El Paganismo

El Paganismo

Etimológicamente, el paganismo se refiere a las creencias y a los rituales en uso en el campo entre los paisanos – la palabra viene del latín paganus, habitante de un país – y esto en oposición a las creencias y a los rituales que son respetados en las ciudades. Es decir que toda idea de paganismo encierra necesariamente una connotación de paralelo, de no oficial, y aun de contra-corriente. Pues si la moda de las ideas, como de todo lo demás, proviene de la ciudad, la pesadez conservadora reina en el medio rural. Puede ser una estupidez hablar actualmente de neopaganismo, pues siendo éste el fruto de intelectuales evolucionando en un medio urbano, estaría obligatoriamente cortado de sus orígenes. El paganismo no puede ser sino rural; es la suma de toda la memoria de los pueblos, la que se manifiesta en cuentos, recitaciones verbales, refranes y cantos, rituales y costumbres. Esta memoria se remonta muy lejos en el tiempo, a tal punto que resulta difícil fijar una fecha a la aparición de ciertos fenómenos.

Es imposible precisar entre el cristianismo vivido en un territorio por poblaciones diversas que allí se han arraigado y el paganismo anterior, ya mezclado de creencias y rituales heterogéneos. En territorio céltico, por ejemplo, es imposible decir con certeza lo que es céltico y lo que es anterior a los celtas, lo que ya estaba allí cuando ellos llegaron.

Por otra parte, es a nivel del inconsciente que este paganismo se encuentra más vivo en nuestros días. Los gestos realizados, las palabras pronunciadas cotidianamente, las maneras de ser de cada uno, no son el resultado de un razonamiento lógico elaborado sino de una amplificación considerable de elementos, perteneciendo, ya sea a la memoria colectiva, sea a la tradición individual, la que no es sino una especie de memoria ancestral, que se quiera o no, es transmitida directamente por la herencia, la educación y por el ambiente mismo.

Pero se puede igualmente considerar como paganos todos los fenómenos de rechazo del cristianismo que observamos actualmente, es decir, los comportamientos que marcan el retorno a antiguos rituales, expresión de antiguas creencias. Los rituales daban la ocasión a los fieles de exacerbar esta sensibilidad y de alcanzar un estado de mediumnidad donde la persona desencaja literalmente y deviene un loco de Dios. En este aspecto, las religiones del éxtasis, en la línea del chamanismo, están ciertamente encaminadas a regresar.

Ellas existen en estado inconsciente. Si se analizan fenómenos como conciertos de música rock, pop, folclore, u otras, uno se sorprendería de constatar el extraño ritual que
lleva al delirio y al éxtasis. Los fans que se desenfrenan en este género de concierto participan en una ceremonia mágico-religiosa. Comulgan todos en la misma fe y vibran al mismo ritmo elementario. Se sabe que en numerosos casos esta actitud conduce a los participantes a vaciarse de su energía sexual, sea por sublimación, sea por actividad efectiva. Si se considera el fenómeno en frío, no se comprende. Tendría que comprenderse como una tentativa desesperada de recobrar a los dioses perdidos. Ocurre lo mismo para la sexualidad colectiva, que se desarrolla por todas partes en el mundo, y que no es más que la reanudación de las orgías de antaño, orgías sagradas bien entendido, en el curso de las cuales el espíritu se manifestaba a través de la embriaguez carnal. Ahí también se trata de desbloquearse, de poner en común las fuerzas psíquicas,. George Bataille lo había comprendido bien cuando él promocionaba una religión erótica construida sobre el desenfreno de los sentidos. El no hacía más que seguir el pensamiento de Rimbaud. Gozar, para nuestra sociedad, es disfrutar materialmente de todo lo que se puede obtener. Pero a través de la materia, la espiritualidad aparece, se lo quiera o no. Seguro que se sorprenderían mucho los participantes a este género de sesiones si se les dijera que se entregan a un ritual sagrado. Se podría igualmente clasificar como resurgencia pagana los fenómenos a los que se llama perversiones.

Entre ellos el fetichismo es particularmente esclarecedor. Práctica pagana donde la comunión con el otro es facilitada por el contacto de un objeto. A este respecto, el culto de las reliquias es una expresión del paganismo. Alcanzó su apogeo en la Edad Media, pero permanece actualmente bajo formas llamadas aberrantes. Es numerosa la cantidad de personas que practican este género de cosas. Ellas lo hacen inconscientemente porque esto corresponde a una realidad profunda, que es el culto de la Diosa. Esa diosa fue eliminada por el cristianismo. Pudo aflorar a la superficie gracias al culto de la Virgen María. Actualmente reaparece bajo la forma de un culto erótico rendido a la Mujer, y esto no es nuevo, pues el amor cortesano del siglo XII no era diferente. Lo sagrado es femenino. Los travestis, sin saberlo, imitan a los chamanes, los cuales se visten a menudo con ropas femeninas para participar de las dos naturalezas, masculina y femenina. El mito del andrógino primordial ronda por ahí revistiéndose de formas adaptadas al contexto socio-cultural. Se podría también hablar del gusto por lo macabro y por ciertas ceremonias organizadas en los cementerios, como sucede en México, La finalidad es la de integrarse el alma de los muertos, su fuerza, su inteligencia. Nos sumergimos en pleno en el culto de los ancestros, forma arcaica de religión, pero siempre presente a través de las religiones que se proclaman reveladas y superiores.

Tomemos, por ejemplo, la fiesta cristiana de Todos los Santos, es decir, reconocimiento de un lazo entre los vivos y los muertos, comunión total de los espíritus. Al día siguiente, el 2 de noviembre, es la fiesta de los Muertos, el recogimiento de los vivos en memoria de los muertos, particularmente de los fallecidos durante el año. La fiesta de los Muertos está impregnada de tristeza, pero la de Todos los Santos es una fiesta de alegría y buena fortuna. En la práctica ambas jornadas se confunden. En el día de Todos los Santos, la gente lleva flores a la tumba de los muertos de la familia. Los no cristianos también lo hacen. La fiesta ya no es religiosa, se ha vuelto profana: o más bien, escapa a toda clasificación oficial y marca, de una manera que no es susceptible de interrumpir, el culto de los muertos tal como se practicaba en otros tiempos. Se sabe que esta fiesta corresponde a la antigua fiesta celta de Samain, primer día del año, marcada por grandes aglomeraciones, grandes festines y gran embriaguez. En esa fiesta el mundo de los muertos entraba en comunicación con el mundo de los vivos. Y en los países anglosajones, herederos en parte de la mentalidad céltica, está Halloween, el 31 de octubre, fiesta curiosa y a la vez burlesca, donde todos los ritos paganos remontan a la superficie. Allí el cristianismo y el paganismo hacen buenas migas. Y una vez más la fiesta es vivida por todo el mundo, creyentes y no creyentes.

Lo mismo ocurre con Noel, Esta fiesta marcaba el gran cambio sobre el esquema rítmico de las estaciones, La Tierra abandonaba su período negativo de regresión durante el invierno del hemisferio norte. La germinación comenzaba. Desde el punto de vista cristiano, es una fiesta de aniversario del nacimiento del niño Jesús. La fiesta es seguida por los cristianos, pero aún más por los que se dicen no creyentes, quienes la disfrutan con regocijos dignos de las orgías antiguas. Y esto en todas partes. Se sabe que esta fiesta correspondía a la fiesta romana de las Saturnales donde se celebraba la Edad de Oro mítica, el primer estado del mundo, donde gentes y bestias vivían en perfecta armonía, en la paz y la comprensión, de ahí el motivo del buey y el asno en el establo. Y durante ese día se invertían los valores: el amo se transformaba en esclavo y los esclavos pasaban a ser amos. La relación con el niño – dios naciendo miserablemente en un establo es elocuente. Y qué decir de las fiestas de los Locos de la Edad Media, todavía recuperables durante el Carnaval?

