El Nuevo Paradigma Evolutivo

El Nuevo Paradigma Evolutivo

paradigmaevolutivo01

En la obra de Arthur Clarke, El fin de la Infancia, los Súper-amos misteriosos extraterrestres que han controlado la tierra durante cientos de años – explican que ellos son sólo protectores interinos para a humanidad. A pesar de sus mayores poderes intelectuales, los Súper-amos se encuentran en un callejón sin salida desde el punto de vista evolutivo, mientras que la humanidad tiene una infinita capacidad de evolución:
Por encima de nosotros está la Súper-mente, que nos usa como un alfarero usa su rueda. Y vuestra raza es la arcilla que está siendo moldeada en esa rueda. Nosotros creemos aunque es sólo una teoría- que la Súper-mente está tratando de crecer, de extender su poder y su consciencia al universo entero. Por ahora, debe ser la suma de muchas razas, y hace tiempo que dejó atrás la tiranía de la materia Nosotros hemos sido enviados aquí por Ella para cumplir sus mandatos, para prepararos para la transformación que está ya a la vuelta de la esquina. En cuando a la naturaleza de ese cambio, poco podemos deciros se extiende de forma explosiva, como la formación de cristales en torno al núcleo primitivo en una solución saturada.

Muchos autores científicos serios han expresado en términos académicos la metáfora literaria descrita por Clarke. Sospechan que tal vez podemos estar tocando el teclado de nuestra propia evolución, como si se tratara de un instrumento musical. La teoría de la evolución de Darwin, fundada en las mutaciones por azar y en la supervivencia de los más aptos, ha resultado ser decididamente inadecuada para poder explicar una gran cantidad de observaciones en el campo de la biología. Así como toda una serie de hechos que escapaban a los presupuestos de la física de Newton indujeron a Einstein a formular una sorprendente teoría nueva, así también está surgiendo un nuevo paradigma ante la necesidad de ensanchar nuestra comprensión de la evolución.

Darwin insistía en que la evolución había tenido lugar de forma muy gradual. Steven Jay Gould, biólogo y geólogo de Harvard, señala que en vísperas de la publicación de El origen de las especies, T. H. Huxley escribió a Darwin prometiéndole luchar en su favor, pero avisándole que había recargado innecesariamente su argumentación con su insistencia. La imagen de Darwin, de una evolución glacialmente lenta, reflejaba en parte su admiración por Charles Lyell, promotor de la concepción gradualista en geología. Según Gould, Darwin concebía la evolución como un proceso majestuoso y ordenado, que operaba a una velocidad tan lenta que escapaba a las posibilidades de observación durante la vida de una persona. Y al igual que Lyell rechazaba la evidencia de los cataclismos en geología, también Darwin eludía los problemas que se le hacían evidentes. Ciertamente parecía haber grandes saltos, peldaños ausentes en la escala de la evolución, pero lo atribuía a mera imperfección en los hallazgos geológicos. El cambio no era abrupto más que en apariencia. Pero hasta el día de hoy sigue sin aparecer una evidencia fósil de esos necesarios eslabones ausentes. Para Gould, esa extremada escasez de restos fósiles de formas de vida transicionales constituye el secreto de fabricación de la paleontología. Otros científicos más jóvenes, a la vista de la ausencia constante de tales eslabones ausentes, miran con creciente escepticismo a la antigua teoría. La antigua explicación de que los restos fósiles resultan insuficientes, constituye en sí misma una explicación insuficiente, ha dicho N. Eldredge, del Museo Americano de Historia Natural.

paradigmaevolutivo02

Gould y Eldredge, cada uno por su lado, han propuesto para resolver este problema una teoría que concuerda con los datos geológicos. Los paleontólogos soviéticos han propuesto una teoría similar. El puntuacionismo o equilibrio puntuado sugiere que el equilibrio de la vida viene puntuado de vez en cuando por serias tensiones. Si se aísla una pequeña porción de una población ancestral fuera de su hábitat normal, ello puede dar lugar a la aparición de una especie nueva. Por otra parte, la población sufre un intenso stress cuando vive al límite de su tolerancia. Según Gould, las variaciones favorables se extienden rápidamente. Las pequeñas porciones periféricas aisladas constituyen el laboratorio del cambio evolutivo. La mayoría de las especies no cambian de dirección mientras perduran sobre la tierra. En los restos fósiles presentan una apariencia muy semejante a cuando desaparecen, dice Gould. De acuerdo con las evidencias geológicas, la nueva especie surge de golpe. No evoluciona gradualmente a partir de un cambio constante operado en sus antecesores, sino que aparece de una vez y completamente formada.

El antiguo paradigma veía la evolución como un continuo trepar por una escala, mientras que Gould y otros la asemejan al proceso de continua división y subdivisión de las ramas de un árbol. Por ejemplo, los antropólogos han descubierto en los últimos años que en un tiempo hubo al menos tres formas de homínidos coexistentes, esto es, de criaturas que habían sobrepasado el estadio evolutivo de simios. Anteriormente se pensaba que esos diversos especimenes formaban una secuencia. Hoy en día se sabe que algunos de los presuntos descendientes vivía al mismo tiempo que sus presuntos ancestros. Del trono parental primates primitivos – se separaron varias ramas diferentes. Algunas sobrevivieron y continuaron evolucionando, mientras que otras desaparecieron. El Homo, con su cerebro desarrollado, apareció totalmente de repente.

El nuevo paradigma atribuye la evolución a saltos periódicos efectuados por pequeños grupos. Esta idea del cambio es significativa al menos por dos razones: de una parte, porque requiere un mecanismo de cambio biológico más poderoso que la mera mutación al azar, y de otra, porque abre la posibilidad de una rápida evolución en nuestra propia época, en la que el equilibrio de la especie está puntuado por el stress. En la sociedad moderna, el stress se experimenta en las fronteras de nuestros límites psicológicos más que en las de nuestros límites geográficos. El ser pionero constituye una aventura cada vez más psicoespiritual, ya que las fronteras físicas están más que agotadas, ya no queda espacio por explorar.

