El Quiebre del Ego

El Quiebre del Ego

Cualquiera que trate de avanzar en un camino de crecimiento descubrirá tarde o temprano que el gran impedimento a su trabajo no se encuentra en los otros, sino en sí mismo. Descubrirá que sus tendencias espirituales y las inclinaciones de su ego no están en armonía, sino que son divergentes. El ego busca lo transitorio, manteniéndonos polarizados en el mundo temporal, a pesar de que teórica o prácticamente estemos trabajando en alguna línea de crecimiento personal. Una y otra vez experimentamos la incapacidad de nuestro ego para someterse a la guía del maestro interior, del Yo Superior, para actuar revelando lo trascendente y no lo personal perecedero. El ego vive en y para lo temporal, mientras el núcleo que origina y sostiene nuestra vida – la chispa divina, el Yo Superior – permanece en lo intemporal y eterno, que es lo que quisiéramos alcanzar.

De ahí la dificultad de conciliar ambas posiciones, lo que produce la gran inquietud y aun las angustias más profundas que pueda experimentar el hombre que busca expandir su consciencia. Para ser en lo eterno, debe morir conscientemente en lo temporal. Su ego debe perecer. La conquista del punto de vista del Yo Superior, la polarización paulatina en nuestro núcleo superior de origen como resultado de la domesticación creciente del ego, es la meta e inspiración de todos los caminos de crecimiento.

Quienes se esfuerzan en crecer, saben de las dificultades que hay para mantenerse conectados con su propósito de avanzar, para desechar lo que atenta en su contra o que es inútil en su camino, para estar disponible permanentemente a las necesidades espirituales propias y de quienes nos rodean, para reconocer la presencia de lo trascendente en sus múltiples manifestaciones, para estar atentos a la tarea que nuestro desarrollo nos demande en el momento presente. Debido a las distracciones del ego, el Yo Superior no puede manifestarse a través nuestro. Cuando el ego no ha sido dominado, todo anhelo, buenos propósitos, firmes convicciones y acciones son nada más que un permanecer dormidos mientras actuamos. Por eso decimos – junto a todos aquellos que a lo largo de la historia lo han logrado – que hay solamente un camino mediante el cual el hombre se puede capacitar para ser útil a la tarea evolutiva: el sometimiento del ego. Esto es a lo que se refiere San Pablo cuando nos dice: Aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior, no obstante, se renueva de día en día (2 a Corintios 4:16).

Podríamos decir que el Yo Superior se reviste, en un período dado, de nuestras características temporales o externas – intelecto, emociones, cuerpo físico – las que tenemos como tarea pulir y purificar para servir de medio de expresión adecuado al Yo Superior. Esa encarnación temporal del Yo Superior es nuestra vida, de la que podemos hacer un cristalino lente o permanecer como un basto ladrillo.

El trabajo para someter al ego, y llegar a ser capaces de manifestar la divinidad sin distorsión, se realiza a través del fortalecimiento de la voluntad, comenzando por la observación de sí. El antiguo adagio: conócete a ti mismo y conocerás a Dios no es una metáfora. La observación creciente de nosotros mismos no sólo nos permite conocernos, saber con qué contamos, qué nos pertenece por naturaleza y qué hemos adquirido por otras vías (defensa, imitación, etc.), sino que crea y fortalece la voluntad, y la voluntad es el vínculo que puede establecer el contacto, polarizar el yo hacia el Yo, realizar lo que se ha discernido como propicio al crecimiento. Pero no debemos olvidar nunca que el ego no renuncia espontáneamente, debe ser dominado por la voluntad.

Habitualmente somos mucho más conscientes de las necesidades y requerimientos del ego y su cuerpo, que de las del Yo. Cuando crecemos, el anhelo por el Yo Superior es también creciente, pues las expansiones de consciencia apuntan hacia una verdad apenas intuida o susurrada con el temor de que no sea cierta: que yo soy El, o que Tú eres Eso, que el Yo Superior en verdad soy yo, mi Yo real, y que todo el trabajo de crecer es tomar consciencia de ello. En los comienzos de la búsqueda, el Yo Superior es una deidad trascendente, lejana, inalcanzable, a quien se piden favores, pero a medida que el ego va quedando atrás, y que se realiza la transmutación, se comienza a presentir como posible el que podamos llegar hasta Él hasta fundirnos con Él. Algún día esto será una certeza.

Para que la acción del Yo Superior se realice, debemos ponernos al alcance de su elevada posición. Esto es lo que hacemos mediante el entrenamiento de la voluntad. A través de la lucha constante por permanecer despiertos, por observarnos, por ser los amos de nuestros aspectos temporales y no sus esclavos, por ir superando las emociones negativas y todo el condicionamiento automático, se va creando una persona unificada, que actúa bajo el comando de una sola voluntad y no de un sinfín de subpersonalidades. Esta voluntad unificada es el compendio de la persona, de todo su aspecto temporal – que es lo que conoce – concentrado en un yo, y este yo es el que puede ser ofrecido a la voluntad del Yo Superior. La esencia de mi ser temporal se ofrenda a mi Ser eterno. Esta es la gran renuncia, la inmolación del ego, la aniquilación personal, el exterminio de la máscara. Hay que trabajar muy duro para convertirse en una persona unificada, individuada, para contraer todo el ser temporal en un punto, y luego dar el salto al vacío: entregarlo al Yo Superior, en quien debemos confiar plenamente, aunque en verdad no Lo conocemos, sólo Lo presentimos, intuimos, vislumbramos. Esto sería del todo imposible de realizar para el hombre si en verdad el Yo superior y el yo no fueran Uno desde siempre.

Una vez que se ha tomado consciencia de esta verdad, luego de un largo y azaroso camino, entonces el Yo Superior puede manifestarse, utilizando a la persona como su vehículo, en forma paulatina pero creciente. Nuestra dificultad básica yace en la imposibilidad del Yo para aflorar a través del ego. Si nuestra consciencia permanece en nuestro ego, dispersa en miles de necesidades y deseos, es como si el Yo Superior no existiera para nosotros, como si un grueso muro impidiera la comunicación. Pero cuando nuestra consciencia permanece en nuestra meta – nuestro Yo Superior – está unificada, porque el Yo Superior es Lo-Uno para el individuo, y entonces es posible una relación, se establece un vínculo que traspasa lo personal, hasta que se alcance el momento en el que esa relación ya no sea necesaria porque ha desaparecido la dualidad: Él – yo.

Nuestro Yo Superior parece tropezar con una cáscara dura que le impide abrirse paso. Si nuestro trabajo es fructífero, nuestro ego debe resultar fracturado para que el Yo pueda filtrarse: Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él queda solo; pero si muriere, mucho fruto lleva (Juan 12:24). La vida está latente en el interior de todo grano, pero sólo se hará realidad una vez que la cáscara se haya partido. Esa cáscara, el poderoso ego que se ha entronizado tan arraigadamente en nuestras vidas, dominándolas, es la vida temporal y, por lo tanto, origina el sufrimiento, los deseos siempre renovados, el miedo al fracaso, la sensación de importancia personal que será puesta a prueba una y otra vez, causándonos dolor. La vida verdadera late en el interior, es la del Yo Superior, que debe ser liberada para que seamos liberados.

