Si alguno tiene cierto interés en ser amado por nosotros, se guardará mucho de hacernos algo que sabe que nos desagradaría; nos trata como queremos ser tratados. Nosotros odiamos la verdad, bien, él nos la esconde; queremos ser adulados, él nos adula; queremos ser engañados, él nos engaña. Por esto, cada escalón de buena fortuna que nos eleva en el mundo nos aleja siempre más de la verdad; porque nos cuidamos siempre más para no herir a aquellos cuyo afecto es más útil y cuya enemistad es más dañosa. Aun cuando el otro no tenga la razón, es conveniente dejar a salvo su amor propio. Así, la vida humana es una perpetua ilusión; no se hace más que engañarse y adularse mutuamente. Ninguno habla de nosotros en nuestra presencia como hablaría en nuestra ausencia. El hombre, pues, no es más que simulación, mentira e hipocresía, tanto respecto a sí mismo como respecto de los demás. No quiere que se le diga la verdad; evita decirla a los demás, y estas disposiciones suyas, tan lejanas de la justicia y de la razón, tienen una raíz natural en su corazón.

Mire el hombre los astros y los planetas que pueblan el firmamento. Vea cómo su número es infinito, cómo su vastedad es infinita y vea también cómo su Tierra no es más que un punto que gira en medio de esa inmensidad. Nuestra mirada no es capaz de abarcar sino una parte de todo eso. Nuestra imaginación avanza más allá; pero se cansará antes que pueda imaginar todos los objetos de admiración que le puede proporcionar la naturaleza. Todo este mundo visible no es más que un trozo imperceptible en su amplio seno.

La miseria se deduce de la grandeza y la grandeza de la miseria. Algunos han demostrado tanto más la miseria cuanto más han tomado por prueba la grandeza: y los otros han deducido la grandeza con tanta mayor fuerza por haberla sacado de la miseria misma. Esta doble condición del hombre es tan evidente que algunos han pensado que nosotros tenemos dos almas, Un sujeto simple les parece a ellos incapaz de similares y tan súbitas variaciones desde una desmesurada presunción a un espantoso descorazonamiento.