Hay a menudo una alteración gradual en el carácter de la persona; en otros casos se exhiben algunos rasgos que se habían perdido en la niñez.

La persona empieza a formarse una posición más influyente en la sociedad. Pareciera como si al final lograra entender las cosas, como si estuviera siguiendo el curso adecuado por la vida con los principios e ideales correctos. El peligro introducido por estas ideas y convicciones personales es que, con gran frecuencia, quien las tiene las considera de aplicación general y, por lo tanto, puede introducirse no sólo una cierta rigidez de actitud hacia sí mismo y los demás, sino también una tendencia a considerar esas ideas como algo irrebatible en este mundo todavía en proceso de cambio. Una nueva consecuencia es que no se siente inclinado a prescindir de estos valores cuando cambia su psiquis. Por esto, en el período relativamente plácido que se produce entre los treinta y ocho y los cuarenta años es posible que sus valores, su actitud moral y sus opiniones se cristalicen de tal modo que interfieran en el camino del nuevo desarrollo, comportándose como un estorbo. Por desgracia, es muy probable que esta persona establezca un esquema de pensamientos y conducta casi inflexibles.

Puede darse que en este período el individuo se sienta mucho mejor y piense que aún la vida tiene mucho que ofrecerle. Algunos simplemente perciben las corrientes de la parte inconsciente de su psiquis, la que puede emerger en los sueños y desempeñar su parte en la preparación para el difícil aunque creativo y formativo período por el que pasa la persona. Una vez más, ella se enfrenta a la elección de ponerse de acuerdo con su desarrollo interior o retroceder hasta los valores que le fueron de utilidad en épocas más juveniles.

Aunque en las mujeres los síntomas de la menopausia aparecen por término medio alrededor de los cuarenta y siete años, los primeros signos de la crisis se presentan en la psiquis mucho antes, entre los cuarenta y los cuarenta y dos. Estos síntomas mentales no se limitan en absoluto al sexo femenino. Por el contrario, los hombres sufren también de cambios psíquicos entre los cuarenta y dos y los cuarenta y siete años, y en ambos sexos este período merece el nombre de cambios de vida. Hablaremos sobre todo de los cambios de vida psíquicos asociados con esta época de la vida, más que de los detalles fisiológicos de la menopausia.

No todo el mundo experimenta conscientemente estos cambios. Hablando en términos generales, podemos distinguir dos grupos, aunque evidentemente haya numerosos subgrupos intermedios. Los del primer grupo se adaptan gradualmente a otras perspectivas de vida y apenas son conscientes de los cambio interiores, experimentando simplemente este período como difícil. Las cosas no resultan tan bien como de costumbre, pero no se preguntan por la razón de ello. Los del segundo grupo son más conscientes de lo que les está sucediendo y en términos generales sufren por ello mucho más. Sin embargo, se hallan en posición de aprender mucho, especialmente en relación a sus deseos e impulsos interiores. Llegan, o pueden llegar, así a una perspectiva más consciente y armoniosa, lo que es uno de los objetivos del proceso de individuación inherente a la vida.

Es difícil predecir cómo va a reaccionar alguien ante los cambios interiores. En gran parte dependerá de la actitud consciente y del modo en que han sido asimiladas las experiencias previas; incluso de si ha habido o no capacidad o voluntad de asimilarlas. Cuando menos preparada esté una persona para este cambio, más se verá afectada por él, siempre que se produzca realmente y la persona no esté estancada en un estado infantil o adolescente. En este caso terminaría en una neurosis crónica.

Al final de la tercera década y comienzos de la cuarta, la vida suele recorrer líneas fijas en todos los aspectos. La familia está creciendo, la posición social está asentada, la persona se halla establecida en su trabajo o profesión y tiene su lugar en el mundo. En suma, la fase de alcanzar las metas externas casi se ha completado. En esta época, la gente se pregunta porqué sigue haciendo las cosas que hace, a que propósito sirve su vida, etc. Gradualmente, va sintiendo que en la vida tiene que haber algo más que la simple satisfacción de las necesidades básicas. Con el crecimiento de la incertidumbre interior llega la comprensión de que se ha experimentado muy poco en la vida y de que es mucho lo que uno se ha perdido.

