El Simbolismo del Mandala

El Simbolismo del Mandala

ElSimbolismoDelMandala-1Definición del mandala
En sánscrito, mandala significa círculo, en especial círculo mágico, pero en sentido más amplio representa medios auxiliares de concentración y de meditación construidos a partir de círculos y de formas derivadas del círculo, como flores o ruedas, en el ámbito indo-budista y también en el Tibet lamaísta. Tales estructuras son generalmente dibujadas y pintadas, pero también se emplean arquitectónicamente como planos en la construcción de templos. En sentido propio son reproducciones espirituales del orden del mundo, a menudo combinadas con elementos derivados del cuadrado. La dirección hacia un centro tiende hacia la concentración y la meditación. En el centro del mandala, según la doctrina y el grado de iniciación, se encuentran diversos símbolos.

Como ayudas para la meditación, estas imágenes de mandalas se designan con el nombre sánscrito de yantras. Se emplean en técnicas de visualización en las que, después de contemplar largamente un mandala y memorizar sus intrincadas figuras, se cierran los ojos y se trata de representarlo internamente con todos sus detalles. Cada cierto tiempo se abren los ojos y se compara con el original. Una vez que el practicante adquiere mayor pericia, se complica la técnica haciendo desaparecer en la imagen mental cada uno de sus componentes, en un orden riguroso hasta quedar en un absoluto blanco. Después se empieza a poblar ese espacio mental – en el mismo orden de la desaparición – hasta reconstruir el mandala en su totalidad.

No debe pensarse que la representación plástica del mandala sea propia sólo de los budistas. Ellos solamente han elaborado con mayor precisión una intuición antiquísima de origen asirio-babilónico. Es ante todo un cosmograma, una proyección geométrica del universo entero en su esquema esencial, en su proceso de emanación y reabsorción (los días y noches de Brahma). El mismo principio regula la construcción de los templos, cada templo es un mandala. El ingreso al templo no es solamente a un lugar consagrado, sino que es la entrada al mysterium magnus. Quien cumpla el rito de circunvalación según las reglas prescritas, recorre el mecanismo secreto del mundo, hasta transfigurarse junto al sanctum sanctorum, ya que al alcanzar el centro místico del edificio sagrado se identifica con la unidad primordial.

El mandala es el paradigma de la evolución y la involución cósmica en su retorno al centro del universo; pero simboliza también el refluir de la experiencia de la psiquis en busca de la unidad de consciencia para descubrir el principio ideal de las cosas. No es solamente un cosmograma sino también un psicograma, el esquema de la desintegración del uno en lo múltiple y la reintegración de lo múltiple en el uno, en la consciencia absoluta, entera y luminosa, que tendría que brillar en lo profundo de nuestro ser. El hombre tiene en el centro de sí mismo el principio recóndito de su propia vida, la esencia misteriosa, el punto luminoso de consciencia del que irradian las facultades psíquicas. Él tiene la vaga intuición de esa luz que podría brillar dentro de sí, expandiéndose y propagándose hacia planos espirituales.

Cuando el pintor de la India o del Tíbet dibuja un mandala, no obedece a un arbitrio de la fantasía: sigue una tradición precisa que le enseña a representar de una manera especial el drama mismo de su alma. No pinta las imágenes de un ícono, sino que vuelca los fantasmas de su yo profundo y así los conoce, y de ese modo se libera,

El mandala en psicoterapia
En sus Memorias, Jung cuenta que durante la Primera Guerra Mundial, siendo comandante de un campamento de prisioneros en Suiza, empezó a dibujar cada mañana un mandala que – según él – reflejaba su estado de ánimo interno. Era como una radiografía de su psiquis. En ella iba observando cambios sutiles en su crecimiento personal. Era como si fuera armonizándose en torno a un núcleo, un punto central, un centro magnético que lo iba conduciendo hacia una paulatina integración. En aquel punto central estaban condensadas todas sus posibilidades, esperando desplegarse para llegar a un desarrollo pleno y armonioso, tal como un director de orquesta da vida a lo escrito en un lenguaje cifrado.

Al principio, comprendía muy poco lo que esto significaba, pero gradualmente fue dándose cuenta que estaba teniendo una experiencia extraordinariamente significante: aquellos dibujos eran informes diarios sobre el trabajo interno que ese punto central estaba efectuando en él. Comprendió que la meta del desarrollo del individuo es su Ser, que su evolución no es lineal sino en espiral, en una circunvalación ascendente que se va acercando cada vez más al centro y cúspide de esa espiral.

Continuó investigando y dibujando mandalas, sobre todo cuando en su práctica como psiquiatra empezó a ver que sus pacientes hacían dibujos espontáneos que iban evolucionando a medida que avanzaban en lo que él llamó proceso de individuación. Esos dibujos iban siendo cada vez más definidos y más armónicos durante este período. Algunos aparecían en los sueños de los pacientes y ellos los dibujaban para hacer más explícito el relato de su sueño.

Como fenómeno psicológico aparecen espontáneamente en los sueños en ciertos estados de conflicto, también en algunos casos de esquizofrenia. Con frecuencia contienen una cuaternidad o un múltiplo de cuatro, como una cruz, un cuadrado, un octagono. Por lo general aparecen en casos de disociación o desorientación psíquica cuando la persona se siente atrapada entre impulsos divergentes de igual potencia, que le producen una sensación de desgarramiento interior. Algunos son conscientes de ello y dicen: Necesito centrarme. También sucede en los comienzos de un estado esquizofrénico, cuando el paciente empieza a sentir que su visión del mundo se está haciendo confusa debido a la invasión de contenidos del inconsciente que no es capaz de procesar. Entonces pueden aparecer mandalas como instancia salvadora (acaso los salvavidas no son circulares?). Es posible observar cómo la imagen reguladora de un círculo
se impone – compensando el desorden y la confusión de la psiquis – al mostrar un punto central alrededor del cual se organiza la dispersa y contradictoria multiplicidad de elementos, aparentemente irreconciliables. Por tratarse de una figura arquetípica, trae consigo un impulso de autosanación ancestral que no se origina en una reflexión consciente.

Mientras que los mandalas rituales siempre muestran un estilo definido y un número limitado de motivos típicos en su diseño, los mandalas individuales presentan una riqueza ilimitada de símbolos o alusiones simbólicas. Su fundamento es la representación de una contradicción entre el Ser y el ego, siendo el primero la totalidad de nuestra psiquis – incluyendo el inconsciente – y el segundo, sólo un punto de referencia de nuestra consciencia. A menudo aparecen en series, mostrando una secuencia de estados desordenados, caóticos, llenos de conflictos y angustia. Estas imágenes pintadas con gran devoción, a veces por manos tan inexpertas como las de un niño, son yantras a la manera hindú, instrumentos de concentración, meditación y visión introspectiva, que permiten realizar la experiencia interna de un refugio seguro, de reconciliación y de totalidad.

