El Karma en las Relaciones Interpersonales

El Karma en las Relaciones Interpersonales

Qué es una relación? Qué experimentan los individuos en una relación? Qué hace que las relaciones empiecen o terminen? Se trata de preguntas que se hace la gente a medida que buscan mejores formas de hallar la integración con los demás. Algunas implicaciones son kármicas, otras no lo son. A veces observamos relaciones en las que la carga de la responsabilidad parece recaer sobre una sola persona. En otros casos observamos un aire de misterio en la forma en que las personas reaccionan entre sí dentro de una relación un misterio difícil de comprender.

La naturaleza de una relación puede abarcar numerosos niveles, algunos conscientes y otros subliminales. Las motivaciones ocultas y las lecciones kármicas se esconden a menudo justo por debajo del límite de la consciencia. Como consecuencia de ello, los dos miembros de la pareja se pasan mucho tiempo haciendo un gran esfuerzo por suavizar esos puntos ásperos que no siempre son tan evidentes. Cada individuo posee una personalidad con numerosas facetas que se mezclan con las del otro y que, en último término, son las que definen la relación total.

La gente se entiende fácilmente entre sí en algunos aspectos, mientras que experimentan grandes dificultades en otros. A veces las zonas difíciles pueden ser pasadas por alto y aun superadas si la calidad intrínseca de la relación total es gratificante.

Podemos arreglárnoslas con lo que sabemos, pero no hay forma de comprender lo que no sabemos. El que una relación funcione o no con suavidad no es tan importante como la comprensión de las energías constructivas de que se dispone. Los aspectos astrológicos simbolizan el flujo y reflujo de las corrientes que se mueven entre los individuos. Podemos ver como el río de la comprensión se abre camino hacia la iluminación, y podemos ver los escondrijos, las grietas y los recovecos oscuros que debemos investigar para obtener lo máximo de nuestras relaciones.

Es importante aceptar el hecho de que no todas las relaciones funcionan. Sin embargo, todas ellas existen por alguna razón, y cuando comprendemos mejor porque existe una relación, tanto mejor podemos comprendernos a nosotros mismos. Algunas relaciones parecen ser kármicas por naturaleza, otras, en cambio, son más bien físicas o emocionales. A medida que estudiamos los diversos aspectos existentes entre las cartas de dos personas, el avance y el retroceso de la marea del amor revelan hasta que punto nuestras ataduras emocionales son en realidad espejos de nuestra consciencia en formación.

Todas las relaciones contienen oportunidades para el crecimiento personal. Ellas nos aportan obstáculos y recompensas, nos hacen descender a lo más hondo y ascender a la cumbre, nos permiten la experiencia participativa personal que nos muestra qué hacemos realmente con nuestra filosofía de la vida cuando tenemos que poner en práctica lo que pensamos. Cuando el karma está implicado tendemos a experimentar una falta de control sobre las circunstancias y acontecimientos que suceden, así como sobre la forma de reaccionar ante tales acontecimientos. En esos casos, la persona puede verse a sí misma que está actuando fuera de control cuando experimenta y corrige ciertas cualidades de la vida pasada relacionadas con una personalidad con la que ya no está conscientemente familiarizado. Kármicamente. esas cualidades tienen que evolucionar si es que el individuo quiere crecer y estar más en contacto con su vida actual. La relación kármica adopta más el tono de cada individuo, quitando el velo de las ilusiones del otro.

A través de ese proceso se alcanza una nueva consciencia y, a medida que se alivia la carga del peso kármico, se puede experimentar una sensación de ligereza y libertad. Resulta interesante observar que el modelo kármico sólo puede ser comprendido con claridad después de haber aprendido una lección. Un individuo puede esforzarse por mantener una relación difícil durante meses o años, sin llegar a darse cuenta del sentido de su esfuerzo. La carga kármica sólo se disuelve después de que la dificultad haya salido a la luz y haya sido resuelta. La recompensa de esa dura tarea es la comprensión, que llega cuando cobramos consciencia del vínculo interconectado existente entre los residuos de la vida pasada y el ahora.

El karma tiende a expresarse por medio de una serie de experiencias similares que se manifiestan a lo largo de un período de años. Cuando iniciamos una relación, a menudo lo hacemos porque inconscientemente vemos en el otro individuo algo que puede ayudarnos a resolver un problema kármico. En otras palabras. atraemos a quien necesitamos en un momento dado de nuestra vida, cuando estamos preparados para comprender. Así, el antiguo proverbio que dice: Cuando el alumno está preparado, el maestro aparece es verdaderamente el tono característico del por qué y cómo se producen las relaciones kármicas.

