Según los videntes hay dos tipos de seres humanos: aquellos a quienes les importa la gente y aquellos a quienes no les importa. En la mayoría hay una combinación de ambos.

Al nagual Julián no le importaba nadie, por eso podía ayudar, porque dar o no dar no le importaba. Era un curandero que había sanado a miles de personas, pero nunca quiso que le reconocieran los méritos. La gente creía que era una mujer vidente de su grupo la que curaba, Los que se preocupan por los demás se preocupan por sí mismos y exigen reconocimiento.

Don Juan expresó que él era de los que se preocupan de los demás, jamás había ayudado a nadie. Expresó que si hiciera algo por la gente tendría la sensación de estar imponiendo su voluntad, aunque reconoció sí que, ayudado por el camino del guerrero, había superado ese sentimiento.

Los naguales acechadores pueden conducir a las personas – porque son líderes naturales – a la felicidad o
a la desgracia.

Don Juan dijo que entre los videntes hay dos métodos de enseñanza:
Él prefería el método que explica todo, deja que el aprendiz conozca de antemano el curso de la acción, porque fomenta la libertad, la selección de alternativas y la comprensión.

El método de don Julián era coercitivo, no permitía ni la selección de alternativas ni el entendimiento. Su ventaja era que obligaba a vivir directamente los conceptos de los videntes, sin ninguna elucidación intermediaria. Para don Julián sus actos y sus palabras en determinado contexto tenían que tener el impacto necesario. No fomentaba la comprensión, sino la visión total. En este, caso el punto de encaje sólo requería de un acto catalizador que de un tirón surtía el efecto requerido.

Las cualidades básicas de los guerreros son el esfuerzo sostenido y el intento inflexible. Sus objetivos son: hacer mover el punto de encaje y la búsqueda de ser vidente propiamente dicho.

Don Juan, después de algunos ejemplos didácticos, relacionados con su formación de nagual, expresó que la posición del punto de encaje dicta como nos sentimos y como nos comportamos. Para moverlo hay que tener nuevos hábitos, quitándole toda importancia al aspecto personal. Es la forma de no tener prejuicios, muchas veces basados en la envidia.

Los entendimientos son de dos tipos: uno es simplemente exhortaciones que uno se da a sí mismo, grandes arranques de emociones y nada más. El otro es un producto del movimiento del punto de encaje, que va unido a la acción. Cuando se ha solidificado en su nueva posición, pueden venir los arranques emocionales sin problemas. Esto sucede mucho después.

Mover el punto de encaje les da un respeto y temor reverente por la vida en general y por estar vivo en particular.

El capullo de la tierra
Los antiguos videntes vieron que la tierra tiene un capullo luminoso, que encierra las emanaciones del Águila. Ellos descubrieron que la percepción es alineamiento. La llave mágica que abre las puertas de la tierra, está hecha del silencio interno. Ese conocimiento es saber que la tierra es un ser consciente y que puede ayudar al hombre a darle un impulso en el instante que las emanaciones interiores del capullo del guerrero, se alinean con las emanaciones apropiadas del interior del capullo de la tierra. A esto se llama “levantón de la tierra”. Se realiza sólo con las emanaciones ambarinas, y aumenta la consciencia de ser a tal grado que los videntes conocen con esta experiencia la libertad total.

La tierra contiene todas las emanaciones presentes en el hombre y todos los seres orgánicos e inorgánicos. Los guerreros pueden usar ese alineamiento para percibir mundos inimaginables. Los guerreros pueden alinear siete mundos aparte del que conocemos. La porción de las emanaciones que hay en el interior del capullo del hombre, existe allí sólo para evocar la consciencia de ser. La consciencia consiste en alinear porciones de emanaciones internas con las mismas porciones de las emanaciones en grande, que son inmensas.

Lo que no se puede conocer queda fuera del capullo del hombre y dentro del capullo de la tierra. En el interior del capullo del hombre, lo desconocido consiste en las emanaciones no tocadas por el fulgor de la consciencia cotidiana. Cuando las toca, se activan y alinean con las emanaciones en grande que les corresponden. Una vez que ocurre esto, lo desconocido se percibe y se convierte en lo conocido.

El aspecto de la alineación que mantiene fijo el punto de encaje es la voluntad, y el aspecto que lo hace mover es el intento.

El capullo en la parte frontal tiene un escudo, o “placa frontal”, que nos protege de las bolas de fuego o tumbadoras, que tiene que ver con todos los detalles de la vida y de la muerte. Abarca una quinta parte del grosor del capullo total. Son fuerzas que provienen de las emanaciones del Águila, que nos golpean ininterrumpidamente, pero las ignoramos porque tenemos los escudos protectores. Se las llama fuerzas rodantes. Por ejemplo, estamos preocupados de lo que nos pertenece, de nuestra posición frente a otros. Los escudos nos dan una falsa sensación de seguridad.

La fuerza tumbadora o fuerza rodante es el medio por el cual el Águila distribuye vida y consciencia. También es la fuerza que hace morir a todos los seres vivientes

Esta fuerza tiene, por lo tanto, dos aspectos, el aspecto tumbador que se relaciona con la destrucción y la muerte, y el aspecto circular que mantiene la vida, la consciencia, la realización y el propósito. El aspecto circular se presenta como finos y delicados anillos iridiscentes.

Se puede ver esta fuerza, moviendo el punto de encaje de forma intencional. Lo contrario puede rajar el capullo a todo lo largo de él, se desploma, se enrolla y el hombre muere. Esos dos aspectos de la fuerza tienen que estar en equilibrio para tener salud.

Los videntes a través de la maestría del intento, cuando lo desean, abren el capullo, la fuerza los inunda y se desintegran instantáneamente.

