La Música como Terapia (parte 2)

La Música como Terapia (parte 2)

La práctica de la musicoterapia:

La música ha llegado a ser una terapia auxiliar y un remedio más o menos conocido. Médicos, psicólogos, educadores y músicos empiezan a interesarse en este tema. Algunos de ellos han realizado investigaciones acuciosas, especialmente en los Estados Unidos. Allí la musicoterapia es una profesión reconocida.

Puesto que la música afecta a todo el organismo humano, puede ser valiosa en el tratamiento de una invalidez física, ya se deba esta a poliomielitis, parálisis cerebral, distrofia muscular progresiva, enfermedades respiratorias o, también, a algunas minusvalías sensoriales como ceguera y sordera. Todo esto produce una falta de contactos físicos con el medio, o una ineptitud de movimientos más o menos graves que perturban la vida del paciente de varias maneras y en diversos grados. Los minusválidos que no son curables deben arrastrar durante toda su existencia una invalidez que los disminuye psicológicamente. A menudo necesitan ser ayudados para adoptar una actitud menos depresiva frente a su incapacidad. Algunos pueden ser pesimistas, otros rebeldes, unos se resignan, otros tratan de negar su adversidad. Junto con las terapias físicas, es indispensable dar el necesario apoyo psicológico para intentar superar la disminución de la autoestima que siempre acompaña a estas incapacidades.

Muchas enfermedades o lesiones físicas producen parálisis parciales o deficiencias en el control de la motricidad y de la apreciación espacial. Oír o ejecutar música puede ser un estímulo regulador de movimientos puesto que el ritmo provoca reflejos físicos espontáneos. El paciente que padece una coordinación muscular defectuosa y una falta de ritmo físico puede ser ayudado por el dinamismo de la música, que busca o recrea en él un sentido de ritmo ordenado que le posibilita controlar los movimientos
y aun la palabra.

La técnica de instrumentos que son golpeados -como el tambor o la batería- o sacudidos -como la pandereta y las castañuelas- puede ayudar a dirigir un movimiento en el espacio y el tiempo. El contacto manual que produce un efecto perceptual concreto con el instrumento es terapéutico en grado sumo. El proceso debe producir en el paciente las sensaciones de tensión y relajación alternadas necesarias para comenzar y completar el movimiento. Además, el paciente puede irse formando la imagen previa del movimiento que producirá el sonido que él espera oír.

La práctica en ciertos instrumentos ayuda a desarrollar músculos específicos. Así, el piano ofrece excelentes oportunidades para la flexión de los dedos, la extensión y abducción de la muñeca, la flexión y abducción de los hombros y ejercita el cuello y la espina dorsal. El violín y el violoncelo desarrollan la flexibilidad de los dedos de la mano izquierda, la flexión y extensión del codo derecho y de la muñeca, y la abducción y aducción del hombro.

La música se ha mostrado muy efectiva en el caso de pacientes con lesiones cerebrales que produzcan disminución en su coordinación motora, como síntomas espásticos, rigidez, ataxia, temblor de las extremidades superiores, trastornos de la palabras y defectos auditivos y visuales. Aun en enfermedades como la distrofia muscular progresiva, la ejecución de instrumentos musicales simples puede contrarrestar la atrofia por falta de ejercicio y retardar el progreso de la parálisis, esto agregado al efecto psicológico que produce en el paciente el sentirse capaz de desempeñar alguna función por sí mismo.

El canto ha sido siempre reconocido como beneficioso en ciertas funciones fisiológicas – tales como respirar – y un remedio en el caso de sus perturbaciones. En investigaciones sobre niños retrasados, se ha observado que muchos de estos niños padecen afecciones catarrales y adenoides que perturban su respiración y el sentido del oído. La salud general mejora como resultado de un adiestramiento sistemático de la respiración profunda y el dominio de la respiración requerida por el canto.

El apoyo que la música da a los ejercicios físicos es un hecho de todos conocido. Ella permite que aun los pacientes con menos aptitudes físicas se desempeñen mejor y durante más tiempo, sin cansarse. El ritmo musical estimula la acción corporal y alivia la fatiga física. Aun cuando este tipo de música sea insignificante desde el punto de vista de la estética musical, tiene una forma, una continuidad armónica y melódica temporal, elementos que le asignan cierto sentido a los movimientos repetidos e inexpresivos. Este efecto es observable cuando acompaña la repetición de ciertos sonidos que de otra manera podrían parecer estáticos y producir aburrimiento, fatiga o desatención. Los sonidos verbales parecen moverse con la música sobre una secuencia de acordes que se desenvuelve musicalmente hacia una conclusión lógica. Se aplica especialmente en tratamientos de foniatría.

Cuando se trata de pacientes incurables que padecen desajustes emocionales o sociales, la música puede desempeñar un valor de compensación, que no afectará la invalidez en sí misma; pero que les ofrecerá otras posibilidades de nutrir su autoestima. A nivel estrictamente sensorial el uso de la música puede ayudar al ciego a desarrollar la percepción auditiva y enseñarle a confiar en su capacidad de oír secuencias de sonidos. Además, el empleo de la música en su adiestramiento físico, colabora en el desarrollo del sentido espacial de que carece.

Para los sordos, la música puede ser físicamente terapéutica, pues corrige ciertos efectos fisiológicos debido a esa discapacidad. El niño sordo carece de ritmo corporal, porque éste se desarrolla por el oído.
Los niños normales asimilan los ritmos naturalmente a través de los diversos sonidos que se producen a su alrededor desde que nacen. Instintivamente los oye como esquemas rítmicos a los cuales su cuerpo responde y aplica a todos los movimientos físicos, incluso a los relacionados con el habla. El niño sordo, por no tener consciencia de un ritmo físico interior, puede caminar o hablar de un modo caótico.

Parece absurdo enseñar música a los sordos, pero en este caso el aprendizaje se reduce a formas simples de vibraciones rítmicas. El niño las percibe por canales nerviosos diferentes de los auditivos: por su piel y su sistema óseo. Le pueden llegar las vibraciones musicales a través del piso de madera sobre el que baila, del parche del tambor que golpea, del costado de un piano sobre el que se apoya mientras alguien lo toca, o colocando los dedos sobre la caja de un violín o guitarra que está sonando. De esa manera logra percibir las vibraciones, sentir y memorizar sus esquemas rítmicos, y luego puede aplicarlos en su habla lo mismo que en sus movimientos físicos, aun en el baile.