Una flor florece cuando está pronta para hacerlo. Los pétalos se abren en la estación adecuada, revelando el gran misterio del florecimiento. El milagro del nacimiento de todo ser tiene lugar después de meses de preparación. De modo similar, las revelaciones que surgen de la comprensión kármica también tienen un período de gestación. Habitualmente, no estamos preparados para resolver lecciones kármicas; solemos encontrarnos en la fase de acumular información. A veces este proceso de información nos hace pasar por años en los que experimentamos un compromiso tras otro ya que estas relaciones de crecimiento personal, temporales o intermedias, nos proporcionan la comprensión básica que allana el camino para la futura resolución de modelos kármicos. Al igual que sucede con el embrión en la matriz, estas relaciones cortas representan el fundamento sobre el cual se construyen los peldaños de la escalera de la evolución por la que subimos en busca de una vida mejor.

A diferencia de la relación kármica, las lecciones que podemos aprender no aparecen en orden secuencial, pero representan partes de un rompecabezas cuya forma no está definida aún. A menudo, cuando se soluciona una dificultad u obstáculo aparece otro. Se puede aprender una lección y entonces descubrimos que eso apenas ayuda a mejorar la relación total. Esta clase de experiencia se produce cuando no podemos relacionarnos con otro porque todavía no nos hemos enfrentado con la verdad de nosotros mismos. La resolución de estos problemas de relación mediante el dominio de los obstáculos nos ayuda a prepararnos para aceptar las comprensiones kármicas que aparecerán después.

Todas las relaciones contienen un potencial para el crecimiento espiritual. Esté o no involucrado el karma, en medio de miriadas de roles sutiles y de intercambios de identidad, toda persona tiene siempre la oportunidad de experimentar una relación espiritual. La corriente de la vida puede dar muchas vueltas, pero siempre está fluyendo. En algunos lugares, el agua es profunda, en otros, superficial. A veces el agua está turbia, pero otras veces su claridad es como la profundidad del alma pura. Mientras nutre el suelo. el agua no piensa en lo que puede ganar o perder, simplemente está ahí.

Si podemos aprender a ayudarnos unos a otros, en lugar de aferrarnos a nosotros mismos, incluso los aspectos más difíciles simbolizados en un horóscopo se convierten en parte del constante fluir de la corriente de la vida. Podemos aprovechar el karma, en lugar de dejarnos hundir por él. Las cargas, responsabilidades y obstáculos con que nos enfrentamos pueden, en último término, convertirse en el apoyo capaz de fortalecer un carácter en crecimiento permanente. A medida que el río de la vida cambia de dirección, también lo hace el karma; nunca lucha contra la corriente, sino que siempre fluye con ella hacia su destino final.

Los aspectos formados entre dos cartas natales muestran la forma en que las personas aprenden unas de otras, a medida que una ayuda a la otra a comprender sus lecciones kármicas. En el proceso de la vida pasamos por una interminable experiencia de aprendizaje. Cada vez que nuestro inconsciente está elaborando algo, atrae a nuestras vidas a las personas que tienen en sí mismas los fragmentos de las respuestas que andamos buscando.

Cuando se forma una verdadera relación, las lecciones a aprender son mayores y requieren un período de tiempo más largo y un contacto más íntimo. Habitualmente hay muchas lecciones que aprender y a muchos niveles. La dualidad de la mente se armoniza por medio de la controversia. Los sentimientos entremezclados se confrontan y, como resultado de ello, cada individuo crece más en contacto consigo mismo. Salen a la luz cuestiones de importancia espiritual, opiniones sobre el lugar que uno ocupa en el mundo y las batallas que se libran en el ego. La sexualidad se comprende en niveles más profundos. La totalidad de uno mismo se pone a prueba en el sentido de cuánto puede expandirse y crecer manteniendo al mismo tiempo un mínimo de armonía consigo mismo y con el universo en el que se buscan los puntos de referencia.

Debemos comprender que la evolución se produce por medio de la fricción. Las críticas, los altercados, las diferencias de opiniones e ideas son los catalizadores. La esencia de la armonía no significa que hayamos alcanzado el feliz ideal de imaginarnos existir en una relación perfecta. La felicidad no es igual que el crecimiento. Surge en momentos determinados, como resultado del esfuerzo. La armonía puede existir con la fricción necesaria para el desarrollo, pues las personas pueden no estar de acuerdo, pueden criticarse mutuamente y seguir experimentando un flujo general armonioso en niveles mayores que invaliden las correcciones momentáneas.

El conflicto es a menudo la fuente de la iluminación, aunque la existencia de demasiado conflicto puede violentar la armonía. Cuando vemos las formas en que las posiciones planetarias de una carta astral afectan las posiciones de la otra carta astral, debemos encontrar la fina línea que divide la fricción y las diferencias necesarias para el crecimiento, así como la clase de conflicto que, en último término, puede destruir una relación incompatible.

