Psicoanálisis de la Amistad

Ignace Lepp.- Editorial Carlos Lohlé

Desde la más remota antigüedad, moralistas, filósofos y poetas innumerables han celebrado la amistad como el más preciado de los bienes. Mientras el hombre no haya vivido la experiencia de una amistad sólida y profunda, le atormentará una visión pesimista de la naturaleza humana. Y porque no creen en la posibilidad de tal amistad, algunas filosofías modernas proclaman absurda la condición del hombre.

La vasta experiencia en psicología profunda del autor lo convierte en el mejor consejero de la amistad que pueda desearse. Tras haberla diferenciado de la simple camaradería, expone y analiza todos los géneros y sus aspectos tan diversos: amistad entre hombres, entre mujeres, entre hombres y mujeres, entre esposos, entre padres e hijos, y se esfuerza por dar una respuesta cabal en cuestiones tan debatidas como las de amistades particulares masculinas y femeninas, y la amistad entre los pueblos.

El Intelecto y la Experiencia

El Intelecto y la Experiencia

La experiencia no es más que otro nombre para el término consciencia. Cuando yo digo que experimento mi cuerpo, estoy queriendo decir que soy consciente de mi cuerpo. Y del mismo modo que uno puede ser consciente de su cuerpo, también puede ser consciente de su mente, es decir, puede percatarse de los pensamientos, imágenes e ideas que ahora mismo desfilan ante el ojo interior de su mente. Dicho con otras palabras, uno puede experimentar su mente, ser consciente de su mente. Es muy importante poder experimentar la mente de un modo directo, claro e intenso, porque sólo entonces puede liberarse de sus limitaciones y empezar a trascenderla. Cuando tal cosa empieza a ocurrir habitualmente durante la meditación o contemplación – uno puede tener experiencias todavía más elevadas, experiencias espirituales, experiencias místicas ( satori, kensho, samadhi, unión mística) o, dicho de otro modo, uno puede ser consciente del Espíritu, experimentar el Espíritu de un modo no dual.

De manera que uno puede experimentar el cuerpo, la mente y el Espíritu. Y todo eso es experiencia. Tal vez ahora nos demos cuenta que reducir la experiencia exclusivamente al cuerpo, a las sensaciones corporales, los sentimientos, las emociones, los impulsos, etc., constituye un grave error. Este es un reduccionismo muy desafortunado que no hace más que negar las realidades experienciales superiores de la mente y del Espíritu, negar y reducir el intelecto, buddhi, la visión mental superior, la imaginería y el mundo de los sueños, la discriminación racional superior, el perspectivismo, la profundidad moral, la consciencia sin forma y los estados contemplativos más elevados.

El cuerpo es básicamente narcisista y egocéntrico. Las sensaciones corporales no van más allá del cuerpo, las sensaciones corporales no pueden asumir el papel de lo demás una capacidad, por cierto, mental y, en consecuencia, la consciencia sensorial no puede entrar en el discurso del respeto, la compasión, la ética y la espiritualidad yo-tú, porque todo ello exige una consciencia cognitiva, mental e intelectual. Dicho en dos palabras, en la medida en que uno permanece en el cuerpo y es anti-intelectual, resulta imposible salir de la órbita del narcisismo.

El Paganismo

El Paganismo

Etimológicamente, el paganismo se refiere a las creencias y a los rituales en uso en el campo entre los paisanos – la palabra viene del latín paganus, habitante de un país – y esto en oposición a las creencias y a los rituales que son respetados en las ciudades. Es decir que toda idea de paganismo encierra necesariamente una connotación de paralelo, de no oficial, y aun de contra-corriente. Pues si la moda de las ideas, como de todo lo demás, proviene de la ciudad, la pesadez conservadora reina en el medio rural. Puede ser una estupidez hablar actualmente de neopaganismo, pues siendo éste el fruto de intelectuales evolucionando en un medio urbano, estaría obligatoriamente cortado de sus orígenes. El paganismo no puede ser sino rural; es la suma de toda la memoria de los pueblos, la que se manifiesta en cuentos, recitaciones verbales, refranes y cantos, rituales y costumbres. Esta memoria se remonta muy lejos en el tiempo, a tal punto que resulta difícil fijar una fecha a la aparición de ciertos fenómenos.

Es imposible precisar entre el cristianismo vivido en un territorio por poblaciones diversas que allí se han arraigado y el paganismo anterior, ya mezclado de creencias y rituales heterogéneos. En territorio céltico, por ejemplo, es imposible decir con certeza lo que es céltico y lo que es anterior a los celtas, lo que ya estaba allí cuando ellos llegaron.

Por otra parte, es a nivel del inconsciente que este paganismo se encuentra más vivo en nuestros días. Los gestos realizados, las palabras pronunciadas cotidianamente, las maneras de ser de cada uno, no son el resultado de un razonamiento lógico elaborado sino de una amplificación considerable de elementos, perteneciendo, ya sea a la memoria colectiva, sea a la tradición individual, la que no es sino una especie de memoria ancestral, que se quiera o no, es transmitida directamente por la herencia, la educación y por el ambiente mismo.

