Ecología Profunda

Ecología Profunda

Vivir como si la Naturaleza importara

El término “Ecología Profunda” fue acuñado por Arne Naess y se refiere a un enfoque profundo y espiritual sobre la naturaleza, el que se deriva de una apertura más sensitiva hacia nosotros mismos y hacia la vida que nos rodea. La esencia de la ecología profunda brota, pues, naturalmente, del hecho de preguntarnos en profundidad sobre la vida humana, la sociedad y la naturaleza.

La ecología profunda es mucho más que una aproximación fragmentaria a los problemas medioambientales, una aproximación que intenta articular una visión religiosa y filosófica comprehensiva sobre el mundo. Sus fundamentos hay que buscarlos en aquellas intuiciones y experiencias con respecto a nosotros mismos y a la naturaleza que surgen espontáneamente de la conciencia ecológica junto a ciertas visiones naturales sobre la política y la sociedad.

La mayor parte de sus temas de interés son los tópicos que han preocupado a la filosofía y a la religión de todos los tiempos. Qué significa ser un individuo único? Cómo puede el ser individual conservar y potenciar su singularidad sin dejar de participar en un sistema global en el que no existe discontinuidad entre el ser y el otro? Una perspectiva verdaderamente ecológica puede conducir a aquello que Theodore Roszac denomina “el despertar de una totalidad que es algo más que la suma de sus partes. El espíritu de tal disciplina es, pues, contemplativo y terapéutico.”

La conciencia ecológica y la ecología profunda se hallan en abierta contradicción con la visión del mundo imperante en las sociedades tecnocrático-industriales que consideran que los seres humanos estamos aislados y separados y que debemos ejercer nuestro poder sobre el resto de la creación. Esta visión del ser humano como una especie superior que se halla separada de la naturaleza es una manifestación de un patrón cultural que ha venido obsesionando a la cultura occidental desde hace miles de años, el concepto de “dominio”: el dominio de la humanidad sobre la naturaleza, de lo masculino sobre lo femenino, de los ricos y los poderosos sobre los pobres, y, en suma, de la cultura occidental sobre la cultura oriental.

La conciencia ecológica profunda, por su parte, nos permite ir más allá de estas ilusiones erróneas y peligrosas. Según la ecología profunda, el estudio de nuestro lugar en el planeta Tierra nos obliga a reconocernos como parte de una totalidad orgánica. Pero ir más allá de la estrecha visión científico-materialista de la realidad nos obliga a fundir sus aspectos materiales y espirituales. Los líderes intelectuales más destacados de la visión del mundo imperante han tendido a considerar a la religión como una “mera superstición” y, en consecuencia, han subrayado la subjetividad de las antiguas prácticas espirituales y de la iluminación. La conciencia ecológica profunda, por su parte, constituye la búsqueda de una conciencia y de un estado de ser más objetivo mediante un cuestionamiento activo profundo, un proceso meditativo y un estilo de vida.

En el contexto de las diferentes tradiciones espirituales -cristianismo, budismo, taoísmo e iglesia nativa americana, por ejemplo- son muchas las personas que se han planteado en profundidad estos interrogantes y que han cultivado la conciencia ecológica y, si bien estas tradiciones difieren en muchos aspectos, todas ellas coinciden, sin embargo, en lo que respecta a los principios fundamentales de la ecología profunda.

El filósofo australiano Warwick Fox ha expresado sucintamente que la intuición central de la ecología profunda “es la idea de que no podemos establecer ninguna división ontológica definitiva en el campo de la existencia. En la realidad no existe ninguna diferencia radical entre el dominio humano y el dominio no humano… mientras sigamos percibiendo este tipo de fronteras no alcanzaremos a comprender qué cosa es la conciencia ecológica profunda.”

A partir de esta intuición fundamental característica de la conciencia ecológica profunda, Arne Naess ha desarrollado dos “normas últimas” -dos intuiciones que no se derivan de ningún otro principio o intuición- a las que sólo puede accederse mediante un proceso de cuestionamiento que nos revela la importancia del nivel filosófico y religioso. Estas intuiciones, sin embargo, no pueden ser verificadas mediante la metodología de la ciencia moderna, basada en premisas mecanicistas y en una definición excesivamente estrecha de los datos. Se trata de “la autorrealización y la igualdad biocéntrica”.

Autorrealización:
La norma de la autorrealización propuesta por la ecología profunda está relacionada con las grandes tradiciones espirituales de la mayor parte de las religiones del mundo y trasciende la noción occidental moderna que define al ser como un ego aislado cuyo impulso primario estriba en la gratificación hedonista o en una idea muy limitada de salvación individual en esta vida o la siguiente. El crecimiento y el desarrollo espiritual comienza cuando dejamos de concebirnos y de vernos a nosotros mismos como egos aislados que se hallan en oposición y nos abrimos a la identificación con otros seres humanos, comenzando por nuestra propia familia y siguiendo con nuestros amigos hasta terminar abrazando a toda la especie humana. Sin embargo, la ecología profunda va un paso más allá de esta identificación con la humanidad y subraya también la necesidad de llegar a identificarse con el mundo no humano. Debemos, pues, aprender a mirar más allá de las creencias y presupuestos de nuestra sociedad contemporánea, más allá de la sabiduría convencional de nuestra época y lugar, y esto sólo puede lograrse mediante un proceso meditativo de cuestionamiento profundo. Sólo de este modo podremos alcanzar la plena madurez de nuestra personalidad y de nuestra singularidad.

Una sociedad nutricia y no dominante puede resultar sumamente útil en el “trabajo real” de llegar a convertirnos en personas íntegras. Este “trabajo real” puede ser definido simbólicamente como la realización del “ser en el Ser”(entendiendo por “Ser” la totalidad orgánica) y también podríamos resumir en una frase el proceso del pleno desarrollo del ser diciendo: “Yo no puedo salvarme mientras no lo hagan todos los individuos”, (y entendiendo aquí por individuo no sólo al individuo humano sino -además de toda la humanidad- a las ballenas, los osos pardos, los ecosistemas de los bosques húmedos, las montañas, los ríos y el más diminuto de los miocrobios).

Igualdad biocéntrica:
La intuición de la igualdad biocéntrica afirma que todas las cosas tienen el mismo derecho a vivir, crecer y alcanzar sus propias formas individuales de expresión y autorrealización dentro del marco superior de la Autorrealización. Esta intuición básica se resume en la idea de que todos los organismos y entidades que pueblan la ecosfera participan de la misma totalidad interrelacionada y que, por consiguiente, tienen el mismo valor intrínseco.

Este concepto de igualdad biocéntrica está estrechamente relacionado con la noción de Autorrealización omni-inclusiva en el sentido de que, si dañamos a la naturaleza, en realidad nos estamos dañando a nosotros mismos. Desde este punto de vista, todo está interrelacionado y no existe frontera alguna. Pero, en la medida en que percibimos las cosas en tanto que entidades u organismos individuales, esta intuición nos conduce a respetar a todos los individuos -humanos y no humanos – como parte de la totalidad sin sentir la necesidad de establecer un orden jerárquico entre las distintas especies que se halle coronado por el ser humano.