Es importante darnos cuenta de que la configuración biológica, psicológica y sociológica de la mujer es distinta a la del hombre. Los aspectos astrológicos pueden tener un significado para un sexo y uno completamente distinto para el otro. El astrólogo nunca toma una decisión final sobre si una relación puede funcionar o no. Eso siempre depende de la elección de los individuos. Es mucho más importante señalar las formas en que una relación determinada contribuirá al despliegue armonioso de cada persona, así como las formas en que puede ser destructiva. La síntesis mostrará una fuerte inclinación en una u otra dirección.

Sin embargo, la cuestión de si se debe o no continuar una relación no se puede contestar sin preguntarse: Qué papel juega esta relación en el plano transpersonal ? Ayuda al individuo a seguir su camino? A veces debemos experimentar relaciones aparentemente incompatibles porque debemos aprender algo importante. En los niveles profundos puede haber compatibilidad porque necesitamos crecer dentro de la unicidad, en armonía con la intención universal. Una vez comprendido esto, veremos que lo que parece ser un aspecto perjudicial puede ser interpretado como el herbicida sin el cual no podría crecer el jardín del amor. El concepto estereotipado de malos aspectos no proviene del sentido de bienestar propio. En lugar de eso, simboliza los desafíos y pruebas por que tenemos que pasar para crecer en armonía con nosotros mismos y con nuestro propósito transpersonal cuando pasamos por la experiencia.

Amor: el ideal compatible

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Uno de los mayores misterios de la vida es la experiencia de amar a otra persona. Desde siempre, se ha tratado de definir y comprender las profundidades de la simplicidad del amor. Conocemos el amor íntimo de una persona por otra,. Experimentamos un amor por la naturaleza. Nos encariñamos con las cosas materiales. Sentimos amor por la familia y los hijos. Nos hemos visto envueltos en el amor por Dios y la vida misma. Todas estas son distintas formas de amor y, sin embargo, todas ellas son lo mismo de un modo sutil e intangible. Un hilo de continuidad une todas las formas de amor, de modo que la diferencia se basa más en el objeto amado y en la calidad del amor mismo que en la esencia básica, Sabemos que cuando una persona siente amor por otra es capaz de sentir amor por otras cosas en el universo, ya que el centro del amor (el Anahata) se halla abierto. Cuando un individuo siente un gran amor por la vida, es capaz de amar todas las cosas Pues amar algo es el fundamento para amarlo todo !

El Cuerpo Físico

El Cuerpo Físico

Algo más que Memoria Emotiva

La astrología considera al cuerpo físico y sus eventuales estados de salud/enfermedad desde diversos ángulos. Por una parte, el cuerpo físico para la astrología es, en cuanto disposición energética, asimilable al elemento Tierra, la sustancia misma de la percepción a través de los sentidos corporales, siendo el nivel más tangible y objetivo de nuestro ser. Por otra parte, cada división del zodíaco, o signo zodiacal, gobierna una zona u órgano físico, y también la actividad de algunas Casas astrológicas o divisiones horarias del zodíaco se relacionan con el cuerpo físico. Y por último, cada planeta del sistema astrológico rige una función orgánica o un conjunto de ellas.

Normalmente se considera a los signos y planetas astrológicos desde el punto de vista de las características y tendencias anímicas, psicológicas, y a las aptitudes en cuanto a habilidades motrices, intelectuales y emocionales. Cuando se piensa en una persona como un todo, inevitablemente se llegará a establecer la correspondencia entre las características intangibles en cuanto a aptitudes o disposición en ciertas áreas, y el comportamiento orgánico y/o las características físicas de esa misma persona. El antiguo adagio La materia es el grado inferior del espíritu, y éste es el grado superior de la materia (El Toque Sanador, Alcione, Diciembre de 2007) encuentra completa correspondencia en la relación de la carta natal de un individuo con respecto a sus características tanto anímicas como físicas.

Pongamos un ejemplo simple, como una persona de Signo Natal Sagitario, regido por Júpiter, y por lo tanto, con una inclinación innata a ir a lo lejano, a abarcar cada vez más en forma permanente, ya sea en cuanto a conocimientos, viajes, experiencias, personas, o todos ellos a la vez. El signo de Sagitario rige a su vez, dentro del cuerpo, los muslos, los que normalmente son bastante desarrollados en este nativo, fuertes o al menos muy activos, pudiendo ser en ocasiones incluso un poco anchos de caderas y prominentes de glúteos, tal como si la naturaleza los dotara de las cualidades físicas para cumplir con esa tendencia a recorrer a grandes trancos los vastos mundos que aspiran conocer. Se puede comprender entonces que una patología que afecte a los muslos de un nativo de Sagitario, dificultándole o incluso impidiéndole los desplazamientos, tiene una connotación simbólica mucho más amplia, dentro de su vida, que lo que la tendría para una persona sin elementos importantes en este signo solar.

Para el nativo de Sagitario una afección invalidante en sus muslos afecta directamente la misión que como ser total tiene en su vida, acarreando consecuencias a todos los demás niveles. Es decir, la connotación simbólica es mucho más amplia que para otros nativos, aunque no se deba deducir de este ejemplo una consecuencia negativa, pues todo depende del contexto personal y las otras características y relaciones dentro de su carta. Bien podría ser una señal de su ser profundo para que desarrolle más la amplitud mental y no tanto la física o geográfica, por ejemplo.

