El hombre no sabe en qué puesto colocarse; está visiblemente descaminado y caído de su verdadero lugar sin poder volverlo a encontrar. El lo busca por todas partes, lleno de inquietud, pero sin éxito, en medio de tinieblas impenetrables.

Estime ahora el hombre su valor; ámese, porque tiene en sí una naturaleza capaz de bien; pero no por esto ame las bajezas que tiene en sí. Desprecie estas bajezas porque son infecundas, pero no por esto desprecie esta capacidad natural suya, Tiene en sí la capacidad de conocer la verdad y de ser feliz; quisiera, por lo tanto, llevar al hombre a desear encontrarla, y a estar pronto libre de las pasiones para seguirla donde la encuentre, sabiendo cuánto ha quedado disminuido su conocimiento por las pasiones. Quisiera que odiase en sí la concupiscencia, que lo determina por sí sola, para que ella no lo ciegue más en su elección y no lo paralice cuando ya haya elegido.

Hay muchos que se equivocan tanto más peligrosamente cuanto que toman una verdad como comienzo de su error. Su culpa no consiste en seguir una falsedad, sino en seguir una verdad con exclusión de otras.

Si el hombre no hubiese sido jamás corrompido, gozaría de su inocencia, de la verdad y de la felicidad con toda seguridad. Y si el hombre hubiera estado siempre corrompido, él no tendría idea alguna ni de la verdad ni de la beatitud. Somos incapaces de dejar de desear la verdad y la felicidad y no somos capaces de conseguirlas. Este deseo se nos ha dejado tanto para castigarnos como para hacernos sentir desde qué condición hemos caído.

La religión es una cosa tan grande, que es justo que los que no quieran tomarse la molestia de buscarla, sean privados de ella. Por qué esas quejas si es tal que buscándola puede ser encontrada?

Para que una religión sea verdadera es necesario que ella haya conocido nuestra naturaleza. Ella debe haber conocido tanto la grandeza como la miseria, y la razón tanto de la una como de la otra, cuál las ha conocido fuera de la cristiana?
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Sin la transmisión del pecado original, sin este misterio que es el más incomprensible de todos, nosotros somos incomprensibles a nosotros mismos. El nudo de nuestra condición se desarrolla y se entrelaza en este abismo. De suerte que el hombre es más incomprensible sin este misterio que lo que es este misterio para el hombre.