Corporalmente llama la atención, en los casos más típicos, la preponderancia e inflación de la zona alta del tronco y la crispación y levantamiento de los hombros. Hay también tensión en la base de la nuca y cuello y en el diafragma. Las piernas aparecen más débiles y poco sustentadoras.

El Carácter Masoquista:
Se forma cuando el niño tiene padres opresivos y humilladores, que aplastan su autonomía y libertad. Típicamente puede tratarse del problema de control de los esfínteres, por ejemplo. De ahí la imagen del niño derrotado.

El carácter masoquista se ve después, en la vida, en una situación sin salida, en que sufre su suerte, sin creer que pueda hacer nada eficaz por cambiarla. Está abrumado de problemas sin solución. Tiende a boycottearse a sí mismo, y a todos quienes traten de ayudarlo.

Energéticamente transmite un perfil depresivo, que succiona energía a los demás.

El carácter Obsesivo-Compulsivo:
Es uno de los caracteres edípicos, que se forma en una etapa más tardía del desarrollo, en presencia de una figura parental del sexo opuesto, principalmente, que ha tenido una actitud represiva y negadora hacia la sexualidad del niño, tratando de disciplinar su naturaleza salvaje. De ahí la imagen del Niño disciplinado, metido en la horma. En su vida ulterior, quienes manifiestan este estilo de carácter son personas disciplinadas, acuciosas, cuidadosas del detalle y temerosas de asumir posturas flexibles, abiertas o riesgosas. Es el opuesto total de la actitud funambúlica que podría tener un carácter psicopático, que cree que todo lo puede.

El carácter Histriónico:
Se genera en un infante que es explotado, por su progenitor del sexo opuesto, en el dominio sexual. Típicamente, se trata de la hijita predilecta de su papito, quien desarrolla una relación privilegiada y sexualizada con ella, provocando frecuentemente los celos y la actitud contrapuesta de la madre. De ahí la imagen del niño explotado.

Este estilo de carácter, llamado también histérico, ha sido descrito clásicamente sobre todo en el caso de la mujer. Su dinámica psicológica en la vida ulterior, apunta a establecer relaciones privilegiadas con el sexo opuesto, y de competencia con el mismo sexo. Tiene dificultad en anudar relaciones estables y significativas, porque cae en una dinámica de seducción irresponsable, a veces bastante inconsciente, con una consiguiente retirada y huída frente al acercamiento del otro y una actitud de pero si yo no hice nada. Sus demostraciones afectivas dan una clara sensación de como si, de inautenticidad, de actuación teatral (como sugiere su nombre).

3.- Cómo enseñan los caracteres?

A continuación, describimos algunos rasgos típicos de los diversos estilos de carácter, cuando están implicados en una actividad de enseñanza. Se trata, en general de actitudes de personas bastante entrampadas en su carácter, en cuanto a presentar actitudes muy estereotipadas, dinámicas rígidas, bloqueos importantes de la circulación energética, y coraza muy dominante y determinante. Estos rasgos han sido observados en el terreno, en las instancias descritas más arriba (contexto experimental).

El carácter esquizoide :
Hemos observado un alto porcentaje de docentes de la enseñanza superior en matemáticas con este estilo de carácter (entre 30% y 40%)

Puede tener una compresión cabal y original de los contenidos que enseña, pero usualmente cuenta su historia, desde su mundo. No manifiesta el impulso de colocarse realmente en el lugar del otro, aunque a veces pueda adivinar lo que el otro (típicamente, el alumno) está pensando.

Rara vez hace contacto ocular con sus interlocutores, estudiantes en particular. Lo más frecuente es verlo hablar hacia el pizarrón o telón, en lugar de dirigirse a su auditorio y sentir sus reacciones. Sus exposiciones muchas veces recuerdan un soliloquio más que otra cosa. Sería incluso capaz lo hemos visto de comenzar a hacer una clase al curso equivocado, sin darse cuenta, ya que evita el contacto con las personas que forman su auditorio.

Su discurso oral es habitualmente monocorde, carente de inflexiones o énfasis marcados. Con frecuencia emplea, tanto oralmente como por escrito, términos defensivos como obviamente, por supuesto, evidentemente, como si quisiera precaverse de antemano de la crítica de un interlocutor o un lector malévolo. Como siente que el mundo es hostil y peligroso, trata de no dar pie a ninguna agresión del medio. Se observa, en casos extremos, que al hacer una pregunta a un colega, por ejemplo, dirá: tengo una pregunta totalmente estúpida.

