La experiencia interior del Yo espiritual, y su estrecho vínculo con el yo personal, proporciona una sensación de expansión interna, de universalidad, y de convicción de participar de alguna manera en la naturaleza divina. Pueden encontrarse muchos testimonios sobre este tema y algunos expresados con términos atrevidos- en las tradiciones religiosas y en las doctrinas espirituales de todas las épocas. En la Biblia existe la afirmación explícita: Os digo que sois dioses y que todos vosotros sois hijos del Altísimo. San Agustín declara: Cuando el alma ama algo adquiere la cualidad de lo que ama; si son cosas terrenales, se hace terrenal, pero si es a Dios al que ama, no habría de volverse Dios?. La expresión suma de la identidad del espíritu humano en su esencia pura y real con el Espíritu supremo está contenida en la enseñanza central de la filosofía Vedanta: Tat Tvam Asi (Tú Eres Eso) y Aham evam param Brahman (En verdad Yo soy el Brama supremo).

Cualquiera que sea la manera de concebir la relación entre el sí-mismo individual, o yo, y el Yo universal, tanto si se considera que éstos son parecidos o desiguales, diferenciados o unidos, es esencial reconocer con claridad, y tener siempre presente en la teoría y en la práctica, la diferencia que existe entre el Yo en su naturaleza esencial que se ha llamado la Fuente, el Centro, el Ser profundo, nuestro Apex- y el pequeño sí-mismo o yo, habitualmente identificado con la personalidad ordinaria de la que normalmente somos conscientes. El descuido de esta distinción esencial conduce a consecuencias absurdas y peligrosas.

La distinción proporciona la clave de una comprensión del estado mental del paciente en cuestión, y de otras formas extremas de auto-exaltación y auto-glorificación. El error fatal de los que caen víctimas de estas ilusiones es atribuir al yo personal las cualidades y los poderes del Yo transpersonal o Yo superior. En términos filosóficos, existe un caso de confusión entre la verdad absoluta y la verdad relativa, entre los niveles empíricos y los niveles trascendentes de la realidad. No son raros los caso de este tipo de confusión entre las personas que quedan deslumbradas por el contacto con verdades demasiado amplias o energías demasiado poderosas para que sus capacidades mentales puedan captarlas y su personalidad sea capaz de asimilarlas. El lector podrá sin duda recordar casos de autoengaños similares, que se dan en bastantes seguidores fanáticos de diversos cultos.

En dichas situaciones es claro que constituye una pérdida de tiempo discutir con la persona en cuestión o ridiculizar su aberración; esto sólo serviría para suscitar su oposición y su resentimiento. Lo mejor es ser conciliador y, admitiendo la verdad de su creencia en última instancia, señalarle la naturaleza de su error y ayudarle a aprender cómo distinguir los diferentes niveles.

También existen casos en los que la irrupción súbita de energías produce un trastorno emocional que se expresa mediante un comportamiento incontrolado, desequilibrado, y perturbado. Esta forma de respuesta se caracteriza por gritos y llantos, el canto y otras explosiones de diversas clases. Si la persona es activa e impulsiva, puede que sea impulsada fácilmente por el estímulo del despertar espiritual a jugar el papel de profeta o salvador; quizá descubra una nueva secta e inicie una campaña espectacular de proselitismo.

En algunas personas sensibles se produce un despertar de percepciones psicológicas. Tienen visiones, que ellas atribuyen a seres superiores; tal vez oigan voces o empiecen con la escritura automática, aceptando sus mensajes al pie de la letra y obedeciéndolos sin reservas. La cualidad de tales mensajes es extremadamente variada. Algunos contienen acertadas enseñanzas; otros son muy pobres o carecen de sentido. Habría que examinarlos siempre con gran sentido de la discriminación y un juicio prudente, y sin ser influenciados por su origen extraordinario o por ninguna pretensión del supuesto transmisor. No se debe atribuir ninguna validez a los mensajes que contienen órdenes precisas o que exigen obediencia ciega, ni a los que tienden a exaltar la personalidad del receptor.