Según Gould, en el siglo diecinueve los europeos favorecían la idea del gradualismo, tanto en geología como en la evolución; se adaptaba mejor a la filosofía dominante, que sentía horror por todo tipo de revoluciones, incluso naturales. Nuestras filosofías delimitan lo que nos permitimos ver, decía. Estamos necesitados de filosofías pluralistas que nos permitan percibir la evidencia desde distintos puntos de vista: Si el gradualismo, más que un hecho natural, es un producto del pensamiento occidental, entonces deberíamos tomar en consideración otras filosofías alternativas respecto del cambio, a fin de ensanchar nuestro campo más allá de los límites de prejuicios sofocantes. En la Unión Soviética, por ejemplo, los científicos utilizan una filosofía muy diferente con respecto al cambio hablan de transformación de la cantidad en calidad. Esto puede sonar a jerga de vendedor callejero, pero es una forma de sugerir que el cambio sucede a grandes saltos, a consecuencia de una lenta acumulación de tensiones sobre un sistema, que sigue aguantando hasta alcanzar el punto de ruptura.

Según recientes hallazgos, la evolución puede acelerarse por determinados mecanismos genéticos. En efecto, se ha demostrado que en las bacterias y en otras formas de vida hay genes y segmentos de ADN que entran y salen de sus respectivos cromosomas, lo que sugiere que los cromosomas están tal vez sujetos a continua modificación. Los investigadores suponen que una reestructuración genética semejante podría darse en todas las formas de vida. Determinados segmentos del ADN no parecen contribuir en absoluto al cumplimiento por los genes de sus funciones ordinarias. El descubrimiento de esas secuencias eventuales, que parecen un sinsentido en el contexto del código genético, fue calificado de espantoso por uno de los investigadores, Walter Gilbert, de la U. de Harvard. Según observaba el periódico británico New Scientist, el mismo concepto de lo que es un gen está ahora en cuestión. Es posible que el ADN no sea ese sólido archivo que habían supuesto los biólogos, sino más bien un flujo, un sistema dinámico en el que se dilatan y contraen conjuntos de genes, con elementos transeúntes que saltan fuera y dentro del mismo.

paradigmaevolutivo03
El bioquímico Albert Scent-Gyorgyi, descubridor de la vitamina C y galardonado con el premio Nobel, ha sugerido que la tendencia hacia un orden más elevado podría muy bien ser un principio fundamental de la naturaleza. Él la denomina sintropía, lo opuesto a la entropía, y cree que la materia viva posee un instinto interior de auto-perfeccionamiento. Tal vez en los organismos vivientes la parte periférica de cada célula transmite información de retorno al ADN situado en su núcleo, haciéndole cambiar sus instrucciones. Después de todo ha dicho – hasta hace unos pocos años no se sabía la forma cómo el ADN transmite sus instrucciones a la célula en primer lugar. Algún otro tipo de proceso, igualmente elegante, podría alterar esas instrucciones. Scent-Gyorgyi rechaza la idea de que las mutaciones al azar puedan explicar la complejidad de la materia viva. Las reacciones biológicas son reacciones en cadena, y las moléculas encajan entre sí con mayor precisión que las ruedecillas de un reloj suizo. Cómo, entonces, podrían haberse desarrollado de forma accidental? Porque en caso de cambiar una sola de esas ruedecillas sumamente específicas, todo el sistema deja sencilla y necesariamente de funcionar. Decir que puede mejorarse por la mutación aleatoria de un eslabón me suena como decir que se puede mejorar un reloj suizo dejándolo caer y haciendo así que se doble uno de sus ejes. Para conseguir un reloj mejor, es preciso cambiar simultáneamente todos sus engranajes, haciendo que encajen de nuevo perfectamente.

Los biólogos han observado que la naturaleza ofrece muchas características evolucionadas del tipo todo-o-nada, tales como la estructura que permite volar a los pájaros, lo cual no puede haber ocurrido por mutaciones aleatorias y supervivencia de los más aptos. El tener medias-alas no habría conferido ninguna ventaja para la supervivencia. Además, las alas no habrían servido de nada de no haber cambiado la estructura ósea al mismo tiempo. La evolución implica una verdadera transformación, una reforma de la estructura básica, y no meras añadiduras.

Incluso en formas vitales más simples se encuentran logros evolutivos tan sorprendentes que nuestras teorías más elaboradas se sienten humilladas. En African Genesis, Robert Ardrey evoca una anécdota que le sucedió en Kenia, donde L. Leakey llamó su atención hacia lo que le pareció ser una flor de color coral formada por muchos brotecillos, como si fuera un jacinto. Al examinarla de cerca, cada uno de esos brotes de forma oblonga resultó ser el ala de un insecto: chinches flatidae, según Leakey. Asombrado, Ardrey señaló que sin duda era un ejemplo sorprendente de defensa por imitación de la naturaleza. Leakey le escuchaba divertido; luego le explicó que la flor de coral imitada por las chinches no existe en la naturaleza. Más aún, en cada puesta de huevos de la hembra hay al menos una chinche flatidae con alas verdes, no de color coral, y varias además con alas de colores intermedios. Cómo habían podido evolucionar así las chinches flatidae? Cómo pueden encontrar sus lugares respectivos hasta quedar en posición, como niños de colegio que ocupan su lugar para participar de una ceremonia? Colin Wilson ha sugerido que no es solamente que estas chinches tengan una especie de consciencia común, sino que su misma existencia se debe a una conexión genética telepática. La comunidad de chinches flatidae es de alguna manera un único individuo, una única mente, cuyos genes sufrieron la influencia de su propia necesidad colectiva.

Es posible que estemos también nosotros expresando una necesidad colectiva, y nos estemos preparando para un salto evolutivo? El físico John Platt ha afirmado que la humanidad está experimentando en la actualidad un choque evolutivo frontal, y que muy rápidamente podría resurgir coordinada de maneras desconocidas hasta ahora implícitas no obstante en su material biológico desde el principio, tan ciertamente como la mariposa está implícita en la oruga.

La ciencia de la transformación
Cuando los puzzles y las paradojas reclaman una solución, se hace necesario un nuevo paradigma. Afortunadamente, la rápida evolución biológica, cultural y personal – está encontrando una nueva, profunda y poderosa explicación. La teoría de las estructuras disipativas valió a su autor, Ilya Prigogine, físico y químico belga, el premio Nobel de química en 1977. Esta teoría puede suponer para la ciencia en general un paso tan importante como lo fueran las teorías de Einstein para la física. Viene a tender un puente sobre el foso que separa la física y la biología: el eslabón ausente que uniría los sistemas vivientes con el universo aparentemente carente de vida en el que aquellos se desarrollan.