Las nuevas técnicas sobre dinámica de grupo:

Ellas abren un amplio espacio a la aplicación de la musicoterapia. Se ofrece una oportunidad de desarrollar relaciones personales en grupos formados por pacientes de diversos tipos de enfermedades; pero que tienen un factor en común: la soledad y el desajuste social. Cualquiera que sea la naturaleza de la enfermedad, ésta aisla al paciente y a la vez amenaza su identidad, sobre todo cuando está hospitalizado.
El grupo musical le da la posibilidad de afirmar su autoestima y de sentirse parte de un grupo en el que es aceptado. El practicar – y aun escuchar – música en grupo crea un sentimiento de pertenencia y de solidaridad. Las relaciones entre las personas pueden ser corregidas, suavizadas y conducidas por canales de buena voluntad y cooperación. Las perturbaciones emocionales que desvían la personalidad inhabilitan el poder conectarse con el medio y establecer relaciones humanas armoniosas. Un grupo musical orientado terapéuticamente puede ayudar al paciente a comunicarse con las personas e integrarse a un equipo con el que experimenta un sentimiento de participación que le hace superar su aislamiento.

La musicoterapia brinda medios simples de proseguir el desarrollo gradual cuando es necesario, tanto en niños como en adultos. Un individuo puede estar preparado musicalmente para cantar o tocar instrumentos; pero no estar preparado psicológicamente para hacerlo en grupos. El musicoterapeuta debe trabajar con él individualmente y ayudarlo a afirmarse con la música en una relación individual, hasta que esté preparado para actuar en un grupo pequeño de oyentes o ejecutantes. El proceso es factible en hospitales que mantienen grupos musicales con fines terapéuticos, como ocurre en Estados Unidos.

Todos los terapeutas a cargo de grupos musicales están de acuerdo en que ayudan a satisfacer cierto número de necesidades sociales a los pacientes: les brinda la oportunidad de mostrar libertad de expresión, libera ciertas energías, ayuda a corregir o desarrollar algunas actitudes. El grupo musical es una situación protegida de la cual pueden surgir directores, se pide asumir responsabilidades, se les permite tomar decisiones en relación a ellos mismos y al grupo. Esto último es importante porque el paciente – por su situación de tal – se ha habituado a que otros tomen decisiones por él. Especialmente, los que están hospitalizados esperan que sean los demás los que asuman responsabilidades a su respecto. Esta sobreprotección hace que les parezca más difícil y amenazante el retorno a las responsabilidades después de ser dado de alta.

En una sesión musical es necesario tomar algunas decisiones, pues ningún grupo puede funcionar a menos que esté organizado y tenga dirección. En un grupo que hace música, cada miembro desempeña una parte y responde por ella. El musicoterapeuta debe alentar dentro de lo posible la participación plena de cada integrante, según su capacidad musical y social. En algunos hospitales o escuelas especiales, los pacientes dan conciertos a un auditorio invitado, generalmente parientes y amigos. Así el grupo puede comportarse como lo haría un grupo de aficionados normal en una situación como esa: nerviosidad en la escena, complacencia, ansiedad, el placer de actuar, la emoción de vivir un momento esperado después del esfuerzo desplegado en los ensayos, etc.

La tolerancia musical y social es la clave de esta relación interpersonal con fines terapéuticos. El buen comportamiento musical refleja las actitudes de casi todos los pacientes hacia ellos mismos y hacia los otros. Esta actitud quizás revele también necesidades insatisfechas de las cuales quizás la persona no es consciente: el retraído, el retrógrado, el perfeccionista, el fatuo o el egocéntrico reaccionan de diferente manera en una situación de grupo. Aunque el grupo musical es en esencia un grupo tolerante que se propone disfrutar, resistirá cualquier comportamiento indeseable que pueda perjudicar su funcionamiento y no tolerará elementos disolventes. Esto produce un efecto educador entre los miembros del grupo: se conforman a las reglas porque quieren ser aceptados.

La motivación de pertenecer a un grupo musical es fundamentalmente emocional. El musicoterapeuta procura que su grupo atraiga a diferentes tipos de pacientes. La mayor parte de ellos deseará reunirse por la música misma, la cual les proporciona placer y descanso. Otros lo harán por razones sociales, para sentirse pertenecientes a algo o para ser útiles de alguna manera que los haga merecer el reconocimiento de los demás. Cualquiera que sea la motivación, un musicoterapeuta experto procurará que cada cual obtenga beneficios del grupo.

Ya sea en un hospital, en un club o en una escuela para discapacitados, el grupo musical cumple una función importante en la institución. Ejerce una influencia en la comunidad, produciendo una impresión de placer real compartido por muchas personas.

Juliette Alvin

Extractado por Ester Silva de
Juliette Alvin.- Musicoterapia.- Paidós.

La Música como Terapia (parte 1)

La Música como Terapia (parte 1)

En la musicoterapia se hace un uso dosificado de la música en tratamientos rehabilitadores de niños y adultos que padezcan de trastornos físicos, emocionales o mentales. Su efecto sanador obedece en primer lugar a la influencia que tienen los sonidos sobre el hombre, lo que origina diversas formas de relación con el ambiente o entre las personas.

Un poco de historia:

Para el hombre moderno, la música es un producto complejo, construído de muchos elementos combinados en un estado de relación siempre cambiante. Cada uno de estos elementos musicales es un atributo de la substancia del sonido, la que siempre ha sido parte del mundo consciente del hombre y que éste ha interpretado y empleado según su estilo de vida y etapa de civilización.

Desde antiguas épocas, el hombre ha creído que el sonido era una fuerza elemental cósmica que existía desde los inicios del mundo; más aún, que había sido el origen de la creación del universo. Existen muchas leyendas que así lo narran. Los egipcios creían que el dios Thot había creado el mundo emitiendo un sonido vocal. De allí nacieron otros cuatro dioses dotados de igual poder, quienes poblaron y organizaron el mundo.

En las concepciones filosóficas que se derivan de as cosmogonías persa e hindú, el universo había sido creado de una substancia acústica. Se produjo un sonido inicial que, al emerger del abismo, primero se hizo luz y luego, poco a poco, parte de esa luz se volvió materia. Esta materialización nunca fue total, pues cada cosa material continuaba conservando algo de esa substancia sonora de la que fue creada.

Los primeros babilonios y los griegos antiguos relacionaron el sonido con el cosmos, a través de una concepción matemática de las vibraciones acústicas vinculadas con los números y la astrología. Los filósofos pitagóricos concebían las escalas musicales como un elemento estructural del cosmos. También creían que aunque el sonido existía como un elemento natural en el universo, podía no ser perceptible a los oídos del hombre. Llamaban armonía de las esferas a los sonidos inaudibles producidos por los movimientos de los cuerpos celestes. Estos sonidos expresaban la armonía matemática del cosmos.

