Arte y Metaforizaciones

Arte y Metaforizaciones

Métodos de Indagación
Sólo por medio del arte podemos salir de nosotros mismos; en lugar de ver sólo un mundo, el nuestro, lo vemos con múltiples formas.

Marcel Proust

La naturaleza es un artista que trabaja desde dentro, y no desde fuera.

John Dewey

 

artemetafora01

 

La idea de relacionar el cuerpo humano con los cuerpos celestes es más antigua que la historia registrada. Los pintores de las cavernas paleolíticas, los antiguos egipcios y los arquitectos de las pirámides mayas, los constructores celtas de monumentos megalíticos, los escultores de los templos primitivos de las Indias Orientales, tallados en la roca, y los artesanos indios norteamericanos deben de haber sentido por igual la influencia del cosmos en sus vidas, como lo ponen de manifiesto sus formas artísticas. Los estudiosos de la mitología oriental señalan que el universo era concebido como una gran madre que engendró muchos mundos, y en cuya matriz se formarán otros, en un círculo continuo de nuevas creaciones. El Tao de los chinos revela una intuición similar, según la cual toda la actividad humana y los acontecimientos naturales existen en concordancia con los caminos del universo, y los diversos sistemas de la filosofía india han expuesto durante milenios el tema de la relación cuerpo-mente-sí mismo-universo.Una obra maestra de la metáfora, que trata muchas de las preocupaciones que han surgido en la neurocosmología, son los Upanishads. Este antiguo tratado de filosofía hindú, que data de los siglos VIII a VI a. de C., especula sobre la fusión de la materia y el espíritu (con esta palabra se designa la energía). La previsión es tan justa que se podría pensar que sus autores se anticiparon al concepto contemporáneo de la equivalencia de masa y energía. Además describe el proceso evolutivo por el cual crece y decrece el orden de la materia. En el Maitrayani Upanishad, por ejemplo, se emplea un equivalente del término esencia para describir el proceso creador en virtud del cual el cosmos como todas las criaturas vivas – es estimulado a evolucionar desde estados de desequilibrio o caos hasta estados de equilibrio y orden, para volver al desorden y comenzar de nuevo.

En otro lugar, los filósofos presocráticos del siglo VI a. de C. sugirieron muchas de las nociones actuales sobre la consciencia, la materia y los principios fundamentales del mundo. El astrónomo griego Anaximandro, por ejemplo, concebía la realidad como un todo cuyas partes son interdependientes. Y los filósofos Empédocles y Anaxágoras exploraron el punto de vista opuesto; teorizaron que la realidad está compuesta por muchas partes independientes con una multitud de principios últimos. Por otra parte Leucipo, Demócrito y Epicuro propusieron que toda la materia está constituida por elementos finitos indivisibles.

Con estos precedentes, afirmo que los principios neurológicos y los conceptos cosmogónicos actuales se han desarrollado en alguna medida a partir de las ingeniosas especulaciones de los antiguos, del mismo modo que las semillas de la geometría algebraica moderna fueron sembradas por los árabes, hindúes, chinos y griegos más o menos en el 1100 a. de C. La historia de estas ideas es muy larga e imaginativa, y ha influido en nuestras vidas en el sentido más profundo. Analizada, documenta de qué modo los antiguos formularon los conceptos que más tarde dieron origen a la mente nuclear, poniendo en movimiento reacciones en cadena de la razón que continúan cambiando nuestras sensibilidades y perspectivas. Hasta el día de hoy, nos sigue impresionando la magnitud de la imaginación de los antiguos puesta al servicio de su curiosidad. Ellos nos proporcionan las herramientas conceptuales y tecnologías del pensamiento necesarias para estudiarnos a nosotros mismos. Dos de las herramientas más admirables y estimulantes que utilizaron en sus exploraciones son el arte y la metáfora; nos referiremos al desarrollo de esos instrumentos de conocimiento.

artemetafora02

 