Las implicaciones prácticas de esta intuición, o de esta norma, nos invitan a vivir causando el menor impacto posible sobre las otras especies y sobre el planeta en general. Entonces veremos otro de los aspectos de este principio fundamental: simple en medios y rico en objetivos.

En tanto que individuos y comunidades humanas tenemos necesidades vitales que van mucho más allá de la satisfacción de nuestras necesidades básicas -como el alimento y el abrigo, por ejemplo- necesidades entre las que se incluyen también el amor, el juego, la expresión creativa, la relación con un determinado paisaje (o con el conjunto de la naturaleza), la relación íntima con los demás seres humanos y la necesidad vital del desarrollo espiritual para llegar a devenir seres humanos maduros.

Es muy probable que nuestras necesidades vitales materiales sean mucho menores de lo que generalmente creemos. La abrumadora publicidad de las sociedades tecnocrático-industriales alimenta falsas necesidades y deseos destructivos que sólo sirven para aumentar la productividad y el consumo, lo cual, de hecho, no hace sino impedirnos afrontar de manera directa, objetiva y desde el principio, la necesidad de llevar a cabo un “trabajo real” de crecimiento y maduración espiritual.

La mayor parte de las personas no se sienten partícipes de las ideas propugnadas por la ecología profunda, pero reconocen, sin embargo, nuestra necesidad vital – y, en realidad, la necesidad vital que tiene toda forma de vida- de vivir en un entorno natural de calidad, generando la menor cantidad posible de residuos tóxicos, evitando la contaminación nuclear, el smog y la lluvia ácida y manteniendo los suficientes bosques como para poder permanecer en contacto con nuestras fuentes, con los ritmos naturales y con el flujo del tiempo y el espacio.

Las normas últimas propuestas por la ecología profunda se apoyan en una visión de la naturaleza, de la realidad y del lugar que ocupamos como individuos (múltiples en la unidad) en el esquema global de las cosas. Dichos principios no pueden ser abordados de un modo meramente intelectual sino que tan sólo pueden ser aprehendidos experiencialmente. El cuadro que presentamos a continuación resume la diferencia existente entre la visión del mundo predominante en nuestra sociedad y la visión que nos propone la ecología profunda.

 

Visión del mundo predominanteEcología profunda
Dominio sobre la Naturaleza.Armonía con la Naturaleza.
Entorno natural como fuente de provecho.Toda forma natural tiene valor intrínseco/igualdad biocéntrica.
Crecimiento económico/material en pos del crecimiento de la población.Necesidades materiales simples (los objetivos materiales se hallan supeditados a la meta superior de la autorrealización).
Creencia de que los recursos son inagotablesBienes terrenales finitos
Progreso y soluciones de carácter exclusivamente tecnológicoTecnología adecuada, ciencia no-dominante
ConsumismoHacer con lo suficiente, reciclaje

 

Bill Devall y George Sessions

Extractado por Farid Azael de
Trascender el Ego
Editado por Roger Walsh y Frances Vaughan
Kairós.

La Unidad de lo Viviente

La Unidad de lo Viviente

Desde principios del siglo pasado (1920), los botánicos han comprobado que las plantas viven en comunidades, llamadas asociaciones de vegetales, y las han calificado con espíritu de análisis sistemático, tal como fue hecho con las moléculas químicas. Ellas forman entre sí comunidades homogéneas, ligadas a las características del medio, deducible, por lo demás, a partir de la observación de estas asociaciones. Estas plantas tienen así afinidades entre ellas y con el medio que habitan.

Observando una hondonada, se espera encontrar la asociación típica de matorrales, silenes, ortigas, etc.: pero sólo vemos los resultados de una exagerada aplicación de químicos, es decir, demasiado nitratos y no, ortigas. Todas las malezas han sido eliminadas. Ya no se encuentra la asociación de las hondonadas . Mirando un bosque, esperamos encontrar la asociación clásica del sotobosque con las plantas conocidas que vamos a recolectar en primavera , la centella , la anémona , la campanilla. Ellas forman asociaciones extremadamente típicas y bien definidas; pero ya no están. Prácticamente han desaparecido, pues se han drenado los bosques y el nivel de la napa ha bajado dos o tres metros, al punto que se ven robles con sed, aun cuando llueve.

Sin contar el efecto de los fertilizantes pues, contrariamente a lo que se piensa, los fertilizantes no son usados sólo en la agricultura, sino también a nivel forestal. Como resultado vemos plantas que aceptan abonos – no son más de cuatro o cinco especies – instalarse en el lugar de todas las otras. Así los abonos, o los herbicidas que tienen por objetivo eliminar las zarzamoras, también han perturbado los ecosistemas. Y las asociaciones que han existido más tiempo que las otras, que se encontraban aún hace ocho o diez años en medio de los bosques, están también en vías de desaparecer. Si ustedes visitaran los estuarios verían lo que hemos comprobado recientemente: se han perdido las tres cuartas partes de las especies que habíamos estudiado hace veinte años.

Este proceso es universal, se desarrolla prácticamente en toda la Europa industrial desde hace veinte años, con una prodigiosa aceleración en los últimos diez. Puede compararse a un período glaciar. Las floras europeas – y probablemente las americanas también, no hemos ido a verlas – están sometidas a una especie de glaciación intensa y brutal, que empobrece las asociaciones. Así, somos nosotros probablemente los únicos botánicos de la historia que hemos comenzado nuestra carrera estudiando formaciones vegetales idénticas a aquellas que se encontraban desde el neolítico, desde la partida de los hielos en Europa, hace cerca de diez mil años, para terminar nuestra carrera como botánicos con la desaparición de estas asociaciones tan rápidamente como si las glaciaciones hubieran vuelto. Pero ésta que tenemos encima ahora es de naturaleza económica y social. Se llama igual que el progreso económico y social que la ha provocado. Somos totalmente incapaces de decir cómo y hasta dónde este fenómeno seguirá evolucionando.

He aquí que las especies nos aparecen solas, solitarias, aisladas; dejaron de estar armonizadas, combinadas en asociaciones. Entonces van a reconstruirse esas asociaciones o muchas de ellas van a desaparecer? Serán eliminadas de Europa como tantos árboles lo fueron en la última gran glaciación? Tal vez sí, y en tal caso nuestra flora va a empobrecerse de manera muy importante y, como este proceso se desarrolla en el mundo entero, ocurrirá por sobre todo el globo terráqueo. Este es el retroceso de las especies, de que se habla tan a menudo, básicamente porque hemos modificado el entorno más que nada por agentes químicos, por lo que las plantas silvestres están en una situación de sálvese quien pueda. Aunque podríamos ser optimistas e imaginar un deshielo. Acaso habríamos imaginado un solo instante que vendría el deshielo Este-Oeste (URSS/EE.UU.)?