Con la liberación perdemos todo en el mundo temporal, ofrecemos todo lo que nuestro ego valora. para obtener la vida real que trasciende la apariencia. Así, El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. (Juan 12:25) Si lo exterior queda intacto, lo interior nunca podrá hallar salida.

Cuando decimos perder nos referimos naturalmente al apego a la vida exterior; no es lo mismo tener y disfrutar un bien que temer perderlo, no es lo mismo amar a alguien que desear poseer a una persona, y sufrir si no lo logramos, lo que es la antítesis del amor verdadero. Así. cada vez que perdemos no hacemos más que ganar. El que va desgastando su duro caparazón, como decía Unamuno, cultiva un estado permanente de aceptación a lo que acontece a su alrededor; nada de lo que pase o deje de pasar, nada de lo que tenga o deje de tener es capaz de hacerlo feliz ni desgraciado. Cada problema frente al que no reacciona irritado, cada insulto frente al que no se altera, cada logro que no lo excita, son la prueba de su avance. Su única fuente de gozo y desdicha está en su interior, en su capacidad para mantenerse conectado o no con su fuente central, con su Yo Superior.

La energía amorosa del Yo Superior no cesa de actuar sobre el ego, de mil maneras, intentando disciplinarlo. Sin embargo, aquí está nuestra dificultad; nos afligimos por pequeñeces, murmuramos ante pequeñas pérdidas o dificultades. Todas las experiencias y problemas diarios se nos presentan con el propósito de que tomemos consciencia de algo específico, todo cuanto nos sucede es lo mejor que nos puede suceder ahora para nuestra evolución. El Yo Superior está preparando el camino para acercarnos a él, sin embargo, no lo reconocemos y nos sentimos desdichados, discutimos, renegamos de nuestra mala suerte o destino y nos volvemos negativos en nuestra actitud. El Yo Superior no derrocha nada, todo lo que hace llegar a nuestras vidas tiene significado. El motivo detrás de todas las acciones del Yo Superior es destruir nuestro hombre temporal, cincelándonos diariamente para nuestro desarrollo. El quiebre del ego es el camino de la paz interior, el camino de los frutos gozosos, pero también es un camino manchado con la sangre de muchas heridas, producto de la destrucción del caparazón, el que incluye todo lo que pertenece al hombre exterior: opiniones, maneras, astucia, amor propio, todo.

El trabajo de observación y aumento de consciencia para construir al yo unificado es la parte más dura y larga, la que requiere de gran perseverancia y paciencia con nosotros mismos, por nuestra ignorancia y numerosas recaídas. Si bien no se debe dejar nunca de luchar, en cualquier parte del camino es posible ser tocados por la gracia, la transformadora energía del Yo Superior que se ha apiadado de nuestros esfuerzos. Por lo tanto, si nunca antes nos hemos dedicado atentamente a la obra de nuestra propia unificación, intentémoslo, diciendo, desde lo más profundo, Señor, hágase Tu voluntad, sin condiciones, sin reservas.

En ocasiones pasan muchos años y algunas personas permanecen aparentemente sin cambio alguno. Esto sucede porque ciertos individuos tienen emociones, deseos o pensamientos muy fuertes o intensos. No se dan cuenta del trabajo que está siendo realizado, ven solamente que los hombres o las circunstancias se les oponen, que lo que los rodea es demasiado difícil, que tienen mala suerte, que los otros son los culpables. Nuestra principal tarea es la toma de consciencia de que precisamente eso es lo que las dificultades u obstáculos tratan de mostrarnos: que vamos cuesta arriba en el camino de evolución. Si no lo logramos, seguiremos teniendo ese mismo tipo de dificultades, y aún en mayor grado, hasta que comprendamos lo fútil, lo vano de esas ocupaciones. De hecho, es nuestra escasa comprensión, nuestra minúscula consciencia, lo que nos mantiene aparte del Yo Superior, ignorantes de nuestra identidad profunda.

El otro gran impedimento para la doma del ego es el amor propio, que también es miopía, pues es la visión exclusiva y separatista del ego; es decir, buscamos con desesperación una moneda en el camino mientras en nuestro propio jardín hay un gran tesoro enterrado que ni siquiera intentamos encontrar. Recordemos que la única razón para toda mala interpretación, todo mal humor, todo descontento, es que secreta o abiertamente amamos sólo a nuestro ego, que es una dura cáscara; y el objetivo de una cáscara es mantener algo separado, aislado, aparte, de la verdadera vida. Así, planeamos formas para escapar del sufrimiento y los problemas, y muchas veces los problemas aumentan debido a nuestra búsqueda de un camino para escapar, lo que sólo demora aún más la liberación. Pero no podemos huir de nosotros mismos por mucho tiempo.

Muriendo Diariamente

Muriendo Diariamente

Quienes han sobrevivido a la muerte han narrado que en los instantes anteriores a hundirse en la inconsciencia, el total de su vida desfiló delante de sus ojos en imágenes. Ningún detalle fue omitido, y cada color, forma y movimiento se reprodujo de acuerdo a la vivencia original. La mayoría de estos casos han ocurrido en la proximidad de muertes por ahogamiento; aunque también se han experimentado en accidentes en que la muerte se ve venir sin poder hacer nada por evitarla.

Este fenómeno demuestra claramente, en primer lugar, la persistencia de las impresiones que recibimos, las recordemos o no. En alguna parte de nosotros, la grabación permanece tan clara como en el día en que sucedió. Y, en segundo lugar, este hecho ocurre en un momento en que – presumiblemente – aquello que llamamos nuestra consciencia está abandonando nuestro cuerpo físico. Esto último sugiere la posibilidad de utilizar este poder de revivir el pasado de alguna manera en el momento de irnos a dormir, siendo esta la ocasión en que estamos ensayando la muerte al caer en la inconsciencia del sueño.

El dormir y la muerte se asemejan en que son estados de consciencia a través de los cuales pasamos normalmente en un proceso gradual: nos vamos durmiendo o muriendo. Y si es verdad que en nuestro tránsito final podemos recordar la totalidad de nuestra vida actual, resulta plausible que, al pasar de la vigilia al sueño, podamos recordar los eventos del día que termina. O, por lo menos, que dicha recapitulación sea más fácil que en otro momento. Si la oportunidad para una revisión pictórica de la vida es la muerte, esa misma revisión para un día ya vivido podría ser el dormirse.

Es importante tomar en cuenta que esta revisión antes de la muerte – según lo han informado los sobrevivientes – nunca se percibe como una censura o sermón, ni da origen a ningún pensamiento o sentimiento. Por extraño que parezca, esta revisión es hecha en forma impersonal e imparcial, sin apegos ni comentarios. Todo aparece en imágenes, exclusivamente; no hay palabras ni texto.