Pero cuando hablamos de un nativo de, estamos hablando del signo natal, es decir, de la posición del Sol dentro de la carta, un núcleo central de integración y consciencia de una persona. Siguiendo con el mismo ejemplo, el nativo de Sagitario sabe que le gusta conocer, viajar, explorar, etc. Pero esta consciencia es una conquista relativamente tardía en nuestro desarrollo como individuos. Mucho antes aparece el impulso energético básico conocido como Signo Ascendente, determinado por la hora del nacimiento, y la reacción lunar a nuestra llegada al mundo, eventos que ocurren desde que asomamos a la vida.

Desde el nacimiento, nuestro cuerpo físico es la experiencia más temprana, directa e inmediata de nosotros mismos, de nuestra existencia, de nuestra inobjetable realidad. En él se expresa no sólo la evidencia irrefutable de nosotros mismos como seres existiendo, sino también un sinnúmero de características anímicas, impulsos y tendencias, antecedentes raciales, el tiempo transcurrido y todo el conjunto de particularidades que nos constituyen tanto en un momento particular como en una época determinada.

En términos de tendencia energética, el cuerpo se muestra en el Signo Ascendente, que es la primera Casa astrológica o Casa del yo en cuanto recién nacido, en cuanto producto de ese cruce extraordinario entre la mera posibilidad y el instante en el que aparecemos como un cuerpo físicamente independiente de la madre que nos concibió. Si esa primera Casa cae en un signo de tierra, nuestra tendencia energética será predominantemente perceptiva; si cae en un signo de agua, la tendencia energética será reservada y emotiva, y así sucesivamente. La Casa I, por analogía con el primer signo zodiacal de Aries, representa al recién nacido del zodíaco, el primer impulso por existir que se expresa en ese cuerpo que en medio de adultos y gemidos, representa el primer acto, casi totalmente pasivo (e incluso resistido), de individualidad. En este momento no tenemos más lenguaje que el cuerpo, y apenas aparecemos ante los espectadores como poco más que un conjunto de imperiosas necesidades fisiológicas.

De modo análogo, la recepción del mundo ante nuestra llegada se inscribe en ese mismo cuerpo, ya que no contamos con más elementos de registro. Quien registra, en la carta natal, es la Luna, nuestra mater, nuestra materia más básica. Desde las contracciones del parto, el apremio hormonal, muscular y anímico por darnos a luz hasta los primeros cuidados, la luminosidad, los ruidos y la temperatura del ambiente que nos recibe, y todo el entorno de las primeras semanas y meses de vida, quedan inscritos en la pequeña estructura de un modo que podríamos resumir en ambiente amigable o ambiente hostil. Eso determina en alto grado el estado de relajación del recipiente que nos porta o sus eventuales zonas contraídas o a la defensiva, que de no mediar eventos que los contrarresten, quedarán inscritos reproduciéndose constantemente ante cualquier evento que aunque sea lejanamente parezca similar al de nuestras primeras semanas de vida. Los especialistas han establecido que todas las tendencias psicológicas están ya configuradas antes de los dos años de vida, siendo su punto de partida, la vida intrauterina y el evento natal.

El recién nacido no elucubra ni especula ni racionaliza ni menos comprende las explicaciones, constituido como está tal como una unidad compacta sólo capaz de diferenciar entre amigable y hostil. Sin embargo, no estamos hablando de un cuerpo sólo físico, sino de una falta de diferenciación inicial que origina sólo dos tipos de interpretación a los estímulos diversos de la realidad que lo rodea: placer o displacer. Es un ser humano completo pero aún inmaduro y poco diferenciado, en el que predomina el centro instintivo como mecanismo de reacción e intercambio con el entorno. Los centros emocional e intelectual son aún embrionarios. Hay emotividad, pero ésta se encuentra asociada a la supervivencia, y por lo tanto se trata de una emotividad instintiva. Podría discutirse si el afecto constituye, en esta etapa inicial, una necesidad fisiológica, pero, como sea que se argumente a favor o en contra, el afecto del ambiente proporciona seguridad y tranquilidad a esa criatura aún tan vulnerable, dándole un nicho propicio a su madurez y desarrollo armónicos.

ElCuerpoFisico02Por el contrario, un entorno adverso, poblado de agresividad, carente de cuidados, o en soledad, condicionará una actitud defensiva del niño, que se expresará en focos de contracción en algunas partes de su cuerpo. Porque, repetimos, el recién nacido es predominantemente instintivo, y por tanto muy sensible a todo aquello que amenace su supervivencia, sin diferenciación entre lo que amenaza su vida física o psicológica. Esta interacción entre el entorno del primer período sobre una vida humana que recién comienza determina en forma fundamental aquello que llamamos la psiquis del individuo, condicionando todas sus reacciones en el futuro.

