Los nuevos videntes dan importancia a las comprensiones profundas que no son productos de la emoción. Es importante tener sobriedad y serenidad. Así alinearon el orden de las verdades de estar conscientes de ser. Hay que usar el mapa para ver, pero no con los ojos. Alinear emanaciones que nunca se usan es “ver”. Cuando los videntes ven, una voz les habla en el oído a medida que se lleva a cabo el alineamiento y les explica todo. Para los nuevos videntes la “voz de ver” es incomprensible. Es el resplandor de estar consciente de ser.

Según los videntes la consciencia de ser es la materia prima y la atención es el producto final. La consciencia de ser empieza a partir de la concepción.

El punto de encaje
La percepción es canalizada por el “punto de encaje” que selecciona las emanaciones externas e internas para alinearlas. El alineamiento que percibimos como el mundo, es producto de un lugar específico en nuestro capullo donde está localizado el punto de encaje.

Tratar con los “pinches tiranos” nos hace lograr mover el punto de encaje. Don Juan lo explicó de la siguiente manera: nuestra primera atención debe poner en relieve ciertas emanaciones que provienen de una banda estrecha que se localiza en la consciencia del hombre. Las otras emanaciones permanecen latentes. Las emanaciones puestas en relieve del lado derecho dan origen a la consciencia normal, el tonal, la primera atención. El hombre ordinario le llama “sentido común”. Las emanaciones desechadas o latentes representan el preámbulo de lo desconocido, no son parte de la banda humana y jamás son acentuadas. Los videntes las llaman consciencia del lado izquierdo, el nagual, o la segunda atención.

Se llama el “golpe del nagual”, la cualidad que tienen los naguales, hombre o mujer, de poder empujar el resplandor de la consciencia y sacarlo de las emanaciones acostumbradas.

Antiguamente los naguales usaban este método para sojuzgar a los aprendices que se transformaban en muy emocionales y los hacían cometer actos siniestros.

El vidente debe tener fuerza para realizar el empuje. El empuje deja una hendidura en el capullo y saca todo el aire de los pulmones. A veces puede producirse una grieta que queda como característica permanente del capullo.

Al desplazar el resplandor de la consciencia, la hendidura agranda el área de la primera atención. La hendidura presiona emanaciones interiores y los videntes ven como la fuerza de esa presión hace que el resplandor de la consciencia brille sobre otras emanaciones en otras áreas. Primeramente se ven sobre la superficie del capullo, pero, si el hombre ha desarrollado su atención, se transmite a emanaciones del interior.

El cambio produce mayor capacidad para concentrarse, comprender y aprender. La consciencia total es “vista” como una explosión incandescente en todo el huevo luminoso, ese es el momento en que el fuego interior los consume. Con plena consciencia se funden a las emanaciones grandes y se expanden en la eternidad.

El lugar del punto de encaje no es una particularidad permanente, la conducta habitual lo sitúa en un sitio específico. Por eso son tan importantes las nuevas acciones con sus posibilidades prácticas. Así se puede cambiar la percepción de manera impresionante.

El punto de encaje se puede desplazar con el silencio interior, mediante la fuerza de voluntad; para eso debemos crear el intento.

Para las verdades de la consciencia de ser, uno debe saber que ese punto debe moverse desde adentro. Para eso la primera atención debe moverse de su punto de absorción en sí misma, porque esa absorción mantiene el punto de encaje fijo. Debe ser flexible. Si no lo es, las personas se desquician porque reaccionan emocionalmente, a diferencia del guerrero que espera con paciencia. La nueva técnica es la comprensión.

Para un vidente, la razón del hombre común no es más que la “auto reflexión de su inventario”. Si uno pierde esa “auto reflexión” pero no pierde los cimientos, uno vive en forma más variada y plena.

Si el punto de encaje alinea otras emanaciones interiores diferentes a las normales, los sentidos humanos perciben de maneras inconcebibles.