El paganismo es también notorio en las grandes asambleas políticas o militares, donde cada cual vibra al unísono en una suerte de comunión inexplicable, Desafío a cualquiera, aun al más antimilitarista, a permanecer insensible frente a un desfile militar. Desafío a cualquiera, aun al más anarquista, a permanecer insensible escuchando los apasionados discursos de un político. Hitler sabía muy bien a qué atenerse a este respecto, y él abusaba de ceremonias de este género, acentuando su carácter pagano. Es de sentirlo por la Humanidad que el procedimiento haya funcionado maravillosamente. Los libre pensadores dicen que las ceremonias religiosas, políticas y militares son histeria colectiva. No se equivocan. Pero el hombre acaso no tiene necesidad de esa histeria colectiva? La prueba es que desde que fue privado de ella en el aspecto religioso, la ha buscado bajo formas aberrantes.

Lo sagrado no está separado de lo cotidiano. Se quiere hacérnoslo creer por medio de una enseñanza donde domina la lógica aristotélica y que conduce a un maniqueismo primario. Los cristianos han marcado el paso porque su sistema filosófico ha sido pedido prestado a Aristóteles. Pero todos los paganismos han afirmado que no había ninguna separación entre lo sagrado y lo profano. Es eso lo que se busca actualmente con el mayor ardor, pero, desdichadamente, las cartas están tan embrolladas que es imposible reconocerlo.

De hecho, el paganismo no ha muerto jamás, porque a partir del momento en que el cristianismo vencedor ha creído eliminarlo, él ha permanecido como un substrato, como un pensamiento paralelo, siempre presto a surgir del inconsciente. El paganismo no es la ausencia de Dios, de lo sagrado, del ritual. Bien al contrario, es a partir de la constatación que lo sagrado está en lo cotidiano, que nace la afirmación solemne de una
transcendencia. Europa es más que nunca pagana cuando busca sus raíces, que no son judeocristianas. La ideología cristiana no ha sofocado los valores antiguos. Los ha rechazado en las tinieblas del inconsciente. Entonces es normal que todos estos valores reaparezcan más fuertes que nunca. Estamos al alba de una nueva civilización y, sin poder predecir lo que ella será, se puede estar seguro que la nueva religión que de ella emanará estará impregnada de todos los elementos paganos que han existido antes de la introducción del cristianismo. Es la ley de los ciclos. Es necesario redescubrir la tradición occidental europea, redescubrir las leyendas autóctonas, los cuentos populares que encierran tantas ideas consideradas caducas, es necesariamente redescubrir una ontología y una exploración del pasado a la medida de las necesidades del hombre actual. Cuántos cuentos populares trasmiten la sabiduría de antaño? Todos, aun los que son expresados en un lenguaje cristiano. El interés actual por la tradición popular oral explica ese retorno y se justifica por la misma razón. Se trata de reencontrar nuestra alma perdida. Pero si Orfeo regresó antes de terminar su búsqueda, guardémonos de hacer como él. No es la nostalgia del pasado la que es factor de progreso; es la visión del porvenir. Toda actitud continuista es ilusoria; no es más que folklore, con todo lo que esto significa de compromiso, Vivir el paganismo no es solamente seguir la corriente, es remontarse a las fuentes.

Jean Markale.

Traducido y extractado por Ester Molina de
Question de
Editions Ritz
París

Los Sueños

Los Sueños

Soñé que me soñaba a mí mismo. O es que soñaba que alguien me soñaba? No lo recuerdo, pero al despertar supe que, por causa del sueño, un sueño que no había pedido, desde ese día toda mi vida podía ser diferente.

Qué es un sueño? Un sueño es un misterio a develar, o un espejo que refleja facetas del inconsciente; o una llamada para vivir la vida plenamente; pero, por sobre todo, un sueño es una creación que revela aspectos de nosotros mismos, y esto es lo que los hace significativos. En los sueños estamos en escena, siendo el soñante a la vez el guionista, director, actor y espectador de su propio sueño. Hay un comienzo, donde se prepara la escena a representar, un centro dramático donde se desarrolla la complicación o conflicto que crea la tensión entre los elementos ya presentados y un final, resolutivo o no.

Existe una gran variedad de sueños, entre los que se destacan los arquetípicos, los compensatorios, los espirituales, los predictivos, los sexuales, los lúcidos, las pesadillas, los psíquicos, los llamados grandes sueños, y por último el sueño ordinario que sería producto de nuestra actividad diaria que sigue circulando asociativamente. La clasificación puede ser realizada sobre la base de los contenidos, por temas, o según el nivel de profundidad del inconsciente al que acceda el soñante durante su período REM, o de sueño con contenido onírico.

Todas las noches dormimos y soñamos. Para Jung, “un sueño es una puertecilla escondida en los más íntimos y secretos espacios del alma, abriéndose a esa noche cósmica que fue la psique mucho antes de que hubiera consciencia del ego, y que seguirá siendo la psique por mucho que esa consciencia se extienda. Es esa consciencia del ego la que nos separa de ella. En cambio, en el sueño penetramos en el hombre más profundo, más verdadero y eterno que se encuentra en esa noche inicial, donde todavía era el Todo y el Todo estaba en él, en la naturaleza indiferenciada, desnuda de toda individualidad.”

Lamentablemente, es muy poco lo que hacemos con nuestros sueños. Es como si se nos diera en herencia un campo repleto de tesoros enterrados, en el que después de una lluvia aflorase un poco de oro. Lo vemos, incluso lo tocamos, y sin embargo no nos comprometemos a excavar para desenterrar todo su potencial. Con estas palabras, Strephon Kaplan Williams (fundador del Instituto Jung-Senoi) nos incita a emprender
un viaje que puede suponer un cambio significativo en nuestra vida.

El motivo del viaje es la superación de pruebas en pos de la conquista de un estado superior de unidad, de paz interior, de no dualidad, de consciencia expandida. Este desafío ha ocupado a la humanidad por siglos. En la Edad Media, entre retortas y símbolos, los alquimistas nos hablan de esta increíble capacidad del alma humana para transformarse. Ella fue el objeto central de su estudio y filosofía. El gran secreto alquímico es la función transcendente, a partir de la transformación de la personalidad mediante mezcla y ligazón de sus componentes nobles y vulgares, del consciente con el inconsciente.

En el trabajo del alquimista se producía un paralelismo entre la experiencia química y la vivencia psíquica, que se manifestaba como un comportamiento particular del proceso químico. Es decir, existía una relación íntima entre el hombre y el misterio de la materia, o una identidad inconsciente entre la psique del alquimista y la sustancia arcana o de transmutación. Esta sería la sustancia del espíritu prisionera en la materia, según Jung. Él se interesó en la Alquimia al tratar de analizar los sueños de sus pacientes. Eran
en su mayoría europeos de clase media, entre ellos había universitarios y clérigos, que soñaban extrañas imágenes para las que no encontraban una asociación posible con su vida cotidiana. Fue para él un hallazgo que lo llenó de gozo el encontrar un viejo tratado de alquimia del siglo XVI, el primero de su colección.

Los alquimistas modernos, los buscadores contemporáneos de la función transcendente, pueden encontrar gran cantidad de claves para su transmutación en el contenido de libre disposición de sus propios sueños.