El Tiempo

El Tiempo

Todas las cosas tienen extensión y duración. Medimos la extensión según lo alto, lo largo y lo ancho; la duración según el tiempo. Todas estas cuatro dimensiones son medidas aplicadas por el hombre. Esta silla frente a mí no es de un metro de altura, pero yo la puedo medir así y, si arrojo al suelo la silla, su altura será tan sólo de 50 centímetros convirtiendo su altura anterior en su anchura. Se mide el tiempo según una dimensión: la longitud. Decimos hace largo y corto tiempo, pero nunca hablamos de tiempo ancho o estrecho. La expresión ya es tiempo (en inglés it is high time, literalmente: es tiempo alto) probablemente tiene su origen en la marea alta o en el reloj de agua. Mientras que para una medida objetiva tomamos puntos fijos (a.C. y d.C., a.m. y p.m.), el punto cero psicológico es el siempre presente, que se alarga, según nuestra organización, hacia delante y hacia atrás como el gusanillo que se abre camino comiendo el queso y dejando rastros de su existencia tras de sí.

Omitir las dimensiones del tiempo conduce a falacias lógicas, a engaños en los argumentos: la lógica sostiene que a = a, y que, por ejemplo, puede ponerse en otro contexto una manzana. Esto es correcto mientras sólo se considere la extensión de la fruta, como casi siempre se hace. Pero es incorrecto en cuanto se toma en cuenta su duración. La manzana verde, el fruto sabroso y el podrido son tres fenómenos diferentes del acontecimiento espacio-temporal manzana. Pero por ser utilitaristas, naturalmente tomamos la fruta comestible como referente cuando empleamos la palabra manzana.

En cuanto olvidamos que somos eventos espacio-temporales, chocan las ideas y la realidad. Las demandas de emociones perdurables (amor eterno, lealtad eterna) podrían llevar a la desilusión, la belleza efímera a la depresión. Las personas que han perdido el ritmo del tiempo pronto serán anticuadas.

Y qué es este ritmo del tiempo?

En apariencia nuestra organización posee un óptimo en la experiencia del sentido del tiempo: la duración. Se expresa esto en el lenguaje como paso-pasar-pasado (en francés, le pas-passer-passé; en alemán, ver-gehen-Ver-gangenheit). Así pues, para nosotros, el punto cero es la velocidad que pasa. El tiempo avanza. El tiempo vuela, o se arrastra o hasta se detiene, todavía denota la desviación de más y menos. Un juicio así contiene su opuesto psicológico; nos gustaría que el tiempo que vuela redujera su marcha y que se apresurase cuando se arrastra.

La concentración en las cosas como eventos espacio-temporales se experimenta como paciencia, la tensión entre un deseo y su realización como impaciencia. Evidentemente, en este caso, existe la imagen tan sólo en extensión, al desunirse el componente tiempo como impaciencia. De esta forma entra en la vida y psicología humanas la consciencia del tiempo o el sentido del tiempo.

Einstein opina que el sentido del tiempo es cuestión de experiencia. El niño de pecho despierta cuando la tensión del hambre ha llegado a ser tan elevada que interrumpe el sueño. Esto no se debe a sentido alguno del tiempo: por el contrario, el hambre ayuda a crear ese sentido. Aunque no conocemos ningún equivalente orgánico del sentido del tiempo, debe suponerse su existencia, aunque sólo sea por la exactitud con que algunas personas pueden dar la hora correcta.

Cuanto mayor es el retardo de la satisfacción del deseo, más grande la impaciencia, en caso de que la concentración siga sobre el objeto de gratificación. La persona impaciente quiere la conjunción inmediata, sin tiempo, de su visión con la realidad. Cuando se espera el tranvía, la idea tranvía puede deslizarse hacia el fondo y uno podría entretenerse pensando, observando, leyendo o con cualquier pasatiempo que haya a mano hasta que el tranvía llegue. Pero cuando el tranvía permanece como figura en la mente, entonces aparece como impaciencia, y dan ganas de correr para salir al encuentro del tranvía. Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña. Cuando se suprime la tendencia a correr hacia el tranvía (y este autocontrol ha llegado a ser en la mayoría de nosotros, automático e inconsciente) se entra en un estado de inquietud, de molestia; cuando uno es demasiado inhibido como para desahogarse renegando y poniéndose nervioso y reprime esta impaciencia, probablemente la transformará en ansiedad, dolor de cabeza o en algún otro síntoma.

A cierta persona se le pidió que explicara la teoría de la relatividad de Eisntein. Contestó: Cuando pasas una hora con tu chica, el tiempo vuela; una hora parece un minuto; pero si estás sentado en una estufa caliente, el tiempo se arrastra, los segundos parecen horas. Esto no se ajusta a la realidad psicológica. En una hora de amor, cuando el contacto es perfecto, el factor tiempo no entra en absoluto en el cuadro. Pero si la chica llega a convertirse en un estorbo, se pierde el contacto con ella y llega el aburrimiento, entonces se comenzará a contar los minutos hasta que uno pueda liberarse de ella. También se experimentará el factor tiempo, en caso de que el tiempo sea limitado, cuando se pretende meter todo lo posible en los minutos de que se dispone.

Sin embargo, la regla tiene sus excepciones. Los recuerdos reprimidos en nuestro Inconsciente, según Freud, carecen de tiempo. Esto significa que no están sujetos a cambio mientras permanezcan en un sistema aislado del resto de la personalidad. Son como sardinas en una lata que, en apariencia, permanecen para siempre como si tuvieran 6 semanas o la edad de cuando fueron pescadas. Mientras están aisladas del resto del mundo hay muy poco cambio hasta que (al ser comidas u oxidarse), vuelven a entrar en el metabolismo del mundo.

El centro de nuestro tiempo como acontecimientos humanos conscientes en tiempo y espacio es el presente. No hay otra realidad más que el presente. Nuestro deseo de conservar más del pasado o de anticipar el futuro podría cubrir por completo este sentido de realidad. Aunque podemos aislar el presente del pasado (causas) y del futuro (propósito), toda renuncia al presente como centro de la balanza como el fiel de nuestra vida – conducirá a una personalidad desequilibrada. No importa que la inclinación sea hacia la derecha (excesiva rectitud) o hacia la izquierda (impulsividad), que se rompa el equilibrio hacia delante (futuro) o hacia atrás (pasado), se puede perder el equilibrio en todas las direcciones.