Uno olvida cuando sale de la consciencia acrecentada, porque las emanaciones que permiten mayor claridad dejan de estar en relieve. Aprender a recordar, en tales casos, significa volver a acentuar por sí mismos aquellas emanaciones.

Los videntes ven los estados de consciencia acrecentada como un resplandor más profundo y más intenso dentro de la forma ovoide en la superficie del capullo.

En los niños, los videntes no ven un punto de encaje fijo, sus emanaciones están agitadas. Desgraciadamente, con la educación, quedan en un punto fijo. Es porque sus maestros les enseñan el diálogo interno. Los niños “ven” y los que tienen esa condición, son considerados anormales por la mayoría de las culturas.

Las plantas de poder logran que el punto de encaje se mueva, también lo hacen el hambre, la
fiebre, el cansancio, etc.

Cuando los movimientos del punto de encaje son muy leves, producen visiones que se originan en el “inventario del hombre”, es un movimiento lateral que, si llega a los bordes de la banda, hace surgir una basura a veces muy mórbida.

Si el cambio es mínimo, son consideradas fantasías de la mente, si es considerable, se producen alucinaciones. Cuando uno entra en un silencio interior, se rompen los lazos del punto de encaje al sitio en que está fijo y queda así en libertad de moverse. Sin embargo, siempre vuelve, de lo contrario la persona no puede rearmar su mundo.

El punto de encaje puede quedarse en una posición más baja que lo normal,” el movimiento hacia abajo”, pero no permanece mucho tiempo allí. Ese es el lugar de la bestia. Cuando los antiguos videntes movían el punto de encaje hacia abajo, era para poder adquirir formas de animales, a los cuales llamaban naguales. Suponían que podrían adquirir sus características.

Si el punto de encaje cruza un límite crítico, el mundo que conocemos se desmorona, deja de ser lo que es a nivel del hombre.

Para poder llegar a un refinamiento de la percepción, los seres humanos borran algunos alineamientos de ciertas emanaciones que pertenecen a un haz determinado de un objeto que observan, y luego efectúan el alineamiento que desean.

Sólo el ser humano es capaz de agrupar emanaciones dentro de los haces o “racimos” normales. Esta capacidad de “desnatar” hace que veamos nuestra propia realidad, la cual hemos construido nosotros mismos. Podremos sacar la nata, pero deberíamos aprender a mover nuestro punto de encaje.

Las verdades de estar conscientes de ser se llaman también maestría de la consciencia.

En las enseñanzas para el lado izquierdo, en estado de consciencia acrecentada, el punto de encaje se mueve a todas las posiciones que el aprendiz pueda sostener.

En el acecho, que es el control sistemático de la conducta, pero de forma continua, algunas emanaciones internas resplandecen porque se mueven los puntos de encaje. Acechar, según don Juan, implicaba un específico tipo de conducta con la gente, una conducta furtiva. El actuar con los pinches tiranos, obligaba a los videntes a usar el principio del acecho y al hacerlo movían sus puntos de encaje.

Los videntes vieron que el resplandor de la consciencia aumenta de tamaño y de intensidad, conforme las emanaciones interiores del capullo, alineándose con las emanaciones en grande. Ellos aprendieron a manejar ese alineamiento. Lo que estaba involucrado era la energía que surge de la alineación de emanaciones.

A esa energía la llamaron voluntad, la voluntad es un estallido de energía, ciego, impersonal, ininterrumpido, que nos hace comportarnos como lo hacemos. La voluntad es responsable de nuestra percepción del mundo cotidiano e indirectamente de la localización del punto de encaje. Los videntes vieron que la alineación es renovada incesantemente, para que la percepción sea continua. La descarga de energía que procede de esos alineamientos, se redirige automáticamente para reforzar algunos alineamientos selectos.

El intento es guiar la voluntad o guiar intencionalmente la energía de la alineación.