Especialmente en los hombres, se produce una notable reducción en los deseos sexuales hacia los cuarenta y dos años, fenómeno estrechamente vinculado con el proceso biológico y psicológico del ser humano. Los sentimientos de devaluación y ansiedad que esta reducción de la potencia o del deseo sexual pueden despertar, son a menudos el origen de todo género de compensaciones en esta época de la vida. Serán intentos espasmódicos de demostrar que uno sigue perteneciendo a la generación más joven, que se sigue siendo alguien con quién se puede contar, etc. No en vano se da a este período el nombre de segunda juventud.

Por los sentimientos de incertidumbre, con las sobrecompensaciones resultantes y la inclinación a prestar atención a esa voz interior que habla de desarrollo continuo, una persona puede abandonar su rumbo durante un tiempo y vagar a la deriva en un océano de sentimientos difusos y ansiedades. Los cuestionamientos, cada vez más importantes, concernientes al significado de la vida y al propósito de las propias actividades, contribuyen considerablemente a este estado de cosas. Las consecuencias usuales son las perturbaciones psíquicas y psicosomáticas, todo tipo de enfermedades, divorcios, cambios de ocupación, cambios de casa y de ciudad, pérdidas financieras, etc.

Estos son sólo algunos de los numerosos acontecimientos que se producen más o menos repentinamente en esta época de la vida. Si se han experimentado pocas dificultades en la crisis de la pubertad, hay buenas posibilidades de que a los cuarenta y dos años la persona pierda totalmente el equilibrio. Es decir, cuando el ego está poco desarrollado tendrá la sensación de que sus actividades se hallan sometidas a impulsos arbitrarios e incontrolables, a pesar de ser bien consciente de toda la situación. Por el contrario, si el ego está firmemente anclado en la psiquis, la persona descubre en este período que todos los factores reprimidos del inconsciente personal se combinan para formar una única y significativa contraparte a la psiquis consciente desequilibrada. Esto puede producir perturbaciones psíquicas que en algunos casos serán muy graves. En esta fase de la vida se paga el precio de haber elegido una identidad negativa o de haberla elegido en una época muy temprana de la adolescencia.

Los síntomas de la crisis pueden mostrarse durante varios de los años siguientes. Los arquetipos del padre y de la madre empiezan a desempeñar un nuevo papel internamente. Lo ideal es que en esta época de la vida ya no se unan a los padres reales. Sin embargo, no es así, Jung ha encontrado una y otra vez a personas que se identifican mucho más con la juventud que se les escapa cuando sus padres están vivos que cuando están muertos. Cuando los padres viven aún, hay mayor probabilidad de que se reproduzcan en una etapa tardía de la vida los procesos psíquicos retrasados. He observado principalmente esta situación en los casos en que el padre sobrevivió durante mucho tiempo. Después de la muerte del padre, se produjo una transición precipitada y casi catastrófica hacia la madurez, escribe Jung.

Los arquetipos del padre y de la madre, que contienen en esencia la dualidad de la vida en la propia psiquis, han exigido una transformación gradual en los años anteriores. Sin embargo, esta transformación sólo puede producirse cuando uno sabe cómo encontrar un objetivo equilibrado en la segunda mitad de la vida: problema que parece resumir la crisis. Los cambios psíquicos que han estado produciéndose interiormente surgen ahora a la consciencia con trastornos nerviosos asociados, inclinaciones destructivas, reducción de la actividad y sensación de que nada sirve para nada. Los síntomas típicos son las depresiones, el aumento de la inestabilidad, la ansiedad y en el hombre problemas por la potencia sexual, todos los cuales empeoran cuando no se está preparado para enfrentarse al hecho de que los ideales juveniles no se ajustan ya con las condiciones de vida.

Error y Mentira.