Esto tiene aplicación a todo y naturalmente también al tratamiento psicoanalítico. La única realidad aquí existente es la entrevista analítica. Todo lo que experimentamos allí lo experimentamos en el presente. Esta debe ser la base para cualquier intento de reorganización orgánica. Cuando recordamos, recordamos en ese preciso segundo y con cierto propósito; cuando pensamos en el futuro anticipamos cosas futuras, pero lo hacemos en el momento presente y debido a diversas causas. La predilección por el pensamiento ya sea histórico o futurista, siempre destruye el contacto con la realidad.

La falta de contacto con el presente, la falta de sentido actual de nosotros mismos lleva a huir, ya sea hacia el pasado (pensamiento histórico) o hacia el futuro (pensamiento de anticipación). Tanto Epimeteo Freud como Prometeo Adler, cooperando con el deseo del neurótico de cavar en el pasado o salvaguardar el futuro, han perdido el punto arquimedeo de reajuste. Al renunciar al presente como referente permanente, las ventajas de retroceder al pasado para sacar provecho de nuestras experiencias y errores se convierte en su opuesto, llegando a ser nocivo para el desarrollo. Nos hacemos sentimentales o adquirimos el habito de culpar a los padres o a las circunstancias (resentimiento). Con frecuencia el pasado se convierte en una “consumación” que ha de desearse con devoción . Brevemente, desarrollamos un carácter retrospectivo. El carácter prospectivo, por el contrario, se pierde en el futuro. Su impaciencia lo conduce a anticipaciones fantásticas que en contraste con la planeación – consumen nuestro interés por el presente y su contacto con la realidad.

Freud posee la intuición correcta al creer que el contacto con el presente es esencial. Exige atención libremente movible, que significa darse cuenta de todas las experiencias; pero lo que sucede es que lentamente, pero con seguridad, el paciente y el analista llegan a condicionarse por dos cosas; primero, por la técnica de asociaciones libres, de la fuga de ideas, y, segundo, por un estado en que analista y paciente forman, por así decir, una compañía para pescar recuerdos, con lo que desaparece la atención libremente movible. En la práctica, la apertura mental llega a estrecharse en un interés casi exclusivo por el pasado y la líbido.

Freud no es exacto en cuestión de tiempo. Cuando dice que el tiempo tiene una pierna en el presente y la otra en el pasado, incluye los pocos días pasados en el presente. Pero lo que sucedió, aunque solo sea hace un minuto, es pasado, no presente. La diferencia entre la concepción de Freud y la mía puede parecer irrelevante y, sin embargo, no es sólo asunto de pedantería, sino un principio que implica aplicaciones prácticas. Una fracción de segundo puede significar la diferencia entre vida y muerte, como veríamos en la coincidencia de la caída de una piedra que mata a un hombre.

El descuido del presente hizo necesaria la introducción de la “transferencia”. Cuando no dejamos lugar a la actitud espontánea y creadora del paciente, entonces tenemos que buscar explicaciones en el pasado, suponer que transfiere cada parte de su conducta de tiempos remotos a la situación analítica ( o, siguiendo el pensamiento teleológico de Adler) debemos limitarnos a descubrir qué propósitos, qué arreglos tiene el paciente en mente, qué planes tiene en su manga.

No niego en absoluto que todo tiene su origen en el pasado y tiende a un desarrollo ulterior, pero lo que yo quiero precisar es que el pasado y el futuro determinan su rumbo continuamente según el presente y tienen que relacionarse con él. Sin la referencia al presente llegan a carecer de sentido. Examinemos una cosa concreta, una casa edificada hace años que se origina en el pasado y tiene un propósito, en concreto, que se viva en ella. Qué sucede a la casa cuando uno se satisface con sólo el hecho histórico de que haya sido edificada? Si no se la cuida, la casa se convertirá en ruinas, sujeta como está al influjo del viento y del tiempo de sequía y al agua y a otros influjos destructores que, aunque pequeños y a veces invisibles, tienen un efecto acumulativo.

Freud ha sacudido nuestros conceptos de causalidad, moral y responsabilidad; pero se detuvo a medio camino: no condujo el análisis a sus últimas conclusiones. Dijo que no somos tan buenos o malos como creemos ser, pero que inconscientemente, en la mayoría de los casos, somos peores, a veces mejores. De acuerdo con ello transfirió la responsabilidad del Ego al Id. Además desenmascaró las causas intelectuales como racionalizaciones y decidió que el Inconsciente proporciona las causas para nuestras acciones.

Cómo podemos reemplazar el pensamiento causal? Cómo superamos las dificultades de apoyarnos en el presente y lograr un comprensión científica sin buscar razones? Ya he mencionado antes las ventajas que brotan del pensamiento funcional. Si tenemos el valor de intentar seguir a la ciencia moderna en su decisión de que no hay respuestas últimas al por qué? llegamos a un descubrimiento muy reconfortante: se puede responder a todas las preguntas relevantes preguntando :”Cómo?”, “Dónde?” y “Cuándo?” La descripción detallada es idéntica a la concentración y al conocimiento acrecentado. La investigación requiere descripciones detalladas sin descuidar el contexto. El resto es cuestión de opinión o teoría, fe o interpretación.

Aplicando nuestras ideas del presente podemos mejorar nuestra memoria y nuestros poderes de observación. Decimos que los recuerdos vienen a nuestra mente: nuestro Ego es más o menos pasivo respecto a ellos. Pero si retrocedemos a una situación, e imaginamos que estamos realmente en el lugar y entonces describimos con detalle lo que vemos o hacemos, empleando el tiempo presente, mejoraremos mucho nuestra capacidad de recordar.

