Piensa como una montaña

Piensa como una montaña

Antropocentrismo o chauvinismo humano la idea que los seres humanos son la cumbre de la creación, el origen de todos los valores, la medida de todas las cosas está profundamente absorbida en nuestra cultura y conocimiento.

Y el temor de ti y el terror de ti estará sobre toda bestia de la tierra,
y sobre toda ave del aire, y sobre todo lo que se mueve sobre la tierra,
y sobre todos los peces del mar; en tus manos son librados. (Génesis 9:2)

Cuando los humanos finalmente comienzan a ver a través de las capas de su antropocéntrica autoestima comienza a tener lugar un profundo cambio en sus consciencias. Algunas veces el resultado ha sido nominado como ecología profunda, un término acuñado por el filósofo y eco-activista noruego Arne Naess.

Cuando abrazamos este punto de vista, la alienación disminuye. El humano deja de ser un extraño, un ser aparte. La humanidad es entonces reconocida meramente como el más reciente estado de nuestra existencia, y en la medida en que dejamos de identificarnos exclusivamente con este capítulo de nuestra evolución, comenzamos a tomar contacto con nosotros como mamíferos, como vertebrados, como una especie sólo recientemente emergida del bosque lluvioso. A medida que la niebla de la amnesia se dispersa, hay una transformación en nuestra relación con las otras especies y en nuestro compromiso por cuidar de ellas.

Lo que aquí se describe no debería ser visto como puramente intelectual. El intelecto es un punto de entrada al proceso delineado y el más fácil para comunicarlo. Para alguna gente, sin embargo, este cambio de perspectiva resulta de accciones en representación de la Madre Tierra.

Yo estoy protegiendo el bosque lluvioso se transforma en Yo soy parte del bosque y me estoy protegiendo a mí mismo. Soy esa parte del bosque lluvioso recientemente emergida al pensamiento. Este cambio de perspectiva es más espiritual que intelectual.

Con esta nueva perspectiva de la creación, comenzamos a recordar nuestra verdadera naturaleza. A medida que la memoria mejora y que las implicaciones de la evolución y de la ecología son internalizadas y reemplazan anticuadas estructuras antropocéntricas en la mente, comenzamos a identificarnos con toda vida. De ahí resulta el darse cuenta de que la distinción entre vida y sin vida es una construcción humana. Cada átomo del cuerpo humano existía antes que la vida orgánica existiera hace cuatro mil mil millones de años. Uno podría incluso recordar sus existencias previas como mineral, como lava, como roca.

Las rocas contienen el potencial para combinarse en un bulto como este cuerpo. Somos las rocas danzando. Porqué las miramos hacia abajo con ese aire condescendiente? Son ellas las que son la parte inmortal de nosotros.

Si nos embarcamos en tal viaje interior podemos encontrar, volviendo a la realidad consensual, que nuestras acciones en representación del medio ambiente son purificadas y fortalecidas por la experiencia.

Hemos encontrado aquí un nivel de nuestro ser que ni las polillas, ni el moho, ni el holocausto nuclear, o la destrucción de los bancos de genes, pueden corromper. Nuestro compromiso para salvar el mundo no es disminuido por esta nueva perspectiva, aún cuando el miedo y la ansiedad que eran parte de nuestra motivación comienzan a disiparse y a ser reemplazado por cierto desinterés. No actuamos solamente porque la vida está en juego, sino porque las acciones desde una consciencia desinteresada y más desapegada son más efectivas. Este desinterés o desapego tienen mucho en común con la meditación. Y puesto que la mayoría de los activistas no tiene mucho tiempo para meditar, esta perspectiva comienza a ser un sustituto efectivo. De hecho, más y más maestros de meditación están abrazando la ecología profunda.

Según Naess, la esencia de la ecología profunda es hacer preguntas más profundas. Nos preguntamos cuál sociedad, cuál educación, cuál forma de religión es beneficiosa para toda vida sobre el planeta como una totalidad.

De todas las especies que alguna vez han existido, se estima que menos de una en cien existe hoy en día. El resto llegó a extinguirse porque, a medida que el medio ambiente cambia, toda especie que es incapaz de adaptarse, de cambiar, de evolucionar se extingue. Toda evolución tiene lugar en esta forma. De esta manera nuestro antecesor, un pez hambriento de oxígeno, empezó a colonizar la tierra. La amenaza de extinción es la mano del alfarero que modela todas las formas de vida.

La especie humana es una entre millones amenazada de inminente extinción a través de la guerra nuclear, el efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono, y otros cambios ambientales. Y mientras es cierto que la naturaleza humana, revelada por 12.000 años de historia escrita, no ofrece mucha esperanza de que podamos cambiar nuestras guerras codiciosas e ignorantes conductas, la extensamente más larga historia de los fósiles nos asegura que podemos. Somos ese pez y las miríadas de otros desafíos de la muerte a través de proezas de flexibilidad que nos son reveladas por el estudio de la evolución. A pesar de lo reciente de nuestra humanidad, se nos garantiza una cierta confianza.

Desde este punto de vista, la amenaza de extinción aparece como la invitación al cambio, a evolucionar. Después de un breve respiro desde la mano del alfarero, estamos aquí de vuelta otra vez sobre la rueda. El cambio que se necesita de nosotros esta vez no es alguna resistencia a la radiación, sino un cambio en la consciencia. La ecología profunda es la búsqueda de esa consciencia.

