La percepción es una condición de alineamiento de las emanaciones internas y externas. Este alineamiento es lo que permite estar consciente de ser. La luminosidad exterior atrae la interior y la fija, esta fijación es la consciencia de ser. Las emanaciones externas ejercen una presión en las internas. Esta presión determina el grado de consciencia de ser, es un resplandor en el capullo de los seres vivientes. Es una luminosidad de color ambarino más intenso que el resto del capullo.

Los nuevos videntes dan importancia a las comprensiones profundas que no son productos de la emoción. Es importante tener sobriedad y serenidad. Así alinearon el orden de las verdades de estar conscientes de ser. Hay que usar el mapa para ver, pero no con los ojos. Alinear emanaciones que nunca se usan es “ver”. Cuando los videntes ven, una voz les habla en el oído a medida que se lleva a cabo el alineamiento y les explica todo. Para los nuevos videntes la “voz de ver” es incomprensible. Es el resplandor de estar consciente de ser.

Según los videntes la consciencia de ser es la materia prima y la atención es el producto final. La consciencia de ser empieza a partir de la concepción.

El punto de encaje
La percepción es canalizada por el “punto de encaje” que selecciona las emanaciones externas e internas para alinearlas. El alineamiento que percibimos como el mundo, es producto de un lugar específico en nuestro capullo donde está localizado el punto de encaje.

Tratar con los “pinches tiranos” nos hace lograr mover el punto de encaje. Don Juan lo explicó de la siguiente manera: nuestra primera atención debe poner en relieve ciertas emanaciones que provienen de una banda estrecha que se localiza en la consciencia del hombre. Las otras emanaciones permanecen latentes. Las emanaciones puestas en relieve del lado derecho dan origen a la consciencia normal, el tonal, la primera atención. El hombre ordinario le llama “sentido común”. Las emanaciones desechadas o latentes representan el preámbulo de lo desconocido, no son parte de la banda humana y jamás son acentuadas. Los videntes las llaman consciencia del lado izquierdo, el nagual, o la segunda atención.