La metáfora como el arte- se refiere a la experiencia. Hay que experimentarla en la imaginación antes de analizar sus expresiones en busca del significado. Cuando se nos pide que identifiquemos las metáforas de nuestro discurso, o que consideremos sus significados, invariablemente un silencio incómodo llena el neuro-espacio como una niebla, antes de que la disipe nuestra respuesta imperfecta. Y, sin embargo, empleamos las metáforas tan inconsciente y libremente como el agua. No podemos hablar sin hablar metafóricamente, pues nuestro lenguaje hablado está construido con materiales simbólicos de naturaleza metafórica. Las palabras son sólo símbolos de sus significados. Un símbolo, signo, palabra, objeto o idea representa a otro.Nuestras mentes simbólicas operan relacionando implícitamente diferentes cosas y procesos. Por medio de las metáforas podemos relacionar algo que conocemos con algo que no conocemos. Una metáfora rica puede ser una mina de oro de hipótesis que relacionen las propiedades de diferentes sistemas. Tal es el caso del concepto de la música de las esferas formulado por el astrónomo alemán Johannes Kepler, que ayudó a la ciencia de la astronomía a escuchar de modo nuevo sus propias descripciones del universo. Las concepciones metafóricas del cosmos expresadas en el libro más antiguo de Kepler, Mysterium Cosmographicum (1595), y en su más maduro Harmonices Mundi (1619), identificaron algunas relaciones insospechadas entre cosas familiares: la aritmética, la geometría, la música y la astronomía. Kepler abordó la astronomía a través de una metáfora, pues se proponía descubrir la magia de los meros números y demostrar la música de las esferas, la naturaleza armoniosa del cosmos. Sus especulaciones, basadas en las observaciones astronómicas rigurosas de Nicolás Copérnico y Tycho Brahe, proporcionaron el pensamiento seminal de la teoría gravitatoria de Isaac Newton. Y esta teoría abrió las puertas a la ciencia moderna, unas puertas preparadas por el científico renacentista Galileo, contemporáneo de Kepler, con su creencia en las pruebas experimentales sistemáticas. El trabajo de la metáfora adquirió sentido en el contexto de la investigación científica que indagaba la unidad de la naturaleza.

Las metáforas fueron particularmente valiosas en estos y otros descubrimientos, en cuanto demostraron qué similares suelen ser los modelos de cosas desiguales. Los modelos de la forma como funciona una cosa pueden utilizarse para describir los funcionamientos de otras cosas muy diferentes. De ese tipo fueron las comparaciones de la mecánica de una bomba con la del corazón humano (da Vinci), de la mecánica de un reloj con la dinámica del cosmos (Descartes), de una fábrica con las operaciones de la mente humana (Leibniz) o de un ordenador con el cerebro (Turing).

 

Hay innumerables ejemplos de metáforas comunes que fueron fuente de ideas extraordinarias. Dos de las citadas con mayor confianza en el dominio de la ciencia son los descubrimientos de Isaac Newton y Albert Einstein. A los 22 años, Newton observó la caída de una manzana desde el árbol. El mismo fenómeno tal vez ya había sido presenciado casualmente por millones de otras personas, algunas de las cuales, nos dicen los historiadores, ya habían concebido una fuerza como la de la gravedad. Pero Newton fue el primero en atreverse a conjeturar que en los planetas y las estrellas debería estar actuando una fuerza similar. Esa conjetura permitió al hombre llegar al espacio exterior. Tal vez pueda también ayudarnos a conceptualizar las influencias de las fuerzas gravitacionales actuantes dentro de las mentes humanas y entre ellas. Sin duda, mientras continuemos definiendo la naturaleza ambigua de la gravedad, a la vez adquiriremos conocimientos sobre la gravedad de la ambigüedad, descubriendo de qué modo la mente gravita hacia ciertas materias de pensamiento y creaciones.

Como hemos leído en incontables relatos, a los treinta años Einstein emprendió el proceso de la metáfora cuando se vio a sí mismo cabalgando sobre un rayo de luz; en efecto, se convirtió en parte del rayo mientras experimentaba el sistema que intentaba describir. La experiencia cinestésica condujo a Einstein a conceptualizar la relatividad, y a formular sus especulaciones matemáticas sobre la relación entre la materia y la energía, el espacio y el tiempo. Es como si los sensorios de estos dos descubridores hubieran estado completamente abiertos al tránsito y el alcance de la metáfora.

 

artemetafora04

 

La historia de las creaciones humanas desde las pinturas rupestres magdalenienses de Altamira, de 14.000 años de antigüedad, hasta los trabajos cerebrales de los físicos teóricos y el arte contemporáneo – demuestra que las metáforas constituyen universos. Con redundancia agradable, los ritmos de la metáfora van transmitiendo el mensaje de que hay tantas maneras de interpretar el mundo como modos de representar nuestras percepciones y respuestas. Cada representación toca algún aspecto de la cosa o proceso representado. Las imágenes mentales a las que damos formas, en respuesta a los conceptos metafóricos, tienen significados que van más allá de nuestras descripciones de los conceptos en sí. Se podría decir que son tan livianas o densas como las cosas a las que se refieren.