Seguramente la consciencia emergió y evolucionó de acuerdo a las mismas leyes que rigen todo lo demás, moldeada por presiones del medio ambiente. En el pasado reciente, cuando fue enfrentada a la intolerable presión ambiental, la mente de nuestros antecesores debe haber sido una y otra vez forzada a trascenderse a sí misma.

Para sobrevivir a nuestra actual crisis medioambiental, debemos recordar conscientemente nuestra herencia evolucionista y ecológica. Debemos aprender de acuerdo con Arne Naess a pensar como una montaña.

Si estamos abiertos a desarrollar una nueva consciencia, debemos hacer frente plenamente a nuestra inminente extinción (la última presión medioambiental). Jonathan Schell explica bellamente esto en su libro El Destino de la Tierra. Significa reconocer la parte de nosotros que se desvía de la verdad y se oculta en la intoxicación o en la hiperactividad, para no ver la desesperación de la especie humana que ya corrió su carrera de cuatro mil millones de años y cuya vida orgánica está sólo a un pelo de terminar.

Una perspectiva biocéntrica, el darnos cuenta que las rocas quieren danzar y que las raíces penetran más profundo que cuatro mil millones de años, puede darnos el coraje para enfrentar la desesperación y penetrar hacia una consciencia más viable, una que sea sostenible y armónica con la vida otra vez.

John Seed

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
John Seed.- Thinking Like a Mountain.-Heritic Books

Dianética

Dianética

Su creador, Ronald Hubbard, nos habla de ella como la ciencia moderna de la salud mental. Desde la antigüedad hasta hoy día la mente continúa siendo la más desconocida de las cualidades humanas y por consiguiente sus enfermedades nos resultan frecuentemente inexplicables, y más aún indescifrables.

Desde las más antiguas filosofías hasta las más actualizadas investigaciones sobre la mente, nos encontramos con una única metodología que se puede resumir en “Conócete a ti mismo.” En la Dianética, el autoanálisis es el pilar fundamental de la recuperación de los potenciales perdidos o desconocidos que permiten al individuo enfrentar la vida de una forma creativa. En ella, aprender a conocerse es fundamental para aceptarse y para convertirse en su propio amigo, como punto de partida del crecimiento personal y de la interrelación con los otros.

Supervivencia:
Para la Dianética, el principio dinámico de toda existencia es la supervivencia, y la garantía de ella es la abundancia. Así como el agricultor siembra más de lo necesario contemplando las inclemencias del tiempo y las posibles plagas, un individuo sobrevive en la medida que puede procurarse y guardar medios de supervivencia.

En este contexto los jóvenes tienen más posibilidades de sobrevivir, ya que tienen más resistencia y pueden contar con sus sueños de juventud que no han sido aún rotos por el fracaso. Se sobrevive en la medida que el ser humano es fiel a sí mismo, a su familia, a sus amigos y a las leyes del universo.

Aunque todos sabemos que lo opuesto del sobrevivir es sucumbir, no hay una línea muy neta entre ellos, sino más bien una escala graduada, La línea de demarcación no es la muerte sino lo que podríamos llamar los escalones de variación de la consciencia del individuo.

El arma más grande con que cuenta el individuo para sobrevivir, en vez de garras y colmillos, es la capacidad de razonar. El pensamiento es el arma de elección, ya que por su intermedio la humanidad logra realizar procesos de adaptación al medio, así como también le permite crear sistemas e instrumentos que modifican el medio. Por oposición, cualquier enemigo atacará en primer lugar el derecho y la facultad de razonar del ser humano.

Si comparamos las diferentes respuestas entre un joven y un viejo frente a las fuerzas que se oponen a la vida, veremos que este último, aunque tiene entre sus manos la experiencia, es incapaz de incorporarla eficazmente porque se ha deteriorado su capacidad de razonar. Por el contrario, el joven reacciona demasiado rápido, faltándole todo el caudal de la experiencia. Imaginen ahora a un hombre que hubiese guardado toda su facultad de razonar y poseyera una experiencia considerable. No es la experiencia la que ahoga el deseo de vivir sino el dolor y la pérdida de la libertad. Por eso sería fantástico que cualquier persona pudiese borrar de su vida todo el sufrimiento físico y moral que ha acumulado.

La consciencia que tenemos del mundo no es absoluta, vamos cambiando nuestra percepción de él con el paso del tiempo. A medida que decrece la consciencia que tenemos del resplandor del mundo, nuestra propia consciencia decrece y por consiguiente se van oscureciendo nuestras percepciones. Poco a poco el sufrimiento va adormeciendo la consciencia, lo que nos lleva a la incapacidad de ver, de sentir y de pensar, para terminar con la incapacidad de ser, que es la muerte o la inconsciencia total. .

La Dianética nos ayuda a buscar un camino hacia la consciencia y más aún hacia la vida. La vida tiene el poder de reunir y organizar la materia y la energía en el espacio y en el tiempo, y animarlas. Todo organismo tiene esa energía que llamamos vida, y recordemos que la primera tendencia de la vida es sobrevivir. La vida debe acumular suficiente materia y energía para formar un organismo y más tarde para permitirle a este aliarse a otros con el fin de nutrirse y protegerse. En el caso del hombre es fundamental la búsqueda de placer como aquello que le ayuda a sobrevivir en oposición del dolor que lo acerca a la muerte. La felicidad puede definirse como el hecho de superar los obstáculos para llegar a un fin deseable, que en el fondo es un fin de supervivencia.

Para Hubbard, en este punto es trascendente la acción del espíritu del organismo como el encargado de imaginar diferentes medios de evitar el dolor y alcanzar el placer. Se puede considerar al espíritu como al ser todo entero, mortal e inmortal, que busca garantizar y dirigir los actos que llevan a la supervivencia tanto a su organismo como a los otros que interactúan con él.

