Cultivo una Rosa blanca

Cultivo una Rosa blanca


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Cultivo una rosa blanca,
en julio como en enero,
para el amigo sincero
que me da su mano franca

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo
ni cardo ni ortiga cultivo,
cultivo una rosa blanca

José Martí
Karlfried Graf Durckheim

Karlfried Graf Durckheim

Amigo del Alma

A fines de Octubre de 1896, en Munich, Alemania, nacía el descendiente de un antiguo y noble linaje Bávaro, en el seno de una familia cristiana, llamado Karl Friedrich Alfred Heinrich Ferdinand Maria Graf Eckbrecht von Dürckheim-Montmartin, filósofo, psicólogo, buscador, terapeuta, educador y guía. A la muerte de su padre heredaría su título de Conde de Graf.

Primeros Años
La infancia, plena en sus recuerdos de estímulos sensoriales, y sin mayores contratiempos, se desarrolla en Steingarden, terminando luego en Weimar donde realiza su bachillerato de Humanidades. La tranquilidad de este período se ve abruptamente interrumpida en 1914 por el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Con apenas 18 años para entonces, se alista de inmediato en el Ejército y es trasladado al frente, donde permanece en campaña por diversos lugares de combate durante casi cuatro años. Las numerosas experiencias extremas que le toca vivir y presenciar durante ese período le marcan profundamente, obligándole tomar contacto precoz con sus propias percepciones y emociones frente al espectáculo de la muerte, de su tragedia y fascinación, y la fragilidad de la vida. Conoció así tempranamente sus abismos, como también el verdadero valor del tiempo, de la libertad interior, del espacio, de la vida.

Concluida la guerra y en medio de la confusión política, es acusado de traición y puesto en prisión por los nuevos dirigentes políticos. Estando privado de libertad física, tiene una primera experiencia de lo que luego denominara como consciencia absoluta, un estado de total claridad y certeza internas que llevan a decisiones y actos prístinos que difícilmente se podrían concebir o realizar bajo la influencia de la consciencia normal. Lo explica como la respuesta a un llamado muy profundo, supra-personal e imperioso, que debe ser obedecido aún a costas de la incomprensión o rechazo familiar o social. Al menos en dos oportunidades se le presentó esta certeza de lo que debía hacer, lo que no estuvo exento de consecuencias para su vida personal. Ya comenzaba a tomar forma en él la idea de trabajar con el ser interior del hombre ayudándolo a ponerse en contacto con esta consciencia absoluta o verdadero Ser. Para Dürckheim, esta era, lejos, una necesidad más prioritaria que tratar con patología psicológica mediante terapias convencionales. Iba vislumbrando la forma en la que podría ayudar a sus semejantes a alcanzar su propia eternidad y trascendencia como seres.

Ingresa a la Universidad de Munich donde estudia Economía, Filosofía y Psicología. Luego, en la Universidad de Kiel realiza un doctorado en Filosofía. Paralelamente, con un grupo de tres amigos más, de intereses afines, forman un grupo de búsqueda, práctica e investigación interior a través del silencio y la meditación que llamaron Quatuor. El cuarteto compartía consejos, pláticas y prácticas con aquellos que acudían a consultarles. Es la época en la que conoce y estudia al Maestro Eckhart, Lao Tsé, Rilke, San Juan y el budismo, aunque reconoce a Eckhart como mi maestro, el maestro.

Poco después de concluir su doctorado se casa, y es nombrado profesor del Instituto de Psicología de Leipzig. Le sigue una serie de años de actividades y logros académicos en las áreas de Filosofía y Psicología, tanto en Leipzig (1923) como en Breslau (1931) y el mismo Kiel. Pocos años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial ingresa al círculo de la Política Extranjera de Berlín, participando en distintas gestiones de orden diplomática que lo llevan a numerosos viajes al extranjero. Las aguas del nazismo están para entonces bastante crecidas (1935), y el propio Rudolf Hess le encomienda algunas misiones. Es por esta época que Dürckheim descubre que una de sus abuelas era judía, noticia que le significará la pérdida de las misiones oficiales.

Japón
Providencialmente, o acaso por alejarlo de los puestos visibles u oficiales, es enviado en 1938 en misión cultural a Japón, para estudiar la relación e influencia de la espiritualidad japonesa en la educación. Así, para cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Dürckheim ya se encuentra en Japón, donde permanece casi 10 años impregnándose del zen y practicando la meditación y aquel sagrado silencio al que ya era proclive desde los bosques de cacería de su infancia, en compañía de su padre. Su estancia en Japón se ve interrumpida por la muerte de éste, y tiene que volver brevemente a Alemania con este motivo, heredando de paso el título nobiliario de Conde que aquel ostentara. En Japón conoce también a D. T. Suzuki y continúa con sus prácticas, a las que se suma el dibujo y el tiro con arco. Tiene oportunidad de conocer las múltiples expresiones del zen en las artes marciales, la danza, los arreglos florales, etc. Observa la simplicidad aparente y búsqueda de la perfección en estas manifestaciones, a través de las cuales el practicante se va alineando dentro de sí hasta ser uno con aquello que realiza, y uno consigo mismo. El propio cuerpo es a la vez el instrumento y el resultado de la sincronización total del ser y del hacer; quien refina es refinado.

Es el período en el que K. G. Dürckheim va integrando dentro de sí la semejanza esencial de los mensajes de Meister Eckhart con los del Buda. Comprende que la budeidad es inherente a todo ser humano, que se puede tomar consciencia de esta semejanza esencial a través de una experiencia trascendente que nos muestre la unidad esencial de todos los seres, pero para que esta comprensión permanezca viva y presente en el vivir cotidiano debe mediar una transformación de la personalidad, a través de una práctica y un trabajo dirigidos. No basta haber tenido una experiencia numinosa (o momentos privilegiados, u horas estrellas de la vida, como las llamaba), debe darse testimonio permanente de esa nueva comprensión en cada acto, día tras día.

