El Funcionamiento de la Consciencia

El Funcionamiento de la Consciencia

Considere su propia consciencia y ponga atención en su contenido. Probablemente encontrará una mezcla de pensamientos, ideas, sensaciones, fantasías. Las imágenes aparecen y desaparecen, las ideas surgen de manera efímera sólo para desaparecer de nuevo. Sube a la superficie un dolor o un sentimiento, después un deseo.

Cómo vamos a conseguir ese contrato? Le veré de nuevo a él, o a ella? Esto tiene buen sabor. Cómo podré ayudar a esa gente? Aparecen estas y muchas otras ideas e imágenes. Aparece un objeto, uno o más árboles, libros, sillas, personas. Nos damos cuenta que otra gente está pasando próxima a nosotros, a medida que se acercan los percibimos como cuerpos individuales, o como voces que flotan en el aire en torno nuestro.

Nos movemos en un espacio tridimensional y manipulamos de manera activa los objetos que percibimos: podemos dar vuelta las páginas de un libro, sentarnos en una silla, hablar a alguien, escuchar a una persona que da una conferencia. Normalmente, el contenido de nuestra consciencia es una representación de la realidad externa y puede ser una realidad lograda en la medida en que sobrevivimos. Existen logros en todos los niveles. En un nivel puede ser: Conseguiré ese empleo?. En otro nivel más inferior podría ser: Atravesaré la calle sin ser atropellado?

Así, si estamos seguros conformes a nuestra experiencia personal de que nuestro mundo tiene alguna validez, daremos otro pequeño paso. Asumimos de manera inmediata que nuestra propia consciencia personal es el mundo, que de alguna manera una realidad objetiva externa es percibida por nosotros en su totalidad. Al fin y al cabo, hemos sido capaces de cortar un árbol y convertirlo en una mesa, hemos bebido del mismo vino que las demás personas en una cena, hemos conseguido un empleo. La mayoría de las personas no ven ningún problema en todo esto; en lo que concierne a los eventos ordinarios, la realidad que experimentamos transcurre sin cambios.

Muchas personas creen que proyectamos imágenes físicas del mundo en una pantalla ubicada en alguna parte de nuestro cerebro. Pero esta idea ingenua de que en alguna forma nuestra mente refleja directamente el mundo no puede ser verdad. Si existiera en alguna parte una pantalla consciente, quién la vería?, un pequeño hombrecito (o mujercita) dentro de nosotros? Además, a veces experimentamos cosas que no están físicamente presentes. Alucinamos, soñamos despiertos, imaginamos, planificamos y deseamos. Y cada noche, al dormir soñamos que estamos viviendo acontecimientos producidos enteramente por nosotros mismos.

Consideremos también la enorme variedad de energías que contactamos en cada momento de nuestras vidas. El aire mejor dicho, nuestro entorno atmosférico – contiene energía electromagnética: la luz, visible, los rayos X, las ondas de radio, la radiación infrarroja. Por otro lado, el aire vibra mediante las cuerdas vocales, instrumentos musicales, vehículos que pasan, el ruido de nuestras pisadas. Todo ello conlleva energía que se transforma en información sonora. Existe una energía constante que proviene del campo gravitacional: varias presiones sobre nuestro cuerpo, movimiento de la materia gaseosa en el aire, y muchos otros fenómenos allí fuera. También generamos nuestros propios estímulos internos: pensamientos, sensaciones orgánicas, actividad muscular, dolores, emociones, sentimientos y muchos otros.

Y todo esto ocurre simultáneamente, no con la misma claridad con la que lo estamos describiendo, y continúa mientras estemos vivos. Imaginemos que podamos ser conscientes de cada uno de estos procesos en cada momento. Veremos que nuestra consciencia personal nunca puede, ni siquiera por un instante, reflejar la totalidad del mundo externo, y sólo debe contentarse con una fracción muy pequeña de la realidad. Ni siquiera poseemos el equipamiento sensorial para percibir muchas de las energías que nos afectan, como los rayos infrarrojos o los rayos ultravioleta.

Entonces surgen una serie de interrogantes, después que nos hemos dado cuenta de las limitaciones de nuestra consciencia. Por qué está limitada? De qué manera selecciona o excluye los estímulos que llegan a ella? Cómo podemos lograr una mente amplia si lo único que podemos hacer es seleccionar una pequeña parte de lo que está ahí afuera?

Una consciencia individual está en su mayor parte orientada hacia la acción. Evoluciona teniendo como objetivo principal asegurar la supervivencia biológica del individuo, privilegiando la atención al mundo externo como miras a sensibilizarse frente a factores amenazantes y al propio bienestar. Existe un instinto de supervivencia de Yo primero que regula esto. Nuestra herencia biológica determina el hecho que seleccionemos la información sensorial que tiene que recibir el cerebro de entre todas la gran cantidad de información que nos llega. Esta es una tarea delicada y se lleva a cabo mediante una vasta red de filtros y sensores que funcionan en fracciones de segundos. Este proceso de selección inmediata clasifica estímulos relacionados con la supervivencia, a partir de los cuales somos capaces de construir, casi de una manera milagrosa, una representación estable del mundo.

Existe tal cantidad de milagros en este sistema, que el científico queda deslumbrado: una serie de ondas muy cortas en el aire se combinan de alguna manera y producen imágenes en la mente; otras, más largas, se convierten en música; un grupo de moléculas se ajustan correctamente en los receptores del paladar y se convierten en el sabor apetitoso de una comida. Y es dentro de nosotros donde se hace todo, y se hace en cada momento del día.

Si podemos darnos cuenta al principio de que nuestra consciencia ordinaria es algo que tenemos que crear necesariamente para sobrevivir en el mundo, también podemos acreditar, al menos como hipótesis de trabajo, que puedan existir otras maneras de cómo se organice el mundo, si no en nosotros mismos, por lo menos en otros organismos.

Hablemos un poco de la selección sensorial. El proceso inicial del sistema de funcionamiento de la mente capta una parte pequeña y específica del mundo exterior y lo lleva al cerebro. Así, normalmente, consideramos que los sentidos son ventanas del mundo: que vemos con nuestros ojos y oímos con nuestros oídos. Pero aunque dicho punto de vista explica nuestra situación, no es enteramente el caso, ya que la función primaria de los sistemas sensoriales considerados como sistemas completos es el de descartar información que es irrelevante para el organismo, como los rayos X, la radiación infrarroja o las ondas ultrasónicas. Estos sistemas nos protegen de ser sobrepasados y confundidos por esta masa de información. Esto lo hacemos intencionalmente, pero nuestra intención va mucho más lejos.

Los sentidos realizan de manera rutinaria dos milagros. En primer lugar, cada órgano sensorial actúa para transformar una clase particular de energía física las ondas cortas de luz, las moléculas de acidez en diferentes clases de energía. Este es el proceso electroquímico de la excitación neurológica, llamado transducción. Un transductor es un transformador de potencia que se utiliza para ampliar la potencia de una señal o para pasar de una forma a otra de energía. Cada sentido posee receptores especializados que son responsables por la transducción de energía externa en lenguaje cerebral. El ojo transduce luz, el oído transduce ondas de sonido, la nariz transduce moléculas gaseosas. En segundo lugar, en algún punto del sistema cerebral y sensorial se produce otra transformación: los millares de millones de explosiones eléctricas y de secreciones químicas de la excitación neurológica se convierten en árboles y pasteles, peces plateados y risas: todo el mundo consciente de la experiencia humana.

Estos dos milagros ocurren en cada momento de nuestras vidas, y son tan continuos y rutinarios que normalmente no somos conscientes de ellos. Estamos en camino de comprender cómo funciona el primer milagro, pero todo el mundo científico permanece completamente desconcertado por el segundo.

Considere el camino más importante de la experiencia sensorial que es el ojo. Responde a la energía radiante electromagnética en el espectro visible, y nos transmite todo nuestro mundo visual: la riqueza de colores de otoño, la complejidad del cielo invernal, la enorme variedad de los rostros humanos y muchas cosas más. Así, pues, es difícil creer que todo el espectro visible no sea sino una pequeña parte de la amplia banda de energía. Todo el espectro de longitud de ondas abarca desde las que tienen menos de una milésima de millón de un metro hasta las que tienen más de 1.000 metros de longitud. Sin embargo, podemos ver únicamente aquella porción que se halla entre las 400 y 700 milésimas de millón de un metro. La totalidad de este espectro visual es, pues, menor unos 3.000 millones de veces de la totalidad de la energía que llega al ojo en la banda electromagnética. Y además de esta energía, muchas otras llegan también al ojo sin ser invitadas: ondas de presión, materia gaseosa, vibraciones mecánicas del aire, etc. El ojo ignora todo esto deliberadamente.