Siguiendo esta sugerencia, nuestra revisión nocturna del día debiera ser asumida de la misma manera. Es el día visto en forma pictórica; son los eventos del día con uno mismo como la figura central, revisando lo sucedido sin satisfacción o remordimiento, sin temor y sin expectativas; en forma imparcial e impersonal.

El que nosotros hagamos o no en forma espontánea una revisión como esa, es irrelevante para nuestro propósito, que es el de hacerlo conscientemente. Si encontráramos que sucede, por así decirlo, por sí misma, nuestra tarea de tomar consciencia de ella y observarla sería mucho más fácil. Pero aún, si no se diera en forma natural, el valor que tiene intentar este esfuerzo es demasiado considerable para ser menospreciado.

Para empezar, nada estaría mejor calculado para mantenernos atentos a nosotros mismos y a nuestros actos durante el día que el proyecto de verlo reproducido pictóricamente en la noche. Supongan que llevan consigo a todas partes una máquina filmadora y que las películas de video que tomen serán proyectadas en una pantalla en su dormitorio cada noche. La perspectiva de esta exhibición sería un imperativo para estar vigilante a cada paso que den. La acrecentada atención que eso exige podría ser de un provecho incalculable.

Además, aunque no haya ninguna motivación didáctica, la repetición del día en imágenes sería del más grande valor como una lección de autoconocimiento. Podríamos empezar a ser capaces de vernos como aparecemos ante los demás, y, en consecuencia, ejercitar toda esa tolerancia hacia los defectos y la torpeza de los que nos rodean, que usualmente sólo tenemos para nosotros mismos.

Más aún, la ventaja de tratar de recordar el día con exactitud es inestimable. La memoria, la voluntad, la concentración y el poder de una atención sostenida serían ejercitadas. Es imposible practicar la revisión en forma perseverante sin experimentar progresos en todos estos aspectos. El ejercicio, ya valioso por otras razones, es simplemente invaluable respecto al desarrollo mental. Es casi una medicina contra la mediocridad. Hay otras ventajas, pero ellas tienen que ir siendo descubiertas por cada cual. Nosotros debemos ahora considerar el método en sí.

Antes de irte a dormir empieza a contar lentamente una serie de números simples hacia delante y atrás: 2, 4, 6, 8, 10 – 10, 8, 6, 4, 2. Continúa esta repetición en forma rítmica. Habiendo obtenido este ritmo, déjalo que se siga repitiendo casi automáticamente mientras que, en forma deliberada, procura visualizar cómo aparecías al levantarte esa mañana.

Despertaste, saliste de la cama, fuiste al baño, te vestiste, tomaste tu desayuno, leíste el periódico (si tienes costumbre de hacerlo), te subiste a un bus, o al auto, etc. Trata de seguir esta secuencia en forma visual de momento a momento, exactamente como si estuvieras proyectando un video. Al principio encontrarás este ejercicio muy difícil por tres razones. La necesidad de contar continuamente te parecerá un estorbo al comienzo. No obstante, continúa: porque el contar ocupa el cerebro pensante y así la memoria visual puede trabajar con más facilidad. Recuerda que uno de nuestros objetivos es precisamente no pensar sobre lo que estamos representándonos. El pensar no sólo impediría la representación visual sino que además muy sutilmente, pero con toda seguridad, falsearía las imágenes. Por numerosas razones, el cerebro pensante debe estar ocupado para no interferir en la proyección y no existe otro medio más simple que contar.

La segunda dificultad es la constante interrupción debida a fallas de la memoria. Empiezas muy bien, pero apenas has visualizado unos cinco minutos de tu día cuando no puedes recordar qué hiciste después. Al tratar de recordar, casi con seguridad dejas de contar. Tan pronto como has parchado el video y lo has continuado, se interrumpe otra vez. No te desalientes. A todos, sin excepción, les pasa lo mismo. No es prueba de debilidad mental fallar en los primeros intentos de un ejercicio como este. El hecho es que se trata de algo tan nuevo en su esencia que aún un genio intelectual tropezaría al hacerlo por primera vez. Se puede decir que este ejercicio es posible para todos por igual, no depende del tipo de personas. Por lo tanto, hay que practicarlo hasta que el video del día se proyecte por sí solo sin un esfuerzo consciente.

Igual como el que ha estado a punto de ahogarse cuenta que la visualización de su vida pasó por delante de él, aquellos que han dominado este ejercicio dicen que los eventos del día, tal como han sido grabados en su memoria, se representan por sí mismos en su forma y color originales. Las interrupciones, frecuentes al comienzo, cada vez son menos. Desde un inexperto operador constantemente cortando el video, el estudiante persistente llega a ser un experto. Y su recompensa no es solamente la revisión del día, sino el control de la mente que ha hecho tal revisión posible. Ninguna de las numerosas escuelas de control mental tendría nada que enseñar a quien domine este método.

La tercera dificultad, que tal vez debió haber sido colocada primero, es simplemente: dormirse. El cerebro pensante, como sabemos, tiende a mantenernos despierto. El preocuparse – que es pensamiento emocional – es la más común causa de insomnio. La revisión del día en forma visual, por otra parte, al no ser una forma de pensar, induce al sueño como ningún somnífero podría hacerlo mejor. En el peor de los casos, por lo tanto, te dormirás; y en el mejor de los casos sabrás lo que es morir diariamente.

A.R. Orage

Traducido y extractado por Ester Silva de
“Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.

Apolonio de Tiana, El Tianeo

Apolonio de Tiana, El Tianeo

porque los dioses perciben el futuro, los hombres el presente, y los sabios lo que se avecina Filóstrato, Vida de Apolonio de Tiana
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Apolonio debe su nombre a su nacimiento en Tiana, en la Capadocia turca, por el año 4 d.C. según la mayoría de las fuentes. Aunque su figura está rodeada de misterio y ha tenido poca difusión en relación a su importancia, se lo considera uno de los grandes del período, habiéndoselo comparado incluso con Jesús, por haber predicado la paz y las costumbres correctas a los hombres y por haber catalizado hechos inexplicables (milagros) entre los que se cuenta incluso la resurrección de una joven. En su época tuvo gran celebridad, innumerables seguidores y discípulos y su nombre surge en escritos de los cronistas de su tiempo. La mayor parte de los datos de primera mano existentes acerca de sus viajes, sus enseñanzas y las pruebas que tuvo que superar en su larga vida fueron recogidas por su fiel discípulo y compañero Damis, a quien conoció en un viaje por Nínive y quien le diría: Vayamos juntos; tú debes seguir a Dios, y yo a ti. Alrededor de cien años después, en el siglo III d.C., Filóstrato elabora una biografía basándose en los escritos de Damis. El único escrito original de Apolonio de Tiana, conservado por Filóstrato, es la Apología.