Observa Dürckheim que el Ser esencial, la naturaleza de Buda, el satori y la naturaleza de Cristo son equivalentes, y quiere transmitir esta comprensión integradora y ecuménica a aquellos que anhelan una experiencia del verdadero Ser. Se da cuenta del abismo existente entre Oriente y Occidente en la concepción y tratamiento del cuerpo físico. En el hemisferio occidental normalmente al cuerpo se lo considera apenas como un recipiente, las más de las veces como un obstáculo al crecimiento interior, incluso como el pecador, y casi nunca como uno de nuestros más valiosos instrumentos para ser. En la perspectiva oriental, no es posible alinearse con la naturaleza esencial sin alinearse primero con el cuerpo, experimentándolo plenamente, tomando consciencia de sus zonas más recónditas, de sus reacciones y actitudes, de sus crispaciones, hasta que responda también a la dirección de la naturaleza pura y esencial del hombre.

Y para los japoneses, este alineamiento pasa necesariamente por el centramiento en el Hara, centro energético de anclaje fundamental para cualquier práctica. El Hara es considerado como un núcleo de energía infinita no contaminada de ego, una suerte de centro-raíz que nos conecta con la totalidad de nosotros mismos, de modo tal que cualquier práctica o actividad que desarrollemos arraigados en él será realizada según el curso que debe suceder, sin intromisión de nuestros deseos o expectativas. Desde ese anclaje de libertad respecto del ego nos podemos entregar plenamente a la actividad en el momento presente. Lograr vivir permanentemente los actos cotidianos centrados en el Hara nos permite estar en el mundo sin pertenecer a él, actuar en el mundo sin identificarnos con el objetivo de nuestra actuación; realizar sin esperar el fruto de la acción. Paradójicamente, se dice que K. G. Dürckheim es el autor del primer acaso único- libro acerca del Hara, centro energético acerca del cual los japoneses tenían un conocimiento previo milenario.

La Selva Negra
Terminada la Segunda Guerra Mundial vive la azarosa experiencia de ser arrestado en Japón por los norteamericanos, que le acusaron de ser espía nazi en Japón, y que lo condujo a permanecer casi dos años en prisión. Dürckheim aprovechó los eternos días en la celda para practicar zazen por horas, convirtiéndolas en preciosas. Una vez liberado, volvió a Alemania, donde conoció a la analista junguiana Maria Hippius, con quien trabajará en estrecha colaboración de ahí en adelante, y con quien funda, en 1950, un centro de formación y encuentro existencial y psicológico para el desarrollo integral del hombre, en el villorrio de Todtmoos-Rutte, en la Selva Negra, que llamaron Escuela de Terapia Iniciática.

Los estudios, la reflexión, la experiencia y práctica de varios lustros, se plasmaron en una enseñanza, en un método, en una escuela. En su escuela para el desarrollo integral del hombre, el cuerpo físico, como herramienta e instrumento de transformación tenía un sitial de honor, y aplicó allí numerosas técnicas y ejercicios de los que aprendiera en su permanencia en Japón. Trataba al cuerpo como un reflejo del ser total, a diferencia de la medicina convencional, cuya perspectiva no suele sobrepasar lo orgánico. Como reflejo del ser, insistía Dürkheim en que los terapeutas debían tratar al cuerpo con amor, como una prolongación de ellos mismos, tratando de equilibrar sus energías para el adecuado flujo pránico.El terapeuta no es aquel que sana, esto es, aquel que interviene con sus propias capacidades; el terapeuta, en el sentido original del término, es un compañero en el camino.

Dürkheim estaba en perfecto conocimiento de que la salud del cuerpo físico depende de la salud de la fuerza que lo anima, esto es, el cuerpo etérico. Además de masajes, utilizó también las vibraciones, el magnetismo, ejercicios respiratorios, la eutonía, la práctica de la marcha meditativa, el aikido, y todo aquello que ayudara a sus discípulos y pacientes a liberar las zonas contraídas y regularizar los ritmos fisiológicos normales para alcanzar el desarrollo armónico e integral de la persona.

Lo que estoy haciendo no es la transmisión del Budismo Zen dice K. G. Dürkheim-; por el contrario, voy tras algo universalmente humano que proviene de nuestros orígenes y que resulta ser más enfatizado en las prácticas orientales que en las occidentales. A través de sus enseñanzas Dürckheim va haciendo una síntesis de todo aquello que tienen en común el taoísmo, el budismo zen, el misticismo cristiano y la psicología profunda de raíz junguiana, convirtiendo aquello en una práctica y una forma de vida, aplicada en forma individualizada y única al proceso de individuación de cada persona.

Además de las terapias físicas, Dürckheim, junto a M. Hippius, desarrollan la enseñanza a través de charlas y pláticas, sesiones de psicoterapia para problemas específicos, y desde luego, las prácticas de la vigilancia crítica de uno mismo y de la meditación. Así como se ha buscado hacer al cuerpo físico transparente a los influjos del Ser, se busca hacer la mente transparente a la misma irradiación. Enseña y practica constantemente el zazen, desarrolla seminarios, talleres y trabajos de grupo, con el único objetivo de la realización del hombre, concebida como su transparencia total al Ser. Esta transparencia se debe preservar mediante la práctica y la auto-observación para que sea realidad cada día, en la consciencia permanente de la unidad de todos los seres, y en un estado habitual de franqueza, apertura, receptividad y presencia en el momento presente.

En 1981, Dürckheim abre un centro en Francia, dirigido hasta el presente por su discípulo y colaborador Jacques Castermane, quien había abandonado sus estudios de Medicina en Bruselas para seguir al sabio de la Selva Negra, permaneciendo en el Centro de Rütte por seis años. En forma concisa y contundente relata J. Castermane su encuentro con Dürckheim: En el año de 1967, en la casa de Erasmo, asistí a una conferencia de K. G. Dürkheim. Desde su primera frase me di cuenta de que aquel hombre era aquello que decía. Y así resume la relación con el maestro: Un guía muestra el camino, quien lo recorre llega a la cima por sus propios pies y no a los hombros de aquel.

El 28 de Diciembre de 1988, a la edad de 92 años, muere K. G. Dürckheim, en su escuela de Todtmoos-Rütte que había fundado 38 años antes, luego de toda una vida dedicada a la práctica, a la enseñanza y a la terapia preparatorias para el encuentro del verdadero Ser, o, dicho en sus palabras, para dejarse encontrar por lo Totalmente Otro.

