A comienzos de 1944, luego de la fractura de un pie, Jung sufrió un infarto cardíaco. Como
consecuencia de eso, salió de su cuerpo y vivió una serie de experiencias extraordinarias, como contemplar el globo terráqueo a la distancia, que él calculó de unos l.500 Km. Transitó por diferentes dimensiones del espacio y se encontró con impactantes personajes. Desafortunadamente para él, su médico lo trajo de regreso y tuvo que transcurrir varias semanas para que se conformara con volver a estar encerrado en su cuerpo que le parecía un cajoncito después de que todo el espacio era suyo !

En su libro “Psicología y alquimia” de 1944, Jung expone que desde el punto de vista psicológico “este mito expresa un proceso inconsciente de proyección existente en el pleroma o la esfera espiritual trascendente de la consciencia.”

Amplía sus conocimientos alquímicos en Paracelso aparecido en 1952. Su estudio sobre Paracelso le hizo captar la esencia de la alquimia.

El conocimiento simbólico de Jung, que se extendía a las tradiciones del extremo oriente y englobaba también aspectos dejados de lado de la historia de los dogmas cristianos y de la tradición oculta, siempre ha impactado considerablemente al pensamiento. Él, el hijo del pastor que no frecuentaba la Iglesia, no veía contradicción en el hecho en que se sentía particularmente devoto del esoterismo occidental (la Gnosis, el Grial, la alquimia, etc.) de manera que se le podría titular en justicia como un esoterista cristiano.

Jung expone que el símbolo que determina el arquetipo de nuestra cultura, es la imagen de Cristo, la ha estudiado detenidamente en su obra “Aion” de 1951. Allí trata la aparición histórica, devenir, transformación y posible renovación de aquel ser llamado El Cristo.

En 1952 publicó La Interpretación de la Naturaleza y de la Psique, donde expone el fenómeno de la sincronicidad.

En su libro Simbología del espíritu, 1953, expresa, que es misión nuestra conciliar dos potencias en nosotros: la consciencia y el inconsciente.