Es difícil a estas alturas separar la biografía real del mito, que comienza con el sueño que habría tenido su madre anunciándole la llegada de este hijo, sueño tras el cual se habría iniciado el embarazo. Tempranamente habría adoptado las enseñanzas de la escuela pitagórica el Neopitagorismo con sede en Alejandría, parcialmente incluido luego en el Neoplatonismo – y habría decidido llevar una vida simple, vegetariana, casi ascética, andando siempre descalzo y durmiendo en los templos que encontraba en su peregrinar. Al iniciarse en la enseñanza pitagórica, habría mantenido un voto de silencio por cinco años como una prueba autoimpuesta de sobriedad y control. La escuela Neoplatónica alejandrina impulsaba la captación de la verdad a través de las experiencias místicas y el acceso intuitivo a la sabiduría esencial. Muchos ocultistas y hermetistas se reunieron en Alejandría a lo largo de aproximadamente 500 años, y buena parte de las doctrinas herméticas y místicas de hoy día han sido inspiradas por la enseñanzas de estos Gnósticos, Neoplatónicos, Pitagóricos, Alquimistas y Cabalistas que trabajaron para la preservación y extensión de las tradiciones metafísicas de la antigüedad.

Se dice que a los 14 años edad en la que ya era tan conocido por su buena memoria como por su belleza – habría convencido a su padre que lo cambiara a otra ciudad por considerar que Tarso, donde había ido a estudiar retórica con Eutidemo, adolecía de demasiada relajación de costumbres, lo que le resultaba en extremo chocante. Superando a sus maestros, pronto se habría reunido con los sacerdotes del templo de Esculapio en Egea donde habría comenzado con sus estudios filosóficos y curaciones milagrosas, adoptando la escuela pitagórica a los 16 años, para el resto de su vida. Luego habría ido a Antioquia, a enseñar al Templo de Apolo. Viajó por casi todo el mundo conocido de entonces (Babilonia, India, Grecia, Roma, Etiopía, Egipto, España), siempre acompañado de sus seguidores. Se cuenta que habría llegado hasta los Himalayas, donde lo habrían estado esperando desde hacía tiempo.

De su viaje a la India, un destino extraño y considerado al menos incierto en la época y acerca del cual había numerosos rumores y leyendas, acompañado sólo de Damis, Apolonio habría dicho: He visto a los Brahmines indios que viven en la Tierra y sin embargo no sobre ella; en una ciudadela, sin fortificaciones, sin propiedades, y sin embargo en posesión de todas las cosas. En Egipto logró, tras mucha espera, ser aceptado en los santuarios de Heliópolis, donde se cree que permaneció alrededor de 25 años. De vuelta de la India, escribió a quienes fueran sus anfitriones: “Vine a vosotros por tierra y me habéis dado el mar; no, mejor, compartiendo conmigo vuestra sabiduría me habéis dado poder para viajar por el cielo. Estas cosas llevaré de vuelta a las mentes de los griegos, y mantendré conversaciones con vosotros como si estuvierais presentes.”

A la muerte de su padre, Apolonio, de 20 años, tuvo que regresar a Tiana para ocuparse de los trámites, pero renunció a su considerable herencia, entregándosela a un hermano a quien rescató de una vida decadente – y otros parientes, a quienes aseguró que él se bastaba con muy poco y que nunca se casaría. Siempre mostró rechazo a las posesiones materiales, así como a cualquier privilegio material, o como retribución por sus enseñanzas.

El Tianeo tenía una forma de hablar que atraía a la gente aunque no comprendieran completamente lo que decía, y de este modo fue reuniendo numerosos discípulos. Se cuenta que los trabajadores abandonaban sus tareas para oírle, que le eran enviados embajadores desde diversas regiones, que fue admirado por magos persas, brahmanes indios y sacerdotes egipcios. Fue famoso como hacedor de milagros, pero la mayor parte del tiempo predicaba la justicia y las buenas costumbres, corregía los abusos y visitaba los templos de todas las ciudades que visitaba. En Roma, condenó algunas costumbres imperantes, entre ellas los deportes crueles, la vida disipada y el uso de los baños públicos. A su vez, fue criticado por su forma de vestir y por sus largos cabellos, que desafiaban las costumbres romanas.

Los Poderes

Además de su elocuencia capaz de mover a grandes masas humanas, se dice que Apolonio de Tiana leía las estrellas, y tenía la capacidad de hacer que los cuatro elementos de la naturaleza le obedecieran. Podía ver el futuro, y profetizó muchos hechos que efectivamente ocurrieron con posterioridad, como la muerte del gobernador de Cilicia, una epidemia que amenazaba a Éfeso, el destino de Tito, el surgimiento de una isla entre Tera y Creta, la próxima muerte de Nerva, etc. Se cuenta que, en medio de un eclipse de sol, Apolonio habría dicho a la multitud: Algo grande sucederá y no sucederá. A los tres días un rayo caería sobre la copa que Nerón se llevaba a los labios, lo que fue interpretado como el cumplimiento de la sentencia de Apolonio.

Además del don de profecía, el que le confería más fama entre sus seguidores y el asombro del pueblo eran las sanaciones de cojos, ciegos y paralíticos, técnicas que habría aprendido con los brahmanes de la India. También realizaba exorcismos, y se dice que podía leer en el alma de las personas, ver su pasado y curarlas con sólo un toque de sus manos o palabras de consuelo. En Roma, al ver pasar el féretro de una joven, habría dicho algunas palabras en voz baja junto al cadáver, y la doncella se habría puesto en pie para irse caminando a su casa.

Apolonio de Tiana era capaz de desmaterializarse físicamente a voluntad, apareciendo y desapareciendo en forma súbita en medio de la multitud. Esto ocurrió incluso frente a los ojos del emperador Domiciano, en el juicio que se seguía en su contra. Además, poseía la capacidad de la locación múltiple, siendo visto en ciudades muy alejadas entre sí por diversas personas, el mismo día.

También era capaz de ver a través del tiempo y el espacio, por ejemplo, cuando anunció la muerte de Domiciano, quien tanto lo perseguiera mientras ésta ocurría.

Se le consideraba un ser capaz de entender todos los lenguajes, incluidos los de los animales. Por más lejanos o exóticos que fueran sus destinos de viaje, jamás necesitó intérprete: Conozco todas esas lenguas y no debes maravillarte porque las conozca todas sino porque conozca lo que ellos no saben decir con sus propios labios.

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Enemigos y Detractores

Muchos hombre públicos y poderosos pedían consejo a Apolonio, y algunos de ellos lo consideraban prácticamente como un ser divino, como el emperador Vespasiano, a quien había conocido previamente en Alejandría. Pero no todos lo miraban con buenos ojos; se ha referido que Apolonio intentó ingresar a los misterios de Eleusis, en Grecia, pero que le fue prohibido por considerárselo un hechicero, y que no se le habría levantado esta interdicción sino hasta los últimos días de su vida. Cuando el hierofante le cerró la admisión, el Tianeo habría respondido: Tú has omitido el cargo más serio que podías haber tenido mi contra: saber que aunque yo sé más acerca del rito místico de lo que sabe su hierofante, sólo he venido aquí pretendiendo el deseo de iniciación de hombres que saben más que yo.