También podríamos imaginar un deshielo en las relaciones Hombre – Naturaleza. Pero sería necesario que este sucediera muy rápidamente, porque hace falta un tiempo muy prolongado para reconstruir las asociaciones . Para saturarlas – es decir, para que ellas incluyan todas las especies que deben encontrarse ahí naturalmente – son necesarios muchos siglos, muchos millares de años para algunas de ellas. Recordemos que la reconstitución espontánea, hasta llegar al equilibrio de los ecosistemas, es un proceso muy largo. Y cómo podríamos esperarlo, si ni nosotros mismos logramos el equilibrio con la naturaleza? Esta es la pregunta que se plantea. Y estas plantas que tienen la tendencia gradual a vivir aisladas , me hacen pensar en la imagen de la sociedad misma, en la sociedad de los hombres.

Pues es la sociedad la que ha llevado a estas especies a una situación de soledad en la naturaleza, destruyéndole su entorno, y es también la sociedad la que ha provocado el mismo fenómeno en los seres humanos. Nuestra sociedad hace también humanos solitarios. Es un fenómeno que existe y que no se ve. Se lee a menudo en la Biblia, en Ezequiel y en los Salmos, Tienen ojos y no ven. Esto se aplica a nuestra inteligencia; se nos considera como los seres más inteligentes que hayan existido en la Tierra. Es la opinión que tenemos de nosotros mismos – no sé si los extraterrestres pensarán igual – y, sin embargo, no medimos las consecuencias de las grandes elecciones que hacemos. He aquí tres grandes elecciones:

La primera de ellas, martillada día tras día por la televisión, es que el 80% de los jóvenes franceses irán a la universidad. Esto prueba que todo el mundo es inteligente en este país, ya que se supone que la universidad acoge sólo a los mejores. He aquí pues una juventud que será estandarizada sobre los bancos de las universidades. Nadie considera la utilidad de un aprendizaje práctico. En cambio, un 35% de jóvenes alemanes lo harán en empresas. Se banaliza, se estandariza, y los computadores de la calle Grenelle van a poder funcionar tragándose el 80% del pueblo francés.

La segunda gran operación de estandarización en curso concierne a la ciudad. Ustedes ven, como yo, la extraordinaria proliferación de las grandes superficies de supermercados en los suburbios de todas las ciudades. Saben ustedes que en las afueras urbanas ellas se han más que triplicado en diez años? Esta es una cifra impresionante. Con el horror arquitectónico que esto acarrea, pues son hiperfeos, jamás con árboles cerca, nadie ha ido a ver lo que hacen los holandeses en este aspecto. Pero son los imperativos económicos los que mandan: invertir al menor costo

Tercera gran estandarización: después de la ciudad, naturalmente el campo. Es la estandarización de los productos agrícolas que asimila los productores y los campesinos a los industriales. Esto conduce al increíble desastre de la agricultura, donde muchos se han arruinado, endeudados hasta el cuello, sin saber ya si es permitido o no usar abonos, pues les dicen que polucionan las napas. Todo esto es terriblemente confuso. Pero siempre es el mismo proceso: se banaliza, se estandariza, en nombre de la rentabilidad económica . Entonces, cuál es el resultado del cambio? Trágico: desaparecimiento de las comunidades de barrio, de las comunidades rurales, asfixia de las ciudades porque toda una serie de profesiones desaparece, los pequeños artesanos, los pequeños comerciantes son arruinados. Cuando el 80% de los jóvenes franceses estén en la universidad, yo les ruego a los pocos que no irán que se hagan artesanos y apliquen tarifas que produzcan una competencia . Pues los universitarios serán pobres y los plomeros, ricos. La trama social, la del barrio, la del pueblo, se encuentran quebradas por este proceso.

Quiero citar un ejemplo comparable al de las asociaciones vegetales, del que he tenido la experiencia en el medio urbano. Es el caso de la proliferación de las grandes superficies. Esto que he relatado sobre las plantas lo habíamos conversado con un amigo botánico que vive en una pequeña ciudad del Norte. En esa ciudad, cuyo alcalde es un hombre abierto y dinámico, se habían construido en un año tres supermercados. Este alcalde obraba de buena fe en el nombre del desarrollo y del progreso. Tres supermercados hacen en total entre 50 y 100 comercios arruinados en los siguientes dos años. Esto provocará también de uno a cinco suicidios. Hablo por mi experiencia como alcalde adjunto en Metz, donde procuré evitar, en casos particulares, que les quitaran las casas a personas a las cuales les habían destruido el barrio y las habían arruinado por el supermercado.

Quién contabiliza este costo negativo del progreso? Quién toma en consideración las depresiones nerviosas? Nadie. Pero, es una cadena alimentada tanto en la sociedad como en la naturaleza. Las viejas damas del centro de la ciudad no pueden seguir yendo al pequeño emporio a hacer sus compras, porque ya no está. Ellas no podrán ir al supermercado que está en los suburbios a 4 o 5 kms. pues no tienen auto. Helas aquí arrinconadas, acorraladas. Pero quién se interesa verdaderamente en la vida de estas viejecitas? A nadie le importa un bledo. Nuestra sociedad es de una crueldad absoluta. Y las viejecitas están solas en sus casas. Así en todas las ciudades se establece la soledad. Y si estas viejecitas tienen un jardín, como al fondo de todos los jardines hay una zanja, ellas pueden ir allí a discutir con la última ortiga tan sola como ellas.

Nosotros destruimos así, en el nombre del progreso, los ecosistemas humanos y urbanos tal como lo hacemos con los ecosistemas de la naturaleza . Paracelso tenía razón al decir que la vida es Una. Seguro que sí, las sociedades de los hombres y las sociedades de la naturaleza marchan según las mismas leyes. No es que unas se apliquen a los hombres y otras a la naturaleza. Todo esto acarrea consecuencias a menudo dramáticas, pues en esta soledad aparecen reacciones inesperadas de supervivencia. Cuando se está solo, no hay más que el yo, puesto que los otros no están en comunidad conmigo. Entonces el Yo – primero llega a ser normal. Por qué reprocharlo? Sobre este terreno propicio de la soledad debidamente organizada por los grandes intereses económicos llamados progreso, se desarrollan los grandes temas que la historia recordará de nuestra sociedad, expresados no por los filósofos, sino por la gente de la calle. Son dos: No tengo nada que perder y No es mi problema. Son expresiones criminales, pero se escuchan todo el tiempo, impuestas por un mundo que efectivamente no tiene nada que perder. Y sin embargo, tenemos verdaderamente algo que perder, pues si hacemos el inventario de los grandes problemas ecológicos veremos que todos estos problemas nos conciernen inmediatamente en el corto plazo. Estos no son vaticinios para un muy lejano futuro. Podemos citarlos rápidamente: presión demográfica galopante, deforestación masiva , desaparición de los bosques de zona húmeda en el mundo entero, impregnación de todos los medios por la química, acumulación de desechos tóxicos, deterioro de la capa de ozono, Riesgo de recalentamiento del clima – aunque este efecto invernadero no esté aún probado científicamente – degradación acelerada del Tercer Mundo, presión extraordinaria ejercida sobre todos los habitantes del planeta para que abandonen el campo y vayan a vivir a las ciudades. En el campo estaban la gallina, el conejo, la cabra y el cordero. En la ciudad, vitrinas, pero sin dinero para comprar.