Cuando un espíritu se apaga y se embota, empieza a dar soluciones mediocres, sólo aplicables al éxito individual, dejando de importarle que su acción implique avasallar y dominar a los otros por la fuerza, olvidando que la supervivencia del uno depende totalmente de su cooperación con los otros. Podríamos decir que este espíritu se dirige hacia la muerte, que es el método por el cual la vida separa a un organismo indeseable, a fin de que otros nuevos puedan nacer y prosperar. Este viaje semi-inconsciente de un espíritu hacia la muerte siempre arrastra a otros organismos, de forma que se convierte en un peligro para los demás.

En este grupo encontramos al sujeto que protagoniza constantes accidentes, al egoísta, al criminal y al suicida entre otros; para ellos su única y real meta es la muerte, muerte para los demás, muerte para él mismo y el universo que lo rodea.

El dolor, como un elemento activo en la supervivencia, es el encargado de dar la alarma frente a cualquier agresión o pérdida permitiéndonos evitar aquello que nos amenaza. Pero a la vez la acumulación del dolor apaga un organismo y lo lleva a la muerte. La acumulación de los golpes recibidos en la vida da como resultado la disminución progresiva de la consciencia.

Uno de los principales descubrimientos de la Dianética fue que la inconsciencia y todo el dolor que la acompaña se encuentran almacenados en una parte del espíritu, y que este dolor y esta inconsciencia se acumulan hasta que el organismo empieza a morir. Y en segundo término descubrió que este dolor puede ser anulado, conduciendo al individuo a un retorno de la consciencia plena y de la rehabilitación hacia la supervivencia devolviéndole así su salud y su vitalidad. El cuerpo humano poseía un poder extraordinario de repararse a sí mismo cuando los recuerdos de los dolores sucesivos habían sido borrados.

Según la descripción de su creador, la Dianética:

1.- Es una ciencia organizada del pensamiento basada en leyes naturales.

2.- Contiene una técnica terapéutica con la que se puede tratar todas las enfermedades mentales inorgánicas y todas las enfermedades mentales psicosomáticas orgánicas.

3.- Produce un alza de las capacidades humanas por sobre lo normal.

4.- Proporciona una completa comprensión de la mente y de sus potencialidades.

5.- Descubre la naturaleza básica del hombre y llega a la conclusión de que es buena.

6.- Descubre a la única fuente de trastorno mental.

7.- Demuestra la capacidad de almacenar y recordar de la memoria.

8.- Descubre las capacidades máximas de grabación de la mente.

9.- Es contraria al uso de cirugía o electroshock con el objeto de producir docilidad en los pacientes psiquiátricos.

El claro y el aberrado:
En Dianética se le llama claro al individuo en estado óptimo y se usa el verbo aclarar como el camino para llegar a ese estado. Cualquiera de las percepciones del individuo puede estar aberrada por trastornos psíquicos que impiden que la capacidad analítica de la persona se dé cuenta de las sensaciones que percibe. Debido a esto, hay personas que se alteran al percibir ruidos, colores, olores, etc., demasiado intensos, mientras que para otras personas esos mismos niveles sólo suelen provocarle relajación.

Si bien esta diferencia de percepción entre claros y aberrados es interesante, lo más destacable es la capacidad de recordar de un claro. Esta capacidad inherente de recordar se la denomina retornar, y consiste en la capacidad de la persona para enviar una parte de su mente a un período pasado, ya sea en forma mental, o bien combinando la forma física y mental de modo que puede llegar a reexperimentar sucesos que han tenido lugar en el pasado, con las mismas sensaciones que entonces. Se le pide que retroceda en el riel del tiempo hasta el momento en que presentó por primera vez tal o cual síntoma.

Este retornar es muy diferente a la regresión hipnótica, ya que en este caso la persona está totalmente despierta y consciente de modo que le es posible revivir y examinar las imágenes en movimiento y otras percepciones que fueron grabadas en el momento del suceso. Estos recuerdos son de tipo visual, auditivo, táctil, olfatorio, rítmico, cenestésico, somático, térmico y orgánico.

La mente:
La mente humana está encargada de percibir y retener datos, de llegar a conclusiones, así como de plantear y resolver problemas relacionados con el organismo.

La inteligencia es la habilidad para percibir, plantear y resolver problemas. Está inhibida por los engramas, que alimentan la mente analítica con datos falsos o incorrectamente clasificados. A su vez los engramas obstaculizan y dispersan la fuerza vital, Se puede decir que un engrama es un momento de inconsciencia que contiene dolor físico o emoción dolorosa con todas sus percepciones. Estos engramas sólo pueden ser ingresados en momentos de inconsciencia donde la mente analítica está atenuada.

La mente reactiva es aquella parte de la mente que archiva y retiene el dolor físico y la emoción dolorosa, y trata de dirigir al organismo mediante estímulo y respuesta.

La mente somática es la que, dirigida por la mente analítica o la reactiva, ejecuta las soluciones a nivel físico.

Las aberraciones, entre las que se incluye todo comportamiento trastornado o irracional, tienen como única causa a los engramas, al igual que las enfermedades psicosomáticas.

Por todo lo expuesto anteriormente podemos decir que el objeto de la dianética es producir un liberado, es decir un individuo del cual se ha eliminado la tensión o angustia más importante, o un claro, que es aquel que como resultado de la terapia no tiene enfermedades psicosómaticas o aberraciones potenciales.