La misma idea de que los sonidos celestiales podían ser inaudibles al oído humano existió también en doctrinas religiosas; pero esta idea fue totalmente mística y no tenía base científica. El hombre ha creído
en algunas épocas que la música del paraíso divino podía ser oída y captada, pero sólo por hombres de muy alto nivel espiritual. Los compositores cristianos bizantinos suponían que el prototipo de los himnos religiosos era el canto de los coros de ángeles, inaudibles para los oídos humanos; pero trasmitido a los músicos por inspiración divina.

En todos los tiempos, las inspiraciones, las revelaciones y las alucinaciones han sido difíciles de distinguir entre sí. Son fenómenos extrasensoriales que, a veces, pueden estar relacionados con trastornos mentales, como la esquizofrenia con su locura mística. El sonido puede ser causa de ilusión, a través de la cual el hombre -sea primitivo o civilizado- busca comunicarse con un mundo psíquico invisible.

Desde el Renacimiento hasta nuestros días, las creencias en la relación entre el sonido y el cosmos no han salido del campo de la especulación intelectual metafísica. Sin embargo, su relación matemática puede tener una connotación emocional para algunos escritores que hablan de la lógica celestial de Bach.

No podemos olvidar que algunos compositores de vanguardia basan sus composiciones musicales sobre combinaciones matemáticas calculadas con aparatos electrónicos. Así entramos a un nuevo mundo musical en el cual algún día el hombre pueda encontrar un elemento terapéutico. La música electrónica ha abierto un nuevo campo de interés a los terapeutas, pues permite al hombre relacionarse con un mundo extraño a las emociones y símbolos humanos.

El hombre primitivo explicaba los fenómenos naturales en términos de magia y pensaba que el sonido tenía origen sobrenatural. Bastaba que fuera incomprensible para que lo consideraran misterioso y mágico. El sonido expresaba para ellos las ordenes o amenazas de los espíritus que los rodeaban, las que variaban según la disposición de ánimo de los tales espíritus, fueran benignos o maléficos. Era un medio de comunicación con un mundo permanente, pero invisible. Este fenómeno ha sido observado en muchas partes del mundo; por ejemplo, en Nueva Guinea, ciertas tribus primitivas creen que la voz de los espíritus puede ser oída a través de las flautas, los tambores y el bramido del toro.

Este proceso tiene un interés especial en la musicoterapia, en especial cuando nos lleva a la identificación de un ser humano con un sonido específico. En las civilizaciones totémicas existía la creencia de que cada uno de los espíritus que habitaban el mundo poseía un sonido individual propio. El tótem ancestral parecía poseer una consciencia acústica y responder a cierto sonido. La imitación o simulación del sonido individual del tótem permitía al hombre identificarse con su antecesor místico y lograr de ese modo conservar su vida mediante el contacto; de otra manera, moriría.

El tótem ancestral no era el único ser que poseía su sonido propio y estuviera identificado con él. El hombre primitivo ha creído a menudo que todos los seres muertos o vivientes tenían su propio sonido o canto secreto al que respondían. A través de él podían ser vulnerables a la magia. Por esta razón, lo mantenían oculto de los brujos. En ciertos ritos para curas mágicas, el chamán trataba de descubrir el sonido o canto al cual el hombre enfermo o el espíritu que lo habitaba habrían de responder. Esto lo ponía en contacto con un poder sobre el mal que afectaba al paciente. El sonido personal a menudo pudo ser relacionado con el timbre de la voz del hombre, lo que es un factor individual universal observable hasta hoy. El sonido secreto personal parece estar presente en forma subconsciente en algunos individuos psicóticos, lo que acaso confirme la vieja creencia de que cada hombre nace con su propio sonido interior al cual responde.

El hombre primitivo se identificaba con su medio cuando imitaba los sonidos que oía, ya fuera en forma vocal o instrumental. La imitación vocal era en esas épocas la forma más potente de participación mística con el mundo circundante. Describía una experiencia colectiva en la que los aborígenes organizaban -como lo hacen hasta hoy- conciertos naturales. Cada uno de los participantes imitaba un ruido natural particular, como la lluvia, el viento, el susurro de los árboles, los cantos de los pájaros, los rugidos, gruñidos, etc., de los animales. Los resultados eran sorprendentes y llegaban a un clímax. Ciertos métodos de educación musical intentan hoy revivir esas costumbres primitivas.

La imitación del sonido como medio de adquirir poder sobre una fuente original está vinculado con el principio mágico tradicional, según el cual lo semejante actúa sobre lo semejante (usado también en homeopatía). El hechicero dotado de ese poder podría manejar ciertas fuerzas que amenazaran la seguridad o la salud del hombre. Debía conocer las fórmulas, ritos, encantamientos y sonidos que pudieran ser protectores y curativos.

Cabe suponer que poco a poco la imitación de los sonidos naturales llegó a ser música con una forma y expresión propias y que progresó a través de las diversas civilizaciones y culturas.

La imitación y la repetición son dos procesos mediante los cuales el hombre aprende, evoluciona y crea. Ambos procesos son aplicables al sonido cuando este llega a ser un lenguaje verbal o musical. Podemos observarlo cuando él niño recorre los primeros pasos de exploración y apropiación de los sonidos, tal como lo hicieron seguramente nuestros antepasados.

El sonido que ya está organizado con sentido y expresión, necesita conservar en parte su carácter misterioso cuando se hace simbólico, para expresar una emoción o un pensamiento. Cuando el hombre empezó a producir música, suponía que tenía un origen sobrenatural y que no era su obra, que algo pasaba a través de él. En todas las civilizaciones conocidas la música ha sido considerada como de carácter divino, cosa que no ocurre con las demás artes. El hombre ha dado a la música el poder que atribuía a los dioses. Por ello, el empleo de cantos mágicos es uno de los hechos más antiguos en la historia de la humanidad y tiene una importancia única en las civilizaciones primitivas.

Debido a la naturaleza impalpable e inmaterial de la música, es fácil comprender que fuera referida a comunicaciones con un mundo sobrenatural e invisible. Quizás el hombre ha sentido que la música era como una partícula de esencia divina que ha podido capturar y que le ha permitido comunicarse con los dioses al ofrecerles algo semejante a ellos.