La voluntad consciente no puede alcanzar tal unidad simbólica, pues la consciencia sólo es parte de algo. Su opositor es el inconsciente colectivo, el que no entiende ningún lenguaje de la consciencia. Por lo tanto, se tiene necesidad de símbolos mágicamente efectivos que contengan aquellos analogismos primitivos que hablan a lo inconsciente. Sólo mediante el símbolo puede ser alcanzado y expresado el inconsciente. Por ese motivo – según Jung – jamás podrá el proceso de individuación abstenerse de símbolos. El símbolo es, por un lado, la expresión primitiva de lo inconsciente y, por otro, una idea que corresponde al más alto grado de intuición que pueda ser dado a la consciencia.

Saelas Jarrel

Más Información:
Jung, C. G.- El Secreto de la Flor de Oro.- Paidós
Jung, C. G.-Psicología y Alquimia.- Santiago Rueda
Jung, C. G.-Recuerdos, Sueños, Pensamientos.- Seix Barral

El Movimiento Rosa-Cruz

El Movimiento Rosa-Cruz

MovimientoRosa-CruzPasaron cosas extrañas al comienzo del siglo XVII. Algunas son conocidas, tan conocidas que puede ser que cieguen la vista: Kepler descubre las leyes del movimiento de los planetas; Galileo ve por primera vez los satélites de Júpiter y las montañas de la Luna, funda la dinámica midiendo la caída de los cuerpos; Descartes percibe como en una visión los principios del método científico y de la física teórica. Tantos advenimientos extraordinarios en tan poco tiempo! Para encontrar una tal explosión de proezas intelectuales, habría que remontarse al tiempo de Tales de Mileto, al nacimiento de la ciencia griega.

Sin embargo, desde hace algunos años, los eruditos sumergidos en los vestigios del siglo XVII, esa época que dio a luz la racionalidad moderna, exhuman un paisaje bien diferente que el de la clara razón. Hombres todavía impregnados de magia salen de la sombra: los neoplatónicos, los hermetistas. Giordano Bruno que fue quemado sobre su hoguera romana el primer año de ese siglo por haber enseñado la prioridad de la religión egipcia y la infinita pluralidad de los mundos.

El tema de la Rosa-Cruz aparece con todas sus letras por la primera vez en dos breves panfletos anónimos publicados en Cassel en 1614 y 1615. Estos dos textos excitaron en el acto la imaginación europea.

Ellos se presentaban en efecto como el manifiesto de una sociedad de sabios trabajando desde largo tiempo en secreto conforme a los principios recibidos de un sabio hasta entonces desconocido, el Hermano C. R., o Christian Rosenkreutz, o Rosa-Cruz. La vida que se le suponía a este sabio, elaborada según el modelo de grandes sabios de la antigüedad, como Pitágoras o Tales de Mileto, incluía el inevitable viaje hacia los maestros inspirados del Oriente: Arabes de Jerusalem, de Fez, y los Africanos. Con ellos había aprendido matemáticas, física, magia. Se leía en la segunda página de la Fama (el primero de estos panfletos):

Cada año, los Arabes y los Africanos se reunen para interrogarse sobre las diferentes artes, para saber si han sido realizados mejores descubrimientos y si la experiencia ha refutado las hipótesis .

He aquí entonces, en 1615, expuesto claramente el principio de la ciencia experimental moderna. Los Hermanos de la Rosa-Cruz, sin descubrirse, invitaban a todos los sabios de Europa a ponerse en comunicación con ellos para (como se dice ahora) construir el mundo de mañana. Pero, ponerse en comunicación cómo? Ellos no lo decían.

Hasta aquí los eruditos han repetido en todos sus libros que los dos manifiestos La Fama y La Confessio revelando al mundo la existencia de los Hermanos de la Rosa-Cruz eran en realidad la obra de un cierto Johann Valentín Andreae, autor confesado de una tercera publicación aparecida en 1616 (un año después del segundo escrito rosacruciano), titulado Las Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz.

La vida de Andreae nos es conocida por su autobiografía, donde é1 describe las Bodas Químicas como una farsa sin importancia, un ludibrium. Una farsa, entonces, inspirada por los Manifiestos. Comparando los datos y la identidad del héroe podía pensarse que el autor era el mismo, y si Las Bodas Químicas se confesaban como una parodia, era por una habilidad suplementaria de Andreae. El se desligaba de los Manifiestos por la burla, por lo tanto, no era el autor, y los misteriosos e hipotéticos Hermanos Rosa-cruz adquirían una posible realidad. Pero aun si Andreae fuese el autor de los Manifiestos, é1 no habría inventado a los Rosacruces, pues la orden de la Rosa-Cruz estaba ya inscrita bajo otro nombre – Confederación de la Milicia Evangélica – en un libro publicado en 1604 por un tal Simón Studion llamado La Naometría , y en 1604 Andreae no tenía más que dieciocho años.

La Naometría era una especie de profecía apocalíptica bastante oscura, anunciando en lenguaje simbólico el triunfo de una Liga de príncipes reformados de la Europa del Norte bajo la conducción del rey
de Francia, Enrique IV, quien fue asesinado seis años después . Lo curioso es que aparece allí un diseño representando una cruz con una rosa en su centro, y que la simbología utilizada es una numerología basada sobre las proporciones del Templo de Salomón. Estos dos hechos nos han llegado a ser familiares a través de la simbología masónica.

Henos aquí entonces remontados a 1604. Se podría retroceder más lejos con relativa certidumbre en busca de los orígenes de la Rosa-Cruz? Sí. El Manifiesto de 1615 (La Confessio) va acompañado de una especie de apéndice titulado: Breve consideración de la Filosofía más secreta . De qué filosofía más secreta se trata? Por una parte, es la misma de los Manifiestos, por otra, una gran parte de este texto es tomada palabra por palabra de un libro del famoso astrónomo, matemático y ocultista inglés, John Dee,
la Monas Hieroglífica publicado en 1564.

John Dee, el más eminente sabio inglés de ese siglo, no era sólo un sabio y un ocultista versado en todas las artes secretas: cábala, astrología, alquimia, etc., sino que además desempeñaba un rol político importante en las intrigas que trataban de arrancar la Bohemia del Imperio austríaco. En 1583 estaba en Praga iniciando a Rodolfo II en sus artes secretas y enseñando una doctrina a la vez mística, científica y política. Viajó largo tiempo por Europa central, haciendo contacto con todos los intelectos esclarecidos. Se puede considerar que el movimiento que sostiene las tres publicaciones rosicrucianas mencionadas, en último análisis ha salido de John Dee. Ahora, saber si Dee aportó sus propias ideas o si las encontró en esa Praga frecuentada desde siempre por los espectros, donde existen corrientes subterráneas todavía por descubrir en siglos futuros, sería motivo de investigaciones posteriores. Un solo hecho es absolutamente seguro: el espíritu de la Rosa-Cruz estaba ya vivo en Inglaterra y Europa central a mitad del siglo XVI.

