El intento es guiar la voluntad o guiar intencionalmente la energía de la alineación.

Se debe soñar cuando se está en consciencia normal. Es un proceso peligroso, los soñadores son muy vulnerables, porque el sueño los deja a merced de la fuerza del alineamiento que es enorme. Los videntes observaron que mientras uno duerme, el punto de encaje se mueve ligeramente hacia la izquierda y empieza a hacer resplandecer muchas emanaciones que nunca se usan. Ellos pudieron controlar ese movimiento natural. A ese control lo llaman soñar o el arte de manejar el cuerpo de sueño. No significa dirigirlo. Se debe tener un equilibrio muy sutil, porque no pueden intervenir en los sueños, ni imponer sus deseos en ellos. Sin embargo, el movimiento del punto de encaje, debe obedecer la orden del soñador, esto es en cierto modo una contradicción.

El movimiento del punto de encaje al interior del lado izquierdo es lo que produce los sueños. Mientras más profundo es el movimiento, más vívido y extraño es el sueño. Descubrieron que cuando los sueños son dirigidos, el punto de encaje regresa de inmediato a su lugar de costumbre, se realice consciente o semi conscientemente. Así, llegaron a la conclusión que interferir en los sueños era interferir en el movimiento natural del punto de encaje.

El ejercicio de encontrar las propias manos en un sueño es para mantener el punto de encaje fijo en el lugar al que se había movido en el sueño. Ese es el punto sutil de los soñadores, dirigir la estabilidad de sus puntos de sueño.

El lugar a donde se mueve el punto de encaje durante el sueño, se llama “posición de sueño”. Los videntes podían despertar mientras sus puntos de encaje estaban en posición de sueño, a ese cuerpo se le llama “cuerpo de sueño”.

El procedimiento para llegar al cuerpo de sueño, comienza por un acto continuo, un intento inflexible, que a su vez lleva al silencio interno y éste, a la fuerza necesaria para mover el punto de encaje a posiciones convenientes a esta secuencia. Don Juan la llama “cimiento”. Después viene el desarrollo del control que consiste en mantener en forma sistemática la posición de sueño, aferrándose a la visión del sueño. La práctica facilita sostener la posición de sueño, con esto se fortifica la fuerza interna, y así la fuerza interna mueve el punto de encaje a la posición de sueño, lo que puede fomentar la sobriedad. Los sueños se vuelven más ordenados. Sin sobriedad, el movimiento del punto de encaje es errático como nuestros sueños. La impecabilidad de nuestra vida diaria es el procedimiento para llegar al cuerpo de sueño.