Probablemente, no seríamos capaces de experimentar el mundo tal como existe realmente. Nos separamos de una gran parte antes que nos llegue o se introduzca en nuestro sistema nervioso. Si no poseemos sistemas nerviosos receptivos a una forma dada de energía, si un objeto queda fuera de nuestro alcance, o es demasiado rápido, nunca penetra en nuestra experiencia. Es casi imposible para nosotros incluso imaginar una forma de energía o un objeto que quede fuera de nuestro alcance. A qué se parece la radiación infrarroja, o un rayo X? Cuál sería el sonido de una nota de un solo ciclo? De una manera aproximada, esto es quizás lo que quiere decir el Zen cuando habla del sonido de una sola mano.

Tenemos que considerar que cada especie animal posee una serie especial de analizadores de las características de los diferentes estímulos con que los bombardea su ambiente, eligiendo los objetos y los acontecimientos que son importantes para su supervivencia. Se ha analizado el cortex visual de ranas, gatos y monos, entre otros. Lo que más nos distingue como organismos diferentes de ellos es el hecho que las vías de sensación se han hecho más complejas y múltiples y que aumenta la flexibilidad debido a la complejidad del cerebro y a los sistemas nerviosos sensoriales. Esta posibilidad de volver a seleccionar es parecida a la de un computador, es decir, la capacidad de ajustar los programas en diferentes entornos.

Usted puede experimentar este nivel superior de selectividad. En una reunión en la que haya varias personas hablando al mismo tiempo, cierre los ojos y escuche hablar a una de ellas; después desconéctese de esa persona y escuche a otra. Tal vez se sorprenda de lo fácil que es seleccionar su atención de esa manera. De hecho, tenemos muy pocas razones para sorprendernos por esta capacidad, puesto que continuamente estamos seleccionando para satisfacer nuestras necesidades y expectativas, pero esta sorpresa se produce porque normalmente no somos conscientes de dicho proceso de autoselección.

El proceso de selección es programable, dentro de los límites sensoriales fijados. Con frecuencia se halla dirigido por la necesidad. Cuando transpiramos en verano preferimos alimentos más salados de lo habitual. No nos hacemos conscientemente el razonamiento de que necesitamos más sal y que tenemos que agregarla a nuestra dieta. Simplemente, preferimos los alimentos que en otra oportunidades consideraríamos demasiado salados. Y la gente también difiere en esto: muchos platos están demasiado salados para algunos mientras que otros les agregan sal. Tiene que ver con la presión arterial, estos últimos adolecen de presión baja.

Los procesos visuales

Una visión ingenua del cerebro y del sistema nervioso ha estimulado investigaciones útiles en psicología. Recuerde que los globos oculares invierten la luz de izquierda a derecha y desde arriba hacia abajo. La idea de que hacia arriba es importante presupone que vemos lo que existe.

Puesto que no vemos una realidad externa, la cuestión no tiene sentido realmente. Todo lo que se requiere para que veamos es una relación constante entre el objeto externo y el patrón de excitación en la retina. En los seres humanos este patrón puede ser radicalmente transformado sin que se produzcan demasiadas dificultades.

Si se invierte el campo visual de un pez de colores mediante una intervención de rotación quirúrgica, éste nunca se adaptará a dicha alteración en la recepción de sus impulsos sensoriales: tal vez incluso muera mientras nada en círculo buscando comida. Por el contrario, si el mundo de un ser humano es alterado de esta manera, con frecuencia se produce una rápida adaptación. Puesto que no hacemos experimentos quirúrgicos con las personas, los estudios se hacen sin distorsionar los glóbulos oculares. Tras un período de ajuste, un hombre puede pedalear en una bicicleta en medio de una ciudad llena de gente, llevando lentes especialmente diseñados para una visión invertida.

La consciencia funciona en un continuo proceso mediante el cual un organismo se adapta al entorno inmediato. La imagen de la retina nunca se vuelve hacia arriba. No necesitamos estos giros o correcciones en una imagen; todo lo que necesitamos para adaptarnos al mundo externo es una información constante. La imagen sobre la retina está de hecho invertida, y es oscurecida constantemente por el pestañeo, puntos ciegos y vasos sanguíneos, y, sin embargo, nos adaptamos a todo ello. Las varillas y conos, los fotorreceptores del ojo, están de hecho detrás de los vasos sanguíneos, y actúan a partir de la luz que llega.

A finales del siglo XIX, el psicólogo George Stratton razonaba que si la consciencia es un proceso de adaptación al entorno, entonces sería posible aprender a adaptarse a un ajuste completamente diferente de la información visual en la medida de que ésta fuera continua. Para verificar esta hipótesis, Stratton llevó en un ojo una lente especial en forma de prisma, de manera que veía todo con una inclinación de 180 grados. El mundo estaba patas arriba: lo de arriba, lo de abajo, lo de la derecha y de la izquierda quedaban invertidos.

Stratton tenía al principio una gran dificultad en hacer cosas simples, como llegar a un sitio o agarrar algo. Cuando caminaba, lo hacía de manera vacilante, y tropezando con todo. Pero luego comenzó a adaptarse. Tan sólo a tres días de llevar la lente invertida, escribió Andar a través de los estrechos espacios entre los muebles requiere de mucho menos arte que hasta ahora. Podía observar mis manos mientras escribía, sin titubeos ni incomodidades de ninguna clase. Hacia el quinto día se quitó la lente y escribió: El orden inverso de cada cosa a la que me había acostumbrado durante la última semana proporcionó al paisaje un desconcierto sorprendente que duró unas cuantas horas. Una vez que Stratton se había adaptado a una nueva relación entre la información y la percepción, le llevó un tiempo desaprenderla.

Stratton escribió en 1896, a partir de los resultados: Las diferentes percepciones sensoriales, cualquiera que sea el curso último de su extensión, se organizan en un sistema espacial armonioso. Se descubre que la armonía consiste en hacer que las experiencias externas satisfagan nuestras expectativas.

Más de sesenta años después, Ivo Kohler llevó a cabo experimentos posteriores sobre el reajuste óptico. Sus observadores usaron lentes distorsionantes durante varias semanas. Al principio, todos ellos tuvieron muchas dificultades para ver el mundo, pero en pocas semanas se habían adaptado. Uno de los experimentadores de Kohler fue capaz de esquiar llevando lentes de distorsión. Las personas pueden también aprender a adaptarse a distorsiones de color. En otra de las demostraciones de Kohler, sus experimentadores llevaron gafas con una lente roja y la otra verde. En pocas horas no percibían ninguna diferencia de color entre la lentes.

La experiencia consciente inmediata

Si uno no piensa en ello, nada parece más simple que experimentar el entorno. En este momento puedo ver hiedra y césped, oír música a distancia y ver fácilmente el cielo azul a lo lejos. Puedo entrar en una habitación y ver a mi amigo Dennis. Puedo hablarle, tal vez preguntarle sobre un proyecto en que está trabajando. Es una experiencia corriente que no merece excesivo análisis, o al menos eso parece.

Pero cuesta mucho trabajo hacer que las cosas sigan siendo simples. Esta experiencia simple y común es, de hecho, el resultado de muchas operaciones difíciles y complejas. Podemos ser conscientes de lo que percibimos, pero no somos normalmente conscientes del proceso mental que se halla detrás de la escena y que hace posible la percepción. Para ver a alguien, por ejemplo a mi amigo Dennis, primero tengo que seleccionar información del entorno. Tan sólo unos pocos de los millones de estímulos que alcanzan los receptores sensoriales proporcionan alguna información sobre Dennis y la habitación. Estas informaciones sensoriales en bruto son seleccionadas y organizadas previamente.