La Rosa-Cruz hizo su aparición en Francia en 1623, en diversos libros que la denuncian como maleficio diabólico. Según el jesuita Garasse, quien publicó ese año su Doctrina curiosa de los nobles espíritus de este tiempo, los rosicrucianos han hecho pacto con el diablo y es preciso combatirlos por la tortura, la horca, la hoguera. Otro francés, Gabriel Naudé les atribuye al contrario los recientes progresos de la ciencia en dos libros aparecidos en 1623 y 1625.

Sucede que cuando la fiebre rosicruciana estaba en su apogeo en Alemania y en Bohemia, el joven Descartes recorría esos países como soldado del príncipe Mauricio de Nassau. Se dice que su iluminación- de donde salió el Cogito ergo Sum – tuvo lugar en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1619, en Neubourg , sobre el Danubio. En junio de 1620 se encontró en Ulm con el matemático y ocultista Johann Faulhaber, autor en 1615 de un libro abiertamente dedicado a los Hermanos de la Rosa-Cruz. Descartes regresó a París en el momento mismo en que los Rosa-Cruz se manifestaban por la primera vez en 1623.

De ahí la pregunta tantas veces formulada: fue Descartes uno de los Hermanos de la Rosa-Cruz.? El fue acusado de ello desde su retorno, y es posible que haya estado en peligro. Refutó esta acusación con un silogismo incomparable: Los Rosa-Cruz son invisibles, nadie jamás los ha encontrado. Yo estoy aquí. Entonces… No se le preguntó si la invisibilidad de los Hermanos no significaba una adhesión clandestina,
y para é1 todo quedó así. No se sabrá entonces jamás la verdad, salvo exhumación de algún libro mágico,
lo que no está excluido.

Con Descartes, vemos por la primera vez al secreto rosicruciano cruzar el camino de la más alta ciencia. Cinco años más tarde, los trágicos sucesos de la Europa central dispersan hacia Inglaterra refugiados de Polonia, Bohemia y del Palatinado. Entre ellos, hay sabios que fundan una escuela de la que se hace mención en documentos privados (publicados más tarde) donde se hallan las primeras alusiones a un Colegio invisible . En una carta fechada en octubre de 1646, el joven Roberto Boyle pide a su anciano preceptor que le envíe libros que os harán ser bienvenido en nuestro Colegio invisible . Recordemos que Boyle descubrirá bien pronto el mecanismo de la combustión, que será el primero que distinguirá mezcla
y combinación . En síntesis, es uno de los fundadores de la ciencia moderna. En l647, é1 escribe todavía: Las piedras angulares del Colegio invisible me honran siempre con su compañía . Estas piedras angulares, dice él, son hombres de espíritu tan competente y penetrante que la escuela filosófica no es más que el dominio inferior de su conocimiento. En el siglo XVII, filosofía significaba ciencia.

Qué era aquello de lo que un hombre como Boyle podía hablar así con toda sinceridad, puesto que se trataba de cartas privadas? Los eruditos ingleses, de los que se reconoce la tenacidad, jamás han logrado saberlo.

En 1648, John Wilkins, capellán del Elector Palatino y uno de los fundadores de la Royal Society, describe en su Mathemathical Magick una lámpara para el uso subterráneo. Agrega que una tal lámpara se dice que puede ser vista en el sepulcro de Francisco Rosacruz y que ella es, además, descrita en la Confessio de esta Fraternidad . Hay raros errores en esa frase: no es ,Francisco sino Christian, no es en la Confessio sino en la Fama que es descrita la 1ámpara. Es posible que Francisco sea una interpretación errónea de Fra (subentendido Frater) pero el otro error? Se tiene la impresión que Wilkins repite sin recordar exactamente algo que ha escuchado . Escuchado dónde?

Así como un río subterráneo que aflora a veces, el secreto de la Rosa-Cruz se deja entrever (o es una ilusión?) al origen de la revolución espiritual de donde ha salido la humanidad moderna . Después de la fundación de la Royal Society, desapareció definitivamente como si su tarea estuviera cumplida. Lo está? Es la francmasonería en sí misma una engañosa resurgencia, como el signo de un secreto perdido? Estas preguntas, y muchas otras, continúan pendientes.

Aimé Michel

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
Question de, N 24
Editions Retz
Paris.

La Meditación en el Cristianismo

La Meditación en el Cristianismo

Es difícil saber lo que podría incluir esto de Meditación en el Cristianismo. Todo lo que sé es que la meditación, la oración meditativa, es una parte muy real de nuestra vida, También sé que nos hemos enterado de algunas cosas nuevas acerca de ello. Me parece que lo más significativo que yo podría hacer es compartir con ustedes este sendero. Estamos en una búsqueda. Esa búsqueda está mejor descrita en una sentencia de T. S. Eliot: Estamos volviendo al lugar desde el cual comenzamos y lo conocemos por primera vez. Estamos en un trayecto que es a un tiempo un regresar y una partida, que se mueve hacia un futuro que realmente no comprendemos, pero al que le damos la bienvenida.

La oración meditativa ha sido desde los principios una parte integral de la experiencia cristiana. Pero nosotros estamos interesados no sólo por aquellos momentos especiales, meditativos y reflexivos, sino
por una forma total de vida, una manera de vivir. De hecho, en la temprana experiencia cristiana esto fue simplemente llamado el Camino. Una forma de vivir relacionada con la Fuente de la Vida, que energetiza
y hace posible un arraigo en la realidad que solos nunca podríamos conocer.

Esta experiencia es como una parábola. Una parábola es una respuesta que no responde. Es siempre una respuesta que a la vez desafía e invita. Esta es la paradoja de vivir descubriendo una verdad en reverente tensión. Es perdiendo la propia vida que al mismo tiempo se la encuentra. Un énfasis en el Camino Cristiano sólo en la pérdida de la vida, podría conducir a una patología depresiva, a una enfermedad. Lo de encontrar la propia vida conduciría también a una enfermedad, a la agresividad violenta. Necesitamos la paradoja de la pérdida y el encuentro, el viaje que es a la vez muerte y resurrección.

Esta paradoja vivida por las comunidades cristianas primitivas y preservada en los Evangelios, ha sido interpretada de muy diversas maneras a través de los tiempos. Sería interesante estudiar alguna vez un paralelo entre el primer Ignacio, aquel que hablaba de esa agua que lo mantuvo cautivado hasta acceder al Padre, y el Ignacio posterior, aquel cuya total aproximación a la oración reflexiva fue cuidadosamente sistematizada. Piensen en las diferencias de una Teresa de Avila, una Teresa de Liseux, una Juliana de Norwich, en Francisco de Asís, en Catalina de Sienna. Tan divergentes acercamientos a la oración reflexiva en la experiencia cristiana hace que resulte difícil poder englobarlos en un solo grupo. Ellos son como facetas, diferentes formas en que esta experiencia del Evangelio es interpretada por una cultura y una personalidad dadas.