Auditor es alguien adiestrado en la aplicación de esta técnica, no es un guía o consejero del paciente, está allí sólo para auditar (escuchar). Su tarea es proteger al paciente durante la terapia y computar, porque el paciente solo no puede llegar al banco de engramas y contactarse con ellos. La técnica no va dirigida contra el paciente sino contra el banco de engramas. Si el paciente gime o maldice, en realidad son los engramas hablando y es en ese momento donde hay que atacarlos y no huir o sucumbir frente a ellos. Es por eso que el auditor debe ser capaz de permanecer tranquilo, manteniendo firme en su mente que cada gemido es un paso hacia la meta.

La Dianética permite a cualquier persona la posibilidad de retornar a una experiencia del pasado, puesto que en el banco de la memoria se encuentra todo archivado, ya sea por temas, cronológicamente o por conclusiones o asociaciones.

Finalmente, podemos concluir que en esta terapia lo fundamental es despertar en una persona cada período de su vida en el que se le ha obligado a entrar en inconsciencia. Para ello se cuenta con tres elementos fundamentales que son la línea temporal – el riel del tiempo – el mecanismo de retornar y el archivero, que es un personaje que coopera con el auditor. Este corresponde a la parte de la mente que va en busca del dato. Como las sesiones son dos veces por semana, el archivero tiene tres días para encontrar la carpeta con los datos pedidos; si no son solicitados en esa oportunidad, el archivero los devuelve al archivo.

Una vez que el preclaro repasa los datos extraídos, desaparece la carga y por consiguiente el engrama mismo, liberándose una gran cantidad de energía emocional que se encontraba atrapada en el banco reactivo. Gracias a esta energía renovadora la persona va recobrando su salud y su consciencia, convirtiéndose en una persona sin represiones, con gran capacidad de respuestas creativas.

Inmutable como una Montaña

Inmutable como una Montaña


mountaint

En el ahora, tú eres a la vez
lo que se mueve y lo inmóvil.
Hasta ahora has pensado que
tú eras lo que se movía y
te has olvidado de lo que
no se mueve.

Da un giro radical a tu espíritu.
No tengas en cuenta lo que se
mueve y te verás como la
realidad inmutable y siempre
presente, inexplicable,
pero sólida como una montaña.

Nisargadatta

Las cuatro dimensiones de la Energía Creativa

Las cuatro dimensiones de la Energía Creativa

El comprender la naturaleza de sus energías creativas, qué hacen y cómo funcionan, le ayuda a liberarlas para conservar la salud, sanar o crear algo nuevo en su vida. También es importante entender la relación entre sus energías creativas y el flujo y reflujo natural del proceso creativo universal en su interior. Los campos de energía vital son el vehículo del proceso creativo. Es a través de los campos de energía vital como se crean las situaciones, los eventos y las experiencias de su vida, así como su mundo material.

Las fuerzas creativas tienen varias dimensiones. Nuestro lenguaje es demasiado limitado para describir adecuadamente las diferencias entre esas dimensiones, que se experimentan personalmente a medida que usted discurre por el proceso creativo. A falta de otros mejores, yo utilizaré los términos energía y dimensión, en un sentido no científico, para explicarlas. Cuantos más individuos tomen consciencia de estas experiencias creativas, tengo la seguridad de que incorporaremos las palabras necesarias para comunicarnos mejor acerca de ellas.

Desde mi punto de vista, hay por lo menos cuatro dimensiones en cada ser humano. Cada uno de esos niveles puede percibirse mediante la elevada percepción sensorial (EPS) y puede ser manipulado directamente por un sanador experimentado con fines curativos. Las cuatro dimensiones de nuestra humanidad son: el nivel físico, el nivel aural, el nivel del hara y el nivel de la estrella del núcleo.

La primera dimensión es el conocido mundo físico. Nuestro mundo físico se mantiene intacto merced a los mundos subyacentes de energía y consciencia.


Cuerpos_Astrales

Directamente detrás del mundo físico está la dimensión de los campos de energía universal o vital, en los que reside el aura o campo energético humano. Este nivel es la estructura o el entramado sobre el que se sustenta el mundo físico. Todo lo creado en el mundo físico debe existir antes, o ser creado, en el mundo de la energía vital. Cada forma existente debe formarse primero en los niveles estructurados de los campos de energía. Esta dimensión contiene asimismo las energías de nuestra personalidad. Cada sentimiento que poseemos existe en el nivel de los campos de energía vital. El cuerpo físico expresa los niveles variables del campo en manifestaciones tales como sonrisas afectuosas, muecas de desaprobación, el modo de andar, de sentarse, de estar de pie.

Dentro del campo energético humano yace el nivel del hara, en el que almacenamos nuestras intenciones. Estas tienen una importancia enorme en el proceso creativo. Cuando poseemos intenciones inconscientes, mixtas u opuestas, luchamos contra nosotros mismos e interrumpimos el proceso creativo. Cuando aprendemos a alinear nuestras intenciones no sólo con nosotros, sino también con el grupo próximo de personas con las que trabajamos, alineamos las intenciones de nuestro grupo próximo con las del grupo más amplio al que sirve y así sucesivamente, sacando partido a unas aptitudes creativas enormes.

Detrás del nivel del hara está la dimensión del núcleo central de nuestro ser, o lo que yo llamo el nivel de la estrella del núcleo. Este es el nivel de nuestra fuente interna, o de la divinidad localizada dentro de nosotros. Es de esta fuente interior de donde mana toda la creatividad.