A veces, redacta en forma telegráfica, se guarda cosas, que da por obvias, y otras veces abruma a sus alumnos con demasiada información, por no ponerse en su lugar.

Gracias a su claridad conceptual, capacidad de visualización y pensamiento lógico, e imaginación, puede ser un docente muy creativo, en los casos más favorables. Sin embargo, es sobre todo eficaz enseñando a sujetos innatamente dotados para el tema, ya que le es difícil ponerse en el lugar de alumnos que están en un nivel 0 o más abajo, al comenzar su aprendizaje.

El carácter oral:
En su aspecto compensado, siente la educación como nutrición que puede dispensar a los demás. Desarrolla entonces fácilmente una actitud maternal hacia los alumnos, a quienes consagra mucho tiempo y energía. Se observa esta actitud en profesores que se han comprometido entusiasta y abnegadamente con el proceso de reforma educacional, sacrificando su tiempo, energía e incluso recursos económicos. Han asumido así muchas veces una carga demasiado pesada y sufren al cabo de un tiempo el retorno del péndulo de la dinámica ciclotímica del oral, entrando en la fase de colapso. Se observa entonces depresión, somatizaciones (incluso cardiovasculares), de catastróficas consecuencias.

Se encuentra poco frecuentemente el perfil típico del oral colapsado en los profesores. Prima, frente a él, aquel del oral compensado.

Carácter psicopático:
Tiende a transformar el acto docente en una performance, que suscite admiración. Se preocupa más de cultivar su imagen que de ponerse en el lugar de los aprendices. Asume con facilidad una postura patriarcal y represiva, como detentor de todas las preguntas y todas las respuestas. Puede jugar un rol de líder, falsamente inspirador, como docente. En casos extremos, aterroriza a los alumnos, particularmente mediante los instrumentos y métodos de evaluación. En la mayoría de los casos suele ser manipulador y controlador al evaluar. Se lo encuentra, frecuentemente, en cargos con poder administrativo en el sistema educacional, desde los cuales ejerce una acción represiva sobre los profesores del sistema.

Carácter obsesivo-compulsivo:
Manifiesta algunas ventajas comparativas, en lo que a organización, acuciosidad y cuidado por los detalles se refiere. Puede ser un buen planificador de actividades, exhaustivamente descritas. En general, sin embargo, aparece como poco apto para plasmar toda una técnica o un desarrollo teórico en una sola imagen, o para improvisar, según sean las reacciones de su auditorio de aprendices. Es temeroso de la innovación y de las situaciones abiertas. Quisiera contar con un guión detallado pre-establecido antes de involucrarse en cualquier cambio de su metodología de enseñanza. Por estas razones, aparece como un sujeto sumamente renuente a comprometerse en un proceso de reforma educacional como aquel en curso en nuestro país.

Carácter masoquista:
Este estilo de carácter se ve fuertemente representado entre los profesores de enseñanza media, en el curso de procesos de reforma como el actual en Chile. Al trabajar con varios grupos, de aproximadamente una docena de profesores, en paralelo, se observa como grupos enteros entran en una dinámica de desesperanza: El intento de alcanzar los objetivos de la reforma está destinado al fracaso, nuestras condiciones materiales son demasiado precarias y la carga horaria excesiva, en comparación con la de otros países en que este tipo de proceso puede haber tenido éxito. Las condiciones de trabajo son demasiado duras y no hay reconocimiento por la labor realizada, etc.

Se observa sin embargo, que otros grupos de profesores, que recibieron los mismos estímulos que éstos exposición magistral de algunas ideas claves de la reforma educacional, por ejemplo se comprometen en otras dinámicas, mucho más activas o constructivas.

El carácter histriónico:
Suele ser algo confuso como docente, aunque su plasticidad histriónica sea una ventaja comparativa.
Se lo encuentra poco frecuentemente entre los docentes en el área de las matemáticas. Sin embargo, hemos registrado casos de profesores, en áreas científicas vecinas, que recurren a toda una actuación teatral para transmitir ciertos contenidos a sus alumnos y desarrollar su capacidad de observar y diagnosticar (en el ámbito de la medicina psicosomática). Aparentemente, en casos como éste, la componente histriónica del carácter, con su facilidad de actuación y de hacer como si es crucial para éxito del método. Esta misma componente, sin embargo, parece propender a una cierta vaguedad, falta de precisión y claridad conceptual en la transferencia o interacción cognitiva con los aprendices. Frecuentemente tiene dificultades para explicitar relaciones causales, lógica o estructurales, entre distintos objetos o ideas. Así, por ejemplo, empleará con frecuencia expresiones como esto tiene que ver con, sin llegar nunca a poder describir con precisión cuál es el tipo de relación al que se alude.