Pero se puede igualmente considerar como paganos todos los fenómenos de rechazo del cristianismo que observamos actualmente, es decir, los comportamientos que marcan el retorno a antiguos rituales, expresión de antiguas creencias. Los rituales daban la ocasión a los fieles de exacerbar esta sensibilidad y de alcanzar un estado de mediumnidad donde la persona desencaja literalmente y deviene un loco de Dios. En este aspecto, las religiones del éxtasis, en la línea del chamanismo, están ciertamente encaminadas a regresar.

Los Sueños

Los Sueños

Soñé que me soñaba a mí mismo. O es que soñaba que alguien me soñaba? No lo recuerdo, pero al despertar supe que, por causa del sueño, un sueño que no había pedido, desde ese día toda mi vida podía ser diferente.

Qué es un sueño? Un sueño es un misterio a develar, o un espejo que refleja facetas del inconsciente; o una llamada para vivir la vida plenamente; pero, por sobre todo, un sueño es una creación que revela aspectos de nosotros mismos, y esto es lo que los hace significativos. En los sueños estamos en escena, siendo el soñante a la vez el guionista, director, actor y espectador de su propio sueño. Hay un comienzo, donde se prepara la escena a representar, un centro dramático donde se desarrolla la complicación o conflicto que crea la tensión entre los elementos ya presentados y un final, resolutivo o no.

Existe una gran variedad de sueños, entre los que se destacan los arquetípicos, los compensatorios, los espirituales, los predictivos, los sexuales, los lúcidos, las pesadillas, los psíquicos, los llamados grandes sueños, y por último el sueño ordinario que sería producto de nuestra actividad diaria que sigue circulando asociativamente. La clasificación puede ser realizada sobre la base de los contenidos, por temas, o según el nivel de profundidad del inconsciente al que acceda el soñante durante su período REM, o de sueño con contenido onírico.

Todas las noches dormimos y soñamos. Para Jung, “un sueño es una puertecilla escondida en los más íntimos y secretos espacios del alma, abriéndose a esa noche cósmica que fue la psique mucho antes de que hubiera consciencia del ego, y que seguirá siendo la psique por mucho que esa consciencia se extienda. Es esa consciencia del ego la que nos separa de ella. En cambio, en el sueño penetramos en el hombre más profundo, más verdadero y eterno que se encuentra en esa noche inicial, donde todavía era el Todo y el Todo estaba en él, en la naturaleza indiferenciada, desnuda de toda individualidad.”

Lamentablemente, es muy poco lo que hacemos con nuestros sueños. Es como si se nos diera en herencia un campo repleto de tesoros enterrados, en el que después de una lluvia aflorase un poco de oro. Lo vemos, incluso lo tocamos, y sin embargo no nos comprometemos a excavar para desenterrar todo su potencial. Con estas palabras, Strephon Kaplan Williams (fundador del Instituto Jung-Senoi) nos incita a emprender
un viaje que puede suponer un cambio significativo en nuestra vida.

Vivir es Estar en Relación

Vivir es Estar en Relación

No parece que haya salvadores en los dominios económicos, políticos o religiosos. Si contemplamos racionalmente alrededor nuestro, no percibimos ninguna posibilidad de que puedan cesar las guerras. A pesar de las religiones organizadas, continuamos siendo individuos desdichados, sin paz dentro de nosotros. Si encontramos placeres y obtenemos algunas riquezas, no sabemos cómo utilizarlos. Por donde empezar ? Nadie me ayudará sin explotarme, sin imponerme una autoridad ?

Así, conservando nuestra libertad y nuestra integridad, por nuestra propia iniciativa, podríamos descubrir una salida a las desesperantes circunstancias actuales ?

Si una tal investigación pudiera nacer en el corazón del hombre, pienso entonces que existe una esperanza para el futuro de la raza humana, porque vosotros y yo individuos ordinarios constituimos la realidad. Es preciso que resolvamos nuestros problemas por nosotros mismos y solos. Es preciso que afrontemos los desafíos utilizando nuestros propios recursos.

Así, procuramos preservar nuestra salud mental, viendo si hay en nosotros gérmenes de violencia, si existen en nuestro interior conflictos y contradicciones, si es posible tener una manera diferente de vivir.

El contenido de una búsqueda religiosa es el de interrogarse sobre la validez de lo que existe, y estimular en nuestro ser una buena voluntad, un consentimiento a explorar una manera de vivir enteramente nueva.

Una investigación religiosa no comienza por intentar alcanzar un Dios ideal, un alma que declaramos querer descubrir, sino que empieza por los hechos de nuestra propia vida, aquí y ahora. No hay nada de misterioso en la ciencia de la vida. Formamos parte del mundo y de la sociedad. La violencia, los conflictos que vemos alrededor nuestro, tienen sus raíces en nosotros mismos. cómo tratarlos ?

Nos es muy difícil llevarnos bien con los hechos que ocurren en nuestra vida. Nos sentimos víctimas de estructuras sociales, económicas y políticas. Son los otros los culpables, son ellos quienes tienen la responsabilidad de lo que nos sucede. No nos damos cuenta de que somos parte de la sociedad y que, por nuestra propia manera de vivir, contribuimos a la violencia, a la agresión y a las injusticias.