La tradición griega, como la tradición judeocristiana, han considerado siempre que las ciudades están hechas para que la tierra funcione, jamás a la inversa. La primicia en la Biblia es siempre entregada a los nómades. Todos los grandes profetas, sin ninguna excepción, no tenían ni siquiera una piedra donde reposar su cabeza. Nosotros damos la preferencia a la ciudad con sus villas miseria, como son los suburbios de los pobres y esto es mucho peor en el Tercer Mundo. Estamos en una evolución que va de hecho en contra del interés y de la supervivencia del hombre. Pues si todo se degrada tan rápido es porque la naturaleza sigue al hombre y el hombre a la naturaleza: marchamos juntos al mismo paso. Nuestra suerte, la suerte de la naturaleza, la suerte de las plantas, están íntimamente ligadas y acabamos de verlo con las plantas solitarias y las viejas damas solas. Como conclusión, no podemos dejar de hacernos esta pregunta: cómo hemos llegado a tales errores de concepto, a una ciencia a veces pervertida en sus métodos – porque ellos son incompletos – y en sus objetivos – porque teóricamente no son sino económicos?

Imágenes de Ecología

Imágenes de Ecología

Al hablar de Budismo y ecología tal vez podríamos usar el término “percepción ecológica”. Es útil señalar que en las culturas Budistas tradicionales nunca fue necesario crear la palabra “ecología”; incluso el término “ambiente” es raro de encontrar en los lenguajes Budistas clásicos.

Y cuando miramos las culturas Budistas, encontramos que ellas viven en un estado de armonía con la naturaleza que para nosotros es casi envidiable. Podemos preguntarnos entonces qué es lo que hay en esas culturas que les ha permitido vivir de esa manera, sin dejarse arrastrar por la explotación de los recursos naturales en la forma que nosotros lo hacemos.

Nuestra tarea al hablar de Budismo y ecología es la de desentrañar, desde el interior de la tradición Budista, el entendimiento y la comprensión que sustentan las maneras ecológicas de vivir respetando la naturaleza. De todas las tradiciones no-occidentales, el Budismo se ha constituido en una de las formas más filosóficamente complejas, dándonos una gran cantidad de ideas, conceptos, percepciones y tradiciones que podemos examinar para la construcción de una visión ecológica que nos ayude en nuestro presente dilema. Esta visión proviene de una tradición que ha vivido muy natural y espontáneamente de manera ecológica.

Me gustaría considerar algunas imágenes Budistas clásicas e interpretarlas en términos de lo que podrían significar para nosotros hoy. Creo que esto es parte del proceso de avance de las culturas Budistas en su influencia sobre la civilización occidental. En ellas metáforas e imágenes que tuvieron significado en el Este adquieren un nuevo significado y enfrentan las necesidades de nuestra propia sociedad en el momento presente.

La primera imagen es la del fuego. Muchos de ustedes no titubean en asociarla con el antiguo sermón del Buda llamado el Sutra del Fuego. En él, el Buda habla del mundo incendiándose. El dice que el mundo está ardiendo, que los ojos están ardiendo, que los oídos están ardiendo, y continúa citando cada tipo de experiencia y comparándola con la situación de lo que está incendiándose. Aquellos de ustedes que hayan leído “El País del Desperdicio” de T. S. Eliot, se habrán encontrado con la expresión: “Ardiendo, ardiendo, ardiendo…”

Dejando de lado las interpretaciones tradicionales, qué es lo que significa hoy día esta imagen para nosotros? Cuál es el sentido de arder, de ese estar quemándose, para nosotros? Podemos asociarlo con la imagen de los bosques quemándose. La quema literal del entorno que hace la gente de los países pobres del tercer mundo, los ha llevado a la destrucción del bosque como una forma de ganarse la vida, basada en las necesidades de la industria europea y norteamericana, particularmente la industria de la carne, con la necesidad de sembrar forraje para alimentar el ganado.

Otra imagen que puede venir a la mente es la del calentamiento del globo. La tierra está calentándose cada vez más, en el efecto invernadero. Otra imagen todavía sería la del consumismo. Es interesante notar que hablamos del fuego como consumidor de combustible. En otras palabras, el mundo está ardiendo en el sentido de que consume sus propios recursos, lo que hace a una increíble velocidad, convirtiendo así los recursos naturales en desechos tan rápido como le es posible.

Podemos ver al consumismo como fuego destruyendo las fuentes de la vida. De este modo tenemos una vieja metáfora que puede hacer aflorar en nosotros un nuevo significado como respuesta al tipo de dilema ambiental que encaramos hoy. Este dilema no es simplemente una cuestión relativa a unos pocos errores debido al uso excesivo de contaminantes industriales. Yo creo que el dilema ecológico es, primero, y por sobre todo, un dilema espiritual.

La naturaleza de este dilema espiritual está también expuesta en otra metáfora tradicional Budista, la del veneno. En el Budismo hablamos de tres venenos: la ignorancia, la codicia y el odio. Tradicionalmente estos venenos han sido identificados como las fuentes del sufrimiento. Qué se nos viene a la mente cuando reflexionamos sobre esta enseñanza? Podemos pensar en la contaminación, en la literal toxicidad con la que estamos envenenando el ambiente. En ese sentido, los venenos de la mente, de los que habló el Buda, no están sólo restringidos a nuestros problemas psicológicos, o asuntos privados que pudieran afectar a nuestro círculo inmediato de amigos y parientes, sino que estos venenos están siendo vertidos en la actualidad a todo lo ancho del orbe. Son contaminantes para el mundo real en el que vivimos. Si estamos de acuerdo en que ésta es una clara relación causa-efecto, podemos reconocer que el veneno de la codicia dentro de la mente humana es ampliamente responsable por la contaminación y envenenamiento del mundo.

De la misma manera el veneno del odio es responsable por el envenenamiento del mundo, como ocurre con las pruebas nucleares en diferentes partes del planeta, la manufactura y prueba de armamentos, como medios por los cuales podemos satisfacer nuestro odio hacia aquellos que consideramos nuestros enemigos.

De igual forma ocurre con el veneno de la ignorancia, que nos hace desconocer nuestra interrelación con todas las cosas, apegándonos a un ego separado. El mundo pasa a ser una entidad ajena a nosotros con la que no tenemos ninguna conexión esencial.