Los caracteres en acción:

Un tema muy clásico de las matemáticas en la enseñanza Media es el famoso teorema de Pitágoras, que dice que el área del cuadrado construido sobre el lado más largo de un triángulo rectángulo (la hipotenusa) es igual a la suma de las áreas de los cuadrados construidos sobre los otros dos lados (los catetos).
En una imagen:

El área del cuadrado verde es la suma de las áreas de los cuadrados azul y amarillo.
Si, por ejemplo, el lado del cuadrado azul mide 3 cm, y el lado del cuadrado amarillo mide 4 cm, entonces el lado del cuadrado verde mide forzosamente 5 cm, y se verifica que

32 + 42 = 9 + 16 = 25 = 52

Cómo enseñarían este contenido los distintos caracteres ?ComoEnsenayAprende

El carácter esquizoide:
Enunciaría y demostraría el teorema en toda generalidad, sin mayor preparación ni apoyo material, ya que lo tiene todo en la cabeza, haciendo notar de paso que vale no sólo para cuadrados sino que para cualquier figura que se construya, a la respectiva escala, sobre cada lado del triángulo rectángulo. Dejará así abrumados a los alumnos.

El carácter oral (compensado):
Dedicaría una parte de su noche previa a preparar material hecho de cartones de colores para dar a sus alumnos la posibilidad de descubrir por sí mismos el famoso teorema, experimentando Después, quedaría exhausto

El carácter psicopático:
Le diría a los alumnos: Miren , ahora yo les voy a demostrar, de una plumada, el famoso teorema de Pitágoras, y tratará de exponer, sin ningún apoyo material, una de las más ingeniosas demostraciones, digna de admiración, sin haberla preparado demasiado.

El carácter masoquista:
Expondría soporíferamente, sin mayor entusiasmo, la primera demostración que pueda copiar de algún libro, lamentándose interiormente lo ingrato que es tener que enseñar cosas tan aburridas.

El carácter obsesivo-compulsivo:
Preparará y planificará cuidadosa y acuciosamente su clase, y anotará la demostración en una hojita de papel, para irla mirando, por si se le olvida algún punto por el camino

El carácter histriónico:
Diría: El cuadrado construido sobre el lado mayor tiene que ver con los cuadrados construidos sobre los otros

Un docente que trascendiera un poco su carácter:
Rescataría la claridad mental del esquizoide, la dedicación maternal del oral, la acuciosidad del obsesivo-compulsivo, la actuación del psicopático o el histriónico y trataría de ponerse en el lugar psicológico de sus alumnos. Comenzaría con una motivación, lúdica o práctica. Luego, los animaría a experimentar por sí mismos, a hacerse preguntas, y a descubrir a mano el célebre teorema y además, para qué sirve. Posiblemente, relataría que los antiguos egipcios lo usaban para fabricar ángulos rectos en la construcción, haciendo nudos a distancias iguales en cuerdas, y formando con ellas un triángulo que tuviera lados que midieran 3, 4 y 5 tramos entre nudos.

Sobre el buen uso de los impulsos sádicos en la enseñanza:
Aparte del uso tradicional bien establecido en nuestra civilización (la letra con sangre entra), hemos observado algunas variantes, que pueden propender a un proceso de aprendizaje más viable que los tradicionales.

Una de ellas puede describirse con la imagen del empujón a la piscina.
En este caso, metafóricamente, quien enseña coloca al aprendiz al borde de una piscina y lo empuja, para precipitarlo a ella. Típicamente, el aprendiz no sabe nadar muy bien, y a duras penas llega a asirse del borde, para no ahogarse. Eventualmente, recibe una somera ayuda del profesor, si está a punto de ahogarse. De esta manera, se da cuenta en carne propia – que no sabe nadar suficientemente bien, para habérselas con situaciones como ésta. Estará entonces más motivado, para apreciar y disfrutar las clases de natación que siguen

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