Para designar los procesos del arte y la metáfora, utilizo el término metaforación. Una metaforación es un objeto, imagen, concepto o proceso que comparamos con alguna otra cosa. Por ejemplo, cuando decimos que la mente es una máquina, la máquina se convierte en una metaforación que representa los aspectos mecánicos de la mente humana. Y viceversa: la mente se convierte en una metaforación que representa los aspectos orgánicos o biológicos de las máquinas. Esta nueva asociación genera la ampliación de ambos conceptos.

La neurocosmología insiste en que se considere todo objeto, concepto, imagen y proceso como una metaforación. Todas las cosas son intrínsecamente metaforaciones, sea que se las emplee metafóricamente o no. Con independencia del contexto en el que existe una cosa o proceso, nuestra mente puede conectarlos con alguna otra cosa, al tiempo que discrimina entre las conexiones. Metaforaciones son todas las formas de la metáfora, entre ellas la analogía, la alegoría, la alusión, el simbolismo y los tropos o figuras del lenguaje. Además, pueden envolver todos nuestros sentidos físicos, en cuanto abarcan todo modo de pensamiento, sentimiento y creación. Muchas de las metaforaciones a las que aquí aludo tienden a ser objetos o ideas visuales, aunque deriven de fuentes no visuales.

Como sustantivo y verbo, metaforación y metaforar son los modos y medios de postular semejanzas entre las cosas. Al hacer de algo una metaforación, trascendemos las imposiciones de la lógica y el pensamiento verbal, transfiriendo de un objeto a otro (con el cual se relaciona) un nuevo significado, pauta o conjunto de relaciones. Como el lenguaje de la matemática pura, capaz de describir procesos y formas abstractas de n dimensiones, el lenguaje simbólico de las metaforaciones es también multidimensional. Opera simultáneamente en muchos planos de asociación, matices y significados. Las metaforaciones evocan la idea de formar, conectar, configurar alguna cosa (o información) en las manos y los ojos de nuestra mente.

A continuación nos dedicaremos a mostrar de qué modo las metaforaciones son instrumentos de la naturaleza para unir cosas y pensamientos. Transmiten ideas que dirigen nuestra consciencia hacia relaciones que eluden el análisis descriptivo completo. Las metaforaciones 1 a 5, por ejemplo, sugieren que las artes y las ciencias, el universo y el cerebro, comparten ciertas relaciones sin especificar ni abogar por esa sugerencia

artemetafora05

 

Metaforación 1.- Los mundos paralelos del arte y la ciencia.- Aunque a veces comparten intereses y percepciones similares, sus representaciones son esencialmente diferentes. Los ajenos a su campo, por lo general, piensan que la ciencia es una progresión lineal de hechos, investigaciones, etc. Esa linealidad suele quedar indicada por estos tipos de anotaciones visuales. Se muestra que el mundo del arte se mueve hacia el infinito en una dirección opuesta. Aquí vemos que las artes y las ciencias son paralelas entre sí y convergen (sobre algunas cuestiones), aunque realmente nunca llegan a encontrarse en un punto. Si sustituimos las palabras ciencia y arte por cerebro y universo, respectivamente, el significado de esta metaforación cambia bruscamente.

Quienes no queden satisfechos con esta anotación visual simple y consideren esta relación más compleja, podrían indicarlo creando dos curvas paralelas entre sí o dos planos que se cruzan, o con una matriz en la que sistemas de puntos distintos (que representan la ciencia) están conectados por un sistema perfectamente organizado de líneas (que representa el arte). Para añadir un sentido de acción a esas formas geométricas estáticas, se podría expresar esta idea mediante el símbolo activo de la espiral (metaforación 2).

La Mariposa

La Mariposa

butterfly-and-flowering-plum-1935
La arquetípica realidad inmortal que revela una vida perfecta y dedicada.

Este símbolo describe una forma perfecta- el resultado de la metamorfosis del gusano en mariposa – un proceso cuyo simbolismo a menudo ha sido utilizado para indicar al hombre la posibilidad de transformarse en algo más-que-un-hombre, el ser transhumano, el verdadero Iniciado, el Adepto, el Perfecto.

Dane Rudhyar
El Misterio de la Dualidad

El Misterio de la Dualidad

El Misterio de la Unidad por la Dualidad está simbolizado por el Uno dentro del Cero. La línea recta dentro del Círculo representa la Unidad; el ángulo de dos líneas distintas que, partiendo de un único punto se alejan y divergen, representa la Dualidad. De esta manera, vemos que la Dualidad tiene su origen en la Unidad.

El punto central en el que las dos líneas se juntan es el séptimo mundo o mundo de la Realidad, mientras que las dos líneas que atraviesan los seis mundos inferiores a la Realidad se llaman mundos de la manifestación o apariencia de la Realidad. Son la sustancia de la Esencia, la forma del ser y la materia en contraposición al Espíritu.

