Traer un químico a nuestro laboratorio y entrenarlo para que trabaje científicamente es el objetivo principal de la psicología. Queremos manejarnos a nosotros mismos, y controlar los elementos que nos componen. Queremos disfrutar de todas nuestras potencialidades, y combinar a voluntad todos nuestros componentes químicos con aquellos que están fuera nuestro y en la demás gente. Cada uno desea poseer este poder dentro de sí, es la motivación esencial del hombre. Pero qué es esto si no poner a un químico en nuestro propio laboratorio y hacerlo trabajar?

Tal como estamos, simplemente siguiendo la línea del menor esfuerzo, no somos los químicos del laboratorio, sino laboratorios sin químicos, o, digamos, laboratorios en los cuales los químicos están durmiendo. Debemos despertar al químico dentro nuestro. Los medios son comparativamente simples. Primero, debemos dar a nuestro químico ocioso un motivo o razón para moverse. Segundo, debemos decirle cómo comenzar su trabajo.

Existen abundantes razones para despertarlo, entre ellas las siguientes: siempre estamos a merced de la gente y las circunstancias, y en la medida que dependamos de esa gente y circunstancias para interesarnos o para interesarles, nunca nos conoceremos a nosotros mismos ni a los otros sino sólo de manera accidental e imperfecta, si continuamos siendo simples laboratorios. Viviremos y moriremos como pasivos y mecánicos agentes de procesos que no comprendemos mientras no tratemos de hacer combinaciones que no sean fáciles y naturales. Si continuamos actuando de acuerdo a nuestras afinidades, nuestros gustos y disgustos, seremos hombres minerales, vegetales o animales, pero no hombres humanos.

Cómo comenzar? Haz que cada encuentro con la gente sea un experimento de laboratorio en psicología. Debes proponerte a ti mismo, cuando estés frente a otra persona: aquí hay una maravillosa colección de componentes químicos de los cuales sólo conozco unos pocos. Quiero conocerlos y entenderlos todos. Ese es mi trabajo como ser humano. Con esta actitud de curiosidad activa es imposible aburrirse con las personas. El interés por la gente, por las circunstancias y por todo lo relacionado con ello estará presente constantemente y con energía creciente. Se vivirá siempre de manera más abundante. Tal vez, algo de este tipo de alquimia debe haber estado implícito en la promesa hecha a los discípulos de Cristo: He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

A. R. Orage.

Traducido y extractado por Italo Godoy de
“Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.