Por otra parte, acaso la misma atracción que ejercía sobre la gente siempre temible para los gobernantes – junto a sus constantes diatribas contra los dictadores como Nerón, le generaron poderosos enemigos, que lograron, durante el reinado de Domiciano, acusarlo de hechicería, blasfemia, sacrilegio (sacrificios humanos) y conspiración contra el emperador, con lo que fue encarcelado por traidor, cortada sus barbas y cabelleras, y mantenido con grilletes y cadenas. Aunque le ofrecieron declararse culpable para rebajar la pena, nunca lo aceptó, pues se consideraba inocente de los cargos, además de sostener que el derramamiento de sangre de cualquier ser vivo era un ultraje a la divinidad, y que el único sacrificio que debía ofrecérsele era el razonamiento. Concluido el juicio y antes de leer la sentencia, Apolonio habría dicho, para cerrar su defensa: no podéis detener mi alma, ni siquiera mi cuerpo, según algunos, o no me matarás, pues no soy mortal, según otros, tras lo cual se habría desvanecido ante los atónitos ojos de todo el tribunal, incluido el propio Domiciano, que se encontraba presente.

La sentencia fue absolutoria (otros mencionan que se decretaba el destierro), pero tras la misteriosa desaparición es visto el mismo día en Puteoli en compañía de Damis, una localidad a tres días de camino de Roma. Luego se le pierde la pista hasta que surge en Dicearquía, luego en Creta, lugar donde se cree que murió al poco tiempo (si es que murió, dice Filóstrato), aunque nunca ha sido encontrado su cuerpo. Antes de partir logró reencontrarse en secreto con sus discípulos, y les anunció que le quedaba poco tiempo, a la vez que les insinuó que tal vez volviese luego de abandonar su cuerpo para probar de este modo la inmortalidad del alma. De Damis se despidió al tiempo que lo enviaba lejos con un mensaje para Roma – con las palabras: “Damis, cuando pienses en temas elevados en meditación solitaria, me verás.” Se dice que luego de su muerte se habría aparecido a un joven que no había creído en sus palabras. Según la leyenda, Apolonio murió a los cien años, manteniendo hasta el fin un cuerpo saludable y hermoso. Otros dicen que desapareció y voló al cielo, reencarnándose en el siglo XII bajo la forma del gran alquimista Artephius.

Otro relato refiere que también Nerón lo habría enjuiciado, por conspiración en su contra y en relación a su prohibición de la permanencia de filósofos en Roma, y que en la lectura de la larga lista de acusaciones, las letras de la misma habrían desaparecido misteriosamente.

Tanto Éfeso como Rodas y la isla de Creta pretenden poseer su tumba. Su ciudad natal Tiana le dedicó un templo y logró obtener en su memoria el título de ciudad sagrada. A pesar del juicio y el descrédito, a su muerte, por los alrededores del año 97 de nuestra era y durante el reinado de Nerón, se le realizan numerosos honores y se erigen estatuas y templos conmemorativos en su memoria.

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El legado

Apolonio de Tiana consideraba como parte de su deber contribuir con su ejemplo la práctica espiritual disciplinada y la abstención de todo acto licencioso – tanto a edificar al pueblo como a los gobernantes para establecer políticas correctas y justicia. Combatió la opresión, habló sobre la necesidad de compartir los bienes y ayudar a los necesitados. Abogó mucho por la moral pública, corregía las costumbres, y entendía que la principal misión de la política era desarrollar pueblos virtuosos, con sentencias como: “La ley nos obliga a morir por la libertad, la naturaleza nos ordena morir por nuestros padres, nuestros amigos y nuestros hijos. Todos los hombres están atados a estos deberes. Pero un deber mayor descansa en el sabio, él debe morir por sus principios y por la verdad que él ama más que a su vida”.

El Pasado y El Futuro

El Pasado y El Futuro

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Aunque no sabemos acerca del tiempo más que es una de las cuatro dimensiones de nuestra existencia, podemos definir el presente. El presente es el punto cero, siempre en movimiento, de los opuestos pasado y futuro. La personalidad bien equilibrada toma en cuenta el pasado y el futuro sin abandonar el punto cero del presente, sin considerar el pasado y el futuro como realidades. Todos somos capaces de dirigir la mirada hacia atrás y hacia delante, pero la persona incapaz de enfrentarse a un presente desagradable y que vive ante todo en el pasado o el futuro, envuelta en el pensamiento histórico o futurista no está adaptada a la realidad. De esta forma la realidad además de la formación fondo-figura – asume un nuevo aspecto proporcionado por el sentido de actualidad.

Se reconoce que el soñar despierto es una de las pocas ocupaciones consideradas como huida del punto cero del presente hacia el futuro, y en ese caso es común referirse a esto como un escape de la realidad. Por otro lado, hay personas que acuden al analista sólo con el deseo de obrar de acuerdo con la idea popular acerca del psicoanálisis: desenterrar todos los recuerdos o traumas infantiles posibles. Con un carácter retrospectivo, el analista puede malgastar años siguiendo esta caza del pato salvaje. Por estar convencido de que ahondar en el pasado es una panacea para la neurosis, sólo colabora con la resistencia del paciente a enfrentar la neurosis.

El constante ahondar en el pasado tiene además otras desventajas, en cuanto no toma en cuenta lo opuesto, el futuro, y no comprende por ello todo un grupo de neurosis. Examinemos un caso típico de neurosis de anticipación: Una persona, al ir a acostarse, se preocupa acerca de cómo dormirá; por la mañana tiene una gran resolución respecto al trabajo que realizará en su oficina. Al llegar allí no cumplirá sus resoluciones, sino que preparará todo el material que pretende comunicar al analista, aunque no ofrecerá este material en el análisis. Cuando llega el momento de emplear los hechos ya preparados, su mente se ocupa en que espera cenar con su amiga, pero durante la cena hablará a la joven acerca de todo el trabajo que tiene que realizar antes de ir a la cama, etc., etc. Este ejemplo no es una exageración, porque hay muchas personas que siempre están unos pocos pasos o millas más allá del presente. Jamás recogen los frutos de sus esfuerzos, ya que sus planes nunca establecen contacto con el presente, o sea, con la realidad.

De qué sirve hacer que una persona, perseguida por un miedo inconsciente de inanición, se de cuenta de que su miedo se originó en la pobreza experimentada durante su infancia? Es mucho más importante demostrar que, al dirigir su mirada hacia el futuro y tratar de conseguir seguridad, echa a perder su vida presente, que su ideal de acumular riquezas superfluas está separado y aislado del sentido de la vida. Es esencial que esa persona aprenda el sentido de sí mismo, que restaure todos sus impulsos y necesidades, todos los placeres y dolores, todas las emociones y sensaciones que hacen que la vida sea digna de vivirse y que han llegado a convertirse en un fondo o han sido reprimidas a favor de su ideal dorado. Debe aprender a realizar otros contactos en la vida además de sus relaciones de negocios. Debe aprender a trabajar y a jugar.