Error y Mentira.

Desde que surge la conciencia de su estar en el mundo, el hombre comienza a “hacer su vida”, esto es, lo que va a “Ser”. En este “hacer”, por la esencia de su Ser verdadero, el hombre yerra, pero el “error” en él se muestra como elemento básico y fundamental para una vida humana. Que el error sea propio de la esencia de su Ser verdadero? Imposible ! En nuestra sociedad el error es sentido como algo negativo y hasta diabólico que se da en el hombre. Veámoslo:

1.- El error en el hombre procede de la ignorancia, polo contrario de la sabiduría. Cuando alguien nada sabe tampoco yerra como ocurre al animal. No llega a ser sabio quien no puede errar.

2.- Del error también resulta el dolor, que es el más poderoso estímulo que empuja al hombre a buscar y descubrir la verdad y, como consecuencia, a corregir la acción equivocada.

3.- La vida humana, es un camino que oscila entre el errar y el acertar. El primer paso en ese camino es el de errar y el segundo que es la consecuencia del primero, es el de acertar. De esa manera, si el error no es confundido con la mentira, el hombre crece, progresa y madura.

4.- No hay desarrollo, ni maduración para quien no yerra, porque el saber en el hombre tiene su origen en la captación, por el contraste, de los polos de realidades que la objetividad de la consciencia ha dividido en dos. En nuestro caso lo captado son los polos del errar frente al acertar.

5.- Sin embargo, no basta errar para acertar y, menos aún, para alcanzar la certeza de la verdad que conduzca a progresar, desarrollarse y madurar. Para este último efecto lo aprehendido no basta. La verdad que sustituya el acto equivocado debe además ser confirmada por el dolor adicional que trae.

6.- Desgraciadamente en nuestra sociedad no acostumbramos a aceptar el error cuando incurrimos en él
y, por el contrario, procuramos y ponemos todo nuestro empeño en negar el hecho y ocultarlo, o bien, defender y encontrar los mejores argumentos para justificarnos del acto errado. Nuestra conducta revela que creemos que incurrir en error nos desprestigia, nos despoja de valor y nos hace despreciables y/o dignos de castigo. Sin embargo, la mentira con que se excusa el error, se acepta, no se repudia, no se castiga y no se estima que desprestigia.

7.- Cúal debería ser nuestra actitud frente al error y que lugar debería éste ocupar en la vida para la consideración de los valores que la sustentan para nuestro progreso, desarrollo y maduración y para dar sentido a la vida y cumplir nuestro destino?

La respuesta obvia a la hipótesis planteada en un comienzo debería ser: aprender a reconocer los errores en razón del dolor, las preocupaciones, las angustias, y todo aquello que nos incomoda de cualquier manera; acostumbrarnos a no ocultarlos, a reconocerlos y, finalmente a rectificarlos. Ese cambio de actitud es el que debemos propiciar y conseguir. Constituiría el más grande de los adelantos a que puede aspirar el hombre de nuestra época tanto en lo moral, como en lo espiritual y en lo pragmático. Debería ser el fundamento más sólido de la educación y de las exigencias públicas y privadas. La mentira y la falsedad en cualquiera de sus formas en la vida privada o pública en cambio, deberían ser las repudiadas y las castigadas.

Mario Fernández
La Búsqueda del Equilibrio Emocional

La Búsqueda del Equilibrio Emocional

Hay un principio filosófico que dice El hacer sigue al ser, lo que significa que primero está el ser humano como tal y luego lo que puede realizar en su vida. Sin embargo, desde su primera infancia, el niño empieza a ser enseñado sobre lo que debe hacer, y el hacer será su objetivo predominante en la vida. Lógicamente, esto no tiene nada de malo, al contrario, cada ser humano necesita aprender alguna actividad que le garantice el realizar su propio proyecto de vida.