Más allá de los significados

Más allá de los significados

El camino espiritual no necesariamente significa pasarse una vida estudiando Filosofía o hablando acerca de enseñanzas espirituales. En orden a que el camino espiritual tenga valor real para nosotros, debemos realizar su verdad directamente. Cómo podemos aplicar los conceptos altamente abstractos del Dharma en nuestra vida? La respuesta yace en la meditación. No es que nosotros pensemos acerca de esos conceptos en la meditación, sino que, por medio de la meditación llegamos a realizaciones que nos ayudarán a integrar esas enseñanzas en nuestras vidas. Somos atraídos a estudiar estas enseñanzas para futuras aplicaciones e intuiciones. La meditación también usa estas mismas realizaciones para ayudarnos a contactar un interno estado de alerta (awareness) el que podemos usar directamente. Cuando aprendemos a palparlo, la aparente barrera entre la meditación y nuestra mente samsárica se derrumba.

La mente es mucho más que un simple órgano en el cual surgen los pensamientos. Para algunos, la mente es el medio de desarrollar la meditación. En el más amplio sentido, la naturaleza de la mente es meditación. Meditación es el proceso de trabajar con cualquiera que sea el nivel de la mente que estemos experimentando.

El más profundo nivel es directa experiencia. Inmediatamente ello da lugar a la formación de imágenes, y estos a su turno conducen a la interpretación de conceptos. Este último nivel de interpretación y conceptos es lo que usualmente consideramos el fundamento de nuestra realidad, pero en verdad esos conceptos son de segunda mano. Ellos han sido removidos lejos de la experiencia directa.

Al nivel de conceptos e ideas, nos enfocamos sobre significados, a veces aún mirando por significados detrás de significados. Pero un significado es nada en sí mismo, tiene valor sólo en relación con otros significados. Moverse de concepto en concepto, cada uno creado por el anterior, es una persecución en la que se gasta tiempo y energía. Vistos de esta manera, los significados representan samsara: el movimiento circular de una rueda que constantemente da vueltas. Nunca podremos ser libres hasta que no realicemos la postrera inutilidad de perseguir este ciclo. Cuando vemos que no tenemos que asignarle significado a ninguna cosa, cuando permitimos que las cosas sean simplemente como son, descubrimos en ellas su naturaleza intrínseca.

Puesto que la búsqueda de significados conduce solamente a más significados, cómo termina este ciclo? podemos obtener respuestas sin plantear preguntas? Puede ser que las respuestas que andamos buscando están más allá de los conceptos, más allá de las respuestas. Esto no significa que deberíamos dejar de usar palabras, conceptos y significados, sino sólo que hay un momento en que dejan de ser útiles.

Esto es particularmente verdad cuando tratamos de buscar un significado en la meditación. En efecto, cuando encontramos allí un significado, algo anda mal, porque el rastrear el significado de las experiencias en la meditación nos hace retornar a este inútil ciclo. Cuando encontramos significados no podemos penetrar más allá de ellos. El buscar significados lleva sólo a más significados, aún en la meditación.

Por eso, durante la meditación, no te hagas expectativas. No trates de llegar a alguna parte o de alcanzar algo. Las metas fijadas son simplemente conceptos, proyecciones mentales, viajes imaginados que no conducen a ninguna parte. La concentración meditativa no involucra tal atención nerviosa. Nuestra meditación debe ser como escuchar un sonido distante y vacío; demasiada atención sólo produce tensión.

Enfocar objetivos específicos, querer alcanzar resultados, impide la verdadera concentración. Quedamos envueltos otra vez en significados y evaluaciones: nos concentramos en cuán bien estamos siguiendo las instrucciones, o si nuestra meditación está bien o mal, clara o confusa…. aunque todo esto no tenga nada que ver con la meditación misma.

Al comienzo, a menudo nos confinamos a cortas sesiones de meditación formal, las que sentimos como algo especial. Este espacio de meditación es limitado, como un nidito de pájaro. Debemos expandir nuestra idea de meditación. Ella no tiene límites, sus horizontes son tan amplios como nosotros mismos lo permitimos que sean. Una vez que hemos aprendido como mantener nuestro cuerpo de manera equilibrada interiormente, todo lo demás fluye fácilmente: la respiración con ritmo natural, los ojos blandos y relajados. Esta actitud exterior la aprendemos y luego la olvidamos, es útil sólo para promover un estado interno calmo y relajado. Esta forma exterior entonces nos conecta con otro nivel más profundo.

La concentración meditativa alcanza este más profundo nivel. Cuando vamos más allá de los significados y las expectaciones, encontramos que esa calidad concentrativa ha estado allá todo el tiempo. Solamente dejarse estar es meditación. Nosotros podemos entonces prolongar esta apertura y permisividad, no sólo durante la postura de meditación sino también en la vida diaria.

Mientras estemos conscientes, podemos meditar, no hay un camino especial que seguir. Hay varias técnicas útiles que podemos emplear, pero son sólo sugestiones, símbolos apuntando el camino. Cuando alcanzamos el corazón de la meditación, no hay instrucciones.

La meditación está en todas partes, dentro de la vida diaria, y todo lo que hacemos es enfrentado en la misma manera abierta y relajada.

En la vida diaria como en la meditación, nuestros obstáculos básicos son nuestros conceptos y expectativas. Compartamentalizamos nuestras vidas. Podemos, sin embargo, usar este proceso que interrelaciona sujeto y objeto como nuestra meditación. Cada situación: nuestras relaciones con el mundo, con el ambiente, con nuestros amigos, nuestra familia, nuestro trabajo, puede ser incluido en nuestra meditación. Por ejemplo, en medio del sufrimiento y la confusión podemos quedarnos con el sentimiento y mirarlo por todos lados, después de un rato la mente parece volar por encima de nuestra identificación con el anhelo o el dolor. Estas emociones pierden entonces su inmediatez, su agudeza. La meditación no reprime estas emociones; las transforma, permitiendo que la mente se clarifique. La experiencia meditativa nos provee de una introspección sobre otra manera de considerar la experiencia, permitiéndonos reemplazar nuestras usuales interpretaciones dualistas por una visión panorámica. Nuestra meditación puede entonces ser abierta, una experiencia directa, no bloqueada por conceptos e interpretaciones.