Este tipo de visión justifica una clase de vida basada en la codicia y el odio. Debido al aumento de la población mundial y al desarrollo tecnológico, somos ahora capaces de proyectar nuestra codicia, nuestro odio y nuestra ignorancia dentro del mundo en proporciones alarmantes. Esto nos conduce a una pregunta crucial acerca del rol del Budismo en el mundo de hoy. Podemos nosotros, como Budistas, dada nuestra filosofía de la vida humana, quedarnos a un lado y mirar como el mundo estalla en llamas, mientras trabajamos solamente por nuestra propia iluminación en cimas montañosas o en cavernas, tolerando tranquilamente la destrucción alrededor nuestro?

No estamos obligados por la percepción interior de nuestra tradición a comprometernos en los acontecimientos ambientales reinantes en nuestro mundo actual? En qué magnitud la práctica Budista es una fuente de responsabilidad con la vida a nuestro alrededor? Cuánto tiempo podemos permanecer como espectadores? Existe actualmente entre los Budistas un movimiento de expansión al que a menudo se le da el título de “Budismo comprometido”. Esta escuela de pensamiento reconoce la necesidad de trabajar no sólo por nuestra propia purificación y cultivo de la compasión, sino para comprometer esos logros en beneficio del mundo que nos rodea. Este compromiso nos trae otra imagen, la de la interconexión de las cosas, o dicho en términos Budistas, “la co-emergencia dependiente”.

Este es un concepto extremadamente medular en la filosofía Budista, la idea de que no estamos solos, que no estamos aislados, que podemos a veces sentirnos así, pero que nuestro verdadero ser, nuestro real sentido de individualidad surge de una red de relaciones que es la causa de nuestra existencia. Nuestra unicidad no es reducible o definible en términos de alguna esencia especial, alguna substancia llamada alma, alguna entidad encerrada en nosotros. Y no estoy hablando aquí de un concepto intelectual sino más bien de una sensación interior que discierne cómo y qué somos. La práctica Budista contrapone a este sentido de egoísmo la percepción de vacuidad y transparencia, pero más fundamentalmente aún la idea de la interconexión y co-emergencia dependiente.

Y si pensamos en ello, también esta imagen es fundamentalmente ecológica. Es el reconocimiento de que toda vida, cada hoja en cada árbol, cada insecto, cada brizna de hierba, cada pájaro, no llega a ser lo que es independientemente de todo lo demás. Cualquier vida depende de todas las otras formas de vida con las cuales coexiste. Como seres humanos, somos dependientes del aire que respiramos, del agua que bebemos, del alimento que comemos.

Alan Watts solía hablar del “ego encapsulado en la piel”, una maravillosa imagen para nuestra forma occidental de pensar. De un modo u otro pensamos que nuestra responsabilidad termina en nuestra piel, que esto soy yo, y que más allá está lo desconocido, amenazante y vasto. La práctica Budista trata de penetrar a través de esa barrera que es nuestro ego encapsulado. Tiene que ver con descubrir existencialmente que somos una parte integrada en una vida mucho mayor.

Una de las imágenes más bellas que encontramos en el Budismo tradicional para expresar esta interconexión o interdependencia, es la de la Red Enjoyada de Indra. La encontramos en el Avatamsaka Sutra. Es una gran red que tiene en cada una de sus intersecciones una esfera que refleja a cada una de las otras esferas de la red. Toda la red está representada dentro de cada esfera; podemos mirar cualquiera de ellas y ver la presencia de todas las demás. Esta imagen es ecológica en el sentido de que nuestra vida es, por así decirlo, una de esas esferas en una de las intersecciones de la Red de Indra.

Si miramos nuestra propia vida, encontramos que somos un reflejo de lo todo lo que existe en el mundo que conocemos. Reflejamos los elementos: tierra, agua, fuego y aire; nuestros pensamientos reflejan el lenguaje que nos ha sido dado por la sociedad; nuestra memoria refleja nuestro pasado tanto biológico como cultural. En el Budismo Tibetano, hay meditaciones destinadas a intensificar nuestra percepción de la dependencia que tenemos con todos los demás.

En nuestra forma de vida moderna, damos demasiadas cosas por garantizadas, como nuestra comida, y eso que cada comida contiene una profunda enseñanza acerca de la interdependencia del total universo. Al comer una naranja, podemos imaginar a la persona que plantó el naranjo, a quienes cultivaron los campos, a los trabajadores, escasamente pagados, que vinieron a la cosecha. Podemos imaginar los lugares de recolección, las bodegas, los supermercados, todos los cuales involucran gran cantidad de gente que a su vez depende de otros numerosos grupos de personas y animales. Esa naranja – que muchas veces devoramos tan inconscientemente – puede darnos una idea de esta cadena de producción dependiente, cadena que constituye la base del sistema que mantiene nuestra existencia.

Nuestro condicionamiento e ignorancia no nos permite ver más allá del ámbito de nuestros propios intereses, y eso nos cierra a todas las otras vidas, las que también son, verdaderamente, nuestra vida. Por esta razón es que la filosofía Budista equipara las nociones de vacuidad e interdependencia.

Este vacío o no-yo no es una negación de la individualidad; es una negación del falso concepto que tenemos de una existencia separada, de un ego encapsulado en la piel. Y cuando logramos ver a través de él, estamos abiertos a la interdependencia de todos los fenómenos. Reconocemos que nuestro ser es un “inter-ser”, un ser interconectado cuya definición no está constituida por límites que lo separen de todas las otras cosas.

Stephen Batchelor.

Traducido y extractado por Silvia Rodríguez de
Maurice Ash.- Essays in Spirituality and Ecology
Associated Publishers Group
USA

Las Corrientes Telúricas

Las Corrientes Telúricas

Influyen nuestro Comportamiento?

Son las tres de la tarde. Invitado en ese castillo de la Beauce, me instalo en un escritorio y comienzo a escribir una carta. Pero pronto el sueño me invade, lucho, varias veces casi he caído de bruces sobre la página. No, no es posible, es una coincidencia. Me sacudo. Lo siento por mi carta, voy a desentumecerme al parque.

En el jardín hay un asombroso frescor, un perfume de musgo y hierbas silvestres cerca del riachuelo que lo bordea; me siento, me recuesto. Y me duermo.

– Y bien, yo no le había mentido !

Abro los ojos. Mi anfitrión me mira divertido, riéndose de mi incredulidad. El me había prevenido. Incluso me había invitado para eso. Venga al castillo – me había dicho – y constatará un fenómeno extraño. Nadie puede realmente trabajar. Todo el mundo experimenta un aletargamiento permanente, todo el mundo se duerme ahí abajo.