Esta gente desarrolla una neurosis clara una vez que han perdido su único contacto con el mundo: el contacto de negocios. Se conoce esto como la neurosis del hombre de negocios retirado. De qué le sirve un análisis histórico, a no ser para proporcionarle un pasatiempo que llene unas pocas horas de su vida vacía? A veces un juego de cartas podría servir al mismo propósito. A la orilla del mar se encuentra con frecuencia este tipo de persona (que no tiene contacto con la naturaleza) que se negaba a dejar la cargada habitación de juego para echar una mirada a la belleza de una puesta de sol. Más bien seguía apegado a su ocupación sin sentido de intercambiar cartas, de permanecer con su naipe en vez de entrar en contacto con la naturaleza.

Otros tipos que miran hacia el futuro son los preocupados: los aficionados a consultar predicciones de astrólogos, tarotistas, videntes, etc., los que ponen la seguridad ante todo y nunca quieren correr riesgos.

Los historiadores, los arqueólogos, los que buscan explicaciones y los quejosos miran en la dirección opuesta, y el más apegado al pasado es la persona infeliz en la vida porque sus padres no le proporcionaron una educación adecuada; o el sexualmente impotente porque adquirió un complejo de castración cuando su madre lo amenazó con cortarle el pene como castigo por masturbarse.

El descubrimiento de una causa en el pasado rara vez es el factor decisivo en la curación. La mayoría de las personas de nuestra sociedad no han tenido una educación ideal, la mayoría de las personas ha experimentado amenazas de castración en su niñez sin llegar a ser impotentes. Conozco un caso en el que salieron a la superficie todos los detalles posibles de ese complejo de castración sin que influyeran esencialmente en la impotencia. El analista había interpretado la repulsión del paciente por el sexo femenino. El paciente había aceptado la interpretación, pero nunca había logrado sentir, experimentar la náusea. Así, no pudo cambiar la repulsión en su opuesto, el apetito.

La persona retrospectiva evita asumir la responsabilidad de su vida y sus acciones; prefiere culpar a algo que sucedió en el pasado en vez de dar pasos para remediar la situación presente. Para tareas manejables no se necesitan chivos expiatorios o explicaciones.

En el análisis del carácter retrospectivo se encuentra siempre un síntoma preciso: la supresión del llanto. La aflicción es una parte del proceso de resignación, necesario para superar la dependencia del pasado. Este proceso, llamado el sufrimiento del duelo, es uno de los descubrimientos más ingeniosos de Freud. El hecho de que la resignación requiera la acción de todo el organismo demuestra lo importante que es el sentido de uno mismo, cómo la experiencia y expresión de las emociones más profundas que son necesarias para ajustarse después de haber perdido un contacto valioso. Para volver a tener la posibilidad de hacer un nuevo contacto, debe concluirse la tarea de la aflicción. Aunque ha pasado el triste acontecimiento, el muerto no está muerto; aún está presente. El sufrimiento del duelo se hace en el presente: lo decisivo no es lo que la persona muerta significaba para el afligido, sino lo que todavía significa para él. La pérdida de una muleta no tiene importancia cuando uno fue herido hace unos cinco años y ya está curado; importa tan sólo si todavía está cojo y necesita la muleta.

Aunque he tratado de desaprobar el pensamiento futurista e histórico, no deseo producir una impresión equivocada. No debemos despreciar por completo el futuro (por ejemplo, planear) o el pasado (situaciones no concluidas) pero debemos darnos cuenta de que el pasado se ha ido, dejándonos cierto número de situaciones inconclusas y que el planear debe ser una guía hacia la acción, no una sublimación o un substituto de ella.

La gente con frecuencia comete errores históricos. Con esta expresión no me refiero a confundir los datos históricos sino a tomar erróneamente el pasado por situaciones actuales. En la esfera legal hay leyes todavía válidas que hace mucho han perdido su raison dêtre. Personas religiosas mantienen también dogmáticamente ritos que tuvieron en otro tiempo sentido, pero que están fuera de lugar en una civilización diferente. Cuando al judío antiguo no se le permitía conducir un vehículo en sábado, la cosa tenía sentido, ya que el animal de carga debería tener un día de descanso; pero el judío piadoso de la actualidad se somete a molestias innecesarias al negarse a utilizar un tranvía que en todo caso sigue caminando. Transforma algo con sentido en un sin-sentido, al menos así nos parece a nosotros. El lo ve desde un ángulo diferente. El dogma no podría retener su dinámica, ni siquiera podría existir si no estuviera sostenido por el pensamiento futurista. El creyente cumple la ley religiosa con el fin de estar en el libro bueno de Dios, para lograr prestigio como persona religiosa o para evitar desagradables remordimientos de conciencia. No debe sentir el error histórico que comete, pues de otra forma su gestalt vital, el sentido de su existencia, se resquebrajaría y se vería hundido en una confusión mayor por la pérdida de su sostén.

Los errores futuristas son parecidos a los históricos. Contamos con algo, esperamos algo y nos sentimos desilusionados, tal vez muy desgraciados, cuando no se realizan nuestras esperanzas. En ese caso nos sentimos muy inclinados a culpar o al destino, a otras personas o a nuestra propia falta de capacidad, pero no estamos preparados para percibir el error fundamental de esperar que la realidad haya de coincidir con nuestros deseos. Evitamos ver que somos los responsables de la desilusión que surge de nuestra expectativa, de nuestro pensamiento futurista, especialmente cuando pasamos por alto la realidad de nuestras limitaciones. El psicoanálisis no ha tenido en cuenta este factor esencial, aunque ha tratado en abundancia las reacciones de desilusión.

El error histórico más importante del psicoanálisis clásico es la aplicación indiscriminada del término regresión. El paciente evidencia un desamparo, una confianza en su madre impropios de un adulto, y se convierte en un niño de tres años. Nada hay que decir en contra de un análisis de su infancia (si es que se recalca en forma suficiente el error histórico del paciente) pero, para darse cuenta de un error, debemos ponerlo en contraste con su opuesto, la conducta correcta. Cuando se deletrea en forma errónea una palabra no se puede eliminar el error a no ser que se conozca el deletreo correcto. Esto puede aplicarse de la misma forma a los errores históricos o futuristas.

El paciente en cuestión tal vez nunca ha alcanzado la madurez de un adulto y no sabe cómo se sentiría al ser independiente de su madre, cómo establecer contacto con otras personas; y mientras no se le haga sentir esta independencia, no puede darse cuenta de su error histórico. Damos por descontado que tiene este sentimiento y estamos muy dispuestos a suponer que ha alcanzado la posición adulta y ha sufrido una regresión a la infancia tan sólo temporalmente. Nos sentimos inclinados a pasar por alto la cuestión de las situaciones. Como su conducta es normal en situaciones que no ofrecen dificultades o en asuntos que requieren reacciones similares a las que se espera de un niño, damos por sentado que esencialmente es un adulto. Sin embargo, cuando surgen situaciones más difíciles, demuestra que no ha desarrollado una actitud madura. Cómo podemos esperar que sepa cómo cambiar si no percibe la diferencia entre conducta infantil y madura? No habría regresado si su yo fuera ya maduro, si hubiera asimilado y no tan sólo copiado (introyectado) la conducta adulta.