Es difícil hablar de meditación. Pienso en las consideraciones de Frederick Franck al inaugurar un seminario con unas explicaciones muy cuidadosas acerca del Zen del Ver-Dibujar, y luego decidir que la única manera era ir y hacerlo. Salir al exterior y sentarse frente a esa hoja de árbol. Mirarla tranquilamente hasta compenetrarse y entonces dibujarla sin mirar el papel. La hoja ha entrado en la realidad del dibujante.

A esta entrada en la realidad de la propia vida nadie puede conducirnos. Hay maneras de ayudar cuando usted comienza, pero usted debe encontrar, cada uno de nosotros debe encontrar, la manera de respirar que nos convenga, en la cual saboreamos la vida, estamos más vivos. Es algo de esta experiencia que me gustaría compartir con ustedes, tan reflexivamente como podamos, algo así como un vivenciar juntos, haciendo posible para ustedes el acceder a algo de ella.

Nuestras congregaciones fueron generalmente organizadas para mantener unidos a grupos de mujeres que estaban interesadas en ayudar a los inmigrantes que habían llegado a los Estados Unidos. Mujeres que querían enseñar, servir en el cuidado de la salud o en el servicio social, también mujeres que fueron requeridas para el enclaustramiento contemplativo: esa aproximación al silencio, a ciertas restricciones a los viajes, al horario controlado con tiempo previsto para el trabajo y la oración. La pregunta que nos hacíamos era: cómo podemos ejercer un ministerio en la vida de modo que realmente sea una vida consagrada? Cómo podemos consagrar esa vida tanto dentro como alrededor de nosotras? Cómo podemos tomar la experiencia de Jesús, tan actual hoy día, habiendo sido vertido su espíritu en nosotras, ungiéndonos, para que podamos irradiarlo en liberación y sanación? Para lograr esta posibilidad hemos dado los primeros pasos en un camino que nos parece más y más dador de vida. Son pasos antiguos, pero de nuevo descubiertos. Encontramos que estamos aprendiendo que nuestra oración meditativa no es tanto una separación de la vida, como se creyó antaño, sino un salir de la vida para lograr una perspectiva respecto de ella, y más que un dialogar con nuestras experiencias, un dialogar con la vida.

Creemos que como mujeres de este siglo necesitamos un acercamiento al mensaje cristiano con una nueva visión general. De muchas formas hemos sido masculinizadas por nuestra experiencia cristiana occidental. Ahora somos llamadas para encarnar aquellos valores que habían sido dejados de lado en el proceso de masculinización: la interioridad, la compasión, el espíritu de comunidad. Estos valores son generalmente sospechosos en nuestra sociedad, porque son considerados débiles en contraste con la tendencia dominante a ser el primero, a poseerlo todo, a tener el control”. Hoy pensamos en que nuestro orar sea reflexivo, no diciendo un montón de palabras sino más bien lo enfocamos como un crecimiento en nuestras vidas, siendo más y más honestas respecto a nosotras mismas, dándonos cuenta de qué es lo
que internamente nos acomoda y qué nos puede conducir a aumentar nuestra libertad y energía.

Hemos aprendido que en una sociedad masculinizada el concepto de cuerpo femenino tiene connotaciones negativas que las mujeres han interiorizado y que deben ser pensadas de nuevo. Estamos redescubriendo lo sagrado de nuestros cuerpos. Estamos aprendiendo a respirar más profundamente, aprendiendo a disfrutar en nuestro cuerpo, en el buen sentido de alegría corporal. Estamos aprendiendo maneras de estar quietas, de apaciguarnos, encontrando formas de concentración. Al trabajar con mujeres jóvenes descubro que ellas encuentran muy largo – les son casi intolerables – siquiera cinco minutos de quietud. Estamos aprendiendo un sonido rítmico sostenido que pueda ayudar a concentrarnos. Para la mayoría de nosotras,
el uso de una palabra simbólica, significativa, es apaciguante y a la vez nos mantiene atentas.

Me gustaría entonces invitarlos a respirar profundamente por un breve momento, sólo para que prueben la experiencia a la que muchos de ustedes pueden acceder con rapidez. Voy a empezar por un canto simple basado en una frase que tengo muy presente en esta época del año: el árbol. El fue una parte muy significativa de nuestra reflexión en la época primitiva de la Pascua de Resurrección, el árbol plantado próximo al agua viviente, el árbol enraízado en el agua viviente. Al respirar más y más profundo, dejemos inundar todo nuestro ser con la imagen del agua vuelta luz. Dejémosla fluir en nosotros. Personalmente y como grupo reunido aquí, somos un árbol. Estamos compartiendo en forma casi tangible esta vivencia. Dejemos que la vida nos coja y nos cargue de energía, para liberarnos. Y como la melodía nos es familiar, vamos, cantemos con ella:

El árbol sorbiendo luz por sus raíces …

Todo depende de cómo percibimos el silencio alrededor y dentro de nosotros, de cómo interpretamos el silencio. Estamos aprendiendo que aquello que se anhela no está separado de aquello que es Dios, esa Presencia Amorosa que energetiza nuestra vida humana colmándola de plenitud en una relación de confianza. Estamos aprendiendo a cerrar la brecha, la separación entre lo natural y lo sobrenatural, entre
lo humano y lo divino.

Al respirar y reflexionar estamos entrando más plenamente en la Fuente de la Vida que arde en cada uno
de nosotros como río de fuego. Estamos aprendiendo a entrar en contacto con ese río de fuego, y la forma más cercana de hacerlo es entrando en nuestra propia realidad. La apertura a la vida, abriendo nuestras manos, aprendiendo a abrir todo nuestro ser, dejando que nuestro pasado quede atrás, reconociendo y aceptando nuestros sentimientos, sabiendo cómo sostener en la luz lo que nos amedrenta, lo que nos bloquea, lo que nos decepciona, lo que nos oprime, lo que nos regocija, lo que nos abre a otra gente, a nuevas amistades; cualquiera que sean estos sentimientos, dejarlos entrar en la Luz. Dentro de esta experiencia duerme el llamado que mañana tras mañana necesitamos oír. La palabra de ayer no es la palabra de hoy y aún no tenemos la del próximo día. Esperamos escuchar la nueva palabra de esta realidad en la que vivimos. Cuanto más estemos en contacto con la Fuente de Energía, más libremente podemos caminar sin miedo, responder al llamado del Exodo, creando y siendo vitalizados en maneras en las que no habíamos pensado, bebiendo más y más de esta agua viva que se nos había prometido y que está aquí para nosotros.

