La fuente de todas las herejías es la exclusión de algunas verdades; y la fuente de todas las objeciones que nos hacen los heréticos es la ignorancia de alguna de esas verdades.

Es preciso juzgar lo que es bueno o malo según la voluntad de Dios, que no puede ser ni injusto ni ciego, y no por la nuestra, siempre llena de malicia y de error.

Aquellos a los que Dios ha dado la religión por sentimiento del corazón son bien dichosos y bien persuadidos. Mas a aquellos que no la tienen podemos procurársela por razonamiento, esperando que Dios quiera imprimírsela en el corazón; sin lo cual la fe es inútil para la salvación.

Cosa buena es estar cansado y fatigado de la inútil busca del verdadero bien a fin de tender los brazos al Libertador.

Los hombres tienen menosprecio por la religión, le tienen odio y miedo de que sea verdadera. Para corregir esto conviene empezar por demostrar que la religión no es contraria a la razón: luego que es venerable, e infundir respeto por ella. Después, hacerla amable, hacer desear a los buenos que sea verdadera; y, en fin, demostrar que ella es verdadera. Además, es venerable, porque ha conocido bien al hombre; y amable, porque le promete el verdadero bien.

Las condiciones más cómodas para vivir según el mundo son las más difíciles para vivir según Dios. Al contrario, nada es más difícil, según el mundo, como la vida religiosa: nada más fácil, según Dios. Nada tan cómodo como un gran empleo y grandes bienes, según el mundo; nada más difícil que vivir en él según Dios, sin tomar en ello parte y gusto.

Digo que el corazón ama naturalmente a Dios; y se ama naturalmente a sí mismo si a ello se entrega; y se endurece entre lo uno y contra lo otro, según elige. Es el corazón el que siente a Dios y no la razón. La fe es esto: Dios sensible al corazón, no a la razón,

La inmortalidad del alma es una cosa que nos importa tanto, que nos interesa profundamente, que es fuerza haber perdido todo sentimiento para permanecer en la indiferencia sobre saber lo que es. Todas nuestras acciones y todos nuestros pensamientos deben tomar una ruta tan diferente, según que podamos esperar o no bienes eternos, que es imposible dar un paso en la vida con buen sentido y juicio, como no sea reglándolo según las ideas que se tengan sobre ese punto, que ha de constituir nuestro supremo fin.

Alberto Carvajal

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