El anhelo de realización está encarnado en otro arquetipo: el Buda como un recién nacido. Dando siete pasos hacia cada uno de los puntos cardinales, anunció: Arriba los cielos, abajo los cielos, y sólo yo, el Honrado por el Mundo. Este es el grito de cada recién nacido, humano y no humano, animado e inanimado Aquí estoy yo! Comienzo y termino aquí!

Completamente único ! No hay nadie más con el rostro de usted, nunca lo ha habido, jamás lo habrá. Este es el Nirmanakaya, ese especial ser que ha surgido por misteriosas afinidades. No hay esencia, y cada una de las afinidades depende de todas las otras. Reunidas forman una especie de bulto aquí y otro allá. Ahora un niño, ahora un pez, ahora una piedra o una nube.

Cada uno de estos cuerpos es una manifestación ansiosa del gran potencial universal, cada uno bebiendo en las profundidades de la madre, del padre, de las hermanas y los hermanos, del viento, de los árboles, del mar en la ribera, con un talento personal y particular. La realización de este talento es la pasión permanente de los infantes de todas las especies. Y continúa siéndolo al desplegarse con cada satisfacción hasta el último aliento. Los seres humanos comparten esta pasión con todos los seres, incluidos aquellos llamados inanimados. Miren cómo la piedra resiste a la destrucción, cómo el suelo se purifica a sí mismo.

Pero, mediante un esfuerzo dirigido, la piedra puede ser destruida y el suelo aniquilado; y también el ser humano puede ser eliminado, y las vacas, corderos, árboles y miles de otros seres pueden ser explotados por una perniciosa manera de vivir. Esta explotación es tan voraz hoy en día, que podría decirse que estamos abusando del planeta en la forma como un borracho abusa de su cuerpo, acercándose a una muerte prematura. Esta no será sólo su muerte o la mía. Será la muerte de Shakespeare, Beethoven, Kuan-Yin, océanos y bosques.

Solamente los seres humanos son responsables por la creación de esta temeraria rodada hacia la destrucción, y sólo los seres humanos pueden cambiar esto. El giro extra de ADN en los genes humanos evidencia la percepción de que, como individuos, incluimos a todas las otras personas, tanto como a los animales y las plantas, y pone de manifiesto también nuestro motivo para darles nombre, según el Génesis. El impulso al darse cuenta de esta supremacía, puede conducir a una conspiración para explotar a todos los seres con el objeto de exaltar a uno solo, o a una conspiración para permitir el florecimiento de las incontables especies: el tejedor Maya, el pato ornitorrinco, el hibisco kauaiensis, el gorrión vulgar. Cuando esta unicidad y diversidad es llevada plenamente a efecto, el bosque está en su máximo esplendor, la granja, plena de hortalizas, la ciudad con cientos de festividades, las estrellas, en su curso.