Las modernas investigaciones corroboran que los sueños son importantísimos para nuestra salud mental. Dentro de la psique hay un centro autorregulador natural que nos ayuda a procesar la vida. Este centro integrador, fuente de los sueños, nos envía todas las noches mensajes que nos permiten orientar nuestro quehacer. Sin embargo, la mayoría no sabemos descifrar sus mensajes ni participar activamente en el proceso del sueño, permaneciendo ignorantes de nuestro ser más profundo.

Nos es fácil dedicarnos al viaje exterior mecánico, ocupándonos y prodigando nuestras energías en el mundo de afuera. Nos identificamos con lo que hacemos, tenemos o logramos; reunimos dinero, compramos casa, la ampliamos, creamos y criamos hijos pero no emprendemos el viaje interior para descubrir quiénes somos como individuos. Con cierta frecuencia podemos recordar algunos sueños pero no los trabajamos. Y cuando llega la muerte, qué tenemos? Acaso soy la casa en la que viví, la ropa que vestí, los negocios que realicé? Si no he sido capaz de descubrir mi verdadero ser es como si no fuera nada.

Algunas de las ventajas de emprender el viaje interior a través de los sueños es que éstos nos permiten ir
a lugares a los que nunca iríamos, hacer cosas que nunca haríamos, formas imposibles de desarrollar sin la ayuda de este estado evocador conductor. Para extraer su sustancia no es necesario grandes conocimientos de psicología, sino el desarrollo de la capacidad de reflexión y autoconsciencia. Al dormir, nuestro yo consciente está muy disminuido, lo que crea el desnivel suficiente como para que el inconsciente se vierta en nuestro ego del sueño, que es la imagen de nosotros mismos en el sueño. Este contenido del inconsciente formalizado en lo soñado está cargado de claves para la comprensión de nosotros mismos. De ahí la transcendencia de llevar los sueños al estado de vigilia -donde no contamos con esos elementos en forma habitual – trabajarlos, reflexionar sobre ellos para comprender lo que nos quieren decir, y, fundamentalmente, integrar esos significados a nuestra vida consciente, expandiéndola, enriqueciéndola con una nueva comprensión de nuestro ser.

Aunque muchas personas han experimentado expansiones de consciencia inesperadas o un estado de bienestar inexplicable posterior a un sueño especial, el verdadero y continuo provecho se obtiene de la práctica sistemática y proyectada en el tiempo, capaz de darnos el mayor acercamiento a este multifacético y desconocido ser nuestro. Entre los logros más destacables del trabajo sostenido con sueños podemos señalar:

1.- Claridad sobre innumerables situaciones de la vida cotidiana. Esto es muy positivo en el plano de las relaciones personales, donde a través de la comprensión de los sueños se puede lograr afirmación de la sexualidad, distinción de la cólera, superación del temor, de la falta de comunicación, etc. Así las relaciones con los otros se volverán más honestas, abiertas e interesantes. Jung señala que sobre los compañeros íntimos se proyecta la sombra, esto es, la parte que es rechazada o no aceptada de uno mismo; de igual manera sucede en las relaciones parentales, Es decir, proyectamos todas aquellas cosas que no hemos podido integrar, pero que persisten en el subconsciente o en el inconsciente. Al trabajar los sueños recuperamos” ese material para nuestro consciente lo que, al igual que otros métodos de crecimiento, va provocando una limpieza de nuestra atmósfera psíquica y un alivio de la tensión innecesaria. Si logramos dialogar con esos padres interiores u otras figuras arquetípicas que deambulan en los escenarios oníricos, podremos encontrar nuestros verdaderos valores potenciales y modos de vivir la vida, más allá de lo aprendido, copiado o introyectado.

2.- Otro logro importante sería la construcción del Ego Creativo. Una parte de nuestra personalidad funciona como ego, toma las decisiones y es portador de nuestra continuidad de consciencia, de la consciencia de lo que somos y de lo que es la vida. Si este ego se aplica a las técnicas de seguimiento del ego del sueño – que es el símbolo más común en los sueños – podremos encontrar conductas creativas, enfrentando directamente al adversario, expresando emociones profundas, explorando territorios, personas y situaciones nuevas. El resultado es que podemos lograr relacionarnos de un modo nuevo, más libres, con mayores recursos. Practicamos primero con el ego del sueño, y una vez incorporado lo probamos en el mundo exterior, recurriendo a nuevas maneras de actuar y de elegir.

3.- En otro aspecto, este trabajo logra cambiar las pautas arquetípicas. Jung nos dice que el concepto arquetipo” se deriva de la observación repetida de ciertos motivos que se encuentran también en los mitos, cuentos y arte de todos los tiempos. Estos motivos se hallan igualmente en las fantasías, sueños, delirios e imaginación de los hombres actuales, como remanentes arcaicos o ideas primordiales de la raza. En sí los arquetipos son vacíos, ya que no tienen una representación específica. Se hereda el concepto subyacente a cualquier manifestación o expresión con la que se los vea en un momento o época dada. El arquetipo es un conjunto fundamental de energía que se vierte a través de una forma en determinada circunstancia. Al trabajar los sueños, se moviliza la energía de los arquetipos presentes en casi todos ellos. Ahí se puede apreciar cómo se bloquea o se expresa la energía de la vida, y cómo su liberación puede provocar auténticas curaciones, con su consecuente bienestar, sensación de realización y vitalidad
desconocidas.

Los arquetipos están organizados en un patrón de totalidad, cada uno de ellos relacionado con los otros a través de leyes naturales y universales de oposición y reconciliación. En el modelo de los siete arquetipos básicos podemos apreciar los grandes arquetipos opuestos, representados como nódulos de un cristal en cuyo interior encontramos al núcleo central, el Ser.
Se puede ver la posición opuesta entre los arquetipos del viaje y la muerte-renacimiento, lo masculino y lo femenino, lo heroico y la adversidad, etc. El Ser es el centro separador, integrador y transformador que hay dentro de la psique, donde se originan los sueños, visiones y otras inspiraciones. En su centro están la luz
y la oscuridad, los opuestos primordiales del universo. El proceso de individuación se origina allí. El opus,
el viaje hacia la totalidad, el trabajo de toda una vida, es vivir continuamente a partir de este centro gracias al cual la transformación es posible, al crearse un tercer punto o tercera fuerza que unifique los opuestos. El Ser se muestra así como la conjunctio, la unión divina, la piedra filosofal, el niño simbólico, el uroboro o serpiente que devora su cola, la mariposa y muchos otros símbolos.

Podemos ver con precisión la dinámica de los arquetipos al analizar las pesadillas y sueños recurrentes,
los que frecuentemente giran en torno a la adversidad, el sexo o el viaje, Se ha establecido que el sueño recurrente refleja directamente una pauta arquetípica que está bloqueando la fluencia libre de la energía vital o líbido. Esto puede haberse originado en alguna situación traumática previa como agresión física, emocional o sexual en la infancia, o por otros motivos. Los sueños señalan estos bloqueos, y su comprensión consciente nos capacitará para librarnos de la limitación que nos imponen y poder actuar con libertad.