Estamos aprendiendo a escuchar la palabra que también está en las vidas de otros. Aprendemos que compartimos la misma Fuente de Energía que está dentro de cada uno de nosotros. Hay una sola energía, por lo que no necesitamos competir con los demás. No necesitamos objetivizar, ni clasificar a la gente etiquetándola en roles. La misma vida está emergiendo en ellos y mientras más gente con la que vivimos sea energetizada, más lo logramos todos. Producimos corrientes de sustento y de vitalidad, generativas de toda clase de nuevas formas de vida consagrada. Las recientes explosiones creativas que han comenzado a suceder entre mujeres religiosas son simplemente los inicios de este tipo de iniciativas, el energetizamiento creativo. Nada es ajeno a nuestra humanidad, ninguna alegría, ningún sufrimiento deja de tocarnos como si fuera nuestro.

Hay que moverse y fluir con la vida y dejar que la vida se mueva y transforme. Tenemos que descubrir la muy especial presencia del Señor entre los enfermos y, los oprimidos, una muy especial Palabra y un llamado especial. La dicotomía con las que hemos estado luchando entre oración y justicia no es natural. Nada beneficioso y permanente puede ocurrir si no está fundamentado y enraízado en la interioridad, en la no violencia dentro de uno mismo. A la vez, el estar atentos y alertas nos lleva a originar cambios profundos que pueden reformar la sociedad humana.

Estamos en un viaje. Creo que es un buen viaje, bueno en mi propia vida y veo que también es bueno en las vidas de otros. Estoy aprendiendo que no es tanto una pregunta acerca de Oriente y Occidente reuniéndose sino una pregunta acerca de lo que es humano. Qué es plenamente humano? Cuando podamos descubrir qué es lo que nos trae una mayor plenitud de vida, eso será la meta de nuestro viaje.

Alguien pregunta si es posible obviar el dogma de algunas convenciones religiosas que niegan que la meditación tradicional del Raja Yoga sea válida en el cristianismo. Ahora bien, cómo disipamos el dogma? No lo sé. Sólo creo que mientras nos atengamos al Evangelio, a la primitiva experiencia cristiana, basada en las prácticas judías, más comenzaremos a comprender que esta oración meditativa, esta reflexión, esta total sintonía del cuerpo, este respirar, es naturalmente parte de esta experiencia. Nuevamente creo que volvemos al interrogante de qué es lo que da vida a la persona, y no qué es lo que son los dogmas. Qué es dador de vida? Y la guía en esta experiencia, purificada y compartida en comunidad, es la vida.

La otra pregunta: El yoga incluye a Jesús en sus enseñanzas? Pueden los cristianos incluir al yoga en sus enseñanzas? Creo que es la misma pregunta anterior y mi respuesta es la misma.

Hermana Francis Borgia Rothleubber

Traducido y extractado por Luisa Riquelme de
Faces of Meditation
Himalayan International Institute
Pennsylvania.- USA

Los Arquetipos y Jung

Los Arquetipos y Jung

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El gran terapeuta que fue Carl Gustav Jung recién empieza a ver reconocida la enorme importancia de su extensa obra, después de varias décadas de menosprecio académico. Su exploración en las profundidades de la psiquis lo llevó a estudiar exhaustivamente la filosofía, la mitología, la alquimia, las religiones orientales y el misticismo occidental. Se interesó también con igual dedicación en el tarot, el I Ching, la astrología, los Onvis, los mandalas, las culturas de los pueblos primitivos en Africa y América del Norte, las civilizaciones india, china y japonesa… De él pudo haberse dicho Nada humano me es ajeno.

Revolucionó el paradigma mecanicista de la psicología, recalcando la importancia del inconsciente por sobre la del consciente, lo misterioso en lugar de lo conocido, lo místico en lugar de lo científico, lo creativo en lugar de lo productivo y lo religioso en lugar de lo profano.

Uno de sus conceptos claves es el inconsciente colectivo, fundamento del inconsciente personal, y que vincula al individuo con el conjunto de la humanidad. Descubrió que en los sueños y los mitos subyacen elementos de este inconsciente colectivo que él denominó arquetipos. Estos no pueden comprenderse directamente por análisis intelectual, sino sólo mediante los símbolos y el lenguaje de la mitología. El arquetipo es el modelo a partir del cual se configuran las copias: es el patrón subyacente, el punto inicial a partir del cual algo se despliega.

Jung distinguía entre arquetipos e imágenes arquetípicas. Reconoció que lo que llega a nuestra consciencia son siempre las imágenes, o sea las manifestaciones concretas y particulares de los arquetipos las que – según él – nos impresionan, influyen y fascinan. Sin embargo, los arquetipos mismos carecen de forma y no son visualizables. El arquetipo, como tal es un factor psicoide que pertenece, por así decir, al extremo invisible y ultravioleta del espectro psíquico. Agregaba que son vacíos y carentes de forma, sólo podemos sentirlos cuando se llenan de contenido individual.

El interés de Jung por las imágenes arquetípicas refleja más énfasis en la forma del pensamiento inconsciente que en su contenido. Nuestra capacidad para responder a experiencias como criaturas creadoras de imágenes es heredada. Las imágenes arquetípicas no son restos de un pensamiento arcáico sino parte de un sistema viviente de interacciones entre la mente humana y el mundo exterior. Las mismas imágenes arquetípicas que aparecen en los sueños dieron origen a las remotas mitologías y religiones que han habido en la historia de la humanidad. Para Jung, esta capacidad de crear imágenes, y no la razón, es la verdadera función que nos hace humanos. Atender a estas imágenes – que no son ideas traducidas, sino el lenguaje natural del alma – nos ayuda a liberarnos de la opresión de las maneras de pensar verbal y racional que han limitado nuestra creatividad.

El pensamiento simbólico es asociativo, analógico, cargado de afecto, animista, antropomórfico. Puede parecer más pasivo que el pensamiento organizativo y conceptual pues, a diferencia de los pensamientos, sentimos las imágenes como algo que recibimos más que algo fabricado por nosotros (la inspiración del artista). Nuestra vinculación con las imágenes arquetípicas puede comprometernos con la visión de un mundo interior, que puede salvarnos de la trampa de la separatividad entre sujeto y objeto.

Las imágenes arquetípicas son percibidas como independientes de nuestra experiencia personal, nos resultan inexplicables a partir de nuestro conocimiento consciente. Nos sentimos en contacto con algo desconocido hasta ese momento, y generalmente nos asombra descubrir similitudes entre las imágenes y temas de nuestros sueños con los que aparecen en mitos y leyendas de los que no teníamos un conocimiento previo. El impacto que nos produce constatar estas semejanzas es muy poderoso.