Aunque nuestras concepciones acerca del hombre, la religión y la sociedad han experimentado muchos cambios a través de las épocas, ciertas creencias y actitudes se han mantenido inmutables. La idea de que hay algo divino en la música podemos encontrarla todavía vigente. Tanto el compositor como el ejecutante se han sentido a menudo divinamente inspirados, porque no podían explicarse esa inspiración por medios raciónales. En la antigüedad, Orfeo fue un tocador de lira inspirado por los dioses, que le daban el poder de amansar a las fieras y de encantar a las tenebrosas potencias del infierno con sus melodías.

Si la música ha sido considerada desde épocas pretéritas como un don del hombre que le viene de Dios y vuelve a El, un don que puede contribuir a la felicidad y a la salud humana, existió paralelamente otra creencia: que la música pudo ser empleada por el Demonio para extraviar al hombre.

A menudo se ha creído que la música podía ayudar a los malos espíritus a conducir a los hombres a su perdición espiritual o destrucción física. Desde mucho antes de la era cristiana existen leyendas sobre ese tema; por ejemplo, la leyenda de la hermosa Lorelei en Alemania, cuyos cantos provocaban una melancolía irresistible que empujaba a los hombres a lanzarse a las aguas del río Rhin. 0 el canto de las sirenas, las que -según Odiseo- hechizaban a los marinos haciéndolos naufragar contra las rocas. En toda Europa es conocida la leyenda del flautista de Hamelín. A esta aldea infectada de ratas, llega un hombre extraño que se ofrece a limpiarla de esa plaga. Para ello, toca en una flauta una música irresistible que hace que todas las ratas salgan de sus cuevas y lo sigan hasta el río -que él vadea- y allí se ahoguen. Como los habitantes, ya libres de los roedores, se niegan a pagar sus servicios, él empieza a tocar de nuevo en su flauta una música aún más seductora que hace que lo sigan todos los niños de la aldea, los que desaparecen con él para no volver jamás.

La Iglesia cristiana sabía muy bien que la música no era solamente una experiencia espiritual y elevadora, sino que también podía ser dañina por sus raíces con los ritos paganos. Los sacerdotes cristianos procuraron despojar a la música de todas las influencias paganas y asignarle una cualidad sanativa espiritual. Muchas de la crónicas de ese tiempo demuestran que la música siguió considerándose como parte de la obra oscura del Demonio.

Martín Lutero era un músico notable que veía en la música un verdadero don de Dios. Sin embargo, consideraba posible que el Demonio fuera capaz de usarla para seducciones impías, por ello procuró usar
la música popular como acompañamiento a himnos religiosos de modo de extirpar sus connotaciones paganas. En la Edad Media, la gente del pueblo creía en brujas que servían al Demonio y que usaban entre sus artes malignas, en los llamados aquelarres, cantos obscenos acompañados de música y de orgías.

En tiempos más recientes -año 1720 – encontramos la muy conocida historia de la Sonata del Diablo, de Tartini. El escuchó en un sueño cómo el Demonio tocaba en su violín una sonata de tan extraordinaria belleza que lo dejó arrobado. Al despertar, trató de reproducirla sin poder llegar al nivel de lo que había oído, aunque la posteridad está de acuerdo en considerarla realmente hermosa. En el siglo XIX, se atribuía una naturaleza diabólica a la extrema maestría del violinista Paganini, quien no sólo no desmentía estos rumores, sino que los reforzaba con su manera estrambótica de vestirse y actuar. Electrizaba a su auditorio con su mera presencia, aun antes de demostrar su pericia en las cuerdas, haciendo que multitudes delirantes lo aclamaran en sus actuaciones.

Imaginería Músico Inducida

Imaginería Músico Inducida

Conversación con Gabrielle Hoffmann:

Ya había caminado un buen trecho en la vida cuando las primeras preguntas empezaron a resonar en algunas cuerdas de su interior, donde se dio cuenta que de una u otra forma las palabras limitaban. Algo de aquella fantasía infantil que se columpiaba entre camelios y maderas valdivianas, arribó a las espaciales arquitecturas del valle del Elqui para beber del sol, las uvas y las piedras aquellas energías que le permitirían más tarde buscar respuestas a las mil preguntas de un tiempo demasiado quieto.

Tempranamente descubrió que los poetas, trascendiendo las limitaciones del lenguaje, usan las metáforas, así como los psicólogos junguianos indagan profundamente en el inconsciente a través de los sueños y los símbolos. En la poesía, las palabras se transformaban, así Gabrielle viajó por el enigma de la metáfora y entendió que allí había un medio para pasar la frontera.

La vida la llevó a radicarse en Estados Unidos y por muchos años compartió su trabajo de oficina y vida familiar con inspiradas lecturas donde encontró las enseñanzas de maestros y culturas orientales, junto
con las más rigurosas investigaciones occidentales.

A partir de 1972 su vida toma un nuevo giro, ya que decide continuar diferentes estudios que parten de la literatura, donde cabe destacar la poesía de García Lorca, que deja una profunda huella en el quehacer de Gabrielle. Más adelante, su gran interés por lo humano y la terapeuta que hay en ella la hizo buscar una respuesta al sufrimiento y al dolor, y así fue como orientó definitivamente sus pasos al campo de la psicología. Estudios de psicología oriental-occidental en California, cursos en el Instituto C. G. Jung en Suiza y otros, culminaron finalmente en el Doctorado otorgado por la Summit University, Louisiana, USA,
en el estudio de Estados de Consciencia.

El tema desarrollado en su tesis, Imaginería Músico Inducida, fue la puerta de entrada a una nueva orientación a su quehacer como terapeuta y docente. Había encontrado un lenguaje que navega por las emociones y toca las puertas del alma.

Gabrielle nos cuenta: Motivada por algunas experiencias con la música, que trascendían ciertas limitaciones, me dí cuenta de que el sonido permitía un pasaje de un estado de consciencia a otro. En el oriente se concibe al sonido como una semilla capaz de traer en resonancia nuestra creatividad mental y emocional, así como sentimientos y poderes intuicionales. Para ellos los sonidos musicales hablados o cantados, tal como las palabras, guardan una vibración esencial. Supuse entonces que los sonidos pueden ser usados para un psicodiagnóstico como una herramienta terapéutica para llegar a niveles más profundos de la psiquis.

Eventualmente encontré una respuesta en la imaginería inducida por la música, porque entonces entendí
al sonido como algo diferente y alineado con la naturaleza intrínseca del universo, es decir energía vibratoria, y esta energía sería como el “ábrete sésamo” o clave adecuada para trasladarse a otro estado de consciencia.

Para Gabrielle, el haber encontrado este camino es en cierta forma el resultado de haber retomado su propia cuerda en la experimentación consigo misma. De alguna manera había en ella una necesidad de encontrar algo que se había perdido en la niebla.

