Ver “la felicidad” y lo “bueno” como algo por alcanzar, o sea, en el “exterior” de uno
mismo, en el mundo de los objetos, es colocarse entre el bien y el mal: en el presente, en
que no se está en posesión de lo que se busca y en el futuro, en que se piensa que se
alcanzará aquello que se desea.

Chuang Tsé cree que el concepto de felicidad e infelicidad es ambiguo, porque está situado en el mundo de los objetos. Piensa igual en lo referente a virtud, justicia, etc. Todo lo que es tratado como objeto por alcanzar, lleva a engaño y alienación. Igual que Lao Tsé, expresa que, cuando todo el mundo reconoce el bien como tal, se transforma en mal, porque se transforma en algo que no se tiene y que debe perseguir constantemente, hasta que se convierte en inalcanzable. Uno lo busca “fuera” a través de análisis, abstracciones, confusión de opiniones, etc. Cada vez es menos real y se aleja más, los medios se hacen muy elaborados y el fin, el bien, no llega. El camino del Tao, es comenzar con el simple bien, con el cual uno está dotado por el mero hecho de existir.

El secreto del camino de Chuang Zu, es el no-hacer, Wu Wei, que enseña a no estar pendiente de resultados. Si uno está en armonía con el Tao “cósmico”, la respuesta quedará clara cuando llegue el momento de actuar, dado que uno actuará con arreglo al modo divino y espontáneo, que es el propio del Tao, la fuente de todo bien.

Chuang Tsé observa que la simple virtuosidad carece de significado y de aspectos profundos en el individuo y la sociedad. El hombre virtuoso es aquél en el que el Tao actúa sin impedimentos.

La verdadera tranquilidad buscada por el “Hombre del Tao”, es la tranquilidad de la acción en la no acción, que transciende la división entre la actividad y la contemplación, entrando en unión con el invisible Tao, lo que significa el abandono de la “necesidad” de ganar.

La humildad esencial que predica Chuang Tsé, es aquella en que el hombre es consciente de su insignificancia y se olvida por completo de sí mismo. Es humildad “cósmica” porque está enraizada en la naturaleza de las cosas, y está repleta de vida y consciencia de todos los seres vivos.