4.- Otra muy interesante posibilidad del trabajo con sueños es la que dice relación con fuerzas transpersonales o espirituales que se reflejan en estado de sueño. Más de alguien ha despertado sorprendido después de haber soñado con símbolos espirituales que se perciben transcendentes, como hombres sabios o maestros, templos, cruces, mandalas, altas montañas que emergen como guía de la grandeza, paraísos celestiales, etc.. Como opuestos a ellos suelen aparecer también experiencias muy dolorosas o catastróficas como explosiones atómicas, mutilación o caída a los furiosos fuegos infernales. Muchas veces los símbolos nos son totalmente desconocidos, ya que no pertenecen al bagaje de nuestra psique personal. Por otra parte, en el sueño sentimos claramente que existe algo mucho más grande que nosotros, podemos percibir nuestro lugar en el cosmos y la creación, y percibimos simultáneamente nuestra infinita pequeñez y a la vez pertenencia a esa vasta superioridad. Estas experiencias no están restringidas a los creyentes de alguna religión, pueden ser vividas por cualquier ser humano como reflejo
de una interrelación adecuada con las fuerzas cósmicas, que están por sobre las creencias, incluyéndolas.

Vivir es Estar en Relación

Vivir es Estar en Relación

No parece que haya salvadores en los dominios económicos, políticos o religiosos. Si contemplamos racionalmente alrededor nuestro, no percibimos ninguna posibilidad de que puedan cesar las guerras. A pesar de las religiones organizadas, continuamos siendo individuos desdichados, sin paz dentro de nosotros. Si encontramos placeres y obtenemos algunas riquezas, no sabemos cómo utilizarlos. Por donde empezar ? Nadie me ayudará sin explotarme, sin imponerme una autoridad ?

Así, conservando nuestra libertad y nuestra integridad, por nuestra propia iniciativa, podríamos descubrir una salida a las desesperantes circunstancias actuales ?

Si una tal investigación pudiera nacer en el corazón del hombre, pienso entonces que existe una esperanza para el futuro de la raza humana, porque vosotros y yo individuos ordinarios constituimos la realidad. Es preciso que resolvamos nuestros problemas por nosotros mismos y solos. Es preciso que afrontemos los desafíos utilizando nuestros propios recursos.

Así, procuramos preservar nuestra salud mental, viendo si hay en nosotros gérmenes de violencia, si existen en nuestro interior conflictos y contradicciones, si es posible tener una manera diferente de vivir.

El contenido de una búsqueda religiosa es el de interrogarse sobre la validez de lo que existe, y estimular en nuestro ser una buena voluntad, un consentimiento a explorar una manera de vivir enteramente nueva.

Una investigación religiosa no comienza por intentar alcanzar un Dios ideal, un alma que declaramos querer descubrir, sino que empieza por los hechos de nuestra propia vida, aquí y ahora. No hay nada de misterioso en la ciencia de la vida. Formamos parte del mundo y de la sociedad. La violencia, los conflictos que vemos alrededor nuestro, tienen sus raíces en nosotros mismos. cómo tratarlos ?

Nos es muy difícil llevarnos bien con los hechos que ocurren en nuestra vida. Nos sentimos víctimas de estructuras sociales, económicas y políticas. Son los otros los culpables, son ellos quienes tienen la responsabilidad de lo que nos sucede. No nos damos cuenta de que somos parte de la sociedad y que, por nuestra propia manera de vivir, contribuimos a la violencia, a la agresión y a las injusticias.

La acción social comienza en nuestra propia vida. Una búsqueda religiosa, acompañada de una percepción lúcida de la situación mundial, es el comienzo de una acción social directa y penetrante, porque se comienza por tratar al ser humano, un ejemplar del conjunto de la humanidad. Así nos volvemos hacia nosotros mismos, interrogándonos: Existe algún desorden en mi vida ?

Entonces podremos descubrir que hay en nosotros numerosos conflictos y contradicciones que perturban nuestra existencia. Nos damos cuenta que somos los esclavos de nuestra mente y de nuestro cuerpo, condenados a repetir incansablemente los modelos habituales que nos alejan del placer y del consuelo. Nadie nos puede ayudar, sino la vida que nos rodea. Estamos enfrentados a sondear nuestro interior, sin evadirnos en busca de un instructor.

Comenzamos nuestra búsqueda por nosotros mismos y descubrimos entonces nuestra esclavitud a numerosos hábitos. Lo que llamamos nuestra vida es una sucesión en cadena de reacciones, de actividades repetidas. Reaccionamos a contradicciones internas y externas. Nuestra vida es un movimiento continuo de modelos rutinarios. Los impulsos dentro de nosotros crean conflictos a los cuales reaccionamos y eso lo llamamos actuar. Las emociones, los pensamientos y los sentimientos que hemos almacenado, aportados por la familia y la sociedad, crean sus propios conflictos a los cuales reaccionamos, y es así como nos sentimos vivir.

Al comienzo de una tal encuesta nos damos cuenta de nuestra ignorancia de lo que es un acto libre, y descubrimos que no somos más que un conjunto de reacciones. Todos los movimientos efectuados desde el comienzo al fin del día no son acciones espontáneas nacidas de nuestra propia iniciativa, sino simplemente una reacción a alguna necesidad. En la mañana nos levantamos temprano porque tenemos que ir al trabajo, si no tuviéramos esa obligación, nos levantaríamos mucho más tarde. Comemos a horas prefijadas, tengamos o no hambre, sin preocuparnos de si ese tipo de comida conviene o no a nuestro cuerpo. La vida es una cadena de actividades repetidas, mecánicas y, si no existieran problemas exteriores socioeconómicos o políticos podría ser que no nos moviéramos, que nos hundiéramos en la pereza y el ocio, sin saber qué hacer de nosotros.

Nuestra existencia no es un movimiento espontáneo surgido de la voluntad. Lo que nosotros ignoramos son los simples hechos de nuestra vida. El contenido de nuestra existencia son estas actividades repetitivas y mecánicas en las que no hay ninguna vitalidad. Podemos habitar las moradas más confortables, llevar ropas más bellas y tener la mejor alimentación, y faltarnos vigor, vitalidad o pasión por la vida.

La vida no es una simple teoría abstracta, ella no es algo exterior proyectado en un mañana: la vida es aquí y ahora, en este presente. Si existe una eternidad, un infinito cualquiera, ello se muestra a nosotros bajo la forma del momento presente y aporta su misterio en el minúsculo fragmento de este instante. O nos comunicamos con él para descubrirlo o no nos comunicamos y dejamos de vivir este momento. La eternidad está contenida en el instante, el infinito en el ahora.

Con un poco de humildad descubrimos que hemos seguido modelos de comportamiento. Podemos escoger estos u otros modelos, pero cambiar unos por otros no implica la libertad, no conduce a un crecimiento interior. Es la misma actividad la que continúa en el hecho de adquirir un modelo para modificar nuestra manera de actuar y repetirlo luego día tras día. Ya sea que se trate de modelos de antiguas escrituras o de nuevos métodos de comportamiento, la calidad de nuestra consciencia interior permanece la misma. Repetimos esa actividad mecánica sin estar atentos a ella. Las actividades continúan automáticamente porque estas repeticiones producen una cierta forma de seguridad. Si las suprimiéramos, tendríamos que aprender a vivir por nosotros mismos, dar los primeros pasos. Entonces el miedo nos invade: Podríamos descubrir la verdad o no. Entonces por qué renunciar a nuestra seguridad ?

El temor a la inseguridad interrumpe nuestra investigación. Decidimos que con miras a esta encuesta, a esta búsqueda espiritual, modificaremos nuestros modelos de comportamiento, prestando fidelidad a diversas ideologías. Cambiamos de autoridades y nos sentimos que estamos creciendo. Podemos hacer esto por siglos. En la vida colectiva hemos cambiado de modelos: del capitalismo al comunismo, del liberalismo al socialismo, etc. Interiormente también hemos cambiado de doctrinas religiosas; pero nada de esto nos ha llevado muy lejos, nuestros cambios no nos han ayudado.

