El punto esencial es el de quedar profundamente dormido en medio de esta práctica.

Este ejercicio remodela el carácter, plasmando virtudes y méritos. El estudiante podrá descubrir que la conducta visualizada se convierte en activa, sin tensión y sin oposición. En alguna medida transforma el karma. Como la mente es la base verdadera de toda circunstancia, son afectadas todas las situaciones futuras cuando las imágenes mentales son intensamente sustentadas durante el ejercicio.

Con el tiempo, en momentos inesperados de su rutina, se dará cuenta de una fuerza interior que, paradójicamente, le resulta grande en la medida en que reconoce que eiia deriva de una fuerza que está más allá de él mismo, algo que es universal e impersonal. Deriva del oculto observador. Así aprende a separar al “alma” impersonal de su yo activo por una comprensión metafísica de ambos aspectos en sí mismo, junto con el esfuerzo periódico de bifurcar su consciencia.

Una meditación sobre el ser temporal

Bastan tres minutos para este ejercicio que se realiza durante la actividad rutinaria o en momentos libres. Es importante entrenarse a comenzar la práctica de súbito, abandonando de inmediato todos los demás pensamientos, para sumirse en la perspectiva que este ejercicio requiere. Se debe rechazar bruscamente todo pensamiento o deseos que se tenga en ese momento, suprimiendo toda referencia personal, ubicándose en la posición mental de un hombre que despierta de un sueño y que se da cuenta que estaba desempeñando un papel protagónico en ese sueño y que al mismo tiempo era el testigo de ese sueño. Debe
apartarse y caer en una indiferencia respecto de sus intereses preocupaciones o placeres. Debe tener presente que, detrás de todos los pensamientos que cambian, la consciencia que los observa permanece inmutable. Debe tratar de identificarse con esa consciencia inmóvil e inalterable, desentendiéndose de su consciencia habitual.

Lo ayudará en su esfuerzo la reflexión sobre la relación entre el soñador despierto y el soñador dormido. El estudiante debe comprender que todas las experiencias asumen forma en el espacio y tienen una consecución temporal. El elemento testigo no tiene forma alguna y está libre del tiempo. Debe abandonar temporalmente la creencia convencional y pensar que el espacio y el tiempo están viajando en él en su individualidad superior. Es muy importante que logre separarse del mundo temporal total y bruscamente.

La meditación voluntaria en el observador infinito que siempre está en él y dentro de él, desata cada eslabón de su cadena. Para el hombre resulta imposible imaginar la vida fuera del tiempo de la Mente Universal, sin embargo, puede experimentar el sin tiempo de la pura Mente, igual que su Yo Superior, que es el hecho siempre presente en su vida. Hallará en sí mismo la comprensión de aquello que la razón afirma y que la religión señala: que el alma es atemporal.

Una meditación sobre el soñar

Cuando la persona se dispone a dormir, debe dirigir sus pensamientos al futuro, procurando imprimir fuertemente en su consciencia la sugestión de que sus próximos sueños sean lógicos, luego debe figurarse a sí mismo atravesando determinadas experiencias, como protagonista de dichos sueños. Tienen que ser racionales y lógicos. Debe verse como si estuviera despierto por la fuerza en su propio sueño, conservando la consciencia de que está soñando, pero no consciente del mundo físico que ha dejado atrás. La mente debe estar absolutamente atenta y nada debe apoderarse en esos momentos de ella.

Es muy útil tomar nota de los sueños más vívidos y lúcidos, en forma resumida. Si se desea recordar más detalles de un sueño, es conveniente no incorporarse bruscamente de la cama. Su concentración debe estar enfocada sólo sobre el pensamiento del último momento del sueño.

El estudiante convencido de la verdad del poder de la mente, tendrá rápidamente éxito en esta empresa, porque en su ser íntimo puede conservar la verdad de que todas sus experiencias son construcciones mentales, y esta verdad la podrá aplicar fácilmente a su actividad onírica. Debe pensar que en su vida diaria, lo que hace en un momento es al momento siguiente algo semejante a un “sueño”, porque se irá al pasado y sólo se puede recuperar recordándolo.