Pero, nos preguntamos basta una profesión, un oficio, o sencillamente saber hacer algo para ser feliz? Quienes lo logran no han olvidado algo muy importante, cuidar con el mismo empeño a su propio ser. Es decir, consideran que primero son personas, con inteligencia, sentimientos, emociones, anhelos, deseos de superación, etc., que necesitan ser tomados en cuenta para darle un objetivo real a ese quehacer diario. Así logran evitar que se produzca esa sensación de hastío y de cansancio después de un día de trabajo abrumador.

Cómo cuidar entonces a este ser humano que tanto lo necesita? Ya que está compuesto de una parte material y otra espiritual, tiene que cuidar tanto su cuerpo como su alma y su espíritu. Sabemos que la salud del cuerpo es muy importante, pero también lo es – y muchísimo más – la del alma, o psiquis, junto con la capacidad trascendente del espíritu humano.

En el mundo en que vivimos, por largas épocas se ha sobrevalorado una de las facultades de la psiquis: la inteligencia racional o intelecto, con el consecuente descuido de la parte afectiva y volitiva del hombre. No se ha dado la misma importancia al conocimiento de los sentimientos, emociones y pasiones, y a lo que significa la voluntad en el ejercicio de la acción humana. Son innumerables las estadísticas sobre el C.I. (coeficiente intelectual) de miles de personas para determinar la capacidad de seguir determinado tipo de estudios. No se puede negar su utilidad; pero se hace cada vez más evidente que un alto C. I. no garantiza el éxito en la vida si no se tiene el mismo aprecio por lo que hoy se ha llamado la inteligencia emocional.

El autor, Daniel Goleman, ha tenido un éxito sorprendente con su libro La Inteligencia Emocional, donde revoluciona el concepto de inteligencia diciendo que en su aspecto emocional garantiza un mayor bienestar en la vida. Nos parece que este best-seller está dando respuesta a ese anhelo tantas veces postergado de miles de personas que quieren ser apreciadas por lo que son y no sólo por lo que puedan producir o por el servicio que puedan prestar.

Dentro del aspecto afectivo, las emociones desempeñan un papel extraordinariamente importante y decisivo en el quehacer humano. Con razón se dice que en esencia, todas las emociones son impulsos para actuar. La raíz misma de la palabra emoción es motere, verbo latino que significa mover, además del prefijo e que significa alejarse.

En todo lo que realizamos, utilizamos tanto los sentimientos como el raciocinio. Pero en muchas ocasiones las emociones avasallan al intelecto aplastando la razón. De ahí la gran importancia que tiene el saber manejar bien la parte emocional para mantener el equilibrio entre el corazón y la cabeza. Todos sabemos que el descontrol de las emociones negativas oscurece el entendimiento, haciéndonos actuar en forma irracional mientras estamos en su poder. Cuántas desgracias se producen por esta causa!

Existe una serie de emociones negativas con sus muchas combinaciones y variables. Algunos teóricos proponen familias básicas de emociones. Una de ellas es la enunciada por Daniel Goleman en su obra ya citada, la que por su extensión puede servir de gran ayuda para el conocimiento personal en un momento dado. Las principales emociones básicas y sus variables serían las siguientes:

Ira: Furia, ultraje, resentimiento, cólera, exasperación, indignación, aflicción, acritud, animosidad, fastidio, irritabilidad, hostilidad, violencia y odio.

Tristeza: Congoja, pesar, melancolía, pesimismo, pena, autocompasión, soledad, abatimiento, desesperación, depresión (que puede ser muy grave en casos patológicos).

Temor: Ansiedad, aprensión, nerviosismo, preocupación, consternación, inquietud, cautela, incertidumbre, pavor, desconfianza, miedo, terror (el que a un nivel patológico puede transformarse en fobia y pánico).

Disgusto: Desdén, desprecio, menosprecio, aborrecimiento, aversión, repulsión, rechazo.

Vergüenza: Culpabilidad, molestia, disgusto, remordimiento, humillación, arrepentimiento, mortificación, contrición,

Sorpresa: Conmoción, asombro, desconcierto, sobrecogimiento.