Todo el proceso creativo natural requiere la salida de energías y consciencia de la estrella del núcleo hacia esas cuatro dimensiones. Un cambio permanente en cualquier dimensión exige un cambio en su base, que reside en la dimensión inmediatamente inferior. En consecuencia, desde la perspectiva de la curación, si deseamos pasar nuestro cuerpo o cualquier parte del mismo, como por ejemplo un órgano, desde un estado insano a un estado sano, debemos trabajar con las energías subyacentes que constituyen los cimientos del cuerpo. Debemos explorar y trabajar con cada una de las cuatro dimensiones. Empezaremos por el nivel aural, el campo energético humano.

Este campo de energía vital ha sido explorado, investigado y utilizado con fines diversos a lo largo de la historia. Esta exploración comenzó mucho antes de que aprendiéramos el método científico, y ha continuado desde entonces. Los científicos de hoy en día llaman a los campos de energía medible asociados a sistemas biológicos campos bioenergéticos. Por otro lado, los términos aura y campo energético humano son utilizados por los sanadores. Es importante efectuar aquí una distinción, por cuanto se han medido los campos bioenergéticos en laboratorios, mientras que el aura o campos energéticos humanos se conocen a partir de las observaciones personales y clínicas de personas que recurrieron a la elevada percepción sensorial. En el primer caso, la información medida está limitada por el estado del instrumental, mientras que en el segundo, la información medida está limitada por la claridad y coherencia del observador con la EPS. En mi opinión, las mediciones del campo bioenergético mantienen una intensa correlación con las observaciones de la EPS.

El campo energético humano: el vehículo que transporta su energía
Como sanadora y usuaria de la elevada percepción sensorial, he observado el campo de energía que rodea a las personas durante muchos años. Tras una serie de estudios sobre los campos energéticos de multitud de plantas, animales y seres humanos, he llegado a la conclusión de que el campo energético humano suministra una estructura matricial de energía sobre la que se desarrollan las células. Lo que quiero decir es que el campo de energía existe antes que el cuerpo físico.

Un fenómeno que corrobora esta idea es el efecto del miembro ilusorio que ocurre cuando las personas a las que se ha amputado algún miembro siguen notando ese miembro. Las sensaciones residuales se deben, generalmente, a la irritación de las terminaciones nerviosas que han sido cortadas. No obstante, el miembro ilusorio aún es visible en el campo aural del paciente por medio de la EPS. Puesto que las sensaciones se trasladan al campo aural, este fenómeno tiene sentido para el observador dotado de EPS.

El hecho de que el campo exista previamente al cuerpo físico hace una diferencia fundamental respecto a numerosos investigadores científicos, que entienden que el campo emana del cuerpo, en vez de que el cuerpo se origina a partir del campo. Si se demuestra la existencia de este último como anterior al físico, implica que algún día podremos regenerar miembros, tal y como hacen las salamandras. Esta conclusión hace del campo de energía un factor mucho más importante para los procesos de curación y desarrollo de lo que se sospecha en un principio. Puesto que el cuerpo físico procede del campo energético, un desequilibrio o una distorsión en este campo acabará provocando una enfermedad en el cuerpo físico que gobierna. En consecuencia, las distorsiones curativas en el campo aportarán curación al cuerpo físico. Sanar consiste en saber curar el campo reestructurándolo, equilibrándolo y cargándolo.

Además, tal y como demostré en Manos que Curan, los eventos energéticos que ocurren en el campo aural son prioritarios y preceden siempre a un evento físico. Lo precipitan. Esto significa que cualquier enfermedad se manifestará en el campo antes de que lo haga en el cuerpo físico, y puede, por tanto, curarse dentro del campo antes de que sea precipitado al cuerpo físico.

El campo aural es un salto cuántico más profundo hacia nuestra personalidad de lo que es nuestro cuerpo físico. Es en este nivel de nuestro ser donde tienen lugar nuestros procesos psicológicos. El aura es el vehículo de todas las reacciones psicosomáticas. Desde el punto de vista de un sanador, toda enfermedad es psicosomática. Se necesita un funcionamiento equilibrado del campo aural para conservar la salud. Sin embargo, el campo aural no es el origen del evento. Es el vehículo mediante el cual la consciencia creativa del núcleo alcanza el nivel físico.

Todas las técnicas curativas que practico y enseño se basan en el conocimiento de la estructura y función del campo energético humano y de las configuraciones que subyacen en dimensiones más profundas.


El campo energético humano se compone de siete niveles. Mucha gente comparte la idea equivocada de que este campo es como las capas de una cebolla. No es así. Cada nivel penetra en el cuerpo y se extiende al exterior desde la piel. Cada nivel sucesivo posee una frecuencia más alta o una octava más. Cada una se extiende desde la piel varios centímetros más lejos que el nivel de frecuencia inmediatamente inferior. Los niveles impares son campos estructurados de rayos fijos de una luz brillante. Los niveles primero, tercero, quinto y séptimo de este campo están estructurados en una forma específica. Los niveles pares segundo, cuarto y sexto- están llenos de una sustancia/energía sin forma. El segundo nivel es como una sustancia gaseosa; el cuarto es semejante a un líquido; y el sexto es como la luz difusa que rodea la llama de una vela. Es el nivel no estructurado del campo energético lo que se ha relacionado con el plasma y el llamado bioplasma. Recuerde que estos son términos no científicos que utilizamos aquí porque la experimentación no ha demostrado aún de qué se trata. Pero, a falta de un término mejor, emplearemos la palabra bioplasma. El bioplasma presente en los tres niveles no estructurados se compone de varios colores, una densidad aparente, e intensidad. Este bioplasma circula por las líneas de los niveles estructurados, y tiene una correlación directa con nuestras emociones.
La combinación de una red de luz fija con el bioplasma fluyendo a través de él mantiene el cuerpo cohesionado en su forma, lo nutre con energía vital, y sirve como un sistema de comunicación e integración que permite al cuerpo funcional como un solo organismo. Todos estos niveles del campo energético humano actúan holográficamente para influirse unos a otros. Estos niveles, o cuerpos energéticos, como los llaman muchos, no pueden considerarse menos reales que nuestro cuerpo físico. Si todos sus cuerpos energéticos son fuertes y están cargados y sanos, disfrutará de una vida plena en todas las áreas de la experiencia humana. Si su campo energético es débil en cualquier nivel, hallará dificultades para tener experiencias que estén asociadas a ese nivel, y su experiencia de la vida será limitada. Cuantos más niveles o cuerpos haya desarrollado, más plena y amplia será su experiencia vital.