Se debe soñar cuando se está en consciencia normal. Es un proceso peligroso, los soñadores son muy vulnerables, porque el sueño los deja a merced de la fuerza del alineamiento que es enorme. Los videntes observaron que mientras uno duerme, el punto de encaje se mueve ligeramente hacia la izquierda y empieza a hacer resplandecer muchas emanaciones que nunca se usan. Ellos pudieron controlar ese movimiento natural. A ese control lo llaman soñar o el arte de manejar el cuerpo de sueño. No significa dirigirlo. Se debe tener un equilibrio muy sutil, porque no pueden intervenir en los sueños, ni imponer sus deseos en ellos. Sin embargo, el movimiento del punto de encaje, debe obedecer la orden del soñador, esto es en cierto modo una contradicción.

El movimiento del punto de encaje al interior del lado izquierdo es lo que produce los sueños. Mientras más profundo es el movimiento, más vívido y extraño es el sueño. Descubrieron que cuando los sueños son dirigidos, el punto de encaje regresa de inmediato a su lugar de costumbre, se realice consciente o semi conscientemente. Así, llegaron a la conclusión que interferir en los sueños era interferir en el movimiento natural del punto de encaje.

El ejercicio de encontrar las propias manos en un sueño es para mantener el punto de encaje fijo en el lugar al que se había movido en el sueño. Ese es el punto sutil de los soñadores, dirigir la estabilidad de sus puntos de sueño.

El lugar a donde se mueve el punto de encaje durante el sueño, se llama “posición de sueño”. Los videntes podían despertar mientras sus puntos de encaje estaban en posición de sueño, a ese cuerpo se le llama “cuerpo de sueño”.

El procedimiento para llegar al cuerpo de sueño, comienza por un acto continuo, un intento inflexible, que a su vez lleva al silencio interno y éste, a la fuerza necesaria para mover el punto de encaje a posiciones convenientes a esta secuencia. Don Juan la llama “cimiento”. Después viene el desarrollo del control que consiste en mantener en forma sistemática la posición de sueño, aferrándose a la visión del sueño. La práctica facilita sostener la posición de sueño, con esto se fortifica la fuerza interna, y así la fuerza interna mueve el punto de encaje a la posición de sueño, lo que puede fomentar la sobriedad. Los sueños se vuelven más ordenados. Sin sobriedad, el movimiento del punto de encaje es errático como nuestros sueños. La impecabilidad de nuestra vida diaria es el procedimiento para llegar al cuerpo de sueño.

Despertar en una posición de sueño, es sostener el alineamiento de las emanaciones que han sido encendidas por el movimiento del punto de encaje.

No se sabe como ocurre pero, al soñar juntos varios soñadores, comprueban que se encuentran compartiendo la misma visión. Automáticamente la condición humana nos hace enfocar el resplandor de la consciencia en las mismas emanaciones que otras personas están usando.

Cada nagual al final de su enseñanza, tiene que realinear todas las emanaciones que había sido ayudado a alinear a través de esos movimientos del punto de encaje. Esto prepara el camino para encender todas las emanaciones del capullo.

Don Juan explicó que la dificultad de recordar lo que ocurre en la consciencia acrecentada, se debe a las muchas posiciones que puede adoptar el punto de encaje después de ser sacado de su sitio habitual, y la facilidad para recordar todo lo que ocurre en la consciencia normal, se debe a que el punto de encaje está fijo en el sitio que le es habitual.

Este es en verdad el misterio de estar consciente de ser.

El acecho debe usarse sólo en consciencia acrecentada. Para un nagual tiene dos objetivos, mover el punto de encaje con constancia y sin peligro e imprimir sus principios a un nivel lo necesariamente profundo, para que el inventario humano pueda ser pasado por alto y también la reacción de menospreciar algo que pueda ser ofensivo a la razón.

El intento da libertad a las memorias sólo con una gran reserva de energía y una gran impecabilidad.