Esa extensión de rojo que vemos la percibimos como el sofá, lo gris es su camisa, la voz lo identifica como Dennis, no como Fred. Esta experiencia implica mucho más de lo que encuentra el ojo y los oídos. Una vez que ha reunido a Dennis, va más allá de esa información inmediata. A continuación asume que es la misma persona que era antes, con los mismos recuerdos, intereses y experiencias. El primer componente de las experiencias conscientes – la percepción – implica escoger información sobre el mundo, organizarla y hacer deducciones sobre el entorno en un ciclo continuo.

Para que nos sirvan, nuestras experiencias deben reflejar con exactitud el mundo a nuestro alrededor. Las personas que se acercan han de ser vistas, si queremos evitar chocar con ellas. Tenemos que ser capaces de identificar los alimentos antes de comerlos. Los sentidos actúan como recolectores de información y selectores de la percepción. Seleccionan información sobre el color, sobre el gusto y el sonido, que son relevantes para nuestra supervivencia. Lo que percibe un organismo depende del entorno. Las características de un entorno son descritas por los psicólogos ecológicos.

Dos de sus rasgos son:

1- Capacidad de dar.- Cada objeto del entorno presenta una rica fuente de información. Un poste proporciona información sobre sus verdaderos ángulos; un tomate la proporciona sobre su redondez, su color y su sabor; un árbol sobre su verdor, el color de su fruta y otros atributos.

2.- Invariabilidad.- El entorno externo contiene muchos diferentes objetos. Cada uno ofrece a la persona que lo percibe ciertos rasgos invariables. Cada objeto ordinario, por ejemplo un poste, presenta información inalterable o invariable – sobre sí cuando nos acercamos a él. Existen patrones que son comunes a todos los objetos: se hacen más pequeños a medida que aumenta la distancia de la persona que los percibe; las líneas convergen en el horizonte; cuando un objeto está más cerca, impide la visión de otro más lejano.

El primer nivel de nuestra consciencia implica un organismo que escoge la información ofrecida por el entorno y la utiliza. Pero la información sensorial es en general tan compleja que debe ser simplificada y organizada. El sistema mental operativo está tan especializado para organizar la información sensorial que intenta organizar las cosas en patrones, incluso cuando no existe ninguno. Miramos una nube y vemos formas en ella: una ballena, una daga.

El arte óptico, que se popularizó en los años 60, jugaba con esta predisposición a organizar. Este arte es al mismo tiempo fascinante y perturbador, porque continuamente estamos intentando organizar ciertas figuras que están diseñadas por el artista para que carezcan de organización. Igual ocurre con el test de Rorschach, donde manchas de tinta producidas al azar son interpretadas como formas, según nuestro trasfondo psicológico.

Las leyes de la organización mental son también las bases del enfoque de la psicología gestáltica. Gestalt es una palabra alemana que no tiene equivalente en otros idiomas, pero que significa aproximadamente crear una forma. Una gestalt es la organización inmediata de la forma de un objeto. Recibimos de manera instantánea estímulos como formas completas, no desconectadas. Vemos las líneas de un dibujo como un cuadrado, por ejemplo. No vemos las cuatro líneas individuales; nos damos cuenta que todas ellas forman ángulos rectos con las demás, consideramos que todas ella tendrían que ser de la misma longitud y decidimos que eso es un cuadrado. De inmediato se percibe el dibujo como una totalidad y no como la suma de sus partes.

Interpretación: ir más allá de la información dada

A pesar del hecho de que existe una gran riqueza de información que nos llega, los datos que recibimos en cualquier momento son con frecuencia incompletos. Tal vez captemos sólo un vislumbre del color de la camisa de nuestro amigo Dennis o escuchemos sólo una o dos palabras pronunciadas por él, pero igualmente le reconocemos. Si miramos nuestra máquina de escribir de frente o cualquier artefacto de uso común suponemos existentes todas aquellas partes de su estructura que no están a nuestra vista y la reconocemos como lo que es. Es muy fuerte la tendencia a completar las lagunas. Eso posibilita la lectura rápida. Algunas personas leen en diagonal, otras barren con su vista el centro de la página. En ambas técnicas completamos las partes faltantes. Generalmente esto se justifica como visión periférica. Es que para actuar con rapidez y seguridad en el mundo, damos por sentada gran parte de la información que falta.

Habitualmente somos inconscientes de las operaciones de nuestra mente. No sentimos ni los estímulos aislados ni las leyes de organización que les son aplicadas. En vez de eso hacemos lo que se llama en psicología inferencias inconscientes. Casi sacamos literalmente conclusiones según las sugerencias y claves que llegan a los sentidos. En el siglo XIX, el científico Hermann Helmholtz comparaba esto con el proceder del astrónomo que está obligado a completar las lagunas de su información.

Un astrónomo llega a conclusiones realmente conscientes del tipo que estamos analizando cuando computa las posiciones de las estrellas en el espacio, sus distancias y otros datos, a partir de las imágenes en perspectivas que ha obtenido de ellas en varios períodos de observación diferentes desde distintos puntos de la tierra. Sus conclusiones se basan en un conocimiento consciente de las leyes de la óptica. En los actos habituales de visión, falta ese conocimiento científico, y, sin embargo, igual existen conclusiones inconscientes en la percepción ordinaria, pudiendo hacerse una cierta distinción entre ellas y las conclusiones llamadas conscientes en el área científica.

El mundo asumido.

Para actuar con rapidez, presuponemos un montón de cosas sobre el mundo que percibimos. Si les digo que Dennis está en una habitación, inmediatamente dan por sentado que esta tiene cuatro paredes, un suelo, un techo, y, probablemente, algunos muebles. Al entrar en la habitación, no la inspeccionamos inmediatamente para determinar si las paredes forman ángulos rectos o si la habitación está todavía donde la dejamos. Si inspeccionásemos constantemente todas las cosas de nuestro entorno, no habría tiempo de hacer nada más. Si gran parte de nuestra experiencia es asumida de antemano, se deduce que si cambian nuestras presuposiciones, también cambiará nuestra conducta.

Otros elementos determinantes de la experiencia son los valores y las necesidades. Cuando se les pide a niños pequeños que dibujen a sus padres, dibujan de mayor tamaño al padre (o madre) que aman más. Se ha estudiado la influencia de los prejuicios en la percepción de partidos de futbol. Los hinchas del equipo perdedor dirán que los contrarios se portaron en forma violenta y agresiva, cometiendo faltas que el árbitro pasó por alto. En cambio, los hinchas del equipo ganador dirán que el juego fue duro, pero correcto y que, en definitiva, ganó el mejor.

Así, pues, la mayoría de nuestras experiencias de lo que existe fuera de nosotros son en realidad transposiciones de diferentes grados de estimulación en el mundo externo. Y esta caracterización de la consciencia es con frecuencia sorprendente para muchas personas: no existen colores en la naturaleza, ni sonidos, ni sabores. Fuera de nosotros existe algo frío, tranquilo y sin color. Somos nosotros quienes creamos los sonidos a partir de las ondas de aire; somos nosotros quienes creamos colores a partir de vibraciones similares, aunque de frecuencia menor; y somos nosotros quienes transformamos moléculas que concuerdan en ajustarse a espacios en nuestra lengua como filete de ternera o salsa boloñesa. Todas estas cosas constituyen dimensiones de la experiencia humana, no dimensiones del mundo externo.

Para concluir: nosotros no experimentamos realmente el mundo externo; sólo captamos una porción muy refinada del mismo, una porción seleccionada para sobrevivir. Esta selección humana de la realidad nos mantiene a salvo de perturbaciones, nos proporciona suficiente información para manejar nuestro cuerpo, para mantenernos saludables y, lo que es más importante, para reproducirnos y sobrevivir.

Robert Ornstein

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
Nature of Human Consciousness.- Robert Ornstein
Viking Press Inc.- USA.

Grafología.

Grafología.

Es un hecho conocido por todos que la firma al pie de un documento legal estampada por el autor de un texto basta para certificar su autenticidad. Esto nos indica que unas pocas letras de un autógrafo cualquiera son suficientemente representativas no sólo del nombre, sino aún de la persona que lo escribió.

Si consideramos que el manuscrito es producido por el encadenamiento de movimientos de falanges, muñeca y antebrazo, llamado en su totalidad movimiento escritural, es evidente que este movimiento debe participar también de las características personales atribuidas a la escritura. En consecuencia, la escritura es el resultado concreto y permanente del movimiento gráfico personal.