Dentro de la concepción de Freud el pensamiento futurista, que en la psicología de Adler ocupa el primer plano, está relegado a una posición de importancia secundaria (por ejemplo, ventajas secundarias de una enfermedad). Freud adhirió a las causas, aunque en la Psicopatología de la vida cotidiana expuso muchos ejemplos para demostrar que el olvido y el recuerdo tienen tendencias y no solamente causas. Por un lado, los recuerdos determinan la vida del neurótico y, por otro, recuerda u olvida con ciertos propósitos. Un soldado anciano quizá recuerde acciones de las que puede vanagloriarse, y hasta inventaría recuerdos con el propósito de vanagloriarse.

Frederick Perls

Extractado de
F. Perls.- Yo, Hambre y Agresión.-Fondo Cultura Económica

Vida y Consciencia

Vida y Consciencia

maestro-interior-554x280El propósito de la vida es alcanzar conocimiento. Cuando la mónada, esa fracción individualizada del misterio eterno, “probó la fruta del árbol del Conocimiento” y aprendió a hacer comparaciones entre dos o más cosas, se inició el gran esquema de la evolución humana. En lo que respecta a este concepto, la creación ha terminado, pero el proceso de llevarla a la manifestación y evidenciarla corresponde a la evolución.

Conocimiento es consciencia. Consciencia es el resultado de las observaciones hechas en lo que concierne a la relación que existe entre los objetos. Sólo tenemos conocimiento de aquello de lo que somos conscientes. La información no es necesariamente conocimiento, sino aceptar como verdaderas las observaciones que han penetrado en la consciencia de otros individuos, las cuales son de valor, pues proporcionan una base para la observación personal. Si no son refutadas por la investigación basada en tal información, ésta puede aceptarse como conocimiento. Sin embargo, lo que no entra definidamente en la consciencia del individuo mediante la observación, no puede considerarse como conocimiento.

Vida, consciencia, conocimiento, son sinónimos basados en un proceso esencial. El propósito de la vida es demostrar consciencia por medio de la observación y la comparación, y a esto se lo denomina conocimiento. En el universo, las formas son vehículos que tienen el propósito de demostrar la vida y la consciencia. A medida que la vida se demuestra y manifiesta gradualmente como consciencia y conocimiento, tanto más compleja es la forma para expresarla; por lo tanto, debe considerarse a la forma como que indica una cualidad o nivel de consciencia, que la emplea como instrumento de expresión. Vida, conocimiento, consciencia, forma, se unen en un todo sinónimo y sintético.

Cuando las mónadas, avanzadas de la naturaleza de Dios, iniciaron el proceso de evolucionar su esquema, cada una escogió determinada línea de procedimiento o método de investigación y observación, mediante el cual la consciencia pudiera desarrollarse. Esta línea de acción se llama técnicamente RAYO. Existen siete rayos, cada uno tiene una denominación técnica, pero los tres métodos prominentes en función son el científico, el esotérico y el místico.

El método científico consiste en observar y clasificar las relaciones existentes entre las vibraciones que componen las formas del plano físico. El universo está compuesto de vibraciones, que son oscilaciones entre los dos polos magnéticos. El grado de velocidad de estas oscilaciones determina la naturaleza de la vibración. La vibración de la materia, a cierto grado de velocidad, se llama física, y el campo de tales vibraciones, plano. Otro campo y plano de vibración se denomina astral o emocional, y los otros planos: mental, espiritual, intuitivo, monádico y divino. Estos planos tienen también subdivisiones. La investigación científica limita sus observaciones a los siete subplanos de materia más inferior. Cualesquiera sean las observaciones, clasificaciones y comparaciones hechas, constituyen acrecentamiento y ampliación de la consciencia, algo que se suma a la plenitud de la vida manifestada.

El método esotérico de observación va más allá del plano físico de vibración, y mediante métodos definidos de concentración y atención se alcanza el conocimiento y la consciencia de los procesos que tienen lugar en otros campos o planos. El hecho de estar informados de que existen dichos planos no significa conocimiento, y tal información sólo puede ser útil para expandir la consciencia cuando se la emplea como base para la investigación individual. Cuando un individuo es consciente de tales vibraciones y puede observarlas, el conocimiento logrado se agrega a la totalidad de la consciencia. Los procesos necesarios para lograr este conocimiento son difíciles, pero sólo requieren el mismo grado de determinación y devoción que muestran los investigadores científicos.

El método místico se utiliza en un esfuerzo por estudiar e investigar la naturaleza del impulso eterno, del cual cada individuo se siente parte inherente. El estudio de las vibraciones materiales proporciona una información que no satisface, debido al conocimiento de la absoluta relatividad de las cosas materiales. No existe verdad absoluta en lo material. Lo inestable e irreal de todas las formas materiales produce desaliento en algunos individuos, lo que sólo puede vencerse mediante el esfuerzo realizado para alcanzar una zona donde las comparaciones son innecesarias y la verdad descansa en un plano abstracto. Los investigadores han descubierto que es posible apartar la atención del reino de las vibraciones materiales y, por la concentración, hacer contacto consciente con el reino de las causas. Mediante continuos y cuidadosos procesos puede obtenerse la unión con la mente divina, responsable de todo el esquema planetario, y llevar a un mundo desilusionado la seguridad de la naturaleza eterna de cada individuo. Quienes emplean este método para expandir la consciencia se convierten en instructores de la humanidad, trayéndole valor y paz. Su método no se ocupa de la expresión dinámica de la vida, sino de obtener información para estimular a la humanidad escéptica acerca del resultado final del enigma de la vida. Debido a su naturaleza unificadora y a que no hace comparaciones para adquirir información, se lo denomina método de amor-sabiduría, pues combina la clara comprensión intelectual con la ferviente devoción a un ideal.

Saelas Jarrel.

Más Información;
Alice A. Bailey.- Tratado sobre los Siete Rayos.- Fundación Lucis

Chuang  Tsé

Chuang Tsé

ChuangTseDesde el 550 a.C. al 250 a C. se desarrolló el período clásico de la filosofía china. Chuang Tsé vivió a finales de esa época. Nació el 360 o 365 a C. en la actual Coaxian, otros autores sugieren que en Shargiu, en la provincia de Henan. Falleció el 290 o 286 a C.

Trabajó en su pueblo natal como funcionario de estado un corto tiempo. Pasó la mayor parte de su vida retirado y en pobreza voluntaria. Se sabe que no aceptó un alto cargo en el estado de entonces y que lo rechazó con su humor característico.

