Don Juan aseguró que cualquiera que vea el molde del hombre, supone que es Dios. Expresó que la experiencia mística es un ver fortuito, algo que sucedía una vez en la vida y que no tenía significado porque era debido a un movimiento al azar del punto de encaje. Los nuevos videntes podían emitir un juicio justo, porque ellos eliminaron el ver fortuito y eran capaces de ver el molde del hombre cuantas veces quisieran.

“Vieron” que lo que llamamos Dios es un prototipo estático de lo humano, sin poder alguno, no puede ayudarnos interviniendo a nuestro favor, ni castigarnos ni recompensarnos. Somos una impresión, una moldura, que agrupa a un haz particular de elementos de fibras luminosas que llamamos hombre. El molde suponía sólo un momento de respiro que brinda paz y serenidad transitoria a aquellos que viajan hacia lo desconocido, pero que era estéril y estático. Era a la vez una imagen plana reflejada en un espejo. El espejo en sí y la imagen eran la imagen del hombre. Hay dos maneras de ver el molde del hombre. Se puede ver como un hombre y se puede ver como una luz, eso depende del movimiento del punto de encaje. Si el movimiento es lateral el molde se ve como un hombre, si el movimiento se desplaza a la sección media de la banda del hombre, se ve como luz.

Los videntes recomendaban ver el molde del hombre, porque la posición en que uno ve el molde, es muy cercana a aquella en que aparece el cuerpo de sueño y la barrera de percepción. El punto de encaje se mueve en los sueños a veces a posiciones muy distantes. Nosotros, siempre que experimentamos un cambio, somos expertos en compensarlo y todo sigue como si nada hubiera ocurrido. El nagual impecable, transmite libertad y eso aterroriza a mucha gente.

El viaje del cuerpo de sueño
Según los videntes se puede estar en dos lugares a la vez. Si un nagual está en su cuerpo de sueño, ve las emanaciones del Águila y así puede mover el punto de encaje de otra persona.

Para los guerreros hay dos posiciones del punto de encaje. En una ya no tienen dudas porque lo saben todo, y en la otra – consciencia normal – tampoco tienen dudas porque no saben nada.