Jung siempre hizo notar que las imágenes arquetípicas están tan conectadas con el pasado como con el futuro. Por eso son transformadoras. Decía: El Yo no sólo contiene el depósito y la totalidad de toda la vida pasada, sino que también es un punto de arranque, el suelo fértil a partir del cual brotará toda vida futura.
La premonición del futuro está tan claramente impresa en nuestros pensamientos más íntimos como lo está el aspecto histórico. Estas imágenes se nos presentan como líneas indicadoras que nos muestran el camino, sin obligarnos a seguirlo. La vida no sigue líneas rectas, ni líneas cuyo curso pueda verse con gran antelación.

El modo que tenía Jung de trabajar con imágenes arquetípicas no era la interpretación o traducción al lenguaje conceptual, o la reducción a una imagen más general o abstracta, sino lo que él llamaba amplificación: conectar la imagen al mayor número posible de imágenes asociadas, manteniendo así fluyente el proceso imaginativo. Se trataba de comunicarse con la multiplicidad, la fecundidad, la interconexión vital entre ellas, no analizar la dependencia que pudieran tener con un origen común. Amplificar significa ir mucho más lejos de la estrecha identidad personal y recordarnos con una imaginación más amplia que nos llevaría al ámbito transpersonal.

Jung también trascendió las limitaciones de la ciencia mecanicista describiendo una forma de conexión no causal de acontecimientos a la que llamó sincronicidad y que está en relación con ciertos descubrimientos de la física moderna. Se dice que el propio Einstein le alentó a desarrollar este concepto y el físico Pauli colaboró con Jung en escribir un libro sobre ese tema.

Para Jung, la mente es como un sistema autoorganizado, regido por una fuerza creativa y cósmica y que tiende a desarrollarse hacia una integración cada vez mayor. El papel del terapeuta es apoyar este proceso de integración que une nuestros aspectos tanto conscientes como inconscientes. El decía: El terapeuta debe ser como un médico partero, que ayuda a dar a luz lo que el paciente tiene en su interior.

Le interesaba sobremanera la colaboración entre el Oriente y el Occidente en relación a los caminos de crecimiento personal ofrecido por ambos. Es sorprendente la capacidad perceptiva demostrada por Jung en sus comentarios sobre el budismo tibetano, la India y el yoga, el taoísmo y la meditación zen. No sólo era capaz de comprender lo que para la mayoría de la gente occidental de su época eran sólo experiencias extrañas, sino que consigue relacionarlas con perspectivas occidentales de naturaleza semejante. Resulta difícil valorar en su totalidad estos comentarios que aparecen generalmente en prefacios a libros de alumnos y amigos suyos. Realmente, desempeñó un papel significativo en la introducción de las religiones orientales en el público occidental. Su influencia, ciertamente, ha ayudado a que en Occidente se aprecien la religión y el pensamiento oriental. Eso no impidió que él – con extraordinario buen juicio – nos previniera contra la adopción indiscriminada de religiones extranjeras acompañada del abandono de los fundamentos occidentales.

Quiero hacer una advertencia muy especial contra el intento de imitar las prácticas y sentimientos orientales. Nada bueno surgirá de ello, a no ser una anulación artificial de nuestra inteligencia occidental. No pueden ni deben abandonar su comprensión occidental: más bien deberían acudir a ellas (estas prácticas) sin imitaciones ni sentimentalismos, para comprender en la medida que es posible a la mente occidental.

Una gran mayoría de los jóvenes occidentales que se fascinaron con las disciplinas orientales, al empezar
a someterse a ellas, se desalentaron al darse cuenta de todo el esfuerzo y la devoción que se necesitaba durante un largo período de tiempo en el que no se producían los resultados que ellos esperaban. Otros se rapaban la cabeza o usaban extrañas coletas, además de estrafalarias vestiduras, sin que dieran muestras de algún apreciable progreso en su crecimiento personal. Por otra parte, ha habido cierto número de gente que sí ha sido capaz de sumergirse en técnicas y puntos de vista orientales, no sólo sin ningún riesgo para su salud psíquica, sino con una expansión del conocimiento de sí que no habría sido posible adquirir de otra manera.

Estas excepciones positivas no contradicen las advertencias de Jung. El no se equivocaba al señalar que
la asimilación de un punto de vista extranjero, con la consiguiente pérdida de las raíces propias, no es una propuesta demasiado atractiva. Lo ideal es – además de mantenerse en lo propio y aplicar la crítica y actitudes peculiares del occidental a nuestra interioridad – tener en consideración, y procurar comprender, filosofías basadas en concepciones opuestas a las habituales como una manera de alcanzar así una totalidad más integrante. Quienes han leído la autobiografía de Jung recordarán cómo en un sueño descubrió que él era un yogui en profunda meditación, meditando la vida que el soñante vivía.

Este equilibrio entre Oriente y Occidente fue exactamente lo que Jung mantuvo durante su larga vida. En sus escritos mantuvo una actitud científica estricta, pero apreciando y honrando siempre el material psicológico que tenía entre manos. Nunca abandonó la religión de su nacimiento y sus ancestros, por muy amplias que fueran sus apreciaciones sobre las religiones orientales, las que se contraponían con la fe aceptada por la sociedad de su época. Era un ser ecuménico en el sentido más profundo de la palabra. Sus conexiones psicológicas eran múltiples. En algunos de sus sueños aparecían experiencias del politeísmo griego, del judaísmo y del cristianismo. En otros, había temas hindúes, budistas, alquímicos o gnósticos. Jung fue quizás el primer hombre moderno que habiendo perdido su alma, la encontró en su experiencia individual, pero conservando sus lazos con las religiones del pasado. El explicaba la etimología de religio como observación cuidadosa de lo numinoso, pero su actitud vital se conectaba más con el otro posible origen de la palabra, que significa enlazando hacia atrás. Jung se comunicaba plenamente con el pasado, en forma histórica y psicológica, con gran respeto.

Todas las religiones del mundo, incluído el budismo, parecen desarrollar sus ramas de fundamentalismo, tradicionalismo, misticismo, libertad del individuo y conversión. Esta variedad refleja los distintos aspectos del alma. La psicología junguiana se ha mostrado receptiva a esta variedad, ocurra ella de manera individual o colectiva. Dejemos que el alma hable por sí misma, decía Tertuliano. Esta actitud nos permite comprender la voz del alma en el pasado. Desde ese pasado hay algo nuevo surgiendo de la psiquis, otra manera de aproximarse a lo numinoso. Esta nueva experiencia de lo divino se encontraría en la reconciliación entre las religiones del mundo y en su capacidad de comunicarse con un nuevo contenido. Esto, que ha surgido independientemente en Jung, y otros, es una especie de actitud psico-religiosa, cuyas características son: lo divino nos trasciende a todos, diversos caminos llevan a él, todos son valiosos, ninguno es mejor que otro, ninguno necesita trascenderse, todas las religiones tienen su origen en la naturaleza del alma y en cómo se manifiesta en ella lo divino. Hay seguramente una visión hindú, una visión budista, judía o cristiana, pero, por sobre todas las cosas, es una visión unificadora.