No le había creído, y había aceptado su invitación como un desafío. Ahora estoy convencido por la demostración, y soy yo quien pide explicaciones. Es muy simple – me respondió – el castillo está construido en una zona de excepcional actividad magnética terrestre. Y la opinión general es que esta actividad magnética de la Tierra influye sobre el comportamiento de todos los que viven ahí. No me pregunte por qué. Todo lo que sé es que el efecto es inevitable e inmediato. La pregunta se hace desde la antigüedad griega: el magnetismo de la Tierra, influye el comportamiento de los hombres? Es por casualidad qué las antiguas civilizaciones se establecieron sobre zonas de quebradas?

Poco tiempo atrás, tuve la ocasión de interesarme en la cuestión del magnetismo terrestre. Había encontrado varios eminentes geólogos, dos ingenieros del Instituto Geográfico Nacional, un profesor de física de la Facultad de Ciencias, un investigador de la Oficina de Investigación Geológica y Minera y un célebre vulcanólogo, todos especialistas en radiactividad natural.

Todos habían estado más o menos de acuerdo: uno no puede casi imaginar que las fuerzas que recorren la corteza de nuestro planeta tengan un efecto lo suficientemente poderoso como para modificar la vida del hombre que las experimenta. En todo caso, este efecto no es verificable a lo largo de una vida.

Mis investigaciones personales, los numerosos testimonios recogidos después en el lugar mismo, las constataciones, las aproximaciones entre ciertos puntos geográficos, y la historia de aquellos que han vivido ahí – como en este extraño castillo – me han hecho cambiar de opinión y ponerme en contra de la opinión de algunos científicos.

Los geólogos pueden dar una explicación, pero está fuera de discusión el darles la razón en contra de los fenómenos del mundo. Cuando uno no comprende, es que eso no existe. Una vez más tendremos que luchar contra la sobrevivencia del oscurantismo. Científicos sí. cientificistas no.

El castillo de la Beauce no es un caso aislado. Hemos tenido que interesarnos frecuentemente por lugares encantados cuando hacíamos otras averiguaciones.

Por ejemplo, sitios llamados lunares. He ido a ese desfiladero, cerca de Vence, de donde se ha informado de gran cantidad de testimonios acerca de la presencia de Ovnis. Conoce esos páramos bretones donde la radiación de la luna llena tiene proporciones increíbles? Ha visto fotografías de las zonas de neblina que bordean las Bahamas, los dudosos fondos de las Bermudas donde desaparecen aviones y barcos, los fenómenos de mar blanca constatados por los astronautas desde sus satélites?

La lista que comprueba las locuras de la Tierra es impresionante. Cómo negar, así nada más, la existencia de todos esos puntos de contacto entre las profundidades de nuestro planeta y la superficie?

En el momento en el que uno estudia seriamente, por fin, la eventualidad de puertas a otras dimensiones, habría que rehusar el examen de teorías, bastante simples, probables y fáciles de interpretar por nuestra mente nutrida de lógica y racionalismo?

Me ha parecido evidente – a pesar del escepticismo de los investigadores – que las entrañas de la Tierra, que se desplazan, que desvían los continentes, que hacen que entrechoquen masas enormes de la costra provocando frotamientos inmensos, liberando rocas y materiales en fusión, bien pueden ser un un generador de energías aterradoras que deben algunas veces surtir efectos de superficie. Sería increíble, por otra parte, que toda esta gigantesca actividad se anule, se compense y equilibre sin que nadie jamás lo perciba.

Felizmente eso es lo que pasa la mayor parte del tiempo; si las fuerzas contenidas se liberaran, en lugar de anularse, haría bastante tiempo que nosotros ya no existiríamos.

De acuerdo, la fusión nuclear en la naturaleza tiene barreras que la hacen improbable, salvo cuando nosotros, aprendices de brujos, la provocamos. Pero también sucede el accidente: en el desierto de Morave (USA) se han encontrado trazas de rocas vitrificadas, sin duda debido a muy antiguas explosiones nucleares. Más evidente aún, la tierra tiembla muchas veces por año, se abre, se cierra, escupe periódicamente chorros de lava. Entonces, es necesario constatar todas esas evidencias y al mismo tiempo negar las corrientes eléctricas, los campos magnéticos y los flujos telúricos que inevitablemente se originan?

Esas energías que se pasean bajo nuestros pies existen, de eso podemos estar seguros. En cuanto a determinar exactamente su influencia sobre nuestro cuerpo, nuestros genes, nuestra mente, eso es otra cosa. Primero porque nosotros no estamos acostumbrados a sufrir esos fenómenos. Y he aquí que durante milenios nuestra raza se ha adaptado pacientemente a esas molestias, como los animales, a fin de sobrevivir. Sin duda, entonces, nuestras células se han habituado a recibir parte de estos bombardeos de influjos magnéticos y corrientes migratorias.

La segunda razón que hace este estudio difícil es que la vida humana es extraordinariamente resistente a las agresiones exteriores. Sería necesaria una liberación enorme de energía para matar a un hombre. Y después reaccionaríamos todos de la misma manera. Supongamos que todos devenimos mutantes sobre un aspecto en particular, nadie lo notaría y nadie se alarmaría. Y acaso eso no se ha producido muchas veces desde tiempos inmemoriales? Conozco un pueblo bretón donde casi todo el mundo cojea. Hubo un mutante en este muy cerrado pueblo, en el siglo XVII, época en la que era una aldea en la que uno se casaba entre primos.

Sin embargo, esta es una manera de descubrir las modificaciones que esas influencias terrestres producen en nosotros: estudiar el comportamiento de aquellas personas que viven en lugares donde los fenómenos telúricos son muy intensos, y después compararlo con el de quienes viven en regiones más calmas.

Entonces, dónde están las regiones agitadas? Dónde están las butacas del diablo, como se llamaba en la Edad Media a las zonas bajo esta influencia? Nosotros nombramos varias hace un momento. Pero necesitaríamos perímetros suficientemente extensos para comparar allí una raza, o al menos una comunidad entera. Un volcán, un circo lunar, un espacio marítimo, evidentemente no lo permiten.

Quedan las quebradas geológicas. Ellas son una discontinuidad en la naturaleza del suelo. En principio uno no puede decir que esta rotura en la masa terrestre conduzca las energías hasta nosotros. Pero buen número de estas quebradas confirman la profundidad de sus raíces por los temblores que producen. Y ahí uno puede ver la transformación y reacción de toda una población. Las quebradas bajo tensión por una actividad telúrica, productoras de temblores, son conocidas por la tradición mucho antes que por la ciencia. Platón había ya construído un mapa para la cuenca mediterránea. Y él decía que los hombres que la frecuentaban eran más inteligentes que los otros. Esta opinión un poco precipitada se ha esparcido hasta nuestros días. Asociar la inteligencia a la presencia de fenómenos me parece aventurado. Pero es lo que siempre se ha contado, por el particular comportamiento de los etnios del lugar.