Cuando decimos reacciones nos referimos a las respuestas automáticas, y por lo tanto inconscientes. Todas estas respuestas se forman antes de que el individuo tenga lenguaje, y se constituyen en verdaderos mecanismos autónomos inscritos en el cuerpo: los engramas. De tal modo, cada vez que sucede algo que remotamente se asocia a la sensación de placer o de amenaza que se experimentó en la primera infancia, surgirá automáticamente una respuesta similar de placer o displacer, lo que, en el individuo adulto reflexivo, puede resultar sorpresivo o asombroso, y hacerle sentir que no se reconoce, al notar que la reacción es desproporcionada al estímulo o que verdaderamente no se ajusta al momento presente. Un engrama es un núcleo de memoria asociativa en el cuerpo vital que funciona automáticamente generando respuestas estereotipadas cada vez que se roza. Estas respuestas, repetidas a lo largo de los años, configuran las actitudes, formas fijas de enfrentar situaciones diversas.

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En la astrología, estos son los conceptos contenidos en la Luna astrológica (ver La Luna en la Astrología, en la sección Astrología de la Revista Alcione). Todos tenemos una Luna astrológica, una forma de reaccionar automática, lo que lleva a la siguiente interrogante: Porque tiendo a reaccionar así es que tengo esa Luna (en Acuario, en Tauro, etc.) o reacciono así porque tengo esa Luna? Aquí podría discutirse ampliamente el punto, pero desde luego que la respuesta será diferente, o más o menos convincente, para aquellos que consideren la continuidad de la vida, encarnación tras encarnación, respecto de quienes rechazan esta idea. Porque para aquellos que suscriben la vida como continua a lo largo de múltiples encarnaciones, la Luna astrológica es también el pasado, es decir, una forma de reaccionar que traemos y que atraerá cierto tipo de experiencias de modo de actualizarlas para si tenemos éxito – trascenderlas. Para quienes la muerte es el fin de una única posibilidad, la Luna astrológica es también el pasado pero reducido sólo a la encarnación presente, al ser la primera impronta natal.

En la visión evolutiva, lo lunar es lo que debe ser trascendido en cuanto reacción inconsciente para hacer crecer el polo consciente en la manifestación. Todo aquello oculto, mecánico, automático, inconsciente, es lo que se debe observar, conocer, integrar y hacer consciente para incremento del polo solar. La reacción automática es contraria a la consciencia, a la libertad, a la capacidad de escoger, al libre albedrío. Y evidentemente, es contraria también al tiempo presente, al momento real que estamos viviendo, que no es idéntico a lo que ocurrió cuando éramos incapaces de comprender y asimilar una situación y por lo tanto sólo pudimos reaccionar con una contracción. La reacción automática, tal como la Luna inicial, es el pasado, la inercia, el no estar ahí para evaluar objetivamente la situación presente. Y eso es propio de lo instintivo, no de lo consciente. Es la única posibilidad para el recién nacido, pero puede y debe quedar atrás en el adulto que busca progresar en su crecimiento y alcanzar una madurez psicológica.

En suma, la Luna astrológica muestra la forma de reaccionar, la que, como toda reacción se basa en un instinto o en un aprendizaje previo, determinando así las emociones de las que somos presa. Por tanto, las emociones, como manifestación de los engramas, son inconscientes, corresponden a un pasado que ya no está, y reflejan una contracción que produce distancia con el presente, o con el otro; por su misma naturaleza, son repetitivas, persistiendo en el tiempo cada vez que se presente un estímulo similar, determinando actitudes. Es decir, son el polo emotivo opuesto de los sentimientos, que son conscientes, diversos y acordes a la realidad presente.

Así pues, podemos hacer la analogía de lo lunar en la carta natal con el sistema nervioso autónomo en la fisiología humana, el que también funciona por debajo del nivel de nuestra consciencia determinando respuestas automáticas de huida, sudoración, motilidad intestinal, cambios en el ritmo respiratorio y cardíaco, acidez gástrica, variaciones en la temperatura corporal, etc., etc. Una parte voluntaria de nosotros quiere hacer algo, saludar a una persona conocida que ve desde la acera de enfrente, emitir una opinión en público, expresar un sentimiento, pero el cuerpo se resiste, le burbujea el estómago, le da taquicardia, tartamudea, no puede, o lo logra con mucha dificultad. Es decir, un sistema fisiológico que funciona en forma paralela e independiente de nuestra decisión, voluntad o deseos, dificultándonos o incluso impidiendo que logremos nuestros objetivos.

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Los Centauros.- Hernán Baeza.

Editorial

Introducción al Budismo Zen.- Rebeca Bordeu.

La Vida como Gimnasia.- A. R. Orage.

Padre Bede Griffiths.- Tatiana Reyes.