Tendemos a asumir que toda la experiencia vital es la misma que la que conocemos en la dimensión física, pero no es así. La vida existe en múltiples niveles vibratorios. Cada nivel es distinto según la composición de la energía-consciencia en ese nivel. Esto nos brinda una amplia variedad de experiencia vital de la que aprender. Los siete niveles del campo aural corresponden a siete niveles distintos de la experiencia vital. Cada nivel difiere en su alcance de frecuencia vibratoria, intensidad y composición de bioplasma. Cada uno, por tanto, responde a los estímulos de acuerdo con su composición.

Esto me recuerda lo excitante que era, en matemática aplicada, derivar ecuaciones de movimiento de líquido bajo condiciones diversas. Quedé sorprendida al ver que las mismas ecuaciones eran aplicables tanto al aire en movimiento como al agua. La diferencia era que determinados factores de las ecuaciones eran más influyentes que otros cuando cambiaba el medio. Lo mismo podía decirse de las ecuaciones que describen el movimiento del aire cerca de la superficie terrestre y el movimiento del aire en alturas superiores. El movimiento del aire cerca del suelo está más influido por la fricción de los árboles y arbustos que la masa de aire más elevada. A medida que nos alejamos del suelo, es necesario disminuir el factor de fricción en la ecuación que describe el movimiento del aire. Los resultados muestran un cambio en la dirección del flujo del aire. Seguro que usted se habrá fijado en que las nubes de una determinada altura suelen desplazarse en una dirección distinta a la de las nubes situadas más arriba. La micrometeorología describe movimientos de aire a corta distancia en unas condiciones locales restringidas que son muy distintos a los macro movimientos de aire a través de los océanos, donde interviene el desplazamiento de la Tierra mediante la fuerza de Coriolis. Distintas partes de las ecuaciones resultan más influyentes en condiciones diversas.

Apliqué las mismas ideas y principios generales cuando trataba de explicar las interacciones del campo aural. La energía-consciencia del campo aural fluye de manera distinta y es influida por distintos factores de los diversos niveles del campo. Es decir, la composición de la energía-consciencia de cada uno de los niveles del campo es única, y cada uno responde de forma distinta a varios factores. Otra forma de resumir lo que ocurre es decir que el bioplasma de cada nivel del campo tiene probablemente un alcance de frecuencia, una intensidad de carga y una composición propios. Así pues, es natural que responda a los estímulos en función de todo ello.

Alegría

Alegría

Existe alguien experto en alegría? Estoy convencido de ello, y el mayor experto en la materia que he conocido era Roberto Assagioli, el fundador de la psicosíntesis. Era un experto porque había estudiado la alegría, pero ante todo porque encarnaba la alegría. Cuando conocí a Assagioli, parecía un anciano y flaco rabino con una barba blanca. Vivía rodeado de libros y en su mesa había una esfera con todos los astros del firmamento. Parecía el arquetipo del viejo sabio. En el mundo real era un psiquiatra, el que introdujo el psicoanálisis en Italia. Pero a Assagioli no le satisfacía el psicoanálisis, porque hacía excesivo hincapié en la patología. Le interesaban las cualidades positivas, como la belleza, el amor, la fe, la armonía, la paz y la alegría. Según él, nuestra verdadera esencia, más profunda que toda angustia o desesperación que podamos sentir, es un centro de consciencia que es libre. Encontrar este centro proporciona alegría. Es nuestro estado natural, estamos programados para ser alegres.

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Muchas de estas ideas las aprendí de Assagioli, quien tenía un fichero de notas, con un par de archivos destinados a cada cualidad. Según él, estas cualidades no eran unos conceptos abstractos, sino unos seres vivos como nosotros. Y si las cualidades son unos seres vivos, podemos hallarlas y pasar un tiempo en su compañía. Las cualidades pueden infundirnos su nota singular, estimularnos, guiarnos e inspirarnos.

La primera vez que oí hablar de este concepto, lo acogí con escepticismo. A mi modo de ver una cualidad espiritual como la serenidad o el valor constituía tan sólo una idea. Quizá fuera una buena idea, o quizá fuera útil para sermonear o juzgar, como por ejemplo debes tener valor o debes calmarte. Pero para Assagioli, entrar en contacto con una cualidad era una experiencia tan real como comer un helado o dar un paseo. No tardé en comprender que eso formaba parte de su vida. Existía todo un universo que yo desconocía y que nuestra cultura materialista ignora: un universo de percepciones sutiles y subjetivas e intercambios de energía. Empecé a comprender que todos irradiamos lo que somos, que podemos irradiar conflicto o ira, o armonía y serenidad. Poseemos un campo de energía en torno a nosotros, un aura que interactúa con la de los demás. Por este motivo, cuando Assagioli entraba en una habitación todos los presentes se sentían de pronto más animados.