Dónde están esas quebradas profundas? Todos conocemos trazos de zonas inestables en Europa. Partiendo de Irán, una quebrada grande, sin duda en coincidencia con las trizaduras de las placas tectónicas, sube por Turquía hasta Yugoslavia, Italia del norte, para perderse a lo largo de la costa D’Azur. Otra que parece marcar la separación de placas de la Meseta Continental y de la Península Ibérica, bordea los Pirineos al norte. Me han asegurado que esas dos fracturas eran independientes. Pero me han dicho igualmente, en el Instituto Geográfico Nacional, que sus huellas se pierden en el Golfo de León. Entonces, son verdaderamente independientes? Será necesario creer que todos los pueblos que viven a lo largo de esta línea intercontinental son diferentes de otros? Quién osaría afirmarlo? Yo no lo haría. Pero los invito a seguir en un atlas el camino de la quebrada, y después a comparar esta ruta con aquélla de otras civilizaciones. Vean la Persia de los Hititas, luego las Islas Volcánicas del Mediterráneo oriental, después la Grecia, el mundo romano, luego Languedoc… El paralelismo es notable. No és ese el camino de los Iniciados, que estaría en su totalidad asentado en la butaca del diablo?

Tendremos la ocasión de interesarnos más precisamente en el destino de esos pueblos. Vemos la isla de Creta y Santorin devastadas por la más grande explosión volcánica que se conoce, hoy importantes lugares arqueológicos de la Grecia antigua; vemos Pompeya, cumbre de la civilización romana, enterrada por el Vesubio; los Cátaros de Languedoc, herederos de la decadencia italiana, cuyos castillos alineados siguen exactamente la quebrada norte pirenaica.

Alix Alvaredi

Traducido y extractado por Inés Bravo V. de
Question de, N 33
Editions Retz,
París

El Vínculo Sagrado con la Tierra

El Vínculo Sagrado con la Tierra

Mientras el suelo era la madre sagrada, el seno de la vida de la naturaleza y de la sociedad, su inviolabilidad fue el principio organizativo de sociedades que el desarrollo ha declarado atrasadas y primitivas. Pero son gente de nuestro tiempo, que no se diferencian de nosotros por pertenecer al pasado, sino por tener un concepto diferente de lo que es sagrado y de lo que hay que conservar.

Esta sacralización es el nexo que une las partes con el todo. La tierra es la fuente de la integridad de las personas y de la naturaleza. Su santidad debe preservarse y deben establecerse limites a la acción humana. La sacralización del suelo actúa como sanción contra la violencia del progreso.

Existe una religión muy local y concreta, pero que parece prevalecer en todo el mundo: una religión basada en considerar a la tierra como una madre sagrada. Esta es la religión que el desarrollo destruye. El sacrificio, en términos del desarraigo físico de la población, es de por sí brutal y grave. Pero peor es la pérdida de la identidad, el ser arrancados no sólo de la tierra sino del propio ser. Las comunidades que extraen su sustento del suelo no lo ven sólo como algo físico dentro del espacio cartesiano. Para ellos el suelo es la fuente de todos los significados. Como dijo un aborigen australiano: Mi tierra es mi espina dorsal. Mi tierra es mi origen. Suelo y sociedad, la tierra y su población están íntimamente conectados. En las culturas tribales y agrarias la identidad cultural y religiosa deriva de la tierra. El suelo no es un mero factor de producción, sino el alma de la sociedad.

El suelo personaliza el hogar espiritual y religioso de la mayoría de las culturas. Es la placenta de la producción de la vida biológica, así como de la vida cultural y espiritual. Representa a todas las fuentes de sustento. Es el hogar en el sentido más profundo de la palabra. El suelo es el espacio cultural y espiritual en el que se constituye la memoria, el mito, la historia y las canciones que componen la vida diaria.

Un viejo hindú decía: El sol, la luna, el aire y los árboles son signos de mi continuidad. La vida social continuará mientras éstos sigan viviendo. Yo nací como parte del suelo. Voy con ellos. El que nos ha creado a todos nos dará comida. Si hay tanta variedad y abundancia en el suelo, no tengo porqué preocuparme por mi continuidad.

La tierra es pues la condición para regenerar la vida de la naturaleza y la vida de la sociedad. De este modo, la renovación de la sociedad pasa por preservar la integridad de la tierra, implica tratar al suelo como algo sagrado.

La desacralización del suelo es consecuencia de los cambios en el significado del espacio. El espacio sagrado, el universo de todo significado y toda vida, la fuente de toda subsistencia, se ve transformado en un mero sitio, en un punto del espacio cartesiano. Cuando un sitio se identifica en un proyecto de desarrollo, se destruye como lugar espiritual y ecológico. Hay una historia que los ancianos de la India Central cuentan a los niños, para recordarles que la vida de la tribu está íntima y profundamente ligada a la vida de la, tierra y del bosque. Es ésta:

El bosque estaba en llamas. Empujadas por el viento, las llamas se acercaron a un bello árbol en el que estaba posado un pájaro. Un viejo que escapaba del fuego vio al pájaro y le dijo: pequeño pájaro, por qué no huyes volando? Has olvidado que tienes alas? Y el pájaro contestó: Hombre viejo, ves sobre mí ese nido vacío? Allí es donde nací. Y en este pequeño nido del que surge este piar estoy criando a mis hijos. Los alimento con el néctar de las flores de este árbol, y yo me alimento de sus frutos maduros, Ves los excrementos caídos en el suelo del bosque? Muchos brotes surgirán de ellos, y así ayudo al crecimiento de la vegetación, como hicieron mis padres antes que yo y como harían mis hijos después de mí. Mi vida está ligada a este árbol. Si muere, seguro que moriré con él. No, no he olvidado mis alas.

El hecho de que la gente no abandonara sus tierras ancestrales, que continuara reproduciendo sus vidas en la naturaleza y la sociedad de forma perenne y duradera, no se consideró una forma de conservar la tierra, de preservar la ética del suelo. Se vio como un síntoma de estancamiento, de estar lisiado, de no poder cambiar. Se consideró necesario crear algo que hiciese cambiar a estos sistemas estables. Se les dio movimiento con proyectos de desarrollo, y la destrucción y el desarraigo que significaban se camuflaron bajo la categoría cartesiana de desplazamiento.

Peter Berger ha descrito el desarrollo actual como la creciente condición del desarraigo. Su creación es a la vez consecuencia de la destrucción ecológica del hogar y de romper los vínculos culturales y espirituales de la población con ese hogar. La palabra ecología deriva de la palabra griega oikos: hogar, La destrucción ecológica es, en su esencia, la destrucción del suelo como hogar espiritual y ecológico.

Sustituir la categoría sagrada del espacio por una categoría cartesiana es posible para los tecnócratas y las agencias de desarrollo. Es un proceso irreversible de genocidio y ecocidio que se camuflan bajo términos como desplazamiento y reasentamiento.