Una vez más la luz estaba en esta intersección donde se cruzan la intuición oriental y la ciencia racional occidental, ya que ambas han llegado a la conclusión de que tanto los niveles atómicos como subatómicos parecen sumergirse en una noción muy importante: la energía vibratoria como consciencia. Partiendo de este punto de vista, donde convergen los postulados védicos junto a las corrientes físicocuánticas, Gabrielle partió a investigar con el objeto de recoger elementos desde las tradiciones psicofilosóficas de los Vedas, y por sobre todo de la doctrina de la vibración de los sabios de Kashemira. Estos últimos observaron puntualmente que los sonidos audibles son una forma de vibración densa que tiene su origen en una vibración no audible, entonces llamada matriz creativa o sonido no manifestado, al cual regresan eventualmente los sonidos manifestados.

A la vez todas estas vibraciones sonoras físicas, sean vocales o instrumentales, son capaces de afectarnos en el ámbito físico, mental, emocional y espiritual.

En el oriente, los antiguos profetas encontraron que vac (la palabra) y sabda (el sonido inherente a la palabra), provienen como dos aspectos separados de una misma fuente a la que ellos llamaron sonido matriz indiferenciado, Brahman o realidad última, vibración o palpitación divina inaudible. Los sabios de Kashemira llevaron este conocimiento hasta sus últimas consecuencias en la ciencia del mantra.

Los sonidos son capaces de crear imágenes que corresponden a un sonido matriz y dan crecimiento a formas definidas, De esta forma es factible entender que la mente humana puede transformarse en una micro-réplica o impreso holístico de la divinidad, o del macrocosmos, como se diría en el lenguaje cuántico actual. Dicho de otro modo, que la descripción de cualquier parte es representante y réplica del todo.

Partiendo de esta base, Gabrielle empezó a experimentar por sí misma con varios ejercicios sonoros, tales como cantos, sobretonos, tonos y alta frecuencia, a la par de ejercicios respiratorios, dado que la respiración tiene un papel fundamental en la construcción del sonido.

Ella nos cuenta: Esta práctica dio como resultado natural y objetivo un incremento de consciencia. Esto se debe a que sentimos en verdad la vibración del sonido como niveles cuerpo-mente y alma.

Más adelante continué con las experiencias que corresponden a lo que llamé: Imaginería Músico Inducida, término acuñado a partir de mis sesiones de psicoterapia y psicoespirituales con música. Aquí el sonido musical actúa como un despertador psicoespiritual hacia el recuerdo que nos permite reconectar con nuestra matriz creativa íntima que es el alma. Esto llega a ser una realidad cuando -escuchando sonidos musicales- logramos pasar del estado ordinario de consciencia a un estado no-ordinario de consciencia.
Lo fundamental es que el sonido musical evoca emociones e imagenes que pueden guiarnos en la autoexploración de la multidimensionalidad de la psiquis. Por este motivo llamo música inductora a la música utilizada en las sesiones. Esta inducción se manifiesta de varias formas, principalmente en sensaciones del cuerpo, movimientos cenestésicos, sentimientos, emociones e imágenes.

“Todo lo experimentado durante este estado no ordinario de consciencia permite que el individuo logre una expansión de consciencia. Esta apertura sucede igual como se abre una flor, ya que no es un crecimiento provocado por la voluntad egoica, sino que, muy por el contrario, es el efecto producido por una fuerza generadora.”

“Mis primeros acercamientos en terapia con imaginería músico inducida se iniciaron en la práctica con el método de Bonny que traje del Mid-Atlantic-Institute (Virginia). Sobre esta base, más el bagaje logrado en los trabajos con Grof y otros, he desarrollado nuevas ideas en un estilo personal. Si bien es cierto que las bases nacieron de la experimentación con todas estas teorías a través de sesiones programadas con el objeto de realizar terapias, puedo percibir con extrema claridad que mi búsqueda por lo mágico y misterioso del sonido continúa, convirtiéndose -como es de desear- en un camino abierto. Lo que más me alienta en la búsqueda es la posibilidad de entrar a través de la música a este potencial psíquico. Es muy interesante darse cuenta que las leyes de la música entran en concordancia, o rigen, igual como lo hace la naturaleza. No debemos olvidar que detrás de cada elemento creado está la vibración sonora que se va materializando en distintos grados de densidad, de este modo podemos entender que nuestro propio cuerpo es un instrumento en constante vibración. El constatar esto nos permite entender que el sonido musical nos hace vibrar como instrumento y hablar desde las cuerdas del alma, es decir, resonamos o sonamos con esa música en una vibración no rutinaria, lo que nos permite entrar en una próxima octava y de allí a otra o de un nivel a otro nivel de consciencia.”

Lo mágico del sonido es que es vida. A veces esta vida se nos manifiesta en sonidos o música audible, pero no debemos olvidar que aun en el silencio están presentes las vibraciones no audibles o matriz indiferenciada de la música, llamadas sobretonos. Los sobretonos son los arquetipos del sonido, en ellos está lo primigenio, la semilla de todo. El sobretono es copartícipe de la música, nunca está ausente sino que va sosteniendo los sonidos audibles y corresponde a lo que los sabios orientales llamaron palpitación divina no audible, Todo esto me hace sentir la necesidad de seguir indagando, más que en la terapia propiamente tal, en la búsqueda más profunda que va en el camino de reconectar con las cuerdas del alma.

Aspectos generales de la técnica de Imaginería Músico Inducida:
Este metódo se aplica en varias sesiones, Una sesión de IMI se inicia después de una pre-sesión donde se realiza una pequeña historia del cliente, relaciones familiares, tipo psicológico y otros datos de importancia. Según estos datos se hace la elección de las músicas a escuchar, y después de una conversación preliminar entre viajero y guía se inicia la Inducción, que es el proceso de relajación y concentración. Luego viene la audición propiamente tal. Al terminar ésta, el viajero realiza un dibujo a partir de su vivencia. Y finalmente tenemos el epílogo de la sesión, que es de real importancia ya que se trata de la integración de los nuevos contenidos al nivel ordinario de consciencia. Podemos concluir que la clave en músicoterapia transpersonal es el sonido musical, ya sea instrumental o vocal. En condiciones de relajación y de escucha atenta y centrada, la audición de música temáticamente programada nos afecta en lo físico, lo psicológico y lo espiritual. Durante esta forma de escucha de la música, emergen en el sujeto que lo vivencia, sensaciones, emociones y sentimientos ligados a imágenes espontáneas, provenientes de niveles profundos de la psiquis. Este fenómeno conlleva una expansión de consciencia, eventualmente más allá del ego, es decir a nivel transpersonal.