La Energía de los Esclavos.- Dominique Dussaussoy.

El Fin de los Tiempos.- Luciano Gerardin.

Teoría del Desarrollo Psicoevolutivo del Niño.- Pablo Ulloa V.

El Buscador.- J. G. Bennett.

La Historia del Hombre que Vendió su Alma.- Oscar Wilde.

La Religión Hindú.- Arthur Avalon.

Curso de Crecimiento Personal.- Fernanda Andrade.

Al Final del Camino.- Liuba Borkosky.

La Vía del Corazón.- Lilian Silburn.

Percibiendo al Mundo como Uno Mismo.- Ames B. Colt.

El Cuerpo en la Meditación.- William Johnston, S. J.

Vida y Consciencia.- Saelas Jarrel.

La Doma del Caballo.- Gustav Meyrink.

La Consciencia como Acto Puro.- André Moreau.

Qué es la Meditación?.- Venerable Aryadeva.

Hablemos de Libros…

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Las Muletas.- Historia Sufi.

Editorial.

Estamos Despiertos?- A. R. Orage.

La Acupuntura.- Patricia Zárraga.

El Hombre y sus Necesidades Fundamentales.- André Rochais.

Gurdjieff – Su Vida – Su Enseñanza.- Tatiana Reyes.

Llegar a ser un Mejor Compañero para Sí Mismo.- Jacques Salomé.

El Vacío en el Arte Islámico.- Titus Buckhardt.

La Meditación.- Alice A. Bailey.

El Intérprete frente a la Obra.- Brigitte Engerer.

El Compromiso Espiritual.- Gérard Méchoulam.

Curso de Crecimiento Personal.- Fernanda Andrade.

Dios y la Ciencia.- Enrique Araos.

La Esfinge en la Astrología.- María Maya.

Ecología de la Mente.- Jacob Perl.

Las Corrientes Telúricas Influyen nuestro Comportamiento? Alix Alvaredi.

Qué es ser un Buscador de la Verdad?.- Emmanuel Klinger.

La Parapsicología.- Robert Amadou.

La Observación de Sí.- Gérard Tiry.

Del Mito a la Realidad.- Evelyn de Smedt.

Hablemos de Libros…

Autoestima: Actuar lo cambia todo

Autoestima: Actuar lo cambia todo

Actuar para apreciarse

Al actuar a veces nos equivocamos. Al no hacer nada nos equivocamos siempre.
Romain Rolland


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El sufrimiento psicológico a veces adopta formas extrañas. Una o dos veces al año recibo en mi consulta a grandes niños de 30 o 40 años, con una autoestima aparentemente muy alta, a menudo superdotados, como atestigua su coeficiente de inteligencia. Acostumbran a formar parte de asociaciones de personas muy inteligentes. Sin embargo, su vida es un fracaso. Nunca se lanzaron a la aventura, ni abandonaron el mullido nido familiar. Jamás rozaron la acción. Su elevada autoestima sólo es virtual: poseen grandes posibilidades que no utilizan. Han acumulado conocimientos a través de la lectura, el rastreo de información en Internet y, a veces, siguiendo estudios que no desembocan en el ejercicio de ningún oficio. Su autoestima subraya esa evidencia: apreciarse sólo tiene sentido si sirve para vivir. Y vivir es actuar, no sólo pensar

La acción es el oxígeno de la autoestima
La autoestima y la acción mantienen vínculos estrechos en tres dimensiones principales:

La verdadera autoestima se revela sólo en la acción y la confrontación con la realidad: sólo puede crearse a través del encuentro con el fracaso y el éxito, la aprobación y el rechazo Si no, es el no sabe-no contesta, como dicen los especialistas en sondeos de opinión: no sólo somos lo que proclamamos o imaginamos ser; no siempre hacemos lo que decimos que vamos a hacer. La verdad de la autoestima también se sitúa en el terreno de la vida cotidiana, y no sólo en las alturas del espíritu.

La autoestima facilita la acción: uno de los síntomas de las autoestimas frágiles consiste en la complicada relación con la acción. Las personas con baja autoestima la temen y rechazan (es la procrastinación), porque temen mostrarse débiles y traicionar sus límites. O bien se la busca como medio para obtener la admiración y el reconocimiento, pero sólo se la concibe como acción triunfante, successful, como dicen los estadounidenses.

Por último, la acción alienta, modela y construye la autoestima. Junto a las relaciones sociales, es uno de sus dos grandes alimentos. Y todo lo demás no es sino autosugestión, para bien y para mal.