La naciente ecumenización de la humanidad parece traer consigo regalos valiosos. Uno de ellos es un punto de vista psicológico que nos permite experimentar lo divino desde múltiples ángulos y permite también la reflexión y las preguntas. Parte de este regalo ya nos ha sido concedido, gracias al trabajo de Jung; pero también está surgiendo del inconsciente de mucha gente algo parecido a lo que todas las grandes religiones esperan: que cuando todos nos hallemos en armonía con la Presencia Divina, Ella se manifestará entre nosotros.

Saelas Jarrel

Más Información:
C. G. Jung.- Arquetipos e Inconsciente Colectivo.- Paidós
C. G. Jung.- El Hombre y sus Símbolos.- Luis de Caralt
C. G. Jung.- El Secreto de la Flor de Oro.- Paidós
C. G. Jung.- Energética Psíquica y Esencia del Sueño.- Paidós
C. G. Jung.- La Interpretación de la Naturaleza y de la Psique.- Paidós
C. G. Jung.- Psicología y Alquimia.- Santiago Rueda
C. G. Jung.- Psicología y Religión.- Paidós
C. G. Jung.- Recuerdos, Sueños, Pensamientos.- Seix Barral

El yo observador

El yo observador

Misticismo y psicoterapia

Después de muchos años de investigar la tradición mística he logrado comprenderla desde el punto de vista de la psicología moderna, especialmente de la teoría psicodinámica y de la psicología del desarrollo. Considero que la meta del misticismo cubre la realidad humana con una perspectiva pragmática y trascendente, que puede influir de una manera invaluable en la evolución de la cultura occidental y acrecentar considerablemente la efectividad de la psicoterapia, al ampliar sus límites.

La psicoterapia existe desde hace milenios. Las primeras pruebas datan de hace 15000 años. Sacerdotes, brujos y chamanes, con procedimientos arcaicos, trataban de aliviar el dolor humano. Con la llegada del siglo 18 y 19, la medicina racionalista, sustituyó al clero en los tratamientos. Posteriormente, la psicoterapia se amplió con los aportes de Freud y pasó a ser una rama de la psiquiatría.

La tradición mística tiene tambien un origen ancestral. Son enseñanzas de culturas muy lejanas y distintas entre sí, que hablan de cosas asombrosamente parecidas. Los místicos tambien se preocupan del sufrimiento humano; tienen la certeza que ese sufrimiento se debe a que el hombre no conoce su verdadera naturaleza y que esa ignorancia lo lleva a sentir que su vida es inútil y sin sentido. Los sabios místicos describen un sendero que lleva a un nivel superior de existencia que no puede compararse con el nivel normal.

La ciencia mística es la historia del desarrollo intuitivo, da origen a religiones pero es independiente de ellas, su enseñanza esta basada en consideraciones prácticas de psicología humana. Su meta es comprender la realidad que sostiene al mundo de la experiencia común. Se basa en la percepción directa, intuitiva, y da sentido a la vida porque aleja el temor a la muerte y los deseos egoístas. Su objetivo es ampliar y profundizar la conciencia ordinaria, para así acceder a la experiencia del yo verdadero que elimina el sufrimiento porque remueve la base de la perspectiva de la realidad del hombre común. Para ello se debe aprender a desarrollar una capacidad latente: la percepción intuitiva.

Spinoza es el filósofo que más se acerca en su definición de intuición al concepto místico. El distinguía entre el conocimiento razonado y percibido por los sentidos y un estado más alto del conocimiento, en el que la totalidad del universo existe en un sistema interconectado y unificado. La realidad intuída por los místicos es universal y puede aplicarse a los dominios de la física y psicología, es corroborada por los físicos y es coincidente con la realidad concebida a través de la intuición por los místicos desde hace miles de años.

Los físicos confirman que el universo es una corriente de actividad en que las formas aparecen y desaparecen, como patrones transitorios de un flujo viviente y dinámico. Los límites aparentes son fenómenos sensoriales en función del momento particular y de la escala de magnitud que usemos. No son absolutos.

Los seres vivos intercambian material con el medio, Se ha comprobado con radio isótopos que cada año nuestro cuerpo está constituido por distintos átomos.

Las “substancias” de nuestro cuerpo y del universo son actividad, cambio, proceso. La realidad fundamental se caracteriza por ser un continuo, un campo o trama unitivo de energía y consciencia, que se encuentra más allá del espacio el tiempo y todas las formas y que, sin embargo, está presente en ellas.

La tradición mística y las religiones están relacionados con lo sagrado y aunque el trabajo de los místicos estuvo en un contexto religioso, permaneció diferente de las diarias prácticas religiosas. Ellos seguían una enseñanza que explicaba que las formas y conceptos ordinarios debían ser transcendidos, y adoptaban las prácticas que en secreto les impartían sus maestros.

Antes del nacimiento de Mahoma, existió un grupo de místicos a los que se les llamó “los cercanos”, “gente de la verdad”, los amigos o los maestros”. En el siglo 19, se llamó sufismo a su doctrina. Ellos decían que todas las formas religiosas son derivados culturales de la misma percepción intuitiva básica. Opinaron que el ser humano está “dormido”, porque su consciencia sólo tiene respuestas automáticas al servicio del utilitarismo y el miedo. Para tener una “evolución consciente” el hombre debe liberarse de los pensamientos que giran en torno a su yo egocéntrico y de las suposiciones condicionadas.

En su enseñanza le dieron gran importancia a las parábolas. Estas existían desde mucho tiempo antes en todas las tradiciones místicas, pero ellos les dieron una especial relevancia. La función de las parábolas es revelar patrones socialmente sancionados y los motivos de los comportamientos de los cuales el estudiante no está consciente. Consideran que las parábolas representan un potente medio que prepara la mente para desarrollar la percepción intuitiva, enseñan a ” aprender a aprender”. La enseñanza debe adaptarse a las distintas culturas y personas. Así el discípulo equipado y motivado adecuadamente, puede volverse capaz de percibir la realidad que subyace al mundo de las apariencias y que no es accesible a la razón ni a los sentidos.

En la literatura de psicología y psiquiátrica occidentales no se considera la diferencia entre religión y misticismo. Esto es muy lamentable dado que el acento místico puesto en el desarrollo personal lo hace compatible con la psicoterapia moderna. El misticismo ha encontrado respuesta y solución a aspectos trascendentales de la vida humana en los que la psicoterapia se encuentra atrapada.

Las religiones formales consideran que lo sagrado está representado por una deidad a la que buscan complacer y de la que imploran protección. Los místicos expresan que la realización fundamental es la del yo verdadero.