El sonido musical audible guarda en sí la magia, el misterio o el secreto de los llamados tonos armónicos o secundarios que covibran con él inaudiblemente. Son estos tonos armónicos los que, con mayor o menor sordina, imparten timbre o color a la calidad vocal nuestra y a la calidad de los diferentes instrumentos musicales.

Este es el fenómeno sonoro, que nos afecta a niveles físico, psicológico y espiritual, siendo capaz de evocar resonancia en todos estos niveles. Más aún, el segundo tono armónico implícito en cada nota, coincide con la octava nota en nuestras escalas musicales, esto es, ella vibra exactamente al doble de frecuencia del tono fundamental (Pitágoras). La octava musical podría simbolizar un nivel de consciencia y así al pasar de una octava a otra podríamos simbolizar secuencialmente niveles ascendentes o descendentes de consciencia.

Puede observarse que a través de la Imaginería Músico Inducida podemos encontrar innumerables caminos de conocimiento personal, así como también la extraordinaria posibilidad de atravesar a otros estados de consciencia para traer de allí e integrar nuevos elementos a nuestra realidad.

Reseña de Imaginería Músico Inducida:

Stanislav Grof.- Psiquiatra de origen checo, fundador del movimiento transpersonal en USA.
Hanscarl Leuner.- Psiquiatra de línea freudiana e iniciador de Guided Affective Imaginery (Imaginería Afectiva Guiada), Alemania.
Helen L. Bonny.- Psicóloga y musicóloga de origen sueco, Fundadora en USA de Guided Imaginery & Music (Imaginería Guiada y Música).
Joan Kellogg.- Artista, socióloga, terapeuta, creadora del Mari Card Set, conjunto de cartas de contenido arquetípico.

Patricia Zárraga
Del Mito a la Realidad

Del Mito a la Realidad

delmitoalarealidad Desde la pequeña altura de sus pocos años, los niños nos ven como gigantes. Ellos evolucionan al interior de un universo donde los objetos, la relación entre la gente, la presencia de los elementos de la naturaleza, tienen una resonancia mágica, pues su consciencia permanece por un largo tiempo totalmente subjetiva. Viven su relación con los otros y al interior del círculo familiar, de manera muy diferente a la de los adultos. Antes de la pubertad, ellos no identifican sus emociones: las viven. El placer y el dolor (físico y psíquico) son fuertemente experimentados e imaginados. Las situaciones conflictivas los colocan en el acto en un estado de inseguridad y, en forma innata, ellos separan los aspectos benéficos y los amenazantes que se presentan en su entorno.

Los cuentos les permiten recuperar la confianza en ellos mismos, identificándose con el héroe, y así aprenden a resolver las situaciones psicológicas del drama familiar. Pulgarcito es más astuto que el ogro, los gigantes pueden ser engañados por héroes infantiles. La Cenicienta, la desamparada, la maltratada, sabrá desbaratar las maldades de sus hermanastras, aliándose con todos los animalitos de la casa. Ella encontrará la confianza en sí misma dentro de su mundo interior, y finalmente, será mágicamente ayudada, irá al baile, llegará a ser princesa.

Mientras el fantasma de la malvada madrastra permita dejar intacta la imagen de la madre fundamentalmente buena, el cuento de hadas ayuda al niño a no sentirse aniquilado cuando él ve en su madre algún rasgo maligno. En un cuento de hadas, un espíritu benevolente puede anular en un segundo todos los malos actos de un genio malévolo. En el hada madrina, las cualidades positivas de la madre están tan exageradas como lo están las malas en la hechicera. Es de esta manera que el niño interpreta el mundo: todo paraíso o todo infierno. Los cuentos, con su héroe embarcado en aventuras fabulosas, responden exactamente a la manera en que el niño concibe y experimenta el mundo, en forma primitiva, animista. Para él todo es vida, todo está viviente.

Confrontado a la edad de tres años al problema de su identidad personal, el niño busca en todos los elementos que se le presentan una respuesta a: quien soy?. qué tengo que hacer? Estos elementos, por estar dotados de una vida propia, pueden aportarle respuestas, aun si, inconscientemente, él proyecta sobre ellas sus reflexiones y sus propias respuestas. Los diálogos de una niña con sus muñecas, o de un niño con sus animales de peluche, muestran que el juego forma parte de los interrogantes del niño sobre la vida. En todos los juegos, por lo tanto, las relaciones entre los participantes testimonian con fuerza las angustias, las dotes, y la capacidad de cada cual para evolucionar en la sociedad infantil.

La necesidad de potencias tutelares es muy grande en el niño; necesidad que él proyecta sobre verdaderos fetiches, que pueden tomar todas las formas imaginables: un árbol, un juguete favorito, un animalito regalón, un ser inmaterial. Ellos son sus confidentes y guías. Su alma primitiva puebla el mundo de genios buenos y malos, y es preciso que sea así. Los niños que no han tenido esa cuota de lo maravilloso en el interior de ellos mismos, se revelarán como personalidades mucho menos ricas y disponibles a los demás en la edad adulta, El mundo fantástico, mágico, no oculta, de manera alguna, la realidad, de la cual todos los niños son conscientes; a menos que una situación conflictiva permanente no los empuje hacia una vida psicótica, enteramente soñada. Todos los niños saben que los animales hablan, que las plantas sienten. Sin embargo, la ciencia de los adultos ha demorado mucho tiempo, primero, en admitir este hecho, después en estudiarlo.

La relación de un niño con el mundo es una relación de cuerpo a cuerpo. En él la magia del cuerpo encuentra su más bella expresión. Hay que ver cómo los niños juegan disfrazándose, maquillándose, haciendo muecas, danzas, piruetas, acrobacias, coloquios. Después se recogen, observan, comparten secretos con aquellos que aman, se cuentan historias, las escuchan, las leen,

Hay que verlos cómo se esfuerzan, se dominan, caen en un ataque de ira o en una crisis de frenesí. En cada gesto, su cuerpo entero se encuentra involucrado en una acción total. De la misma manera, el héroe de los cuentos de hadas posee un cuerpo capaz de efectuar hazañas maravillosas. Identificándose con él, el niño puede compensar por la imaginación y por la identificación todas la imperfecciones reales o imaginarias de su propio cuerpo. Puede imaginarse que, como el héroe, se eleva hasta el cielo, desafía a los gigantes, cambia de apariencia, llega a ser el más poderoso, el más bello de los seres humanos. En resumen, su cuerpo puede ser o hacer todo lo que él desee. Una vez que sus deseos más grandiosos hayan sido así satisfechos por la imaginación, el niño se sentirá más conforme con su cuerpo tal como es en la realidad. Se puede, además, decir que el cuento de hadas promueve esta aceptación de la realidad . En efecto, después de haber experimentado en su cuerpo maravillosas transfiguraciones a lo largo de la historia, después de que la lucha ha terminado, el héroe vuelve a ser un simple mortal…

Tenemos aquí algunas diferencias con lo que pasa en el mito, donde el héroe guarda para siempre sus características de superhombre. En cambio en el cuento, al final de la historia, cuando se siente seguro en su cuerpo, en su vida y en su posición socia), el héroe se siente dichoso de ser el que es, es decir, un ser humano como todos los otros.