Una necesidad fundamental: el sentimiento de eficacia personal
Todo ser humano tiene necesidad de sentir y observar que sus actos ejercen una influencia en su ambiente o en sí mismo. Es una necesidad tan importante para nuestro psiquismo que, aún al margen de problemas psicológicos, es objeto de ilusiones positivas y pequeños comportamientos sorprendentes: Por ejemplo, cuando tenemos que sacar un cinco o un seis en una partida de dados, inconscientemente tendemos a arrojar el dado con más fuerza; y a lanzarlo más suavemente cuando la partida nos pide obtener una cifra pequeña, como un uno o un dos. Esta dimensión del sentimiento de control ejerce una influencia fundamental en el bienestar (en los animales y seres humanos) y la autoestima (en los humanos).

Las diferencias son importantes entre las personas según el nivel al que se sitúe su sentimiento de control: en general se considera que cuanto más elevado es (o más interno, es decir, sometido a uno mismo y no al azar), más ventajas comporta, especialmente en materia de autoestima. Además, las relaciones entre ambas dimensiones de la personalidad son tan estrechas que ciertos investigadores se preguntan si los dos conceptos no son, en cierto sentido, el mismo.

Una dimensión fácil de medir y fundamental en la vida cotidiana reside en la capacidad de autocontrol, es decir, la aptitud para comprometerse en la consecución de un objetivo sin ser inmediatamente recompensado. Esto también permite retrasar la necesidad de recompensas. Por ejemplo, en los niños el autocontrol se evalúa a partir de pequeñas situaciones del estilo: Puedes tomar un bombón ahora o tres mañana. Qué prefieres?

Asimismo atañe a los adultos: el autocontrol está implicado, y resulta muy útil, en numerosas acciones de la vida cotidiana, escolares (repasar para aprobar los exámenes), profesionales (trabajar en la propia carrera), comportamientos relativos a la salud (seguir un régimen, dejar de fumar).

Ejercer un control en los detalles de nuestra vida cotidiana (ocio, tareas del hogar) resulta beneficioso para el bienestar y la autoestima. Por esta razón es vital no dejar de lavar los platos u ordenar el apartamento o la oficina (en un cierto estado de ánimo, como veremos) cuando empezamos a dudar de nosotros mismos. Renunciar a estos pequeños gestos de control de nuestro entorno es el error que cometen las personas depresivas, bajo el efecto de su enfermedad: Para qué? Es irrisorio e inútil. Esto no hace sino agravar su estado: Ni siquiera soy capaz de ocuparme de cosas tan sencillas. Aunque la influencia de estos pequeños gestos sea mínima, representa, a pesar de todo, una pequeña inversión en autoestima. O, para los aficionados, una especie de tisana de la autoestima: de un efecto discreto pero real, y de carácter absolutamente biológico

Todo lo que mine nuestra relación con la acción es potencialmente perjudicial. Sin embargo, los problemas de autoestima a menudo incitan a evasiones y huidas, como hemos visto.

La evasión mina la autoestima y no nos enseña nada, mientras que la acción enseña la humildad.
No actuar puede volvernos orgullosos. Paradójico? En realidad, la inacción mantiene la ilusión de que, si nos hubiéramos tomado la molestia, habríamos conocido el éxito. Ilusión falsa y peligrosa. Explica ciertos discursos sorprendentes de sujetos con baja autoestima y fracaso social, pero que viven en la ilusión de sus grandes méritos. Si tan sólo la vida fuera menos dura y la gente menos injusta, entonces serían reconocidos en su justo valor! Este tipo de razonamiento puede conducir a actuar cada vez menos y aumentar la distancia entre la creencia en la propia excelencia y la comprobación de que la realidad diaria no está a la altura de nuestro valor. Hasta el momento en que esa distancia es tan grande que una desesperación lúcida se apodera de nosotros más o menos inconscientemente.

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La evasión no enseña nada. Tan sólo nos remite a nosotros mismos, a lo que ya sabemos.: que la vida es dura, que nos encontramos mal, que fracasar habría sido duro, que hemos hecho bien en no hacerlo, que a pesar de todo es una lástima, etc. Sólo la confrontación puede enseñarnos. A veces nos enseña cosas dolorosas, pero nos instruye. La evasión mina la autoestima y a fin de cuentas, independientemente de cuáles sean nuestras reflexiones acerca de nosotros mismos, sólo cambiamos con la acción. Beneficio absoluto de la acción sobre el pensamiento. No recuerdo en qué película el guionista Michel Audiard escribe esta réplica: Un tonto que se mueve va siempre más lejos que un intelectual sentado. Indudablemente, lo ideal sería un intelectual que se mueve, pero la réplica sería menos simpática. Sólo caminando se tienen pensamientos elevados, decía Nietzsche con algo más de seriedad.

La acción y las lecciones de la acción
Actuar y extraer lecciones de la acción es lo mejor que podemos hacer por nuestra autoestima. De ahí la obsesión de los terapeutas porque sus pacientes reflexionen para que desciendan al ruedo de la vida cotidiana. Atención: la acción y las lecciones de la acción. Porque en realidad existen dos formas de evitarla:

No actuar, más bien típico de las bajas autoestimas, aunque la huida también puede afectar a las autoestimas altas y vulnerables. Aquí no se puede extraer ninguna lección de la acción porque ésta no se da. Tan sólo se piensa en lo que habría ocurrido si, lo que privilegia las certezas negativas y a menudo desemboca en respuestas como Seguramente me habría ido mal, he hecho bien al evitarlo.