Cuando vamos más allá de nuestras ordinarias maneras de pensar, descubrimos un mundo no conceptual, uno de pura consciencia. Está más allá de lo condicional y lo condicionado, más allá del nivel samsárico ordinario. Esta experiencia no es derivada del ordinario proceso de información recibido de las actividades mentales que constantemente proveen de significado a nuestra experiencia. Es en ella misma experiencia inmediata. En otras palabras, podemos liberar nuestras experiencias de la naturaleza automática, estructurada y limitante de nuestros conceptos, auto-imágenes y apegos. Dentro de cada simple experiencia, de cada percepción, está la semilla de la iluminación, en todo momento accesible para nosotros.

La experiencia, entonces, puede llegar a ser significante en ella misma, su significado se revela no en palabras o conceptos, sino en la calidad de nuestras vidas, en la intrínseca belleza y valor de todas las cosas. Cuando nuestras acciones surgen naturalmente del hecho de vivir, todos los conceptos desaparecen, llegamos a ser el significado mismo iluminado.

El Darnos Cuenta (Awareness)

A medida que desarrollamos nuestra meditación, gradualmente aumenta nuestra capacidad de darnos cuenta. La mente en forma natural se aclara de confusiones e insatisfacciones y contactamos con una claridad meditativa, un estado de alerta en el que no importa lo que ocurra. Una vez que nos abrimos a él, encontramos fortaleza y verdadera confianza en nosotros mismos; no una arrogante autosuficiencia, sino un sentimiento positivo verdaderamente integrado y equilibrado. Todas nuestras decisiones se hacen sin esfuerzo, todas nuestras acciones surgen naturalmente de este profundo y nutriente estado de alerta.

Nuestra usual idea de ello, sin embargo, está limitada a una asociación con objetos. La tendencia ordinaria de la mente es mirar adelante, anticipar y formar imágenes mentales: un tipo de expectativa que está siempre orientada al objeto. Este estado de alerta samsárico es un condicionamiento de anticipación y vigilancia: vigilamos nuestros conceptos, nuestros sentimientos, nuestro pasado, nuestro futuro. A este nivel más bajo de alerta, nuestras acciones – aunque no nos parezca así a nosotros – son marcadamente predecibles. Este es un nivel de juego-programado, donde nuestro estado de alerta está constreñido a un mazo de pensamientos e imágenes que continuamente sostienen los mismos modelos de juegos. Sólo con una mente quieta, una mente alerta, puede uno ver esos condicionamientos y detenerlos. Esta es la práctica de mindfulness, (atención cuidadosa) de estar bien conscientes de lo que está exactamente ocurriendo en nuestras vidas en todos los aspectos.

Mindfulness requiere una ágil observación, pero debe estar libre de interpretaciones y juicios sentenciosos. Practicando mindfulness desarrollamos nuestro usual estado de alerta hasta su más sutil nivel, con él podemos protegernos nosotros mismos contra el hecho que sea alterado nuestro equilibrio por nuestros pensamientos y emociones.

Al desarrollar mindfulness, vamos más allá de nuestro habitual modo dualista de pensar. Podemos tener una idea de la no dualidad, pero no es muy útil para llevarnos más allá del dualismo, porque aun el concepto de no dualidad nos separa de la experiencia. Este concepto realmente fortalece nuestro marco de referencia dualista, cualquier cosa que sea lo que habitualmente pensamos o hacemos, estamos dentro de una idea, dentro de un marco de pensamiento, nuestro estado de alerta es limitado. Permanecemos a este nivel de comprensión hasta que llega el momento en que contactamos con un estado más amplio que no se relaciona con sujeto u objeto, que está más allá de nuestro entendimiento cognitivo.

Sin embargo, ir más allá de la idea a la experiencia misma es un salto difícil. El primer obstáculo es la orientación subjetiva de la mente: el observador, el vigilante independiente. Nunca trascendemos esta parte de nuestro ego-mente, porque es el observador quien nos da la sensación de nuestro ser real. Aun en nuestra meditación, somos retenidos por este sentido de identidad, la parte conceptual de nuestras mentes que dice esto soy yo, que hace la meditación, que tiene una experiencia. Cuando buscamos o enfatizamos las experiencias en la meditación, suscitamos una calidad aferrante que trae nuestra mente samsárica dentro de la meditación misma. Agregamos significado a una intuición destruyéndola al volverla un objeto dentro de un marco dualista. Por tratar de conservar la experiencia, la destruimos.

Aun aquellos elevados y místicos sentimientos que tengamos en la meditación, aunque puedan ser positivos y abiertos, fácilmente se transforman en obstáculos cuando empezamos a considerarlos como objetivos de nuestra meditación. Cuando eso ocurre, tenderemos a pasar por alto la totalidad de la experiencia, rompiéndola en detalles que puedan ser familiares a nuestra mente. Nos centramos en la imagen, los colores, la intensidad emocional. Pero esas manifestaciones son sólo una ilusoria espuma, el desvanecerse de la experiencia. Eventualmente nos damos cuenta que, al encajar nuestra visión en las formas familiares de nuestro mundo samsárico, cualquiera que sea aquello que encontramos o alcanzamos sólo podemos repetir nuestras experiencias primitivas. Nos estamos cortocircuitando nosotros mismos de algo más amplio, más profundo, más abierto.

Es útil recordar que el estado de alerta que buscamos vendrá en último término. Todo lo que tenemos que hacer es dejar de retener, dejar pasar aún las más bellas experiencias. No pienses acerca de ellas, no te hagas expectativas. Sólo déjalas ser: obsérvalas surgir, manifestarse y desvanecerse. Tu nivel de concentración se profundizará tanto como tu necesidad de aferrar y discriminar desaparezca.

Hay varios ejercicios que ayudan a intensificar el estado de alerta. Estas técnicas, sin embargo, son sólo herramientas. Ellas ayudan a hacer posibles ciertas experiencias, pero las experiencias no dependen de las técnicas, éstas resultan porque las experiencias están ya con nosotros, siempre accesibles.

Cada vez que surge un pensamiento, usualmente sentimos la necesidad de etiquetarlo e identificarlo. Trata de detener ese proceso. Aunque tú puedas sentir ese pensamiento, verlo y experimentar que ocurre, el pensamiento mismo es una proyección del observador. El pensamiento no está separado del observar del observador. Para entender esto, simplemente observa el flujo de imágenes mentales que pasa a través de tu mente. A medida que las imágenes-proyecciones pasadas y futuras pasan delante, corta entre ellas, no para mirar a los pensamientos e imágenes, sino por ver quien está observando los pensamientos. Trata de desarrollar un sentimiento como que los pensamientos están observando al observador.