Placer: Felicidad, alegría, alivio, contento, dicha, deleite, diversión, disfrute sensual, estremecimiento, embeleso, gratificación, satisfacción, euforia, extravagancia, éxtasis y (como extremo patológico) manía.

Amor: Aceptación, simpatía, confianza, amabilidad, afinidad, empatía, devoción, adoración, ágape (amor espiritual).

A pesar de la cantidad de variables de las emociones básicas que incluye esta lista, sin embargo, no da respuesta a todas aquellas que experimenta el ser humano.

Existen, además, los estados de ánimo que se diferencian de las emociones en que son más permanentes. Una persona puede tener en un momento dado un ataque de ira que luego se le pasa. En cambio, otra puede estar irritable y de mal genio en forma permanente.

A pesar de que tenemos una mente intelectual y una mente emocional, ambas se intercomunican en forma constante y son esenciales la una para la otra. Es por eso que cuando se aclaran nuestras ideas confusas, o nuestras dudas, sentimos inmediatamente un alivio emocional y una tranquilidad interior.

Muchas veces se piensa que una persona con un alto grado de conocimiento académico no debiera tener desequilibrios emocionales. Lo que sucede es que la inteligencia académica tiene muy poco que ver con la vida emocional. A menudo decimos de alguien con grandes logros académicos: como profesional, excelente; como persona, ni hablar. Se comprueba cada día más que ser brillante intelectualmente no basta. Sin un cultivo constante de la parte emocional, estamos destinados no sólo a no lograr nuestros objetivos en la vida, sino, además, a fracasar rotundamente en nuestro anhelo de realizarnos. Cada vez con mayor frecuencia las empresas están comprendiendo la importancia de este problema, y proporcionan a sus empleados cursos y seminarios relacionados con el equilibrio emocional, la motivación, la alegría, el aprecio y respeto a las demás personas, la empatía, etc.

Quién no ha tenido que soportar la expresión amargada, la falta de interés por los demás, de tantos empleados de servicios básicos que hacen su trabajo automáticamente, como robots? A nadie se le ocurre que nuestro rostro no nos pertenece, salvo en los escasos momentos en que nos miramos al espejo. Muchas veces nuestra imagen nos impacta. Después, ese rostro se lo imponemos a los demás que tienen que aceptarlo. Si queremos mostrar desagrado a alguien no necesitamos abrir la boca, nos basta con nuestra expresión facial. Al contrario, una sonrisa es siempre bienvenida y suaviza cualquier situación tensa. Pero esa sonrisa tiene que ser espontánea, no una mueca estereotipada.

En todas las épocas los seres humanos han sufrido desequilibrios emocionales y patologías aberrantes derivadas de ellos. Pero en la actualidad pareciera que estuviéramos llegando a un paroxismo emocional enfermizo. Basta escuchar las noticias para quedar deprimidos por tanta negatividad. Por qué el 80% de las noticias se refieren a violencia, asesinatos, violaciones, drogas, corrupción de toda índole? Acaso no existen personas que a diario hacen el bien, que se esfuerzan por ser mejores, que ayudan a quienes lo necesitan, no sólo en cuanto a la miseria material, sino también en esa miseria psíquica y espiritual en la cual se sumergen ricos y pobres?

Es un hecho que personas más estables emocionalmente son capaces de poner orden en su vida afectiva lo que redunda en mejores relaciones interpersonales, mayor productividad en el trabajo, más capacidad de automotivarse y más perseverancia en sus objetivos. Todo esto las lleva a ser personas exitosas. Muchas veces se piensa que este equilibrio emocional es cuestión de temperamento y no de esfuerzo personal, siendo que el trabajo sobre sí mismo es mucho más arduo que el que realizamos externamente para ganarnos la vida.