Para quienes consideran sagrado el suelo, el reasentamiento es inconcebible. Un anciano de la tribu Krenak habló sobre la imposibilidad de reasentarse, en una audición pública de la Comisión Mundial de Desarrollo Ambiental: Cuando el gobierno tomó nuestra tierra en el valle del río Doce, quiso darnos otro sitio en otro lugar. Pero el Estado, el gobierno, no entenderá nunca que no tenemos ningún otro sitio adónde ir. El único sitio posible para la gente Krenak donde vivir y establecer nuestra existencia, donde hablar a nuestros dioses, hablar a la naturaleza y llevar nuestra vida es donde Dios nos creó. Es inútil que el gobierno nos ponga en un lugar maravilloso, en un buen sitio con mucha caza y pesca. Seguiremos muriendo, y morimos insistiendo que sólo hay un sitio en el que podamos vivir.

Este acercamiento a la naturaleza que considera el suelo como algo materno y los seres humanos como frutos de ella y no como propietarios, ha sido y es universal, a pesar de que se ha sacrificado en todas partes como si representase una visión local y sin interés.

En su lugar se ha introducido la estrecha visión cultural de los blancos europeos, universalizada a través del colonialismo y del desarrollo, que ven el suelo como una propiedad a conquistar y a poseer.

El colonialismo transformó la tierra y el suelo. Eran la cuna natural de la vida y una fuente de sustento para sus habitantes; los convirtió en una propiedad privada para ser comprada, vendida y conquistada. El desarrollo continuó lo que el colonialismo no pudo terminar. Transformó a los seres humanos de invitados en depredadores. En un lugar sagrado sólo se puede ser invitado, no se puede poseer. Esta actitud hacia el suelo y la tierra como hogar sagrado, no como propiedad privada, es característica de la mayoría de las sociedades del Tercer Mundo. La carta del jefe siux Seattle se ha convertido en un testamento ecológico: La tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Todas las cosas están conectadas, como la sangre que une a una familia. Lo que le ocurre a la tierra le ocurre a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la telaraña de la vida, es sólo un hilo. Cualquier cosa que haga a la telaraña se la hace a sí mismo.

En la visión del mundo del Africa indígena el mundo en su totalidad está hecho de un solo tejido. El hombre no puede dominarlo en virtud de su espíritu. Es más, este mundo es sagrado y el hombre debe ser prudente con el uso que hace de él. El hombre debe actuar en este mundo como invitado, y no como un propietario explotador.

En las comunidades indígenas los individuos no tienen propiedad privada. Toda la tribu es responsable de la tierra que ocupa. Y la comunidad o tribu no incluye sólo a los miembros vivos, sino también a los ancestros y a las generaciones futuras. El suelo no es un concepto territorial, no define un espacio cartográfico sobre un mapa.

La ironía de la desacralización del espacio y el desarraigo de las comunidades es que las categorías seculares del espacio usadas por el desarrollo transforman a los habitantes originales en extraños en su propio hogar, mientras que los extranjeros toman ese hogar como propiedad privada. Se lleva a cabo una redefinición política de la gente y la sociedad mediante cambios en el significado del espacio. Se crean nuevas fuentes de poder y control sobre la naturaleza y la sociedad. El poder y el significado pasan de estar enraizados en el suelo a estar ligados al Estado y al capital global. Estos conceptos unidimensionales y homogeneizantes del poder crean nuevas dualidades y nuevas exclusiones. Trágicamente, los más excluídos dentro del nuevo orden de poder son los habitantes originales, y los más incluídos los extranjeros distantes que controlan el capital.

La santidad del suelo era una condición esencial para la renovación de la sociedad. De la madre tierra nace la sociedad. Las condiciones de renovación pasan por el mantenimiento del ritmo y los ciclos de reproducción de la vida. Perdurar, permanecer, continuar, mantenerse: para todo ello la integración en un todo orgánico resulta una condición esencial. El todo perdura, las partes degeneran y desaparecen. El concepto sagrado del espacio y del orden se refleja en el concepto sagrado del tiempo. El tiempo sagrado tuvo que ser sustituido por el tiempo mecánico que comprimía todas las historias en una sola, la del hombre blanco industrial. Para Bacon, llamado el padre de la ciencia moderna, la naturaleza ya no era la Madre Naturaleza, sino una naturaleza femenina conquistada por una ciencia masculina y agresiva.

El tiempo masculino crea un futuro masculino para todos. Paradójicamente, una visión universal sólo basada en el concepto del futuro es la que amenaza el futuro. La voracidad ecológica de la cultura que lanza el mito del progreso amenaza con poner fin a la historia, cerrar el futuro. La cultura depredadora que se autodenomina futurista vive a costa del futuro, coloniza el futuro.

El dominio de un concepto lineal del tiempo, combinado con la hegemonía cultural, sólo puede crear un orden violento en el que el pasado de otros y sus alternativas de futuro se destruyen, y el sueño del futuro de todos se convierte en el presente o el pasado del hombre industrial. Otros senderos, otros caminos, otras historias no se perciben, y al no ser percibidos son borrados . Veo claramente la profundidad con que el pensamiento lineal se ha asentado en nuestras mentes cada vez que discusiones sobre otras realidades contemporáneas, libres de la forma de actuar occidental y patriarcal, hacen surgir la pregunta: Es que quieres hacernos volver al pasado? o Quieres hacernos volver a la Edad de Piedra?. Y cada vez me sorprende el esquema mental que permite que el presente y el futuro de culturas no occidentales se conviertan inmediatamente en el pasado de la historia del hombre blanco. Por definición, el tiempo masculino excluye las otras alternativas. Aparta a otras culturas de sus fundamentos históricos y los sustituye con la promesa vacía de un futuro hecho a imagen y semejanza del occidente patriarcal.

El desarrollo ha interrumpido el proceso cíclico y lo ha sustituido por una carrera lineal hacia el futuro, el siglo XXI. Es, de hecho, inevitable que habrá un siglo XXI. Pero no es esta inevitabilidad la que se invoca con la imagen del próximo siglo, sino la imagen del occidente contemporáneo. La historia se ve reducida a la imitación de la cultura más desalmada, y esta imitación se define como modernización y progreso. A través del nacimiento del tiempo masculino, el desarrollo ha convertido a una subcultura (producto de los tecnócratas blancos) en un ideal al que se debe llegar aunque ello suponga la propia destrucción. El tiempo, robado a la historia, se ha convertido en el instrumento para destruir la historia. La obsolescencia, la creación deliberada de lo desechable, del usar-y-tirar, se ha convertido en la fuerza del cambio, y también en la fuerza que destruye la permanencia y la durabilidad. Un movimiento cada vez más rápido en el tiempo lineal se ha convertido en el fin hacia el que se dirigen todos los esfuerzos humanos. Es como si las sociedades hubiesen sido arrancadas del suelo y lanzadas al tiempo vacío. Los ciclos de renovación de la naturaleza y de la sociedad están siendo destruídos porque marcan límites. Imponer el tiempo masculino sobre los ciclos naturales se ha convertido en la esencia del progreso, y en la causa básica del desastre ecológico y social.