Al despertar, comprendió que la mancha aterradora, era su propia sombra y tuvo la perspicacia de darse cuenta que el reino de la luz interior, es a la luz de la consciencia una gigantesca sombra.

Jung describe de manera penetrante lo que recoge cuando él observa, en los años 1912/13, una activación desacostumbrada de su inconsciente. Estaba literalmente sumergido en sueños, en visiones insospechadas y en ensoñación despierta que ejercían sobre él un efecto inquietante. Como psiquiatra, reconocía claramente en lo que se desplegaba así delante de sus ojos los elementos de una psicosis. Le era necesario encontrar, a partir de la consciencia del yo despierta, una manera de tratar estas imágenes. Eso fue lo que consiguió hacer, afirmándose más resueltamente en su realidad cotidiana de esposo, de padre de familia y de médico, y dedicándose a actividades artísticas. Así lo reconocía él:

En adelante, cada vez que me encontraba bloqueado en mi vida, pintaba un cuadro o tallaba la piedra, y cada vez esto era como un rito de entrada para los pensamientos y los trabajos por venir

Jung tuvo varios sueños relacionados con muertos de épocas históricas que comienzan a revivir o de una paloma que se transforma en una niñita como mensajera del reino de los muertos. Estos sueños le producían mucha tensión. Para aliviarse un poco, empezó a jugar con piedras a la orilla del lago y a construir con ellas un pueblo con su iglesia. Esto lo repitió durante toda su vida. También pintaba cuadros, o cincelaba en una piedra un rostro que parecía mirarlo. Pero los juegos no le disminuían mayormente la tensión. Tenía sueños de baños de sangre y catástrofes en Europa que comprendió después del 1 de agosto de 1914, fecha de inicio de la Primera Guerra Mundial. Sus sueños los interpretó aludiendo a que nuestros ideales conscientes, habían perdido su validez, que el racionalismo ilustrado del siglo XIX, la fe en el progreso y el equívoco afán expansionista, había llegado a su fin, que se estaba preparando una transformación, pero estas profundas transformaciones culturales, son históricamente posibles, sólo con enormes sacrificios.