Tuvo una estrecha amistad con el filósofo Hui Shi, de la escuela de las normas, y usó muchas de las ideas metafísicas de su amigo, cuya filosofía era opuesta a la de él. Chuang Tsé, comprendió que su propio pensamiento no era completo por sí mismo, sin la “oposición” de la de Hui Shi, por el principio de complementariedad y usó muchas de las ideas metafísicas de ese filósofo.

La obra de Chuang Tsé se compone de 7 “libros interiores”, los cuales se atribuyen con seguridad a él, 28 “libros exteriores” y 14 “libros varios” que fueron redactados por sus discípulos o sus seguidores. En nuestra época se conservan sólo 33.

En el año 727, un emperador de la dinastía Tang, confirió a Chuang Tsé el título de “Verdadero clásico del país de las flores del sur”. Desde entonces fue convertido en un autor canónico de la religión taoísta.

El fundamente de su pensamiento, como en todas las corrientes taoístas, es el Tao y el wu wei, basada en la síntesis suprema de todos los contrarios, cimentada en el principio de Yin y Yang.

Su obra es una antología del pensamiento, plagado de un humor irónico, exento de crueldad, prepotencia y agresividad. Realza con ingenio literario e imparcial tolerancia su visión filosófica. Basó casi toda su enseñanza en el Tao Te King.

Chuang Tsé sostenía que sólo cuando uno estaba en contacto con el Tao – que no se puede nombrar, que está más allá de todas las cosas existentes, que no puede ser transmitido por medio de palabras ni con el silencio – uno podía comprender como vivir. Vivir solamente con el “Tao del hombre”, era descarriarse. Basar el comportamiento en el “Tao ético”, era no comprender la vida. Chuang Tsé observó que un comportamiento basado en hacer a otro lo que es bueno para uno, es ilusorio, cuando uno no sabe qué es bueno para uno mismo. La felicidad no puede ser alcanzada por medio del utilitarismo y el hedonismo. Decía que la vida de riqueza, placer, ambición, es intolerable, porque “se vive para aquello que siempre está fuera de alcance, sediento de la supervivencia del futuro, e incapaz de vivir en el presente”.

Ver “la felicidad” y lo “bueno” como algo por alcanzar, o sea, en el “exterior” de uno
mismo, en el mundo de los objetos, es colocarse entre el bien y el mal: en el presente, en
que no se está en posesión de lo que se busca y en el futuro, en que se piensa que se
alcanzará aquello que se desea.

Chuang Tsé cree que el concepto de felicidad e infelicidad es ambiguo, porque está situado en el mundo de los objetos. Piensa igual en lo referente a virtud, justicia, etc. Todo lo que es tratado como objeto por alcanzar, lleva a engaño y alienación. Igual que Lao Tsé, expresa que, cuando todo el mundo reconoce el bien como tal, se transforma en mal, porque se transforma en algo que no se tiene y que debe perseguir constantemente, hasta que se convierte en inalcanzable. Uno lo busca “fuera” a través de análisis, abstracciones, confusión de opiniones, etc. Cada vez es menos real y se aleja más, los medios se hacen muy elaborados y el fin, el bien, no llega. El camino del Tao, es comenzar con el simple bien, con el cual uno está dotado por el mero hecho de existir.

El secreto del camino de Chuang Zu, es el no-hacer, Wu Wei, que enseña a no estar pendiente de resultados. Si uno está en armonía con el Tao “cósmico”, la respuesta quedará clara cuando llegue el momento de actuar, dado que uno actuará con arreglo al modo divino y espontáneo, que es el propio del Tao, la fuente de todo bien.

Chuang Tsé observa que la simple virtuosidad carece de significado y de aspectos profundos en el individuo y la sociedad. El hombre virtuoso es aquél en el que el Tao actúa sin impedimentos.

La verdadera tranquilidad buscada por el “Hombre del Tao”, es la tranquilidad de la acción en la no acción, que transciende la división entre la actividad y la contemplación, entrando en unión con el invisible Tao, lo que significa el abandono de la “necesidad” de ganar.

La humildad esencial que predica Chuang Tsé, es aquella en que el hombre es consciente de su insignificancia y se olvida por completo de sí mismo. Es humildad “cósmica” porque está enraizada en la naturaleza de las cosas, y está repleta de vida y consciencia de todos los seres vivos.

El verdadero carácter del Wu Wei, es la actividad perfecta, porque es un acto sin actividad, un acto en armonía con la Totalidad, que tiene un carácter incondicional y que no está supeditado a nuestras teorías o ideas.

Un hombre sabio es aquel que “reconoce ser como los demás hombres”. Sólo difiere de los demás, porque está centrado en el Tao y no en sí mismo. Pero “no sabe en qué forma es diferente”.

Fue Chuang Tsé, quien introdujo verdaderamente las enseñanzas de Lao Tsé en la filosofía china. Brillante poeta y filósofo, siempre vivió en forma sencilla, fundó una familia y pasó enormes penurias económicas. Permaneció en forma constante en relación con las corrientes espirituales de su tiempo. Fue gran admirador de Confucio, muy especialmente, cuando éste, después de los 60 años, tuvo un cambio espiritual profundo.

En los primeros siete libros, está su fundamento filosófico. Son los libros “interiores” o “interioridades”.

El primer libro se titula “Viaje sosegado”, compara la vida terrenal, los destinos e influencias que en ella se ven, con la codorniz, cuya vida se mantiene exenta de pequeñeces, y con un pájaro que echa a volar y cuyas alas atraviesan el mar, como nubes suspendidas.

El segundo libro es “Del equilibrio de las concepciones”. Aquí propone una solución desde el punto de vista taoísta, para las cuestiones discutidas por la filosofía de su época. Reconoció la inevitable relatividad de todos los conceptos antagónicos involucrados en la polémica. Indicó una salida: la disputa no se resolvería más que a través de la intuición, que proporcionaría el único punto de vista que permite contemplar al ser como una unidad.

El libro comienza con la rapsodia del organillo celestial y termina con la misteriosa parábola del sueño, donde se trata el contraste existente entre la vida de vigilia y el sueño, dos estados que no permiten saber cual es real y cual irreal.