Las reacciones posteriores al despertar espiritual

Como ya se ha dicho, un despertar interior armonioso se caracteriza por un sentimiento de alegría y de iluminación mental que conlleva una introspección en el sentido y el propósito de la vida; despeja muchas dudas, ofrece la solución a muchos problemas, y proporciona una base interna de seguridad. Al mismo tiempo, hace brotar la comprensión de que la vida es una, y a través de la persona fluye una efusión de amor hacia sus semejantes y hacia toda la creación. La personalidad previa, con sus aristas y rasgos desagradables, parece retirarse al fondo, y un nuevo individuo amoroso y encantador nos sonríe y sonríe al mundo entero, deseoso de ser amable, de servir, y de compartir sus recién adquiridas riquezas espirituales, cuya abundancia le parece casi demasiado grande para poder contenerla.

Este estado de exaltación puede durar un período más o menos largo, pero acaba por remitir. Como todo en el universo, la irrupción de la luz y del amor es rítmica. Tras un tiempo, ésta disminuye o cesa, y al flujo le sigue un reflujo. La personalidad fue inspirada y transformada, pero rara vez su transformación es permanente o completa. Lo más frecuente es que una gran parte de los elementos de la personalidad vuelvan a su estado anterior.

Este proceso se clarifica cuando observamos la naturaleza de la experiencia cumbre en términos de energías y de niveles de organización. Pero el experimentar la retirada de las energías transpersonales y la pérdida del estado exultante del ser es por fuerza doloroso.

La manera apropiada de tratar con alguien que atraviesa este tipo de crisis consiste en proporcionar a la persona una comprensión auténtica de la naturaleza de su crisis. Es como si hubiera realizado un soberbio vuelo a la cumbre de la montaña, se hubiera dado cuenta de su esplendor y de la belleza del panorama que se extiende a sus pies, pero hubiera sido bajado a su pesar, con la triste convicción de que el sendero hasta la cumbre tiene que ser recorrido paso tras paso. El reconocimiento de que este descenso o caída- es un acontecimiento natural proporciona un alivio emocional y mental, y anima a la persona a emprender la ardua tarea de enfrentarse al sendero de la verdadera autorrealización. Al final, la crisis se supera con la toma de consciencia de que el valor auténtico y más profundo de la experiencia es que ésta ofrece, como ya he dicho, una visión tangible de un estado de ser superior y, por lo tanto, un mapa, un modelo ideal hacia donde se puede caminar, y que puede convertirse entonces en una realidad permanente.

El proceso de transmutación

Esta fase viene después de que se reconoce que las condiciones necesarias que han de cumplirse para el logro superior de la autorrealización son la total regeneración y transmutación de la personalidad. Es un proceso largo y a muchos niveles que abarca diferentes fases: la eliminación activa de los obstáculos a la irrupción y actividad de las energías supraconscientes; el desarrollo de funciones superiores que han permanecido dormidas o no desarrolladas; y períodos en los que se puede dejar que el Yo superior actúe, estando receptivos a que él nos guíe.

Es un período muy azaroso y gratificante, repleto de cambios en los que se suceden la luz y la oscuridad, la alegría y el sufrimiento. Es un período de transición, una salida de la vieja condición sin haber alcanzado todavía firmemente la nueva; una fase intermedia en la que, como acertadamente se ha dicho, la persona se encuentra como una crisálida atravesando el proceso de transformación hacia la mariposa alada. Pero, en general, el individuo no cuenta con la protección de un capullo para llegar al final del proceso de transformación encerrado y en paz. Debe permanecer en el lugar que ocupa en la vida y esto sucede así, especialmente en los tiempos que vivimos – y tiene que continuar cumpliendo con sus obligaciones familiares, profesionales y sociales lo mejor que pueda. Su problema sería parecido al de un ingeniero que tuviera que reconstruir una estación de tren sin interrumpir el tráfico.