En la vida cotidiana podemos reconocer a una persona por su escritura, ya que la impresión causada por ésta puede compararse a la de su rostro. Bastará una mirada a un sobre para reconocer al remitente.

Aunque a través del tiempo han aparecido diferentes modelos de caligrafía en relación a las épocas y a la cultura, podemos estar seguros de que siempre tendremos acceso al conocimiento de la personalidad del que escribe por las características personales que deja en cada línea de sus escritos.

Es cierto que la escritura cambia en el curso de largos períodos de tiempo. Nadie escribe igual a los cincuenta que a los veinte años, y a veces es posible que haya un cambio en pocos años. Al investigar estos cambios encontraremos que hay una alta frecuencia que corresponde a ciertas modificaciones de la constitución del carácter que se producen paulatinamente durante toda nuestra existencia, pero que a veces se producen abruptamente en ciertos momentos críticos de la vida interior.

La comunicación escrita u oral es una acción definida por seis aspectos. Escribir es una de las acciones humanas que muestra la propia interioridad. Hay una relación entre las acciones – incluída la de escribir –
y el desarrollo personal. Podríamos decir entonces que escribir es expresión del desarrollo de cada cual.

 

 

Aspecto psicológico:

Cada acción es expresión de la idea que puede ser llevada a cabo en forma de comunicación verbal o escrita. Cada acción personal representa la respuesta a la vivencia o experiencia de una situación provocada por motivaciones interiores o exteriores.

En la escritura los ajustes iniciales sencillos o complicados nos permiten entender el comportamiento en
la comunicación. Variados aspectos de este comportamiento humano pueden apreciarse en las características de la escritura:

l.-  La rapidez de ella indica rapidez de actuar y comunicarse.
2.- La presión efectuada al escribir es reflejo de la energía que la persona pone en la comunicación.
3.- La constancia para la efectividad, pero también la coordinación mental, será visible en la escritura ligada, separada o yuxtapuesta.
4.- La forma en la que la persona quiere experimentar su comunicación quedará impresa en las uniones entre rasgos y letras.
5.- La forma de expresión firme se indica en escritura angulosa.
6.- La escritura en guirnalda nos indica una persona conciliadora, así como la reserva en las relaciones con los otros corresponde a uniones en arcos.
7.- La escritura filiforme o de dobles arcos indica facilidad para adaptarse a las situaciones.
8.- Escrituras blandas con excesivos movimientos descubren a personas cuya conducta es de escasa energía, con deficiencia en el freno adecuado y muy habladoras.

Otras escrituras demostrarán firmeza, la que se indica en un grado de mayor rigidez; cuando ésta es extrema, las formas son muy duras, hasta quebradizas. La comunicación con estas personas será obstaculizada por el comportamiento exuberante pero al mismo tiempo desconfiado. La causa será el exceso de cargas restrictivas interiores.

Es claro que los sentimientos de los estados de ánimo duraderos y actuales acompañan a la persona en cada etapa de la vivencia. Si la persona dispone de una vitalidad firme, podría vencer las cargas anímicas de cada situación. Así tendrá la posibilidad de conseguir el desahogo necesario y obtener el equilibrio interior afectivo. Este logro se verá reflejado en el ritmo de la escritura y en la integridad de los rasgos y rayas. Sin embargo, si la depresión se apodera de la persona ésta se verá dominada por el juego de los sentimientos, lo que se manifestará en las oscilaciones continuas de la escritura.

Los sentimientos cognoscitivos transmitirán a la persona la importancia de la situación y la obligarán a decidirse por un enfoque preciso. La firmeza de dicho enfoque se advertirá en la regularidad de la escritura; la irregularidad por el contrario, indicará las fluctuaciones emocionales. La constancia formal en la escritura indicará de algún modo las formas definidas del enfoque elegido y la persistencia de las ideas mismas.

En la escritura, los indicios de exaltación se verán en la altura de la letra, y los de extensión, en el ancho. También existen ciertas características en el contacto, como la tendencia a buscar al otro o a rechazarlo, lo que se observará en los rasgos centrífugos o centrípetos, inclinación hacia la derecha o hacia la izquierda, respectivamente.

La vivencia transmite a la persona una valoración de la situación y la obligación de efectuar la decisión escogida. Para cumplir con estas exigencias, la persona hará uso de sus posibilidades para la organización y de su aprovechamiento de los medios con los que cuenta. En muchos casos las personas desean impresionar a quienes les rodean con formas que no corresponden a su ser real. Se hablará entonces de lo “llamativo”, que en la escritura se revelará por la espaciosidad, que es la distancia entre las líneas, como asimismo por la distancia interior que separa las letras. También se manifiesta en las relaciones espaciales de la altura de las letras en sus tres zonas: superior, media e inferior.

El último sentimiento de la vivencia se refiere a la persona misma; según su desarrollo y su madurez se formará una imagen de sí misma, justificada o falsa.  La consciencia personal de sí mismo incluirá el equilibrio interior, el sentimiento del deber, la consciencia del esfuerzo propio, la responsabilidad y sinceridad en la comunicación y en la vida en general. En la escritura se indicará esta madurez y formalidad en el equilibrio del conjunto, en las formas insignificantes pero esenciales, en la monovalía de cada letra, en el paralelismo mantenido y en el ritmo básico.

Una observación especial y muy importante necesitarán las rúbricas y firmas. Podemos concluir entonces que las conductas de las personas en sus comunicaciones nos permiten realmente estudiar la personalidad. La escritura es muy práctica para este objetivo ya que escribir es una acción compleja, de ejecución gradualmente automatizada, según sea el nivel que haya alcanzado la persona en su educación y su quehacer.

Las tres características básicas de la escritura son: movimiento, repartición y formación. En el estado de madurez estos tres elementos constituyen una estructura gráfica, es decir, existe una unión gestáltica de los tres elementos.

Indicaciones básicas para el análisis:

El análisis se basa en tres elementos básicos: ver, interpretar y valorar. Como regla fundamental hay que recordar que “todo es importante. Lo llamativo, muy importante; lo insignificante, esencial.”

En el análisis gráfico, lo llamativo corresponde a aquellos signos que por su formación acaparan la atención del observador. Generalmente se trata de mayúsculas u otras letras con rasgos o adornos excesivos o de tamaño desproporcionado con respecto a las demás. A menudo corresponden a formas imitadas, apropiadas, las que, por su tendencia demostrativa, son menos reveladoras que otros elementos aparentemente nimios pero muy significativos que se producen en forma automatizada o mecanizada.

Dichos elementos son los signos sobrepuestos o acentos, los puntos de las íes, la barra de la te, las uniones en el centro de las palabras, las fluctuaciones en el paralelismo y especialmente las irregularidades. Sin embargo, es necesario indicar que lo llamativo puede corresponder a lo afectivo de la persona, al deseo de producir ciertas impresiones sobre sí mismo en los demás.

Indicaciones para aprender a ver:

Se empieza por examinar lo escrito sin leerlo, sin pensar en su contenido, como un maestro de caligrafía. Algunos autores recomiendan examinarlo al revés para apreciar mejor si el escrito es ordenado y claro o descuidado.

Se observará la alineación (dirección de las líneas), los espacios verticales (distancia entre las líneas) y los espacios horizontales (distancia entre las palabras y letras). Es fundamental examinar las palabras y las letras, imitando con un lápiz la formación de las mismas para reconocer así los impulsos o inhibiciones del movimiento expresivo.

Para reconocer el ángulo de la inclinación, conviene prolongar con un lápiz los gruesos o rayas descendentes, y los perfiles o rayas ascendentes. Para observar la raya o rasgo en sí mismo, se emplea un lente de aumento de hasta seis veces. Las formas redondas y curvas se producen sin interrupción del movimiento, a diferencia de los ángulos y puntos, que significan interrupción. Debe tomarse en cuenta que las formas angulosas retardan la rapidez del movimiento.

Ahora nos referiremos a algunos aspectos de la valoración cualitativa, con el objetivo de precisar un poco más la relación entre esta acción llamada escritura y aspectos de la psicología del autor de ella.

El grado de expresión indica de alguna forma el rango de disciplina. La escritura de apariencia natural corresponde a personas de cierta modestia o autodisciplina. La estilizada o excesivamente adornada manifiesta tendencias artísticas o exhibicionistas.