Este ejercicio se debe efectuar con perseverancia y con el tiempo podrá sentir que está despierto en medio de sus sueños. La persona que ha obtenido resultados, los que son paulatinos, tendrá sueños muy vívidos, con juicio crítico y coherencia, porque todas sus facultades, juicio, memoria, voluntad, etc., trabajan como en estado de vigilia. Se debe utilizar este ejercicio para dar impulso a las ideas más elevadas. Tendrá que mantener la ética, es muy importante para no exponerse a peligros.

El soñador en la condición correcta puede obtener que ocurran cosas que su voluntad determine. Podría visitar lugares distantes o conversar con personas alejadas de él. Se sentirá exaltado al sentir que tiene la capacidad de plasmar la existencia. No obstante, deberá tener presente que todo es una aventura de la fantasía y al despertar volverá a su realidad cotidiana. Con el tiempo, al concentrar su atención en un suceso o una persona durante su sueño, comprobará que se está desarrollando en él una especie de clarividencia.

La vida onírica se transforma – con la meditación sobre el soñar – en un logro práctico porque el dormir se plasma en horas conscientes en las que se puede realizar una labor mental y un trabajo espiritual favorable para los demás. El valor metafísico estriba en su clara comprensión acerca de la índole del mundo exterior y de la persona que experimenta dicho mundo. El valor místico se encuentra en su poder para dividir la consciencia en dos partes: una, el observador impersonal que siempre es el mismo y la otra, la personalidad que experimenta los cambios.

La finalidad principal de la meditación, no es inducir a vivir en un universo de fantasía, sino introvertir la atención, con el objeto de abandonar el punto de vista personal. Si la intención del estudiante ha sido pura, percibirá en algunos momentos durante la vigilia una especie de estado de ánimo de ensoñación carente de tema. Si es así, la representación plástica de su rostro o cuerpo se presentará una y otra vez y de manera vívida ante sus ojos. Si es posible mantener esta visión firmemente, se manifiesta la próxima etapa. Consiste en tener una sensación bien definida de estar separado del cuerpo y colocado detrás o encima como un espíritu desencarnado, lo que es una descripción literal del hecho.

El estudiante no debe asustarse por esta experiencia porque desaparecerá sin ningún daño para nadie. Con el tiempo el estudiante descubrirá que otra presencia ha nacido a la vida, dentro de su órbita mental: una presencia etérea. Debe mantenerse en esta atmósfera divina, desde el primer momento que ronde en torno a él.

Una meditación sobre el dormir

Hay un momento entre el sueño y el estado de vigilia, un muy pequeño instante, en el que la consciencia sólo es consciente de sí misma, igual situación sucede al entrar al dormir, ambos son momentos fundamentales.

Este ejercicio debe efectuarse en la noche, justo antes de dormir. El proceso del dormirse empieza por los pies y continúa hasta la cabeza. Este es el momento en que se filtra el mundo desde la consciencia a través de los cinco sentidos, después de esto la persona se duerme. La pausa previa al dormirse, de una fracción de segundo, es la que hay que vigilar en extremo. Debe evitarse que la atención fluctúe y se
desconcentre.

El estudiante debe superar la pérdida total de consciencia, conquistando el proceso del dormir. No se trata de impedir el dormirse, sino en no caer en la total ignorancia que le ocurre al entrar a ese estado. Tiene que lograr mantener su consciencia alerta, aún cuando su cuerpo y su facultad de pensar se hallen en completo reposo. Debe observarse a sí mismo y mantenerse alerta para resistir el advenimiento del sueño en esa fracción de segundo.

Este es el momento en que el hombre común puede perder hasta el más pequeño germen de conciencia durmiéndose. El estudiante, en cambio, por medio de su práctica, transforma este momento en la capacidad de penetrar a la luz misma.