Podemos entonces decirnos: No más repeticiones, no más actividades mecánicas, no más aceptación de la autoridad ni de modelos ya sea el más reciente o el más antiguo porque amamos la libertad y queremos vivir en libertad comencemos este primer paso en absoluta libertad !

Si el impulso a descubrir la significación de la vida brota del corazón, la persona renace en el instante mismo de su búsqueda. Tendremos el coraje de actuar así ? Será para nosotros una dura tarea. Nos volveremos hacia nuestro físico para tomar consciencia de él. Damos esto por supuesto, pero la verdad es que nunca hemos sido conscientes de nuestro cuerpo. Creemos saberlo todo, pero saber no es comprender. Lo que sabemos del cuerpo lo hemos adquirido en los libros, pero nunca nos hemos vuelto hacia él, ni entrado en contacto consciente con él, porque pensamos que es una cosa terrestre y que la búsqueda religiosa es algo elevado, que no tiene nada que ver con el cuerpo.

El segundo descubrimiento es que hemos dividido la vida en espiritual y material o física. Hemos fragmentado la vida sin jamás prestar la menor atención a este fantástico y maravilloso instrumento que usamos de día y de noche, sin jamás entrar en relación con él. Debemos tomar consciencia de la división y de la fragmentación de la que somos víctimas. La plaga de la fragmentación es el terreno árido donde crece la miseria. La vida no puede ser dividida en física y espiritual, religiosa y secular. La vida es única, no fragmentable, es una totalidad homogénea.

Debemos empezar por apoyarnos en la estructura física, que tiene que ser mantenida viva, alerta, sensitiva y penetrante; la inteligencia en el cuerpo debe ser movilizada, activada. Llegamos así a interrogarnos sobre el régimen de nuestra vida, que tiene que fundarse en una base científica, para descubrir lo que el cuerpo acepta o no, qué es bueno para él, y qué tipo de alimentación y de ejercicio necesita.

Este equipamiento es absolutamente necesario para que se produzca una investigación ulterior. Si el sistema nervioso no es sólido, entonces los más débiles movimientos en el mundo físico llevarán a un desequilibrio nervioso. La exploración de una nueva manera de vivir requiere nuestra atención en los menores detalles. Nada puede ser excluido de esta exploración. Descubramos entonces cuál será el momento adecuado para levantarse y para ir a la cama, las horas de comida, la alimentación que nutrirá la energía nerviosa, etc.

La religión no es una búsqueda intelectual, es el compromiso de la persona entera a través de su propia vida. Ella no consiste en rumiar intelectualmente ideas provenientes de un Cristo o de un Buda. No podemos continuar con las antiguas maneras de vivir y, a la vez, emprender una búsqueda espiritual. Dejemos esto bien claro antes de seguir.

Desde que comprendemos lo que es justo, lo que es falso debe ser abandonado, sin que parezca una renuncia. Así no se deja al cuerpo enmohecerse en la pereza o el ocio. Él es mantenido vivo, ágil y enérgico. No tenemos idea de cuánta energía encierra el cuerpo. No utilizamos todas la energía de la que disponemos, ni aún en el plano biológico. Hay técnicas que pueden ayudar a la persona a vitalizar el cuerpo de tal forma que las energías físicas adormecidas sean liberadas. Es absolutamente necesario adoptar un nuevo enfoque de ejercicios, sueño, nutrición, tipo de lecho que se usa, etc. Sin esa base, no habría manera de crecer y progresar.

Hemos visto cómo las antiguas vías de crecimiento han perdido toda relación con el contexto de la vida moderna, no podemos regresar a ella, no tenemos pautas de referencias. Es preciso crear nuestra propias maneras de vivir.

Hemos considerado la estructura física con justicia, la hemos ayudado y educado para que crezca en un estado de vigilancia y de atención. Así, cuando vemos algo, los ojos reciben la totalidad de la unidad de percepción. Pero, si el cuerpo está letárgico, perezoso, indolente, aun con los ojos abiertos no recibiremos más que una parte de esa unidad de percepción y no podremos integrarla a la totalidad. La atención no está presente, falta la profundización de la percepción y el acto de ver queda incompleto, defectuoso e imperfecto.

Si experimentamos por nosotros mismos, podemos constatar las insuficiencia y deficiencias de la percepción. Entonces, la calidad de percibir, de escuchar, se transforma porque los sentidos vienen a estar más alertas y despiertos. No tenemos otro medio de comunicarnos con el mundo exterior que estos admirables sentidos. Si les aportamos interés, respeto y afecto, los educaremos. La educación es el único medio de engendrar una total revolución no-violenta hacia nosotros mismos. Gracias a la educación, el dispositivo es bien equipado y la transformación se produce por ella misma.

Hecho esto, conviene que nos interroguemos Bien, es posible que sea la mente la que esté en desorden, que cambia de humor; alegre en un instante, deprimida al momento siguiente. Es la mente la que crea los problemas y que se apega o desapega, se complace o siente desagrado. Es entonces ella quién crea todo este caos.

Ya hemos notado que la mente repite toda clase de modelos. Hemos hablado del cuerpo y de la manera en que su sensibilidad irá en ayuda de la mente. Pero, al interrogarnos, notamos que ella es fuente de mucha miseria. Qué hacer ? Era fácil considerar el cuerpo, estudiarlo, pero ahora será necesario observar la mente y comprender su mecanismo. Podemos leer libros sobre psicología, pero eso nos dará sólo información teórica. Si queremos realmente comprender cómo funciona la mente es necesario observarla mientras está en movimiento. Necesitamos una información directa, de primera mano. El observar con atención exige no permitir que después de la percepción surjan reacciones subjetivas que se mezclen con ella evaluando, comparando o juzgando en función del pasado.

La Soledad, Comunión con el Misterio Interior

La Soledad, Comunión con el Misterio Interior

Se presentan tantas formas de soledad como sujetos que intentan vivirla. Considerada en su apariencia exterior, el acceso a la soledad debe resultar de una elección deliberada. Impuesta desde fuera, por motivos independientes de la voluntad, llega a ser rápidamente una prueba insostenible que se trata de evitar por todos los medios posibles. Si no, ella engendra un estado depresivo tanto más cruel cuanto resulta imposible de superar.

El error estaría en creer en la uniformidad de la existencia solitaria. Los tipos de soledad son diversos: corresponden a particularidades, a diferencias esenciales y también a vocaciones a descubrir por un previo conocimiento de sí.

De todas maneras – dejando a un lado los casos excepcionales – la opción por la soledad no concierne a la gente joven ni aun a individuos de edad madura. Es al fin de la existencia cuando se la privilegia, Como individuo marginal, el solitario se retira conscientemente del paso de los eventos y del mundo exterior. Y esto por motivaciones estrictamente personales.

Salvo excepciones, aquellos que tienen cargas de familia, padres, hijos, no desean vivir en soledad. La elección concierne a personas privadas de responsabilidades y provistas de un temperamento independiente. Conscientes de su ignorancia, ellas desean corregirla antes de su deceso.

Siguiendo un pasaje del Eclesiastés: ”Hay un tiempo para plantar y un tiempo para cosechar lo plantado… un tiempo para guardar y un tiempo para gastar… un tiempo para callar y un tiempo para hablar…” Glosando estos textos, sería posible agregar: “hay un tiempo para viajar y un tiempo para la estabilidad; un tiempo para enseñar a otros, ser conocido, y un tiempo para entrar de una manera definitiva en el Incógnito, en el perfecto anonimato antes y después del deceso.” Esta decisión conviene a ciertos solitarios y ella debiera ser totalmente respetada por sus amigos y también por desconocidos que quisieran tomarlos como tema de artículos publicables.