El grado de legibilidad demuestra tendencia a la consideración personal para con los otros. La ilegibilidad indica impulsos excesivos y adaptación deficiente.

A menudo se observa el predominio de algún movimiento básico. Si predomina el movimiento expresivo, encontraremos una tendencia a la actuación. El movimiento de repartición muestra una tendencia hacia la organización y cierto contacto. Si predomina la formación, nos encontramos frente a alguien que se inclina
a actuar según normas definidas y personales.

Una escritura con equilibrio de masas, coherencia y cohesión corresponde a una persona con equilibrio interior. En el caso contrario, hay una deficiente compensación y, por tanto, inestabilidad psicológica.

La regularidad en la escritura corresponde a la expresión de la volición disciplinada. La rigidez escritural manifiesta las actitudes dogmáticas e intransigentes. La irregularidad es muestra de tensiones interiores muy acentuadas y deficiencia en el equilibrio anímico.

La monovalía y forma exclusiva de cada letra es expresión de la actitud personal correcta y de la responsabilidad afectiva. La deficiencia de la monovalía en general nos muestra ambivalencia, tendencia a engañar y rechazo de la responsabilidad personal.

Patricia Zárraga

Más Información:
Brünner, Walter.- La Psicología de la Comunicación de la Escritura.- Editorial Universitaria.
Gullan-Whur, M.- Manual Práctico de Grafología.- Edaf.
Klages, Ludwig.- Escritura y Carácter.- Paidós.

 

 

El sendero del Misticismo.

El Misticismo Cristiano:

De acuerdo con el pasado, este es un sendero de desprendimiento, de vida ascética, de profunda contemplación u oración; pero ante todo y sobre todas las cosas es un sendero de amor. Tenemos que ver en qué forma estos principios fueron llevados a la práctica por los que aseguran haber tenido dichas experiencias, y podremos comprenderlos y aceptarlos.

Es muy conocido el refrán que dice muchos caminos conducen al centro, y si agrego que esos caminos son directos, sería simplemente una derivación del simbolismo, que actúa desde la circunferencia hacia el centro.

Una de las lecciones prácticas que nos dan la vida y el simbolismo consiste en que no debemos decir que sólo hay un solo camino. Esto debe ser así porque en cierto sentido es verdad. Siempre existe cierta especie de dedicación, una vida santificada, un esfuerzo de la voluntad, una actuación fervorosa, un amor transmutador. De aquí que si todo esto es el sendero como verdadera y seguramente lo es entonces podemos afirmar que el sendero es sólo uno, y que todos los que lo han hollado han adquirido verdadero conocimiento. Pero si se afirma que la vía dolorosa de la vida ascética es el sendero que todos debemos seguir, sostengo que quien lo afirma yerra; mientras que si otros sostienen, por error o entusiasmo, que él está lejos de ser el único, también yerran al condenar un método que ha hecho progresar a muchas personas a través de las épocas y las naciones.

Pasando a un aspecto diferente en el reino de las imágenes, no es correcto hablar en sentido estricto sobre el verdadero sendero, diciendo que es el de la crucifixión, aunque en ello hay un simbolismo viviente, porque el progreso del místico puede ser descrito con gran variedad de emblemas. A pesar de los testimonios gloriosos, nos atrevemos a decir que tal forma de describirlo no es la mejor, porque se presta a una mala interpretación. Es como si dijéramos que el sufrimiento fuera la esencia del progreso, cuando a veces es sólo un accidente. La verdad es que la vida es individual, y que a cada uno se le dará el sendero que merece.

En el catolicismo será uno el sendero, pero en lo particular sus variaciones pueden ser infinitas. El que es lisiado y camina, lo hace distinto de aquel que no lo es o que va a caballo, aunque los tres puedan tomar el mismo camino. Cada hombre admitirá, si está bien orientado, que el sufrimiento se resuelve en gloria, y que la voluntad a cierta altura no conoce la cruz. No obstante, si nos apegamos al simbolismo y hablamos del camino de la cruz, necesariamente llega el momento de la crucifixión y allí comienza el camino. Hay otra fase que es el descendimiento de la cruz y donde la crucifixión termina. Finalmente, si aquello que muere en nosotros al término de la vida crucificada no nos pertenece, hay que comprender que vivir indebidamente en la pasión o en la cruz, es atribuirle demasiada importancia a lo que no nos pertenece, pero que está en nosotros, como si fuera nuestro y muere al liberarnos. Por lo tanto, aplicamos mal nuestra compasión con respecto a los dolores y penas. También es verdad que no existe más cruz que la de la purificación y que la muerte es la depuración final. Algunos se dan cuenta que la cruz la crean ellos mismos, y entonces dejan de cargarla.

Respecto a su naturaleza esencial, el sentido correcto del sendero indica que este es un camino interno. Como tal, es un camino en la consciencia, aceptando la palabra sendero como un proceso que nos conduce a una experiencia. Ella es universal para todas las épocas y pueblos; no está encerrada dentro de los límites de una fe o de un grupo de elegidos. Los desarrollos difieren, pero la naturaleza esencial es la misma en todas partes, aunque no ha llevado a todos a las mismas conclusiones. El campo de la consciencia no se halla limitado en sus experiencias, sino que permanece tal cual es. Ningún hombre se sale de su consciencia en las experiencias místicas, como ninguno vuelve a ella. Es el yo adquiriendo conocimiento de Dios. Cuando la consciencia se pierde por algún accidente físico, se debe a que el cerebro ha sido dañado. La facultad de la consciencia es diferente que el vehículo a través del cual actúa para relacionarse con el mundo externo.

Consideremos en primer lugar el consejo principal que se nos da en el sendero. La preparación del alma para llegar al misticismo se efectúa a través del amor. Respecto al empleo de esta palabra no hay calificativo ni simbolismo, aunque mucho puede decirse sobre el verdadero significado en las elevadas regiones del pensamiento. El Sendero de la Sabiduría Eterna es el de las emociones. Aunque he dicho en otra parte que el verdadero amor no tiene cuerpo de deseos, sin embargo, hay deseo del mismo en el alma. Más allá del sendero existe un estado de paz, un estado de fuego viviente en rescoldo, como si fuera fuego centralizado. Una de las recompensas menores es un estado que se llama un nuevo sabor y dulzura en todas las criaturas, y la manifestación de Dios en todo. Entonces se convierte en un amor nuevo declarado en el cielo y en la tierra. Esto nos hace comprender que el proceso es de lento desarrollo, y que así como el amor en su expresión externa no procede a saltos, así también el amor divino es progresivo.

Se puede definir la meta del místico como la unión que se alcanza por medio del amor. He hablado de muchos senderos, pero todos comienzan en el amor o han de conducir a él. En las tinieblas místicas de Dionisios, es por medio del amor que nos unimos a Dios.

Otras condiciones para esa adquisición, respecto de la cual no hay privilegio posible, se hallan resumidas en la palabra santidad, siendo ésta la corona de aquella. Debemos comprender que la santidad no es cuestión de una hora, de un día, de una novena, como si estuviéramos preparándonos para una fiesta. Es una palabra que representa la vida, con lo que quiero significar que es la dedicación de toda la vida. Así como existen grados, hay también diferencias en sus cualidades. Tenemos, pues, que establecer un canon de crítica a este respecto. El sendero de realización mística se denomina universalmente sendero de contemplación pero es necesario comprenderlo en cierta forma particular.

