Uno puede viajar mucho, haber sido educado en las mejores escuelas de diferentes partes del mundo; puede tener los mejores alimentos, el mejor clima, la mejor instrucción; pero ¿contribuye todo esto a la inteligencia? Uno conoce personas así; ¿son inteligentes? Los comunistas, y también otros, como los católicos, están tratando de controlar y moldear la mente.  El propio moldear la mente tiene de hecho ciertos efectos obvios –más eficiencia, una cierta rapidez y perspicacia mental- pero todas estas diferentes capacidades no generan inteligencia.  Las personas muy eruditas, aquellas que tienen abundancia de información, de conocimientos y las que tienen educación científica, ¿son inteligentes? ¿no cree usted que la inteligencia es algo por completo diferente?  La inteligencia implica en realidad estar totalmente libres de miedo.  Aquellos cuya moralidad se basa en la seguridad –seguridad en todas las formas- no son morales, porque el deseo de seguridad es el resultado del miedo.  El miedo con su coacción –a la que llamamos moralidad- de hecho no es moral en absoluto.  Ser inteligente es estar por completo libre de miedo; y la inteligencia no es respetabilidad, ni lo son las diversas virtudes cultivadas a causa del miedo.  En la comprensión del miedo hay algo que es por completo distinto de las formulaciones de la mente.

Es bueno experimentar con la identificación.  ¿Cómo experimentamos con algo, con lo que fuere? De lo más simple a lo más complejo.  Decimos “esto es mío” –mis sandalias, mi casa, mi familia, mi trabajo y mi dios.  Con la identificación viene la lucha por retener.  El retener aquello con lo que nos identificamos se convierte en un hábito.  Cualquier perturbación que pudiera romper ese hábito, es dolor, y entonces “lo mío…”, pertenece a algo que continúa.  Si uno experimenta realmente con esto, sólo estando alerta, sin ningún deseo de cambiarlo, sin opción alguna, descubre cosas muy sorprendentes dentro de sí mismo.  La mente es el pasado, la tradición, los recuerdos que son el fundamento de la identificación.  ¿Puede permitir la mente, tal como la conocemos ahora, funcionar sin el proceso de la identificación? Descúbralo, juegue con ello; esté alerta a los movimientos de identificación con las comunes cosas cotidianas, así como con las más abstractas.  Uno descubre cosas extrañas, ve cómo el pensamiento se debilita, cómo se hace trampas a sí mismo.