Pueden surgir dificultades parecidas si la persona no se enfrenta con los aspectos negativos de sí misma revelados en el proceso del despertar espiritual. En lugar de transmutarlos, puede huir de ellos mediante fantasías internas de haber alcanzado la perfección o mediante soluciones imaginarias. Pero el reconocimiento suprimido de sus imperfecciones reales sigue persiguiéndole, y los que le rodean contradicen sus fantasías. Bajo el estrés de esta dualidad es probable que la persona sucumba a una serie de desarreglos psicológicos, como insomnio, depresión emocional, agotamiento, aridez, agitación mental y ansiedad. A su vez, éstos pueden provocar toda clase de síntomas y de perturbaciones físicas.

Muchos de estos desórdenes pueden reducirse en gran medida, o ser eliminados totalmente, continuando el proceso de crecimiento con energía, dedicación y celo, pero sin identificarse con él. Este cultivo de un compromiso desidentificado proporciona a una persona la flexibilidad necesaria para el cumplimiento óptimo de su tarea. El individuo puede en este caso aceptar las tensiones necesarias del nuevo y complejo proceso; puede negarse a caer en la auto-compasión originada por el perfeccionismo frustrado; puede aprender a mirarse a sí mismo con humor y estar dispuesto a experimentar cambios y a arriesgarse; puede cultivar una paciencia alegre; y puede acudir en busca de ayuda y guía a personas competentes, sean terapeutas profesionales, consejeros o amigos sensatos, aceptando sus limitaciones momentáneas.

Otras dificultades pueden venir de un esfuerzo personal excesivo para acelerar realizaciones superiores mediante la inhibición y la represión forzadas de los comportamientos agresivos y sexuales. Intento que sólo sirve para producir la intensificación de los conflictos y sus efectos. Dicha actitud suele ser el resultado de una moral y de unos conceptos religiosos demasiado rígidos y dualistas. Estos conducen a la reprobación de los comportamientos naturales como malos o pecaminosos. Hoy día, un gran número de personas han abandonado conscientemente estas actitudes, pero quizá estén todavía condicionadas inconscientemente por ellas en algún grado. Puede ser que manifiesten oscilación o ambivalencia entre dos actitudes extremas: la supresión rígida, o la expresión incontrolada de cualquier tipo de comportamiento. Esta última actitud, aunque es catártica, no es una solución aceptable desde el punto de vista ético ni psicológico. Produce inevitablemente nuevos conflictos entre los diversos comportamientos básicos, o entre éstos y los límites impuestos por las convenciones sociales y por las exigencias de las relaciones interpersonales.

La solución reside más bien en una reorientación paulatina y en una integración armoniosa de todos los comportamientos de la personalidad; en primer lugar, mediante su propio reconocimiento, aceptación y coordinación y, después, mediante la transformación y la sublimación de la parte de energía sobrante o no utilizada. Se puede facilitar enormemente el logro de esta integración activando las funciones supraconscientes y encaminándose voluntariamente hacia la realización del Yo transpersonal. Estos objetivos más amplios y elevados actúan como un imán que absorbe la libido o energía psíquica invertida en movimientos inferiores.

Una última dificultad, que merece ser mencionada, puede presentársele a una persona durante los períodos en los que el flujo de energías supraconscientes es constante y abundante. Si no se controla con sensatez, este flujo de energía puede desbordar en una excitación y actividad febriles o, por el contrario, puede retenerse sin ser utilizada ni expresada, de manera que, al acumularse, su excesiva presión puede causar problemas físicos. La solución apropiada es dirigir estas energías de manera voluntaria, constructiva y armoniosa hacia el trabajo de regeneración interior, la expresión creativa y el servicio útil.

El papel del guía

Estos son tiempos en los que cada vez más personas están viviendo un despertar espiritual. Por ello, puede ser que terapeutas, consejeros, profesionales del campo de los servicios, así como personas no profesionales pero bien informadas, sean requeridas para actuar como guías y puntos de apoyo de las personas que atraviesan un despertar espiritual. Puede ser útil por esto considerar el papel de los que puedan encontrarse cerca de cualquiera de ellas y algunos de los problemas que pueden surgir.

En primer lugar, es importante permanecer consciente de un hecho esencial: mientras que los problemas que se producen durante las diferentes fases de autorrealización puedan ser externamente muy similares a los de la vida ordinaria, y, a veces, parecer idénticos, sus causas y significado son muy diferentes; en consecuencia, la manera de enfrentarse con ellos debe ser también diferente. En otras palabras, la situación existencial en ambos casos no sólo no es la misma, sino que en algún sentido es la contraria.

Las dificultades psicológicas de la persona ordinaria tienen generalmente un carácter regresivo. Las sufren las personas que no han sido capaces de realizar alguno de los imprescindibles ajustes internos y externos que forman parte del desarrollo normal de la personalidad. En respuesta a situaciones difíciles, regresan hacia modos de comportamiento adquiridos en la infancia, o bien nunca han crecido realmente más allá de ciertos patrones infantiles, aunque no sean reconocidos como tales.