Desde el momento en que la Unidad se bifurca, se convierte en Creación; pero la consciencia de la Unidad, que es el Alma del mundo, se manifiesta en la Dualidad que desciende del séptimo Cielo. Mediante la Dualidad se forman: el Cielo y la Tierra; el bien y el mal; la luz y la sombra; el espíritu y la materia; el Jakin y el Bohaz; el Yang y el Yin; el Sol y la luz; la expansión y la reunión; la necesidad y la libertad; el Padre y la Madre; Adán y Eva, etcétera.

En el mismo cuerpo se manifiesta la Dualidad en todo el organismo; sin embargo, esta Dualidad se concilia en el centro cerebral, en la nariz, la lengua, el ombligo, el falo. La Divinidad Única tiene dos condiciones como base de su manifestación: el Universo y el Hombre. La Unidad de la dualidad, en el cerebro del hombre, es el principio de la Creación; la Unidad de la Dualidad en la base inferior de la médula o en el IO cabalístico, es el regreso a la Divinidad. Desde el momento en el que el Yo Soy junta alrededor de sí a sus vehículos de materia, oscurece su consciencia en su propio plano, pero la comunica a sus vehículos.

Dualidad_01
Nacimiento de Venus
El plano físico es el inferior, en el cual el ser humano encarna en el cuerpo material. El segundo es el deseo inferior, el cuerpo de los instintos y pasiones, es el cuerpo de atracción o posesión. El tercero es el de la emoción o del deseo superior, que se caracteriza por el deseo de unión. El cuarto es el mental inferior; es el de la memoria que da fijeza a los demás planos superiores. El quinto es el mental superior, sede de las cualidades. El sexto es el plano espiritual, el de la tendencia. El séptimo y último es el plano de la Unidad con el Ser Recóndito; en él no hay diferenciación: Todo es Uno y Uno es Todo.

De manera que el hombre está compuesto por siete aspectos distintos en su ser, y cada uno de ellos posee los átomos de cada aspecto, que habitan en él. El Yo Soy emana del séptimo plano de la Unidad, o cabeza, a modo de electricidad, la fuerza vital en forma dual: protectora y pasiva o receptora: masculina y femenina. Sin embargo, estos dos polos no se encuentran en parte alguna, se pierden en el espacio, y para limitar o utilizar sus fuerzas, es útil unirlas en circuito. La Unión de los Polos es el misterio de la Creación. Mientras están separados, significan emanaciones del Ser Recóndito, pero cuando se unen, desarrollan una Creación que se encamina de regreso hacia la Unidad Superior.

El hombre es el polo positivo de la Fuerza Vital que está fluyendo del Yo Soy; pero esta fuerza, en vez de perderse en el espacio infinito, después de realizar su obra en el cuerpo masculino, tiende a unirse con un ser femenino para producir el circuito y regresar por él a la Divinidad. En el punto de Unión, el Iniciado puede apoderarse de esa fuerza y emplearla en todos los siete planos anteriormente enumerados.

Dijimos que el séptimo plano es la Unidad del Todo; pero desde el séptimo hacia abajo comienzan las polaridades de la sexualidad, en las que tienen que fluir hasta llegar al plano físico; entonces, el hombre debe convertirse en canal masculino y positivo de la Fuerza Vital, y la mujer, en canal pasivo, negativo y femenino. De esto se deduce que el ser humano, en principio, es asexual o andrógino; así fue en el principio y así ha de ser en el final.

Dualidad_02
Venus y Marte
Entretanto, ambas fuerzas del Yo Soy son manifestaciones divinas en el hombre y la mujer, y tienen que unirse en los mundos de la materia, para la Creación y el retorno a una Unidad. Sin embargo, esta unión de los dos polos tiene que realizarse forzosamente en los seis planos para que produzcan la Unidad en el séptimo.

La Energía Vital o Creadora debe descender hasta el plano físico. El Iniciado o Adepto tiene como objetivo detenerla en la base de la médula espinal para reenviarla al sexto mundo, sin derramarla en la tierra, pues no podrá seguir la senda interna si ocurriera esto. Nadie debe suponer que el adepto deba ser célibe o no tener nunca mujer por compañera o esposa. No. El adepto emplea la Fuerza Creadora de acuerdo con las leyes divinas, y su unión sexual es un Sacramento o un Sacrificio. Pero el adepto es también conocedor de las leyes divinas en él contenidas; puede ser célibe y utilizar las dos polaridades que descienden de la cabeza, unirlas en la base de la médula en la que forma el circuito del fuego serpentino, y elevarlo a la Unidad por medio de aspiración, respiración y meditación.