Al principio me pareció una regresión a un mundo de magia y animismo. Pero Assagioli no lo veía así. Según él, estas realidades debían ser estudiadas como, por ejemplo, las ondas electromagnéticas, que aunque son invisibles pueden transmitir sonidos, imágenes y, por tanto, ideas y emociones, como ocurre con la televisión. Por consiguiente, después de cada meditación Assagioli proponía la técnica de irradiación, conocida durante siglos como una bendición en varias tradiciones espirituales. Durante una meditación nos cargamos de una energía renovada y positiva. No obstante, si no compartimos esta energía y la guardamos para nosotros, nos arriesgamos a sufrir una congestión espiritual. Irradiar esta energía a los demás nos beneficia. Todas las cosas buenas deben circular, no permanecer estancadas. Assagioli utilizaba la fórmula budista: amor para todos los seres, compasión para todos los seres, alegría para todos los seres, serenidad para todos los seres.

Un día, mientras practicábamos juntos una sesión de meditación, con los ojos cerrados, alcanzamos el estadio de alegría para todos los seres, y al abrir los ojos miré a Assagioli. Estaba absorto en la meditación, inmerso en la alegría. No creo haber visto nunca a una persona irradiar alegría de forma tan evidente e intensa. Y esa era la persona que había sido perseguida durante los años de la guerra, que había perdido a un hijo, que había sido menospreciado por sus ideas innovadoras Le observé con curiosidad científica. Pero en seguida me sentí conmovido por esa alegría, y al observarla en él sentía que se apoderaba de mí también. Assagioli, con los ojos cerrados, debió intuir que yo le observaba. Abrió los ojos y me miró. Fue un momento extraordinariamente hermoso. Comprendí que dos personas podían encontrarse en la alegría, una alegría en la que ninguno de los dos tratábamos de competir, obtener un favor o demostrar algo. Era la alegría de existir.

A partir de ese día, sin siquiera mencionarlo, esto se convirtió en un ritual. Cada vez que meditaba con Assagioli, cuando llegábamos a la parte de la alegría para todos los seres ambos abríamos los ojos y nuestras miradas se encontraban en esa longitud de onda. Fue una de las enseñanzas más valiosas que jamás he recibido. Desde entonces he perdido y redescubierto la alegría muchas veces. No creo ni por un momento que pueda poseerla para siempre, ni evocarla cuando lo desee. Como todo el mundo, con frecuencia me muevo en los oscuros callejones de la tristeza y la desconfianza. Pero algo ha cambiado en mí para siempre. La alegría significa una certidumbre y una posibilidad maravillosa.

La alegría, o en todo caso un talante feliz y optimista, constituye la base de la bondad. Imagine recibir un gesto de bondad en un clima de displicencia o desgano. Por ejemplo, alguien se ofrece para llevarle a casa en coche, pero permanece durante todo el trayecto con cara de mal humor. O le prepara una comida sin dejar de recordarle todo lo que hace por usted. O bien le ayuda a encontrar las llaves que usted ha perdido al tiempo que le sermonea sobre lo descuidado que es. Nadie quiere ese tipo de bondad, porque la auténtica bondad se ofrece con alegría. No podemos ser bondadosos sin cierto grado de optimismo.

Pero muchas personas no lo ven así. Por el contrario, a menudo consideran la alegría casi una forma de egoísmo o superficialidad. Conozco a un hombre que trabaja como voluntario para urgencias médicas. Este tipo de trabajo benéfico tiene una larga y noble tradición en Florencia. Antiguamente, los que trabajaban como voluntarios para beneficencia solían vestir de negro, incluso lucían una capucha para que no los reconocieran. El servicio debería ser anónimo y no deberíamos ofrecer ayuda o consuelo para recibir gratitud u otras compensaciones a cambio, sino simplemente por un deber moral. Pues bien, este hombre acudió a la reunión de presentación, durante la cual le preguntaron a él y a todos los recién llegados por qué querían trabajar como voluntarios. El hombre respondió: Por la satisfacción de servir. Al oír estas palabras, uno de los miembros veteranos, frunciendo el ceño, le dirigió una mirada de reproche.

Esa mirada decía: No debes gozar de tu altruismo; el servicio debe basarse en el sacrificio. Quizá ese hombre ceñudo no estaba del todo equivocado. El auténtico altruismo no abunda y quizá debamos renunciar a algunos beneficios egoístas, como el descanso, el tiempo que dedicamos a nosotros mismos y otras cosas. No obstante, prefiere usted que le ayude una persona que se sacrifica o alguien que se alegra de poder hacerlo?

Así pues, un componente básico de la bondad es un temperamento alegre. Y el sentido del humor es análogo a la alegría: la capacidad de ver las contradicciones y los absurdos de nuestra vida y no tomarnos excesivamente en serio. Cualquiera que posea esta cualidad está a salvo del endiosamiento y los dramas de la vida cotidiana. Desde que Norman Cousins se curó a sí mismo de espondilitis anquilosante viendo videos de los hermanos Marx, han proliferado los estudios sobre los efectos sanadores y estimulantes de esta maravillosa cualidad. Por ejemplo, se ha comprobado que el sentido del humor fomenta nuestra creatividad. Los sujetos que acababan de ver una película cómica resolvían un problema práctico más rápidamente que otros. También se ha comprobado que el sentido del humor posee la facultad de aliviar el dolor físico, lo cual no es una virtud insignificante.