Evelyn de Smedt.

Traducido y extractado por Luisa Riquelme de
Question de
Editions Ritz
Paris

Más información.
Jung. C. G.- Simbología del Espíritu.-Fondo de Cultura Económica.
Von Franz, M. Luisa.- Símbolos de Redención en los Cuentos de Hadas.-Luciérnaga.

El Simbolismo de los Colores

El Simbolismo de los Colores

Indiscutiblemente, los colores tienen su propio valor de expresión y pueden influir directamente sobre la psiquis, como se revela por los renovados intentos de volver a establecer una cromoterapia que se ocupe positivamente de curar trastornos psíquicos y psicosomáticos, lo que ya se hacía en la antigüedad.

Hay que tener en cuenta que los colores provocan reacciones y emociones diferentes en los seres humanos, que prefieren o rechazan determinados colores. Por esto, se han creados varios tests cromáticos para medir estas reacciones con fines de diagnóstico.

Es evidente que los colores se revelan como esenciales para nuestro equilibrio. Según sean alegres o sombríos los que nos rodean, nuestro humor se modifica como por una sutil osmosis. Cada tono envía su vibración con su propia fuerza de impacto y su carga de influencia. Cada uno posee un magnetismo particular que estimula, inconscientemente, ciertas reacciones nerviosas y psíquicas. De acuerdo a nuestra personalidad -según la astrología- hay colores favorables y desfavorables benéficos o nefastos, agradables o desagradables.

En la alquimia se observa un singular simbolismo de los colores, según el cual el verde significaba un fuerte disolvente; el rojo y el blanco representaban los principios primarios del azufre y del mercurio. Entre los antiguos mayas de la América central, los puntos cardinales en el orden de sucesión de este, norte, oeste
y sur, se relacionaban con el rojo, blanco, negro y amarillo. En tanto en la antigua China, el este, sur, oeste, norte y centro eran representados por los colores, azul, rojo, blanco, negro y amarillo.

Durante el Renacimiento se desarrolló un complicado simbolismo en relación a los planetas, los metales y los colores heráldicos de los escudos de nobleza. El Sol era el amarillo y el oro; la Luna, el blanco y la plata; Marte, el rojo y el hierro; Júpiter, el azul y el estaño; Saturno, el negro y el plomo; Venus, el verde y el cobre; Mercurio, la púrpura y el azogue.

El oro o amarillo significaba virtud, entendimiento, prestigio y majestad; el blanco y la plata, pureza, inocencia y alegría; el rojo, ansia ardiente de virtud y un corazón entregado a Dios; el azul, constancia, lealtad, ciencia y devoción para con Dios; el negro, tristeza, humildad, infortunio, y peligro; el verde, libertad, belleza, alegría, salud, esperanza y mansedumbre; el púrpura o violeta, vestidura regia; el anaranjado, fama inconstante.

Si bien en el arco iris aparecen siete colores, hay más de setecientos matices diferentes: pero sólo nos referiremos a los arquetipos fundamentales: blanco, azul, violeta, rojo, naranja, amarillo, verde, castaño, negro.

Blanco: Es como la luz original existente antes que el Dios del Génesis creara el cielo y la tierra. Puede entenderse como la unión completa de todos los colores del espectro de la luz, como símbolo de la inocencia aún no influída ni enturbiada por la Creación, o como fin definitivo de la persona purificada. Color de la unidad y de la pureza, fue siempre empleado como tal en los ritos de iniciación de todas las religiones. Es unidad porque sólo él refleja todos los rayos luminosos de donde emanan los colores primitivos y la infinita variedad de matices que dan vida a la naturaleza. El blanco es como un espejo que refleja el universo, su vibración nos devuelve a nosotros mismos, nos entrega una imagen de nuestra inocencia perdida, nos purifica de las miasmas de la vida, representando un ideal de claridad y trasparencia.

En los ritos paganos se sacrificaban animales blancos a los dioses celestes, en cambio, a los dioses del mundo subterráneo se ofrecían animales negros.

En la tradición china, el blanco es el color de la vejez, del otoño, del oeste y del infortunio, aunque también el de la virginidad y de la pureza. Lo consideran como el color del luto por los muertos, tal vez a causa de la palidez de la muerte. En los sueños, un caballo blanco puede interpretarse como el presentimiento de una muerte. En muchas culturas aparecen fantasmas o espectros como figuras blancas.

En la alquimia, lo blanco (albedo) es la señal de que, después de lo negro (nigredo), la materia prima se encuentra en el camino que conduce a la piedra filosofal.

Azul: Es el color que más se considera como símbolo espiritual. Se le compara con la trasparencia del aire, del agua, del cristal y del diamante. También con el mar, el cielo, el espacio, puesto que no bloquean la mirada sino que la dejan perderse en ellos. Envía una vibración de equilibrio, de armonía y de alegría de vivir. Agranda el espacio a la vez que lo vuelve luminoso. El azul, todo profundidad y frescura, contiene una promesa de libertad. Simboliza la calma de una mar tranquila, la suavidad de modales, la ternura, el amor a la vida. Representa la plenitud de los más fervientes anhelos de unificación y de comunión con la naturaleza, la verdad y la confianza, el amor y la dedicación, la sumisión y la devoción. Simboliza lo tradicional, los valores permanentes, la eternidad sin tiempo.

La contemplación de este color – mientras más oscuro, mejor – tiene un efecto pacificante para el sistema nervioso central. La presión de la sangre, los ritmos del pulso y de la respiración se lentifican, dando lugar
a la actuación de los mecanismos auto-protectores de organismo y produciendo una tranquilidad saludable. Los lugares donde uno busca relajarse debieran tener reflejos azules. Un entorno azul oscuro es lo más adecuado para practicar meditación. La luz azul hace volver el sueño en algunos casos de insomnios rebeldes.

