Deje que la atención alerta acose al pensamiento por los corredores de la mente poniéndolo al descubierto, sin escoger jamás, siempre persiguiéndolo.

Es especialmente difícil, desde el lugar en que uno se encuentra psicológicamente, no desear, no anhelar ciertas cosas, ciertos acontecimientos, no comparar.  Cualquiera que sea nuestra condición, los deseos, los anhelos, las comparaciones continúan.  Siempre anhelamos más o menos de esto o de aquello, ansiamos continuar con algún placer y evitar el dolor.  Es realmente interesante preguntarse:  ¿Por qué la mente crea un centro en sí misma, alrededor del cual se mueve y tiene su existencia?  La vida es mil y una influencias, innumerables presiones, conscientes e inconscientes.  Entre estas presiones e influencias, escogemos unas y descartamos otras, y así construimos gradualmente un centro.  No dejamos que todas estas presiones e influencias pasen junto a nosotros sin afectarnos.  Cada presión, cada influencia nos afecta, y el efecto que nos causa decimos que es bueno o malo; no parecemos capaces de observar, de darnos cuenta de la influencia sin tomar parte en ella de uno u otro modo, resistiéndola o acogiéndola.  Esta resistencia o esta buena acogida, contribuyen a formar el centro desde el cual actuamos.  ¿Puede la mente no crear este centro? La respuesta sólo es posible encontrarla a través de la experimentación, no mediante forma alguna de aceptación o rechazo.  Por lo tanto, experimente y descubra.  Con la terminación de este centro, existe la verdadera libertad.

Uno se agita, está ansioso, y a veces asustado.  Estas cosas ocurren.  Son los accidentes de la vida.  La vida es hoy un día nublado.  El otro día fue claro y soleado, pero ahora llueve, está nublado y hace frío; este cambio es el inevitable proceso del vivir.  La ansiedad, el miedo, de pronto se nos viene encima; hay causas para ello, ocultas o muy evidentes, y con un poco de percepción uno puede encontrar esas causas.  Pero lo importante es darse cuenta de estos sucesos o accidentes y no dejarles que echen raíces, permanentemente o temporarias.  Uno da raíces a estas reacciones cuando la mente compara, justifica, condena o acepta.  Usted sabe, uno tiene que estar internamente despierto todo el tiempo, sin ninguna tensión.  La tensión surge cuando deseamos un resultado, y lo que surge vuelve a crear una tensión que también debe eliminarse.  Permítale  a la vida que fluya.