Entonces, los dos medios, el casamiento y el celibato, tienen por objeto unir las dos polaridades que emanan de la Unidad para que puedan retornar a ésta mediante la Unión.

Cuando la Energía Creadora desciende, como positiva, por el lado derecho de la médula espinal, y como pasiva, por el lado izquierdo, ambas polaridades tienen que unirse en la base de la espina dorsal y seguir el rumbo de regreso hacia arriba hasta llegar al sexto plano. Es lo que se halla representado en el símbolo del Caduceo. Si esta energía se derramara en el punto de la unión inferior, volvería a la tierra y arrastraría al hombre hacia la animalidad.

La Fuerza Vital se irradia desde Yo Soy, por lo tanto, es divina en su sustancia, y la expresan los diversos cuerpos del hombre, constituidos por los átomos en los diferentes planos; sin embargo, la naturaleza de esa Fuerza es muy distinta en cada plano, aunque sea una sola en toda su manifestación. Por ejemplo, podemos tomar el fuego, que es humo, calor y luz al mismo tiempo. Así también es el fuego divino en la fuerza vital: humo en el bajo vientre, esto es, instinto animal; calor o deseo en el pecho; y Luz en el cerebro, de modo que es condicionada por la naturaleza del plano en el cual opera.

Esta Fuerza Vital es la Causa de todo lo que existe; y preserva de la desintegración a toda forma viva hasta que esta llegue a evolucionar; el mismo tiempo, crea. En la primera fase es el Padre-Madre, positivo y negativo; en la segunda, es el Hijo. Es una sola para la vida, y dual para la Creación. Ya dijimos que esa Energía es positiva por el lado derecho de la médula en el hombre, y pasiva por el lado izquierdo, en la mujer. Sin embargo, el hombre representa el lado positivo en la naturaleza externa, el cual se manifiesta derramándose, y la mujer representa el lado pasivo, que espera el estímulo. El hombre estimula a la mujer en el plano físico, pero en el anímico es la mujer quien lo estimula, porque si el hombre tiene cuerpo físico positivo, su cuerpo de deseos es pasivo, mientras que la mujer es al revés del hombre: su cuerpo físico es pasivo y su cuerpo de deseos es positivo. El Reino de Dios vendrá cuando los dos sean uno y ya no haya ni masculino ni femenino, dicen las Escrituras.

El hombre y la mujer, como personas, tienen sexos definidos; pero como dioses, cada cual tiene ambos aspectos. El Iniciado debe desarrollar en su cuerpo ambos polos, para convertirse en Unidad o unirse con una mujer, para obtener el mismo fin. Con todo, existen seres que unen los dos métodos para llegar al mismo objetivo.

La humanidad puede determinar el sexo del individuo en el mundo físico, pero la Fuerza Vital es la que lo determina en los mundos internos; por eso vemos hombres afeminados y mujeres hombrunas.

La sagrada Energía Creadora obedece, como todas las cosas, al pensamiento del hombre. El tipo altamente espiritual trata siempre de espiritualizar la materia, y sus pensamientos buscan la unión de todas las cosas. La Energía de tal Ser no puede permanecer mucho tiempo en el mundo físico, y vuelve a su mundo mental superior y espiritual, mientras que el ser de tendencia material arrastra con el pensamiento la Energía Vital hacia el mundo físico. Puede crear en este mundo, pero a la manera de los animales.

Y los dos serán Uno, dijo Jesús al hablar del matrimonio. Hasta hoy, rarísimas veces hemos tenido ocasión de ver el matrimonio ideal al que el Nazareno se refiere. Todas las uniones actuales se forman en el mundo del deseo y del plano físico; son raras las que llegan al plano mental, y más raras aún las espirituales. La verdadera unión del hombre y la mujer debe llegar hasta el sexto plano; en caso contrario, nunca serán un solo cuerpo. Las uniones actuales, vistas desde el punto de vista espiritual, son concubinatos voluntarios o impuestos. Cuando la unión de dos seres no llega a todos y cada uno de los cuerpos internos, es una unión animal que puede abarcar los tres cuerpos inferiores. El amor tierno y profundo, que comienza desde el plano mental superior hacia arriba, carece del concepto de la unión sexual; cuando un matrimonio no alcanza la unión mental, es un matrimonio desdichado porque fue elaborado con deseo animal o con interés personal.

Cuando dos seres de sexos opuestos encuentran la unión mental y ambos consiguen resistir la presión de la Energía Creadora en el plano físico, esa energía forma un circuito en el mundo físico y vuelve a la Divinidad, llevando consigo la mente de los dos seres.