Cuando este color es el preferido por una persona en un test, revela una necesidad por quietud, paz, armonía, descanso, relajación y oportunidad para equilibrarse interiormente. Se desea un entorno calmo y ordenado, libre de disturbios y presiones, en el que los eventos puedan desenvolverse en forma suave a lo largo de líneas más o menos tradicionales, y donde las relaciones con los demás sean plácidas y libres de confrontaciones. Muestra una necesidad de sentir que se puede confiar en quienes lo rodean y de percibir que ellos a su vez confían en él.

Si este color es rechazado, significa que existe una intensa frustración por la carencia de todo lo descrito anteriormente, lo que conduce a un estado de ansiedad e, incluso, de angustia. Hay desasosiego, desaliento, deseos de escapar cortando todo tipo de lazos, sean emocionales, sociales o laborales. Hay falta de concentración, dificultades de aprendizaje en los niños, conducta inconsistente y agitación mental. Esta profunda inestabilidad puede llevar a la búsqueda de compensaciones, ya sea por una conducta sexual promiscua o por la práctica de deportes de alto riesgo. Si esa situación se prolonga demasiado tiempo, conduce a perturbaciones del sistema nervioso y a trastornos cardiovasculares.

Es aconsejado para calmar las neuralgias, el asma, los reumatismos, las crisis nerviosas y la hipertensión por sus propiedades analgésicas y antiespasmódicas.

Violeta: Es una mezcla de azul y rojo y simboliza tradicionalmente espiritualidad unida a la sangre del sacrificio. En el uso litúrgico, se vincula a conceptos de penitencia, expiación y conversión. Se usa en la Iglesia Católica durante el tiempo de reflexión de Adviento, próximo a la Navidad. Con un poco más de rojo, da origen al púrpura de los antiguos mantos imperiales, el que se extraía de dos especies de caracoles marinos y que era sumamente caro en la Edad Media.

Al unificar la conquista impulsiva del rojo y la sumisión gentil del azul, llega a ser representativo de la identificación. Esta es una especie de unión mística, un alto grado de sensitiva intimidad que conduce a una completa fusión entre el sujeto y el objeto, como si todo lo que se pensara y deseara pudiera transformarse en realidad. Es como un espejismo, un encantamiento, un sueño realizado en la imaginación, un estado mágico en el que la persona pretende fascinar a otros y cree conseguirlo. Existe una incapacidad para distinguir entre los sueños y los hechos reales.

Las personas mentalmente maduras nunca prefieren ese color en un test; pero sí lo hacen los preadolescentes – que todavía viven en el mundo de la lámpara de Aladino- las mujeres embarazadas, los homosexuales (hombres y mujeres), las razas indígenas en las que prevalece aún el animismo. También se ha observado esta preferencia en personas con problemas de la glándula tiroides. En todos estos casos indica inseguridad emocional, la que debe tratarse con especial comprensión, gentileza y afecto.

Cuando este color es rechazado, significa que el anhelo por una intimidad mística con otro ha sido reprimido por su aparente imposibilidad. Esto implica también un rechazo a involucrarse profundamente en cualquier tipo de relación, sea personal o profesional.

Rojo: En forma de óxido de hierro ha acompañado al hombre desde épocas Inmemoriales y se empleó abundantemente en las pinturas rupestres que han llegado hasta nuestros días. En la antigua China era el color sagrado, revitalizador de la dinastía Chou (lO5O-256 AC). Rojo también era el color del dios de la buena suerte que concedía la riqueza. En el arte cristiano tradicional es el color de la sangre del sacrificio de Cristo y de los mártires, del amor fervoroso a Dios y de las llamas del Espíritu Santo en Pentecostés.

En la alquimia, el rojo está relacionado con el blanco para formar un sistema dual en el que simboliza el azufre, el que quema. En la francmasonería, el rojo designa el sistema de altos grados del rito escocés. Se considera que en los sueños significa que la persona está preparada para la acción, se inicia la conquista y los sufrimientos; es entrega y también tribulación; es sobre todo una futura relación sentimental.

Se considera agresivo, vital, cargado de energía, afín al fuego, y sugiere tanto el amor como la lucha entre
la vida y la muerte. Es como la sangre y la pasión. Excita y estimula la mente, aumenta la tensión muscular y la capacidad de la respiración. Caliente e irritante, se desaconseja a los enfermos, para estados de ánimo introvertidos y melancólicos su efecto es inoportuno y repelente. Se dice que exalta los impulsos eróticos
y el entusiasmo. Es excitante para los sanguíneos, estimulante para los linfáticos o los convalecientes, levanta la actividad psíquica en la neurastenia depresiva. Acrecienta la actividad sexual del hombre, es el color del calor y del movimiento. Esencialmente dinámico, es necesario poner atención en su potencia, la que conviene saber dosificar. Despierta la energía vital y el deseo, la voluntad de conquista y el apetito de aventuras riesgosas.

El rechazo al rojo acompaña frecuentemente a la fatiga psíquica y nerviosa, a la falta de vitalidad, inquietud, impotencia o pérdida de apetito sexual. Por el contrario, un gusto demasiado pronunciado por este color atestigua un temperamento exorbitante, que puede llevar a la ninfomanía o satiromanía, estados en los que es imposible hallar la satisfacción y el aplacamiento sexual que esas personas buscan en vano.

Naranja: Este color evoca la luz, el fuego, el calor del sol. Goethe dijo que representa la exaltación extrema tanto como el suave reflejo del sol poniente. En efecto, el naranja estimula más de lo que excita, Símbolo de la intuición, de la alegría serena, de la fuerza equilibrada, induce al optimismo. Es un estimulante emotivo que acelera ligeramente las pulsaciones del corazón y da una sensación de bienestar y de júbilo, regocijando el alma.

Amarillo: Como el oro o la luz del sol. Considerado a menudo como el color más alegre, evoca en cierta forma la riqueza y la abundancia. En un matiz intenso produce actividad; pálido, descansa, relaja. Su efecto luminoso da vitalidad, es el color que más aumenta la tonicidad neuromuscular general. Agudiza el intelecto e incita a los trabajos del espíritu. Según Goethe: en su matiz más puro lleva siempre en sí la naturaleza de la claridad y posee un carácter de serena jovialidad y de dulce estimulación. Todo luz, el amarillo agranda los espacios exaltándolos e irradiando un alegre júbilo.

En la simbología tradicional china, era el color de la tierra. En el sentimiento popular, se lo considera el color de la envidia y de los celos, probablemente en relación con la bilis amarilla de los cuatro humores del cuerpo. En la Edad Media se consideraba el amarillo pálido como la representación de la agresión traicionera, por ello los judíos se veían obligados en esa época a vestir de amarillo.