La soledad reviste muchos aspectos: vivir solo, sin compañero o compañera. Reencontrarse raramente con alguien. Ausencia de visitas. Lucha incesante contra el vagabundeo de los pensamientos. Las distracciones – desde fuera y desde dentro – provocan somnolencia ligera o profunda.

Creerse solitario porque se vive solo en una ciudad – grande o pequeña – no coincide con la verdadera soledad. Encontrar personas en el metro, el autobús, la calle, aporta elementos de disipación.

Los peligros:
Aquel que pensara encontrar la tranquilidad gracias a la elección de la soledad se equivocaría bochornosamente. El sujeto en cuestión va a enfrentar zonas de sombras de las que nunca ha podido liberarse durante su existencia. Sus “enemigos” varían, No son idénticos a los de su juventud y de su madurez.

Frente a la soledad, los peligros son numerosos. jamás serán vencidos de manera definitiva: combatirlos forma parte del quehacer cotidiano. Un solitario no advertido podría creerse superior porque parece ser autosuficiente. Así puede deslizarse inadvertidamente en él un orgullo pueril. El placer de compararse con otros debe ser enteramente destruido, si no, se instalará una fluctuación errónea en el individuo que pensará estar arraigado en la soledad, como un árbol lo está en la tierra.

Un estado constante de vela y de vigilancia resulta indispensable. Esto no es fácil de mantener. Si se relaja, o simplemente se despereza, el solitario se sumergirá en un hormiguero de ilusiones. Ellas rondan en torno de él y en ciertos momentos de inatención lo invaden y proliferan a la manera de las ratas.

El abanico de errores por evitar está formado de diversas varillas. El solitario que se tomara por un dador de consejos se instalaría en la mentira. No tiene que considerarse como un gurú. A la búsqueda de discípulos, él se mostraría como un comediante más o menos dotado. La soledad exige levantar todas las máscaras con las que haya podido ataviarse durante su existencia. Ellas se embuten las unas en las otras, como las muñecas rusas, conteniendo siempre ejemplares más y más reducidos.

Los desbloqueos se imponen en particular en relación al pasado. Un solitario se debe desprender de los recuerdos remontándose a la infancia, a su juventud, a su madurez. De otra manera, será un perpetuo prisionero de sí mismo. Ahora bien, la soledad engendra la libertad. No ser más su verdugo o su carcelero. Evadirse a fin de optar por una vida totalmente nueva.

La acedía (desabrimiento espiritual) puede alcanzar al solitario. A menudo, esta actitud está acompañada de “pensamientos oscuros” y de una tristeza engendrando un gran desasosiego. Es la profundidad de la interiorización la que la hace emerger.

El contexto exterior:
En qué medida el solitario debe mantenerse aparte del contexto histórico? Una pregunta como esa supone muchas respuestas. Romper con el tiempo histórico es a menudo un señuelo. Ciertas personas quieren salvaguardar su tranquilidad desinteresándose de las guerras, la violencia, el sufrimiento humano. Todos aquellos puntos neurálgicos sobre los cuales es imposible ejercer la menor influencia.

Poco importa el lugar donde se encuentre el solitario. Siempre lo salpicarán las repercusiones de la incoherencia actual, Ellas flotan en el aire que él respira y lo alcanzan como un latigazo o secretamente, Según el temperamento, desprenderse del tiempo exterior puede demandar grandes esfuerzos.

El tema de la meditación:
Dedicarse a la meditación y al estudio conviene al solitario. Esa será su labor cotidiana mantenida con firmeza. Siguiendo sus opciones, tendrá en cuenta sus preferencias sin tener que soportar el ser influido desde el exterior. Se impone el que sea fiel a su singularidad, lo que está estrechamente ligado a su cultura. De todas maneras. ahora estamos en una época orientada al universalismo. La aproximación a los misterios varía necesariamente en el curso de la historia. Es posible la apertura en la medida en que sea evitado todo sincretismo. Existe ahí una trampa de fácil acceso, de la cual el buscador – privado de discernimiento – fácilmente llega a ser una víctima.

Los autores que hayan sido importantes a lo largo de la existencia no tienen que ser abandonados. Por ejemplo, Meister Eckhart que puede ser releído provechosamente. Otros textos pueden también constituir una ayuda eficaz, como el Upanishad del Renunciamiento:

“Quien no tiene ningún sentido de la estima de sí, carece de ego, está libre de los contrarios, no tiene dudas, no entra en cólera, no siente odio ni miente.”

“El sabio no tiene signos visibles, ni meta visible, como el insensato o como el niño. Es poeta, pero, como si fuera un mudo, debe mostrar el Ser a los hombres por su sola visión del Ser.”

“Que el sabio no actúe ni hable, no tenga ni buenos ni malos pensamientos de este mundo; no teniendo placer sino en el Ser.”

Es posible agregar pasajes de Jacob Böhme recientemente publicados:

– Si tú puedes por un instante elevarte a ese lugar donde no habita ninguna criatura, entonces tú oirás lo que Dios dice.

– Este lugar está próximo – pregunta el discípulo – o está lejano?

– El está en tí – dice el Maestro – si tú puedes durante una hora hacer silencio en tu voluntad y en tu pensamiento, entonces tú escucharás las palabras inexpresables de Dios.
Cuando tú te mantienes en el reposo del pensar y del querer de tu existencia propia, entonces el oído, la vista y la palabra eterna se manifestarán en ti, y Dios escuchará y verá por ti.
Tu propio oído, tu propia voluntad, tu propia vista, eso es lo que te impide ver y escuchar a Dios.
Pero si has abandonado lo imaginario, entonces te encuentras en lo que está más allá de las imágenes y tú dominas todas las criaturas en el fondo desde donde ellas han sido creadas. Y nada sobre la tierra puede perjudicarte, pues todas las cosas te son indiferentes y no hay nada que no te sea indiferente.
Allá donde el hombre no habita, es allá donde tiene en el hombre su habitación.

– Cómo es posible que pocos hombres Lo encuentren siendo que todos lo desean? – pregunta el discípulo.

– Es que todos ellos Le buscan en las cosas – responde el Maestro – es decir, en la opinión imaginaria, en su propio deseo, y casi todos ellos cifran su satisfacción en la naturaleza.
Aun si el Amor se ofrece a ellos, El no encuentra lugar en ellos. Pues lo imaginario de la voluntad propia se ha instalado en su lugar y quiere tener en sí lo imaginario de su propia satisfacción.
Allá donde el camino es más rudo, vé. Lo que el mundo rechaza, tómalo. Lo que el mundo haga, no lo hagas tú,”

Novedad del instante presente:
La verdadera soledad da acceso a una dimensión desconocida. Ella supone un aprendizaje, tal como para los niños es la lectura, o aun una lengua extranjera para un adulto.

El hombre no se sumerge en la soledad como un bañista que se lanza confiadamente en un lago porque sabe nadar. La iniciación a la soledad es un arte comparable al “arte de amar” y también al “arte de morir”. Muerte a sí mismo adelantándose al deceso. La formación del solitario supone previamente no un saber sino un conocimiento. Este modifica su horizonte. La novedad consiste en pasar de lo conocido a lo desconocido. Sólo puede hablar de la soledad aquel que posee la experiencia. Lo nuevo de la vida instaurada por la soledad aparece comparable a un deceso. De una cierta manera, una forma de muerte está detrás de ella. Comporta un abandono del pasado y también de todo porvenir.