Pero también actuar y no extraer ninguna enseñanza de la acción, un comportamiento frecuente en sujetos con una autoestima elevada. Puede tratarse de fracaso: las defensas clásicas consisten en no atribuirse la responsabilidad o minimizar su alcance. O de éxito: no ver la parte de suerte que hay en ello, o lo que se debe a los demás. Tener que agradecer la ayuda recibida o expresar gratitud se considera entonces una disminución del mérito personal, lo que una autoestima alta y frágil no puede soportar. Entendámoslo bien: no se trata de no disfrutar del éxito. Es legítimo aprovechar sus ventajas emocionales, pero también extraer las lecciones pertinentes: advertir qué parte se debe a nosotros y cuál hay que atribuir a los demás o a la suerte no debería disminuir nuestra autoestima, sino sólo hacerla más lúcida y, por tanto, más sólida.

Inteligencia de la acción
En uno de sus Propos, el filósofo Alain proponía escoger al semidiós griego Hércules como símbolo de la imbricación entre reflexión y acción: Considero a Hércules el mejor modelo de pensador Hay que pensar en los objetos a fin de realizar algún cambio útil en el mundo Si coges tu laya, hay que layar la tierra. Si utilizas tu pensamiento como una herramienta, entonces enderézate y piensa bien. Rudyard Kipling, en su poema If, sugería pensar sin ser sólo un pensador. Por su parte, los filósofos antiguos recordaban la vanidad de las palabras y enseñanzas que no se aplicaban inmediata y sinceramente en la vida cotidiana. Merecería la pena recordar esta lección a algunos de nuestros contemporáneos. La filosofía antigua no era ante todo y únicamente especulativa, sino que su objetivo era mejorar la vida a través de una serie de actos y reflexiones prácticas.

Inmóviles, permanecemos en nuestro mundo personal. En acción, lo modificamos y sobre todo lo ampliamos. El overthinking de los anglosajones, encerrarse en uno mismo, no es eficaz. Apartada de las lecciones de la acción, la autoestima se crispa y enclaustra, se torna cada vez más frágil. Sólo podemos pretender fraguarnos, desarrollarnos, crecer y conocernos a través de un continuo vaivén con la vida. No permaneciendo en la pequeña habitación de nuestro yo. Eludir lo real nos entumece. Ir a su encuentro nos permite crecer. Es la acción la que abre al mundo en lugar de fortalecer sólo el ego.

La acción, no la presión: las reglas de la acción serena
La acción es una oportunidad y una amenaza. Oportunidad de descubrir y de realizarse. Amenaza de fracasar y ser juzgado por ese fracaso. El modo en que cada uno de nosotros se mueve entre ambos polos dice mucho sobre la autoestima. Y el modo en que la acción viene precedida de anticipaciones más o menos realistas, también dice mucho de nosotros.

Cómo actuar sin sufrir?
Actuar es necesario, pero no a cualquier precio y en cualquier estado de ánimo. Evidentemente, lo peor es convertir la evitación en un estilo de vida y un medio para proteger la autoestima. Pero no todo es tan malo: porque existen muchos modos de transformar la acción que engendra dolor. Y muchos momentos en los que nos es posible hacerlo. Me refiero a las acciones significativas para la autoestima: aquellas cuyo resultado o, peor aún, cuyo completo desarrollo está expuesto a la mirada y al juicio de los demás, porque las acciones íntimas, cuyas consecuencias sólo nos atañen a nosotros, no están sometidas a la misma intensidad de la presión emocional.

Antes de la acción: atormentarnos se trata de la ansiedad de la anticipación – hasta el punto de amargarnos. Uno de los más puros mensajes sobre la inanidad e ineficacia de esas inquietudes anticipadas nos lo ofrece la Biblia en las sombrías lamentaciones del Eclesiastés: Si te preocupas por el viento no sembrarás jamás./Si escrutas las nubes no tendrás cosecha. Sin embargo, preocuparse no impide alcanzar el éxito. Cuántas personas socialmente muy asertivas (actores, directivos, músicos profesionales) pasan toda la vida mostrándose muy desenvueltas, vistas desde el exterior, mientras que en realidad viven con un sufrimiento increíble y permanente? El sufrimiento también se extiende a su entorno, pareja e hijos, que pagarán así, al contado, el estrés de la estrella que duda y tiembla y provoca que en la casa reine un ambiente de gran tensión Sólo la importancia de las gratificaciones que obtiene a cambio, sea dinero, prestigio o notoriedad, permite que esas personas continúen. Sólo ellas conocen la distancia entre su personaje público y su íntima fragilidad.