Para la psicoterapia, los fenómenos clínicos están basados en un materialismo científico arbitrario y sin propósito. La ciencia, con su visión mecánica e indiferente del universo, no da un propósito a la vida. Las metas de seguridad material, poder, dinero, sexo e incluso las más altruístas, se diluyen. El uso de drogas en gran cantidad puede ser una manera de aminorar la desesperanza por una falta de sentido en la vida.

Algunas personas perciben sutilmente que la vida puede ser más significativa. Otras, en cambio, por diversas razones, distorsionan aún más la realidad con consecuencias no sólo individuales sino que tambien sociales y políticas. El empirismo positivista de nuestra cultura nos dificulta comprender la magnitud y naturaleza del problema.

Según el misticismo, somos incapaces de percibir lo subyacente al mundo fenoménico porque no tenemos desarrollada una facultad especial que nos daría una consciencia intuitiva superior. La consciencia ordinaria no capta la razón de ser y el propósito de la vida. El proceso por el cual la tradición mística enseña a desarrollar esa capacidad intuitiva se llama “evolución consciente”.

A través de las prácticas que enseña el misticismo, la psicología occidental podría eliminar el sufrimiento y dar razón a la existencia. Para esto debería enseñar a desarrollar una apropiada calidad de percepción que no depende del intelecto ni de los sentidos.

En el misticismo, se considera que la motivación es primordial en la organización de la consciencia, porque la forma de consciencia es el terreno en el que surgen los síntomas, que a su vez determinan su naturaleza. Las escuelas místicas hacen hincapié en la relación que existe entre los motivos básicos, el conocimiento y la percepción. Ellas cambian y esclarecen las motivaciones de sus estudiantes a medida que se manifiestan en su conducta cotidiana.

En psicoterapia, es importante cambiar la forma de consciencia para desarrollar una capacidad especial de percepción que logra una disminución de los motivos conectados con el “ego” o “yo objeto”. La menor dominación ejercida por el yo objeto, anula o disminuye los síntomas que constituyen el objetivo de la psicoterapia. Para la ciencia mística, es un efecto secundario porque no es un sistema terapéutico.

El yo objeto

La tradición mística no coincide con la psicoterapia occidental acerca de la hipótesis del yo. En occidente, el yo es un objeto separado de otros objetos y localizado en el cuerpo. Los místicos insisten en un yo sin límites en el espacio y tiempo que puede ser individual o universal, enmascarado en el consciente ordinario.

El concepto del yo en occidente es una consecuencia de lo que hemos aprendido a pensar, porque no está dado “a priori”. Los infantes deben aprender a darle sentido y significado a los estímulos y para conseguirlo interactúan con el medio. Aprenden que todo está formado de objetos separados. Usamos nuestros cuerpos como plantillas para conocer el mundo. Si le damos a un niño pequeño una caja con tapa, él la da vueltas, al abrir la boca, abre la caja. Se produce la ecuación : objeto cuerpo yo. Estas estructuras formadas en la infancia representan una dificultad para acceder a otro tipo de realidad. A los tres años se establece una forma básica de consciencia, que funciona automáticamente y cuya piedra angular es el yo objeto que está adaptado para funcionar en el medio y así sobrevivir tanto física como psicológicamente. El yo objeto no abandona el control y domina al consciente. Pero el ser humano tiene necesidades que el yo objeto no puede satisfacer.

Hay otra actitud opuesta al yo objeto. Esta tiene la intención de recibir del medio, se llama forma receptiva, tiene un yo menos prominente, este yo separado se disuelve y permite conectarse con el medio. Al nacer, la forma receptiva es dominante. Al madurar y paulatinamente – por necesidad de sobrevivencia – se desarrolla la forma objeto. Ambas formas son necesarias. Para la ciencia mística deben estar en armonía. En la psicoterapia, la forma receptiva es muy importante porque intensifica la comunicación empática. Un yo menos definido y sensibilidad a un amplio campo de percepción son cualidades importantes para el estudiante de misticismo.

Comparación de las formas

Forma objetoForma receptiva
Actua sobre el medio.Recibe del medio.
El yo es semejante a un objeto, localizado, separado de otros.El yo es indiferenciado, no localizado, no diferente del medio.
Punto ventajoso desde el cual se ve el mundo.Límites borrosos o confusos
Conciencia egocéntrica.Conciencia centrada en el mundo.
Objetos.Proceso
Tiempo absoluto.Tiempo relativo.
Causalidad lineal.Simultaneidad.
Atención enfocada, límites perceptivos y cognoscitivos.Atención difusa, límites borrosos.
Pensamiento lógico razonamiento.Paralogismo, intuición, fantasía.
Lo formal domina lo sensual.Lo sensual domina lo formal.
Pasado o futuro.Ahora.
Comunicación: Lenguaje.Música, arte, poesía.
Sistema nervioso simpático.Sistema parasimpático.
Dominio del hemisferio izquierdo.Dominio del hemisferio derecho.
Aumento de ondas beta y disminución de ondas alfa y theta.Disminución de ondas beta y aumento de ondas alfa y theta.

La forma objeto está orientada hacia la adquisición y el control, su motivación es incompatible con el conocimiento de una realidad unificada e interconectada. Se necesitaría una base motivadora diferente que permitiera percibir los vínculos entre las personas y las cosas. Las virtudes practicadas en forma desinteresada, permiten que la consciencia acceda a esa otra percepción, porque hay una relación entre motivación, forma de consciencia y percepción intuitiva. Los deseos de conseguir algún beneficio con un comportamiento virtuoso, como sucede en algunas religiones formales, son opuestos al desarrollo de la percepción intuitiva.

Un monje Zen explicaba que renunciación “no es abandonar las cosas de este mundo sino aceptar que se vayan”. También se debe abandonar el apego al resultado. Humildad y sinceridad son virtudes importantes para el aprendizaje. El orgullo y arrogancia cierran las puertas de la mente. La sinceridad es “honradez de intención”, según los místicos, y es un requisito primordial para la ciencia mística.

En la psicoterapia, cada paciente tiene sus propias ideas para aliviar su sufrimiento. Creen que el psicoterapeuta les dará lo que les falta: confianza, seguridad etc. En efecto, podría complacerlos, pero debe capacitarlos a que vean la verdadera naturaleza del problema. Debe ayudarlos a ver la falsedad de sus pensamientos y suposiciones.

La virtud que practican los místicos no es sólo funcional, sino que es verdadera. Bajo la superficie, todos somos aspectos de un ser. La moralidad no debe ser arbitraria, ni un producto cultural, sino la expresión de la verdadera naturaleza del mundo. Nuestra sobrevivencia como especie y nuestro desarrollo dependen de que reconozcamos esa realidad. La física cuántica postula tambien la conexión de todo lo existente.