Tenemos la tendencia, en nuestro lenguaje corriente, de emplear las palabras meditación y contemplación como si fueran sinónimos aplicados a un mismo trabajo mental. Esto es distinto en la vida espiritual. La meditación se considera siempre como un estado inicial. Razona, reflexiona y compara y, como tal, es puramente intelectual. Hipotéticamente se puede alcanzar en forma racional el conocimiento intelectual de Dios practicando la meditación, por lo tanto es comparable a la teología común. La contemplación, en cambio, es una ascensión en el sendero interno que trasciende la razón. Por lo tanto, es comparable a la teología revelada, siendo la anterior la sombra de ella. La meditación es el agua, la contemplación, el vino. El motivo santificado del amor es necesario para la primera, pero la vida de contemplación es la vida del amor mismo. Se advertirá que el sentido general aplicado a la palabra, tiene poca o ninguna analogía con el significado particular. Desgraciadamente, no hay luz en los escritos de Dionisios respecto a su intención al usarla. Lo que él describe es simple y pura contemplación, condición a la que se entrega el aspirante internamente. Pero no da detalles, salvo que es un ejercicio progresivo, mientras que por la definición se deduce que la teología mística realiza la investigación experimental en un mundo fuera del pensamiento. Esto tiene sus límites, pues no puede haber comunicación con lo que no tiene restricciones. Además, la contemplación que tiene a Dios por objetivo, produce necesariamente una imagen que es una forma mental, y lo imaginamos a nuestra semejanza. Por otra parte, hay un postulado que expresa que en estados profundos de contemplación no debe haber forma. Es posible que la práctica, dentro de los límites aceptables, pueda conducir a un punto dado, como si fuera un portal, pero más allá la experiencia es demasiado profunda para seguir adelante. Hay una suspensión de facultades en el proceso, un cierre de los caminos por los que transita la mente, de modo que la inteligencia se repliega en sí misma, tratando de actuar directamente y no como reflejo. No hay búsqueda de objetivos, porque de acuerdo con la antigua máxima: Dios se halla internamente y se revela a Sí Mismo.

El Misticismo Oriental:

Estas son ideas generales sobre la doctrina mística de Oriente, que contribuyen a presentar una diferencia bastante clara con respecto a la enseñanza de la teología occidental. Trataremos de considerar la naturaleza de las hipótesis, los anales y las experiencias de las escuelas orientales. La liberación, según los Vedas, consiste en librarse de las ataduras de la existencia y se alcanza en el sendero del conocimiento. Por existencia debemos entender el estado de separación de lo manifestado, no el hecho por el cual el alma o parte real del hombre cesa de ser o puede dejar de ser, la que al liberarse comprende que es Brahman. En un simple cambio de términos por los aplicados en el misticismo cristiano, como por ejemplo sustituir el de unión por el de identidad, quedaría invariable la condición final, tal como una transposición similar sería posible en el caso contrario. El fin es uno, lo que varía es la definición. La experiencia permanece tal cual es, y no es afectada por explicaciones o doctrinas en relación a ella. Se desprende, pues, que hay un camino oriental hacia Dios, y que con él se alcanza un fin.

La buenaventura de la salvación se logra realizando la unión con Dios, siendo el sendero la meditación continua realizada con todos los poderes del alma. En otros términos, cuando el alma se halla limpia de pecados, ella mora en Dios y Dios mora en ella. Después sigue una afirmación similar a las de Dionisios: no se percibe ninguna distinción entre ella y Dios u otros seres. Tal percepción sería imposible en un estado de meditación y dentro de un límite intelectual. Me parece que esta fecunda frase tiene la virtud salvadora de manifestar una Forma Divina de Ser e inteligentemente da lugar a otros interrogantes.

Añadiré solamente que así como Cristo es el Camino y la Vida para esa gran rama del misticismo que lleva su glorioso nombre, así también en el Oriente es a Él a quien muchos santos adeptos llaman Krishna Eterno, afirmando por experiencia que todos podemos darle cabida en nuestro corazón.

En el curso de mis investigaciones he hallado dos etapas de logros de acuerdo al testimonio oriental. Una es la adquisición directa del autoconocimiento por el espíritu o alma del hombre, previo al conocimiento de Dios. Tal distinción sería ilusoria si ella descansa en la doctrina de la identidad, porque en ese caso la experiencia del uno es la experiencia del otro. Hay una tesis ulterior que dice que al aquietamiento de los sentidos y sosiego de la mente suponiendo que es una mente razonadora sobreviene un estado o condición en el cual el espíritu se conoce a sí mismo y se sabe uno con Dios. Esto significa que la concentración sagrada tiene lugar en la Divina Presencia interna. Comienza con un acto del pensamiento y se convierte luego en un acto de la vida. Debemos recordar, sin embargo, el axioma católico de que si Dios está en nosotros, Él está en la consciencia; que lo que se llama sendero interno es una aventura de la consciencia, realizándose el misterio del Ser Divino en el aspecto autoconsciente. Aunque sujetos a la hipótesis de identidad, la misma noción está expresada en el método Oriental, siendo el autoconocimiento la realización de la unión.

Libres de dudas y con un sentido profundo del lenguaje, las raíces védicas parecen a veces ser reductibles a términos que armonizarían el Oriente con el Occidente. Hay mucho de verdad en la afirmación de que el ser contiene aquello que él concibe y la percepción de Dios aumenta en la proporción en que la idea de Dios nos absorbe hasta convertirse en una preocupación constante en nuestra vida. Lo Absoluto está en nuestra consciencia porque el Eterno existe allí. Somos capaces de concebirlo todo y tenemos el derecho de explorarlo todo para llegar a una mayor comprensión. Mientras imaginamos a Dios como algo externo y fuera de nosotros, aquellos que aún no han despertado no pueden comprender cómo realizar a Dios internamente. Además, el verdadero conocimiento de nuestro Yo es el de Dios. Si Él está dentro del Yo, esto no es identidad sino inmanencia, comprendida tan profunda y vitalmente que parece abrir un camino hacia la Trascendencia Divina, porque no hay entre ellos una línea divisora ni barreras. La Divina Trascendencia es Dios, mientras no lo hemos realizado en nosotros, la Divina Inmanencia es el único y mismo Dios en cuanto hemos despertado en Él. Se ha dicho en la enseñanza oriental que el acto de Dios transforma a su propia semejanza a la mente que lo recibe. Por lo tanto, llego a la conclusión de que ya sea en Oriente o en Occidente los comentarios de los grandes maestros respecto a las grandes realidades de la experiencia son expresadas en términos que dejan mucho librado a la comprensión individual, pero su verdadera interpretación y la armonía en la paz de la santa luz no faltarán si la comprensión está presente.

Por consiguiente, cabe preguntarse si en Oriente o en Occidente algún místico ha dado otro testimonio que el de cierta clase de experiencia, pero todos aseguran que debe haber una preparación para ese estado de abstracción de la vida externa e interna.

De acuerdo con los testimonios existentes dejando de lado puntos discutibles de la doctrina llego a la conclusión que la distinción entre Dios y el alma en el misticismo occidental tiene relación con lo que Dios ha señalado como la finalidad más elevada del ser individual; mientras que la unidad de Dios y el espíritu, de acuerdo al misticismo oriental, se refiere a la reunión final con Dios. Lo estrecha que pueda llegar a ser la unión en esta vida y en el mundo que llamamos eterno nadie puede expresarlo en palabras, aun cuando el lenguaje sagrado de la mente lógica esté unido con las intuiciones que debemos considerar como dones de Dios. Hay un mundo desconocido de experiencia más allá del mundo visible, reconocido pero no expuesto por la teología mística. Tenemos vislumbres de ello en la literatura; encontramos indicios en lo más profundo de nuestros corazones, cuando el sentido del Eterno Ahora se postula a sí mismo dentro de nosotros en un momento de quietud de los procesos mentales. Afirmar que la experiencia mística se alcanza en un estado de amor, que es el fruto del amor en una emoción experimentada en un grado superior, no hay razón para discutirlo. El amor se aquieta en el centro, dice Dionisios. Entonces se puede comparar con el plomo fundido cuando tiene una temperatura que no quema la mano.

Con respecto al Occidente, el camino es el nuestro y el de ellos, también el fin es uno. Pero siempre pensaré que la fórmula del camino según Cristo es la perfección en todo, y que este Maestro es verdaderamente nuestro. El Misticismo Oriental nos demuestra que hay más de una forma velada para realizarlo. Una cosa, no obstante, parece cierta: ni Oriente ni Occidente son de importancia para lograr realizar el sendero, si no llegamos a comprender el verdadero significado que tiene la palabra desapego, distinguiéndola de su significado convencional y ascético. El desapego es la cesación de todo aferramiento a las cosas externas, condición indispensable para alcanzar la meta, tanto según el misticismo occidental como el oriental.