El estudiante que logra retener el “punto crucial” pasa de ese estado al de la Mente – el trasfondo de todos sus conscientes momentos mentales – y lo retiene como un vislumbre de total vacío a lo largo de toda la noche. Si lo logra, caerá en una completa auto absorción. El cuarto estado – turiya – le llegará sin darse cuenta. En un momento estará en el común estado de vigilia y en el momento que sigue estará en el estado trascendental. El proceso de transición tiene lugar en un lugar fuera de su propia consciencia. Se dará cuenta entonces que se encuentra en un nuevo universo del ser.

Este ejercicio se puede practicar también en la mañana, pero no presenta las mismas garantías. Deberá cerrar los ojos e interiorizar inmediatamente la atención, enviando sus primeros pensamientos a esa fracción de segundo previo al despertar, dejando que el mundo permanezca a distancia por unos minutos. Tiene que llenar esos minutos con una concentrada búsqueda de realización. Podrá descubrir que le es posible experimentar intermitentes vislumbres de esta trascendencia durante las actividades del día.

Quien sea que logre este estado trascendental, ya nunca más caerá en la completa inconsciencia. Nunca se hundirá en el sopor del dormir. Por supuesto, dormirá, pero su sueño no carecerá de consciencia.

Para conseguir este resultado se requiere un prolongado entrenamiento. El estudiante que logra realizar esta práctica, descubrirá que la consciencia trascendental lo acompañará hasta en sus actividades más febriles, en forma intermitente durante el día y en forma constante durante la noche.

Lo curioso del oculto observador, es que está mucho más despierto cuando estamos más dormidos y que está perfectamente consciente cuando estamos absolutamente inconscientes. Es el “Yo” que está siempre alerta, es nuestro ser verdadero. Es la esencia misma de toda consciencia y por lo tanto la esencia misma de los otros tres estados: dormir sin sueños, dormir con sueños y vigilia. Es atemporal, aespacial, inmaterial, sin causa, impersonal y libre.

El dormir, en el estado psicológico actual de la humanidad, puede volverse pleno de iluminación y sentido para la persona evolucionada.

Una meditación sobre el camino de la serpiente

El intervalo que existe entre dos pensamientos es la quietud de la Mente misma. En la consciencia ordinaria este intermedio no es reconocido. El nombre tradicional es “el camino de la serpiente” porque pretende hacer que la atención se deslice como una serpiente que busca y se apodera del estado intermedio de las ideas.

Antes que un silencioso vacío intelectual alejado de toda comprensión, se deberá más bien reconocer la relación entre el pensar como acto y su ser como pensador. Los obstáculos que obstruyen su camino son el pensamiento del mundo y el pensamiento del “yo”. Se logra anularlos comprendiendo que la forma espacio-temporal del mundo incluye sus propios sentidos corporales, así asume la idea del mundo y la trasciende. Con el yo personal debe aplicar el mismo tipo de esfuerzo, porque es el mayor obstáculo.

La consciencia del estudiante debe reparar entre los espacios que dejan entre sí los pensamientos y conseguir extenderlos cada vez más. Para obtener este resultado debe mantener una atención alerta, dinámica y perseverante. La mente encuentra su propio significado como una intuición, porque la visión interior irrumpe en forma inesperada, repentina y espontánea y debe asírsela con el objeto de que no escape.

Esta meditación tiene tres etapas: en la primera, la consciencia exterior comienza a desaparecer hasta que se esfuma; en la segunda, el sentido de la personalidad se esfuma también; la tercera es la etapa más profunda y en ella sólo permanece la existencia amorfa, ilimitada y atemporal.

Se percibe un estado de iluminación suprema, el estudiante se siente vacío y liviano, ha perdido la consciencia del cuerpo, sin embargo, el sentido de la existencia es muy fuerte, aunque no hay sensaciones de existencia física. Se desvanece la dualidad entre el mundo experimentado y el hombre que experimenta. No hay rapto emocional, ni razonamiento, la voluntad se anula, la imaginación desaparece, la personalidad se vuelve completamente pasiva, los sentidos se aquietan. En este concepto del Pensamiento inconcebible, del puro Pensamiento, se abre el tercer ojo que le permite ver lo que siempre él es y lo que “es” ha retornado a la unidad primordial del ser Vacío infinito: a la Mente Universal.

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