Para lograr este nivel, es primordial el propio conocimiento en especial en lo que se refiere a las emociones, sentimientos y pasiones, en síntesis: nuestra vida afectiva. El hecho de observar las emociones que sentimos en el momento en que se producen dentro de nosotros por un estímulo externo – persona, cosa, hecho, circunstancia – es fundamental para nuestro autoconocimiento. Esta es la base del método de Observación de Sí que es uno de los medios más eficaces para lograr el equilibrio emocional, con un muy alto rendimiento en beneficios, tanto para nosotros como para los que nos rodean.

Es lo que llamamos la flecha de dos puntas. Es la capacidad de darnos cuenta simultáneamente del estímulo que nos está provocando una emoción negativa y de la emoción misma, distinguiendo cuál de ellas es la que nos está invadiendo. Este trabajo, realizado en el momento que se produce, nos da la oportunidad de disolver el efecto negativo del estímulo y de mantener la calma interior y exterior, sin necesidad de una represión que acumularía más carga emocional.

El esfuerzo consciente de darse cuenta exige el estar alerta psíquicamente, de lo contrario, la incapacidad de reconocer las emociones nos deja a merced de ellas. Este ejercicio se hace difícil al comienzo, pero la constancia en practicarlo da como resultado un equilibrio emocional envidiable. Nada se compara a la paz interior, la tranquilidad y la alegría de no ser esclavos de emociones negativas que destruyen la salud, amargan la existencia y pueden apresurar su término.

La consciencia de uno mismo nos da la posibilidad de ordenar nuestra vida afectiva; es fuente de automotivación y de dominio de sí, lo que redunda en creatividad, permitiéndonos lograr nuestros objetivos personales. También nos permite reconocer las emociones de los demás, lo que nos hace desarrollar empatía en nuestras relaciones con ellos, y, a la vez, impide que nos dejemos manejar por emociones negativas ajenas.

Esta descripción – nacida de nuestra experiencia en Cursos de Observación de Sí – confirma lo que expresa Daniel Goleman: A primera vista podría parecer que nuestros sentimientos son evidentes; una reflexión más cuidadosa nos recuerda épocas en las que hemos sido demasiado inconscientes de lo que sentíamos en realidad respecto a algo, o despertábamos tarde a esos sentimientos. Los psicólogos usan el término metacognición, yo prefiero la expresión autoconsciencia (self-awareness) en el sentido de una atención progresiva a los propios estados internos.

Según Goleman: esta autoconsciencia – consciencia de uno mismo – en el sentido de una atención progresiva a los propios estados internos, abarca todo lo que pasa por la consciencia en forma imparcial, como un testigo que tiene interés, pero que no reacciona. Es la diferencia, por ejemplo, que existe entre una furia asesina en relación a alguien y la elaboración de un pensamiento autorreflexivo: Esto que siento es “Ira, incluso mientras uno está furioso.

La práctica de escuchar los propios sentimientos es recomendada por varios connotados psicólogos. Jung hablaba de escuchar a su ánima, o principio femenino, (que representa la afectividad en el hombre); y también de escuchar los mensajes del inconsciente, según aparecen en los sueños.

Carl Rogers recomienda la atención y la aceptación de los propios sentimientos. Según lo cita William Johnston: Soy más eficaz cuando puedo escucharme con tolerancia y ser yo mismo. Con el transcurso de los años he adquirido una mayor capacidad de autoobservación que me permite saber con más exactitud que antes lo que siento en cada momento. Puedo reconocer que estoy enojado o que experimento rechazo hacia esa persona, que siento calidez y afecto hacia este individuo, o que mi relación con alguien determinado me produce ansiedad y temor. Todas estas actitudes son sentimientos que creo poder identificar en mí mismo.

Lo interesante en esta búsqueda del equilibrio emocional es tener siempre presente que la mente intelectual y la emocional están en permanente interacción. El mantener el equilibrio entre la cabeza y el corazón nos facilita alcanzar la paz interior, un don inapreciable en el mundo en que vivimos. Sin este equilibrio, es prácticamente imposible ser eficiente en el trabajo, manifestar capacidad creativa, establecer gratas relaciones humanas, y mantener la tranquilidad en las innumerables situaciones conflictivas que nos toca vivir.