A. E. Waite

Traducido y extractado por Farid Azael de
The Life of the Mystic.- A. E. Waite

Herman Hesse

Herman Hesse

La Infancia de un Mago

Tú lees a Hermann Hesse? ha sido una pregunta que he hecho muchas veces en mi vida porque me parece importante saberlo. Quiero saber algo de la persona a quien pregunto, algo central, una especie de complicidad, de participación de un secreto, de un misterio que no tiene un nombre muy preciso, pero que ahí está: yo sé que tú sabes lo que yo sé, no para todos, sólo para algunos. Siento un misterio en torno a Hesse, que es central en su vida, en sus novelas y maneras de ver el mundo. No le pregunto a otros si leen a Proust, Mann, Rilke o Eliot, no, no es lo mismo.

Hesse dice que a los trece años se dio cuenta de que quería ser poeta, todo su propósito de vida fue en torno a esta decisión, en una lucha con muchas dificultades. Decía que no había ninguna carrera que enseñara a ser poeta, era un camino que había que seguir con la propia orientación a través de la vida. Se nace poeta, no es poeta el que quiere llegar a serlo. Es un honor ser poeta, un poeta conocido y afortunado. Pertenecía a una familia de pastores protestantes, que habían vivido parte de su vida en la India, tanto sus padres como también su abuelo, lo que tendría gran influencia en su crecimiento, sus creencias y sus novelas. Su relación con su madre fue muy importante, lo que él destaca en su afición por
la música.

Nació en 1877, en Calw, al sur de Alemania. Su niñez la relata como llena de riquezas: Había adquirido importantes enseñanzas para la vida mucho antes de mis años de colegio. Conocía mi pueblo palmo a palmo, sus gallineros, sus bosques, sus huertos de frutas, sus talleres. Conocía sus arboles, sus pájaros, sus mariposas. Sabía muchas canciones. Sabía silbar. Su adolescencia fue muy dificil en la búsqueda de lograr ser escritor. Estudió dos años Teología, que luego dejó; desempeñó muchos oficios diversos: asistente de un taller mecánico, ayudante de una fábrica de relojes de torre, vendedor de libros y escritor
de poemas. Siguió estudios en forma personal. Entre mis 16 años y mis 20 años, no sólo Ilené cientos de cartillas con mis primeros ensayos de poeta. Conocí además la mitad de la literatura mundial y estudié con tenacidad la historia del arte, las lenguas y la filosofia, que hubiera bastado cumplidamente para unos estudios oficiales.

Los primeros libros que le hicieron ser y sentirse un real escritor fueron: Hermann Laucher , Peter Camenzind y Bajo la rueda, escritos entre 1901 y 1907. Todos de gran contenido autobiográfico y muy conectados con las dificultades de la adolescencia. En estos libros, como en toda su obra, sobresale su sensibilidad hacia la interioridad de las personas y la naturaleza, en una descripción de paisajes, viajes, amistades, amores, crisis, búsquedas, incertidumbres, siempre predominando lo poético y lo misterioso de estar en el mundo.

En 1911, junto con un amigo pintor, hace un largo viaje a la India, que tendrá mucha importancia en sus obras posteriores,

Antes de la Primera Guerra Mundial vive en Suiza. En 1914 entra en crisis con el militarismo alemán, con Alemania y sus gobernantes, siendo acusado de deslealtad y traición a la patria, por sus opiniones pacifistas y su crítica al gobierno. En esa época muere su padre y su matrimonio entra en serias dificultades por una enfermedad mental de su esposa. Se separan y él también es afectado profundamente por una gran crisis emocional. Todo su mundo se desmorona. …la pérdida de mi casa, de mi familia y de mis bienes y comodidades. Era un tiempo en que a diario me despedía y a diario me asombraba de que pudiera soportar y seguir viviendo y de que tuviera todavía cierto amor a la vida, que sólo me causaba dolor, desengaño, decepción y pérdidas. Se ve obligado a buscar ayuda. Es psicoanalizado por el Dr. Lang, discipulo de C. G. Jung, entre los años 1916 y 1917. Esta enfermedad, su crisis y su camino de salida pasan a ser muy marcadoras en la vida de Hesse. Tiene 40 años, alcanza una mayor conexión y comprensión de su propia persona y de su estructura interna. Todo esto pasa a tener gran influencia en el resto de su obra.

En 1919 aparece publicado Demián, donde se Iogra ver la influencia del psicoanálisis tanto como el cambio en la imagen que tiene de su vida. El mismo escribe en sus cartas que esta terapia fue para él muy importante en aclarar sus conflictos internos y su visión del mundo, pero que a nivel de la creación artística no cree que tenga una influencia importante, ni que através del psicoanálisis se pueda comprender lo artístico. Demián es llamada una novela educativa porque nos muestra el crecimiento de su personaje, Sinclair, con todas sus dificultades, teniendo como guía cercano o interior, a Demián, un joven más maduro que puede estar dentro o fuera de Sinclair. Muestra la niñez y la adolescencia con todas sus crisis, descubrimientos, incertidumbres y búsquedas. Es un relato interior donde desde la intimidad del personaje enfoca sus miedos, sus amores y admiraciones, sus símbolos y creencias, su permanente evoIución. Esta novela tuvo mucha aceptación en la juventud de postguerra europea.

Desde l919 vive en Lugano, Suiza, en un lugar que no dejará más, Montagnola. En 1921 se hace ciudadano suizo. Continúa su lucha por la paz y se asocia a otros escritores, como Romain Roland. En este período comienza una larga amistad con Thomas Mann.

En 1922 se publica Siddharta. Desde la niñez Hesse había sentido una gran cercanía con la India por sus padres y su abuelo. Esta novela es un relato poético, poema índico, sobre la vida de Siddharta que sigue muy de cerca la vida del Buda. Abandona el hogar, se une a un grupo de ascetas, aprende del Buda y luego vive una vida dedicada al mundo de los sentidos. Vuelve a la búsqueda personal y, después de muchas aventuras, termina trabajando como barquero en un río, donde logra su plenitud espiritual. La novela es como una leyenda llena de símbolos sobre el mundo y el destino del hombre, como el Río, Buda, la Totalidad, la Liberación del Samsara, lo Divino. Es una visión espiritual de la vida, la búsqueda de un sentido y de la interpretación del mundo.

Si en Siddharta se nos describe el proceso de la salvación de un hombre en un mundo lejano y místico,
en El Lobo Estepario, se nos trae a un mundo caótico y despiadado, donde Harry Heller vive su realidad de intelectual a los 48 años, donde apenas puede soportar el estar vivo, a pesar de una formación personal de gran inteligencia, erudición y honores académicos. Era un lobo entre los corderos de la sociedad burguesa, atrapado en sus propias contradicciones y ambigüedades, deseoso de ser cuidado, protegido y
a la vez querer destruir este sistema. Era un intelectual solitario, tenía una idea de hacia dónde podía caminar, pero no lo podía hacer por sí mismo. Estando al borde del suicidio, conoce a una mujer, Armanda, que lo comienza a conectar con sus emociones más primarias y su sensualidad. Por ella comienza una evolución interna hacia otra manera de verse a sí mismo. Por intermedio de otra mujer, María, y de Pablo,
un músico, llega al Teatro Mágico, donde tiene una visión y una vivencia de su ser interno real. Se conecta con los Inmortales, seres de un desarrollo superior, que han trascendido el mundo de los conflictos y las polaridades y viven en el espíritu. Ellos son de otra realidad y condenan a Harry Heller a la risa, a reírse de sí mismo, de lo que le sucede y del mundo.

En 1927 publica El Lobo Estepario y en 1930, Narciso y Golmundo. Esta última novela continúa la permanente pregunta de Hesse: Cómo superar la dualidad interna del ser humano? Cómo unir en paz la parte espiritual y mental, con la emoción, pasión y sentimiento? Es un conflicto permanente del ser humano, que aparece de diferentes formas en sus obras. Aquí es llevado a la Edad Media, en un convento católico, en dos personajes, dos monjes, que siempre sentimos que son uno solo. Narciso es asceta, introvertido, racional, claro, cierto, algo monótono y predecible como todo lo virtuoso. Goldmundo, Boca de Oro, es lo opuesto: sensual, extravertido, artista, buscando la parte femenina o a la Naturaleza, lleno de aventuras amorosas, peligros de muerte, mucho más humano que Narciso, más imperfecto, atrayente, por completarse, siempre busca a la Madre. Al final del relato se juntan, como las partes de un mismo ser. Por medio de la creación artística logran unirse los polos de espíritu y naturaleza. Es un relato de gran atractivo literario por su forma poética, los personajes tan opuestos, la presencia permanente de la muerte y el amor, y los misterios y conflictos de la Edad Media.

