En términos simples, las diferencias de concepto entre los dos psicólogos pueden expresarse así: Freud concentraba más particularmente sus búsquedas sobre el inconsciente personal, con todo lo que se relaciona con lo olvidado y lo rechazado, dando una importancia particular a los impulsos sexuales, en tanto que Jung, reconociendo este punto de vista, agregaba la noción del inconsciente colectivo supra-individual. Aunque él practicaba también con convicción el método empírico, comprendía a partir de sus observaciones personales y de su trabajo clínico que las producciones más importantes de la psiquis no eran simples fragmentos psíquicos sumergidos en el olvido o rechazados por la consciencia. En ciertos grandes sueños este inconsciente colectivo podía manifestar en forma simbólica un saber por el cual el hombre contemporáneo estaba ligado al depósito de sabiduría y de imágenes de la humanidad. No había ninguna duda que, en estas condiciones, la psicología analítica de Jung reuniera, por un lado un camino espiritual tal como lo describe, por ejemplo, la antroposofía de Rudolf Steiner y, por otro lado, una referencia a la Tradición, como una corriente subterránea, ligando las almas colectivas de todos los pueblos a una Tradición única.

Es de notar que Jung no fue conducido a su psicología de los arquetipos por la vía de la especulación filosófica o por una búsqueda a través de la historia de las religiones y de la espiritualidad, sino que, en su calidad de médico y de empírico, durante su trabajo clínico era empujado también a interesarse por las tradiciones religiosas y espirituales.

En lo que concierne a este empirismo ampliado a lo espiritual, se constata que el proceso de conocimiento de sí entra en él en una fase decisiva, abriéndose sobre nuevos horizontes justo en el momento en que cesó su colaboración con Freud por las razones ya dichas.

En esta época, tuvo un sueño que pudo interpretar de inmediato al despertar. Caminaba con mucha dificultad debido al viento y la ventisca, con una lucecita en la mano, a la cual debía proteger para que no se apagara, y al mirar hacia atrás furtivamente, vio una enorme mancha negra que le produjo pavor. No obstante, siguió protegiendo su luz con esmero.