Por otro lado, una guía con orientación espiritual, o que posea al menos una comprensión y una actitud de simpatía respecto a los logros y realidades superiores, puede ser de gran utilidad cuando una persona se halla en la primera etapa lo que suele ser el caso más frecuente – de insatisfacción, inquietud y de tanteo inconsciente. Si ésta ha perdido su interés por la vida, si la existencia cotidiana no le atrae, si está buscando alivio en dirección equivocada, recorriendo callejones sin salida, y si no ha tenido todavía una vislumbre de la realidad superior, la revelación de la causa real de su trastorno y la indicación de la solución esperada de la salida acertada de la crisis – pueden ayudar enormemente a producir el despertar interior que, en sí mismo, constituye la parte esencial de la resolución.

La segunda fase, la de excitación o entusiasmo emocional que el individuo implicado puede manifestar con un apasionamiento excesivo, acariciando la ilusión de haber llegado a una realización permanente, exige una advertencia diplomática de que su estado de beatitud es forzosamente temporal; hay que indicarle las vicisitudes que tiene todavía que atravesar en su camino. Esto le preparará para la aparición de la reacción inevitable de la tercera etapa, que implica frecuentemente, como ya hemos dicho, una reacción dolorosa y, a veces, una profunda depresión, cuando la persona sufre el bajón de su experiencia superior. Si ha sido prevenida con anterioridad, se evitará mucho sufrimiento, dudas y desánimo. Cuando no ha tenido la ventaja de haber sido advertida, el guía puede proporcionar mucha ayuda asegurándole que su estado es temporal y en absoluto permanente o desesperado, como puede estar inclinada a creer. El guía debe perseverar en informarle de que el resultado gratificante de la crisis compensa la angustia que está sufriendo, por intensa que ésta sea. Se le puede proporcionar un gran alivio y aliento citando ejemplos de muchas personas que han pasado por una situación difícil similar y han salido de ella.

En la cuarta etapa, durante el proceso de transmutación que es el más largo y difícil – el papel del guía es más complicado. Algunos aspectos importantes de su labor son:

– Aclarar a la persona lo que realmente está ocurriendo dentro de ella, y ayudarle a encontrar la actitud justa que debe adoptar.

– Enseñarle a controlar y dominar sabiamente los comportamientos que surgen del inconsciente, mediante la utilización experta de la voluntad, sin reprimirlos temiéndolos o condenándolos.

– Enseñarle las técnicas de transmutación y sublimación de las energías sexuales y de las energías agresivas.

– Ayudarle a reconocer y a asimilar correctamente las energías infundidas desde el Ser y los niveles supraconscientes.

– Ayudarle a expresar y a utilizar dichas energías con amor y en servicios altruistas. Esto es particularmente valioso para contrarrestar la tendencia a la introversión y a un excesivo egocentrismo que se produce frecuentemente en ésta y otras fases del auto-desarrollo.

– Guiarle a través de las distintas fases de reconstrucción de la personalidad alrededor de un centro interno superior, es decir, de la realización de su psicosíntesis espiritual.

A lo largo de este artículo he subrayado el aspecto más doloroso y difícil del desarrollo espiritual, pero no debería deducirse de ello que los que están en el camino de la autorrealización sean más propensos a verse afectados por trastornos psicológicos que los demás hombres y mujeres. Con frecuencia no se da la etapa del sufrimiento más intenso. El desarrollo de muchas personas se lleva a cabo de un modo armonioso, de manera que se superan las dificultades internas y se atraviesan las diferentes etapas sin que se produzcan reacciones graves de ninguna clase.

Por otra parte, los desórdenes emocionales o los síntomas neuróticos del hombre y de la mujer ordinarios suelen ser más graves, profundos y difíciles de sobrellevar para ellos, y de tratar para los terapeutas, que los relacionados con la autorrealización. Frecuentemente es difícil enfrentarse a ellos satisfactoriamente cuando no han sido todavía activados los niveles y funciones psicológicas superiores de estas personas – porque no hay muchos puntos de referencia a los que se pueda recurrir que estimulen el hacer los sacrificios necesarios o aceptar la disciplina requerida para producir los ajustes imprescindibles.

Los problemas físicos, emocionales y mentales que surgen en el camino de la autorrealización, por graves que puedan parecer, son simples reacciones temporales, subproductos por llamarlos de alguna manera – de un proceso orgánico de regeneración y de crecimiento internos. Por lo tanto, o bien desaparecen de manera espontánea, cuando termina la crisis que los ha producido, o bien remiten con facilidad con tratamiento adecuado. Además, los sufrimientos causados por períodos de depresión y por la disminución de la vida interior se ven abundantemente compensados por períodos de irrupción renovada de energías supraconscientes, y por la previsión de la liberación y del robustecimiento de toda la personalidad que produce la autorrealización. Esta visión constituye una poderosa inspiración, una inefable calma y una fuente inagotable de fuerza y valor. Por eso, como ya hemos dicho, es muy útil dar una importancia especial a recordar esa visión lo más vívida y frecuentemente que sea posible. Uno de los mayores servicios que podemos hacer s los que luchan en el camino es ayudarles a conservar siempre presente ante sus ojos la visión de la meta.

De este modo se puede tener una visión de antemano y un anticipo del estado de consciencia del Yo autorrealizado. Es un estado de consciencia caracterizado por la alegría, la serenidad, la seguridad interna, un sentimiento de poder tranquilo, una comprensión clara y un amor radiante. En sus aspectos superiores es la realización del Ser esencial, de la comunión y de la identificación con la Vida Universal.

Roberto Assagioli

Extractado por Julián Alvarez de
S, Grof.- El Poder Curativo de las Crisis.-Kairós

Más Información:
R. Assagioli.- Ser Transpersonal.- Gaia.

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