El tercer libro, contiene la aplicación práctica de la proposición propuesta. En él se dice que hay que encontrar al “Señor de la Vida”. Que, en lugar aspirar a una situación dada, hay que dejarse llevar, conformarse con la posición exterior que uno ocupa en el mundo. No es el cambio de las situaciones exteriores lo que puede salvarnos, sino una actitud diferente frente a las circunstancias, una actitud impregnada por el Tao. Solamente una actitud así podría facilitar el acceso a ese universo que está más allá de las diferencias.

En el cuarto libro, también se revela la importancia de conservar una actitud que lo abarque todo, no atarnos, ni establecernos en ninguna singularidad. La singularidad significa ser útil, lo que provoca que podemos ser utilizados, enganchados en el conjunto de las apariencias.

El quinto libro, trata del “Sello de la vida plena”. Aquí mediante diversas parábolas, enseña cómo el contacto interior con el Tao – que da la vida verdadera, exenta de intenciones – ejerce una influencia sobre los seres humanos que hace desvanecerse toda clase de deficiencias externas. El contraste entre la joya interna y el grosero aspecto manifestado, es realzado con mucha fuerza.

El sexto libro de Chuang Tsé, es uno de los más importantes: “El progenitor y el maestro”. Se refiere a la persona que ha encontrado el Tao. “Las personas verdaderas no temían la soledad, no realizaban acciones heroicas, ni hacían proyectos. Podrían elevarse a grandes altitudes porque no se arrepentirían si fracasaran, ni se sentirían orgullosos cuando acertaran. Sabían atravesar el agua sin mojarse, el fuego, sin quemarse. No soñaban estando dormidos y estando despiertos no se preocupaban. Sus alimentos eran sencillos y su respiración, profunda. No conocían la alegría de vivir, ni el temor de la muerte. Aceptaban con serenidad lo que venía, y lo que se iba lo dejaban irse, sin pensar más en ello. Esto es no reconocer el Sentido por medio de la consciencia y no querer mejorar lo Celestial mediante lo humano.

El séptimo libro, “Destinado al uso de reyes y príncipes”, habla del tema de gobernar por el de no-gobernar. “El hombre supremo utiliza su corazón como un espejo: refleja, no retiene”.

Chuang Tsé realiza un perfeccionamiento del taoísmo de Lao Tsé, porque da métodos que aportan una solución a los problemas psicológicos de su tiempo. Nos hace vislumbrar las concepciones taoístas, con agudas y poéticas parábolas.

Para él, también el mundo manifestado es un juego ilusorio. Como gran parte de lo que transmite bajo su nombre, no es de su producción, se supone que tuvo discípulos. Ejerció una influencia enorme sobre la filosofía y la literatura, la que se evidencia en la literatura meridional y la poesía Chu, y reflejan la admiración por su filosofía poética y por su contenido ideológico.

Elisa Aliaga

Extractado de
Merton, Thomas.- El camino de Chuang Tsé.– Sirio
Preciado I. Iñaki.- Chuang Tsé. Kairós

El Haikú

El Haikú


haiku01
El haikú es una forma poética cuyos orígenes se remontan al Japón ancestral, siendo sus cultores conocidos como haijin. En sus inicios derivó de otra forma literaria, el haikai, de contenido humorístico, que solía disponerse en una serie sucesiva de poemas cuya primera estrofa era el hokku. Finalmente, la forma del haikai se ramificó en dos tendencias separadas, manteniéndose los cultores del haikai original, y una segunda forma – el haikú – que independizó la primera estrofa, convirtiéndola en una sola expresión sintética y acabada de una imagen, que bien podía ser del entorno natural, del paisaje anímico o del social.En su forma tradicional, el haikú consta de tres versos en 17 sílabas, las que tienen una composición asimétrica y sin rima que lo impregna de una sensación de libertad y sugerencia. El estilo, independientemente del tema que trate, es siempre sencillo y natural, minimalista, buscando la máxima expresión con el mínimo de recursos, inspirado como está en la estética del budismo zen. Por tanto, el haikú está muy marcado por la observación de la naturaleza y su cambio constante, tanto a través del día como del transcurrir de las estaciones del año. A menudo dentro del poema se encuentra una palabra clave o kigo que indica la estación del año a que alude. La liviandad, la sutileza, y una cierta sensación de incompletitud que nos refiere a lo inmenso, a lo vacío, infinito o a lo eterno, están casi siempre presentes en los poemas. Al menos dejan abierta la puerta a una escala mayor de pertenencia, a lo que ahora-no-es-o-no-está, por contraposición al instante fijado en los versos.

haiku02

 

 

Matsuo Bashô (1644 -1694): El más grande haijin

Bashô es conocido como el mayor cultor del haikú tradicional. Educado como samurai y al servicio de una familia poderosa en su infancia, en 1661 conoció al maestro zen Bucho, quien lo instruyó en la filosofía zen. La comprensión del zen llevó a Bashô a buscar una forma literaria que no expresara sólo belleza, ni que fuera retórica o simplemente descriptiva, encontrando que el haikú servía exactamente para expresar la verdadera realidad, la del momento presente.

Porque el haikú es la maestría del instante presente, del momento efímero que constituye la vida misma, la consciencia en contacto con el entorno o el interior, el instante mágico en el que el observador y lo observado se unen en una minúscula impresión, observación, constatación o comprensión que, si bien en sí misma no tiene palabras, es posible de ser impresionada en una hoja en blanco en su esencia, a través de tres pinceladas:

A la intemperie
Se va filtrando el viento
Hasta mi alma.

La vida de Bashô fue un continuo peregrinar por Japón, en permanente y escogida pobreza, o, como decimos hoy, simplicidad voluntaria. Él creía que no era posible la poesía sin la necesidad, la carencia y el hambre alquímicamente transformados en arte, naturaleza e instante mediante. Bien se ha dicho que vivió su poesía y escribió su vida.

.

haiku03
Haikús de Bashó.

Levántate
y sé mi compañera,
soñolienta mariposa.

Un viejo estanque;
Se zambulle una rana,
Chapoteo.

El sonido de la campana
Se expande en la bruma
Del alba.

Este camino
Nadie ya lo recorre
Salvo el crepúsculo

La montaña y el jardín
penetran
la habitación en el verano.

Para ver las flores he venido,
bajo ellas dormiré
sin sentir el tiempo.

Quietud,
el sonido de los pétalos
esparciéndose al caer.