Mientras el hombre tenga capullo, no puede tener inmortalidad, porque el capullo es un receptáculo que no puede recibir eternamente a la fuerza rodante.

“Perder la forma humana”, es perder el escudo y es una fase obligatoria de la vida de un guerrero. Se debe al movimiento inexorable del punto de encaje que se aleja de su posición original, y resulta de la pérdida irreversible de la fuerza que nos hace persona. Ser una persona es ser forzada a afiliarse con esa fuerza de alineación, por lo tanto, a afiliarse con el sitio preciso donde se origina normalmente el punto de encaje. El movimiento del punto de encaje de los guerreros, en un momento dado, se desplaza hacia la izquierda. Es
un desplazamiento permanente que da un sentido de control, abandono, indiferencia y desapego.

A los moribundos los inunda las fuerzas de todas las emanaciones que de repente quedan alineadas después de estar adormecidas durante toda la vida.

La banda de la consciencia del hombre, se ve en el lado derecho y abarca la décima parte del volumen total del capullo y tiene un resplandor ambarino más fuerte.

El punto de encaje se encuentra sobre la superficie del capullo, en la parte superior y tiene un brillo intenso.

En el estado de consciencia más aguda, es posible intentar mover el punto de encaje a mayor profundidad hacia el lado izquierdo a una posición de sueño.

Mover el punto de encaje de su posición habitual y mantenerlo allí es estar dormido. Con la práctica los videntes pueden estar dormidos y, sin embargo, comportarse como si no lo estuvieran.

El molde del hombre
La maestría de estar consciente de ser, es romper por cuenta de uno la barrera de la percepción. Para esto se debe mover el punto de encaje sin ayuda y alinear otra gran banda de emanaciones. Al mover el punto de encaje y alcanzar cierta profundidad, se rompe una barrera y se interrumpe momentáneamente la capacidad de alinear emanaciones. Esto se experimenta como un vacío perceptual. Los videntes llaman a esta experiencia “barro de niebla” y aparece cada vez que el alineamiento da un traspié.

La alineación es la fuerza que tiene que ver con todo. Uno de sus aspectos, el intento, mueve el punto de encaje. Lo que le da el empujón al punto de encaje es la maestría de la consciencia. Al apagar el diálogo interno y eliminar el inventario, el punto de encaje se libera. Esta acción da por resultado “ver” el “molde del hombre” El molde del hombre es un enorme haz de emanaciones en la gran banda del haz orgánico, ellas son las que llenan el interior del capullo. Es la porción de las emanaciones del hombre que los videntes pueden ver sin peligro para ellos.

Romper la barrera de la percepción, es la última tarea de la maestría de la consciencia. Para mover el punto de encaje a esa posición se necesita mucha energía.

La esencia de la maestría del intento, es aplicar el principio de que el comando personal es el comando del Águila.

El molde del hombre es un patrón de energía que sirve para imprimir las cualidades de lo humano, sobre la burbuja amorfa de materia orgánica. Cada especie tiene su propio molde. Se define como todos los atributos humanos que podamos concebir. El molde del hombre es nuestro Dios porque nos acuñó a su imagen y semejanza. Según don Juan la creencia está basada en la fe y, por lo tanto, en una convicción de segunda mano. La creencia en Dios está basada en un rumor que circulaba y no en el acto de “ver”.

Don Juan aseguró que cualquiera que vea el molde del hombre, supone que es Dios. Expresó que la experiencia mística es un ver fortuito, algo que sucedía una vez en la vida y que no tenía significado porque era debido a un movimiento al azar del punto de encaje. Los nuevos videntes podían emitir un juicio justo, porque ellos eliminaron el ver fortuito y eran capaces de ver el molde del hombre cuantas veces quisieran.

“Vieron” que lo que llamamos Dios es un prototipo estático de lo humano, sin poder alguno, no puede ayudarnos interviniendo a nuestro favor, ni castigarnos ni recompensarnos. Somos una impresión, una moldura, que agrupa a un haz particular de elementos de fibras luminosas que llamamos hombre. El molde suponía sólo un momento de respiro que brinda paz y serenidad transitoria a aquellos que viajan hacia lo desconocido, pero que era estéril y estático. Era a la vez una imagen plana reflejada en un espejo. El espejo en sí y la imagen eran la imagen del hombre. Hay dos maneras de ver el molde del hombre. Se puede ver como un hombre y se puede ver como una luz, eso depende del movimiento del punto de encaje. Si el movimiento es lateral el molde se ve como un hombre, si el movimiento se desplaza a la sección media de la banda del hombre, se ve como luz.

Los videntes recomendaban ver el molde del hombre, porque la posición en que uno ve el molde, es muy cercana a aquella en que aparece el cuerpo de sueño y la barrera de percepción. El punto de encaje se mueve en los sueños a veces a posiciones muy distantes. Nosotros, siempre que experimentamos un cambio, somos expertos en compensarlo y todo sigue como si nada hubiera ocurrido. El nagual impecable, transmite libertad y eso aterroriza a mucha gente.

El viaje del cuerpo de sueño
Según los videntes se puede estar en dos lugares a la vez. Si un nagual está en su cuerpo de sueño, ve las emanaciones del Águila y así puede mover el punto de encaje de otra persona.

Para los guerreros hay dos posiciones del punto de encaje. En una ya no tienen dudas porque lo saben todo, y en la otra – consciencia normal – tampoco tienen dudas porque no saben nada.

En consciencia normal se lleva a mover el punto de encaje a la posición en la que aparece el cuerpo de sueño. Este es el que viaja a cualquier distancia. El punto se debe mantener en la posición de sueño en el límite conocido.