Esta novedad de vida proviene del acceso al instante presente, favoreciendo la libertad y el equilibrio. El solitario elige caminar dando un paso tras otro, facilitando el vaciado. El descubrimiento de lo desconocido que él va a vivir le parece al comienzo una insularidad. Este aislamiento será roto en la medida donde, separándose de sí mismo, el solitario percibe que mientras más se vacía de lo inútil, más llega a ser el hermano de todas las criaturas: vegetales, animales, hombres. Y esto sin ninguna excepción. Toda tendencia racista constituiría una trampa, una mentira. El no tiene ni que rechazar ni que privilegiar.

Marco Aurelio ha insistido sobre la fugacidad del instante presente. El aconseja: No te dejes turbar por la representación global de toda tu vida. El agrega: El presente disminuye al máximo si se trata de delimitarlo”. Esta delimitación del presente permite percibir su carácter infinitesimal. En lo inmediato, el porvenir deviene pasado.

Salir de sí, separarse de sí, hacer el vacío. Ahora bien, el vacío llama a lo pleno. Esta plenitud tiene que ver con el acceso a una nueva dimensión. Poco importa el nombre que se le dé. Ninguno le conviene. La estación designando el instante presente coincide con una perpetua primavera ofreciendo sus flores y sus frutos. El cerezo no come sus cerezas ni el manzano sus manzanas. Ellos las dan sin glorificarse por eso. Que el solitario los imite, él no experimentará ninguna consciencia de lo que lo atraviesa gratuitamente y que puede alcanzar al prójimo en el secreto.

El significado de las diversas soledades corresponde a la densidad de los silencios puntuando las palabras. Las soledades y los silencios inician ecos cuya amplitud es percibida siguiendo el afinamiento de la escucha. Debido a su movilidad, los grados de concentración no cesan de variar. Recogimiento y disipación de la mente engendran oposiciones. La soledad interior y exterior favorecen la acogida y la amplitud de la recepción.

En el Misterio, ciertos ermitaños de Oriente y de Occidente no muestran su rostro. Ellos tienen acceso a una dimensión inusitada: la del ala, del vuelo comprendido en su sentido simbólico. De esta manera ellos salen de la habitual condición humana. No se sabría negar su realidad. (Muy antiguo, este tema del ala ha sido maravillosamente especificado por Platón).

En cuanto a la soledad del corazón, ella se diferencia totalmente de la soledad física. Independiente, ella puede acompañarla. La vastedad del espacio interior es inconmensurable. No estando rodeado por ninguna frontera, es ilimitado.

A nivel simbólico, el corazón posee orejas y ojos, Según el abate Antonio: “Aquel que practique la plegaria del corazón en el desierto es liberado de tres géneros de lucha: la del oído, la de la palabra y la de la vista. No hay más que un solo combate a emprender: el del corazón”.

El Amor es el que Sana

El Amor es el que Sana

Como cirujano, he trabajado durante muchos años con pacientes que sufrían enfermedades degenerativas que ponían en peligro la vida. En el curso de mi práctica he descubierto
que si conseguía que esas personas se amaran a sí mismas, empezaban a ocurrir cosas
increíbles, no sólo desde un punto de vista psicológico, sino también físico. Una consecuencia
derivada de su mejor actitud psicológica era la correspondiente mejoría física. Así que
empecé a considerar el hecho de que el enfoque que más importaba en la terapia consistía en enseñar a las personas a sentir y a expresar amor, empezando por ellas mismas. Y he
descubierto que eso iba en proporción directa a mi habilidad para amarlas y mostrarles que eran dignas de ser amadas.

Por qué es tan importante el amor en la sanación? Simplemente porque es lo más significativo en la vida humana. El amor auténtico debe darse libremente, con absoluta libertad de elección. El amor no puede darse como una responsabilidad por cumplir. Resulta inoperante el que se nos fuerce a dar amor a otro (cosa, por lo demás, imposible). Esa libertad para amar es lo que hace que valga la pena gozar del libre albedrío, aun corriendo el riesgo de usarlo mal – como en una explosión nuclear u otras catástrofes – porque cuando elegimos amar, el amor se hace enormemente significativo, ya que procede de nuestra esencia más profunda, fuente de toda libertad. Desde allí podemos amar, logrando que los otros lo puedan sentir tan profundamente que repercuta en el estado físico. Hay una fisiología del amor: no es sólo una experiencia emocional, sino una experiencia que afecta a todo el cuerpo.

Por esta razón creo que el amor es como un hilo de oro que conecta las múltiples formas de sanación que existen. Pero esto es un concepto abstracto, y me gustaría que viéramos en forma práctica cómo interviene el poder sanador del amor en la terapia.

Por ejemplo, entre las personas que llegan a mi consulta con un cáncer, resulta claro que
algunas están de alguna manera autodestruyéndose : abusan del tabaco, el alcohol,
las comidas grasas, las drogas, labrando diligentemente su propia muerte. En tales casos,
no digo: No fumes, Suprime el alcohol, Por favor, adelgaza, haz ejercicio o No dejes de tomar esas medicinas. Mejor les digo: Me preocupo por ti. Te quiero. Aquí tienes algunas indicaciones para que aprendas a quererte a ti mismo. Te veré en dos semanas.

Si regresan sin haber hecho nada, vuelvo a decirles: Te quiero, les doy un abrazo y les
repito: Me importa de ti, ven a verme en dos semanas. Estaré preocupado por tu salud . A través de ese amor, empiezan a decirme: Te doy las gracias por preocuparte, por el interés que tienes por mí. Estoy empezando a quererme, estoy empezando a cuidarme. Ese es el inicio a preguntar que más pueden hacer por ayudarse a sí mismos.

Es entonces cuando les hablo de las terapias de grupo y les comunico que pueden asistir, si no les importa hablar de sus vida y de lo que sienten. Después, quizás les sugiera que estudien algo de dibujo, pintura o artesanía.

Les doy, además, algunos ejercicios de auto-imagen, por ejemplo, sentarse frente a un espejo unos veinte minutos por dos veces al día, contemplarse con afecto y decirse: Tienes
unos ojos bonitos, tu sonrisa es agradable, me caes bien. Te quiero. Podría también aconsejarles la meditación, la oración, la música.

En algún momento, el paciente de pronto empieza a darse cuenta de que es extraordinario
intentar el esfuerzo por sentirse mejor. A esto lo llamo germinar, crecer y desplegarse como una flor. Ellos descubren que son como una semilla, con un enorme potencial dentro, que hasta entonces no había sido destapado y que, simplemente, estaba esperando brotar. Entonces sus anhelos se transforman en una certeza: “i Mira hasta dónde puede conducirme mi crecimiento !”.

La sanación a través del amor se puede emplear también como la forma de ayudar a las personas a reconsiderar sus propias vidas. Parece que cada uno de nosotros hubiéramos nacido no sólo con una cierta morfología física, sino también con un anteproyecto psíquico, intelectual y espiritual. Cuando nos desviamos de ese modelo interno, a menudo hace falta una enfermedad psíquica o física para traernos de nuevo a nuestra verdadera ruta. Como si alguien nos dijera: Cuidado ! No estás siendo lo mejor que podrías ser. Vuelve a tu camino. Esto es lo que tendría que hacer la psicoterapia: colocar de nuevo al paciente en contacto con su modelo interior, de modo que él empiece a seguir el camino correcto otra vez.