Invitación a Meditar

Invitación a Meditar

Una cantidad de recientes investigaciones ha proyectado su luz sobre la naturaleza del hombre como criatura capaz de un pensamiento creativo sobre sí mismo y sobre el lugar que ocupa en el universo. Esta investigación ha señalado, de formas diversas, que la naturaleza de la meditación es localizar recursos y desarrollar técnicas para la utilización de la energía psíquica.

Algunas de estas investigaciones van más allá de los límites del laboratorio y se centran sobre la experiencia humana, que nunca puede ser arrinconada. Estamos en compañía de grandes científicos como Jeans, Eddington, Planck y Einstein, cuando contemplamos la vida, no en los estrechos confines de las fórmulas comprobadas, sino en las más atrevidas especulaciones referentes a los fenómenos del hombre y su experiencia.

La meditación se consuma en el punto en que mente y espíritu convergen. La mente es el instrumento que disciplina y el espíritu representa la dotación del hombre que debe ser cultivada mediante un especial control y un esfuerzo sostenido. Es importante que intentemos clarificar los recursos del ser que confluyen en el proceso creativo de la meditación.

Qué es la mente? Cómo funciona? Qué hacemos con la mente en la meditación?

Básico para cualquier investigación fructífera es el concepto que puedan tener los propios científicos de la mente y de sus resultados, significado y valoración. Sin embargo, cuanto más han sido evaluados los procesos de la mente, más difícil ha llegado a ser explicarlos sobre la base de los procesos observados. Pues la mente supera en tal medida al cerebro, que el conjunto de sus relaciones sugiere un misterio de profundas proporciones.

El fisiólogo y el psicoanalista ofrecen unos conceptos muy diferentes, aunque quizás complementarios, de la vida de la mente. Pero ambos apuntan en dirección a aquellas misteriosas cualidades que podrían relacionar el instrumento cognoscente con las fuentes del conocimiento que no pueden ser explicadas por el ADN, la química del cuerpo o las concepciones psicológicas.

Lord Adrian, fisiólogo galardonado con el Premio Nobel, describe la mente como un instrumento creador de energía de profunda complejidad. Él dice: Los pensamientos fortuitos no conllevan cambios generalizados en la actividad celular; pero la meditación intensa, la concentración o el pensamiento dirigido dan lugar a una actividad celular que aumenta la producción de energía eléctrica en el cerebro”. Según este concepto, el cerebro es sensible a las leyes que gobiernan el comportamiento de las partículas. Podría ser que lo que las religiones llaman “revelación” y el fenómeno de la telepatía formaran parte de este comportamiento de las partículas. Ciertamente, la meditación es una forma de concentración que eleva las formas específicas de la sensibilidad.

El enfoque psicoanalítico del funcionamiento del cerebro y de los resultados de la actividad mental nos advierten sobre la necesidad de ser cautelosos a la hora de relacionar este fenómeno con aquellas experiencias que podrían razonablemente explicarlos. La moderna investigación científica ha hecho mucho por proyectar luz sobre los problemas que tradicionalmente han conducido a la creencia en un conocimiento revelado. Esto no significa que tal conocimiento no exista; significa que mucho de lo que inicialmente era atribuido a tales fuentes tendrá que ser reevaluado y matizado a la luz de la nueva comprensión de la estructura de la personalidad y de la influencia de los niveles inferiores de la consciencia sobre la conducta. Esto, a su vez, nos posibilitará el análisis tanto del hombre de mente perturbada como del místico, para atribuir debidamente el fenómeno observado a su fuente verdadera. Sólo entonces enfocaremos con precisión la cualidad única del conocimiento que procede de fuentes directamente reveladas.

Precisemos con claridad en qué consiste la idea tradicional de revelación. La sensación de que la consciencia del hombre tiene capacidad para comunicarse con la sabiduría cósmica viene ya de muy lejos. Juan Calvino sostenía que había un profundo sensus divinitatis en cada mente humana, que constituye la fuente de la revelación. Schleiermacher habla de lo que para él es misterium tremendum, una elevada consciencia que añade a la razón especulativa las poderosas intuiciones que están enraizadas en los sentimientos.

John Caird trató de llenar el vacío existente entre las dos ideas de revelación – como capacidad de la mente y como desbordamiento emotivo – reclamando que la verdad es universal, ya sea natural o revelada. “La verdad revelada no puede pertenecer a un orden diferente al de todas las demás verdades que interesan a la consciencia humana… Por el contrario, y según está universalmente admitido, la enseñanza de la revelación encuentra su más clara y de por sí suficiente evidencia en la consciencia del creyente”. Esta consciencia produce una unidad de ser que no es divisible en pensamiento y sentimiento. Pero en la meditación un sentimiento intenso puede ser un estímulo de la actividad mental, y la actividad mental disciplinada puede sacar provecho de las emociones fuertes.

La idea de revelación no sólo se basa en la premisa de que la mente del hombre es capaz de ser consciente del conocimiento cósmico sino también en que, de alguna forma misteriosa, parece existir una iniciativa cósmica que busca hacerse conocida al hombre. Esto indica a la mente que no sólo está buscando sino también siendo buscada. Esta parece ser la razón de que algunos místicos alternen entre contemplación y meditación. Así queda implícito en las palabras de John Baille: “La mente conocedora es activa atendiendo, seleccionando e interpretando; pero debe atender, seleccionar e interpretar lo que se presenta ante ella; y, por consiguiente, debe ser tanto pasiva como activa”.

La mente conocedora es finita y en su funcionamiento está habitualmente limitada por la estructura de la simbolización que sirve como instrumento de comunicación. Utilizamos el lenguaje para transmitir ideas. El lenguaje no es la idea, sino el esfuerzo consciente por hacer tangible la idea.