Sol de invierno
Sobre un caballo
Mi silueta helada
 


haiku04
Haikú es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento, decía. Lo permanente tras el fluir de los cambios y las estaciones, el ritmo de la vida, lo imperecedero tras lo mutable, la forma mortal que revela lo eterno; la naturaleza como maestra de vida; su exaltación serena, como forma de subrayar la manifestación de lo inmutable..Bashô fue uno de los seudónimos utilizados por Matsuo Munefusa. En 1672 se radicó en lo que hoy es Tokio, siendo reconocido como autor y crítico, y donde forma una escuela. Uno de sus discípulos le regala una casita junto al río Sumida y otro le regala un árbol de banano (bashô), del que adoptó el nombre tanto para la propiedad como para sí mismo. Con este nombre escribió antologías y un Diario de Viaje ( El Estrecho Camino a través del Norte Profundo o Sendas de Oku) en el que, a intervalos entre la prosa, iba salpicando los haikús que lo hicieran famoso hasta hoy. El cuerpo del más grande poeta del haikú está enterrado junto al lago Biwa, en Otsu.

Otros cultores

Bashô hizo escuela y tuvo discípulos y seguidores, cuyo linaje continúa hasta hoy, tanto en Japón como en el resto del mundo. Una muestra de los sucesores de Bashô:

Kabayashi Issa:
No lloréis bichos
Que sufren desengaños
hasta los astros

Crepúsculo de cerezas.
También se ha convertido
En pasado.

Las distantes montañas
Se reflejan en las pupilas
De la libélula.

Donde haya hombres,
Habrá moscas, y habrá
Budas también.

En las tinieblas
Lo que ronda mis ojos
Es tu sonrisa.

Ya que me voy
Jugad al amor, moscas
De mi ermita.

Al Fuji subes
Despacio pero subes-
Caracolito.

Termina un día de primavera;
El crepúsculo suspendido
En un charco de agua.

Viento de otoño:
Un mendigo me mira
Y se compara.

Acá estoy,
simplemente.
La nieve cae.

El buen mundo:
el rocío desciende gota a gota,
tras cada gota.

El cuco canta
para mí, para la montaña,
alternativamente.

Nunca lo olvides:
paseamos encima del infierno
contemplando las flores.

Qué grande, qué hermosa,
la castaña
a la que no pude llegar!

El ciruelo de mi cabaña;
no pudo evitarlo,
floreció.

El buen mundo:
el rocío desciende gota a gota,
tras cada gota.

La peonía era así de grande”,
dice la niña,
abriendo sus brazos.
haiku05
Abe Midorijo:
Mariposa de otoño
Que me ha dejado solo
Entre los montes.

Usuda Arô:
Leve es la primavera
Sólo un viento que va
De árbol en árbol.

Mizuta Masashida:
Se incendió mi casa:
Ahora nada me obstruye
La visión de la luna.

Naitô Meisatsu:
Mi propia voz
Es devuelta a mí
Por la tormenta.

Hashimoto Takako:
En manos del inválido
Un ramo de glicinias
Es mucha carga.

Oshima Ryôta:
No hablan palabra
El anfitrión, el huésped
Y el crisantemo.


haiku06
Kawahigashi Hekigodô:
Yedra y glicinias
Aprisionan al pino:
Su queja al viento.

Ozaki Hôsai:
En la penumbra de un pozo
Reconozco mi cara.
Ni tosiendo
Dejo de estar solo.

Kawabata Bôsha:
Luna de nieve
Matizando de azul
La noche oscura.

Onitsura.
El jardín.
La camelia florece
blanca.

Gochiku.
Una hoja muerta
que vuelve a su rama ?
No, es una mariposa.

Las hojas caídas
reposan una sobre otra.
La lluvia cae sobre la lluvia.

Larga noche.
El rumor del agua
dice lo que pienso.

Tan Taigi:
Luciérnaga en vuelo;
mira! Iba a decir;
Pero estoy solo.

Niebla del monte.
Guardas del templo tocan
Sus caracolas.

La seducción de la sencillez y la burbuja del instante han atraído a cultores de todos los rincones del planeta a intentar expresar la esencia de un contacto consciente con lo que es. Si bien la aparente simplicidad del haikú no hace de este arte algo sencillo de realizar, mayor aún es la dificultad de traducir, por ejemplo un haikú tradicional japonés, a otras lenguas, sin perder la sutileza original. Probablemente en parte por el atractivo de esta forma literaria en sí, y en parte por la imposibilidad de una traducción estrictamente fiel en espíritu, cultores de todo el mundo han buscado reproducir la esencia del haikú en su lengua materna. En lengua castellana, los más conocidos son Benedetti, Borges, Paz. Con más o menos humor, observaciones sociológicas, psicologismo o auto referencia, hay haikús muy logrados.

haiku07
Borges
En él suele predominar el tono nostálgico, tal como si el instante fuera la mejor ocasión para evocar lo ausente o lo perdido, en haikús como:

Algo me han dicho
La tarde y la montaña
Ya lo he perdido.

Hoy no me alegran
Los almendros del huerto
Son tu recuerdo.

Desde aquel día
No he movido las piezas
En el tablero.

En el desierto
Acontece la aurora
Alguien lo sabe.

Esta es la mano
Que alguna vez tocaba
Tu cabellera

El hombre ha muerto
La barba no lo sabe
Crecen las uñas.

Es un imperio
Esa luz que se apaga
O una luciérnaga?

La luna nueva.
Ella también la mira
Desde otro puerto.

La vieja mano
Sigue trazando versos
Para el olvido.

haiku08
Benedetti:
Ola por ola
El mar lo sabe todo
Pero se olvida.

Cuando mis ojos
Se cierran y se abren
Todo ha cambiado.

Sólo jactancia.
Mi maleta es enorme
Y está vacía.

Pasan las nubes
Y el cielo queda limpio
De toda culpa.

Se despidieron
Y en el adiós ya estaba
La bienvenida.

Los apagones
Permiten que uno trate
Consigo mismo.

Cuando lloramos
Las alegres toxinas
Nos abandonan.

Drama cromático:
El verde es un color
Que no madura.
Intuición del instante, impresión del momento, contrapunto del vacío y la forma, probablemente la forma literaria del haikú se re-creará constantemente a sí misma para permanecer.

Isabel De Veer