Hay veces en que nos resulta difícil encontrar el camino de regreso y es entonces cuando
necesitamos ayuda. Necesitamos a alguien que sea lo suficientemente amable, pero también dispuesto a darnos un empujón para que nos movamos. En terapia, eso lo llamamos confrontación. Confrontamos al paciente consigo mismo, aunque a veces parezca ser un poco doloroso. Si escucháramos a nuestro ser interior, nos diría: Pon atención. Haré que te duela un poco ahora, para que despiertes. Por esa razón, a veces llamo al dolor la orden de reajuste que envía Dios. En ocasiones, es lo único que hace que la gente cambie.

Por supuesto, son muchos los factores externos que pueden contribuir a que nos salgamos del camino adecuado – condicionamientos producidos por la familia, presión del ambiente escolar y social – pero volver al camino implica siempre encontrar la mejor forma de compartir amor con el mundo. Todos tenemos nuestra propia manera de expresar amor; si la descubrimos, viviremos más tiempo, gozaremos de mejor salud, disfrutaremos más de la vida y recibiremos también más amor de los otros. A causa de eso, los terapeutas deben ayudar a sus pacientes a redescubrir sus propios e individuales caminos de amor.

Para lograr éxito en esta tarea es necesario que el terapeuta encuentre maneras prácticas
de fluir en su natural manera de amar y hacerlo de forma continua, ya que, sin un contacto
en el que se pueda confiar, la eficacia de la ayuda se vería bloqueada. Quizás lo más importante es que el terapeuta asuma en su vida su propio mensaje. Y esto no quiere decir que tenga que ser alguien perfecto. No somos perfectos, pero podemos perdonarnos nuestras imperfecciones, lo que significa que al vivir mi propio mensaje, debo perdonarme por no ser perfecto, como también perdono a mis pacientes por no serlo. Significa también que compartiré diariamente la meditación, música, oración, afirmaciones positivas, ejercicios, dietas, y todas las actividades que ofrecen nuestros grupos de terapia.

Creo, además, que vivir mi mensaje significa también que puedo trabajar sobre mis propias
heridas y mostrarme vulnerable ante las personas a las que estoy atendiendo. De esta forma, puedo pedirle a uno de mis pacientes que me dé un abrazo si estoy pasando un mal día. No necesito ser un superhombre. Puedo admitir mi mortalidad y mi condición humana.

En este sentido no soy un terapeuta tradicional. No me complica tener contacto físico con mis pacientes, porque ellos entienden que se trata de un amor que no tiene nada que ver con atracción sexual ni cosa parecida. Hay veces en que el contacto físico resulta apropiado. Como cuando tenemos que dar a alguien el pésame por la pérdida de un ser querido y no se nos ocurre nada que decir, sólo abrazarlo apretadamente. Con ello le trasmitimos que estamos compartiendo su dolor, como no podrían hacerlo ni las palabras más elocuentes.

Vivir nuestro propio mensaje trae también consigo un aspecto de apertura y de humildad. Como terapeuta, no estás sentado en un lugar lejano, mirando a las masas ignorantes y necesitadas. Simplemente, harás lo que sea necesario, confiando en que el amor sabrá qué es lo que hace falta. Esto incluye no darse a conocer como experto infalible, poseedor de todas las respuestas, sino concebir el proceso de curación como un diálogo, un intercambio, una experiencia de aprendizaje tanto para el paciente como para el terapeuta. Hay que comprender que dar amor también implica recibirlo; no debo protegerme con barreras que dificulten a los pacientes su apertura al amor.

De esta forma, la terapia se convierte en un proceso en el que el paciente y el terapeuta se van cambiando el uno al otro. Resulta de vital importancia darte cuenta que no debes aconsejar solamente, sin vivir tú mismo tus propias congojas. El amor sólo será auténtico cuando provenga de una experiencia vivida, y si no, no será convincente.

Otro factor que facilita considerablemente el amor en el proceso terapéutico es el hecho de que en este tipo de trabajo estamos rodeados diariamente de individuos valiosos, que nos inspiran: personas que reafirman sus ansias de vivir en medio de enfermedades progresivas. Como el valeroso enfermo de SIDA quien, en lugar de darse por vencido, se dedica a levantar el ánimo a sus compañeros de hospital. 0 el enfermo de cáncer que elige seguir amando al mundo, y que considera su enfermedad como un incentivo a su crecimiento espiritual. Tales personas son reconfortantes. Hacen que sigas adelante y te ayudan a no flaquear.

Por último, el amor en la relación terapéutica se ve facilitado por la comprensión de que somos mortales, de que todos nos vamos a morir algún día, hagamos lo que hagamos por tratar de evitarlo. Si asimilo esa idea, aprovecho al máximo mi vida en el presente, haciendo hoy lo que más me gustaría hacer el resto de mi vida. Mi actitud es que, si me muriera esta noche o mañana, mi vida habría sido completa: me siento realizado porque he amado con plenitud. Esto es lo que comparto en los grupos con los pacientes: la forma de usar nuestra mortalidad de una manera positiva, sacándole el mayor partido a la vida.

Los terapeutas también necesitan desarrollar la idea de que la muerte no es un fracaso. En la educación médica tradicional, evidentemente el éxito se mide según la capacidad de eliminar la enfermedad, de curar. Por lo tanto, la muerte de un paciente se ve como un fracaso. Pero sostener esa idea implica distanciarnos de nuestros pacientes, perdiendo nuestra oportunidad de seguirlos ayudando en su transición hacia la muerte.

Curar no siempre es posible. El SIDA y el cáncer nos lo recuerdan. Hace cincuenta años, la tuberculosis arrasó con muchas vidas. En los próximos cincuenta años aparecerá, sin duda, alguna otra enfermedad que se resistirá a cualquier tratamiento. El hombre seguirá siendo mortal, y seguirá habiendo enfermedades incurables; pero también habrá mayores posibilidades de curar las ya existentes.

Yo suelo decir a todos, sanos o no, que deben vivir como si se fueran a morir en cualquier momento. De esta manera es fácil ayudar a otros, porque nunca existe un momento en que esto no sea posible. Dices que te vas a morir mañana? Pues, vive como si te fueras a morir esta noche. Disfruta estas horas de vida como si fueran las últimas. Puede ser que mañana te sientas demasiado bien como para pensar en morirte. Podrías morirte de verdad si estás cansado y tienes ganas de irte. Tenemos mucho más control sobre la hora de nuestra muerte del que la mayoría de las personas imaginan. Está bien morirse si es eso lo que una persona anhela, aunque no lo sepa. Puesto que todos moriremos algún día, morir no es un fracaso. Es simplemente misión cumplida. Con esta actitud la muerte puede ser sanadora.

Por supuesto, siempre hay dolor cuando perdemos a un ser querido. Pero uno debe aprender a asimilar ese dolor, y usarlo para amar a otros. Piensa en los que han vivido noventa o más años. Seguramente han perdido ya a su pareja, a sus hijos y a sus amigos queridos. Pero incluso después de sufrir esas pérdidas que fueron terribles, estas personas encontraron fuerzas para seguir viviendo porque aprendieron a dar a otros ese amor que pareció quedar sin destino. No sobrevivimos a toda la gente que amamos y que se nos fue, si no elegimos seguir amando a personas nuevas. Eso es lo que hacen los que sobreviven; siguen amando continuamente. Por lo tanto, la sanación, como el amor, se convierte en un proceso que no tiene fin.

Bernie Siegel

Traducido y extractado por Sonia Ramírez de
Bernie Siegel.- Love & Healing.