El pintor utiliza el lienzo y los colores para comunicar sus más profundas intuiciones. Siente que la comunicación perdería de alguna forma su poder si tuviera que ser expuesta en palabras. El compositor utiliza sonidos para transmitir pensamientos y sentimientos y también siente que cualquier esfuerzo por ponerlos en palabras oscurecería sus significados más profundos. El místico utiliza el silencio como forma de comunicación cargada de sentido. En la meditación, algo de la naturaleza creativa del ser alcanza un significado que no está limitado por la estructura simbólica del lenguaje. Las formas empleadas en este proceso creativo varían según nuestra comprensión de la naturaleza del cosmos y de la personalidad humana.

La ciencia se encuentra en un dilema respecto al instrumento conocedor. En última instancia, todos los procesos de la ciencia se basan en la fe en la validez del funcionamiento de la mente, pero el método científico no puede ser utilizado para establecer la validez de sus propias conclusiones. Charles S. Sherrington, psicólogo, constata el callejón sin salida con que se enfrenta la ciencia: “Pensamientos y sentimientos no son reductibles a conceptos. En consecuencia, en nuestro mundo espacial, la mente es algo más fantasmal que un fantasma, invisible, intangible, es una “cosa” que ni siquiera tiene contornos definidos. En realidad, no es una “cosa”, pues se mantiene al margen de toda confirmación sensorial”.

Así la revelación asociada a la respuesta meditativa tiene una validez por sí misma que no puede ser cuestionada, aunque se puedan hacer razonables esfuerzos para conformarla con otros aspectos de lo que llamamos “realidad”.

La ciencia puede plantear las cuestiones de forma tal que afine el proceso por el que el pensador utiliza su instrumento pensante, pero esto no constituye una valoración definitiva del proceso aludido. Aquí la cualidad de ser alcanza un significado superior a la suma de sus partes. Así como el acercamiento científico al cuerpo humano revela un principio o resonancia activa entre el cuerpo y la naturaleza espiritual que en él habita, así también, el estudio de las relaciones cerebro-mente revela la validez de la creencia en una sensibilidad creativa entre la Inteligencia interna del individuo y una Inteligencia más allá de lo individual que no puede ser verificada o denegada por métodos o instrumentos científicos.

Sin embargo, la verdadera vida de la ciencia, lo mismo que las realizaciones del ser espiritual, están estrechamente vinculadas a una fe que confía en, y utiliza, los procesos por los que conocimiento, sabiduría y revelación están amalgamados en una forma superior de la experiencia humana: la fe creativa. La ciencia mantiene la tesis concerniente al factor plus en la naturaleza de la vida humana. Algo que está más allá de los métodos científicos debe ser utilizado para hacer de este factor plus una realidad operativa en la experiencia humana.

Aquí se entra en el dominio del espíritu. Si la mente es la fuente de la meditación disciplinada y el espíritu el instrumento para disciplinarla, podemos preguntarnos: qué sabemos realmente de esta fuerza o cualidad de ser que llamamos espiritual?

La cualidad esencial de la naturaleza del hombre ha sido siempre un asunto que le ha preocupado de forma particular. La autoconsciencia no es sólo un privilegio, sino también una carga. Los antropólogos interpretan muchos de los antiguos ritos y costumbres de las tribus primitivas como el esfuerzo por abordar el problema de la naturaleza espiritual. A través de la larga historia de su evolución como ser civilizado, el hombre ha propuesto soluciones diversas al problema de su naturaleza espiritual. En ocasiones la ha convertido en el motivo central de su vida y en otras ocasiones ha negado su existencia.

San Agustín miraba a las profundidades de su interior para encontrar una respuesta intuitiva al problema de su naturaleza espiritual: “La condición de persona del hombre es una participación mutua en una fecunda y recíproca comunicación o diálogo. El hombre, aunque se siente solo, está siempre encontrándose a sí mismo. Cuanto más énfasis pone en este diálogo del yo, más profundamente penetra en el propio yo. Más tarde o más temprano, encuentra lo Totalmente Otro en el interior del yo. Esto implica un alejamiento radical de la nítida escisión entre mundo subjetivo y mundo objetivo que encontramos en el idealismo clásico. Hay una realidad interior que es tan indiscutiblemente objetiva como cualquier otra realidad”.

Más adelante agrega: No salgas fuera de ti mismo. Vuelve al interior de ti mismo. La morada de la verdad está en el hombre interior. Y si descubres tu propia naturaleza como sujeta al cambio, entonces ve más allá de esa naturaleza. Pero recuerda que, cuando de esta forma vayas más allá, es el alma razonadora lo que estás dejando atrás. Ve, pues, más allá, hacia la fuente en que es alumbrada la propia luz de la razón”.

Por tanto, el espíritu del hombre es un profundo patrón o imagen divina interior que está buscando emerger, y aunque los problemas que este emerger lleva consigo puedan implicar contienda, son contiendas que surgen fuera de la totalidad del ser, pero no de diversas naturalezas en conflicto con el interior del ser.

Sorokin afirma que la perspectiva mecanicista y materialista de la personalidad trata de limitar el espíritu por la biología, mientras que la perspectiva espiritual pretende comprender la mente en su relación con las fuentes energéticas del cosmos y, por tanto, confiere a la mente una dimensión, un propósito y un significado cósmicos: “Lo inconsciente biológico tiene su base por debajo del nivel de las energías conscientes y lo superconsciente – el genio, el impulso creativo, lo extrasensorial, la inspiración divina, la intuición supraconsciente – tiene su base por encima del nivel de cualquier pensamiento o energía consciente, racional y lógica”.

Así la teoría del alma, el específico espacio para el espíritu del hombre, emerge desde un nuevo esquema de pensamiento, verificado y verificable, no por las ciencias exactas, pero tampoco en oposición a ellas. Gran parte de la ciencia actual parece coincidir en una intensa sensación de que, en toda vida, existe un espacio destinado a la cualidad espiritual. El concepto de espíritu que surge de la investigación científica es diferente en grado pero no en naturaleza al del pensamiento místico. La ciencia sólo puede llegar a demostrar que esta cualidad espiritual existe. Las preocupaciones de los místicos se inclinan más hacia la utilización de esta energía espiritual en el proceso de la vida.

Sobre nuestras vidas pasadas

Sobre nuestras vidas pasadas

“El espíritu no muere cuando muere el cuerpo.
Escondido en el Corazón de cada Ser yace el ATMA, el Espíritu, el Yo; Más pequeño que el más pequeño de los átomos; más grande que los espacios más grandes”.