A pesar de los retos de la tarea, a medida que va haciendo el trabajo, es consciente del progreso paulatino y creciente. Su vida está inspirada por la sensación de que tiene un sentido y un propósito, y las actividades ordinarias son revitalizadas y ennoblecidas por la toma progresiva de consciencia de estar situadas en un plan más amplio. A medida que pasa el tiempo, adquiere un reconocimiento más claro y completo de la naturaleza de la realidad, del ser humano, y de su propia naturaleza superior. Comienza a desarrollar un marco conceptual más coherente que le permite entender mejor lo que observa y vive, y que le sirve, no sólo como medio para guiarse hacia un conocimiento ulterior, sino también como fuente de serenidad y orden en medio de las circunstancias cambiantes de la vida. Como consecuencia, experimenta una maestría cada vez mayor en tareas que le parecían previamente superiores a sus fuerzas. Actuando cada vez más desde un centro superior unificado de la personalidad, armoniza los elementos diversos de su personalidad en una unidad progresiva, y esta integración más completa le aporta mayor eficacia y más alegría.

Durante un largo período de tiempo, éstos son los resultados que generalmente se observan a partir de un proceso de transmutación de la personalidad bajo el impulso de las energías supraconscientes. Pero el proceso no se desarrolla siempre con tranquilidad absoluta. Y esto no es sorprendente, dadas las tareas complejas que implican rehacer la personalidad en medio de las circunstancias de la vida ordinaria. Como regla general, casi siempre se atraviesan algunas dificultades, y pueden observarse fases temporales en las que se manifiesta justamente lo contrario de lo que acabo de describir.

Esto ocurre con frecuencia inmediatamente después de que ha pasado la marea de exaltación, y la persona emprende la doble tarea simultánea de auto-transformarse y de enfrentarse a las numerosas demandas de la vida cotidiana. Aprender a utilizar las energías de este modo toma un tiempo, y puede ser que pase un largo período antes de que puedan realizarse estas dos tareas de una manera equilibrada, y de que sean reconocidas al final como una sola. En consecuencia, no es sorprendente encontrarse con etapas en las que la persona está tan dedicada a su proceso de auto-transformación que su capacidad para enfrentarse con éxito a los problemas y actividades de la vida normal parece haber disminuido. Si se observa desde fuera y se juzga desde unos parámetros ordinarios de eficacia, puede parecer que es menos eficaz que antes. Durante esta fase transitoria, puede que le lluevan juicios injustos por parte de amigos y terapeutas bienintencionados pero no iluminados, y tal vez se convierta en blanco de observaciones punzantes y sarcásticas acerca de sus nobles ideales espirituales y aspiraciones, volviéndole débil e ineficaz en la vida práctica. Este tipo de críticas suele ser muy doloroso, y su influencia puede suscitar dudas y desánimo.

Estos juicios constituyen una de las pruebas que tal vez haya que enfrentar en el sendero de la autorrealización. Su valor reside en el hecho de que proporcionan una lección para superar la sensibilidad personal, y son una ocasión para desarrollar sin resentimiento la independencia interior y la auto-confianza. Deben ser aceptados con alegría, o al menos con serenidad, y utilizados como una oportunidad para desarrollar la fortaleza interior. Por otra parte, si las personas que rodean al sujeto implicado están iluminadas y son comprensivas, pueden ayudarle enormemente y ahorrarle muchas fricciones y sufrimientos innecesarios.

Con el tiempo, esta fase desaparece y la persona aprende a dominar su doble tarea y a unificarla. Pero cuando no se reconocen y se aceptan las complejidades de la tarea, las tensiones naturales del crecimiento que conlleva el proceso pueden verse exacerbadas, durar largos períodos de tiempo, o volver una y otra vez con una frecuencia innecesaria. Esto ocurre sobre todo cuando la persona se dedica demasiado a su proceso de auto-transformación, excluyendo el mundo exterior con una introversión excesiva y unilateral. Los períodos de sana introversión son naturales en el crecimiento humano. Pero si se llevan al extremo o se prolongan en una actitud general de retirada de la vida del mundo, la persona puede atravesar muchas dificultades, no sólo con amigos, compañeros de trabajo y familiares, impacientes y críticos, sino también por dentro, ya que la introversión natural se convierte entonces en auto-obsesión.

Más en Assagioli
Psicosíntesis

La contraindicación aparece en el caso de ciertos tipos que están demasiados predispuestos para ser...

El Miedo a Sufrir

Uno de los mayores obstáculos que se oponen a nuestro desarrollo espiritual es el miedo...

Cerrar