Ya se dijo que el cuerpo tiene siete chakras dispuestos en diferentes zonas, y que ciertos temperamentos son más proyectores que atractivos, y que en otros ocurre al revés, pero quien haya alcanzado el completo equilibrio será un Dios. Observamos que es raro el individuo que llega a semejante estado, salvo algunos genios y, aún éstos, sólo en determinado tiempo de su existencia.

Dualidad_03

 

El objetivo de la unión de las dos polaridades del cuerpo es la divinización del hombre, y sólo unos pocos Iniciados siguen este método; sin embargo, la casta unión del hombre y la mujer conduce al mismo fin. También vimos que la Verdadera Unión del hombre y la mujer debe alcanzar los siete chakras o mundos como anteriormente los llamamos – porque realmente cada chakra es un mundo en sí mismo y, si la unión no se produjera en los siete, entonces sería unión imperfecta, por ser incompleta.

La unión de dos seres de diferentes sexos debe alcanzar los siete chakras en total, porque las polaridades de los chakras masculinos son diferentes de las de los femeninos y, al unirse, producen equilibrio. Sin embargo, tenemos que distinguir entre unión sexual y unión de las dos almas, con o sin matrimonio, que son cosas muy diferentes.

Si se unen dos seres instintivos de los dos sexos, la unión será animal, como sucede en los burdeles, y el equilibrio se traduce en la satisfacción de un instinto que reside en el chakra básico, positivo en el hombre y atractivo en su chakra correspondiente, o sea, el útero en la mujer. Los opuestos se unen en este plano con la diferencia corporal y vibratoria que existe entre los dos. Este chakra ejerce su influencia en el olfato y en la sexualidad. Esta unión persiste tan sólo durante el acto.

La Victima

La Victima

En nuestra cultura y nuestra época, la palabra víctima evoca la negatividad que va asociada a las experiencias más oscuras y dolorosas: sufrimiento, injusticia, impotencia y muerte. Casi siempre concebimos la víctima en su sentido secular, tal vez porque hemos perdido en gran medida el sentido de lo sagrado en lo mundano, y apenas sentimos la honda resonancia de las antiguas llamadas que nos hacen los dioses y diosas casi olvidados. Nuestro mundo es unilateralmente secular, y estamos confinados en él. Sin otro mundo al que recurrir en busca de ayuda o justicia, la víctima en los Estados Unidos de hoy es simplemente víctima del mundo del crimen, la miseria, las enfermedades contagiosas y las drogas.

Cordelia:No somos los primeros que, con
la mejor intención, hemos incurrido en lo peor.
Por ti, rey oprimido, soy derribada…

Lear:Sobre tales sacrificios, Cordelia mía,
los dioses mismos arrojan incienso.

(Shakespeare, El Rey Lear)

La figura arquetípica de la víctima está llena de connotaciones sociales, asociaciones religiosas y paradojas psicológicas, pero aquí me limitaré a dos aspectos: el secular y el sagrado. Hablaré menos de la experiencia psicosocial de víctimas concretas que de la figura de la víctima en la psique, una imagen arquetípica que aparece con la misma multiplicidad de formas que las heridas, injusticias y sacrificios.

Todos somos víctimas, aunque algunos de nosotros en quienes la figura interior de la víctima está rechazada o proyectada, podemos no percibir una profunda resonancia psíquica en los momentos, críticamente importantes, en que hay sufrimiento. Todos sufrimos, sea por azar o por algún designio aparentemente inescrutable. En un mundo cada vez más caótico, todos tenemos mucho menos control sobre nuestro bienestar del que querríamos. Y tarde o temprano, la Muerte nos acoge como víctimas.

La imagen arquetípica de la víctima es una personificación del modo en que un individuo o un grupo se imaginan a sí mismo sufriendo. Esta es la víctima sagrada, con sus asociaciones concomitantes de eternidad y trascendencia. La sacralidad de la imagen de la víctima remite sobre todo a su apartamiento, su interioridad como figura psíquica y su significado interior.

Un acto criminal es cierto acontecimiento que impone la condición de víctima sobre un individuo o un grupo, generalmente a través de medios violentos. El momento y el lugar de esta acción la hacen secular: ocurre en el mundo, en la dimensión temporal. La distinción entre secular y sagrado, el ahí fuera y el aquí dentro, no los hace incompatibles, pues eso significaría escindir el arquetipo.