(Del Katha Upanishad, siglo VI a. de C.)

Hablar sobre las vidas pasadas, o sobre la razón del trayecto del Alma reencarnándose en vidas sucesivas, sobre el Espacio Entre Vidas, y otros muchos items que conforman este tema, sugieren a la persona que aborda este trabajo, estar abierta al sentimiento de la maravilla de la vida y al asombro que ella nos genera.

Estudiar ésta técnica, requiere de la persona, una investigación propia que la conduzca a corroborar por si misma, según sus propias vivencias, para luego poder comprender lo que nos dicen muchos médicos, psicólogos, psiquiatras e investigadores, que han escrito abundante material, luego de años de haber atendido cientos de casos que proporcionaron las bases para establecer lo que llamamos “comprobación científica”.

No únicamente podemos hablar de estudiosos e investigadores de este siglo. Si nos remontamos centenas de años hacia atrás encontraremos que este tema era tan común como lo es hoy el psicoanálisis.

Aun más lejos, las antiguas filosofías, tales como la budista, la hinduista y la tibetana (por nombrar las más conocidas) hablan detalladamente de ellas, como un suceso normal y necesario de la vida del Alma, abarcada en un Todo inseparable, y para su evolución.

Es a mi sentir necesario, que el estudiante de vidas pasadas, obtenga en principio (o bien a la par que estudia a otros), sus propias experiencias personales, para que su saber “le pertenezca”.

Es a partir de lo propio, que uno puede aprender a conducir al otro, sin inducir. A saber como ayudar a otros a sanarse o, a encontrar el conocimiento que está buscando.

No es difícil aprender las técnicas de la hipnosis consciente, ni como guiar a la persona a encontrarse en una vida pasada. Lo difícil, delicado y vital de aprender muy bien, es la conducción, el acompañamiento, “la NOTA” de la voz, el cuidado en transmitir un sentimiento de protección, comprensión y Amor.

Los beneficios del trabajo sobre nuestras vidas pasadas, son múltiples. Entre estos muchos, el primero en manifestarse normalmente, es la pérdida del miedo a la muerte y el nacimiento de un Amor nuevo hacia la Vida.

La persona que aborda este trabajo con responsabilidad, se da cuenta muy rápidamente que comienza a tener otra mirada hacia su propia vida, tornándose ésta tan vasta y rica en conocimiento, de lo que jamás antes hubiese podido imaginar.

Internándonos en lo más hondo del Alma, comenzamos a sentir y percibir otras dimensiones, vivas igual que ésta, plenas de información sobre el trayecto del Alma. Esto requiere entonces del sujeto, el respeto más sagrado. Reverencia por la Inteligencia inmortal, y fe en que el conocimiento le será revelado.

Comenzamos a transitar por nuestras vidas pasadas recopilando información. Esto nos llevará a la comprensión de muchas actitudes recurrentes, hábitos negativos, miedos incomprensibles, ideas obsesivas, fobias, depresiones, pesadillas recurrentes, insomnios, tensiones y dolores constantes en ciertas partes del cuerpo. Enfermedades respiratorias, parálisis totales en algunos casos, y momentáneas y recurrentes en otros.

Problemas que parecen psicológicos y en los cuales el sujeto ha trabajado en terapias de distintas escuelas, sin resultados. Problemas estos que parecen muy objetivamente venidos de una infancia, y/o adolescencia conflictiva; sin embargo luego comenzamos a ver claramente, desde dónde venimos trayendo los mismos conflictos sin haberlos resueltos.

Quizá de muchas vidas, y aún están aquí… esperando ser solucionados, trayéndolos una vez más para ser transformados y aprender de ellos. Muchas han sido pruebas que no hemos podido pasar airosos, o muertes abruptas, o en lugares y en situaciones que nos han ocasionado terror, o el sentimiento de no aceptación del momento que nos tocó vivir. O demasiado apego a lo material. O un gran amor hacia otra persona. Y tantas otras difícil de resumir en corto espacio.

Y esas emociones si no han sido trabajadas, las vamos llevando a cuestas. Como el efecto de una causa: significado de la palabra Karma.

Luego comenzamos con enfermedades somáticas, pensamos que las soluciones nos las pueden dar otras personas y buscamos afuera. Otras personas sólo pueden ayudarnos a mirar y aprender a buscar adentro, en el lugar en donde TODO ESTÁ.

A la luz del volver a vivenciar sucesos en otras vidas, con una intención de búsqueda que nos lleve hacia la comprensión de estas experiencias, rápidamente nuestra psiquis, nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras emociones se van sanando solas, y nuestra vida paulatinamente comienza a despejarse.

Es necesario que la persona que aborda este trabajo, comprenda que no es posible comenzarlo con limites de tiempo. Son necesarias la mayor parte de las veces, vivenciar muchas de nuestras vidas pasadas, para adquirir comprensión, conocimiento y sanar esta vida.

Nuestra vida es la decisión o decisiones que tomamos antes de nacer, hemos elegido la vida a vivir, la familia, el lugar y las condiciones existentes allí, para la evolución de nuestro SER, (si bien muchas son las veces que somos aconsejados, conducidos y acompañados amorosamente a hacer una determinada elección que nos resulta difícil). Hemos traído un bagaje de experiencias de otras vidas, que entran en el olvido normalmente a partir de los 5 años de edad.

Y constantemente estamos decidiendo, seamos conscientes o no, de ello. Es menester que seamos conscientes de estas decisiones para que den el fruto que alimentará nuestra vida de hoy. Así también, la calidad de los acontecimientos de nuestra próxima vida, dependerán de lo que trabajemos y nos elevemos en ésta. (Cualquiera sea el trabajo interior que hagamos para el crecimiento y la evolución de nuestro SER).

Las experiencias del Espacio entre las Vidas, es de tal grandiosidad y sacralidad que la conmoción que nos nutre en tal vivencia, tiene el poder de sanarnos de gran cantidad de toxina psíquica ocasionada por las emociones negativas, tales como la desesperanza o la vanidad, o el ego, o resentimientos hacia la vida u otros. Tal grandiosidad nos transmite el certero sentimiento de ser una partícula unida a millones de partículas que conforman un UNO inseparable. Sin embargo cada partícula trae sus propias y personales decisiones para su evolución.