Podemos concluir, pues, que el futuro inmediato está contenido en el presente, especialmente en sus situaciones no concluidas (consumación del ciclo instintivo). Grandes partes de nuestro organismo están construidas para propósitos. Los movimientos sin propósito, por ejemplo, sin sentido, pueden variar desde peculiaridades ligeras hasta la conducta inexplicable del demente.

Al concebir el presente como el resultado del pasado descubrimos tantas escuelas de pensamiento como descubrimos causas. La mayoría de la gente cree en una causa primaria como un creador, otros se adhieren fatalísticamente a la constitución heredada como el único factor reconocible y decisivo, mientras que para otros el influjo ambiental es la única causa de nuestra conducta. Algunas personas han descubierto que la economía es la causa de todo mal, otros, la infancia reprimida. En mi opinión el presente es la coincidencia de muchas causas que lleva al cuadro siempre cambiante, caleidoscópico, de situaciones que nunca son idénticas.

Frederick Perls

Extractado por Alicia Rivera de
F. Perls.- Yo, Hambre y Agresión.- Fondo Cultura Económica

Madame H. Blavatsky (1831-1891)

Madame H. Blavatsky (1831-1891)

Una Vida Extraordinaria

Vida limpia, mente abierta, corazón puro, intelecto despierto, percepción espiritual sin velos, afecto fraternal para todos, presteza para recibir consejo e instrucción, obediencia voluntaria a los mandatos de la verdad una vez que hayamos puesto nuestra confianza en ella y veamos que el instructor la posee. Valeroso ánimo para soportar las injusticias personales, enérgica declaración de principios, valiente defensa de los que son injustamente atacados, y mirada siempre fija en el ideal de progreso y perfección humana que revela la Ciencia Secreta. Tal es La Escala de Oro por cuyos peldaños el aspirante puede ascender hasta llegar al templo de la sabiduría divina. H.P.B.

La co-fundadora de la Sociedad Teosófica nació en Ekaterinoslav, Ucrania, el 31 de Julio de 1831 (otras fuentes señalan también el 12 de Agosto del mismo año), como Helena Petrovna Hahn. El padre, el coronel de ejército Peter Hahn o Peter Von Hahn, era de origen alemán, con varias generaciones radicadas en Rusia. A la madre, Helena Andreyevna Fadeyeva, se le mencionan ancestros de la nobleza rusa. La hija recibió el nombre de ambos: Helena por la madre y Petrovna (hija de Peter) por el padre.

Juventud
La madre, escritora de novelas bajo el pseudónimo de Zenaida R, falleció muy joven, cuando Helena tenía apenas 11 años, debido a lo cual ella y su hermano fueron enviados con los abuelos maternos, dado que el padre permanecía en campañas militares. El abuelo era Gobernador de Saratov y su esposa era una botánica aficionada y también escritora. Se supone que en este ambiente Helena se familiarizó con niveles diversos de la realidad, tanto de las tradiciones culturales y religiosas rusas, como con libros masónicos existentes en la casa y que habían sido de su bisabuelo masón. Se relatan numerosas historias de esta época acerca de que antes de llegar a la adolescencia Helena ya manifestaba dotes extraordinarias de clarividencia y otras capacidades psíquicas que hacían que fuera consultada por miembros de la nobleza o incluso por la policía para resolver casos complicados. También se la menciona como una dotada intérprete musical en sus ejecuciones en el piano.

Muy joven, a los 17 años, aceptó casarse con un hombre 23 años mayor que ella, el vice gobernador de Erivan (Armenia) Nikifor Vassilievitch Blavatsky, de quien tomaría el apellido que la haría conocida por el resto de su vida como Madame Blavatsky. A escasos tres meses de la boda, Helena huyó a caballo del lado del vice gobernador, sin haberse consumado nunca el matrimonio según ella misma relata, hasta la casa de su abuelo en Tiflis. De ahí en adelante empezaron numerosas aventuras y viajes por múltiples países. Habría partido a Egipto rápidamente donde habría estudiado magia por alrededor de dos años con un copto e ingresado a una sociedad secreta llamada Los Drusos del Líbano. De ahí a Turquía y Grecia. En 1849 se habría visto involucrada en un combate en el marco de las luchas internas por la unificación italiana, donde la habrían encontrado viva en una fosa para cadáveres, con algunas fracturas, proyectiles incrustados en el hombro izquierdo y una puñalada en el tórax.

En 1851, a los 20 años, en Londres, habría visto y reconocido a un hombre del que había tenido sueños e imágenes desde la infancia y que consideraba como su protector. Se trataba de un iniciado que luego sería conocido como Maestro Morya por los Teósofos. El mismo año comenzaría otra serie de viajes por Canadá, estados Unidos, Sudamérica e India. Al parecer tenía instrucciones de pasar al Tíbet, pero fracasó en su primera tentativa, tras la cual volvió a Inglaterra; lo volvió a intentar con éxito en 1855 aunque hay discrepancias en estas fechas entre las distintas fuentes – oportunidad en la que recibió entrenamiento directo de su Maestro en el ocultismo.

Luego le siguió otra serie de viajes, por Alemania, Francia y Rusia. Estuvo cinco años en la región del Cáucaso, donde tuvo numerosas experiencias sobrenaturales que le ayudaron a conocer y controlar mejor estas experiencias, determinadas por sus propias energías psíquicas, con la ayuda de sus tutores tibetanos. Entre 1865 y 1868, nuevos viajes, Grecia, Siria, Italia, Egipto, para volver luego a la India. En 1870 volvió a Chipre, luego Grecia otra vez, para después embarcarse a Egipto una vez más. La embarcación naufragó cerca de la costa en Julio de 1871, pero se salvó y llegó hasta El Cairo, donde intentó fundar una sociedad espírita para, a través del fomento y exaltación de estos fenómenos, lograr demostrar su naturaleza ilusoria. Pero pronto se vio decepcionada por la deshonestidad de los participantes y supuestos médiums. Luego de otra serie de viajes incluyendo Rusia, arribó a París.

Entre todos estos innumerables desplazamientos, experiencias con fenómenos paranormales y entrenamiento con su maestro, esta polifacética mujer tuvo muchas otras actividades y trabajos de diversa naturaleza. Además de tocar el piano, pintaba y escribía, y se dice que era una excelente caricaturista, actividades que desarrolló en Paris un tiempo que estuvo viviendo con su hermano. También estuvo a cargo de una fábrica de flores artificiales y desarrolló una empresa de maderas. Estando en París en 1873 recibió órdenes de sus Maestros de viajar a Nueva York, donde debería esperar instrucciones.