La palabra víctima evoca también el miedo y la inseguridad terribles que suscita el azar arbitrario, o el miedo igualmente terrible de haber sido señalado, escogido, para un dolor insoportable. Sólo utilizamos la palabra en relación con las experiencias que tememos: víctima del cáncer, víctima de violación, víctima de accidente, víctima de enfermedad mental, víctima del hambre. Quien o qué sea lo que victimiza es importante para el conjunto de la experiencia de la víctima, pues son estos agentes cáncer, violador, coche o avión los que crean el contexto en el que la persona se convierte en víctima. Parte del horror de la victimización procede de darse cuenta de que la víctima y el agente comparten una terrible afinidad: algo del uno puede hallarse en el otro. Esto no significa que sean simplemente dos caras de la misma moneda; ambos pueden constituirse en una sola persona al mismo tiempo, la cual puede victimizarse a sí misma. Para la víctima, el agente tiene el poder de inflingir sufrimiento y dolor, de negar la justicia, de causar muerte. Y dado que la víctima es, por definición, impotente, la emoción primaria que siempre acompaña a la victima es el miedo.

Sin embargo, precisamente porque provoca semejante miedo y una negatividad total, es posible que ninguna otra imagen arquetípica muestre tan claramente la necesidad de la psique humana de dar significado al sufrimiento. El primer grito desesperado de la víctima es: por qué yo? El horror del acto violento grita buscando algún significado en el dolor, algún propósito de la congoja; no puede haber aceptación de la propia condición de víctima si la psique no reconoce su sacralidad. Podemos soportar mucho dolor, mucho más del que podemos merecer o del que podemos considerarnos capaces de soportar, pero Jung tenía razón cuando dijo que los seres humanos no pueden tolerar una vida sin sentido.

Al mantener juntos estos dos aspectos de la imagen de la víctima, podemos percibir en ella múltiples significados y emociones sin rechazar la desesperación y el terror primarios que despierta. Quizá la única salida del infierno lleno de sentido de la condición secular de víctima sea el infierno lleno de sentido que la aleja del azar y la desesperación hacia la vivencia de un propósito consciente.

La New Age norteamericana no es un clima favorable para las víctimas; la New Age es para triunfadores, no para fracasados. El creador de víctimas, relativamente inconsciente, de la psique colectiva norteamericana, parece ser cada vez más hostil a ellas; de hecho, tal hostilidad probablemente produce cada vez más víctimas. Sólo hace falta observar el creciente número de víctimas del crimen, el abuso infantil, las drogas, el sida, la contaminación, las estafas y los ismos de toda índole.

El aparente antídoto contra la condición de víctima es la paranoia; no te fíes de nadie, pon en tu hogar cerraduras antirrobo, practica sexo a salvo en tu propia cama, abróchate el cinturón de seguridad, ponte un casco y mantén la cabeza fría en el trabajo, conoce tus derechos cuando trates con policías, terapeutas y vendedores zalameros. La idea es que cuanto más te protejas, menos probabilidades tienes de convertirte en víctima. La imagen de la víctima ha sido devaluada por la tan querida idea norteamericana de que las víctimas son sencillamente perdedores que no se esforzaron bastante para ganar.

La imagen de la víctima secular y las situaciones en que aparece, atraen una actitud negativa hacia ella, generalmente acusadora. Dado que el significado de la condición de víctima es inseparable del contexto cultural, la víctima siempre parecerá culpable en una cultura que sobre todo valora el dominio, la conquista, el poder, la competición: precisamente lo necesario para crear víctimas.

La víctima personifica características que están en conflicto con el sistema de valores, que lo amenazan o desafían. El ejemplo más obvio es la percepción de los judíos por arte de los nazis como un pueblo infeccioso y poderoso que corrompía la pureza de la sociedad aria y tomaría el control del mundo. La proyección ocurre en todas partes, en cada uno de nosotros, personal y colectivamente. Las víctimas seculares se crean así a través de la proyección: quienes apoyan y mantienen los valores dominantes proyectan su propio miedo ante la impotencia, el desamparo, la debilidad y la vulnerabilidad sobre todo aquel que pueda ser victimizado. Y dado que nuestra cultura no exhibe una distribución equitativa del poder, hay más víctimas que agentes: habrá victimas individuales y colectivas como los negros, los judíos, indios norteamericanos, lesbianas y gays, viejos, disminuidos, etc. etc.

Por supuesto, la víctima será culpada por cualquier problema que caiga sobre ella. Dado que la víctima ha de soportar el efecto, ella o él debe de algún modo ser la causa. Quizá la raíz de ello esté en la antigua idea cristiana de que el pecado atrae su justo castigo, mientras que la bondad merece bendición. De este modo, el sufrimiento de la víctima se comprende como un castigo de la justicia divina a través de un agente humano; donde hay castigo debe haber pecado. La idea sigue viva y coleando, aunque ahora expresada en términos seculares: la víctima merece lo que obtiene. En términos New Age, la víctima ha creado su propia realidad.