“Para explorar el Río del Alma, de dónde o en qué orden has venido, el mundo cotidiano debe dejarse muy atrás. Entonces, sólo entonces, mediante la concentración, el relajamiento, la diligencia y la paciencia para esperar los resultados, es posible buscar y sujetar el conocimiento y la sabiduría del Trayecto de Alma y de la vida entre las vidas”.

Del Profeta Zoroastro

Sorprende que hasta ahora nadie hubiese sentido curiosidad por adentrarse y estudiar esta ‘región’ del mundo más allá del recuerdo ordinario de la vida. Pero, en todo caso, todo llega y Michael Newton fue el ‘encargado’ de iniciar esta exploración. Es de esperar que en un futuro próximo otros investigadores se dediquen a explorar esta región, y que sus hallazgos puedan ‘confirmar’ de alguna manera los sorprendentes e interesantes datos de este investigador pionero.

Él aborda diferentes aspectos relacionados con este ‘estado entre vidas’. Se trata, por ejemplo, el tema de la ‘despedida’ de seres queridos cuando ocurre el deceso (contactos a través de sueños, por ejemplo, para reconfortar a las personas queridas que se quedan aquí). También se aborda el concepto del ‘grupo de almas’, un conjunto de ‘almas afines’ que la persona que abandona este mundo reencuentra en el mundo espiritual – y que por otro lado también han formado parte de su entorno personal en la vida en la tierra (hermanos, parientes cercanos, amigos íntimos, personas relevantes…). Estos temas no dejarán de resultar ‘familiares’ a diversas personas… No es extraño, por ejemplo, que una persona ‘crea’ haber tenido contacto con un familiar recientemente fallecido (a través de sueños, intuiciones, sensaciones), a pesar de que estos hechos no sean compartidos abiertamente con otras personas por miedo a ser ‘tratados’ de ingenuos o chiflados… O el hecho de ‘reconocer’ que determinadas personas que encontramos en este mundo nos resultan especialmente afines, ‘familiares’ o relevantes – casi como si las conociéramos desde hace mucho tiempo… Y en esto, quizás, Michael Newton resulta especialmente significativo, pues ayuda a dar ‘forma y entendimiento’ a determinadas impresiones insólitas que podemos tener en esta vida.

También nos encontramos con el ‘Consejo de Mayores’, una especie de sociedad o tribunal de seres sabios que nos ayudan a comprender o ‘juzgar’ las acciones y decisiones en nuestra vida pasada. Aquí también encontramos resonancias con lo expuesto en diversas religiones (minoica, egipcia o cristiana): el tribunal de los muertos, el juicio del alma… Sólo que, aquí, el autor del libro nos presenta a estos seres como entidades iluminadas y compasivas, que si bien juzgan con rectitud y serenidad, también lo hacen desde el amor y la comprensión.

Otros aspectos abordados por Michael Newton son: los guías, los niveles de ‘evolución’ del alma, o el proceso de elección de una nueva encarnación, además de otros temas siempre de suma importancia e interés.

Una de las cosas curiosas que él menciona es que estas ‘sesiones’ de regresión a la ‘existencia entre vidas’ suelen resultar más terapéuticas para sus pacientes que las sesiones de regresión a vidas anteriores… En cierta manera las regresiones ‘clásicas’ tienen un propósito de ‘sanar’ o reconocer antiguos ‘traumas’, mientras que el conocimiento de este ‘universo espiritual’ entre vidas puede aportar el conocimiento que la vida en este planeta tiene un ‘propósito’ más amplio que el que imaginamos (ofrece una seguridad, un sentido y una perspectiva más global).

 

De mi parte, María Cristina Catuara, quiero aclarar al público que me lee, que estoy plenamente de acuerdo con lo que explica este interesantísimo hombre, Michael Newton, pues yo misma he vivido todo lo que él dice en mis propias vidas pasadas, además de haberlas escuchado de boca de mis pacientes.

Temática de seminarios intensivos para el aprendizaje de los principios de terapia de vidas pasadas

Seminarios Prácticos y Vivenciales.

Primer módulo:
Diagnósticos:
Cuestionarios sobre la salud psíquica y física del paciente.
Cuestionario sobre la infancia del paciente.
La hipnosis consciente.
Algunas variantes sobre la hipnosis consciente.
La nota de la voz y las emociones de quien conduce.
Primeros ejercicios básicos de conducción a una vida pasada
Ejercicio vivencial:
Un regreso al momento anterior al nacimiento.

* Son múltiples y variadas las formas de abordar la hipnosis consciente.
Se puede llegar a ese estado desde una relajación de la mente, emociones y cuerpo. Desde la respiración. Desde solamente la calma de la mente. Etc.

Lo importante es llegar al estado en el cual el sentido de identidad personal se pierde momentáneamente. Sin embargo el sujeto no deja nunca de tener una alerta interior necesaria para llegar mas allá de una realidad tridimensional que lo llevará a conocer los caminos de su Alma, la razón de sus bloqueos, y mucho más.

Ese otro mundo al cual se accede bajo esta hipnosis, “desde muchas y diversas formas, múltiples variantes, tales como el dolor de una parte del cuerpo”, es tan radicalmente diferente, que el lenguaje no alcanza a expresar su verdadera belleza y esencia.

La responsabilidad del guía es enorme y vital para el crecimiento del paciente. El guía debe asegurarse que aquello que “sale por su boca”, LA NOTA, carezca completamente de cualquier emoción de carácter negativo.

Es importante recalcar que bajo hipnosis consciente, el sujeto siente y sabe siempre en donde está y jamás pierde su voluntad.

Segundo módulo:
Más sobre la hipnosis consciente y sus variantes.
Más sobre ejercicios de conducción.
La vida: (Bosquejo)
Ejercicio vivencial:
Un regreso al momento del nacimiento.

* Las variantes dependen de la naturaleza del sujeto. Las formas con las que él trabaja mejor. Pero, de todas maneras estas formas múltiples de llegar a vivenciar vidas pasadas se pueden encarar desde el conflicto del sujeto, habiendo ya el guía, obtenido una vasta información sobre la condición de la vida actual del paciente. De manera que se puede encarar desde un dolor del cuerpo, o de las emociones, o recuerdos persistentes, o una pregunta.