Hesse siempre buscó un ideal de vida en el espíritu, que muestra en forma parcial en sus novelas como
algo por alcanzar. En El Viaje al Oriente y el Juego de Abalorios desarrolla este ideal, procurando verlo desde adentro, como ya existente. Sus personajes centrales están en ese mundo, son parte y servidores de una comunidad, de un ideal de vida realizado en la tierra. Ya no son destinos individuales en lucha con sus demonios o lobos interiores, son destinos colectivos compartidos.

El Viaje al Oriente trata sobre un viaje interior, espiritual, de los miembros de una logia secreta. Externamente sucede en el sur de Alemania, Suabia, y en Suiza, lugares donde vivió Hesse. El personaje central se llama H. H. y el otro Leo, él es un dócil sirviente que complace a todos, el más humilde entre los humildes. El narrador es H.H., que para ello ha tenido que romper un voto de silencio sobre la orden. Por esto ya no puede relatar la verdad más profunda de este grupo, la que, al desertar, es olvidada. El secreto de la orden lo ha perdido, por lo que el intento del relato es muy dificil. En esta novela muestra la búsqueda del oriente personal y colectivo, con un relato de simultaneidad de diferentes épocas de la historia.

Escribir El Juego de Abalorios le llevó casi once años de trabajo. Es su última novela importante, para algunos su obra de mayor profundidad. Fué publicada en 1943. El relato se sitúa en el año 2400, en un momento catastrófico de la cultura occidental, de materialismo, guerras, ansiedad, dolor. Es tan grande la decadencia espiritual existente que se forma una provincia llamada Castalia, donde podrán mantenerse estos valores y desarrollar la música, la filosofia, las artes, entre personas que vivirán sólo para eso. Se relata la vida de Joseph Knetch (knetch significa siervo), que ingresa desde niño a esta comunidad y llega
a ser Maestro del Juego de Abalorios, (Magister Ludi).

Describir el juego de Abalorios no es posible, sólo se nos dan algunas ideas sobre éste. Se trata de una actividad que busca la unión y relaciones, y su posibilidad de intercambio y juego entre los diferentes aspectos del conocimiento espiritual humano. Es un anhelo de totalidad y simultaneidad entre el arte, la filosofia y la vida. Un ejemplo podría ser las relaciones e intercambios posibles entre una música de Bach, las variaciones del latín entre el siglo XIII y XV, y la pinturas de Giotto. Knetch hace un largo recorrido en esta comunidad espiritual, conoce sus problemas, propone cambios. Es influido por un monje benedictino,
el Pater Jacobus, en su visión del mundo y de Castalia. Luego de llegar a ocupar el rol más importante y representativo de este lugar, en un acto aparentemente paradójico, por una crisis interna se retira para
vivir una vida personal e individual y muere, inesperadamente, al nadar en un lago.

Algunas ideas permanentes en la obra de Hesse

El pensar mágico y la totalidad.
Hesse vivió una época de muchos cambios: las guerras, los cambios sociales, las doctrinas de Freud y de Jung, la teoría de la relatividad, los cambios en la literatura, en la pintura, y en la música, la pérdida de importancia de lo religioso y espiritual.

El creía que Europa vivía una franca decadencia cultural. Un mundo lleno de polaridades: materia-espíritu, paz-guerra, espíritu-naturaleza, demoníaco-angélico. La obra de Hesse está llena de estas dualidades en sus personajes, que luchan por encontrar un mundo más armónico que supere estos antagonismos, siempre tan dolorosos y llenos de conflictos: Demián-Sinclair, Harry Heller-Armanda, Paulo-Mozart, Siddharta -Govinda, Narciso-Golmundo, H.H.-Leo. Siempre presentes en el mundo de lo imperfecto, lo dificil, lo por realizar, la lucha por existir. Hesse plantea un camino mágicomístico, una unidad ontológica de la naturaleza y el espíritu, una posibilidad de abarcar los opuestos en lucha, incorporados en un nivel superior de consciencia. Tenía un interés no sólo teórico o de su fantasía creadora, sino ético, de encontrar un mundo de los mejores valores de la humanidad y poder vivirlos. Hay muchos símbolos de unión y totalidad: el agua, el río, el fuego, la idea de la Madre Universal y la Virgen, el Juego de Abalorios, el Buda, el Teatro Mágico, los Inmortales.

Las tres etapas del crecimiento.
Hesse sostenía, junto con otros autores y tradiciones religiosas, que el hombre nace en la inocencia – primera etapa – luego pasa al conocimiento, a los conflictos y a la desesperación – segunda etapa – y puede lograr, pocas veces, una vuelta a la inocencia – tercera etapa – como un estado espiritual y de servicio a la comunidad. Esta inocencia responsable es el logro del ser humano más evolucionado. El cree que sólo los artistas, los filósofos y los santos pueden llegar a esta etapa, luego de un largo camino de desengaño y crisis con el mundo habitual de la cultura y el conocimiento común. Se lograría una superación de los conflictos, unir los opuestos, encarnar y hacer vida los valores más altos de la cultura. La mayoría de las novelas de Hesse suceden en la segunda etapa, en que los personajes toman consciencia de las contradicciones internas y externas, de la lucha permanente, y buscan un camino de salida, lograr su individuación y abrirse paso a una vida espiritual.

Esta visión en tres etapas también se ha llamado Visión Milenaria: al término del milenio la humanidad se redimiría y podría pasar a un mundo espiritual. También esta idea tiene antecedentes importantes en el cristianismo. En EI Viaje a Oriente y El juego de Abalorios, esta idea espiritual se nos muestra más plena y realizada.

La amistad-dualidad.
Es otra constante en la obra de nuestro autor: la presencia de los amigos como una forma muy importante de relacionarse, de influirse mutuamente y de crecer. Son relaciones con un fuerte vínculo que permanecen en el tiempo. Casi siempre nos muestran la polaridad de algún conflicto del ser humano, representado en dos personajes, que muchas veces pensamos que pueden ser dos partes de una misma persona. Por ejemplo: Sinclair y Demián, Narciso y Golmundo, Harry Heller y Armanda, siempre uno aporta al otro lo que le falta, lo que lo completa, lo que lo hace más humano, mejor ser humano y le permite otro paso en su crecimiento. Por esto son amistades de mucho compromiso, muy internas, espirituales, y que producen cambios importantes. Cada personaje es como una semilla que germina y crece dentro del otro.

Hermann Hesse vivió el resto de su vida en Montagnola, bastante aislado. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1946, y ese mismo año el Premio Goethe en Alemania, donde su obra había sido quemada y prohibida por el nacionalsocialismo. Su obra alcanzó gran difusión en Europa y en forma muy importante en España y Latinoamérica . Murió en 1961 a los 84 años, habiendo logrado ser un poeta conocido y afortunado.

Hernán Baeza

Más Información:
Hermann Hesse.- Obras Completas.- cuatro tomos.- Editorial Aguilar
Hermann Hesse-Thomas Mann, Correspondencia.- Muchnick Editores
Miguel Serrano.- El Círculo Hermético.- Kier.
T. Ziolkowski.- Las Novelas de Hermann Hesse.-Editorial Labor

Historia Jasídica

Historia Jasídica

El Rabí Levi-Yitzhak contaba un día:

“Una mañana percibí que la gente de mi aldea no me respetaba. Turbado, traté de comprender por qué. Y terminé por darme cuenta que eso no tenía nada que ver con ellos y sí conmigo.  Simplemente, era que había perdido todo respeto a mis propios ojos. Por qué ellos tendrían que ser más caritativos que yo? Decidí entonces mejorar. A consecuencia de eso, mi entorno me trata con más deferencia, igual mi familia y mis vecinos. De familia en familia, de calle en calle, el cambio se ha hecho sentir, extendiéndose por fin a la aldea entera. Se me estima de nuevo.”

Obrando sobre sí, el hombre actúa sobre los otros; este es el principio mismo del pensamiento místico.
Que un solo ser alcance la perfección y la especie toda entera será salvada de la mentira y del mal.

Elie Wiesel

Traducción de Ester Silva.