Pero, en realidad, no siempre creamos nuestro propio sufrimiento; pensar de otro modo es caer en la inflación negativa de imaginarnos con una capacidad semidivina de hacer que sucedan cosas tremendas. En aras de la madurez psicológica, debemos separar la idea de que somos responsables de nuestras acciones de la suposición de que las víctimas son responsables de su estado. Si no podemos hacer esta distinción, la víctima se convierte entonces en una figura patologizada que neurótica y unilateralmente considera al mundo creador de víctimas. En ese caso nos identificamos inconscientemente con la víctima, ya sea introyectando la culpa o proyectando la acusación. La tarea psicológica, sin embargo, no es necesariamente eliminar la acusación sino colocarla donde le corresponde.

El horror, la vergüenza y la impotencia de la víctima ante el agente, y la acusación colectiva que refuerza estos sentimientos, desvalorizan a la víctima en una cultura que desprecia la debilidad. Pero al mismo tiempo, es precisamente el horror, la vergüenza y la impotencia lo que despierta nuestra sensación de tragedia, nuestra empatía, nuestra indignación ante la injusticia, y a veces nuestro amor. Percibimos a la víctima como esa figura dentro de cada uno de nosotros que es débil, que sufre, que se siente injustamente acusada y no puede exigir justicia. La figura de la víctima personifica la paradoja de soportar un sufrimiento insoportable; tal vez por ello es capaz de conmovernos y despertar nuestra compasión, empatía, aflicción y amor. Sólo un psicópata es insensible al sufrimiento y el poder de la víctima, pues el psicópata no está en contacto con el poder de Eros y por tanto no puede relacionarse con el dolor.

La experiencia de la figura de la víctima en nuestra propia psique nos hace conscientes de la capacidad humana para el sacrificio.

La víctima sagrada

Muchos diccionarios definen víctima básicamente como una persona que sufre un acto perjudicial o destructivo, causado por un agente personal o impersonal; sin embargo, el antiguo significado de la palabra equipara víctima con sacrificio. Su significado original, el de la palabra latina victima, es el de animal destinado al sacrificio, y se aplica a toda criatura viviente que se mata o se ofrece a un dios o a un poder divino. La palabra sacrificio procede del latín sacer, de donde deriva nuestra palabra sagrado; su significado original se aplica a lo que es venerado, escogido, destinado al sacrificio, dedicado a un dios o a una finalidad religiosa.

Es curioso el hecho de que sacer también significa penalizado, maldito y criminal. La víctima, pues, puede ser a la vez inocente y maldita. Aunque esta maldición quizá no describa adecuadamente la naturaleza de la condición de víctima, a menudo encaja con la sensación de la víctima de estar maldita, escogida para el castigo. La imagen de la víctima suele aparecer en la vida psíquica como el maldito, tal como ocurre en la figura del chivo expiatorio, el escogido para expiar los pecados de los muchos, precisamente porque es inocente y no merece ese destino.

En su precioso ensayo Cancer in Myth and Dream; Russell Lockhart señala la paradoja de que la palabra víctima tiene en raíces latinas más antiguas el significado de incremento y crecimiento. (Corresponde a la raíz griega auxo, que significado también acrecentamiento y crecimiento, y es el nombre de una de las dos charites (gracias) atenienses, Auxo, la creciente). La imagen de la víctima se despliega así como un complicado tejido de significados aparentemente contradictorios. Simultáneamente evoca ideas y emociones colectivas de miedo, negatividad, poder divino, santidad, persecución, duda, inocencia, congoja, crecimiento, sacrificio, condena. Así, la imagen de la víctima puede mostrarse en el ámbito secular como fea, temible y secretamente despreciada, o puede aparecer como algo sagrado, bello y deseable.

El modo en que la víctima percibe conscientemente su sufrimiento puede aportarle significado: uno no es simplemente sacrificado sino que se vuelve capaz de realizar o llevar a cabo un sacrificio. La victimización, pues, es tanto la condición de una relación significativa con un dios como la condición de un sufrimiento sin sentido.

Los ámbitos de los sagrado y lo secular no son incompatibles; tales palabras son simples instrumentos para ayudarnos a distinguir aspectos de la experiencia. La tarea psicológica de la víctima es percibirlos unidos, hacer que lo secular sea sagrado, hacer del propio sufrimiento un sacrificio digno: honrar la herida, valorar lo vulnerable, cultivar la compasión por la propia alma lastimada.