Nueva York y la Sociedad Teosófica
Madame Blavatsky llegó a Nueva York el 7 de Julio de 1873 sólo con el dinero que le había entregado su Maestro, 23.000 francos, como equipaje. Habiendo comprado un pasaje de primera clase, lo cambió por otro de clase económica para dar cabida a una mujer necesitada que viajaba con sus hijos. No queriendo tocar el dinero encomendado, se ganó la vida inicialmente en una fábrica de corbatas, pero finalmente entregó el dinero a un hombre desconocido para evitar que se suicidara. Intentó un negocio en una granja en Long Island, que al fracasar le hizo perder la herencia que había recibido a la muerte de su padre.

En 1874 conoció al Coronel Henry Steel Olcott, quien estudiaba fenómenos paranormales, y a William Quan, un abogado de origen irlandés. Con ellos, más otros trece miembros iniciales, se fundó la Sociedad Teosófica el 7 de Septiembre de 1875, cuyos principales objetivos eran: formar un núcleo de fraternidad universal sin distinción de raza, creencia, sexo, casta ni color; fomentar el estudio de las religiones, filosofías y ciencias; e investigar las leyes inexplicadas de la naturaleza y los poderes latentes del hombre.

Empezó a escribir sus obras ocultistas, la primera de ellas, Isis sin Velo, publicada en 1877, a la par que artículos para periódicos y revistas. Las ganancias iniciales por estas publicaciones las donó a la Cruz roja para ayudar a sus compatriotas rusos en guerra con los turcos. En 1878 obtuvo la nacionalidad estadounidense, a raíz del divorcio de su segundo esposo norteamericano, Michael C. Betanelly, con el que estuvo brevemente casada.

La India

Junto con el coronel Olcott, co-fundador de la Sociedad Teosófica y su presidente, y bajo instrucciones de los Hermanos Adeptos, viajan a la India donde desembarcan en Febrero de 1879. Recorren diversas regiones, y finalmente ambos se inscriben en el budismo en Mayo de 1881. En 1879 habían conocido a Alfred P. Sinnet, editor del diario oficial de la India (The Pioneer), y luego ocultista. Ese mismo año comienza la publicación de The Theosophist (probablemente a consecuencia del encuentro con Sinnet) la revista de la Sociedad Teosófica, siendo Madame Blavatsky su editora responsable. El pequeño grupo inicial empieza a incrementarse con importantes personajes y seguidores, y el movimiento teosófico crece y se expande, produciendo reacciones a su paso. A través de la relación con Blavatsky y de su interés por el trabajo de la Sociedad Teosófica, A. P. Sinnet comienza una nutrida correspondencia con los Adeptos en una serie de cartas entre 1880 y 1885 que finalmente fue publicada en 1923 bajo el título de Cartas de los Mahatmas para A. P. Sinnet. A consecuencia de ellas y en el mismo período Sinnet publicó además dos libros, El Mundo Oculto y Budismo Esotérico. Blavatsky y Olcott permanecen viajando e incrementando sus experiencias, mientras siguen profundizando en el budismo esotérico. A la vuelta de una estada en Sri Lanka compran una propiedad en Madrás estableciendo allí la sede de Adyar de la Sociedad Teosófica, en Mayo de 1882.

La vida de Madame Blavatsky parece ser un viaje permanente, y en uno de sus periplos por Europa, y en su ausencia de Adyar, se destapa un escándalo en la sede de la Sociedad Teosófica india. La Sociedad para la Investigación Psíquica (SIP), con sede en Londres, revela un informe en el que se acusa a Madame Blavatsky de impostora, conocido como informe Hodgson, basado en las acusaciones de dos miembros de la Sociedad Teosófica de Adyar. La SIP crea un comité para investigar el caso, comisionado a Richard Hodgson, quien viaja especialmente a la India para estudiar la causa y elaborar el oprobioso informe. Se la acusa de organizar falsas sesiones psíquicas y hasta de ser espía, como asimismo de inventar las supuestas comunicaciones con los Mahatmas y todas sus indicaciones e instrucciones, concluyendo que se trata de la mayor impostora de toda la historia.

Madame Blavatsky vuelve a Madrás para investigar, pero al no contar con el apoyo y colaboración de la propia dirección de la Sociedad, renuncia a su cargo y abandona la India para no volver. Esto ocurría en 1885. Investigaciones posteriores han revelado que las acusaciones se basaban en cartas falsificadas y otros embustes, y con el tiempo la figura de madame Blavatsky recuperó su credibilidad y fue reivindicada, pero probablemente fue el trago más amargo de su vida, ya que los ataques duraron mucho tiempo y mermaron intensamente su salud. Mucha tinta ha corrido con posterioridad al Informe Hodgson, presentándose todo tipo de refutaciones y contrapruebas, por distintos autores, pero el daño ya estaba hecho, a pesar de que finalmente la SIP retiró sus acusaciones contra Blavatsky.

La Doctrina Secreta
La salud de Madame Blavatsky se deterioró gravemente a consecuencia de los sinsabores y ataques, y aunque se dice que su protector intervino para que se restableciera, aparentemente nunca se recuperó por completo. Desde su partida definitiva de la India se radicó en Alemania, en Wurzburg, donde comenzó a escribir su obra magna, La Doctrina Secreta, obra dictada por los Adeptos a través de un método que se describe como de retransmisión de los contenidos a la visión interna de Blavatsky, o bien de transferencia de la consciencia de los Maestros a la discípula. Al poco, estando en Ostende, H.P.B se agravó de salud. Relata con posterioridad a su milagrosa recuperación que en esa oportunidad, los Adeptos tibetanos le habrían dado la opción de escoger entre desencarnar o seguir viviendo para terminar de escribir La Doctrina Secreta. De allí se trasladó a Londres, invitada por la sede de la Sociedad Teosófica local, desde donde publicó finalmente los dos primeros volúmenes de la obra en 1888, en Inglaterra y Estados Unidos a la vez. Este mismo año inaugura una línea más esotérica dentro de la Sociedad Teosófica, escribiendo algunos otros trabajos con este propósito, que cristalizan en 1890 con la formación de El Círculo Interno, un grupo formado por doce discípulos.

Las experiencias paranormales
La vida entera de H.P.B. estuvo rodeada de experiencias sobrenaturales, insólitas, inalcanzables para la mayoría, y como tal, muy extrañas para los ojos comunes. Visiones, materializaciones, proyecciones, clarividencia, levitación, comunicaciones con Maestros invisibles y un sinnúmero de eventos que lo menos que provocaban eran sospecha en sus contemporáneos. Estos temas que hoy día son casi corrientes y acerca de los cuales existe una infinita literatura y hasta programas de televisión, no eran tema de conversación habitual a fines del siglo XIX. Toda la evidencia indica que madame Blavatsky poseía la capacidad de manejar energías de una manera extraordinaria, para convocar eventos y para producir fenómenos racionalmente inexplicables. Decía recibir instrucciones por comunicaciones a distancia con sus Maestros, en forma telepática o a través de proyecciones de los contenidos a través de la luz astral, lo que podía suceder en estados tanto de vigilia como de sueño.