Nuestras mentes fabrican pequeños castillos de seguridad.  Queremos estar seguros de todo, seguros de nuestras relaciones, de nuestras realizaciones, de nuestra esperanza y de nuestro futuro.  Nos construimos estas prisiones internas, y ¡pobre del que nos perturbe! Es extraño cómo la mente está buscando siempre una zona en la que no haya ningún conflicto ni perturbación alguna.  Nuestro vivir es la constante destrucción y reconstrucción, en diferentes formas, de estas zonas de seguridad.  De este modo nuestra mente se embota y se desgasta.  La libertad consiste en no tener seguridad de ninguna clase.

Es realmente asombroso poseer una mente silenciosa y muy serena, en la que no haya ni una onda de pensamiento.  Desde luego, la quietud de una mente muerta no es una mente en calma.  La mente suele aquietarse por la acción de la voluntad.  Pero, ¿puede alguna vez permanecer profundamente silenciosa en la totalidad de su estructura? Es realmente maravilloso lo que ocurre cuando la mente se encuentra de este modo silenciosa.  En ese estado cesa toda conciencia como conocimiento y reconocimiento.  La búsqueda instintiva de la mente, la memoria, ha llegado a su fin.  Y es muy interesante observar cómo la mente hace todo lo posible para capturar ese estado inexpresable por medio del pensar, de la verbalización, del perfeccionamiento de los símbolos.  Pero para que este proceso termine de manera natural y espontánea, es preciso morir para todas las cosas.  Uno no desea morir, y así siempre se está desarrollando una lucha, y a esta lucha la llamamos vida.  Es curioso cómo casi todos quieren impresionar a otros, con sus logros, con sus capacidades, con sus libros –por cualquier medio buscan afirmarse a sí mismos.

¿Cómo está todo? ¿Son sus días más rápidos que la lanzadera de un telar? ¿Vive usted en un solo día un millar de años? Es curioso, pero para la mayoría de las personas el aburrimiento es una cosa muy real; tienen que estar haciendo algo, tienen que ocuparse en alguna cosa, una actividad, un libro, la cocina, los “Hijos de Dios”.  De lo contrario, están consigo mismas, y eso es muy aburrido.  Cuando están consigo mismas se vuelven egocéntricas, malhumoradas o se enferman.  Una mente desocupada –no es una mente por completo vacía- es una mente fresca capaz de posibilidades infinitas.  Los pensamientos son fatigosos, carecen de creatividad y son más bien lerdos.  Un pensamiento puede ser hábil, pero la habilidad es como un instrumentos afilado- pronto se desgasta; y es por eso que las personas hábiles están embotadas.