Asimismo, sabemos que el sentido del humor refuerza el sistema inmunitario, disminuye la presión sanguínea y reduce el estrés. Menudo resultado! Pero es mejor no analizar excesivamente el sentido del humor y hablar de él en pequeñas dosis. Hace tiempo cometí el error de dirigir un cursillo sobre el sentido del humor. Fue el cursillo más deprimente que he dirigido jamás. Como dijo Mark Twain: Estudiar el sentido del humor es como disecar a una rana, lo único que obtienes es una rana muerta. A propósito de esto, quiero mencionar un episodio que comento con frecuencia. Ocurrió cuando conocí al maestro zen Shunryu Suzuki en su monasterio, Tassa Hara, en California. Nuestro encuentro consistió en una sola mirada. Yo me hallaba en la sala de meditación, junto con otros estudiantes y discípulos, donde acababa de practicar una meditación zen. Inmediatamente después, Suzuki dio una disertación. Luego de permanecer sentado con las piernas cruzadas al estilo oriental durante dos horas, ansiaba mover las piernas y dar un paseo. Como estaba cerca de la puerta, fui el primero en salir. No tardé en darme cuenta de que había quebrantado una orden estricta del monasterio: el primero que abandona la sala es el maestro, seguido de todos los demás. Qué metedura de pata! Pero era demasiado tarde. Cuando Suzuki salió de la sala, pasó junto a mí y me miró. Sus ojos parecían los de un samurai furioso, como los que vemos a veces en las viejas ilustraciones japonesas. Pero al mismo tiempo (no me pregunte cómo lo consiguió, pues ni yo mismo me lo explico) esos ojos mostraban una expresión divertida ante la torpeza del neófito. Parecían decir: No te preocupes, no es grave. Era la expresión serena y divertida del sabio, que observa el teatro de la vida y sabe que la gran ilusión del samsara equivale al éxtasis supremo del nirvana.

Retomemos el tema general de la felicidad, un tema que resulta más fácil de comentar porque, aunque no menos huidizo, está relacionado con nuestra orientación básica en la vida. Existen dos teorías predominantes: la primera afirma que la felicidad se produce cuando el gozo alcanza su máxima expresión. Es la teoría hedonista. La segunda sostiene que nos sentimos felices cuando hallamos significado, aunque sea a través del esfuerzo y la frustración. Es la teoría del eudemonismo, que proviene del término griego daimon, nuestro ser auténtico. A mí me convence más esta última teoría. Lo que cuenta es aquello en lo que creemos. La alegría proviene del significado de nuestra vida.

Mihály Csikszentmihalyi ha constatado que el gozo en sí mismo no basta para alcanzar la alegría. En sus estudios sobre el flow, o experiencia óptima, tomó nota de los distintos estados de ánimo de un gran número de personas a lo largo del día. Cuándo se sentían en estado de gracia, cuándo fluían? Por lo general ese estado no se producía cuando descansaban en la playa o gozaban de una comida suculenta, sino cuando todo su ser estaba implicado en una actividad que requería disciplina, atención y pasión. Cuando jugaban al ajedrez, o tocaban el violín, o leían un libro filosófico, o bailaban. Fuera lo que fuere, era lo que daba significado a su vida.

Pero lo que cuenta no sólo es el estado de gracia, sino la actitud básica con la que afrontamos el día a día. Y aquí surge la pregunta esencial: somos optimistas o pesimistas? Numerosos estudios demuestran que una actitud optimista tiene varios beneficios sobre la salud. Martin Seligman, en su libro sobre este tema, demuestra que los políticos que utilizan palabras optimistas en sus discursos tienen más probabilidades de triunfar. Recientemente, una ola de nuevos trabajos de investigación y el comienzo de la psicología positiva han dado popularidad a este tema. Un estudio llevado a cabo en la Clínica Mayo ha demostrado que de 839 personas que se habían sometido a unas pruebas hacía treinta años, las catalogadas como pesimistas tenían un 40 por ciento más de probabilidades de morir al cabo de treinta años en comparación con los catalogados de optimistas. En términos generales, el optimismo protege el organismo humano de trastornos cardíacos y potencia la eficacia del sistema inmunitario. En suma, los optimistas son más felices y acuden menos al médico.

Pero no necesitamos unos estudios para saber lo maravilloso que es sentir alegría. La pregunta es: cómo conseguirlo? O en todo caso, qué podemos hacer para ser más optimistas? A mi entender no es demasiado difícil (soy optimista). Existen dos pasos muy sencillos que todos podemos tomar. En primer lugar, analizarnos. Sin profundizar demasiado, la mayoría de nosotros somos capaces de descubrir rápidamente diversos motivos que nos impiden gozar de la vida: quizá seamos unos perfeccionistas, o dejamos que el sentido de culpa nos corroa, o nos tomamos demasiado en serio, o bien nos obsesionamos con lo que no funciona en nuestra vida. Asombrosamente, el mismo hecho de ser conscientes del perjuicio que nos causamos con frecuencia basta para hacernos abandonar esas actitudes destructivas. En última instancia, nos pasamos la vida buscando la felicidad. Cuando las madres de unos bebés, en lugar de sonreírles, adoptan una expresión impasible, los bebés protestan y se muestran inquietos. Quieren ver la sonrisa de su madre, no una cara seria. Como decía Assagioli acertadamente, nacemos para ser felices.